Edificar, el día a día. (10)
Cuando se quiere ser ingenioso ocurre que
se miente un poco.
El Principito.
Antoine de Saint Exupery.
Muchas han sido las veces, en las que me he vuelto a dirigir a mis
libros predilectos para leer de nuevo, y digo que es algo novedoso porque cada
que volvemos la mirada a páginas ya leídas, nos encontramos con sorpresas.
Ahora lo he hecho con la única obra que he leído de Antoine de Saint Exupery: -El
Principito-.
Como en la obra que hace el extracto de algunas frases
escogidas del mismo autor, -Saber Vivir-, me encontré la frase en particular
con la que inicio este texto, tuve a bien darme el tiempo de intentar volver a
ella y gozarla una vez más en contexto. La realidad es que me animé a leer el libro
completo, no es largo, y lo buscado nunca apareció. Exactamente cómo se goza de un buen amigo,
el libro me volvió a dar ese placer que da la buena literatura. El libro
querido, ese mismo que tiene en mucho el sabor de una buena amistad: fidedignidad,
buen aprecio, y en donde sabemos encontraremos siempre remanso y nuevas
posturas par un crecimiento asegurado. Me pregunté ¿Estaré tan distraída que no
la vi? ¿Será cierto que es parte del texto? Y tan solo me respondí: a veces no es necesario volver a encontrar
con exactitud lo que buscamos, para tener la felicidad asegurada. Los
reencuentros pueden traer nuevos momentos y hay que estar abiertos para eso
mismo, es importante ser felices con lo que se nos brinda. A veces uno busca… pero no se encuentra lo
buscado. En buen yucateco diríamos -Lo busco y no lo busco-, y nos podemos reír
un poco de nosotros mismos. ¡No pasa nada!, porque la vida es así. Si nos
afanamos, menos encontramos. Tranquilamente devolví el libro al librero. Ese
libro es de los predilectos de aquí de casa (que por cierto es un libro viejo,
porque data de la juventud de mi marido.) Tuve yo un ejemplar que me llegó en
la adolescencia y nunca supe a donde fue a parar. A veces uno presta libros
para que no vuelvan jamás. ¡Qué bueno que así suceda!, porque exactamente como
pasa con las obras que uno pinta, los libros a veces deben ir a vivir su vida
propia, a otros lares.
Así pasa tambien
con el ser amigos de los amigos, a algunos de ellos les creímos para
toda la vida y resulta que no es así y hay otros que de pronto entran al
pandero de la buena amistad sin pena ni gloria. Que felices podremos ser si
ante los ojos de un buen amigo, una buena amiga estamos en paz. Los seres
humanos somos volubles sin duda alguna
y tambien lo celebro porque nos habla de que tenemos carácter, formas de ser y
de hacer (es decir, cultura) y sin duda alguna estamos llenos de lo que se
llama personalidad, porque, aunque ésta estorbe un poco para la vida de
profundidad espiritual, es un hecho que solo podemos ser tal cual somos y nada
más.
No somos cultos porque sabemos tal o cual cosa, más bien
somos cultos porque nos gusta ser de una determinada manera de ser, más que
nada la forma que le damos al día a día. El espacio diario cada uno lo hace
sagrado.
Las veces que se tome entre las
manos un libro es una nueva aventura, así se haya leído cien mil veces antes. Es
seguro que nos dará el remanso de nuevas reflexiones. Con el libro de Saint
Exupery, -El Principito- es seguro que tendremos de nuevo ese momento de
asombro, ese volver a alguna frase que nos llega más profundo o tal vez nos
regresa a algún momento anterior.
Pues bien, no habiendo encontrado lo que fui a buscar, un
tanto con idea de reorganizar todo en mi interior, me quedo con la frase de: el ingenio tal vez a veces pueda ser un poco mentirosillo
y mientras sea producto de una imaginación creativa, bendita sea la idea que
nos permita tener entre las manos y la mente lo que nos regala el genio y el
ingenio que nos reviste a cada uno de nosotros.
Y volvió el texto a su lugar especial. Todo texto apreciado
y por más sencillo que sea, ha de tener un lugar otorgado. El hacer de cada
libro un amigo, no es irse por la demasiada imaginación, es saber quiénes con el
modo de postularse en el arte literario nos han marcado. El texto que derrama
imaginación siempre nos trae a colación lo importante que es saber cultivar la
nuestra, no para vivir en lo ingenuo, sino para saber que el mundo interior que
nos habita como parte de nuestra salud mental, es tambien el baluarte que nos
da vida con paz y tranquilidad.
