miércoles, 22 de abril de 2026

 

Reseña de viaje.

Primer momentum.

Nueva York.

                                      Nueva York, siempre es un buen destino.

Re Otero.

                                                Es indudable que siempre es bueno hacer planes, mucho más, buenos planes. Íbamos a salir de la ciudad en la que habitamos y todo estaba listo. Siendo que nuestra hija es organizada con todo el detalle que le caracteriza, esta aventura para los tres, ella, su padre y yo misma, ya estaba en la sala de espera tan solo para la fecha acordada.  De pronto ella llega y me dice: -hay cambio en el itinerario de inicio, nos vamos dos días antes de lo dicho, los aeropuertos de los Estados Unidos están en huelgas y las colas para entrar se pueden prolongar más de lo esperado-, en silencio le miro, asiento con la cabeza y de inmediato le hago caso: hay que apurar un poco lo planeado. Ella con tremenda experiencia de viajar, (su trabajo de los últimos años se ha dado con algunos viajes) sin duda tiene razón y la razón va con el orden. Así es como cambia el destino, en un tris.

El destino terrenal al que nos dirigimos requiere tres escalas, es así mismo que habiendo pensado en un solo día abarcar todo, (sí era posible si salíamos de Mérida muy temprano) preferimos más tiempo y calma. Houston Tx., en ese mismo día seria Nueva York y en la noche tomar el vuelo nocturno a Edimburgo (en donde estaríamos unos seis días) era una locura y lo mejor fue estar con más tiempo. Lo que trajo el cambio fue ¡mucho mejor!

Logramos pasarnos una mañana de preámbulo maravillosa (y casi hasta parte de la tarde) en un área de Nueva York que solo ella conocía mejor y nos podría llevar como en la palma de la mano. Así que aceptamos, irnos dos días antes y tomar todo con esa presencia de ánimo que aporta. No nos gusta correr cuando no es necesario y justo fue lo que sucedió. Temprano, después de haber dormido cerca del aeropuerto de Newark, nos encontramos con una mañana de finales de marzo con temperatura de esas que hay que respetar: dos grados. Bien enfundados y tapados, tomamos el Uber y ahí estamos frente al rio Hudson.

La parte conocida y remodelada llamada Little Island se encuentra a la vera del rio que da nombre a los Hudson Yards, toda esa área retomada y traída a nueva vida para los neoyorquinos. Un pequeño parque con total acierto arquitectónico y que invita a muchos instantes de vistas diversas, que congelan la mirada, no solo por el clima sino porque uno logra apreciar esos lares de subidas y bajadas bien pensadas por una arquitectura muy lograda. Con entramados de madera en sí mismos hermosos se siente todo muy acogedor aun estando al aire libre, permiten que la mirada de pronto vea el rio desde diversos ángulos, adosado todo con bella y natural jardinería. La primavera, ¡ya está aquí! mas algunas flores aún se toman su tiempo. No todos los arbustos están activos en floración, algunos, dice un letrerito por ahí: -cuida los arbustos, están en descanso-. Aun descansando, un matorral tambien puede ser bello con ausencia de flores, tiene mucho que ofrecer sin ellas, porque abundan troncos de diversos colores. Ante todo, lo que aprecio son las texturas y ni qué decir los coloridos. En estos días más bien hay floración blanca que se nota en pleno desarrollo, acompasada de flores de otros tonos, amarillos, lilas y pequeñas florecitas rojas y rosadas que apenas asoman la nariz ante tanto frio.

En la entrada, una explanada bastante amplia recibe a todo ser que se ejercita, que camina a su perro o que simplemente como nosotros, vamos a dar el paseo. Uno se puede extasiar viendo a las gaviotas, les han dejado una serie de pilotes de madera maciza de los antiguos muelles y cada una en su propio madero se regodea con los vientos y total dignidad, como diciendo -aquí estoy he amanecido en mi casa-. Solo con gozar del bello colorido verde pardo y casi en tono seco del rio, los ojos se sitúan en la fijación elegida. Grandes edificios más allá, que en unos minutos iremos a disfrutar en caminar amplio.  El rio Hudson no hace tanto movimiento, mas las ventiscas están en estos días al por mayor, se forman pequeños reductos de olas blanquecinas como si corriera el agua por la superficie al compás del aire helado. Un poco de solecito por aquí, unas rampas que invitan a subir por allá y en los caminos de pronto se aparece una pieza de arte expuesta para el deleite de todos, es así que elegimos sentarnos un rato y observar, es un círculo en blanco y negro de Op art, que se deja admirar en un rítmico movimiento como caleidoscópico.

Hay ciudades de las que no importa las veces que uno vaya, con una sola bastaría para desear volver. Eso mismo pasa con la ciudad de Nueva York, con un dinamismo que obliga a parar el paso a cada instante y solo con voltear la mirada el paisaje urbano junto al rio es cautivante, detenerse y mirar todo el conjunto o tal vez una sola flor, es obligado. En realidad, es de esos destinos en los que uno siempre va a encontrarse con el asombro bien puesto, tanto en los pies y piernas para las buenas caminatas, como con la mente abierta para el gozo.

                                    Habiendo recorrido casi todos los reductos de las islas artificiales, salimos con calma hacia los bordes de este espacio y nos encontramos con una placa muy significativa, tiene la foto del Titanic y ahí mismo se explica: Aquí bajaron los 710 sobrevivientes del naufragio. Es emocionante pisar ese suelo, pensar en esas personas que tuvieron una siguiente oportunidad.

Nos decidimos adentrar en la urbe, pasando por el museo Whitney que, aunque todos lo conocemos, siempre invita. Vemos algunas cosas de ahí casi a vuelo de pájaro y nos sentamos en plena escarpa en unas mesitas muy coquetonas de color verde limón subido y que invitan a un momento en el camino para organizar la mente. El señor mayor marido y padre respectivamente, es gran compañero por ser un buen caminante, mas no permite dejar pasar unos croissants que vio por ahí, así que mientras ese deleite se le da, nosotras armamos el plan mejorando tiempos. Hacemos el recorrido elegido logrado con la compañía de un solecito muy agradable, el plan de las pocas horas de que disponemos. Re, literalmente manda el juego, y nos conduce con acierto porque hoy día el celular no solo manda mensajes… ¡nos cuenta los pasos. Aunque Ud. No quiera. Un poco más allá está el siguiente destino, caminar toda la franja elevada de los Highland, que son jardines en alto, rectos porque siguen una antigua vía de ferrocarril que se cerró. Se notan ahí mismo las vías llenas de floración y colorido. Mas piezas de arte callejero que son esplendidas y que nos permiten entrar a un recodo y admirar silenciosamente, el gozo en la mente está vivo de tanta expresión de arte.

Creo que, al salir a cualquier destino, es la percepción de un estado de alerta el que mejor nos indica como vamos y a donde. La gente camina a diferentes ritmos, las carriolas de bebés, los niños de vacaciones correteando, los perros que nunca faltan.

