Edificar, el día a día. (17)
Conocer no significa analizar, ni EXPLICAR. Es acceder a una visión.
Para ver, es necesario participar.
Y este es un aprendizaje difícil.
Antoine de Saint-Exupery.
Piloto de guerra.
Lo que se percibe
en las personas que pertenecen a culturas diferentes a la nuestra, es
fascinante. A pesar de que ya el mundo en muchos sentidos es un pañuelo, eso no
deja de ser un agravante para que lo esencial de cada parte del mundo se viva
tal cual, con la cultura propia. Todo esto es lo que se refleja en los modos,
que más que cuestionar, sí que nos debe dar una buena visión sin mayores explicaciones.
Es un hecho que no todo se debe (ni se puede) explicar. Sea cual sea el clima, el terreno natural del
hábitat y como percibimos ese manifestarse de una cultura, es algo que nos ha
de dar visiones sin mayores argumentos.
Todo lo cultural es una manifestación puntual de la
manera de cómo resolvemos los asuntos, las modalidades. Ahora que escribo esto
estamos regresando de un viaje largo en donde llueve a diario, nosotros muy
dignos con nuestros paraguas así fuera una leve llovizna y todo mundo viéndonos
como bichos raros. No importa cómo nos vean, sino el humor que se tiene que
tener para salir a la calle y aun con poca agua, termine empapándose el abrigo.
Pues así es, ahí el paraguas es ¿para cuándo arrecia la lluvia? Según me
argumentó mi hija: -Tambien tiene un aspecto de comodidad, porque si todos
tienen paraguas en una acera delgada, hay que estarse parando por ratos para
que pase el que viene de frente o bajar a la calle para avanzar a otro ritmo-.
La mayoría de las veces no es necesario explicar nada con
la profundidad que creemos que la vida misma exige. Conocer es tan solo
participar, la visión que tenemos del mundo está dentro de cada ser humano y no
es parte de la opinión de nadie.
Todo tiene un tiempo y un momento y una forma de ver la
vida misma. Todas las personas con las que compartimos y están cerca con un
determinado humor, esa es la parte más interesante del vivir, percibir sin
juzgar y saber cuándo sí se puede hablar y cuando no. La comunicación es de lo
más interesante y mucho más cuando observamos lenguajes corporales y costumbres.
Estamos diciendo todo desde el modo como miramos y participamos o cuando tan
solo estamos, en silencio.
Hay seres callados
por naturaleza. Los admiro, porque otros somos parlanchines. Mi padre era
silencioso, muchas veces hablaba tan solo con los ojos. Los que son recatados
tienen de las dos energías y a otros les basta con una sonrisa para comunicar
lo verdaderamente relevante de su ser.
Como dice Saint Exupery: Ser participativos, es algo que
no implica que esto se derive en ser comunicativos. Se puede participar desde
la actitud, desde la observancia.
Lo más interesante en la vida es aprender a observar.
Cuando conocemos la dinámica de la comunicación del otro, tan solo nos basta
acceder a esa visión mencionada y hacerla parte nuestra. No es nada fácil. Uno
se puede entrenar para comprender el lenguaje corporal del otro, pero a veces
esta parte se da por sentada y creemos en demasía en la palabra. Eso mismo dirige
la intercomunicación que las mas de las veces solo basta con los silencios.
El diario que releo en estos días fue uno muy importante
para mí.
No terminaba de comprender que el mundo solo puede ser
tan cual es, y que de este mundo único y diverso solo tomamos lo que nos
incumbe. Esa práctica de estar viendo lo que el otro hace, para tomar sentido,
nos degrada y no nos permite crecer por dentro, ¡ni que decir por dentro! a
veces ni por fuera. Poner el énfasis en lo que en verdad nos define, es actitud
muy determinante.
Cuando tenemos presente que el mundo es un eterno cambio,
la alerta se pone en el mejor modo posible, porque no nos perturba que de
pronto las cosas no salgan tal cual las pensamos. Nos cuesta acostumbramos a
decir: -No pasa nada, si esto ha de cambiarse, pues que se cambie-. Las mejores
cosas son las que no se planean exhaustivamente, siempre dejar una rendija de
acomodo, es lo ideal.
