miércoles, 25 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día. (10)

                                              Cuando se quiere ser ingenioso ocurre que se miente un poco.

El Principito.

Antoine de Saint Exupery.

                                                           Muchas han sido las veces, en las que me he vuelto a dirigir a mis libros predilectos para leer de nuevo, y digo que es algo novedoso porque cada que volvemos la mirada a páginas ya leídas, nos encontramos con sorpresas. Ahora lo he hecho con la única obra que he leído de Antoine de Saint Exupery: -El Principito-.

Como en la obra que hace el extracto de algunas frases escogidas del mismo autor, -Saber Vivir-, me encontré la frase en particular con la que inicio este texto, tuve a bien darme el tiempo de intentar volver a ella y gozarla una vez más en contexto.  La realidad es que me animé a leer el libro completo, no es largo, y lo buscado nunca apareció.   Exactamente cómo se goza de un buen amigo, el libro me volvió a dar ese placer que da la buena literatura. El libro querido, ese mismo que tiene en mucho el sabor de una buena amistad: fidedignidad, buen aprecio, y en donde sabemos encontraremos siempre remanso y nuevas posturas par un crecimiento asegurado. Me pregunté ¿Estaré tan distraída que no la vi? ¿Será cierto que es parte del texto? Y tan solo me respondí:  a veces no es necesario volver a encontrar con exactitud lo que buscamos, para tener la felicidad asegurada. Los reencuentros pueden traer nuevos momentos y hay que estar abiertos para eso mismo, es importante ser felices con lo que se nos brinda.  A veces uno busca… pero no se encuentra lo buscado. En buen yucateco diríamos -Lo busco y no lo busco-, y nos podemos reír un poco de nosotros mismos. ¡No pasa nada!, porque la vida es así. Si nos afanamos, menos encontramos. Tranquilamente devolví el libro al librero. Ese libro es de los predilectos de aquí de casa (que por cierto es un libro viejo, porque data de la juventud de mi marido.) Tuve yo un ejemplar que me llegó en la adolescencia y nunca supe a donde fue a parar. A veces uno presta libros para que no vuelvan jamás. ¡Qué bueno que así suceda!, porque exactamente como pasa con las obras que uno pinta, los libros a veces deben ir a vivir su vida propia, a otros lares.

 Así pasa tambien con el ser amigos de los amigos, a algunos de ellos les creímos para toda la vida y resulta que no es así y hay otros que de pronto entran al pandero de la buena amistad sin pena ni gloria. Que felices podremos ser si ante los ojos de un buen amigo, una buena amiga estamos en paz. Los seres humanos somos   volubles sin duda alguna y tambien lo celebro porque nos habla de que tenemos carácter, formas de ser y de hacer (es decir, cultura) y sin duda alguna estamos llenos de lo que se llama personalidad, porque, aunque ésta estorbe un poco para la vida de profundidad espiritual, es un hecho que solo podemos ser tal cual somos y nada más.

No somos cultos porque sabemos tal o cual cosa, más bien somos cultos porque nos gusta ser de una determinada manera de ser, más que nada la forma que le damos al día a día. El espacio diario cada uno lo hace sagrado.

                                                      Las veces que se tome entre las manos un libro es una nueva aventura, así se haya leído cien mil veces antes. Es seguro que nos dará el remanso de nuevas reflexiones. Con el libro de Saint Exupery, -El Principito- es seguro que tendremos de nuevo ese momento de asombro, ese volver a alguna frase que nos llega más profundo o tal vez nos regresa a algún momento anterior.

Pues bien, no habiendo encontrado lo que fui a buscar, un tanto con idea de reorganizar todo en mi interior, me quedo con la frase de:  el ingenio tal vez a veces pueda ser un poco mentirosillo y mientras sea producto de una imaginación creativa, bendita sea la idea que nos permita tener entre las manos y la mente lo que nos regala el genio y el ingenio que nos reviste a cada uno de nosotros.

Y volvió el texto a su lugar especial. Todo texto apreciado y por más sencillo que sea, ha de tener un lugar otorgado. El hacer de cada libro un amigo, no es irse por la demasiada imaginación, es saber quiénes con el modo de postularse en el arte literario nos han marcado. El texto que derrama imaginación siempre nos trae a colación lo importante que es saber cultivar la nuestra, no para vivir en lo ingenuo, sino para saber que el mundo interior que nos habita como parte de nuestra salud mental, es tambien el baluarte que nos da vida con paz y tranquilidad.

Cada uno de nosotros sabemos loque nos ha dejado algún texto. Esa primera vez de conocer mejor a algún personaje se me dio con relación al Principito, como a los doce años de edad. Me encontraba en la ciudad de México en casa de una de las hermanas de mi madre, cuando creo que mi padre me notó un tanto taciturna y ociosa y me hizo una invitación y así, nos fuimos de paseo a una librería. Mas, ahí mismo tambien me atonté, porque a esa edad, no sabe uno ni qué libro elegir. Mi padre tomó el libro del -Principito- y me lo dio -este, me dijo -Nos lo vamos a llevar- Así, comencé esa lectura que lo único que me trajo en ese momento fue un trajín mental tremendo, y solo pude pensar: ¿Y qué hace un pequeño príncipe dando zancadas en un mundo que le queda pequeño, y con esos tremendos árboles que se han apropiado de todo el espacio? no me permitía la razón adolescente, volver a la verdadera imaginación, esa que nos hace más grandes en el espíritu. Así, de pronto mi padre me vio leyendo ¿-Te ha gustado el libro-? me preguntó. -Si, está interesante- le dije.

No hubo más que estar en el camino de permitir entender, que el gozo por la lectura es una empresa muy personal que se desarrolla de a poco y que una vez en nosotros, nunca muere.

Luego, tomé el libro ya con más edad. Fue con la edición que me encanta hasta hoy día, y logré en verdad darme cuenta de todo lo que me había perdido. A los hijos antes de que lo leyesen les narré parte y hoy día a los nietos se les ha dado un libro nuevo, para que ambos lo gocen narrado y leído por sus propios padres.

Me encanta que Saint Exupery le da todo el crédito a la niñez, la presencia de los niños y más la presencia de un niño príncipe que, de entrada, nos llama a estar más atentos. Tal cual lo dice desde la dedicatoria:

-Todas las personas mayores han comenzado por ser niños. Pero pocos de ellos lo recuerdan-.

Cuando tendemos a explicarnos con más incisión razonada los asuntos, todo indica que hemos dejado atrás una parte sustancial de nuestra existencia: la niñez. Es un hecho que los críos se especializan en preguntar (con una gracia especial de la que adolece el adulto) y, a pregunta hecha, habrá que responder lo mejor posible con la sencillez del caso. Cuando mi nieto me preguntó a los 6 (seis) años a donde se van los seres que mueren, estaba yo manejando el automóvil y él estaba sentado en la parte trasera, no le podía ver a los ojos. Casi me detengo para darle la respuesta, tal como me gusta viéndole a la cara, pero pensé que estaba yo exagerando algo que era mejor contestar con sencillez y con una pregunta nueva le pregunté: ¿-Y, tu, ¿recuerdas de dónde viniste? -  y me encanto que me dijo -De la panza de mi mamá-, -bueno ¡claro que sí!, pero ¿-Recuerdas algo más allá de eso?, y me dijo -no-. Bueno, pues -he decirte que yo tampoco, y ¡qué bueno!, porque es ahí a donde volveremos-.

Hoy día, casi a sus 8 (ocho) años de edad, escribe historias en las que es protagonista, y hay una en la que dice que él fue Toloc (lagartija grande yucateca) que siendo así se convirtió en niño.