Y como bien dice María Dolores Pradera -A trotecito lento- o más bien a pasito pausado, recorremos el camino-.

Los neoyorquinos que viven en estos rumbos de la ciudad despiertan muy temprano, me da la impresión que es un distrito más de jóvenes, esos emprendedores que ya encontramos en todas partes. Salen a ejercitarse y pasear a las mascotas, perros de todo tipo y color, llevados con una correa las más de las veces, aunque nos tocó ver animales educadísimos y sin correa que caminan fielmente ahí junto a su compañero de carrera.  Poca ropa necesita el joven aun con tan bajas temperaturas, nos queda claro que están hechos de otras percepciones y fortalezas que solo dan los lugares en los que uno se adapta. Quien vive en lugar frio sabe su cuento, porque aquí encontramos al paso a algunos hasta con tan solo una T shirt. ¡Tremendo el frio!

Lo primero que se disfruta muchísimo es la concepción artística/arquitectónica de la ciudad, de eso en estos lares no queda duda. Lo que se planea con enormes explanadas para dar la perspectiva deseada, y claro es tan valioso el espacio que en otros sitios los cristales se vuelven reflejo de lo que tienen ahí mismo cerca. A los lados de cualquier avenida siempre se puede apreciar algún elemento artístico, así sea un letrero bien logrado, un color bien aplicado en los edificios. En la avenida que da la entrada a este reducto, hay en el rio cercano una serie de pilotes que tal vez fueron de un muelle muy importante antaño y que han sido dejados como parte del paisaje. 

El experimentar una ciudad es como cuando se cocina algún guiso: Lleva los mismos ingredientes y tan solo se adereza con la mirada personal. Nuestra hija ya había estado con más calma en esta área de la ciudad, así que con toda seguridad y con los medios electrónicos de hoy día nos fue guiando los pasos mientras comentamos lo que se va apareciendo.

Cuando uno abre el alma con la percepción elegida, se da un gozo muy personal.

Nos tocó un día muy despejado, el sol matinal se refleja en varios reductos del rio y así comenzamos a avanzar, llegar a la 5ta avenida ¡es obligado!

La mayoría de las plantas en el sendero alto tambien están como de descanso. Aunque el invierno propiamente ya ha pasado en este momento del año, las plantas esperan su nuevo ciclo primaveral.                                                                     

 Varias cosas llaman nuestra atención, ya que desde arriba se puede tener diversas perspectivas, el flujo intenso de vehículos, así como al voltear a otro lado la mirada es atrapada en una obra de arte ocupando todo un lado de enorme edificio. Pequeñas esculturas en jardines bien cuidados a veces con el nombre del autor o autora, a veces nada. Los edificios aledaños están en algunos partes habitados, así que ellos con vista privilegiada y los transeúntes podemos ver las decoraciones interiores esplendidas.

La vivencia de pisar por primera vez un sitio es verdad que nos cambia por dentro, solo al viajero mayor, mi marido, le faltaba dar esta caminata, porque Re y yo ya la habíamos dado antes, tengo primas muy queridas en la ciudad y ellas en años pasados nos llevaron.

Una vez que disfrutamos en espacios bien logrados ya no volveremos a ser los mismos seres de antes, este es el secreto de la buena arquitectura, y como decía mi padre: -que el espacio te sorprenda-. Y, sí que hay sorpresas, porque aun habiendo estado, uno lo siente renovado. El celular buen aliado nos permite capturas varias.

Decidimos hacer esta brevísima escala en nuestro viaje, porque no nos gustan las carreras, y así era mucho más descansado el inicio de esta aventura que terminará en Irlanda, pasando por Edimburgo.

Toda la remodelación de esta área de la ciudad superó mis expectativas. Continuamos, al bajar de los jardines altos a la calle, tomamos la que nos conduce a conocer el edificio recién estrenado llamado La Vasija, es decir The Vessel. La caminata para llegar a la explanada del edificio Vessel, la llevamos pausada y compartiendo enormes escarpas escalonadas que, para mi sorpresa bastante limpias, aunque no todo está así y eso es triste. Vessel es toda una novedosa construcción que tiene la forma de una oruga, (al menos eso me pareció a mí) nos comenta Re que hay quien hasta lo ve como la forma de los trompos de carnes que se arman en las taquerías mexicanas. Es por eso mismo que nos encanta saber que cada cabeza, sí que es un mundo. Cada quien ve lo que quiere, pero lo que no se puede soslayar es que es muy diferente y moderno, un mirador de destellos cobrizos reflejando los edificios aledaños.  Como quiera que se le llame, su forma es muy interesante y novedosa.

 Después de comer por esos rumbos, nos dirigimos a tomar un postre en el Starbucks de la Quinta, pletórico, tan lleno que apenas cabe un alfiler; es claro que hay muchos noveleros como nosotros que queríamos estar en ese mismo y exacto lugar, porque a decir verdad es lugar preferido de muchísimos jóvenes hoy día. Nosotros, los tres, amantes del buen café siempre elegido en nuestra ciudad más bien un frapuchino, hoy lo que todos elegimos fue uno bien caliente, -por favor y con leche de coco-. Pensando que ante el gentío de los días de asueto no encontraríamos lugar, el destino siempre tiene un secreto bajo la manga y esta vez nos tocó por algún albur que se nos despejara en el momento exacto un tremendo ventanal de límpido cristal por el lado de la avenida lateral, veíamos el cruce. Viendo las dos calles disfrutamos de otro rato de observancias, literalmente para dar un vistazo de pájaro y caminar un poco por ahí. Sentados tras el vidrio enorme que nos separa de los transeúntes uno puede apreciar a cada ser en su ser, es decir el que camina despacio, el que va de carrera como si la vida misma se le escapara, otros cuidando niños que corretean ya que es en realidad un aglomerado conjunto de seres tan variados, que impacta. Tipos de peinados exóticos, así como mujeres rapadas, niños que gritan, padres que cuidan y nosotros que nos tomamos el postre para poder tener la energía de continuar. Si, a solo unos 300 (trescientos) metros de ahí vamos en busca de un parque, el Parque Bryant. Ya localizado lo gozamos desde la acera de enfrente y poco a poco llegamos a la esquina para atravesar, hay que descender por una pequeña escalinata y sentarse en alguna estratégica banquita porque los reflejos de todo este sitio se duplican en los espejos de los edilicios que lo circundan. Muchísimos árboles aun secos, pero tremendamente artísticos con sus ramas desnudas al viento, negras algunas, otras más verdosas y algunas más bien blancas. De pronto en pequeños reductos y fijando la mirada uno puede observar un retoño que pronto solo dirá, -aquí estoy-. La capacidad de los árboles en esos entornos tan urbanos siempre me ha asombrado, el otro día escuche que más que alimentarse del suelo o del agua que a veces escasea, ellos tambien toman su alimentación del aire, asunto totalmente asombroso y vaya que se estarían alimentando porque el viento sopla ahí, sin pena ni gloria.

