sábado, 7 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (11)

                                                                   Es doloroso, mas también es edificante ser lo más realista posible, saber que la justicia total y plena no existe. MJ

 

                                                               Me ha llevado prácticamente toda la vida que he vivido en este planeta, poder tener claro (aunque no me guste nada pensarlo) que la justicia total no existe. La plenitud justa, se va a dar solo por momentos. La verdadera justicia que todo humano desea como un bien de la especie y de la humanidad misma, es algo muy difícil de alcanzar. Nos sentimos gloriosos cuando vemos que de pronto se hace justa la acción que vivimos como injusta, aunque a veces es muy alto el precio de logarlo y otras veces sabemos muy bien que no se logra. La claridad de que no pasa nada es necesaria, saber que otro bien se otorgará, y siempre está el equilibrio que se hace presente.

                                                            Hace unos días, en taller exprofeso para la mejor comprensión de la filosofía humana, hicimos el análisis de una cinta que, creo yo, ningún humano debería quedarse sin ver y observar. Es de un humanismo desgarrador y complejo y además es histórica y se ha filmado en lugares de una naturaleza que sobrecoge al alma y nos habla indudablemente de Dios. Este filme que fue galardonado en su momento con toda justicia para todos los creadores de un cine tan elocuente y necesario, lleva por título: La Misión.

Solemos relacionar esta palabra de misión, con los sacerdotes que se avocan a ir a lugares lejanos a llevar la palabra de Dios. En este caso es así, mas antes de entrar un tanto en el argumento, es bueno aclarar que todos estamos en una misión encomendada, lo sepamos o no. Todo ser que entra al mundo trae una encomienda a desarrollar, sea esta sencilla, corta, larga o de cualquier índole y lo que no podemos dejar de lado es que esta vida es en sí misma un encargo a cumplir.

 La certeza de que podemos sentir dolor ante misiones que parecen inconclusas, es muy válida, y no dejar de observar que llevan un total sentido.

Si muere alguien mucho antes del tiempo esperado, nos parece injusto. Solo el buen duelo es lo que nos dará paz, y hay que dar ese espacio. La muerte, siempre tiene un sentido, aunque nos duela a los deudos aceptarlo, justa no es, y nos queda claro que llega en el momento que Dios dispone en la condición infinita.

El diccionario de la Real Academia nos dice:

Misión: Poder, facultad que se da alguien de ir a desempeñar algún cometido. Cuando ese cometido ya está logrado, es cuando nos vamos de este mundo. Nadie se va ni antes ni después. Es así, que un joven que se va del mundo nos puede dejar claro en el corazón que ha cumplido lo que le ha sido encomendado y lo hizo en el tiempo de Dios, no en lo que nosotros consideramos más importante, que es el tiempo terrenal que nos olvidamos que es pasajero.

Dentro de la misión de algunos seres humanos está la facultad de hacer justicia con más ahínco, mas todo ser humano, cualquiera que sea su misión siempre va aunada a que ésta sea justa. No por decir que esta virtud cardinal no se logre del todo ni en el mundo ni en ámbitos particulares nos vamos a desencantar y vamos a sentir pesar al respecto, todo lo contrario, qué bueno que podamos tener el realismo en la mente de la dificultad de encontrar justicia, porque tendremos en el corazón la llama encendida de tratar de procurarla en la medida que podamos y en cuanto se nos presente la oportunidad. Quien infringe la justicia adrede, va por un camino mucho mas pedregoso y el sendero de regreso seguramente se dará con un corazón lastimado, más allá de lo que los demás podrán entender. Cada ser humano sabemos nuestras medidas y percibimos más o menos la justicia y si logramos la que podemos dar al presentarse la oportunidad, hay consonancia del corazón.

 Depende de cada ser humano y es cuando entramos al mundo, el momento en que se va abriendo la inquietud vital que nos dará las percepciones de lo justo y la sed eterna de que hemos venido a cumplir tal o cual cometido. Nada de nuestra misión ceja hasta que cerramos los ojos del cuerpo terrenal para siempre. La forma singular como lo hacemos los católicos: saber que hay un tiempo espiritual que no muere.

