miércoles, 19 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (15)

                                                                      La palabra es fuente de malentendidos.

El Principito.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                   No por mucho madrugar, amanece más temprano. Tampoco por mucho escuchar, tendremos todos los significados.

Cuando nos damos cuenta cabal de las palabras, de las cosas o de las acciones, siempre hay variedad de acepciones. Una sola palabra puede llevarse variedad de tiempos para revelarse, en sus significados, en el potencial de lo que expresa.

Puede ser tan grandilocuente el plan de Dios, que a veces se nos escapan momentos preponderantes y diferentes, que pueden ser especiales. Cabe dentro de la normalidad que eso suceda, ya que, si estamos corriendo y resolviendo lo de la vida de cada día, es que se nos puede pasar por alto, pausar. Dar pausas, es un don. Pausado el camino, la vida se convierte más en gozo que en resolución. Y, si somos fijados, no tendríamos porque solo poder hacer lo que nos cuadre, la vida tambien puede ser redonda en la creatividad. Si se aparece la temporalidad a otro ritmo, entrar. Aunque por momentos quisiéramos más un tiempo cuidado y sin vaivenes. Para esto mismo, el orden es la columna vertebral.  

Es tan claro que es así, que la máxima que expresó Jean Goodall, fue esa misma: Decide cómo y cuándo quieres hacer las diferencias. (paraf.). Las propuestas en la existencia se nos pueden presentar veladas y ni cuenta darnos de la sazón que traen al llegar. Cuando creemos que ya no tenemos tiempo..., que no se da lo que pensamos, es claro que la vida sigue proponiendo, y la parte existencial es la que solo se da a voluntad.  La conducción de los eventos dará mejores frutos cuando podemos prever, aunque a veces lo inesperado llegue. Forzando, es difícil lograr. Los caminos llevan sus propios ritmos y ni que decir los idiomas, los modos y las acciones. No en vano se habló en el libro sagrado, La Biblia, de la torre de Babel. Con seguridad se refiere a que hay que hacer caso de los significados, del fondo de las palabras, los gestos, y como se ven afectados los actos humanos.

                                                         Hace unos años en una Navidad fuera de casa y fuera del país, nos encontramos con que la búsqueda de una iglesia católica cercana era difícil, al comentarlo, no perdimos la esperanza.

Se trataba tan solo de atravesar la calle del hotel en el que nos alojamos, mas, tuvimos que tomar esa decisión conjunta. Entrar a un templo metodista, fue lo que nos propuso la vida. Por la tarde mi marido buen caminante, salió y dio al clavo.

Regresó entusiasmado: Se nos dará estar en un ritual diferente esta Navidad, nos dijo.  Extrema amabilidad encontró por parte de la señora/sacerdote del templo, sí habría lugar y tiempo para invitados. Estar presentes ante un altar sea cual éste sea, siempre es digno, optamos por esa experiencia, aunque tal vez fuera una sola vez. Sin forzar, los tiempos de Dios aparecen y no siempre como los pensamos.

 Así pues, nos decidimos a participar en lo posible y más que nada a reconocer. Y, en esta experiencia, no solo pudimos dar gracias de una Navidad más, sino percibir otros modos de discursar este tan importante acontecimiento del Dios en el que creemos. Cuando las cosas no nos van como pensamos, la brisa fresca, llega.

Y, llegó.

Ese día, nos habíamos preparado para una cena acordada en el mismo hotel y aunque teníamos claro que eso no era lo más importante del celebrar, hacer ese momento especial fue algo muy diferente a lo de cada año, en tales fechas. Esta vez el Nacimiento de Cristo fue con otros momentos, muy circulares. Distintos.

A la caída de la tarde casi noche, llegamos a la enorme iglesia gótica.  El olor grandioso lo daba el incienso en todo su esplendor, tal vez un tanto diferente al que acostumbramos y eso fue genial. Nos recibió una mujer muy amable, no la misma del momento temprano, mas de igual manera nos hizo sentir bienvenidos y nos condujo a unos asientos destinados a los visitantes. Buen lugar para la perspectiva de todo. Teníamos el altar muy claramente de frente y fue todo un conjunto de vivencias, de esas que nos marcan para bien.

 Los fieles participantes, los que eran nuestros compañeros de banca, sonrientes y amables, con indumentarias modestas y acomodados en silencio. Nadie estaba de luces, se percibía recogimiento interior.

La música del organista se hizo presente muy tempranamente y lograba infundir armonía especial. Muchas iglesias del mundo han tomado la música como un imán que invariablemente invita, mas ha de ser con cuidado, para que no distraiga de más. Los fieles cantaron y nos invadieron con sus voces, de niños, de adultos. Lo importante es saber que el canto solo es parte, no así la música sacra. Un servicio religioso se da más intenso con la melodía gregoriana y así lo comprobamos.

 No se puede perder de vista que todo es más que nada es para honrar, a Dios.  Esa honra, no necesariamente es emotiva, mas, sí es singularmente acogedora. Si la música es disruptiva o muy intensa, lejos de acoger al alma, le dispersa.

Así, dispuestos y observantes pudimos notar que, en la entrada principal del recinto, se abrían las enormes puertas para una procesión parsimoniosa y bien llevada, una de las oficiantes, que encabezaba, vestía túnica blanca muy elegante y llevó entre las manos un gran crucifijo en báculo dorado. Serenos, todos los demás concelebrantes le siguieron, pausada era la distancia entre ellos, caminata sencilla.

El báculo fue dispuesto en un lugar especial en el altar. La música en el momento que todos llegaron al centro sagrado del templo, tomo otros tonos, más ceremoniosos. Acomodados en sus jerarquías los conducentes y los demás atentos a escuchar. Participar tambien es saber el valor de los silencios.

La mujer que dio el sermón habló de Shakespeare. Que interesante fue ver la atención llena de silencio en todo el recinto, al mencionarse la buena literatura. Es algo que uno no espera en Navidad. Dijo algunas cosas importantes de la obra, que en verdad no entendimos del todo bien, en un inglés hablado muy rápido. Luego vino una parte estupenda: El centro del discurso se tornó hacia el burro del pesebre. Ese personaje sencillo y necesario a todas luces, el aliento que cuida sin ser demasiado llamativo, presente, eficaz   y casi imperceptible en la misión que le toca en toda la redondez, no estaría completo el pesebre, sin él.  

Al concluir el sermón todos de pie cantaron a coro. Acompañamos todos a nuestra manera, para pasar a celebrar el ritual del día especial.

 Bastante emotivo todo, que, aunque sabemos que no es el sentimiento ideal para concelebrar y celebrar el nacimiento de Cristo, para nosotros sí lo fue un tanto, por la misma situación diferente. Ese nacimiento no se queda en emoción, es renovación interior, serenidad que se renueva, más digna que tan solo emocionarse.

Salimos congratulados. También asombrados de cómo ese pequeño animal que calentó al niño Dios en el pesebre, tomo de pronto protagonismo. Se hizo hincapié en la sencillez del calor de la vida, de cómo la presencia del más humilde es parte actuante en el todo que se concibe para el equilibrio. En ese momento la armonía tan redonda de ese pesebre se hizo muy significativa.

Cenamos, no solo con el buen sabor de las viandas elegidas en especial. Al no ser tan tarde y ver acción moderada en las calles, la vida navideña se nos mostró distinta. La encontramos en el gozo citadino de transeúntes y caminantes. Pudimos pasearnos por otros hoteles, gentes entrando y saliendo. Dar una corta caminata.

En este mismo viaje tuvimos otras experiencias varias, que he anotado en mis libretas de vida, extensamente. Una fue, cuando un taxista decidió compartir con nosotros parte de su vida personal. Estos asuntos de conversar con extraños a mí me hacen el día, son una total felicidad para mi alma. Ninguno de mis tres familiares lo ve así ni por asomo, claro que es cuestión del carácter, y ni modo ellos tuvieron que apechugar. La platica entretenidísima, seguro que la propicie yo misma, para recibir pellizcos de inmediato y que yo cerrara la boca, asunto que no se dio porque el hombre se encarriló como buen ser humano conversador (y que yo entiendo al máximo) y nos contó cómo se dio el segundo gran amor de su vida. Había enviudado, y de pronto se encontró con su exnovia; esa que lo fue a los catorce años de edad, en el high school. -La vida te da sorpresas Mariana-, como bien dice la canción de Alberto Cortés.