No queríamos volver muy tarde al hotel porque tendríamos que reorganizar todo para nuestro viaje trasatlántico del día siguiente. Saldríamos en la noche, pero como hay que llegar temprano a los vuelos y más si son de 8 (ocho) horas o más, pues tiene lógica. Conmigo siempre va un pequeño librito de mandalas para colorear y ahora mi asombro es que en las salas de espera renovadas de los aeropuertos y hoteles hay mesas comodísimas (de las que las sillas están fijas en el suelo, y que bueno porque seguro habrá ociosos cambiándolas de lugar) en donde uno conecta el celular para esperar que se cargue, y yo cargo energías sacando mis colores que llevo bien escogidos en una sencilla y pequeña bolsa, ahí dentro de lo de mi bolso personal. La encargada de todos los checks es la Re, no podemos tener mejor acompañante, me sentí segura todo el tiempo y agradecida, porque esos menesteres son fuertes hoy día, ya que todo es digital, casi hasta las maletas ya las quieren convertir en hologramas, ¡solo eso nos va a faltar!.

Hora de la despedida de la gran ciudad. Mientras vemos a algunos citadinos volver a sus casas departamentales ahí cerca del parque, pedimos el Uber que en menos de que uno cuelga el teléfono ya está esperando. Decir adiós a todo este circuito y haber entendido que a veces los cambios vienen para mejoras, es un hecho palpable.  Salimos a Edimburgo al día siguiente. (Seguiré con la reseña de los otros sitios).

 

 

Edificar, el día a día. (18)

                                            El verdadero castigo es nuestra libertad.

Jean-Paul Sartre.

                                            Aunque la frase que se considera más famosa de Sartre es -El infierno son los otros-. La frase con la que doy inicio a este texto, para mi es mucho más drástica y contundente. No la tomé del texto directo de él, y de plano hasta me queda la duda con respecto a ese asunto de andar atribuyendo frases así sin ton ni son a los autores literarios más famosos, habrase que confirmar de buena fuente, porque es tanto lo que se escribe hoy día, que lo fake está en todos lados. La haya dicho o escrito o sea en realidad una mentira total, de todos modos, habremos de comentar qué es esto de ¿la libertad?

El diccionario de la Real Academia de la Lengua nos dice:

-Facultad natural que tiene el hombre de obrar de una manera o de otra, y de no obrar, por lo que es responsable de sus actos-.

¡OH ¡Dios, vámonos con tiento que estamos de prisa!

La libertad ante todo está muy unida al don entregado solo al homo sapiens, el de tener ese libre albedrio profundo, que tanto nos ha dado para bien y para mal.

Ante todo, hay otra consideración que no podríamos dejar de lado: eso de la libertad nos la hemos creído de más. La verdadera responsabilidad está asentada en los razonamientos que nos son propios, que cuando son parte de nosotros genuinamente, es seguro que los tendremos mucho más claros, aunque nos encante meternos en camisetas de once varas. El poderse ocupar en asuntos de otros congéneres no es libertad, y eso es lo que se ha dado de más, o hablando claramente el hacer esas malas interpretaciones que solemos hacer, a modo, y ¡cuidado!: el chisme entra en esta categoría. Eso del libre albedrio se entiende a veces muy poco, se nos otorgó para las acciones que proponen y luego nos hemos creído que, al tenerlo como parte de la naturaleza humana, podremos hacer con él lo que nos venga en gana.

Responsabilidad en los actos… nos aclara la definición, es en donde se asienta la verdadera certeza de lo que nos toca hacer, porque sí que es un hecho que aprendemos a ser responsables desde temprana edad, al niño con el nivel de edad que tenga, se le conduce para su propio bien por el camino de que todo acto tiene consecuencias, ojalá todas fueran positivas siempre. El hecho real es que esto no es así, a veces los entuertos nos los procuramos nosotros mismos.

Lo más interesante que se le atribuye a Sartre es que diga que es como un castigo, el ser libres. Podría ser muy factible que sí fuera suya la frase, por la corriente filosófica que él mismo desarrolló y que sabemos es el sentido del existencialismo que es más drástico y con tonalidades negativas, un tanto es como si fueran parábolas sus frases, que confrontan al ser humano. Sabemos que hay otros filósofos que no son tan drásticos y tambien están en esa corriente existencialista que propone ante todo que la existencia es lo único que tenemos, pero en un tono más positivo.

A tener libertad se aprende, así que no es el gran regalo al ser humano poder decir: Somos libres y ya. Hay todo un proceso personal, es claro que la libertad está determinada por el ser de cada persona, porque el asunto no viene con manual de instrucciones, (ojalá fuera así) nos ahorraríamos el camino de experimentar y de ahí acatar lo que en realidad nos es positivo. Es comprender que al ser seres pensantes tenemos mucha responsabilidad, mucho más que todos los demás seres de la creación.

Los humanos, tendemos a ser demasiado confiados. En la era actual eso se ha abatido bastante, ya no nos vamos con cualquier finta, como coloquialmente se dice, estamos mucho más alerta; aun así, caemos en baches que ni por asomo nos imaginamos.

En estos momentos que escribo, podría decir que algunas de las enfermedades que nos aquejan son producto del mal uso de la libertad, en mi caso personal acabo de vivir algo así, estuve de viaje y varias cosas no tuve en cuenta, como lo es el clima extremo de los lugares, por lo que al volver a casa enfermé. El clima es determinante para un equilibrio en la salud, en mi caso me deshidraté con el frio y no se manifestó. 

Al volver a casa todo se desencadenó. Uno siente como una especie de coraje, de susto, de impotencia ante el desconocimiento de algo tan elemental.

No todos podremos saber a temprana hora, a la hora que somos adultos ya activos, exactamente qué es lo que queremos, que es lo que nos conviene más y como implementar para tales estados de vida. Las religiones nos dan la libertad interior, pero en cuestiones de otros indoles a veces lo desconocemos todo, creemos saberlo, pero es siempre un saber a medias, mucho más cuando tenemos claro que vamos cambiando con las etapas de vida y es en el caminar o en el camino al andar (como bien dice Serrat) que se aprende por donde se aprieta la tuerca y por donde se afloja.

Mientras mis disertaciones sobre la libertad me encuentro atenta escuchando el canto de la paloma torcaz, esas que al amanecer siempre dan una buena bienvenida a todos los humanos que habitamos los lares del sureste mexicano. Lo hago con más atención con la esperanza que su canto me dé el sosiego que necesito. Todos enfermamos y todos nos olvidamos que ahí en el mal físico se nos está hablando de libertad, es obvio que no la tenemos completa y que la presencia de paz, ayuda mucho.

