Diario vivir, Razón y Orden. (18)
Algunas veces
pareciera que el tiempo, no alcanza para nada. Cuando en realidad siempre
sabemos que alcanza para todo. MJ
En
filosofía, se habla algunas veces de la temporalidad. Ese poder que nos puede
sacudir, y luego pacificar. Nos lo hemos dado a nosotros mismos como humanidad,
como un conteo necesario, resguardos que cuentan minutos para poder ordenarnos
mejor. El mismo San Agustín lo ha tratado en sus textos, tan profundos.
Algunas veces me ha pasado que no puedo
terminar un libro de corrido, porque voy y vuelvo por las páginas y se me presenta
otro, que no puedo dejar de abrir. Como que se enciman, cuando en
realidad los libros que leemos son una continuidad y las más de las veces se
complementan entre ellos, dando a la mente las vertientes de poder estar mucho
más cerca de ese invaluable momento de tener la posibilidad de discernir mejor.
Quien no lee, se niega la puerta a un buen discernimiento. La verdad no se
encierra ni en un solo libro, ni en todos, sino que está en constante apertura
para que cada uno de nosotros la vayamos comprendiendo desde nuestro propio
ser.
El alimento interior
es más fácil de combinar. En la realidad no es así la dinámica, un ejemplo sería,
cuando nos puede gustar el helado de chocolate, mas nunca lo combinaríamos en el
mismo momento que lo tomamos, con uno de mango, nada que ver. Los
textos pueden descansar en la mesa de noche plácidamente, con el marcador
elegido, con el léxico eterno en la puntualidad del papel y que nos
espera como si fuera un buen amigo, y más que eso, porque no se va a ninguna
parte, es paciente hasta que volvemos a él. Las diferencias en las ideas nunca son
conflicto, son engrandecimiento. Cada
libro tiene su propio ritmo, como en sí mismo cada ser humano lo tenemos también.
Unos textos nos implican volver el camino, releer, para poder continuar, otros
se van como agua entre las manos y si tenemos la costumbre de marcar los
párrafos con tinta alerta, mucho más, eso ayuda en ese profundizar el camino,
al volver.
En estos días me encontré con un texto compartido por
Gaby Vargas que dice:
No corras, tras la felicidad
No se merece gratis
Nunca se encuentra de pronto
No es un estado mental
A veces sí siento que es más bien ligera la postura de
esta escritora, mas, le leo cuando se me presenta en algunas oportunidades en
las redes, y de pronto me resuena algo muy válido como para recordar. Como que
a veces eso tan sencillo, es el ensamble o bisagra que se necesita para
ordenarnos más acá. Tras la felicidad, no se corre. Es claro que bastaría
hacerlo para que seguro nos tropecemos. Se nos escapa, se nos resbala
inatrapable, quiere más bien ser un cumulo de gozos. Lo que se busca con
demasiado ahínco, se nos esfuma. Luego nos dice, No se merece gratis.
Obviamente que las condiciones para vivir felices si están dadas, solo somos
nosotros quienes tendremos que hacer el esfuerzo de lograr la argamasa que las
va a detonar. No puede ser gratis, se aloja en esos momentos bien vividos e
inesperados que aportan con seguridad y se completa.
Lo que nos encontramos de pronto como regalos inesperados
de vida, no son estados mentales, son como las células que
conformaran al cuerpo humano, que, sin verlas sabemos que dependemos de ellas,
y así mismo, de cada momento bien logrado podremos convertir la condición
realista de ser felices. La verdadera felicidad sí es personal, no es el
mismísimo momento de vivir algo grato lleno de algarabía lo que la conforma, lo
mejor es un asiento estratégico interno. Lo inesperado, hay que observarlo
bien, no llega nada más porque sí. Lo sencillo, tan despreciado en la época
actual y relativa, sí puede ser parte de algo mayor. La mente educada, ya tiene
la partida ganada y ayuda muchísimo a que seamos conscientes de que a veces lo
que nos hace felices, no hace nada de ruido.