 Entramos al museo The Legión of Honor. Le pedimos al buen hombre que si podría volver por nosotros en tiempo determinado, y así fue. Es obvio decir, que a mí me pusieron un tapón en la boca y un -prohibido hablar- en el retorno.  En el camino de vuelta tan solo conversamos entre nosotros, voz baja y tópicos en español.

En partes del museo nos dividimos. Estos recintos grandes son para elegir lo que más nos interesa. Había unas bolas enormes de estambre en colores varios, que hablaban por sí mismas, del valor de tejer a mano. Darle un lugar a eso que nos permite percatarnos que cuando hay habilidad para algo manual, esto es grandioso.

 En San Francisco California, hay mucho que ver y nunca se acaba lo que las calles con subidas y bajadas proponen. Hay que tener condición especial para no agotarse, los jóvenes la tienen por natura, los adultos la llevamos más calma. También fuimos por el rumbo en donde está la casa, en la que se filmó la película -Guess who ‘s coming to dinner- Con Sídney Poitier.  En vedad que para mí esa peli resonaba lejana, mi esposo que la vio y la tenía más fresca en la mente, nos contó de nuevo la historia del tema: la joven casadera se había enamorado de un joven afroamericano y temía presentarlo a sus padres. Asunto que sería una historia más llevadera hoy día. En eso, ya avanzamos.

El día 28 de diciembre, que aun andábamos por esos rumbos, salimos a dar algunos paseos en los tranvías de la ciudad, tomando el que estaba muy cercano al hotel. Cual fue nuestra sorpresa que ese día todo ese servicio era gratuito, ya que se cumplían los 100 (cien) años de los trenes, así que fue más interesante de lo previsto, y nos subimos y bajamos a nuestras anchas. Ver la ciudad desde esos recorridos es grandioso, en lo personal me llama la atención el caminante.

El día 29 de diciembre visitamos la prisión de Alcatraz, hoy museo.  Me impactó que, en las celdas, los reclusos tenían un pequeño mundo personal bien armado. Al que le gustaba pintar, pintaba. Vimos obra plástica significativa. Las celdas encogen el alma, no puede uno imaginar cómo es posible que ese espacio sea tal, para un humano. Recintos mínimos.  Yo, que soy amante del tejido de crochet, me quedé pasmada al ver las mantas en las pequeñas camas ¡hechas por los mismos reclusos! como un homenaje a esas manos creativas, aun en el dolor.  El ser humano tiene ese potencial, cuando lo observamos tal cual, se renueva una parte de la esperanza.

He de aceptar que me gusta viajar, mas, me cuesta tomar la decisión. Doy gracias a la vida que siempre hay alguien que me motiva y es nuestra hija que ama hacerlo. Siento que no me anima como algo de primera instancia, eso de salir. Es claro que solo poner el pie en un lugar a conocer nos revitaliza todo y nos renueva.

Tengo que decir que no es mi actividad preferida. No se puede negar que al volver a casa esa vuelta nos afianza la redondez y aun con cansancio físico y mental, motiva a seguir, lo del diario. Con mis padres lo hice mucho por la República Mexicana, en automóvil. Conocí algunos lugares de la unión americana con frecuencia, la hermana de mi padre ahí vivió mucho tiempo.

En estos mismos días de cierre de año, conocimos en el área del monte yucateco en donde se estableció el Museo del cacao. En el monte seco de la península notar los plantíos de cacao es todo un espectáculo. Siempre hay flores campiranas que viven aun en clima seco, me cautivan, podría decir que son mis preferidas.

Leí un libro maravilloso de título: -La presencia ignorada de Dios- de Viktor Frankl. A este autor, que le pegó fuertísimo el holocausto nazi, se le conoce por otros títulos, así que éste me resonó. Es un ser humano con mucha conciencia, porque ante todo él tiene claro que, gracias a su fortaleza y creencia en Dios, tuvo la fe fuerte y nunca perdió la esperanza, sobrevivió en esos lugares de muerte casi segura.

Uno mismo, para entonar el interior una y otra vez, nunca hay que perder la confianza en Dios, esa que nos acompaña y es un hecho que nos da fortalezas.   No se quienes querrán quedarse para siempre en el mundo terrenal, mas mientras se averigua lo del cáliz, vivamos con agudeza de espíritu.

La circularidad conlleva sin duda alguna, el entendimiento de Dios. Creo yo, que los que niegan, lo hacen porque no saben distinguir esa presencia. Así lo afirma Frankl, en su libro. Las curvas de la vida dan sentido. Me encanta que he escuchado a seres decir que son ateos, gracias a Dios. La luz, es inesperada a veces.

El mandala, es tan solo la muestra física de lo completo. Esa figura nos permite entender como el vacío siempre tiene figuras internas, exacto como el alma humana las encuentra y se enriquece, en la vida de cada día. (Continuará)

 

viernes, 14 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden (14).

                                                                                     Vivir, la misión encomendada, es ir percibiendo lo que proviene del alma humana, no es tan solo desplegar la personalidad. MJ

 

                                                                    No es lo mismo la vida, que la existencia.

A veces tendemos a confundir existencia con vida, es ahí mismo donde se nos puede lenguar la traba ¡uf, perdón!, trabar la lengua. Puede que se nos dé, no encontrar por donde se pasea el alma, Decía mi madre: -que no se les pasee el alma por el cuerpo-. Sin importar los años de vida, el alma puede extraviarse en los devenires complejos, y la personalidad hacer de las suyas. La personalidad es algo más superficial, y los asuntos anímicos van más sutiles, profundos. Éstos, están ubicados en la existencia. Los silencios pausados cuando saltan las dudas son los que podrían permitirnos saber qué es lo que realmente se nos pide en esta vida. A veces una enfermedad, la muerte de un ser querido nos conducen por reductos nunca imaginados, experiencias que nos ayudan a enfocar.  Culpar a los que nos han acompañado o caminan a nuestro lado no es el camino. Nadie tiene culpas que cargar.  Tan solo perfeccionar la observación.  La vida requiere razón y orden, si nos atoramos en las piedras del camino, no avanzamos.

En estos días en una Primera Lectura de la Biblia en la iglesia, se nos dijo algo hermosísimo: No nos encuevemos en lo que creemos que es total, todo tiene sentido si salimos de nuestro carapacho terrenal y somos pacientes a la revelación de la verdad fuera de los encierros mentales, prescindir de las cuevas que nos creamos para vivir, es decir, si estamos abiertos a escuchar, tal vez una brisa fresca nos llegue y esa sea la presencia de Dios. (paraf.)

 Se puede crear dolor innecesario cuando no se entienden bien estas diferencias. ¿Por dónde puede empezar a hacer agua la canoa? Por el sin sentido. Éste, Se estaciona en el interior del ser como algo real, y no nos permite salir a la puerta.

El buen sentido, espera su oportunidad y solo hay que dársela. ¿Como afrontamos? Hace grandes diferencias. Aceptar la inquietud como parte natural.  Si de pronto, y sin que ni para que se cuela el deshallo, no es más que falta de asiento en la depuración. Acercarnos a la gracia no es rezar nada más, es estar abiertos a las actitudes que han de ser creativas.  Totalmente claro el camino nadie lo tiene, pero si lo abandonamos y dejamos que se llene de yerbajos, es más rudo quitar la mala yerba cuando ya creció.

El derrotero existencial se va aclarando desde que entramos al mundo. Llega el momento de que es tan solo tarea personal.  Ver de más… es ver de menos. Más nos vale tener claro cómo nos enfocamos, y puede ser el máximo placer de la existencia, ya que nunca termina, como puede suceder con los placeres mundanos. No es que recompongamos los hechos que vivimos para nuestro peculio, es que nos llegan tal cual las vivencias para que el espíritu haga la parte anímica y nosotros como humanos demos el sentido con las vivencias de a diario.  Mas que nada se nos ha otorgado el don para vivir, que no es lo mismo que don solo para cumplir.