En realidad, somos producto de lo que nos va tocando vivir. En estos días que releo, escribí un testimonio en mis libretas de vida, sobre Sergio Bustamante el artista plástico que habló de cómo el mismo decidió que en la vida todo muere, y que el mismo se forraría de esperanza para poder vivir sin ese sentimiento a flor de piel.  No le llegó gratuitamente, ya que demasiado pronto en la vida se le creo una angustia existencial del tamaño del mundo, el mismo explica:  -perdí a mi madre a los 14 (catorce)años de edad, más allá la tía que me hacía compañía era casi de mi edad 13(trece)años de edad, así es que se acercó de plano a su más cercano pariente quien se hizo cargo de él, que fue el abuelo, quien ya estaba enfermo y no duro mucho más allá. Conclusión: -Todos mueren…- Esto ha de haber sido terrible para un niño de esa edad, entrando a la adolescencia. Uno pensaría, que este humano que ha sufrido tanta perdida, terminó siendo un ser atormentado por el dolor o las angustias, ¡mas no fue así!, el mismo se define como un ser de paz. El camino que tomó fue la libertad de decidir, adoptar perros que  fueron sus amores por una parte. Y, se le pregunta ¿A quiénes consideras tu familia? Y el mismo dice con claridad: -A todos los artesanos que trabajan en mi taller, ellos son mis familiares-. -Lo que mantiene vivo al ser humano y a mí mismo, es vivir por la ilusión de lo que haré-.

Es decir, elige, y lo hace con la libertad marcada por la experiencia personal, va por el camino positivo, porque nos damos cuenta que le habita una mente sana y permeada con la libertad de obtener de sus enseñanzas las lecciones de vida.

Algo muy singular de este artista es que de pronto se entera que se está plagiando su obra en México, su mismo taller ha dejado ir los moldes básicos de sus creaciones. Si de pronto alguien te dice que tiene una obra original de Sergio Bustamante, tomate la libertad de no desengañarle, porque tal vez pagó muchos pesos por esa libertad que se dio de adquirir una obra que le vendieron como original, y es falsa.

Cuando al maestro se le pregunta sobre esto, y que medidas ha pensado tomar al respecto para remediar ese asunto de los plagios, todos se quedan atónitos con la respuesta: -Nada- nos dice. Así tal cual. -En lo personal no solo no me importa que hayan plagiado mi obra, tampoco me pondré a averiguar quién de mis empleados a cedido los moldes y como se ha dado tal acción, primero está mi paz, así que opto por sentirme honrado de que guste tanto mi obra, que ha llegado al punto de reproducirse-. Claro está, que es una libertad mal entendida y se puede percibir como algo pésimo hablando en plata, pero ya vemos que no todos los asuntos se resuelven con plata. Pésimo que a una persona le den gato por liebre, mas el maestro apunta que a fin de cuentas su obra es apreciada y si de esta manera está presente en más espacios del mundo, pues adelante.

Esto mismo pasa en los ámbitos de la moda, de las piezas automotrices etc. Los plagios son parte de la vida humana.

Sergio Bustamante, el arquitecto que se hizo escultor y que no tiene empacho en decir libremente que quien quiera plagiarle que lo haga, él no se contamina el alma en reclamos, se siente orgulloso de ser valorado, tan valorado. Mas que nada nos da una lección de libertad, uno puede tener la libertad de tomar las cosas con respecto a lo vivido y este ser que tuvo que ser tan fuerte por una infancia de desdicha, no va a tomarse la vida adulta que ya logró de una manera equivocada.

La verdadera libertad está asentada en cómo nos miramos a nosotros mismos. Como nos podemos ver sin veladuras, así tal cual somos. A veces esto mismo causa miedo, es interesante aprender de personas como este artista que se siente feliz de haber optado por la escultura y que esto le haya dado tanto a el mismo y en el mundo.

EL mismo autor nos dice que -el paso del tiempo va afinando las percepciones que tenemos-. Seguro en los tiempos de sus pérdidas humanas, no había esa costumbre de hacer terapias y el mismo fue saliendo avante con sus asuntos internos, volviendo todo un gran dolor en creatividad, haciendo libremente lo que le parecía en hacer y lograr.

-Todos tenemos en el ser resacas del mar de fondo espiritual que nos contiene por dentro, que nos dan estructura interior-.

Hay cosas que sin darnos cuenta nos van alejando de Dios, eso sí que sucede. A Dios no se le tiene seguro hasta que sabemos que la libertad que nos dio es condicionada y que depende de las elecciones que hagamos. Lo que más nos aleja de Dios es la ignorancia, es tener reacciones absurdas ante actos totalmente humanos, porque sí que vemos la paja en el ojo ajeno sin ver la tremenda viga que se alberga en el nuestro.

Las libertades con los tiempos históricos han cambiado sus ritmos internos y ahora vemos cómo se manifiestan las cosas de tan diversas maneras. Aceptar que cada ser humano ante lo que elige es libre y es tambien responsable de lo que de eso se derive, es un principio vital. Si aceptamos esta dinámica, es seguro que viviremos más en paz.

Los caminos que los jóvenes Milenials han ido tomando, a muchos que nacimos a mediados del siglo pasado nos sorprenden, no quiere decir que nos parezcan mal, tan solo nos hacen tomar más aliento para procesar esas decisiones tan acertadas para ellos. Ya vemos como hasta la libertad en las universidades, que son los centros del saber, han tomado el sentido de profundizar en los modos de aprender muy diferentes a los que nosotros mismos utilizamos cuando nos tocó pasar por esas casas del saber.

Hoy día el joven ya no utiliza tanto los libros de papel, yo misma me quedé asombrada cuando mi hija hizo la maestría solamente en línea y con textos que de ahí derivaron por parte de sus maestros, el otro día lo conversaba con ella y me decía que las bibliotecas de papel seguirán teniendo su sitio en el mundo. En lo personal acabo de conocer una de las más enormes y bellas del mundo, la del Trinity College de Irlanda, y nos comentaron que están en proceso de limpiarla, los miles y miles de volúmenes serán bajados y reacomodados porque han acumulado mucho polvo, según nos dijeron se cuenta en toneladas, es una joya en sí misma. Claro que ninguno de esos libros se volverá a consultar, ya tuvieron su tiempo y su momento, hoy día están en la etapa de ser tan solo un símbolo estupendo del saber humano.

Es así mismo, que podremos reflexionar en qué es lo que nos significa a cada uno de nosotros ese sentido de libertad que se nos ha otorgado. Las libertades, es un hecho que nos han dado la vida que tenemos hoy día en el planeta, y no podremos negar que unas veces para mucho bien, mas otras tantas para infligir   el mal en nuestros propios congéneres. (Continuará).

 

 

 

 

 

 

 

martes, 21 de abril de 2026

 

Edificar, el día a día. (17)                                                                                                                                                           

                                                           Conocer no significa analizar, ni EXPLICAR. Es acceder a una visión.

Para ver, es necesario participar.

Y este es un aprendizaje difícil.

Antoine de Saint-Exupery.

Piloto de guerra.

 

                                                                          Lo que se percibe en las personas que pertenecen a culturas diferentes a la nuestra, es fascinante. A pesar de que ya el mundo en muchos sentidos es un pañuelo, eso no deja de ser un agravante para que lo esencial de cada parte del mundo se viva tal cual, con la cultura propia. Todo esto es lo que se refleja en los modos, que más que cuestionar, sí que nos debe dar una buena visión sin mayores explicaciones. Es un hecho que no todo se debe (ni se puede) explicar.  Sea cual sea el clima, el terreno natural del hábitat y como percibimos ese manifestarse de una cultura, es algo que nos ha de dar visiones sin mayores argumentos.