Eso que se llama
el mood, o más claramente el humor, es tan solo la parte que ponemos
para asimilar las buenas vivencias, luego se harán felices.
Tal cual, hay que ser vida para la vida. Es un
deber, cuando la vida se respete en todas sus acepciones, se logrará más fácil,
al tener a flor de piel la claridad de la grandeza que se nos ha otorgado, lo
imaginamos a veces como un derecho, pero no lo es, la vida es un don.
Cuando sintamos que desfallecemos, es necesario recordar
la importancia del respirar, hacerlo profundo y continuar hacia adelante. El
pausado momento.
Los tiempos perfectos si existen y son efímeros en
sí mismos. No se regalan. Van naciendo de la buena percepción en las llanuras
desde las que vemos plenitud.
Si, por ejemplo, no nos damos cuenta de la irritabilidad
que causa el calor, o como hay alguna molestia del cuerpo físico y nos trae de
un ala para no sentirnos enteros… entonces saber que virtud se nos pide, a cada
momento. Esos asuntos caseros que trastocan todo y que hasta nos pueden hacer
perder la paciencia, hay que atenderles como lo común, es parte. No olvidar que
los tiempos de casa, aun siendo obvios, son sagrados. Es cierto que es la parte
vulgar a resolver, y ajustan la verdad. Lograr darnos ese respiro de aliento
largo, sereno.
Percibir la sensibilidad de las personas con las que
tratamos, no es poca cosa. Es un bello ejercicio saber leer en los ojos
de los seres que amamos, y de esos mismos que nos rodean. Las miradas lo dicen
todo. Tener esa atención de lo que otros están viviendo para hacerlo parte de
la conversación, y en verdad la plática que entablemos sea eso mismo, un ir y
venir de ideas que nos den solaz.
Disipar espejismos. Nada fácil a veces, pero sí muy
necesario.
¿Qué es en realidad un espejismo? Ese encontrarnos de
pronto con que la mente divaga, y nos lleva por asuntos que sin apenas darnos cuenta
ya nos han cambiado el humor. Leer, no es una cosa a parte de la
actividad diaria, da asiento. No se lee por obligación, sino para lograr hacer
parte de nosotros el texto.
En ventanas interiores entran las ideas que complementan
y se refresque al ser.
La mente tambien tiene que respirar.
Dentro del estudio del libro: -El poder y la gloria- de
Graham Greene, en el taller literario al que pertenezco, nos propusimos
encontrar en cada pasaje esa gracia de la que se forró el autor al
convertirse en un buen católico. Notar, como propone que sí se puede estar en
cualquier teatro de la vida y ser proactivos con lo que nos mueve. En
este texto, los momentos de debilidad humana están presentes, mientras se
perseguía a los presbíteros como si fueran la misma peste de la tierra y como se
dan las vivencias con tono humano aun en la máxima pobreza, en los poblados
invadidos por la milicia, tan solo esperando poner en el paredón de la muerte a
quienes consideraban carne de cañón. Siempre creemos que no podremos con tal o
cual cosa, mas, si con tiempo especial se logra percibir la gracia interior de
estar cercanos a lo que creemos como cierto, es seguro que la fuerza otorgada
por Dios hará que lo adverso no nos pese, se aparezca la fortaleza y el ser
real que nos habita en el alma, se dé.
La fe, ha de permanecer siempre viva. Y no hablo de la
que recibimos como católicos en grado especial, si esto se elige, sino de la fe
natural del ser. Aun en el dolor, en el fracaso y todo lo negativo que queramos
añadir, es este sabernos con camino al frente aun sin saber bien a donde llegaremos,
el lugar donde se junta la fe natural con la que otorga Dios mismo.
La condición humana en su finitud nos acerca a las
culpas. Estas se detonan sin remedio. Si nos asedian, he ahí la oportuna sabiduría
para modelar lo propositivo. Desde lo mental, hay una pequeña glándula en la
base del cerebro, la amígdala, que es culpable del desorden, mas con parsimonia
todo se conduce.