No en las acciones contantes y sonantes y más visibles está el bien, está en el alma. Las vidas que pueden parecer bien llevadas, siempre merecen revisión, para dar asiento realista a la existencia. No tenemos el control total, como a veces se cree. Para decidir de fondo los eventos que darán forma a la vida, es vital estar contenidos en Dios, y hay que encontrar cuál es ese camino de la voluntad divina, la personalidad en algunos casos puede ser obstáculo. Y, no es que Dios pida, es tan solo que la vida bajo su luz adquiere otra dimensión. La humildad de sabernos contingentes lejos de hacernos más vulnerables, nos da la paz.

¿Qué es lo que nos toca hacer? Pareciera tan fácil… no lo es del todo. Todas, absolutamente todas las vidas son plenas, es el ser que centra la vida en el alma el que decide rumbos, acciones, decisiones y demás, afectando a la existencia para que sea más llena de gracia. Decisiones neutras resuelven bien, no revitalizan.

Existir es más profundo que vivir. Vivir, se hace difícil de lograr cuando se nos esconde el justo medio terrenal. La vida, es el caldo de cultivo, nada más.

 En los argumentos mundanos, puede saltar la liebre, éstos son limitados, en la visión existencial no ha de saltar nada, si se asienta todo en camino de brisa fresca.

 Es eso mismo lo que nos ha confundido a los humanos. Al olvidar que somos parte de una creación circular/existencial que rige todo, de pronto creeremos que todo podremos controlar. Claro que sí somos lo más grande de la creación, mas, no es para creernos dueños de la misma.  Tambien nos creemos dueños de la vida.  Cuando vienen las sacudidas, es cuando sabemos que solo somos contingentes. Si es que logramos visualizar los alcances del don de existir, pues cada día la humildad se asienta como manto mojado que cubre con delicadeza al ser, y así percibir la diferencia entre vida y existencia.    

Esa complejidad al vivir que a veces detectamos, es producto del mal manejo del ego, éste siempre nos hace creer que mientras tengamos lo necesario y más en el mundo, la vida será nuestra. La simpleza de saber qué es lo que sí o no, nos pertenece, solo se da cuando es parte de la disposición del alma que nos habita.

Lo anímico, esa presencia del alma no es más que la esencia de la existencia y se nos ha dado para hacerla mejor y mejor y así alcanzar la vida eterna.

 Vivir es el acto que se despliega cumpliendo esa misión terrenal. Si hay consonancia entre vida y existencia, hay armonía. Percibimos otra dimensión.

Ayuda mucho conocer cuál es ese momento de la historia del mundo en el que se nos permite estar, rige mucho mejor el buen sentido si lo social afecta a lo cultural. 

Existen vidas que viven confundidas toda su existencia. Es penoso, pero es parte de la condición humana. Tal vez eso mismo es lo que se necesita para ir traspasando las pruebas que Dios nos encomienda en vida, para lograr afectar con bien al acto de existir. Si aclaramos la fuerza de la decencia, de la aceptación y tolerancia de lo que no nos es tan grato, podremos ver más allá. Cuando no hay honestidad se irrumpen en la existencia de otros seres. No es que exista la fatalidad, nosotros mismos la propiciamos, recordemos a San Agustín: -el mal es ausencia de bien-.

 Según nos decía el presbítero uno de estos domingos en la iglesia, hay gente que va y le pregunta seguido: ¿por qué Dios permite el mal en el mundo y porque no nos cumple a cabalidad lo que pedimos, si somos buenas personas? Lo primero es de índole existencial y lo segundo asuntos de vida. Claramente lo hemos dicho, cuidado con el buenismo, porque no basta.  No es que Dios permita nada, no es su interacción a discreción como si fuera una toma y daca, lo que rige en la vida de cada ser es la relación existencia/vida con libertad, que se nos ha otorgado. Dios no juega a los dados.

Es la esencia de los seres humanos que al no entender lo que somos, trastoca de mil maneras el actuar. Nos preguntamos ¿porque tantos grupos de gente solo viven dentro de la desgracia, el dolor y la irrupción en sus vidas con los eventos a cuestas más tremendos y dolorosos? ¡es así! y suena muy drástico decir que es por mandato de Dios, porque no lo es, es ignorante creer que es una voluntad externa la que manda como por antojos, Dios aporta las condiciones, cada quien hace y deshace. Obviamente no todo va ser agradable, porque las decisiones del desear, están unidas a la condición humana e irrumpen y nos ofuscan las factibles buenas decisiones del optar. Por desear lo que no es, todo se puede trastocar.

Poder cada día prepararnos para llevar una vida mundana lo más propositiva y digna posible, porque es ahí mismo donde nos debatimos, al salir del mundo, se dirá como se nos presenta el infinito. Crecer en el interior por medio de la tragedia no es maldad de Dios (como se creía en la antigüedad que era castigo) sino es la condición que vivimos con más o menos claridad, para resolver.

 El crecer en la parte anímica, no es para que seamos buenas personas, es para fortalecer al alma. Cuidado con el buenismo. Descubrir los dones y llevarlos más certeros en el diario vivir, no es fácil, pero si posible. No esperar señales de Dios, ya las tenemos todas.  A nadie nos gustan los sinsabores, es obvio, mas no podemos dejar de lado ese saber de qué son parte, aunque las razones no estén a la vista a cada paso. Nunca son de la misma índole ni de la misma intensidad para cada ser, y no es falta de justicia de Dios, es la esencia de la condición humana.

La condición humana de vivir exige pensamiento, palabra y obra con acierto. No es más que la gratuidad de habérnosla encomendado en la existencia. La esencia viene en el paquete del ser, luego somos nosotros los encargados del vivir.

En las épocas modernas, de este postmodernismo tan acendrado, hasta se redactó el libro que lleva por tirulo: ¿Por qué a mí? ¿cómo con consonancia de reclamo? nos creemos con derechos que no son gratuidad, son ahínco vital.   A veces, ni comprendemos del todo cuando duelen, cuando se presentan como si fuéramos alguien elegido para no pasar por todas las acciones de la vida.

Desear que lo nuestro sea tan fluido como nos lo podríamos imaginar, es cuando se puede recordar que la imaginación no es la loca suelta, es la que da el don de perfeccionar con la creatividad, ésta, como una buena actitud, es la que puede atenuar lo que más nos incomode. ¿Cómo queremos que se nos sirva el plato de la vida?, pues podremos lograr mucho más si estamos atentos a la esencia básica.

 Es en conjunto: mentefísica/espíritudivino.

 Cada ser tenemos las causales del mundo en lo que nos toca vivir. Ese fluir del que habla la psicología moderna no es dejarnos llevar y ya está, es un estar atentos a lo que con la gracia de Dios veremos cómo   el centro de nuestra misión. Tal pareciera que la psicología está proponiendo que nos pongamos en modalidad fácil y llevadera, y, de hecho, algunas corrientes psicológicas son de absurda autoayuda.

Darnos oportunidad de ir por la vida como si fuéramos sobre nubes, es puro cuento. Los gozos sí existen y juntos pueden crear felicidad. Cuidado con las algarabías obtusas o momentos que quisiéramos eternizar, porque si algo es efímero, es la vida misma. Cuando la realidad es bien entendida, sea como venga tendrá muchos satisfactores que se harán presentes, enalteciendo la existencia, tal vez en silencio.

La existencia es eterna. Claro que cambiamos de condición, pasaremos a otro mundo que nadie nos ha podido contar, aunque sí algunos congéneres, lo han visto. ¿Has escuchado de las muertes momentáneas? Mucho se habla hoy día que la IA, logrará que el ser humano nunca pase a la siguiente dimensión, por el momento creo que los que somos creyentes en un Dios, tal vez nos cueste entender.

 Volver al infinito divino del que hemos venido, es lo de hoy. Me cuesta mucho adivinar como puede vivir un ser eternamente en la tierra,  y aunque una de las premisas de la mente humana ha sido desde hace milenios,   encontrar el elixir de la vida y sea para creer nos podremos quedar más tiempo en el mundo, tal vez mas bien puede ser para atenuar el dolor físico, bajar los índices de enfermedades que nos están dando azotes tremendos en estos tiempos y todo eso doloroso que bien valdría la pena llevar con más garbo, pero de eso a ser eternos humanos, creo que dista mucho.