Todo lo cultural es una manifestación puntual de la manera de cómo resolvemos los asuntos, las modalidades. Ahora que escribo esto estamos regresando de un viaje largo en donde llueve a diario, nosotros muy dignos con nuestros paraguas así fuera una leve llovizna y todo mundo viéndonos como bichos raros. No importa cómo nos vean, sino el humor que se tiene que tener para salir a la calle y aun con poca agua, termine empapándose el abrigo. Pues así es, ahí el paraguas es ¿para cuándo arrecia la lluvia? Según me argumentó mi hija: -Tambien tiene un aspecto de comodidad, porque si todos tienen paraguas en una acera delgada, hay que estarse parando por ratos para que pase el que viene de frente o bajar a la calle para avanzar a otro ritmo-.

 

 

La mayoría de las veces no es necesario explicar nada con la profundidad que creemos que la vida misma exige. Conocer es tan solo participar, la visión que tenemos del mundo está dentro de cada ser humano y no es parte de la opinión de nadie.

Todo tiene un tiempo y un momento y una forma de ver la vida misma. Todas las personas con las que compartimos y están cerca con un determinado humor, esa es la parte más interesante del vivir, percibir sin juzgar y saber cuándo sí se puede hablar y cuando no. La comunicación es de lo más interesante y mucho más cuando observamos lenguajes corporales y costumbres. Estamos diciendo todo desde el modo como miramos y participamos o cuando tan solo estamos, en silencio.

 Hay seres callados por naturaleza. Los admiro, porque otros somos parlanchines. Mi padre era silencioso, muchas veces hablaba tan solo con los ojos. Los que son recatados tienen de las dos energías y a otros les basta con una sonrisa para comunicar lo verdaderamente relevante de su ser.

Como dice Saint Exupery: Ser participativos, es algo que no implica que esto se derive en ser comunicativos. Se puede participar desde la actitud, desde la observancia.

Lo más interesante en la vida es aprender a observar. Cuando conocemos la dinámica de la comunicación del otro, tan solo nos basta acceder a esa visión mencionada y hacerla parte nuestra. No es nada fácil. Uno se puede entrenar para comprender el lenguaje corporal del otro, pero a veces esta parte se da por sentada y creemos en demasía en la palabra. Eso mismo dirige la intercomunicación que las mas de las veces solo basta con los silencios.

El diario que releo en estos días fue uno muy importante para mí.

No terminaba de comprender que el mundo solo puede ser tan cual es, y que de este mundo único y diverso solo tomamos lo que nos incumbe. Esa práctica de estar viendo lo que el otro hace, para tomar sentido, nos degrada y no nos permite crecer por dentro, ¡ni que decir por dentro! a veces ni por fuera. Poner el énfasis en lo que en verdad nos define, es actitud muy determinante.

Cuando tenemos presente que el mundo es un eterno cambio, la alerta se pone en el mejor modo posible, porque no nos perturba que de pronto las cosas no salgan tal cual las pensamos. Nos cuesta acostumbramos a decir: -No pasa nada, si esto ha de cambiarse, pues que se cambie-. Las mejores cosas son las que no se planean exhaustivamente, siempre dejar una rendija de acomodo, es lo ideal.

Había yo puesto demasiado énfasis en los diseños de crochet que venía haciendo, y me di cuenta que solo eran algunos los que más les interesaban a las personas. Estando en esos menesteres me di cuenta como todo se rige dependiendo de las modas y obviamente de los gustos. El movimiento del mundo no es que sea imperfecto, es que con el dinamismo que le caracteriza solo puede darse con lo que le define de fondo. Solo percibimos las imperfecciones cuando nos entercamos en que las cosas solo pueden ser de una determinada manera, y el mundo no va por ese camino. Con el tejido del crochet comprendí que todo es cíclico siempre, querámoslo o no.

En estos dias de esta revisión subiré al primer escalón de la década de los setenta años de vida. Me asombro, me pasmo de pensar que he llegado a estos lares tan así de rápido y como si todo hubiera sido apenas ayer. Así mismo, cuando se cierra una década en nuestra vida,  es un hecho que uno revisa, y me encanta observar la frase con la que comenzamos este texto: No expliquemos tanto, tengamos tan solo la posibilidad de afinar la visión.

La diversidad de personajes de los que se compone la especie humana y de los que de plano todos estamos rodeados, es fascinante. Hay seres que por situaciones de la niñez no resueltas tienen una adultez de tal o cual índole, hay seres que tan solo viven para lo social, es decir estar en la misa y en la procesión, un pie en tierra y otro queriendo apoyarlo en el cielo, y luego nos preguntamos porque se dan tantos asuntos de depresión en la especie o porque las personas enferman de los nervios.

Somos seres diversos y cambiantes, no hay nada más que esperar, sino saber esa condición para que la misma no nos traiga de un ala.

No hay nada mas cautivante que las variaciones de la cultura, ese responder de una o de otra manera que no es posible cambiar de fondo, más si es posible observar para una buena adaptación, porque estamos determinados por el medio en el que nacemos.

No existe solo el bien o el mal sin matices, es lo diverso de los tonos lo que da la profundidad, así como tampoco existe una sola manera de resolver, se va dando la vida como la dinámica misma la va presentando y no pasa nada, es tan solo aceptar lo que llega. Hace unos años atrás, salió un libro de título muy sugerente y que llevaba al lector por vaivenes de los que no era fácil darse cuenta, era un libro de esos de autoayuda que se pusieron muy de moda, la gente lo leyó con fruición. Se titula: - ¿Por qué a mí, porque esto y porque ahora? -. Una total manera de engañar a los que creen que no vinieron al mundo a ser parte de la vulnerabilidad que a todos nos toca y que de pronto hay que afrontar. En verdad creer que los que nos pasa es algo que no merecemos, es que no hemos comprendido nada. La vida es de azúcar y de manteca, es de sal y es de arena; ¿Cómo podríamos creer que podemos estar exentos de lo que de pronto se pueda distorsionar? Es algo penoso, ese no entender que la voluntad de Dios es mucho más grande que nosotros. Tanto lo bueno como lo no tanto, es parte de la fuerza que se nos da para crecer. No es de miel sobre hojuelas la existencia, aunque a veces así queramos creerlo.

El bien, como el mal se asientan de diferentes maneras, no están a merced de los antojos del ser humano. Lo bueno es tener vida y saber qué hacer con esta condición. Los que somos creyentes nos basamos en que estamos en la contingencia de un Dios que nos acompaña, porque es claro que somos parte de él.

¿En dónde se da la plenitud del bien? En la observancia de las actitudes que nos conducen hacia él. El bien uno lo percibe y uno mismo lo propicia en la medida de nuestro entendimiento cultual. Me encanta esa frase tan trillada pero tan real: A las necedades, oídos sordos.