Había yo puesto demasiado énfasis en los diseños de
crochet que venía haciendo, y me di cuenta que solo eran algunos los que más
les interesaban a las personas. Estando en esos menesteres me di cuenta como
todo se rige dependiendo de las modas y obviamente de los gustos. El movimiento
del mundo no es que sea imperfecto, es que con el dinamismo que le caracteriza
solo puede darse con lo que le define de fondo. Solo percibimos las
imperfecciones cuando nos entercamos en que las cosas solo pueden ser de una
determinada manera, y el mundo no va por ese camino. Con el tejido del crochet
comprendí que todo es cíclico siempre, querámoslo o no.
En estos dias de esta revisión subiré al primer escalón
de la década de los setenta años de vida. Me asombro, me pasmo de pensar que he
llegado a estos lares tan así de rápido y como si todo hubiera sido apenas
ayer. Así mismo, cuando se cierra una década en nuestra vida, es un hecho que uno revisa, y me encanta
observar la frase con la que comenzamos este texto: No expliquemos tanto,
tengamos tan solo la posibilidad de afinar la visión.
La diversidad de personajes de los que se compone la
especie humana y de los que de plano todos estamos rodeados, es fascinante. Hay
seres que por situaciones de la niñez no resueltas tienen una adultez de tal o
cual índole, hay seres que tan solo viven para lo social, es decir estar en
la misa y en la procesión, un pie en tierra y otro queriendo apoyarlo en el
cielo, y luego nos preguntamos porque se dan tantos asuntos de depresión en la
especie o porque las personas enferman de los nervios.
Somos seres diversos y cambiantes, no hay nada más que
esperar, sino saber esa condición para que la misma no nos traiga de un ala.
No hay nada mas cautivante que las variaciones de la
cultura, ese responder de una o de otra manera que no es posible cambiar de
fondo, más si es posible observar para una buena adaptación, porque estamos
determinados por el medio en el que nacemos.
No existe solo el bien o el mal sin matices, es lo
diverso de los tonos lo que da la profundidad, así como tampoco existe una sola
manera de resolver, se va dando la vida como la dinámica misma la va presentando
y no pasa nada, es tan solo aceptar lo que llega. Hace unos años atrás, salió
un libro de título muy sugerente y que llevaba al lector por vaivenes de los
que no era fácil darse cuenta, era un libro de esos de autoayuda que se
pusieron muy de moda, la gente lo leyó con fruición. Se titula: - ¿Por qué a
mí, porque esto y porque ahora? -. Una total manera de engañar a los que creen
que no vinieron al mundo a ser parte de la vulnerabilidad que a todos nos toca
y que de pronto hay que afrontar. En verdad creer que los que nos pasa es algo
que no merecemos, es que no hemos comprendido nada. La vida es de azúcar
y de manteca, es de sal y es de arena; ¿Cómo podríamos creer que podemos estar
exentos de lo que de pronto se pueda distorsionar? Es algo penoso, ese no
entender que la voluntad de Dios es mucho más grande que nosotros. Tanto lo
bueno como lo no tanto, es parte de la fuerza que se nos da para crecer. No es
de miel sobre hojuelas la existencia, aunque a veces así queramos creerlo.
El bien, como el mal se asientan de diferentes maneras,
no están a merced de los antojos del ser humano. Lo bueno es tener vida y saber
qué hacer con esta condición. Los que somos creyentes nos basamos en que
estamos en la contingencia de un Dios que nos acompaña, porque es claro que
somos parte de él.
¿En dónde se da la plenitud del bien? En la observancia
de las actitudes que nos conducen hacia él. El bien uno lo percibe y uno mismo
lo propicia en la medida de nuestro entendimiento cultual. Me encanta esa frase
tan trillada pero tan real: A las necedades, oídos sordos.
La manifestación del bien total, esa armonía tan deseada
como una ilusión ilusoria (valga la redundancia) solo está en la mente,
la realidad juega sus cartas con la razón y de ahí se deriva el orden del
mundo. En donde vemos desorden, seguro que habrá puntos de sinrazón, mucho
emotivo por resolver y propiciamiento de malas actitudes.