Cada uno de nosotros sabemos loque nos ha dejado algún
texto. Esa primera vez de conocer mejor a algún personaje se me dio con
relación al Principito, como a los doce años de edad. Me encontraba en la
ciudad de México en casa de una de las hermanas de mi madre, cuando creo que mi
padre me notó un tanto taciturna y ociosa y me hizo una invitación y así, nos
fuimos de paseo a una librería. Mas, ahí mismo tambien me atonté, porque a esa
edad, no sabe uno ni qué libro elegir. Mi padre tomó el libro del -Principito-
y me lo dio -este, me dijo -Nos lo vamos a llevar- Así, comencé esa lectura que
lo único que me trajo en ese momento fue un trajín mental tremendo, y solo pude
pensar: ¿Y qué hace un pequeño príncipe dando zancadas en un mundo que le queda
pequeño, y con esos tremendos árboles que se han apropiado de todo el espacio?
no me permitía la razón adolescente, volver a la verdadera imaginación, esa que
nos hace más grandes en el espíritu. Así, de pronto mi padre me vio leyendo
¿-Te ha gustado el libro-? me preguntó. -Si, está interesante- le dije.
No hubo más que estar en el camino de permitir entender,
que el gozo por la lectura es una empresa muy personal que se desarrolla de a
poco y que una vez en nosotros, nunca muere.
Luego, tomé el libro ya con más edad. Fue con la edición
que me encanta hasta hoy día, y logré en verdad darme cuenta de todo lo que me
había perdido. A los hijos antes de que lo leyesen les narré parte y hoy día a
los nietos se les ha dado un libro nuevo, para que ambos lo gocen narrado y
leído por sus propios padres.
Me encanta que Saint Exupery le da todo el crédito a la
niñez, la presencia de los niños y más la presencia de un niño príncipe que, de
entrada, nos llama a estar más atentos. Tal cual lo dice desde la dedicatoria:
-Todas las personas mayores han comenzado por ser niños.
Pero pocos de ellos lo recuerdan-.
Cuando tendemos a explicarnos con más incisión razonada
los asuntos, todo indica que hemos dejado atrás una parte sustancial de nuestra
existencia: la niñez. Es un hecho que los críos se especializan en preguntar (con
una gracia especial de la que adolece el adulto) y, a pregunta hecha, habrá que
responder lo mejor posible con la sencillez del caso. Cuando mi nieto me
preguntó a los 6 (seis) años a donde se van los seres que mueren, estaba yo
manejando el automóvil y él estaba sentado en la parte trasera, no le podía ver
a los ojos. Casi me detengo para darle la respuesta, tal como me gusta viéndole
a la cara, pero pensé que estaba yo exagerando algo que era mejor contestar con
sencillez y con una pregunta nueva le pregunté: ¿-Y, tu, ¿recuerdas de dónde
viniste? - y me encanto que me dijo -De la
panza de mi mamá-, -bueno ¡claro que sí!, pero ¿-Recuerdas algo más allá de eso?,
y me dijo -no-. Bueno, pues -he decirte que yo tampoco, y ¡qué bueno!, porque
es ahí a donde volveremos-.
Hoy día, casi a sus 8 (ocho) años de edad, escribe
historias en las que es protagonista, y hay una en la que dice que él fue Toloc
(lagartija grande yucateca) que siendo así se convirtió en niño.
A renglón seguido de las investigaciones sobre el morir,
hablamos de las melodías de Vivaldi que solemos escuchar cuando le voy a buscar
al colegio, porque aun sabiendo que Vivaldi es desdeñado por muchos congéneres
que se sienten muy cultos (porque dicen que es lo más burdo de la música
clásica) en lo personal nunca he pensado así, y ceo que mi nieto tampoco. Le
intrigan los CD, porque casi no los conoce y me pide que se los preste.
Solo nos acercamos a nosotros mismos, siendo en verdad la persona que somos. Eso de jugar con las máscaras jamás ha sido lo
mío, de hecho, nunca me ha gustado el disfraz, aunque he de decir que se
disfrazaron más de la cuenta los críos de casa. Mas, solo ellos lo han de decir
a su debido tiempo. Ahora veo que tambien se sigue la costumbre de ponerles
disfraces por diversos motivos, y lo gozan.