La manifestación del bien total, esa armonía tan deseada como una ilusión ilusoria (valga la redundancia) solo está en la mente, la realidad juega sus cartas con la razón y de ahí se deriva el orden del mundo. En donde vemos desorden, seguro que habrá puntos de sinrazón, mucho emotivo por resolver y propiciamiento de malas actitudes.

Leí otro libro de esos que se escriben dizque para echarnos la mano, y que luego nos hacen creer que la vida es tan solo emotividad, y la vida no es solo emoción, es razón que conduce a un orden personal.

-Cambia tu corazón, cambia tu vida-.

De Gary Smalley.

Sí es una verdad que hasta en la Biblia se nos sugiere que el corazón es una parte importante del bien terrenal, pero no somos seres esencialmente emotivos por naturaleza, eso del exceso de emociones es lo que ha llevado al mundo a mucho desastre. ¿Qué sientes? Te preguntan. Y no es lo que sentimos lo importante, sino la base de una vida ordenada, con la razón en la mano.

Este autor nos hace creer que lo emotivo es lo más importante para regir la vida misma. Dice que el corazón rige todo. Mucho cuidado con esto, porque, así como la Biblia afirma que del corazón mana la vida, (Proverbios. 4:23) si ésta es ordenada, no se va por la vida tomando decisiones emotivas.

En el libro titulado -Fluir-, se nos afirma que solamente estaremos en el mood perfecto si logramos saber qué es lo que nos corresponde hacer, por ningún motivo nos dice que solo lo emotivo es lo que importa y que en la vida solo hay que buscar el contentamiento. Si así fuera, estaríamos perdidos. Todo lo que no nos gusta tanto y que hay que resolver cuesta trabajo. Realizar las encomiendas, así sean las más sencillas y con un humor bien llevado es parte importante y ni que decir el llevar a buen puerto eso en lo que nos hemos comprometido.

                                                                  El vivir, algo tan esencial que se nos encomienda en nuestra entrada al mundo, es en lo que luego nos enredamos: hay un dicho yucateco que lo manifiesta muy chistoso: -se enredó como pelo en patas de gallina-, en los lavaderos antiguos, de las casonas, había la costumbre de tener algunas gallinas y era ahí donde esas melenas que cubrían toda la espalda para lograr el chongo perfecto de las mestizas, se lavaban y desenredaban, dejando pelos en el suelo, luego venían las pobres gallinitas a enredarse en ellos, sin saber ni que les pasaba. Hay que cuidarnos del ton, sin son. Cuando nos complicamos por no saber entender la esencia que nos habita, pelos negros pueden aparecer. Participemos, obtengamos una visión cada vez más clara del mundo, hagamos tan solo lo que nos corresponde.

La vida misma es tan genuina, que ahí radica la verdadera belleza.  Si se enreda, pues tendremos que ver que alguien nos quite esos pelambres negros que pisamos y nos paralizan. ¿qué se nos olvida tener ese aprecio por algo tan sagrado que se nos ha entregado?  pendientes de lo que se da afuera y que a veces nada que ver.

                                                                Es un hecho que se puede llegar a sentir que la vida misma por momentos, se da en vano. Como si lo que estamos realizando se estuviera enturbiando con cosas ajenas a nosotros. Es tan solo por estar entercados en ir por caminos forzados, solo porque vemos que otros van por aquí o por allá. A veces, eso nos lleva a un precipicio sin salida.

Estuve analizando en las páginas de este diario, el sentido de los contratiempos.

¿Cuántas veces las cosas no se dan como uno las propició, las pensó o las quiso?

¡Miles de veces!, pero no hay que soslayar al contratiempo, trae su librito de enseñanza bajo el brazo. No optimizar sin razón propuestas de una manera de pensar que no necesariamente son las adecuadas. Un contratiempo, es saber esperar, es algo que nos pareciera como una parada innecesaria y nunca lo es.

Estamos yendo a una cita al médico, y de pronto se nos poncha una llanta, o estamos a punto de salir a alguna diligencia y sucede algo que no podemos más que quedarnos en casa a resolver. Hemos creído que somos los dueños absolutos de nuestro tiempo a disposición, pero nada de eso. La vida misma muestra, sugiere y propone y hay que hacerle caso, crearnos visión.  (Continuará)

 

 

 

 

Edificar el día a día (16)

                                        A veces no hay inconveniente en dejar el trabajo para más tarde.

El Principito.

 

                                       Todos los seres humanos durante el tiempo de nuestra vida terrenal, tendremos que aprender a valorar la temporalidad. No es asunto sencillo, ni como la nombramos y ordenamos dependiendo de la cultura de que se trate. Es en la mente en donde reside el juego temporal, en realidad el tiempo es un valor que se nos ha dado para regular las actividades y somos nosotros y nuestra implementación de lo que percibimos lo que nos rige. No es lo mismo el tiempo de quien vive en el campo y de quien vive en las grandes urbes. Todo lo relativo al tiempo no nos incumbe directamente, aunque así lo percibamos, es más bien el acomodo que logremos ante las acciones, es por eso que apenas empieza nuestra vida a ser rutinaria y con conciencia de los tiempos y los momentos, cuando se da lo óptimo para la realización de las actividades y es cuando vamos siendo presa del reloj, que solo es un ordenador y no dueño del tiempo.

Cuando caemos en la cuenta que nuestro tiempo terrenal es limitado, volvemos a tener presente que el tiempo está de nuestro lado, y con el paso de los días esto hasta nos podría llevar a valorar mejor esa categoría tan presente y a la vez tan diferente en cada área del mundo. Creo que todos tenemos claro que es un lapso nada más el que pasaremos como personas físicas en esta dimensión y desempeñándonos como humanos.

En los primeros estadíos de la sociedad humana, los tiempos se marcaban por el movimiento de los astros y su relación con el sol, ayudando a nuestros ancestros a comprender porque se hacía de noche y como eran los ciclos naturales. Mucho se regía la vida con la temporalidad aliada a las cosechas, los tiempos se marcaban según los momentos para las siembras de granos, la recolecta de éstos y por ende la percepción de las estaciones anuales.

Es así como comenzaron los calendarios. La medición del tiempo siempre ha sido todo un tema de las culturas y cada grupo fue creando sus propios términos para esto. Los tiempos de las lluvias para las mejores siembras de los agricultores, la percepción de la época de sequías que tendría que haber obligado a crear los sistemas de regadío y todo lo relativo a que el tiempo siempre fuera un aliado.

                                                      El tiempo terrenal siempre ha sido un compañero que nos da la mano. Desde que entramos al mundo estamos regidos por la temporalidad, lo bueno es que en la infancia ni nos percatamos de su presencia, hasta que se nos escolariza y llevamos las rutinas que hoy día son mucho más demandantes que antaño. Recuerdo perfectamente cuando íbamos a la escuela caminando o en bicicleta, hasta nos íbamos encontrando con otros compañeros de otros niveles escolares y nos acompañábamos y como luego todo cambió, cuando ya se nos llevaba a diario en automóvil y hasta con el transporte escolar. Cada uno de estos momentos requería tiempos específicos. El sistema de ronda que es pasar por las casas de los vecinos y todos en un solo automóvil, turnándose las llevadas por cada familia.