Todos, al estar viviendo llevamos esa sensación interior: ¿habrá algo que nos falta? como que andamos en las acciones para que esa especie de sequedad se vaya convirtiendo en vida plena. Nunca se llena completo el vacío…  somos finitos.

La premisa más bella de San Agustín nos dice:

Vuelve a tu corazón, y ahí encontrarás a aquel de quien te apartaste. Y no es que nos apartemos más o menos de Dios ni que lo hagamos adrede, es la misma condición humana que en su ir y venir nos aleja de nuestro centro rector.

 Con la misma, la vida que es la entrega más grande de Dios hacia nosotros, nos la vuelve a mostrar con caminos nuevos y volvemos a otro regocijo temporal. Claro que los católicos sabemos que no estaremos completos, hasta que la vida se cierre en Dios mismo.

La película mencionada tiene como tema una misión emprendida por los jesuitas que asignan a un grupo hasta el lugar que habita una tribu latinoamericana, la de Los guaraníes. Van hasta ahí, con la consigna magna de que tanto misioneros como los que van a recibir el conocimiento son una creación de Dios. En base a eso, comulgan y los misioneros son bien recibidos y van adentrándose en el trabajo con total entrega, algo que es una de las más bellas premisas del filme: no se va a medias a ver si se hace o no la misión, cuando se va es porque estamos seguros de cumplir y mucho mejor si los recipiendarios del bien están abiertos a recibir. Son las condiciones con otros humanos (que no están de acuerdo con tal acción) las que crean todo un conflicto. Lo más bello es ver los argumentos de unos y de otros y poder observar durante todo el filme como los que llevan esa palabra para cumplir la misión, nunca se desaniman. Es al final cuando pasan cosas que podríamos cuestionar, como lograr que no les arrebaten el bien que han llevado y están otorgando. Ellos lo van a permitir ya que saben que cuando el corazón conoce hacia dónde va, nada ni nadie lo detiene. Cuando son argumentos de índole terrenal como intereses creados o políticos los que vienen a mover, los tapetes, cuesta más aceptar. Se puede apreciar una conversión en uno de los personajes, se vislumbra tambien quien tiene la mente cerrada y no logra dar cabida al apoyo de la justicia.   

La música no podría ser más esplendida. Ennio Morricone se explaya con el alma abierta y plena, sin duda alguna. El italiano, que es sublime en todas sus composiciones musicales, aquí sí que dejó el alma plasmada en cada nota. En este filme hay una melodía llamada -El Oboe de Gabriel- quien es el padre jesuita que con una flauta hace percibir a los guaraníes una condición única de comunión. La música, junto a las gloriosas maravillas naturales del lugar, nos hace ver un filme que conmueve mucho y que deja claro que aun si se vive un martirio hay salida anímica que conlleva valor.  El mártir de cualquier condición, sea esta religiosa, de guerra o de misión encomendada, no es nunca un ser fanático. Solo trata de vivir y sabe que está siendo fiel a lo que sí cree, lo asume en cuerpo y alma y si es necesario hasta con la muerte.

Hay muchas vidas exitosas en el mundo actual, y a la vez cuajadas de vacíos. Y, nos preguntamos ¿porque injustamente un ser de éxito, puede sentirse desvalido? Es tan solo por no esforzarse en conocer los caminos reales de su corazón, de su alma, de su encomienda. Algunas veces tenemos miedo a las transformaciones interiores porque no las observamos como un bien, sino como algo que se nos pide injustamente. Si queremos lograr la misión habremos de vivir tensiones y sinsabores, son parte actuante y sin remedio.

¿Quién dijo que la vida seria todo el tiempo un camino de rosas? tal vez alguien por ahí que con ilusión no supo cómo aterrizar a la realidad. No es lo más deseado, ¡claro que no! da mucho trabajo manejar la buena tensión que surge de una encomienda genuina y mucho más sabiendo de una justicia que puede ir y venir. Lo justo no permanece eternamente igual, es nuestro trabajo el saber como.