Cuando entendemos este camino de eternidad conquistada, es que nos entra la paz en cada célula.  Ya en los días que vivimos hay seres en busca de mandar a otros planetas a parte de la humanidad (se ha considerado hasta el planeta marte, siendo tan inhóspito aún) y vivir eternamente como humanos, fuera de la tierra.

Es interesante ver y observar cómo hay seres humanos que están tan difusos hoy día, que se quiere jugar a ser dioses.  

Las guerras, como un negocio en primera instancia y luego como una manera de que algunos potentados crean que siendo menos la gente en cantidad habrá mejoras, es falaz. Claro que todo se puede manipular y opacar la verdad.

El ser humanos en sí mismo tiene todo el potencial para llevar a cabo todo lo que en esencia se nos ha otorgado para tener una vida   clara y encaminada a fortalecer la existencia. Son, y han sido los modos culturales los que han cambiado el rumbo.

 Es cuando se dice, somos limitados… que algunas personas que escuchan, se indignan. ¿Limitados?  Y ¿Por qué? Si yo puedo lograr todo lo que me propongo. ¡No de esa limitación se habla! sino de la que existe cuando creemos que la existencia es manipulable al antojo del humano. Las limitaciones son encause lógico, bueno.

Ejemplo: el ser que tiene hijos varones, se siente incompleto porque quería al menos una niña en su familia. Quien tiene niñas, cree que es menos varón el que las engendró porque no logró a un ser de su mismo género. El absurdo presente. (Continuará).

jueves, 6 de agosto de 2026

 

Que bien Diario vivir, razón y orden. (13)

                                                 Si descubres que te has puesto los zapatos al revés, siéntate con calma y enderézalos.  Mari Tere.

 

                                                                       La mayoría de nuestras madres eran de dichos y más dichos, que nos soltaban a tutti plen, y sin preámbulos. Que bien nos venían esas muletillas, porque la verdad, tal cual: nadie puede hacer por nosotros lo que no hagamos nosotros mismos.  Ellas, las madres que lo fueron a mediados del siglo pasado, estaban convencidas de que, a los críos, las creencias se les habrían de dar de viva voz en el transcurrir de los hechos cotidianos y en mucho porque la máxima esperanza estaba en el aprendizaje familiar, pocas mujeres tuvieron la oportunidad de estudiar alguna profesión, por lo que les era más difícil pensar que de fuera de sus ámbitos pudiese darse el real conocer. Si la universidad era más que nada para varones, para ellas era tomarse muy en serio eso de los refranes. Fueron mujeres muy prácticas las del siglo pasado. Casi nunca se andaban por las ramas, y sus contundentes modos de decir, nos marcaron a muchos.

 Mujeres de un siglo de cambios drásticos y que jamás pensarían en meterse en camisetas de once varas; el bien y el mal eran asuntos menos complejos para ellas, se daban con claridad meridana. La religiosidad no se practicaba aunada a las razones y menos a las que la forman de fondo. Los preceptores que formaban parte de las familias, daban lecciones acompañadas de cariño a los niños y consejos a las madres. Los padres, ocupados en proveer más que nada la parte material, se asomaban con cautela a los asuntos religiosos, aunque sí conocí algunos varones de misa diaria. Era una religiosidad que llegaba casi sola, y se tomaba con lo que cada quien tenía y podía, casi por inercia. La religiosidad que llegaba para volverse vivencia, era más rara, más bien se cumplía el ritual. Difícilmente se cuestionaba.

Muchos de nosotros sí nos preguntamos en su momento, como se aplicaba todo lo aprendido, queríamos saber un poco más de ese fondo sustentante.

 Hubo momentos en que la religiosidad dejo de resonar. No parecía estar asentada en buenas razones, que ¡claro que las tiene! y solo pocos las encuentran. Llegaban las ideologías universitarias del momento a hacer chuza en las mentes inquietas, y todos o la mayoría de quienes pasamos por ahí, las estudiamos.  Con la misma redondez que caracteriza a la de la existencia humana, el péndulo de las buenas creencias oscilaba y lo bien aprendido volvía a tomar centralidad en nuestras vidas. Yo, en la Antropología aprendí muchísimo y tambien desaprendí. El unto de la magdalena, eso que se creía que resolvería todo, al fin nos dimos cuenta que no existe, es el criterio junto con el buen filosofar lo que acerca a los principios. El conocimiento se asienta de a poco y de diferente manera en cada quien. Eso, es bueno.

 Algunos de los jóvenes, que lo fuimos en las medianías del siglo pasado, percibimos que la realidad a seguir estaba en otros lares y no en lo que había.  Todo se puede profundizar antes de rechazar, pero cuesta cuando a la juventud parece que le sirve más cuestionar, que aceptar. Hay que estudiar.

 La juventud tiene ese corazón inquieto del que habla San Agustín. La buena cabalidad y principios de vida que nos rigen, han de permanecer con inquietud siempre, lo que va cambiando es la índole de la esencia, del sentido. Hoy día, mucho más, ya que el mundo se debate tan ferozmente con las ideas de lo relativo. Estar abiertos a razones más profundas es lo más sano y lo mejor que nos puede pasar, para que la serenidad producto del pensar, llegue a asentar sus lares y rija.

El alma, en su sed de eternidad no nos deja nunca de pedir, crecer. Iván Ilich   encontró luz en el último momento de su vida, no importa cómo y en que dinamismo.  Percibir que hay avance, es idóneo. En sesión reflexiva del taller al que pertenezco uno de los integrantes dijo: -Si salimos de alguna homilía dominguera y nos dijeron lo que queríamos escuchar, sentiremos felicidad; si salimos inquietos con lo que se dijo ¡ese es el camino!, porque los principios religiosos no son animosidad o emotividad pasiva, son realidad razonada que se puede asentar en las vivencias.

La psico/filosofa Mariluz Barrera acuñó una frase contundente: -El mundo actual nos tiende a dejar sin piel-. De momento, ante tanto embate de pensamientos límite y de propuestas equivocas que quieren pasar como verdaderas, nos sentimos desnudos. El miedo a cómo se debe responder, opaca el camino de lo genuino del ser.  Responder en acierto, para permanecer en inquietudes de paz, es decir encontrar la paz en el movimiento mental que nos alimenta. Realmente sentir un camino propositivo, que la serenidad impere. Es posible, siempre y cuando se pueda atender a los razonamientos. Volver al corazón… cuanto sea necesario, propone San Agustín.

Algunos conceptos van dando la claridad, si así nos lo proponemos. Existe una banalidad del mal, que ha dormido en sus laureles a la moral. El, mal, no siempre es una zarpa de tigre que se aparece y desgarra, tampoco se presenta como un monstruo visible, son las mentiras que se dan como verdades. Esto último, es la esencia del relativismo que hemos venido mencionando.

Muchas cosas se justifican, porque son avaladas por la ley. Eso es limitado.

Otras cosas están unidas a las indiferencias naturales humanas, pero que son las que nos llevan por los caminos omisos, como cuando creemos que somos buenos solo porque vamos a misa. Son muchas las demandas del mundo actual, y es trabajo obligado de depuración: no todo nos compete. Hay silencios que matan.  Tomar por el cuello lo que inquieta y ocuparnos de convertirlo, hacerlo vida.

El mal, se puede normalizar y eso es mucho de lo que vivimos hoy día. Se han dejado pasar focos rojos que no se observaron a tiempo.

Cuando solo interpretamos la realidad, sin que observarla sea llevarla con razón y orden a la mente, tal vez respondemos a la fuerza de las ideologías con herramientas efímeras. Las respuestas se convierten como de bisutería: las que convienen, las que acomodan.  Sin ver todo lo conjunto de fondo, esa base de tener una metafísica completa que se ha perdido con el devenir de ideas falsas, nos hace vivir como si estuviésemos pensando a medias.

A Dios, no se le inventa. Dios es una manifestación que por desgracia no todos han logrado percibir y menos comprender con la total presencia del ser, en todo lo vivido. No solo está en el sagrario o en la oración, está en todo, hasta en la conducción y movimiento del día a día.