A renglón seguido de las investigaciones sobre el morir, hablamos de las melodías de Vivaldi que solemos escuchar cuando le voy a buscar al colegio, porque aun sabiendo que Vivaldi es desdeñado por muchos congéneres que se sienten muy cultos (porque dicen que es lo más burdo de la música clásica) en lo personal nunca he pensado así, y ceo que mi nieto tampoco. Le intrigan los CD, porque casi no los conoce y me pide que se los preste.

Solo nos acercamos a nosotros mismos, siendo en verdad la persona que somos.  Eso de jugar con las máscaras jamás ha sido lo mío, de hecho, nunca me ha gustado el disfraz, aunque he de decir que se disfrazaron más de la cuenta los críos de casa. Mas, solo ellos lo han de decir a su debido tiempo. Ahora veo que tambien se sigue la costumbre de ponerles disfraces por diversos motivos, y lo gozan.

A veces los críos prefieren no hablar, ¡claro que sí! Y es porque se dan cuenta que uno no siempre los mira a los ojos, en ese intercambiar las ideas.

Pareciera que sus ideas son aún ¿inmaduras, según algunos adultos?  ¡para nada! quien no aprende de un crio, se pierde la mitad de su vida.

 Di talleres de motivación en el arte, lo más importante era lograr que el niño amase imaginar, creo que se logró. Algunos se han hecho artistas plásticos.

-Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer-. Dice el texto releído.

La imaginación es algo que ha de acrecentarse con la adultez. Nunca dejamos de utilizar esa grandiosa herramienta que nos ha traído hasta donde estamos hoy día.

Si algo nos llevase fuera de la realidad, es tan solo para hacer más clara la misma realidad que vivimos, porque si hemos escuchado que hay muchos seres humanos que temen a su imaginación, es solo por temor infundado, ya que eso mismo nos da más realismo. Ser imaginativos hace a la vida más rica.

Ese pequeño planeta que habita el -Principito- en la narración, es totalmente real dentro de cada uno de nosotros. Estamos a veces ausentes del poder imaginativo y realista que es a la vez nuestra propia existencia. Ese ir y venir de aventura.

Frase imperdible del texto: -Yo me pregunto si las estrellas están encendidas para que cada cual pueda un día encontrar la suya-. ¡wow, a cuál más hermoso!

Si una serpiente es capaz de decir: -Tambien se está solo entre los hombres-. Es que solo nos resta comprender más allá de la especie que nos habita y a la que pertenecemos.

Y para terminar esta reflexión de tan bello texto, diremos la última frase que todos conocemos, pero que a nadie viene mal recordar:

 -Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos-.

 La seguridad de abrir los ojos de la mente imaginativa solo nos refresca y es cuando nos ligamos mucho más al   pensamiento realista,  esos textos que se vuelven parte de nuestra piel nos aterrizan con mas plenitud.

                                                                 Conforme nos vamos haciendo mayores en lo que más  pensamos es como le vamos a hacer para no crear olas en las vidas de los jóvenes, y aunque sabemos que por la Gracia de Dios muchos de ellos ya saben que es una buena labor en la tierra tender la mano al ser que envejece, pues tambien nosotros mismos nos podemos echar la mano teniendo esos textos que nos dan solaz, así como las melodías que quisiéramos escuchar hasta el último momento, y todo eso que aun  con la vejez a cuestas, podremos gozar. El gozo debe acrecentarse no disminuirse, en textos pasados aclaramos que es mucho más importante el gozo que la felicidad, y más cuando la puerta de salida de pronto se hace más y más evidente. Estoy segura de que se nos allana el camino del final. El último trecho que podremos iluminar si así lo deseamos. Y, claro fortalecer los músculos del cuerpo físico, ni duda nos quede, ya que mientras más nos podamos valer por nosotros mismos es seguro que la vida pintará diferente.

En el año de 2011 escribí una pregunta, hecha a mí misma:

¿-Por qué nos atoramos en la vida-?

-Porque nos olvidamos de que todo lo que vivimos es tan solo aprendizaje-.

Hoy, tras siete décadas vividas, me queda claro que no es tan solo aprender, porque eso de acumular conocimiento es algo que se hace durante una etapa de la vida. Es tan frágil el asunto del conocimiento y cambia todo tan rápido, que no es eterno ese bien de acumular el saber. Tenemos claro que las cosas se llegan a olvidar. Lo que realmente nos permite un flujo sano, es saber lo que nos toca hacer. Siempre estar queriendo lo que la mente exige y exige, nunca no es la respuesta, porque lo que más nos da vida es estar atentos a las realidades. Esa realidad futura de los últimos años no será ni por asomo lo que nos hicimos de historias en la cabeza.

Armar rompecabezas, resolver acertijos de palabras, hacer, hacer, lo que nos reivindique el interior, y que la mente se expanda en el justo momento de la vida que nos toca afrontar.

El crecimiento personal ha de reflejarse en la vivencia, nada más. Esa es la realidad, no la que nos hacemos en la mente. (Continuará).

 

sábado, 21 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día (9)

                                        El amor, ese sentido de vida plena que tanto nos cuesta entender, está más que nada basado en la percepción que tenemos de lo que somos, no solo como individuos aislados, sino como seres humanos actuantes. (Paraf).

Mariluz Barrera.

                                              Cuando vamos entrando a la tercera parte de la vida, esa misma que definimos como la más adulta, y que la podemos percibir como plena por todo lo vivido y algunas veces pensamos que ya no hay nada más por aprender; de pronto la misma providencia nos abre puertas y ventanas, y aparece la posibilidad de reflexiones compartidas y conocimientos que se renuevan.

Las reflexiones que uno lleva en el día a día, son ni más ni menos producto de lo vivido, mas a quienes nos gusta saber en qué se basa eso mismo que vivimos tan trivial a veces (y otras tantas, nos parece tan enredado) nos gusta deshojar la margarita de las sapiencias bien llevadas. Es así que mi marido y yo decidimos participar en un taller que nos encontró, y que imparte la Psico/filósofa y amante de la teología (como ella misma se autonombra) Mariluz Barrera González. Ella con gran preparación y conocimiento, expone con mucha lucidez el camino de las vivencias de lo humano que dan base a lo que se conoce como el amor, en particular de lo que es el Eros y como se manifiesta. De ahí sacaré algunos conocimientos comentados, para una mejor aclaración de cómo este sentido de lo amoroso se entiende y como tambien se ha distorsionado.

                                                          No soy muy fan de dar a los meses del año esas connotaciones que más bien están enfocadas al comercialismo, como lo es el mes de febrero considerado mes del Amor y de la Amistad, pero como todos estamos en el mundo y nos alcanza eso mismo que el mundo nos brinda, aceptamos esa parte, no sin antes decir que habremos de hacerlo con cautela y prudencia.

Hablar del Amor, no es asunto fácil.

 Está demasiado manoseada la palabra, y se puede confundir con tantos otros conceptos y acciones, que en la práctica se ha distorsionado mucho.  Es una tristeza tener que aceptarlo, mas habría que hacerlo si es que queremos tener claridad en lo que ha sido y es hoy día la tan mal entendida vivencia de amar, que ahora que hemos reflexionado al respecto, no me quiero quedar sin compartir todo lo considerado.

                                                               En el taller que imparte Mariluz, llevamos un enfoque filosófico católico, con una base teológica muy bien sustentada. Es así que cuando hablo de filosofía, no solo estoy hablando de un conocimiento humano, sino de una tendencia que nos acerca a Dios. La filosofía ha dado la base primordial a la religión católica.

El sentido de la vida no se podría comprender tan bien, si solo lo vemos desde aspectos varios de la ciencia, aunque ésta sea extraordinariamente bien llevada; en última instancia es producto de la investigación y ésta si no se da con adecuación, caminaríamos sobre piedras gruesas en vez de pisar camino claro y fluido. Eso mismo es lo que nos brinda la filosofía: Un camino bien estructurado de las ultimas causas de las cosas.