 Solo cuando la mente nos gana la partida y queremos hacer más actividades en menos tiempo es cuando nos vemos impregnados de esos apremios que muy bien sabemos a dónde nos conducen: a los tremendos brazos del stress. Son los pormenores absurdos los que de pronto suelen detenernos el paso…y hasta podremos llegar a sentir que la vida nos ahoga por faltar el tiempo, no de aire. De pronto nos damos cuenta que es tan solo la percepción lo que hace la diferencia.

La mayoría de las tradiciones religiosas tienen en cuenta los tiempos terrenales para ayudar a los fieles a seguir vidas ordenadas, con una temporalidad bien comprendida.  Es una realidad que, si esto no se hace con buena conciencia seremos presa de la peor temporalidad, esa que nos dice: corre, porque no hay tiempo. O la que tanto hemos escuchado de nuestros padres como es: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Muy puntuales estos dichos, pero no necesariamente aplicables en todos los casos. Los tiempos han de ser a la medida que aprendamos a ser puntuales (en vedad que creo que la impuntualidad si es una falta de respeto al otro y a nosotros mismos) y seguramente habrá más tiempo disponible. Todos habremos de aplicarnos en comprender que no son ni para todo el tiempo ni para todos los tiempos terrenales, las medidas de la temporalidad.

Cada ser humano tenemos una temporalidad que nos acompaña, la absoluta, o lo que es lo mismo la que nos hace sentir que estamos inmersos en el todo y que de ahí somos, y la relativa que es la de cada quien, regida por el tipo de cultura, de país y de familia a la que pertenecemos.

Una vez consientes de todo esto, podremos ante todo saludar a la temporalidad y hacerla de verdad una aliada. Sabemos que ni con los seres que compartimos cercanamente estaremos en la misma sintoniza de los tiempos de realización ni de actividades personales y mucho menos de las consensuadas para coincidir, por lo que si vale mucho la pena observarnos y ser más aliados de la temporalidad que nos toca y de plano se vuelve el arte mas sagrado saber de los tiempos personales, de como los utilizamos y que hacemos con el tiempo libre.

Todo está regido por la edad. Eso es un hecho que con contundencia no podremos negar.

Y tan solo con saber que la coordinación de los tiempos es la mejor manera de alejar el stress, cada uno de nosotros nos disponemos a coordinarnos, en primera con las obligaciones a cumplir para llevar una buena rutina y que esta misma se ordene a los tiempos de familia y congéneres.

Pues es así tambien que podremos ver con claridad los tiempos que tenemos para disponer nuestra vida, mucho más concretamente la del día a día, que es tan promisora de felicidad real, cuando sabemos que, si cada día es vivido a plenitud, ni duda quedará que no nos llegaremos a sentir como que algo nos hace falta.

Es parte de la vida humana sentirnos como con faltantes, y es ahí mismo en donde habremos de comenzar por subsanar esos sentires, que nada que ver. Es un hecho que no podremos cumplir todos los deseos, porque de entrada hemos comentado ya, que desear es un arma de doble filo, hay que cambiar los deseos por preferencias, y es el asunto clave de vivir con una buena temporalidad.

                                                   Cuando estudiaba la carrera vivía de carreras. Llegar a tiempo a la universidad y ni que decir a la primera clase de la tarde, cuando aprieta el calor en nuestros lares y vamos como derritiéndonos, nada fácil este asunto. No disponía de un automóvil personal, mi madre en su salida de diligencias vespertinas hacia la llevada y recogíamos a una compañera de clase en el camino.  Ahora esto sería un pecado mortal, ningún padre de familia conduce a sus hijos a esas alturas del partido de los estudios superiores, casi todos disponen de medio personal de moverse y tambien hay transporte universitario, ya son otros los tiempos del tiempo.        

 Hoy día, que vivo a tres segundos de una gran universidad, me queda claro que es otra la dinámica. La vida junto a universitarios que van como bólidos por las vías de comunicación son en verdad una temeridad, pero hay que aceptar que esa es la modernidad, y tambien tener claro que hay muchos más accidentes de automóvil. 

Y esos son los bemoles del tiempo, que se vuelve al son que le toca la vida de relación. Lo importante es que no nos gane la partida, aunque como dice el Principito: Si se puede dejar para más tarde lo que no es tan urgente.

Es el tiempo un aliado, sin duda alguna. Viene bien hacer un recuento de cómo nos ha sido la compañía de tan gran valor vital, recordar cómo nos ha cambiado la percepción y la utilización de las temporalidades que nos han acompañado.

Los tiempos de la niñez, en la que apenas comprendíamos ese valor. Los tiempos de la juventud cuando las actividades se hacían más apremiantes y ya el reloj en verdad era parte de la paz mental. En lo personal tuve mi primer reloj de pulsera bastante grande, creo yo que tendría unos diez años de edad cuando me lo regaló mi padre. Era de formato pequeño, de tono dorado y con números grandes para que yo viera con claridad ese marcaje de las manecillas. Recuerdo que me sentía soñada con ese pequeño artefacto de pulsera de piel atabacada en la muñeca izquierda.

En casa de mis padres la vida si comenzaba muy temprano. Solíamos jugar tenis desde prontas horas mañaneras y luego a veces el baño prescolar era en el club y un desayuno ligero. Tambien solíamos volver a casa cuando no había escuela, para retomar el día y cada quien a lo suyo después de compartir un rato en el desayuno. 

                                                                Para quienes hacemos escritos personales, estos diarios de escritura a mano son muy importantes para observar una buena temporalidad. En lo personal tengo mis tiempos del día en los que le tomo el tiempo a las horas y me siento a redactar. Me gusta hacerlo con calma y sin mayor prisa, porque me gusta mucho revisar, aunque a veces si nos gana la partida el apremio de las horas. Se van eligiendo los temas, y se marca mucho el día de un diario con el momento que se vive. Esto de escribirnos, es como una necesidad que surge evidente y clara desde la niñez. No se duda mucho al hacerlo, a menos que de pronto tengamos muchos pendientes y esto se tenga que postergar. Lo he vivido, lo he dudado, mas todos en casa me animan porque saben lo que representa para mí. Siempre es necesaria una buena meditación, tiempo de oración y rituales caseros de orden a cumplir.

La temporalidad puede tomar sentidos inesperados. Nos queda claro, que la templanza que nos da el tener al Dios en el que creemos, en presente, pues es seguro que nos ayude a ser más diciplinados y conscientes de que estamos en esa contingencia divina, a seguir. Si, en lo personal puedo decir que la presencia de Dios en mi vida ha sido clave, por unas épocas más clara que en otras, es diferente y se afina o dispersa dependiendo de la etapa que se vive.