Aristóteles dejó bien claro: La verdad, está ahí afuera, no nosotros la inventamos.

La verdad, se posee a sí misma, no es parte del sujeto que la observa, éste está determinado por lo verdadero, lo importante es saber observarlo, verlo.

Se ha dicho mucho que los totalitarismos gubernamentales pretenden que mientras menos se piense, es mejor. Aunado a que nos da flojera hacernos de juicios reales, nos encanta lo que nos dicen y así nos ponemos el saco que mejor nos quede, esto es un tanto temerario, porque las verdades que no se sustentan en premisas absolutas y claras, son el caldo de cultivo de las distorsiones y la vedad se nos va de las manos como arena que fluye.

Hay una gran diferencia entre legalidad y justicia.

Hay cosas que pueden ser legales, pero no necesariamente son justas. Es ahí donde entra el criterio de una persona pensante y que necesitamos despertar en todos nosotros, no vaya a ser que nos salgan con silogismos equívocos.

Cuando un superior le pide a un subordinado que haga tal o cual cosa, existe la misma responsabilidad en los dos seres en el acto a realizar, nunca el que recibe la orden está exento de responsabilidad. El sicario que mata, cree que es su trabajo hacerlo y así se deslinda de saber que ha sido responsable. Ética dormida.

¿Recuerdan el refrán de nuestros padres que decía: ¿Tanto peca el que mata a la vaca, como el que le agarra la pata? Esto es real. Aun sin estar siendo parte directa del acto de una acción maligna, uno está involucrado con tremenda responsabilidad.

Aunque creamos que el mal superficial es menos dañino, toda mala acción repercute en todo, por pequeña que sea. La filosofa que estudió las acciones de los nazis, tambien nos dice: -EL mal, es como un hongo, pueda que no tenga raíces profundas, más se extiende rápido si encuentra las condiciones propicias- (paraf.)

¿Entonces?, el camino es:  si nos estamos dando cuenta en nuestro entorno de males menores, por ahí hay que empezar. Un ejemplo en pequeño: en casa se ha enseñado a los niños a detectar como mueve las orejas la gatita tan amada, y que quiere decir con esos movimientos. Si se le lleva a extremos, araña y muerde. Los peques preguntan ¿Por qué me quiso morder?, obvio que en primera se le explica la realidad: se le quiere mucho al animal, pero no deja de ser instintivo. También tener presentes señales que solo son evidentes si se conocen, cuando está tensa hay que soltarle, notar como mueve la cola, etc. En este caso concreto el niño sabrá entender que el animal no es un juguete inerte, es un ser vivo.

Respecto a los individuos que nos ayudan a cuidar los autos en la calle, a vece he visto que no se les quiere dar nada de propina, y ¡ese es su trabajo!, es claro que no siempre lo cumplen y no cuidan nada, pero habría que hacérselos ver, no dejar de dar la parte material que nos corresponde si hemos confiado en ellos.

Enmendar, es claro que no es lo mismo que resolver de fondo. Por algo se empieza. Lo sano, es sanar para avanzar. Las terapias no son solo porque si, dan caminos.

 He escuchado que hoy día en los seminarios, a los que serán sacerdotes se les hace pasar por terapias profundas, la psique afectada no puede guiar bien a nadie.

Se va escuchando en la sociedad actual, cómo el sistema nos quiere superfluos. Como si fuéramos intercambiables o prescindibles. Si lo vemos bien, ¡es un horror!, esto se ha dado porque mucho se ha dejado al ahí se va. Esta en nosotros mismos hacer la parte que nos corresponde, la esperanza no se pierde, así como así. Profunda, es la definición del mal que da San Agustín, y si somo cristianos convencidos, hay que tenerla a flor de piel. Y dice:

-El mal, no es una sustancia, ni un ente, ni una entidad real. El mal, es la privación del bien-. Por eso se nos pide no ser tibios y permitir la inquietud. Respondernos.

Esto es hermoso. Ya se nos está dando la pauta: Si sabes lo que te inquieta, a cualquier edad y momento, zanja esa duda, avanza. Profundizar, es lo que sigue. No somos todólogos, claro está, pero la parte de uno mismo no se puede dejar al garete. Obviamente no podremos jamás transformar todo el mundo, pero la parte de conciencia que nos corresponde, puede afectar para bien.

-Que cada ser, no perdamos el diálogo interno-. No es difícil, y si es muy necesario para dejar claro a los críos que nos rodean, que no estamos inventando nada.

Hay que tener muy presente la tecnificación de los lenguajes. Para que, en el decir, no sé de gato por liebre. Es importante el gato, tambien lo es la liebre, mas cada uno en su ámbito, por favor.

Es bueno poder saber en alguna medida al menos, de donde nacen las reflexiones. Es un deber defender lo que creemos, ante los embates de tanta mentira. Y no es tan solo salir a gritar con alta voces, es observar y en lo pequeño, actuar.

Lo sobrenatural no es magia, es observancia de la gracia.

Definir la sanidad puede tomar mucho tiempo de reflexión, que lo vale. No solo nos incumbe la sanidad del cuerpo, siempre observar mejor los lenguajes.

 El cómo nos conducimos entra dentro de los perímetros de lo sano. Se nos manifestó con las madres del siglo pasado que tenían ayudantes tan responsables como lo eran ellas mismas. De niña tuve unos primos que fueron como mis hermanos. Ya de adultos no nos frecuentamos tanto. Eran dos varones y dos mujeres. Todos entrabamos por igual en el mismo saco, del orden que se nos proponía, sin chistar. Ellas, se fueron más pronto de este mundo, Las extraño mucho, crecimos juntas.

 En casa de mis primos siempre el personal de servicio fue amble, había dos personas en especial, una madre y su hija, venidas de Belice de piel morena. Eran parte de nuestra educación del día a día, nos enseñaban y acompañaban en cosas tan sencillas como que había que lavarnos las manos antes de ir a la mesa, como habríamos de comportarnos sin pleitos a la hora de comer y como la madre hacia el dulce de leche como caramelo más delicioso de la creación, todos queríamos que nos tocará el recipiente más grande, la porción mejor. Vivencias, buenos recuerdos.  Aprendizajes. A las niñas nos peinaban con paciencia, lazos enormes en el pelo y los varones salían bien engominados con esa gomina verde para el pot, (copete en maya) mas, lo importante fue la gracia inmersa en ese actuar, lo ordenado se daba como si nada, y no había protesta ni argumentación absurda. (Continuará).

 

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 31 de julio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (12)

                                                                Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás.

El Principito.

Antoine de Saint Exupéry.

 

                                       En las épocas de la vida y actividad de las jóvenes Stephen (apellido de soltera de Virginia y Vanessa) dice Quentin Bell: -la virtud no residía en el mero hecho de obediencia a las reglas ni en una actitud reverente hacia las tradiciones recibidas, sino en un estado de la mente-. Sí, era un hecho que lo que se iba considerando correcto en los tiempos de principios del siglo pasado, aludía a tener la mente mucho más clara y sin hacer tanto caso a la parte establecida percibida acartonada, la realidad sí que sufría cambios. Los tópicos que se hacen evidentes en la realidad a veces son los más difíciles, eso más ríspido se deja como en el cajón, ese que tiende a atorarse, por momentos resulta mal visto que se toque como parte de la conversación necesaria, eso que se ha estacionado en la mente como tabú. Pasan los tiempos y vamos entrando más y más a la visión relativa en el mundo, que tanto daño hace en la realidad. Lo que sí es correcto tiende a estar claro porque hace la vida más fluida, mas no necesariamente se vislumbra fácilmente para tomar nuevos aires. Desde ahí vemos que la realidad no plantea las verdades con tanto anhelo y fluidez como se espera y menos en el ámbito de las féminas. Ellas, las dos jóvenes inglesas que dejaron buena huella, así lo vivieron.

En las realidades personales habremos de estar más atentos a hacer uso de la razón con diligencia, es una verdad cuanto nos cuesta darnos cuenta de los ajos en los que nos metemos. Siempre es mucho más fácil ver la paja en el ojo del otro ser, y las vidas propias se dejan con mucha facilidad a darse por sentadas en que todo lo estamos entendiendo de fondo y bien, tal vez las dejamos para ser observadas ¿más tarde?, puede ser, mas no es bueno dejar pasar lo que nos inquieta.