Nos dice la reflexión compartida: Sin causa, no hay finalidad.

Y viéndolo desde el otro extremo: Con causa, hay finalidad.

El hombre mismo, es decir la especie humana a la que pertenecemos, si no tiene causa clara, es posible que los objetivos queden al aire.

El amor, es acción que nos enriquece, y mucho más cuando se lleva por el camino que le corresponde.

Solo nos puede dar todo el potencial si sabemos cómo tratarlo y más que nada como entenderlo como un bien tan humano, que casi podría compararse como el mismo respirar. Comprenderlo desde la base es clave, pues solo así logramos vivirlo como lo que sí es, y mucho más cuando se trata del amor más delicado, (creo yo) como lo es el amor de pareja.

Nos dice la maestra Barrera: -Amor, no es amor-.

Es decir, realmente el amor, casi no tiene nada que ver con lo que nos han transmitido que es, y nos vamos con ideas que no le sustentan.

Ante todo, tendremos que decir que tenemos que tener claro como la naturaleza humana es factible de ser conocida y comprendida a cabalidad. Tener claridad de la cosmovisión de la que partimos y nos habita. El ser humano es factible de ser un ser que puede conocerse, que tiene una base antropológica que le sustenta. Cuando decimos esto, ya luego y con inminencia, la filosofía y la teología nos apoyan en saber que el ser humano nace con una inquietud filial dentro de su ser. Ésta, se solidifica en la misión que le toca desempeñar, con conocimiento de causa y la misión comprendida, el amor se da de una manera más factible y lucida.

 No podemos dejar de lado que somos seres finitos (que nacemos de Dios y tenemos cuerpo y volveremos a él, con el alma) siempre en busca de lo infinito, que ha de ser dirigido hacia el sentido de Dios. Todos quisiéramos tener claro el Dios en el que creemos, aunque a veces nos confundimos. Hay seres que han endiosado lo que no es, como el poseer muchos bienes materiales y que, luego aun teniéndolos, se sienten vacíos. El vacío, la soledad, no llegan gratuitamente, se instalan y no sabemos ni porqué. Lo mismo sucede con el vacío del amor, que al no saber cómo funciona en nosotros, nos puede dejar secos.

Podremos decir que ese vacío solo se llena cuando hay sustancia en lo que nos proveemos como conocimiento y vamos viviendo la vida con causas claras, para así mismo tener finalidad. Todos queremos un buen amor, pero no sabemos qué es lo que lo asienta en nuestra vida y como se manifiesta.

En estos momentos daremos claridad en cuanto la palabra que más se asocia al amor de pareja. El Eros.

Escuchamos eros, erotismo y de inmediato lo asociamos a relación física de pareja. Relación sexual, si somos más específicos. Pues nada de eso. El Eros no es ante todo algo físico, es una pulsión interior anímica que existe dentro de todos nosotros que por naturaleza nos impulsa a estar con otro ser, a producir un encuentro de Dos que pueden volverse, en Uno. Hoy día ya se sustituye con otras cosas de interés diverso.

Con la relación sexual es claro que nos convertimos en un solo ser, pero si el Eros no se mantiene presente, esa relación puede llevarnos a vacíos muy profundos.

 Es decir, la sequedad de que nos relacionemos sin tener claro el eros, nos puede desgastar. De hecho, eso pasa y es por lo que muchas parejas deciden no seguir adelante, juntas. Si se quiere más y más relación física sin avalarla con la pulsión del Eros, (que es el verdadero encuentro con el otro) pues se llega a un punto finito.

 ¿Por qué el solo practicar la relación física no nos puede dar todo?, porque una relación física sin Eros, se hará inerte, seca. Es el Eros, o lo que es lo mismo, la motivación de tener un encuentro con ese otro ser, lo que nos mantiene vivos en el amor, mucho más en cuanto hablamos del amor de pareja. Puede haber amor de pareja sin contacto físico (se pasan etapas frías, se llega a la vejez, y mil motivos más), mas el eros no ha de morir. Si se mantiene fulgurante en nosotros el pulsar del Eros, todo se puede renovar. Porque esa pulsión es la necesidad de ver, conocer y acercarnos al otro, siempre.

El amor, es el encuentro de dos seres finitos que buscan el infinito, y si se aplican podrán encontrarlo. Si hay Eros vivo, no hay pretextos para acabar una relación. Solo se acaba cuando no hay camino.

 El poema de Antonio Sicari nos dice:

-Si dos seres finitos

Experimentan un amor casi infinito

Es señal de que necesitan

Un Amor Infinito-.

Y, aunque él no enfatizó la última parte, yo sí lo hago, porque todos queremos vivir el amor como tal, no a medias, y el verdadero amor tiende a ser infinito.

Este asunto de lograr lo infinito del amor, será tema de otro texto. Antes, mucho antes de llegar a ese punto, hay que tener claro que el Amor Erótico, no es contacto físico, solo lo impulsa en la dirección profunda. El Eros bien llevado lleva de manera natural a la relación física más genuina que existe, eso sí que es posible y deseable. Cuando uno comprende esto, a todos nos queda claro porque hay tanta confusión actualmente. Porque se enreda el contacto físico con el encuentro verdadero entre dos seres completos, hay que tener claro que no somos media naranja de nadie, somos seres únicos compartiendo esa unicidad con el otro. Cuando nos unimos al otro ya somos un ser en sí mismo, que aprenderá de esa relación a observar al otro, a definir al otro y a descubrir el Ser del otro. La concepción del amor, nos dice Mariluz, proviene de la cosmovisión que tengamos. Si somos creyentes sabremos que Dios es el infinito y que el amor hacia ahí mismo quiere llegar. El concepto de persona humana se dignifica, se hace único y se valora como tal, es por eso que el amor verdadero no está pensando cómo salir hacia otros seres cuando ya encontró al ser único y real. Ese ser con quien se decide compartir nos atrae como un imán, vamos al ser elegido. Si se va por otros caminos diferentes del elegido, si existe la infidelidad, si se vive como solamente soportando al otro, es porque no se ha comprendido nada.

Se dice mucho que lo que ha sucedido es que, en la cultura actual, el Eros ha muerto. Ya nadie quiere aceptar ese pulsar interno del alma para llegar hasta el ser del otro. Se dan distorsiones que son limitadas, podremos hablar de algunas de éstas:

Cuando no se entiende la naturaleza humana, el amor es:

Tan solo: Función.

Cuando no se plantea una realidad objetiva para vivir el Eros y crecer, el amor es:

Tan solo: Percepción.

Cuando no se establece una verdad a seguir, y lograr un encuentro entre dos seres, se dice que el amor es:

Tan solo: Sentimiento.

Cundo no se vive un amor con valores intrínsecos, se dice que el amor es:

Tan solo: Utilidad. Todo lo anterior es amor limitado.

Cuando hay matrimonio, por supuesto que estamos hablando de compromiso, mas no es que se lleve a cabo para utilizar al otro como un beneficio, sino para poder en esa conjunción, de persona a persona, crecer. Aceptar que el otro tiene defectos como uno mismo los tiene y de eso mismo aprender, para transformar. No somos meros autómatas viviendo vidas sin un buen entendimiento.

En los ámbitos de percibir un amor realista, se puede concebir la relación amorosa como una Acción Sagrada (Eso mismo es lo que se propone en el matrimonio religioso) no es solo un paso más, ahí mismo existe una bendición que se obtiene para que se pueda vivir con toda la dignidad.

