Diario vivir, Razón Y Orden (4)
La
verdad absoluta en el mundo es un hecho contundente. Solo puede observarse a la
luz de una buena filosofía. Es un deber del homo sapiens, encontrar el
camino filosófico que le dé luz. MJ.
No
necesitamos ser filósofos de profesión para saber cuánto bien puede hacernos el
interesarnos en la forma en cómo se ha desenvuelto el pensamiento del ser
humano. Existen muchas maneras de comprender este conocimiento sin mayores
esfuerzos, sin desbalance del diario vivir.
Siempre he creído que, en la vida diaria bien llevada habita el secreto
del equilibrio humano, con el gozo sencillo que nos da momentos felices. Los
equilibrios se hacen mucho más asertivos cuando sabemos qué y cómo se asienta
la realidad en nuestro pensar, y cómo es que hemos llegado a donde estamos.
Todas las actividades son valiosas.
He de confesar que la primera carrera que pensé estudiar
en mi juventud, fue Filosofía y letras, mas cuando me di cuenta que tan lejos
estaba de mí esa posibilidad, fui decantando la idea hasta llegar a la realidad,
que me llevó a estudiar Antropología. Con el paso de los años ese pulsar en mi
interior de querer saber más y mejor del pensamiento filosófico se fue
concretando con lecturas varias.
Al
hablar de la verdad en general, ante todo tendremos que tener en cuenta la
verdad absoluta, que, aunque es lo más difícil conocerla completa, ésta misma es
la que se ve reflejada en la vida personal. Cuantos acontecimientos no
comprendemos del todo y habremos de tener paciencia para saber los que sí nos competen
y esos más difíciles darles tiempo para que vayan llegando. A Dios tambien se
le puede nombrar como el absoluto, y es, el que ES… y alberga esa verdad.
Es claro que no todos nos acercamos a las religiones. Al decir que hay que
saber el valor de la filosofía, es porque ésta nos ayuda a tener una cosmovisión
convincente asentada en la verdad completa y posible y por ende se afina la
verdad personal. Cuando practicamos una religión, esa verdad toma un cariz de
camino.
Es así como los
católicos reconocemos y aceptamos que hemos sido puestos en el mundo y
se nos ha dado vida y albedrio. Al sabernos contingentes en el Dios que creemos,
es cuando nos estamos dándonos esa parte de paz, para que las razones sean las
que den una buena ordenación de la vida real, la de todos los días.
No es lo mismo tener UNA verdad, porque de pronto puede
ser limitada y esa misma puede resquebrajarse, así pasa cuando nos casamos con
una ideología.
Es un hecho que no
podemos dejar de lado la pulsión vital que nos motiva a diario. Pensar el hecho
de que algo más grande nos contiene, en los que somos creyentes, y lo llamamos
Dios, y así mismo concebimos a ese Ser que nos rige con naturalidad en caminos que
son únicos. Quienes practicamos el
catolicismo lo entendemos todo desde ahí, la vida misma se ve más nítida y la
voluntad de Dios es la apertura de las causas, nunca una imposición.
Claro, que a renglón seguido nos atraviesa la duda de
¿Cuáles son esas buenas razones para aceptar y transformar tanto lo placentero
como lo adverso?, lo razonable es la parte clave, viene desde Aristóteles, ahí
está en la argamasa que habremos de pulir durante la vida terrenal y si sabemos
observar el silencio de Dios, todo se aclara. Es ahí mismo en donde se asienta
la pulsión que nos motiva y que nos lleva por los senderos de la misión
encomendada y sagrada para cada ser, que las mas de las veces nos elige y no nosotros
la elegimos. Entra en juego la humildad del ser.
Se ha comprobado que quienes crecen en desamor, sin el
cuidado de allegar al ser que se forma los principios básicos de valor y verdad,
son los homos que están más propensos a ser seres menos sapiens. Un
ejemplo es cuando la Antropología nos afirma que nuestra esencia no es violenta,
pero la violencia está presente. ¿Entonces? ¡Sí que hay trabajo que hacer en la
cultura! cuando esta se contempla como nuestros modos de ser.
No es necesario estudiar filosofía propiamente, aunque si
se es joven, pues vale mucho la pena tener tiempo con más profundidad, y si ya
peinamos canas, pues hacerlo con lecturas que nos interesen, a veces éstas nos
eligen. Hay un libro propuesto de un autor llamado Ramón Xirao:
Introducción a la historia de la filosofía.