¿Qué es, decir más tarde, en la vida personal? A veces, es lo mismo que decir: -tal vez nunca lo haré-. Creemos que tenemos todo el tiempo del mundo, ¡si lo tenemos! si somos organizados en cuerpo y alma. Para poder realizar lo que de fondo hemos venido a hacer al mundo, la base de nuestras creencias debe regir y no titubear ante tanta confusión presentada por el mundo, que, en las altas esferas del pensar puede darse y manipularnos. Hay que tener en cuenta ese, pasearse del alma por el cuerpo, del que tanto hablaron nuestras madres, ya eso no ha de regir en la vida actual tan acelerada, todo se soluciona mejor con buena atención de lo que implementa para que la gracia permee al alma, o lo que es lo mismo poner cada cosa en su justo lugar. Puede costar muy caro anímicamente pensar que hemos errado un camino, como cuando sentimos que no nos hemos cumplido a nosotros mismos con lo que deseamos, pero no podemos olvidar ni por un segundo, que tenemos todo el derecho de optar, nada de lo vivido ha caído en saco roto, ni caerá. Todo es parte de ese encontrar la circularidad vital y necesaria. Saber qué es lo que vivimos y por qué se dan las cosas de tal o cual manera, siempre ayuda a soslayar los desencantos y los reveces se pueden llevar con verdadera dignidad.

  Lograr lo que sí en verdad nos es propio y valorarnos como buenos pensadores nos resuena en lo profundo, aunque a veces nos cuesta creérnoslo ya que lleva una buena dosis de trabajo mental activo. La adultez ayuda a no sentir tiempos perdidos.

                                                                    En el taller de literatura que nos conduce la psico/Filosofa Barrera, hemos analizado una obra de León Tolstoi que ha resultado muy interesante: -La muerte de Iván Ilich-.

Vale la pena hacer algunos comentarios al respecto por estos rumbos, porque precisamente Iván, el personaje (que tiene mucha inspiración en la vida misma del autor) resulta que se siente muy vulnerable cuando se da cuenta de cómo ha apostado a cosas superficiales en su vida, cuando se le presenta la enfermedad. Nota, que el tiempo de su vida se reduce. Entra en una crisis que le abate, creyendo que había tenido el tiempo del mundo para realizar las acciones como él mismo creía que era lo mejor y correcto y de pronto la duda llega: ¿He vivido lo que vine a vivir, he sido fiel a lo que en verdad es importante? O tan solo ¿He respondido a las demandas de una sociedad que se impone y que, si uno no responde, tambien vienen apareciendo ciertos remordimientos? La verdad, es que la vida es una combinación de ambos aspectos, como sabemos que alma y cuerpo están unidos.

Pregunta el autor cuando pone voz a Iván: ¿He vivido, o he cumplido?

¿A que nos referimos cuando decimos que se vive -una buena vida-?

Porque sí que hay una gran diferencia entre una vida exitosa y una vida auténtica.

Quien   persigue el éxito, quiere que no exista nada de pesares en ese camino, ni asuntos fuertes a resolver, como si parte del ser exitoso fuera que el sendero sea liso y llano. Resolver y sin sufrimiento, por favor. Se plantea mucho en la época actual, que el éxito equivale a mucha materialidad a disposición y eso ya es todo. Ante embates de este tipo es que el sapiens eligió seguir por las religiones, para saber que cuando la vida demanda más allá, tambien podemos responder adecuadamente, más aquí. Tener las herramientas internas para realizar lo de afuera, eso que vivimos cada día y que parece trivial y afecta al todo.

Sí, se vale de pronto cuestionar toda la existencia personal. Somos humanos no maquinas robóticas, y es afortunado quien en su sendero ha puesto el conocimiento de la religión, y regresar, exacto como le paso al personaje Iván Ilich, nos podría ocurrir. Cuando se vio tan vulnerable, se preguntó en lo interior y se dio cuenta que tendría que retomar lo que él conocía y que había soltado por meros caprichos.

Cuando la muerte se puede ver de cerca, es la existencia la que se vislumbra como importante, en poco tiempo bien conducido podremos encontrar la gracia para dejar este mundo y tener claro que no solo hemos cumplido, tambien hemos vivido. Se dice que a muchas personas se les revela la existencia justo en ese momento, en que la muerte toca a la puerta.

Este hombre que se refugió en el trabajo toda su vida para satisfacer las demandas de la Rusia social de su tiempo, de pronto se siente vacío. Como hundido.

Si nos vamos por el camino de hacer todo lo correcto, estaremos tambien atentos a que eso se asiente en una base de la esencia de nuestra persona, ¿qué misión es la importante para que lo correcto caiga en terreno fértil y la vida se pueda percibir como un proceso que propone? Lo que implica hacer de ambos lados: estar en el mundo, y ahí mismo tener la certeza que lo interno, está bien claro. No solo lo que nos exige a cada paso lo social, sino lo que alimenta al alma. El final puede ser un cierre con bien siempre, tambien se puede cerrar la vida, siendo creativos. Cerrar es algo natural, solo que, si la vida se ha desarrollado dando gusto a otros, pues es claro que de pronto nos podremos ver cómo sin nada tenemos entre las manos. Sabemos los cristianos que el infinito divino existe, y que tiene todo que ver con el tipo de vida que se lleva. Es falaz (como se creía antes con frecuencia) que no pasa nada si se da vuelo a la hilacha, para confesarse en el último momento. Eso es un absurdo.  Lo que se ve así, permite hacer una analogía con el idioma: las palabras pueden estar ahí claras, pero no resuenan en nuestro interior de la misma manera.

Cuando las máscaras caen ante los momentos duros de la vida, surge una claridad estupenda. Claro que al que no ha vivido con la lampará encendida pues le costará mucho más trabajo ese redimir al ser, para vivir mejor o para despedirse. Si hemos vivido una vida de bien, una vida con acierto, sabemos que es normal cerrar y observar la luz clara antes de cerrar la última puerta. El infinito nos espera a todos.

Cuando vivimos el término piedad, nos estamos refiriendo a una total presencia de la divinidad en nuestro ser, si eso lo entendemos así, esa piedad sin pietismo falso, nos entrega la fuerza del Dios en el que creemos, y nada tememos. Iván lo logró comprendiendo el sentido de la luz. Magnifica narrativa, León Tolstoi lo dice claro.

El alma humana tiene necesidades puntuales, pero si nos hemos tardado en darles cause con la vida que llevamos, pues es seguro que habrá temores infundados al final. Como le pasó a Iván.

Hay una gran diferencia entre la decencia interna y la rectitud interna. Ser rectos, no siempre es parte de ser decentes en el interior del alma. Como hoy día se está dando la propuesta de la eutanasia, se cree que es actuar rectamente con el ser que sufre y es bueno ayudarle a irse, habría que tener claro si se está más con un asunto de miedo en la acción de quien tiene que acompañar al moribundo y surgen pesares confundidos con dignidad.

 No hay nada de obtuso en acompañar al que sufre y darle paliativos a un moribundo. Es muy diferente a creer que es más digno propiciar la muerte. Hoy día ya hay adelantos médicos para el dolor físico, muchas más que para el dolor espiritual que es tanto o más importante y saber cómo acompañarlo. Se dice: Muerte digna. ¡Todas las muertes son dignas!

¿Se dice nacimiento digno?

En lo personal nunca lo he oído. Entrar, como salir del mundo lleva dignidad. Claro que, de índole diferente, pero son actos del ser humano por su naturaleza. No hace mucho escuche, que se está considerando que en las salas de parto hay mucha violencia por parte de los que están recibiendo la nueva vida, y eso sí es remediable. Los modos, que son cultura viva, nos permiten hacer de la vida humana algo mucho más digno. Al partir, al morir, estamos es un nacimiento que cierra una vida, abre otra. ¿Por qué habría de ser indigno? a menos que se quiera apurar una etapa que no se pueda sustentar con adecuada ayuda humana y médica. No dudo que haya muchas cosas de las enfermedades terminales que no se puedan dar con total perfección, pero el ser humano no es perfecto, digno sí que lo es, siempre. Tema espinoso, que habría que analizar.