No es nada fácil llegar a ser uno con el otro en lo espiritual. Sabemos cómo cada parte de la pareja viene de educciones a veces muy dispares, con costumbres establecidas que hasta pueden  enfurecernos y cerrar la puerta para siempre. La cultura de hoy, nos hace creer que nada es para siempre. Esta idea viene del deseo de que se propague la acción de que es mejor no trabajar en los cambios que molestan y así acabar con lo que se vive que de pronto se percibe sí que han de ser para pulir y no para separar.

¿Te gustan las perlas?

No olvidemos que la perla nace de una ostra que recibe el molesto asunto de que dentro de su ser se ha alojado una arenita. Esta molestia, le duele tanto a la ostra, que decide que la tiene que forrar con el nácar que suelta, para alejarse de eso que se instaló y duele. Es una sustancia de dentro de ella misma, la que le aísla de ese dolor. Cuando nos damos cuenta que de ese mismo dolor, nace la perla y queda claro de donde proviene, vemos que no es de la gracia y el encanto o gusto de la ostra de crear, es tan solo el resultado de un dolor. Una molestia que se hace vida.  (Continuará).

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día (8)

                              Prudencia y la píldora… se decía a mediados del siglo pasado. Se tenía ya muy claro que los niños habrían de llegar al mundo más programados, la naturaleza humana contenida. MJ

                                                                                             Nunca actuar a la ligera.

Hay mucho que aprender de la naturaleza humana y el amor.

                                                  Yo no sé si eso de las propuestas anticonceptivas de la vida humana, en realidad ayudaron al mundo en el momento cuando ya se dieron como un hecho médico y contundente en la práctica, ni sabemos si se ha investigado al respecto. Mas sí que hemos visto deshallo. Sí, sabemos que hubo desbandada de prácticas sexuales en años en las que aún no se entendía del todo el verdadero valor de tales motivaciones, ¿Tal vez nos confundieron más? de todo eso se esperaba un bien y que los seres humanos pudieran interactuar más libremente en cuerpo y en alma, mas para lograrlo, habremos de conocernos mejor, y no ir por la vida a la ligera. Por lo que respecta al cuerpo humano, creo que se dieron excesos y vuelo a la hilacha por sobremanera y hasta llegamos a los dolores más fuertes cuando se apareció el SIDA.

Encontrar los justos medios, el respeto a lo que percibe el alma humana que nos ayuda a entendernos como seres humanos íntegros y no meros entes actuantes al ahí se va. No traer niños al mundo por el puro prurito de reproducirnos, algunos seres que no serán cuidados como debe de ser, no merecen entrar al mundo desvalidos. El otro día escuchaba la premisa de boca de una amiga, que dice:

-Si en tu vida plantas un árbol, escribes un libro y tienes un hijo, pues has sido coherente con tu vida-, Mucho nos reinos las dos, porque ni ella ni yo misma, estuvimos de acuerdo con eso. Hoy día, nos damos cuenta que con los árboles se ha arrasado más de lo esperado y no se ha resembrado en la misma proporción, se ha ido en desbandada destrozando lo natural como si fuéramos los dueños del planeta. Y, esta buena amiga me decía, cuando se empezó el arrase forestal mundial, se dijo que, por un árbol tomado del suelo, dos habrían de ser plantados y para nada se ha dado eso. Luego además si plantas un árbol ¿será que te comprometes a verlo crecer, aunque no puedas regarlo y cuidarlo a diario? Lo dudo. Luego si escribes un libro, ¡pues que este sea con sentido fiel a lo que uno es! Luego se copian textos para refreírlos en multitud de libros nada originales. Estamos produciendo libros de papel como salchichas en línea de producción, ojalá todos sean leídos y bien entendidos. Llenar bibliotecas no creo que sea el objetivo.  Y Por último tener un hijo, ¡Oh Dios!, que bueno que los jóvenes hoy día planeen mejor sus vidas y sepan si son buenos para ser padres de familia o no lo son. Eso de procrear ya es asunto de mucha más consciencia.

Hay muchas más premisas delicadas hoy día que antaño para ser prudentes. Cuando solo tomar una píldora para soltarnos el chongo de la vida disipada se volvió el pan nuestro de cada día, me pregunto si eso fue ¿en proporción a la felicidad? o tan solo ha sido una acción para probarnos a nosotros mismos un tipo de libertad que nada que ver.

Estamos pues, en el camino de la prudencia. Escribía yo en mis textos a mano con mucha más puntualidad los asuntos clave, había yo decidido optar prudentemente, no solo para no repetirme, sino para lograr acierto en las reflexiones.

Así pues, que me puse a ver ¿Qué es la prudencia?

El diccionario nos dice: Primera virtud cardinal.

Es discernir y distinguir lo que es bueno de lo malo, y así seguir un camino o no hacerlo, decidiendo con conciencia.

Tiene mucho que ver con ser de espíritu templado, cauto y practicar la moderación.

Ser prudentes, en primera para conocer mejor y luego actuar con esa cautela.

A quienes nos gusta escribir y tener esa libreta diaria dispuesta para los pensares, pues, en verdad cautos no somo todo el tiempo y moderarnos nos cuesta.

Algo que noto hoy día es que la gente no disfruta estar en casa, es como que más apetecible estar afuera. Si hablamos de salir del país ni se diga, a veces resulta como un escape (¿?) mucho más que como algo planeado.

 Si vamos en busca de reductos culturales, personales o de la índole que sea nuestra preferencia, planear va de la mano de la prudencia. Después de pasearse por un museo nuestro ser, es otro, excepción hecha si se quiere ver todo de un solo jalón, pues es seguro que salgamos más cansados que recompuestos. La cultura de hoy nos invita a precipitarnos, esto es lo contrario a ser prudentes.

 Salir a conocer fuera del país es así, se eligen los sitios y sin mayores brumas ni contratiempos se disfruta lo elegido. Ir a lugares precisos. Salir de nosotros mismos. Encontrar la armonía dentro de la rapidez que exige la vida. Estuve por varios minutos frente al busto de bronce de Virginia Woolf, nunca inerte para mí. En Tavistock Square, London, exactamente en donde ella caminó, respiró y pensó. Permitirnos estar en recogimiento. Solo puedo decir que esa acción de recogernos, nos regala percibir entornos que han dado vida, nada más.

Conforme pasan los años, esas salidas al mundo han de ser mejor planeadas. Saber a dónde y porqué queremos ir a tales sitios. Ocuparnos de que la energía se preserve y volvamos a casa con claros momentos memorables. Volver con la mente hacia esos instantes, que, si bien hoy se dan con exceso de fotos y con mas prisas de lo que pensamos, nada nos dejan si no apostamos porque se hagan vida. En nosotros mismos y en quienes nos rodean. 

                                                Nuestro ser esencial suele cambiar y transformarse. No podemos pensar que nuestra esencia es inmutable, nada de eso, porque, aunque no lo tengamos del todo claro estamos en perpetuo renacer, y más si lo hacemos a conciencia. En pareja, los cambios traen fortalezas.

También, es lógico que nos expresemos diferente con el tiempo. En lo personal a mí me pasa que varío mis actividades de hacer con los asuntos que me interesan. En este mes considerado del amor, hablaremos mas puntualmente de la pareja, porque cambiar en esos rubros es algo natural, readaptarnos con prudencia. Siempre lo que hacemos prudentemente traerá un bien otorgado. En la plástica que yo practico, las técnicas se alternan y lo más importante es que los temas se escogen mejor, cuando nacen de dentro y no a la ligera.

Cuánto nos enseñan los silencios, cuánto aprendemos de los cambios que tanto nos apuran a veces, sin darnos el tiempo de apreciar la gran riqueza que traen.

Este año se declaró la hipertensión en mi vida, en mi cuerpo. Como una condición que tenía que atenderme. Y me costó comprender ese cambio.