Leí otro libro de esos que se escriben dizque para
echarnos la mano, y que luego nos hacen creer que la vida es tan solo emotividad,
y la vida no es solo emoción, es razón que conduce a un orden personal.
-Cambia tu corazón, cambia tu vida-.
De Gary Smalley.
Sí es una verdad que hasta en la Biblia se nos sugiere
que el corazón es una parte importante del bien terrenal, pero no somos seres
esencialmente emotivos por naturaleza, eso del exceso de emociones es lo
que ha llevado al mundo a mucho desastre. ¿Qué sientes? Te preguntan. Y no es
lo que sentimos lo importante, sino la base de una vida ordenada, con la razón
en la mano.
Este autor nos hace creer que lo emotivo es lo más
importante para regir la vida misma. Dice que el corazón rige todo. Mucho
cuidado con esto, porque, así como la Biblia afirma que del corazón mana la
vida, (Proverbios. 4:23) si ésta es ordenada, no se va por la vida tomando
decisiones emotivas.
En el libro titulado -Fluir-, se nos afirma que solamente
estaremos en el mood perfecto si logramos saber qué es lo que nos
corresponde hacer, por ningún motivo nos dice que solo lo emotivo es lo que
importa y que en la vida solo hay que buscar el contentamiento. Si así fuera,
estaríamos perdidos. Todo lo que no nos gusta tanto y que hay que resolver
cuesta trabajo. Realizar las encomiendas, así sean las más sencillas y con un
humor bien llevado es parte importante y ni que decir el llevar a buen puerto
eso en lo que nos hemos comprometido.
El vivir, algo tan esencial que se nos encomienda en nuestra entrada al
mundo, es en lo que luego nos enredamos: hay un dicho yucateco que lo
manifiesta muy chistoso: -se enredó como pelo en patas de gallina-, en los
lavaderos antiguos, de las casonas, había la costumbre de tener algunas
gallinas y era ahí donde esas melenas que cubrían toda la espalda para lograr
el chongo perfecto de las mestizas, se lavaban y desenredaban, dejando pelos en
el suelo, luego venían las pobres gallinitas a enredarse en ellos, sin saber ni
que les pasaba. Hay que cuidarnos del ton, sin son. Cuando nos complicamos por
no saber entender la esencia que nos habita, pelos negros pueden aparecer.
Participemos, obtengamos una visión cada vez más clara del mundo, hagamos tan
solo lo que nos corresponde.
La vida misma es tan genuina, que ahí radica la verdadera
belleza. Si se enreda, pues tendremos
que ver que alguien nos quite esos pelambres negros que pisamos y nos
paralizan. ¿qué se nos olvida tener ese aprecio por algo tan sagrado que se nos
ha entregado? pendientes de lo que se da
afuera y que a veces nada que ver.
Es
un hecho que se puede llegar a sentir que la vida misma por momentos, se da en
vano. Como si lo que estamos realizando se estuviera enturbiando con cosas
ajenas a nosotros. Es tan solo por estar entercados en ir por caminos forzados,
solo porque vemos que otros van por aquí o por allá. A veces, eso nos lleva a
un precipicio sin salida.
Estuve analizando en las páginas de este diario, el
sentido de los contratiempos.
¿Cuántas veces las cosas no se dan como uno las propició,
las pensó o las quiso?
¡Miles de veces!, pero no hay que soslayar al
contratiempo, trae su librito de enseñanza bajo el brazo. No
optimizar sin razón propuestas de una manera de pensar que no necesariamente
son las adecuadas. Un contratiempo, es saber esperar, es algo que nos pareciera
como una parada innecesaria y nunca lo es.
Estamos yendo a una cita al médico, y de pronto se nos
poncha una llanta, o estamos a punto de salir a alguna diligencia y sucede algo
que no podemos más que quedarnos en casa a resolver. Hemos creído que somos los
dueños absolutos de nuestro tiempo a disposición, pero nada de eso. La vida
misma muestra, sugiere y propone y hay que hacerle caso, crearnos visión. (Continuará)