A veces los críos prefieren no hablar, ¡claro que sí! Y
es porque se dan cuenta que uno no siempre los mira a los ojos, en ese
intercambiar las ideas.
Pareciera que sus ideas son aún ¿inmaduras, según algunos
adultos? ¡para nada! quien no aprende de
un crio, se pierde la mitad de su vida.
Di talleres de
motivación en el arte, lo más importante era lograr que el niño amase imaginar,
creo que se logró. Algunos se han hecho artistas plásticos.
-Cuando el misterio es demasiado impresionante, es
imposible desobedecer-. Dice el texto releído.
La imaginación es algo que ha de acrecentarse con la adultez.
Nunca dejamos de utilizar esa grandiosa herramienta que nos ha traído hasta
donde estamos hoy día.
Si algo nos llevase fuera de la realidad, es tan solo
para hacer más clara la misma realidad que vivimos, porque si hemos escuchado
que hay muchos seres humanos que temen a su imaginación, es solo por temor
infundado, ya que eso mismo nos da más realismo. Ser imaginativos hace a la
vida más rica.
Ese pequeño planeta que habita el -Principito- en la
narración, es totalmente real dentro de cada uno de nosotros. Estamos a veces
ausentes del poder imaginativo y realista que es a la vez nuestra propia
existencia. Ese ir y venir de aventura.
Frase imperdible del texto: -Yo me pregunto si las
estrellas están encendidas para que cada cual pueda un día encontrar la suya-.
¡wow, a cuál más hermoso!
Si una serpiente es capaz de decir: -Tambien se está solo
entre los hombres-. Es que solo nos resta comprender más allá de la especie que
nos habita y a la que pertenecemos.
Y para terminar esta reflexión de tan bello texto,
diremos la última frase que todos conocemos, pero que a nadie viene mal
recordar:
-Solo con el corazón
se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos-.
La seguridad de
abrir los ojos de la mente imaginativa solo nos refresca y es cuando nos
ligamos mucho más al pensamiento realista, esos textos que se vuelven parte de nuestra
piel nos aterrizan con mas plenitud.
Conforme nos vamos haciendo mayores en lo que más pensamos es como le vamos a hacer para no
crear olas en las vidas de los jóvenes, y aunque sabemos que por la
Gracia de Dios muchos de ellos ya saben que es una buena labor en la tierra
tender la mano al ser que envejece, pues tambien nosotros mismos nos podemos
echar la mano teniendo esos textos que nos dan solaz, así como las melodías que
quisiéramos escuchar hasta el último momento, y todo eso que aun con la vejez a cuestas, podremos gozar. El
gozo debe acrecentarse no disminuirse, en textos pasados aclaramos que es mucho
más importante el gozo que la felicidad, y más cuando la puerta de salida de
pronto se hace más y más evidente. Estoy segura de que se nos allana el camino
del final. El último trecho que podremos iluminar si así lo deseamos. Y, claro
fortalecer los músculos del cuerpo físico, ni duda nos quede, ya que mientras más
nos podamos valer por nosotros mismos es seguro que la vida pintará diferente.
En el año de 2011 escribí una pregunta, hecha a mí misma:
¿-Por qué nos atoramos en la vida-?
-Porque nos olvidamos de que todo lo que vivimos es tan
solo aprendizaje-.
Hoy, tras siete décadas vividas, me queda claro que no es
tan solo aprender, porque eso de acumular conocimiento es algo que se hace
durante una etapa de la vida. Es tan frágil el asunto del conocimiento y cambia
todo tan rápido, que no es eterno ese bien de acumular el saber. Tenemos claro
que las cosas se llegan a olvidar. Lo que realmente nos permite un flujo sano, es
saber lo que nos toca hacer. Siempre estar queriendo lo que la mente exige y
exige, nunca no es la respuesta, porque lo que más nos da vida es estar atentos
a las realidades. Esa realidad futura de los últimos años no será ni por asomo
lo que nos hicimos de historias en la cabeza.
Armar rompecabezas, resolver acertijos de palabras,
hacer, hacer, lo que nos reivindique el interior, y que la mente se expanda en
el justo momento de la vida que nos toca afrontar.
El crecimiento personal ha de reflejarse en la vivencia,
nada más. Esa es la realidad, no la que nos hacemos en la mente. (Continuará).