Me vi asustada, como con el nervio de no saber cómo sería. Al fin pude entender mejor de que se trataba. He tenido la ventura de tener médicos que se expresan muy bien a la hora de los diagnósticos, tengo a algunos que son tan conversadores como yo misma lo soy, y hasta me apena cuando ellos prolongan las horas en el consultorio (con gente en espera afuera) y nosotros hablando de cómo entender mejor, lo que nos aqueja. Tener a los médicos como amigos es grandioso, pero a veces eso mismo hace que no seamos tan prudentes con los tiempos.

¿Qué es lo que puede hacernos perder la dignidad de la que somos dueños y que no debe de aniquilar el buen sentido?

En primera, el hecho de no vivir con coherencia lo que realmente nos toca. Y, no olvidar que eso que nos toca no es resolución mental nada más, viene de la conjunción mente y realidad, con el espíritu que queremos ponerle, y si somos religiosos, pues la postura de sabernos contingentes en Dios es para algunos la base. Conocer la esencia humana.

                                                                       Volvió para mí en este año el tener la experiencia de vivir en un departamento (lo viví en la adolescencia en CDMX). Espacio pequeño que se ordena diferente y se puede hacer muy acogedor cuando así se desea, de una manera mucho más asertiva. Mi hija tenía todo en un orden bien logrado y yo me avoque en tiempos libres a ponerle más aún en eso que no taba había necesidad de depurar. En un departamento, no se puede tener nada de más, lo de menos es mas hace su aparición y todo está en su santísimo lugar, como diría mi madre.

 Ahí, aprendí que la luz del sol entra con una determinada forma por las mañanas y que se puede apreciar cada día conforme el giro de la tierra permite nuevas sombras y luces. Precioso me parecía aparecerme silenciosamente al ventanal y ver todo desde lo alto y así mismo pude comprender mejor el sentido de los propios ciclos. Desde arriba eso es grandioso. Poder apreciar las copas de los árboles en su parte superior y ver todo desde otra luz.

Todo se encausa diferente dentro de los recintos de un departamento. Todo fluye diferente. Cuando me despedí de mi hija me fui con el alma ratificada para bien.

 Al fin comprendí como ella ya había hecho una vida tan personal. Exacto como lo dejó entrever desde niña. Para ese momento no sabía que tomaría la decisión de volver a casa. Sería una etapa grandiosa, un tiempo nuevo compartido.

Y dice Viktor Frankl: -La influencia inmediata de una determinada conducta, es siempre más eficaz que las palabras-. Las palabras son la sal de la vida, sin duda alguna, mas los actos son la esencia plena de cómo se vive esa vida.

¿Solemos apegarnos a las realidades?

Creo que sí.

Creo que lo más importante es saber que éstas aun siendo cambiantes, son la base. Nada de la verdad puede entenderse a menos que sepamos que no le hemos desligado de la realidad.

Nos dice Mariluz Barrera:

¿-Quien decide cual es la verdad-?

A veces, nos dice esta pensadora: -la verdad es rechazada. Pareciera que es gente o grupos de personas las que deciden cual es la verdad, cuando en realidad, como dice Aristóteles: la verdad solo está en la realidad. ¿Quién dice que la verdad es relativa a …? Si a esto se llega, se estaría más bien diciendo que la realidad no existe como tal-(paraf.)

Eso de que cada quien tiene su verdad… de pronto es temerario. Porque estaríamos diciendo que cada ser tiene SU realidad, cuando la realidad es una sola.

Uno no crea la realidad, mas sí podemos transformarla. Si pensamos crear lo real estamos más bien dentro del relativismo. Lo opuesto al relativismo, es el realismo.

La verdad no es una idea, no es una cosa creada, ni la podemos poseer, sino con la razón se reconoce la verdad. Lo único que se impone es la realidad.

Hay que tener claro que, si la vida es relativa, es cuando habría que poner de acuerdo a todos y eso en el género humano es de lo más difícil. Dejar en manos de las multitudes las resoluciones que afectan a todos, es tan fuerte y difícil como dejarlo en manos de una sola persona, los seres preparados en los diferentes tremas han de asumir las partes de acción en resoluciones que sean más razonables, no sacadas de la manga. Como creer en Dios a mi manera. No se cree en Dios a la manera personal, sino porque es un hecho que Dios es para todos y no se fundamenta en creencias, sino en un hecho que como católicos sabemos que Dios existe porque se ha manifestado en la realidad, la revelación es el signo más fuerte de la religiosidad católica. (Paraf.).

Es muy interesante ir aclarando conceptos. También puede ser muy divertido y si nos gusta hacerlo y hay una necesidad intrínseca de fortalecer lo que sí creemos, para no divagar. Conocer las bases del conocernos, con cautela y prudencia.

Así pues, hemos hablado de la primera virtud cardinal: La prudencia.

Cuando surgen los desencantos en la vida, y cuando estos están ligados a personas es cuando habremos de ser prudentes en saber cómo sí es una realidad que cada persona somos un mundo, pues podremos saber que hay seres con los que no comulgar no es un pecado, sino una virtud descubrir y poder tomar el camino adecuado. No somos moneditas de oro para poder afectar en positivo siempre, las personas somos seriamente diferentes, y si prudentemente aceptamos esas diferencias, es más seguro que seamos más felices.

Vivir

Vivir, como agua que fluye.

Como viento que silva.

Como luz que penetra.

Vivir. MJ (Continuará.)

 

miércoles, 4 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día (7)

                                        Construir el futuro, significa construir el presente, es como crear un deseo para hoy, que se dirija rumbo al mañana.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupery.

                                                               Esto de escribir un diario personal es algo que, en algunos seres humanos, se confunde con un asunto de tan solo dejar constancia clara de hechos. Tal vez en un principio así mismo lo fue, escribir con disciplina para dejar reseña de sucesos que en el ámbito familiar habría que rescatarse. Con la presencia de algunos de estos escritos se ha dejado crónica de aspectos que de otras maneras hubiesen quedado bajo pilas de paja, sin ver la luz que pretende atisbar las verdades. Luz sobre los modos de ser y de hacer que a fin de cuentas esa es en lo cotidiano la cultura. Aunque a veces se consideran tan personales los asuntos tratados en un diario, que tal vez se podría pensar que solo incumben al escritor o sus entornos y hasta nos podríamos preguntar: ¿A mí que rayos y centellas me importa lo que ha vivido fulanito o menganita?, y no podemos perder de vista que no solo son los hechos del día a día los que nos dan vida, sino las experiencias compartidas. Cuando se deja constancia de primera mano e intención clara de poder impactar en otras vidas, los hechos fechados y ordenados pasan a un segundo plano, y lo ya considerado como experiencias de vida puede ser interesante para seres más lejanos y más allá del círculo nuclear. Hay que decir, que el mismo escribiente es el que más recibe de sí mismo. En algunos casos se deja constancia de sucesos que se han extinguido, de la cotidianidad de una época que está en proceso o tambien en vías de acabarse, con la certidumbre de cómo era una forma de ser del pasado. Ni que decir lo que un escrito personal puede representar para los propios familiares de quien lo redacta. Entre otras cosas tambien sirve para fortalecer la parte anímica. Ya hoy día va quedando claro, que si los sacerdotes (y más en el caso católico) se han olvidado de que lo que se tiene que sostener y cuidar en primera instancia es el alma de su feligresía (y eso se ha dejado un tanto de lado y por eso mismo se han abierto más puertas de consultorios de médicos y psicólogos) hoy día, casi es un imperativo que se retome. Casi casi podríamos decir lo importante que es ese asir el alma por los cuernos. Esa parte también es lo que se expresa en un diario personal, pretender que no se desbalague lo vivido. Se puede hasta convertir en la intención primera de la existencia y fin en sí mismo con asiduidad al escribir, al vivir, al practicar una religión.