En la novela de Tolstoi, se logra dar un sentido al sufrimiento. Se deja claro que ahí mismo está la dignidad de saber que no es que el que sufre sea masoquista, sino que se puede palear el momento. Iván vio la luz clara dos días antes de irse.

La religión no es para hacer buenas personas, per se.  Es una acción dirigida a la profundización del alma, al vivir agradecidos y que nos de eso mismo la paz que mucho nos roba la banalidad. claro que todo viene junto con pegado, porque cuando se profundiza en el ser y en el sentido del alma, pues es lo más normal que la persona tenga buenas acciones, en lo material. Existe mucha gente que practica la religión y aún no sabe el camino del ser buen ser humano completo.

Existe el termino en nuestro idioma de cobardía ética. Se refiere a que la vida no es un contrato comercial de toma y daca. Como si dijéramos, te doy y te quito.

El antojo en la vida está ceñido a otros ámbitos, la vida lleva un consenso de divinidad interno que no se soslaya. ¿Como miramos? ¿Como decimos? ¿Como afrontamos? y ¿Como vivimos?, todo cuenta.

Se cultiva la esencia interior de cómo observar lo que es bueno y lo que es malo. El mundo de hoy ha confundido mucho los entendimientos dignos de la verdad, mediante el relativismo que vivimos. Tal parece que la vida humana ya no cuenta en toda su integridad anímico/corporal.

Tambien existe una corriente denominada El Buenismo, o lo que es lo mismo confundir el bien como si fuera de dientes para afuera, de acciones en la vida que aportan bienestar, pero que en lo interno no se está valorando el acto como algo que determina al alma humana. Como si el alma solo fuera un concepto religioso y no una realidad que habita al ser vivo en su totalidad.

Las situaciones límite (término acuñado por Karl Jaspers) las vive todo ser humano y son parte de la vida. Tambien existe todo un estudio de la filósofa Hannia Arendt, quien se dedicó a estudiar todo el fenómeno del holocausto perpetrado por los nazis. Ella descubrió con total metodología y dedicación, como los hombres que estaban al servicio de Hitler, eran personas consideradas buenas, trabajaban con honestidad en sus puestos burocráticos y eran inmejorables como familia y parte de lo que creyeron era que, a las demandas de los altos mandos, era solo responder. No hubo posibilidad de análisis de lo que se proponía, el deber cuenta más por momentos, la mente se anestesia.  

 No fue hasta los juicios de Nuremberg, que hubo respuestas tan tristes, como decir: Lo hice, porque ese era mi deber, eso se me demandó. Descubrir la dimensión espiritual no solo es asistir a la misa. Nunca dejar de crecer en el interior del ser, porque así lo diga la ley o un ser que rija la vida social y profesional, no siempre es totalmente cierto. Lo espiritual, no es una cosa que uno aprende como a sumar o restar, es una acción que cuando invade al ser, el alma se hace presente, se le siente, se le vibra y se le continúa cuidando para crecer. Por eso existe la confesión en el cristianismo, en la iglesia católica, redimir con ayuda. (Continuará).

 

 

 

 

 

 

 

viernes, 24 de julio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (11)

                                                                El sexo era tabú, los muertos eran tabú; todo estaba demasiado reprimido para manifestarse claramente.

Quentin Bell.

                                                                          Es muy importante saber el sentido que contienen las palabras, sea que se observen solas, adjuntas a otras para dar significados específicos en las frases, o como parte de todo un contexto. Todo este conjunto del léxico humano se asienta en la realidad, y viene de ahí mismo. Los lenguajes no se inventan, obviamente llevan mucho de imaginativo, mas de fondo están asentados en el alma humana que los crea y en las culturas que les dan vida propia. Mucho es lo que han estado develando los nuevos estudios lingüísticos dentro de la Antropología, lo más preponderante es saber que la lengua no es externa al alma de un pueblo, le define. Para darnos el significado verdadero que contiene cada palabra, se necesita atención. Algunas veces no hemos comprendido por qué siendo la misma palabra tan solo diferenciada por una -c- o una -s-.  La lingüística es fascinante, nos dice que hay mucho más que averiguar al expresarnos y más que nada al escuchar, eso es refinar la cultura. Esos modos con los que nos expresamos crean o destruyen vida, dicen de más o expresan de menos. Por delante lo determinante de la entonación. Sí es un deber estar atentos a los devenires interpretativos que interpelan y afectan al ser, a lo social.

A principios del siglo pasado sí era verdad que aún no se entendía la sexualidad humana con todo el devenir que luego nos trajo, así se vivía, podríamos decir que, a medias con la interpretación. Se daban casos que sin decir nada se decía todo. Mucho podría estar distorsionado, porque a veces la costumbre es más fuerte que la realidad pensada. Los silencios tambien son creativos, mas hay casos que perjudican mucho.  Es un hecho que el silencio tiene su propio valor en la cultura, de alguna manera puede crear dolor y en otros casos puede abrir espacios a mejores entendimientos. Ese justo medio se va logrando con atención.

 Cuando hay que expresar, es buena la precaución y el recato y así obtener en la mente la palabra justa y necesaria.  Precaución, naturalidad que se da con práctica.  

Si ahora nos podremos vanagloriar de que hemos avanzado en muchos aspectos tecnológicos, no hay que creérnoslo tanto, porque si sigue habiendo muchos asuntos mal entendidos en la comunicación y expresión humana.

El aspecto de la sexualidad ha sido una verdadera conduerma para el género humano. Por un lado, bien llevada une de maneras positivas y eternas a los seres que la conciben como un medio del amor humano, pero, por otro lado, es claro que, aun siendo parte tan natural y digna de la especie humana, si está mal encaminada, se pierde la esencia de humanidad que contiene. Uno debe saber que las acciones tan arraigadas de nuestra naturaleza humana cumplen funciones, no las que a nosotros nos dé la gana que cumplan o creamos que han de cumplir, sino con ideas que han de ser fundamentadas, y así puedan ser parte creativa que une. La vida se afecta cuando las acciones no se entienden en el real sentido. Toda acción humana se asienta en el alma y con lo anímico, no se juega.

Nos dice Quentin Bell: -Vanessa, consagrada como estaba a su hermano, y demasiado reservada para discutir un punto que se relacionaba con su propia vida emocional, debió de alcanzar el nadir de su desesperación-. El nadir… ¡que bella palabra! misma que se refiere a un punto diametralmente opuesto a la centralidad del globo terráqueo, si lo extrapolamos al sentimiento humano, vemos que se refiere a ese punto cuando nos sentimos que estamos en lo más lejanos de nuestro centro.  Nuestra centralidad es sagrada, y siempre ha de hablarse lo que no está claro. El joven escritor al hacer la biografía de su tía y de su propia madre, deja claras estas situaciones que él mismo notaba en evolución. Sí es un hecho, que de generación a generación los conceptos cambian y es lo deseable. No es nada fácil asumir lo que se quiere decir de nuevas maneras, mas hay que hacerlo.            

Las jóvenes Stephen iban buscando vivir una vida más realista de la que habían vivido sus propios padres. No les fue fácil a ninguna de las dos, mucho menos a Virginia acosada por una bipolaridad que aún era innombrable en esas épocas. Fue así, que sintió bajo cada célula de su cuerpo ese latir nada armonioso de la mente. Tenía que leer y escribir en el cuarto que se consideraba de los niños, ni soñar que tuviera una habitación propia. Es por eso que así nombra al texto en donde nos hace a todas las mujeres de tiempos más renovados, el favor de enfocarnos en lo valioso que es tener un espacio personal en donde nos podamos expresar.

-Al igual que Vanessa, Virginia se vestía teniendo muy poco en cuenta la moda, - Nos queda claro que esa parte no había despertado aun la fuerza de las tendencias actuales, que por un lado nos han facilitado el vestir mucho mas casual, pero por otro se ha exacerbado el asunto del comercialismo. A principios del siglo pasado cuando ellas vivieron,  había mucho menos gente que tuviera como centro la mente pensante, se vivía mucho mas por las inercias sociales. Se despertaba apenas la sed de saber, para ser mejores seres humanos. Los estudiosos tenían temas puntuales que apenas comenzaban a permear al gran grupo. Lo que vivimos hoy día como resultado del tremendo desarrollo industrial, para estas jóvenes, nada que ver. Ni soñar en tener ese acceso a la vida más fluida que es la parte positiva de la comercialización, aunque a la vez sí que hemos visto excesos y discrepancias.