Si somos fieles a lo que sí creemos, no seremos frágiles.
La grandeza humana no consiste en no caer nunca, sino en
saber regresar el camino, volver y levantarnos siempre.
La Ética, así con mayúscula, nos recuerda que es sostén
donde se reforma el carácter. Dice Fernando Savater: -Después de tantos años
estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en
tres virtudes-:
1. Coraje para vivir.
2. Generosidad para convivir.
3. Prudencia para sobrevivir.
Cunado sabemos lo que sí es, no hay poder humano
ni de ninguna otra índole que nos tuerza el destino. Aunque nos cueste el
momento estamos apelando a nuestro lado ético. Claro que esto se olvida en aras
de hacer de la vida un medio para que solo se llegue a lo gratificante.
La ética es la hermana mayor de la honestidad.
La gracia, tambien nos viene bien recordar en que consiste:
Es un favor
sobrenatural y gratuito que se aloja
en el alma, Dios la permite y es como una luz constante que nos guía.
La gracia es una necesidad de todo individuo. Lo queramos
o no, estemos o no de acuerdo, esto es reral y existe. El que se dice ateo tal
vez lo viva sin percibirlo y lo niegue con las palabras. No todos seremos
proclives a entender los vocablos tal cual son, y no pasa nada. Cuando sabemos
que hemos elegido camino de vida y somos fieles a eso mismo, la gracia llega.
Algunos de nosotros somos tercos en entender mejor solo con la mente. Obtener
ese sentido de vida con la gracia, tambien es algo a lo que se aprende.
Este libro de Greene, se identifica con las personas que
son perseguidas. Es vigente en ese sentido, aunque ya hayan pasado años de su
edición. Es un escritor que lleva en sus textos enorme riqueza del idioma,
sentido profundo de ser, que se contagia tan solo con algunos momentos de
lectura.
Es un texto muy rico. Propone con la narrativa de las vivencias
encontrar esa parte de hacer todo lo posible por no perder la gracia, eso que
nos guía hacia lo positivo. La crudeza tambien es buena profesora.
El contexto histórico del libro es de los años 1930 /40. Proviene
de la situación mundial cuando hubo un desencanto del momento victoriano dentro
de la historia universal, parecía que el mundo se desmoronaba. Surgen
corrientes que le echan toda la culpa a las religiones, como los males infectos
y malditos de nuestra condición humana. Cuestión de posturas y de ideologías
mal entendidas.
Se nos dice, que, si logramos ser observadores, Dios casi
siempre se manifiesta mejor en gente considerada imperfecta, porque los que
creen ya saber todo y tener todo bajo control, están un tanto cerrados a buenas
revelaciones.
La gracias es un don.
Y, dice San Pablo:
-Mi gracia es basta, porque mi poder se perfecciona en la
debilidad-.
Surge muy fuerte en estas persecuciones de la iglesia,
una corriente llamada: Pelagianismo, que apela a hacer creer al humano que es
dueño de su ser. Así, valiéndose tan solo de la intuición, conocimientos y
potencias terrenales bien llevadas para una vida completa, lograr todo. Se saca
a Dios de la escena. En el fondo real existe desvalidez, soledad… Hemos sido
creados, no somos de generación espontánea y tan solo eso nos otorga la
dignidad.
A veces, la manifestación de Dios en las vidas, sí llega
como algo inesperado.
Si nos damos cuenta los que se dicen ateos están más miedosos,
porque aunque se saben contingentes, con negatividad cuesta a veces aceptar tal
condición.
Soledad, gratitud de estar con uno mismo.
Sentido de armonía, vivencia.
Percepción de un tono único, el del ser real.
Interior profundo.
Insondable situación del vivir.
Persistencia del ser total.
Coloración única de lo que somos.
Pureza del ser. MJ (Continuará)