Cada ser que redacta tiene sus propios ritmos y tiempos bien definidos. No se escribe tan solo por la constancia, se motiva la escritura porque es lo que asevera, asegura y se hace un recuento para reordenar la vida. Hubo un tiempo cuando mis hijos fueron niños (y no se ni como lo logré) que, al terminar mi redacción nocturna, tomaba una libreta escogida y especial para cada uno de mis niños y les redactaba todo lo de su día, con lo más posible, para que fuera una factura fidedigna. Obvio que no lo hice ni todo el tiempo ni con la constancia que hubiera querido, sin embargo, ya sabemos que lo que queremos a veces nada que ver con la realidad. Lo real, nos rebasa las más de las veces, y mucho más en la factura de los emprendimientos tan personales. En el momento que percibí que era el tiempo indicado de entregar a cada quien lo suyo, y pudieran leer a su tiempo y ritmo escogido, así se dio.  No creo que aún hoy siendo adultos jóvenes los hayan leído todo, tengo la esperanza de que lo harán algún día, tal vez para reír un rato, para recordar otro tanto lo que vivimos juntos y para saber cuáles eran los ojos que los miraron más profundo en su convertirse en personas, seres únicos.

La dinámica: futuro/presente o presente/futuro de pronto como que en nuestras vidas cobra un seguimiento que se acompasa y que se revive para esas rememoraciones que son porque han sido y que serán porque están propuestas como algo que no solo se desea, sino que se vislumbra como parte de uno mismo. Lo sabemos: desear no es la mejor manera de lograr. Como bien lo pensó Einstein: -quien no imagina, no hace nada con el conocimiento-. (Paraf.)

                                                                             Es así que me entusiasma poder dar parte de las vivencias que me marcan, esas del día a día que pueden llevar a otros hasta el sitio reseñado sin más que tener un rato para leer, o tambien compartir lo que otros escritores de diarios personales nos entregan a veces sin pensar a que será algo apreciado por otros seres. Sentir afinidad, empatía y comprender como somos más humanos cuando podemos auto imaginarnos como una sola especie. Dar orden a los pensares, a los pesares y a decir verdad mucho nos conviene en estos días en que el mundo pretende revolvernos las ideas.

Así, pues continuamos con algunas reflexiones. El diario de Virginia es un tanto seco y escueto. Lo tomó y publicó su marido para poder darnos esa idea de cómo fue el día a día de una mujer tan común y corriente como cualquier inglesa de su tiempo, mas a la vez única y singular hasta decir basta. Jamás pretendió nada más. Ese orden y esa conjunción de lo que uno siente al lograr el ordenamiento exacto, lo da un diario personal, sin la menor duda. Así, tomando algunas frases del mismo, nos damos cuenta de varias cosas que se repiten con cierta asiduidad en los textos personales.

Y nos dice Virginia:

-Tengo la escusa del reumatismo para no escribir más: y mi mano que se cansa de escribir…- porque claramente hay que decir que a quienes nos gusta esto de la reseña personal, tambien tenemos que cuidar los horarios y las horas más productivas-.

Ella tenía estos dolores reumáticos y sabía que habría de parar a alguna hora. En lo personal, casi nunca escribo de noche. La noche la siento más propicia para la lectura y hoy día las series de la televisión que tanto nos enseñan, nos toman tiempos preciosos que más nos vale utilizar para las buenas reflexiones. Sí, comentamos aquí en casa que hay muchas series con espacios que podríamos catalogar como ¿huecos? ¡claro que los hay! porque además son los propicios para poder movernos un poco del asiento, que por momentos sabemos que nos traga. En épocas pasadas eso no existía y obviamente el tema de la lectura era el que ocupaba la mayor parte del tiempo libre. Si uno quisiera encontrar la hora perfecta para escribir, esa no existe, cada quien ha de encontrar la suya, y cuando se aparece pareciera como hablarnos y nos dijera, por favor ahora que lo percibes como propicio, siéntate y escribe. En mi caso personal en las madrugadas encuentro el sosiego perfecto, y ni qué decir de las mañanas antes del trajín diario.

Y dice Virginia: -Estoy planeando escribir la novela titulada -El Cuarto de Jacob-, mas he de esperar hasta la siguiente semana-. Esa capacidad de visualizar un cierto orden, es un buen principio que nos podemos dar para el sosiego real, es fantástico porque ya lo previsto lo ponemos en el chip de los haberes futuros que se planean en presente. Y dice: -Para futuras referencias es bueno saber que el poder creativo se percibe como burbujas muy placenteras cuando se va a comenzar un nuevo libro, luego eso se aplaca por un momento y el escrito toma su curso con más ritmo-. (paraf.) Y, lo mismo podremos decir para otras actividades.

Por momentos, con la bipolaridad que le caracterizaba (y que todos sabían que de la nada podría comenzar un episodio de malestares que poco sabían cómo tratar…) ella al menos hablaba de que sentía esa angustia previa. Decía: -No quiero escribir nada en este libro que no me produzca un disfrute, pero lo sé, escribir es siempre dificultoso-. No creo que para ella lo fuera en realidad, mientras estuviera en la parte alta de la curva de su buen ánimo (que tampoco era tanto, porque en general era sombría y callada) dado que nos dejó mucho y muy bien escrito, con ese novedoso modo de escribir como que todo se va de corrido, tan pero tan suyo y que marcó una nueva era para la novela moderna. Sí, me queda claro que cuando se sentía mal, todo eso se dificultaba muchísimo. Por un largo periodo de tiempo solo escribió por las mañanas. -El Cuarto de Jacob-, era el libro que le ocupó mucho y al que dio el tiempo que ella consideró más adecuado. -A veces la vida se puede ver trágica, como un pedacito de pavimento que mira hacia el abismo-. Y estos sentimientos son los que permean esos momentos de sequedad mental. Era normal y por eso mismo se aprecia más su obra.

-La melancolía disminuye cuando escribo, ¿Por qué entonces no escribo más seguido-? No teniendo niños, viviendo lejos de los amigos, deseando escribir bien, invirtiendo mucho en comidas, haciéndome vieja. A veces, pienso mucho en los porqués y los dóndes, demasiado en mí misma. No me gusta el tiempo que ronda en mí misma, entonces dedícate y trabaja…, me digo, y de pronto me siento cansada, leo un poquito. Hay momentos que con escribir por una hora es suficiente para mi-. (paraf).

Vemos que quien ama algo tan profundo como lo es el escribir…, no puede soltarlo nunca. Las acciones no son mecánicas ni para quienes podrían tener la creatividad a flor de piel, sin olvidar lo que importa el ánimo y el tiempo del que se dispone. Tener una buena actitud, tal vez el deseo de que lo amado sea realizable, pero hay que aceptar los tiempos posibles.

No todo tiempo es de Dios. La mundanidad nos sujeta de momento, sus garras son impredecibles, firmes como una tenaza que cierra para dificultar la apertura mas allá, que logra hacernos creer mil cosas vanas, fatuas, y ahí estamos entregándonos a vaivenes.

El aspecto terrenal vital sí que es muy importante, mas el equilibrio conjunto con lo espiritual no puede nunca soslayarse. Eso que cada uno de nosotros sabemos y creemos nos hace bien, sin dar mayores explicaciones que lejos de ayudar a veces nos confunden. Nos olvidamos que cuando seamos polvo nada mas quedará lo que hayamos compartido y dado de corazón.