El sentido de una vida está basado en lo que es comprensible con la mente al mismo tiempo que con los sentidos y proviene de los buenos razonamientos del corazón. Ya dijimos que la verdad es la realidad y la certidumbre no es negociable, cuando sabemos nuestra misión clara y serena y ante viento y marea la defendemos.

 Es por eso que nadie puede vivir la vida de la misma manera que otro ser humano la vive.

 Compartir, es palabra clave en el camino de la justicia, y así comulgar con el otro.

Cuando hay causas en la vida, está bien asegurada la finalidad. Cuando hay finalidad es más fácil vislumbrar lo justo. La justicia, así como una entidad total y perceptible para todo el mundo, es lo que es más difícil y solo por eso podremos afirmar que prácticamente no existe como tal.  No podemos soñar con justicias que no están asentadas en los hechos y en la realidad y peor aun cuando las verdades han sido trastocadas.

Lo bueno, y siempre rescatable, es que como hijos de Dios hemos sido creados con un sentido de grandeza y ese es el camino del alma sana.

No hay ser humano que no tenga todo para su buen sentido personal, y si esto se vive se está mucho más cerca de lo justo.

El camino nunca es recto, sabremos distinguir los momentos de parar, de observar y de actuar. Y así con todo, una y otra vez persistir.

La vida ordenada no se regala ni se vende en la farmacia de la esquina. Lleva implícita la premisa de que nada es seguro del todo, por eso hay que tener cuidado con no cuadricularnos en demasía. El buen pensar es básico, pero no es justo en todos los casos.

                                                 Por estos días me encontré revisando la libreta # 94.

Afirmaba para mí misma el hecho de que nos pasamos mucho tiempo de nuestra vida afinando conceptos y otorgándonos a nosotros mismos las valuaciones, y eso es bueno. Cómo hay que comprender a cada ser humano en su momento de vida. Al niño con sus maravillosas percepciones de las que mucho podremos aprender. Al adolescente tendiéndole la mano con muy buenos silencios para que desarrolle el pensamiento propio, porque pensar y creer que puede escuchar al adulto en todo, ¡es mucho pedir! Y los adultos acompañándonos.

¿Puede una crisis personal que no vimos llegar, asentarse y movernos todo? ¿hacernos perder el camino real de la temporalidad? es seguro que sí. Si de pronto se nos cambia la jugada (como normalmente decimos) ese momento cuando sentimos incertidumbre, tenemos el derecho de ser justos con nosotros mismos y darnos el tiempo que merecemos para percibir que es lo pertinente que habremos de vivir.

Me entraron muchas dudas en estos días del año 2011.  ¿Seguir con la misma rutina de escribir? Por ratos sentía que era una perdedera de tiempo, como que la vida misma nos hace creer esas cosas. Jamás hay tiempo perdido en lo que sí creemos y nos damos cuenta que es una necesidad casi que nos llegó con el ADN. No es cuestión de dudar, es algo así como saber que cumplimos justamente una misión que por mal vista que se dé por parte de otros congéneres, (ese es su problema) nosotros habremos de atenernos a lo nuestro. Por la Gracia de Dios escribí mucho sobre eso, sobre la misión encomendada y la reforcé. La misma misión disipó nubarrones de dudas para aclarar y seguir con la pluma en mano.

                                                                  Por estas fechas tenía yo un sentimiento de percibir la vida misma como muy intrincada. Tomé varios bolígrafos de tinta clásica, la azul, la negra y la roja, e hice unos diseños entre zen doodling y geometría quería que reflejasen ese sentimiento, los hacia a diario y con enorme gozo. Luego tendría que pasar a otras cosas, en los temas elegidos de la plástica. La serie se llamó: -Intrincados-. Mi obra plástica siempre ha respondido a sentimientos internos de mi ser.

Ser

Con la paz, o sin ella.

Con la tinta, o sin ella.

Con la luz del sol, o sin ella.

Con la luna, o sin ella.

Ser. MJ