Comprender de dónde vienen las ideas del pensar, como que
uno mismo se reconstruye, todos tenemos derecho a la plenitud que comienza
teniendo clara la razón de las razones. Si somos creyentes y religiosos
saber mejor cual es la base de nuestro comprender religioso, y si somos
científicos no perder de vista las verdades realistas, no solo las ideológicas.
La ciencia es básica para las mejoras del devenir de la especie, aunque tampoco
es el unto de la magdalena cuando la pulsión que nos mueve no está clara.
Si observamos, algunas veces la verdad que hemos comprendido se desenfoca y nos
desafía.
Esto sucede porque
el pensar es movimiento eterno, cambiante y lo claro es posible con esa verdad
que siempre puede conocerse mejor.
Cuando la personalidad desarrollada no logra mostrarnos
todos los ángulos de la verdad, podremos decir que nos conduce el ego, y
empieza ese juego y podremos sentimos desvalidos, lo ególatra más que nada responde
a las exigencias del mundo y no a las del alma. Es por eso que lo ideal es:
materia y espíritu en armonía.
Si nos debatimos en los asuntos del mundo en demasía, sin
las prudencias necesarias a la buena razón, podremos perder de vista la parte
espiritual, y hay desbalance. Lo ideal es fundamentar el interior con las
razones que a la luz de la vida interior elegida se aclaran y dar más paz al
orden mundano que vivimos.
La condición humana es limitada, por eso el razonar es
nuestra herramienta. El límite no quiere decir que estemos incompletos, tan
solo que tendremos que elegir, asunto que a veces se hace con acierto y a veces
no. Caminar con certidumbre contempla la valoración del arrepentimiento,
es decir somos capaces de parar y volver a ver de nuevo, con luz renovada.
Arrepentirse, nunca es una equivoca acción, es parte de una personalidad sana,
que sabe valorar la humildad de decir: esta vez me equivoqué y voy a
rectificar. La cultura de hoy se ha
amalgamado de tales maneras que a veces no se distinguen los linderos entre lo
bueno y lo malo. Entre la verdad y la mentira, éstas se han distorsionado. Esa
es la consecuencia que nos ha traído la postmodernidad.
El ser humano tambien tiene claro que de pronto se
presenta el sentimiento de sufrimiento. La cultura de hoy no nos permite
hacerlo evidente en nosotros, con la claridad necesaria y compartirlo pareciera
un asunto de debilidad. Cuando tenemos un dolor, pareciera que somos seres
incompletos o inmaduros, esto no es así, el dolor es causa de fundamentar desde
nuevas razones. Los dolores de la vida hay que aceptarlos, observarlos, transformarlos,
solo así se encausan en los linderos de la verdad absoluta. Algunas religiones
nos enseñan que nada malo hay en sentir dolor, y más aún la psicología moderna
nos ayuda a enfrentar esos pesares, aunque a veces se nos haga muy difícil,
porque llegamos permeados a los consultorios de ideas que no aportan, nos
cuesta abrirnos porque ahora tambien se ha visto trastocada la confianza. Creo
que los terapeutas hacen mucho bien, para que quien tiene dolor lo logre
transformar mucho mejor, algunas veces son asuntos de vivencias pasadas no
resueltas. Nunca hay que temer al dolor,
nos debe quedar claro que provee las posibilidades de la redención.
¿Qué es eso de la redención, de la que la religión
católica nos habla?
El diccionario de la Real Academia nos apunta:
Es una liberación con recuperación. En la religión
católica se dice que cuando pedimos -Piedad-, es como que la fuerza en la que
creemos nos resetea el disco duro del cerebro.
Con más claridad podremos decir que es como una salvación
de nuestros errores que nos lleva a nuevas posibilidades. ¿Quién se puede negar
a esto?
Cuando la redención no se comprende completa, podremos
tener dudas de la trascendencia de nuestro ser. Se nos ha puesto en el mundo
porque somos seres que en el mundo crecemos, y lograr la trascendencia (que
es personal) es primero que nada caminar por la tierra, para llegar a lo
infinito. Todos habremos de trascender, aunque muchos de nosotros podremos dudar
hacia donde será esa dimensión. No hay que darle muchas vueltas: solo será como
otro nacimiento.
El verdadero valor de la vida se reconoce a nivel del
alma humana. Cuando no se tiene bien preparada el alma par las vivencias,
respondemos con miedo lo que puede paralizar, de ahí nacer agresión innecesaria.