                                                                          En 1921 Virginia hace una entrada en su diario digna de conocerse: -No estoy segura que estos escritos, este libro está dándose en un modo saludable-. ¿Qué esperaría ella misma cuando habla de salud, sabiendo que la suya está entrecortada y que, a pesar de todo, su creatividad está vigente? Saber que no tenemos que estar al cien siempre, para poder dar esa parte de nosotros que la vida nos propone y pide, eso mismo que en lo católico solemos llamar, una vez más: la Voluntad de Dios. Ese flujo, ese sentimiento de estar en dónde se nos llama, sin más. Y, dice: -Como he llegado a los códigos de estos valores, realmente no lo sé, tal vez sea el legado de del puritanismo de mis abuelos-

-He de notar los síntomas de la enfermedad, para saber para la próxima vez. El primer día es miserable, el segundo día es feliz. Puedo tornarme y auto medicarme personalmente la próxima vez-.

-Aquí estoy, atada a mi roca; forzada a hacer nada; soltar todo pesar, la irritación y las obsesiones de pronto regresan. Si esto pasa no saldré a caminar y no trabajaré. Cualquier libro que leo se hace como burbujas en mi mente-. (paraf).

 

                                                                         En mi diario personal encuentro, ahora que reviso a conciencia, muchísimas cosas repetitivas ¿Serán parte de las obsesiones que nos embargan para toda la vida? Ese asunto de que todos podremos encontrar el justo medio y no pensar que el péndulo de la vida solo a nosotros nos llena de pesares, todos los vivimos de una manera o de otra.

 Los problemas como dice aquel dicho: -Mas nos valen para darnos la oportunidad de resolver de la mejor manera y no pasarnos la vida anolandolos-. Anolar, es un verbo que se utiliza en Yucatán, quiere decir que algo se come dándole vueltas y vueltas en la boca, como un caramelo de miel, por ejemplo.

                                                           En julio de 2011, comenzaba a escribir la libreta número 92 (noventa y dos.).

Los días que disfruté en Cancún junto a mi hija, me enseñaron que a veces el poder de Dios se manifiesta de una manera nueva y así nos permite tener espacios de vivencias con los seres queridos, con contenido diferente.

Cuando uno percibe cierta evolución mental, hasta el aire nos pega diferente en la cara. Se perciben olores en el ambiente que dan tonalidades de color, nuevas, revitalizantes. Nada es ni eterno ni constante, solo el alma.

Desarrollar la sensibilidad en los críos que tenemos cercanos, sean propios o no. Sentir que logramos percibir de la misma manera el mundo del arte con afinidades. Hacer de esos temas la centralidad de la vida que se puede compartir. Exposiciones diversas y comentadas con seres que encontramos en esos recintos y cómo saber que hay temas nos unen para siempre a otros seres. El ímpetu de percibir lo que produce un gozo especial y que con los años se acrecienta, lleva una misma dinámica, y si es con los hijos pues se hace eterna y para siempre.

Optar por los silencios necesarios para reciclar o más bien reeditar el espíritu. Cuando hoy día escucho como se tiene que apagar por momentos los aparatos electrónicos para reiniciar los chips internos, nos queda claro que así mismo es nuestro cerebro, hay que reiniciarlo más seguido. (Continuará).

 

lunes, 2 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día. (6)

                                         Entender la caridad humana como esa virtud teologal de la que se nos habla, es algo que solo cuando se percibe en la vivencia, es que nos deja fruto maduro. MJ

                                         Tal vez algunos de nosotros cuando fuimos niños percibimos de alguna manera cómo nuestros familiares o nuestros mismos abuelos y padres ejercían las acciones caritativas. Mi abuela materna, tenía a sus pobres familias establecidas a las que con cierta periodicidad y constancia se les visitaba y llevaba despensas, así como algunas veces escuché que por necesidades extras se les daba dinero en efectivo. Las más de las veces la caridad se asocia a dar algo material, bajo la tutela de alguna institución que regula las dadivas y claro que si son bien encaminadas es seguro que lleguen al fin por el que fueron entregadas. En lo personal lo viví de muy cerca porque mi madre pertenecía a una sociedad llamada La Conferencia de San Vicente de Paul, que entre otras cosas hacia colectas monetarias en alcancías que se hacían con latas vacías que se reutilizaban para ese fin, pintadas de naranja muy vivo a las que se les escribía con letras negras: -Donativos para San Vicente-. Me toco pintarlas, así como acompañar a mi madre a dejarlas en lugares estratégicos de la ciudad y luego ir por ellas para entregar en la iglesia lo recolectado. Esos letreros con pintura de aceite negra y a mano libre, nos encantaba hacerlos a todas las niñas a las que se nos invitaba a tal labor y nos divertíamos ayudando a las madres de familia de ese grupo haciendo algo que no entendíamos del todo. Mas claro nos iba quedando todo cuando un día a la semana (creo que era los miércoles) una de las señoras de nombre Leonor, tenía una explanada muy grande como entrada de su casa por el rumbo de Itzimná (Parroquia que apoyaba a estas labores) abría la reja de par en par y por todo el camino se ponían sacos y más sacos abiertos de lo que las señoras llamaban -La mercancía-  ¡-Vamos-! nos decían sin reparo, y algunas de las niñas, cuando después de comer ya habíamos hecho las tareas escolares se nos convidaba a ayudar. Era una dimensión de un acatar sin chistar porque las mamás estaban convencidas de esa buena acción como ayuda.

Por mis estudios Antropológicos escuché ya en la juventud, que lo peor es el asistencialismo. Ese dar solo por el prurito de entregar sin más, pensando que se ayuda y esa visión me hizo reflexionar, creyendo que eso que viví de niña era absurdo. Hoy día ya encontrando el justo medio, me queda claro que sí se ayudó dando el pescado en vez de la herramienta para obtener el pez. Era otra época y situación social, en la que las mujeres en situación vulnerable (abandono, viudez o maridos desobligados) sí que estaban a la buena de Dios. No había ni rastro de guarderías y en las casas habitación no se aceptaba a niños pequeños conjuntamente con el trabajo doméstico.  El asunto de entregar indiscriminadamente puede llevar a la falta de conciencia de quien recibe, pero cuando se da con la mejor intención y de corazón creo que no hay duda de que cae en terreno fértil. Extender la mano y recibir a veces hasta sin sentir agradecimiento, puede hacer que muchos se tiren de panza, es su problema. Gracias a Dios, en tiempo actual ya hay más cultura del trabajo entre la gente más humilde, y no me queda duda alguna que, por supuesto haya vivales siempre, pero lo que aprendí de niña es que cuando puedes dar porque tienes la posibilidad y lo haces, es mejor pensar que estas apoyando y que la persona lo va a lograr entender así. Ya si es un asunto de viveza y todo se malogra, queda como un asunto de conciencia, y nada más. No podemos controlar esas desviaciones humanas tan vigentes. En esa década de los años 60(sesenta)a las señoras muy humildes se les daba todo lo básico para la despensa. En fin, hasta lo discutí con mi madre varias veces ya de adulta, diciéndole que ellas eran las que más se beneficiaban porque concretaban en su conciencia que eran muy caritativas haciendo algo así y lo bueno es que después lo volvimos a hablar y comprendí que, si bien las señoras dadivosas eran las más felices de dar, así como para nosotras como niñas ver la felicidad de alguna mujer muy humilde llenar su sabucán de bolsitas de granos para el sustento diario, fue bueno. En mí, quedó grabado para toda la vida. A fin de cuentas, se les estaba dando en especie.

Hoy día, he escuchado que pasa lo mismo con las ayudas del gobierno, que mucha gente dice que es lo peor. Yo creo que sí lo es solo y cuando otra vez los vivales hacen su agosto y el mal uso de los recursos es palpable, mas no hay que perder de vista a gentes que sí necesitan en verdad ser ayudadas porque no pueden obtener el sustento de otras maneras.

La pésima conciencia del trabajo no ha ayudado para entender el valor de hacer por uno mismo. Tampoco cualquiera se avoca a ser caritativo. No hablemos solamente de lo que es la caridad física y en especie y cuando es dinero contante y sonante muchos tal vez lo reciban sin merecerlo, es asunto de quien recibe mal. Existe otro aspecto de la caridad: El de la dimensión espiritual.