Ellas, tenían qué asumir la parte obligatoria de actividades sociales después del mediodía, la agenda social de las familias inglesas que se consideraban en ascenso, era tema central, y agobiante. Se daban los tés en las casas, las visitas llegaban como si nada y como si todo, porque era una costumbre esa de pasar la tarde en plena convivencia. Las dos hermanas lo resintieron, a ninguna le parecía el mejor modo para convivir y es claro que encontraron otros caminos.  Proclives a la búsqueda de sus inclinaciones personales con entuertos familiares a cuestas, como el acoso de su hermanastro, que hasta las veía como promesas para los matrimonios arreglados por él mismo.

En lo personal, que nací a mediados del siglo pasado, tambien me tocó ver parte de esas costumbres aquí en el terruño. Me daba cuenta que la vida social solía ser como una parte que no se podría obviar, aunque si se podría logar el espacio personal si uno lo iba teniendo claro. En lo personal, no era tan organizada en mi juventud, ya la disponibilidad de los tiempos personales se fue dando más claramente en la adultez.

Llevar paz a la percepción básica y de asiento de la vida, no era prioridad. Sí teníamos que asumir actividades no tan deseadas, era lo primero y lo mas molesto.

Como decía Mafalda… ¡paren el mundo que me quiero bajar!, si lo observamos bien, es muy fuerte lo que proponía Quino con ese texto, pero era real. Y, no es bajarse del mundo, sino como dice mi marido, -si es bueno bajarse del carrusel de las demandas absurdas de la vida común-.  Encontrar el espacio personal es un don. Con el devenir de los tiempos se fue haciendo más y más necesario ese centro del ser, algunos hasta han tenido que migrar para obtenerlo. 

El trabajo con la presencia de ánimo necesaria iba dándose con la comunicación. Habremos de aceptar que se vino a postular, pintándose y dando nuevos colores, con teorías de espiritualidad que no todas eran verdaderas, así como de libros que hablaban mucho más claramente de la mente. Lo mental, tambien se presentaba como un tabú. Ni que decir de visitar a un psicólogo para aclarar dudas, ¿No está ahí mismo el sacerdote para eso, se nos decía?, mas los sacerdotes empezaron a escasear, mi madre estuvo internada varias veces por temas de salud y me pedía la visita del padre, del presbítero, y me era difícil encontrarle cerca.

Las lagunas de la vida misma se hacían mas insondables y hondas, y en verdad que poco a poco esto se fue haciendo más evidente. Entra la parte relativa que nos fue ganando la partida. El consumismo vio la oportuna medida de plantarse con el pie derecho, asentarse como un bien ineludible, si no compas, no existes.  

Hay una frase de Virginia Woolf que me impacta, cuando dice:

-Buenas noches, buenas noches, ¿viene por ahí-?

-Lo siento, voy por allí-.

Se nota tan sencillo este diálogo, como si nada, pero veamos como deja claro el respeto de que no es obligación ir por los mismos caminos, aunque si se estaba perdiendo el concepto absoluto de las verdades del mundo. Es por eso que es fascinante que los jóvenes de hoy, quieren saber mucho mejor y con claridad.

Quienes optamos por la vida matrimonial, asumida con todo lo que trae, ya teníamos para dar y para repartir. Ni cuenta nos dábamos de que ya venían las generaciones detrás de nosotros, con nuevas miras. El cómo percibir que se abrían opciones dignas, que los jóvenes ya las toman según sus intereses y esencia.  Algunos lo harían mucho mas consientes y otros solo por inercias, y es por eso que vemos tanto divorcio. Así, comenzamos a ver que lo que en épocas de nuestros padres era algo menos visto el divorciarse, poco tiempo después ya se comenzaba a dar como agua va, los matrimonios no durarían. Y los cambios no son por otra cosa que para crear nuevos ajustes. Hoy día ya se elige con la conciencia.

Las dudas en la iglesia misma que había dado centralidad a la vida de nuestros abuelos, creo yo que se terminó de resquebrajar, desde mediados del siglo pasado. Era claro que no estaba tan evidente el sentido de practicar, lo religioso tambien está con cambios de centro.

Me llegué a preguntar ¿Qué nos significa la lucidez? ¿Será que cada ser acuña la suya propia?, ¿Por qué ya no se puede uno cerciorar de que el devenir esté marcado por los valores eternos? La verdad, es que la iglesia si se durmió en sus laureles. Hay varias teorías al respecto dentro de los estudiosos de la teología, una muy fuerte es que nos vimos rebasados por las practicas mas movidas y llamativas y olvidamos la centralidad del fortalecimiento del alma, que es la esencia de la cristiandad.   Jóvenes de la generación de mis hijos, si lo están averiguando. El hecho era que ya no respondía la institución y se dejó de creer en sus lineamientos.  Ni los que fuimos educados en esos temas, conservamos la certeza de que ahí se encontrase la respuesta. Todos los que nos hicimos profesionales, creímos en demasía en la ciencia, y encontrar ese justo medio, toma su tiempo. La vida sí que es circular.

El garbo, con el que se puede llevar la vida y la existencia misma que es más profunda, sí que está asentado en la lucidez que nos alumbra, no es gratuita. Habremos de entender el sentido de la gracia. Solo es trabajo personal, el del espíritu y no se vende con recetas en la farmacia, porque por más que a uno le puedan decir…misa… ahora sí que hay que tener claro el camino que se elige.

¿Cómo se le infunde al ser, el aliento divino, ese que en hebreo se nombra tan bello con la palabra, Ruah? ¿Como se hace para que permee al ser real, que nos habita?

Ante todo, nunca dejando de responder lo que el interior nos pregunta. Yo sé, que hay seres que nada tienen que preguntar (se), porque sí logran que la vida se perciba redonda viviendo vidas cómodas y bien llevadas con las materialidades que hoy marean al mundo entero, lo entiendo perfecto. Lo vemos a nuestro derredor, el relativismo solo nos habla de vidas cómodas, sin nada que resolver de fondo como si fluir fuera tan sencillo. Fluir, es encontrar el camino de nuestro ser, no es tan solo dejar que la vida nos lleva a su aire. Llega un pesar, una discrepancia, un revés de la vida y nos sentimos morir. Se nos olvida que en la adversidad siempre hay vida.

Hablé en estas épocas releídas, de que habría que sentir gratitud por lo vivido y eso nos daría un asiento de paz. Aun no lograba visualizar que esa paz verdadera no está en practicar una sola virtud, y mucho menos en sentirla, hay que hacerla parte de la verdad. Entender todo el marco virtuoso de lo que propone la religión católica, no es sentimiento, es acción realista.

Por estas fechas compré la idea de que los productos con gluten me estaban haciendo mucho daño. Modas van, modas vienen. En verdad que llegué a creérmelo. Me queda claro que es algo muy fuerte cuando es parte de la realidad de la salud de alguien, pero en mi caso era tal vez una menor intolerancia. Tuve malestares porque he padecido del intestino siempre y eso traía algún tipo de migraña, mas las que yo viví en realidad eran de orden hormonal. Leí mucho al respecto, me daba cuenta que aun con las migrañas tan fuertes, no era el gluten.

En los dias de fin de año de 2012, fui comprendiendo muchísimas más cosas con claridad. Tuve la oportunidad de hablar con un médico que me dijo que a veces si es un hecho que el trigo hace daño, pero que no era en realidad lo de mi caso. Volví a las harinas obviamente con cuidado y hoy día las de la modernidad de masa madre, ya nos invadieron. Tener cuidado, moderación.  A menos que sea un asunto de salud insoslayable. El ser humano, dentro de lo que ha averiguado la ciencia antropológica, es la criatura que gracias a la adaptación ha permanecido en el mundo, así que esa palabra es y seguirá siendo la clave humana.  (Continuará).