A veces, cuando nos retractamos de algo, eso es bueno. Es
conocer nuestra condición de que no somos ni super hombres ni super mujeres,
solo homos viviendo a la luz de la buena razón. En la religión católica se
conoce como sacrificio, es decir dejamos de hacer unas cosas por otras, le
damos armonía al vivir, el sentido del sacrificio es contenernos, dar más
estructura a lo elegido. Sacrificarse no es dagarse ni golpearse, como a veces
se mal entiende. He de decir, qué más
puede doler estarnos debatiendo entre mil opciones que parar y observar. Si no lo tenemos claro, parar, camino siempre
hay. Los adultos que tratamos con niños, es ahí en donde está nuestra labor,
saber cómo, cuándo y dónde ser claros y concisos con los críos.
Un ejemplo tan sencillo: si observamos que un crio tiene
debilidad por el postre, decirle que es muy rico, ¡claro que sí!, nunca
quitarlo del todo, mas sí expresar el valor de la medida para saber que la
contención del recato, es buena.
No olvidemos que lo que más nos aporta como premisa a una
buena vida, es: nunca perder la esperanza, y observar que esto se refiere a que:
cada quien haga su parte. Saber el valor de mirar en la misma dirección,
aunque no siempre sea lo mismo que miramos, como hemos mencionado al hablar de
pareja en otros textos, del valor del eros, es mirar al otro en su
esencia, no hacerlo un objeto que nos sirva. Así es como toma sentido la
vida de pareja. La inmediatez aunada a la rapidez de la vida cada día es más
exigente, nos puede distorsionar la realidad.
Discrepar es una
de las manifestaciones más enriquecedoras de la madurez. El pensamiento
distinto da color al compartir, y podremos enfocar en el mismo sentido, aun
siendo de diferente pensar. A veces creemos que porque no estamos de acuerdo
estamos agrediendo, cuando es todo lo contrario, estamos enfocando desde
diferente perspectiva y enriquecer mas las posturas, con actitud.
En 2012 tuve un reencuentro muy hermoso con dos de mis
primas hermanas que viven en la ciudad de Nueva York. Para ese entonces mi hija
solía ir seguido a esa ciudad, llevaba jóvenes a los intercambios culturales y
en una de esas me uní para visitar.
Tuvimos una burbuja familiar de grandes momentos, todas. Que
alegría es ver que con seres que uno lleva la misma sangre, se puede comulgar
tan bien, aunque no hayamos crecido cercanos ni en todo coincidamos. Ellas, de
padre cubano, lo que motivó que toda su vida vivieron fuera del terruño. Una de
ellas arregló su departamento muy cercano a Central Park, para que pudiésemos
quedarnos ahí, y lo agradecimos por sobremanera, porque sabemos que no es fácil
alojar a inquilinos en casa. Re salía a correr al parque, yo tuve platicas
eternas para poder entender esos pormenores familiares que a veces los ven más
claros quienes los viven de lejos. Luego, la perspectiva en mucho coincide.
Tuvimos muchas horas de grandes conversadas que nos llevaron a los profundos
asentamientos del pensamiento y mucho más cariño confeso entre nosotras, que
aun siendo tan cercanas no nos conocíamos tanto.
El flujo de sentimientos compartidos no es más que saber
que todo lo que se da, nos puede ayudar a comprender mejor y hasta a sanar
heridas que ni sabíamos aun abiertas.
En estos días que releo, tambien salí a mar abierto con
dos amigas. Amo el mar. Estoy más acostumbrada a las costas, y cercanías a la
playa. Una de ellas nos convido al yate que tenía a disposición y nos fuimos de
pesca muy lejos, el mar abierto es otro cantar. Afianzar los vínculos de una linda
amistad que viene desde la primera juventud y que aún continúa, es hermoso. Lo
pasamos de verdad genial. Esto a veces, a quienes no tenemos la costumbre de
hacerlo seguido, nos afecta en lo físico porque nos mareamos, así fue que, por ratos,
nos tocó estar con esa condición física que con algunos remedios se superó.
Pescamos, nos carcajeamos de lo lindo y a media mañana yo me di un baño de mar
en esas tremendas profundidades que imponen e invitan, el océano abierto como
que abraza diferente. Mantenemos una amistad profunda, lo sabemos. No siempre
nos vemos, porque ya estamos en edades más difíciles de concretar citas
vivenciales. (Continuará).