Callar a tiempo. Saber percibir a una persona que no debe escuchar tal o cual cosa y no decírsela. Saber cómo en momentos una buena palabra o un buen gesto darán en el blanco de algo que alguien necesita escuchar. Eso es caridad también. Saber que hay temas que se tocan y otros que no y así con mil cosas más. Hay personas que prefieren donar materia y dejar los trabajos del espíritu a otros. Claro que no es fácil la parte espiritual de la caridad, porque como nos dice el diccionario de la Real Academia:  -Solidarizarnos con el sufrimiento ajeno-, ¡nada fácil!, luego se nos dificulta porque de entrada a veces vemos sufrir a alguien y no podemos hacer nada concreto, más que acompañar. Hasta que el ser lo pida, y en segunda ¿Será que todos estamos preparados para sostener al que sufre, suspendiéndolo un tanto de su dolor? Quién sabe. No es nada fácil ese trance, esa acción concreta.

En el catolicismo la caridad está ligada al precepto que se oye bastante fácil: -Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo-. Tampoco es tan sencillo como se escucha. Amar a Dios por, sobre todo, me lo puedo imaginar, pero la verdad en la práctica me cuesta observarlo contante y sonante. Cuando va de por medio la estabilidad emotiva y más lo material, no solo es cuestión de quererlo o pensarlo es cuestión de saber cómo eso mismo se asienta en la realidad. En cada caso, siempre hay pormenores que considerar, que avalar, para saber si no estamos fuera de lugar y amar al prójimo eso sí que tambien se puede volver harina de un costal bastante rígido, polvo que no se espolvorea por aquí y por allá.

Practicar la caridad tambien lleva una buena dosis de respeto. Hay que saber cómo y hasta donde estaremos dando pie a socorrer a quien lo necesita. Otra vez volvemos a la máxima ya tocada antes: No es dar por dar, ni recibir por recibir.

                                                                   Tambien se puede practicar lo caritativo hacia nosotros mismos y saber mejor qué pasos lleva quien camina a nuestro lado.

 Una máxima que me proponía en estos días que releo era: Tratar de vivir un día a la vez. No dar vueltas y vueltas a los asuntos como otras veces hemos analizado.

No hay tal de que unos días sean más especiales que otros. Lo que, si hay, son días en que la actividad demanda más y salir de nosotros mismos no es fácil.

 En el inter de los estudios juveniles, viví unos días en casa de una muy buena amiga en la CDMX. Su madre, D. Luisita, hacia una encomiable labor en un lugar para invidentes y yo le acompañé, fue una gran experiencia. Una señora bondadosa a quien aprecié mucho, traducía libros al braille para esos seres tan especiales. Me sentí muy feliz un día que regresé de las compras y traía un libro entre las manos que compartí con ella, titulado: -Yo estoy bien, tú estás bien-, estaba de moda. Ella me lo pidió y fui la más feliz de dárselo, lo traduciría.

Dar

Nosotros en el día, nunca el día en nosotros.

Sentir el día.

Esa ola de vida que llega.

Luz tenue de amanecer.

Amarillos, naranjas leves.

Amarillos con movimientos de luz.

Coloración plena.

Nosotros en el día, nunca el día en nosotros.

Saber escuchar.

El aire canta.

Las palomas murmuran.

Matices varios. Dar.  MJ

                                                                         El amanecer siempre es evocador. Es como sentir la limpieza del aire en la cara, para ese dar los pasos con más firmeza. Es la hora que en las épocas de las edades maduras las cosas se resuelven con mejor sentido, sin mayor apremio. A quienes nos gusta madrugar, es un gozo.

Tambien, volvía a repasar el Diario personal de José Saramago. Diarios que van y vienen de entre mis manos. Cuando los reviso me dejan perpleja, tal vez para volver a ellos buscando al personaje más completamente entero y sabiendo que aun en SU diario personal nadie se manifiesta total, somos partes enmendadas, somos seres que nos autoconstruimos y revolver en las frases de quien hace un diario hacia la propia hechura de vida, es sentir como que se nos da la mano, comulgar.

Reconciliarnos con la vida es por momentos la tónica del diario personal. Es ese ir y venir por los tópicos conocidos y que con premura creemos ya resueltos y vuelve a saltar la liebre de lo inconcluso, de lo que aún nos falta por resolver, aunque de pronto hasta nos hayamos carcajeado de nosotros mismos. Para los escritores de diarios personales, se ha convertido el asunto en un como respirar por dentro para vernos por fuera, hay días que no se escribe y eso nos empuja mucho más a tener muy en cuenta cuando nos volveremos a sentar en ese banquillo de las confesiones personales, de los dichos hacia uno mismo con el único y claro anhelo de poder practicar la mejor actitud, como lo es saber ser caritativos, con uno mismo, con el otro, con el que nos necesite en sus términos, porque quien no se tiene asido de sí mismo ¿Qué podrá aportar a quien le necesite?

Nunca dejar de percibir que lo redondo del día es clave para la satisfacción completa. 

Pinté un cuadro titulado -Alegría de vivir-. Fue para una de mis más grandes amigas que además somos primas porque nuestros bisabuelos fueron hermanos, y hemos sido cercanas desde niñas. Íbamos cada una a los cumpleaños de la otra, en mi caso siempre muerta de miedo porque ese convivir en grupo grande de personas, siempre me ha traído un redoble de campanas por dentro, porque me encanta, pero a la vez me es difícil. Hice el boceto lleno de colores, como yo percibo la alegría y aunque no quedo del todo fidedigno (En lo personal el asunto abstracto de mi obra plástica lo planteo de antemano, luego toma sus propios caminos el movimiento de la forma y del color). Así se dio. ¡Debemos ser alegres al vivir!, esa es la encomienda.

El ánimo, ha de estar siempre de pie. No se le puede pedir que se siente y observe nada más, ahí reside el baluarte de todo nuestro ser.

En estos días que releo me sentí muy bendecida de que mi hija que llevaba varios años viviendo en Cancún me invito a pasar un tiempo con ella. ¡Que gozada nos dimos la una a la otra! ella por permitirme estar acompañándole cada día en el proceso de madurez y más segura de sí misma y yo pasando unos días diferentes. Sacudir un poco los polvos que se acumulan por aquí y por allá, siempre es positivo.

Bendecir los momentos que a veces sin esperarlos, nos entrega la vida. Saber que, si hay que ajustar planes lo podemos hacer con premura y sin resabios de dolencias, que a veces postergan. Practicamos la paciencia la una con la otra, comprendí como ella, una niña, luego una joven y en estos días prácticamente una adulta, siempre ha sido fiel a sus caminos y a sus intuiciones de vida. Cómo encontró poco a poco el nicho vital que le haría feliz hasta nuestros días, me llena de orgullo. Dar de la manera elegida y escogida, preferencias para que los caminos de Dios se abran a toda experiencia, lograr poder aportar siempre.

Los hijos, se pueden convertir en catalizadores puntuales de los padres. Solo de observarles, tener claro como resuelven sus asuntos y nosotros al quedarnos con una paz tan redonda, ni movernos para no cambiar nada. La vida es así, es movimiento que a veces nos tira, nos recoge, nos zarandea y zamarrea y luego nos aquieta, para regresarnos al mismo lugar de antaño.

Me llevé mis libros favoritos, básicamente de la obra de Virginia Woolf. Fue cuando releí ese diario personal tan genuino, dándome tiempo para marcar algunos párrafos encontrados y comentados hoy. Así, los reencuentros tambien nos dignifican y nos dan fuerzas para continuar. (Continuará).