                                                                   Se dice mucho que para quienes llevan una vida espiritual, la temporalidad se convierte en el centro rector para bien, las prisas se apaciguan y sabemos bien a bien que habrá tiempo para todo. Cuando se sienten los apremios es cuando uno comprende que nos estamos demandando de más, y que hay que optar.

                                                                  Si la felicidad es un estado concreto del alma y ni qué decir de cómo depende de los gozos elegidos, la temporalidad es parte sustancial de que los ánimos no se trastoquen.

Las acciones son la parte más medular de una vida bien llevada, por lo que, si dejamos de estar conscientes de la temporalidad que pinta con sus coloridos cada instante, es probable que de pronto nos veamos en apremios no concebidos y como imaginados en un surrealismo de la vida. Los apremios así aparecidos, solo son parte de un tiempo que se nos escurre y que no nos damos cuenta cuanto nos puede afectar.

Cuando en nuestra temporalidad, o la concepción que tenemos de ésta, se vislumbra que somos eternos y que pertenecemos a lo infinito; es cuando la vida nos deja claro: es tan solo un instante del tiempo universal. Nos puede embargar una calma inaudita en lo interior, muy aceptable y llena de esperanza en que Dios nos recibirá en el momento preciso, exactamente como el que se dio cuando entramos al mundo.

Si logramos ordenar la mente con aspectos varios que podremos eliminar de la agenda si se llega a dar el caso, estamos del otro lado, ya podremos decir que nosotros regimos el tiempo personal.

 

Agradecer a las mañanas con los ruidos que nos trae, a las noches con sus luces y que las sombras tan presentes siempre sepamos que se mueven dependiendo de la luz que permitamos que influya en lo que nos toca hacer.

Carlos Fuentes nos dice en el texto -La muerte de Artemio Cruz-:

-Sobrevive con la memoria antes de que sea el caos el que te impida recordar-.

No vamos por la vida como si fuéramos dentro de una ola, vamos a nuestro tiempo.

Tiempo

Es amigo el tiempo, es audaz.

Lo contiene todo, da paz.

Es enemigo el tiempo, cuando es voraz.

Lo detiene todo, da solaz.  MJ. (Continuará).

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (15)

                                                             La templanza, solemos relacionarla con el temperamento. Tan solo es parte. Ser seres temperamentales en las resoluciones no es lo ideal, la templanza se trabaja. MJ

 

Cuarta virtud cardinal.

Contener y ser contenciosos, nos dice el diccionario es lo que define a lo templado. Así como practicar la sobriedad y la moderación. Todos estos son símiles de vivir con templanza. Nada fácil, pero si lo pensamos bien, puede ser un logro de cada día.

El día a día nos presenta retos. Todo el tiempo estamos en las resoluciones de variada índole, todas necesitan templanza. Tremendos retos que habremos de solucionar antes de caer en las garras de la desesperanza que es lo contrario a llevar las cosas con temple. Si no lo observamos con el tiento necesario, nos pueden quebrar.

La razón es una buena compañera para lograr ser seres templados.

¿Qué pensamos de cuando se nos habla de un país, o que una ciudad está con clima templado? Nos queda claro que es lo de una medianía muy apetecible, hay armonía en el aire, en el entorno.

                                                                 Tambien cuando se lleva un diario personal, uno va tras la templanza de las redacciones, de la posibilidad de observar en el día a día esa contingencia de acción que en verdad nos resulte, no solo en la significancia total de lo que nos proponemos, así como cumplir los retos planteados. Esos pequeños momentos de cada día y el cumplimento que tanto nos significa.

Todos nos hacemos de una rutina. No siempre es factible de cumplir a pie juntillas, y hay que tener cuidado con esto, porque no es en sí mismo el cumplimiento completo lo que cuenta, sino como se va adecuando el temple en los asuntos diarios.

El día a día requiere un temple especial, porque no es solucionar todo lo agendado, sino hacerlo con el buen talante necesario y justo.

A veces, una sola actividad nos ocupa el día entero. Creemos que, al dedicarle más tiempo del pensado a algo que tendremos que solucionar, estamos perdiendo el tiempo de otros asuntos pendientes, es que se nos olvida que la vida misma se da en procesos, y hay que respetarlos, así nos lleve más de un solo día, lo que vislumbramos de solución rápida.

Mi madre, que era una muy buena bordadora a mano, me asombraba con el temple que tenía para lograr tan noble actividad Tal vez, ocupara toda una mañana para un sencillo ramillete, de muchos que llevaría el trabajo emprendido. Ahí en ese pequeño logro había mucho y yo me asombraba cuando al fin veía el tesón, porque todo un asunto completo de esos menesteres puede llevarse meses. Eso ya no se hace hoy día, o todo se resuelve con una máquina, o no se hace.

En estos días que releo, me topo con que una muy buena amiga me pidió que le arreglase un mantel hermosísimo que en una fiesta de su casa había sido quemado por la colilla de un cigarro que alguien asentó en la mesa. De entrada, uno se queda atónita cuando observamos algo así. Ver como esas cosas son impensables y se puede desgraciar un trabajo hecho a mano, con una acción descuidada. Así que me avoqué a hacer lo mejor que pude. He de decir que extrañé a mi madre porque no sabía bien a bien como hacerle, pero lo logré tan solo de recordar la paciencia y el temple que ocupaba mi progenitora en esos menesteres tan caseros y del siglo pasado. Quedó resuelto el asunto, cuando invente algo para que el ramillete de hilos rotos, se recompusiera y no se siguiera rompiendo tan bella prenda antigua.

Lo logré y disfruté hacerlo. Mi amiga recuperó ese dolor de ver algo de su aprecio, recompuesto.

¿A que le podremos llamar, días llenos?

No a los que están pletóricos de actividad, sino a los que en las pequeñas actividades o en el cumulo de éstas, sentimos una satisfacción interna de la vida.

Es verdad, que solo uno mismo decide la templanza que nos habita. Cuando nos damos la oportunidad de pensar en esas virtudes que se nos proponen, es cuando tratamos de que se aparezcan de la manera más fluida y fácil, pero hay que recordar que han de estar aterrizadas en los hechos.

En los dias de fin de año, cuando hay más tiempo para las lecturas escogidas, me doy cuenta que suelo entrar con más presteza a las páginas de la Biblia. No es fácil durante el día a día hacerlo, (aunque si nos lo proponemos pueda que se dé) he visto que en tiempos de días más fluidos es cuando mejor se puede entender ese mensaje de la espiritualidad. Lo hice, me avoqué a leer un poco más. También me daba cuenta que con el paso del tiempo uno suele sentir que los días se pueden ir como arena entre los dedos, y eso no hay que permitirlo, porque no olvidemos que el tiempo siempre es el mismo, solo somos nosotros quienes lo vemos diferente dependiendo de la época y de la acción propuesta.

En Proverbios 14-1, Encontré algo sobre la Sabiduría y dice:

 -La sabiduría edifica su casa, la necedad con sus manos la destruye-.

Habremos de estar bien templados para no permitir necedades. Los niños a veces suelen tenerlas más a menudo y habremos tambien de saber cómo alejarlas de los críos. Mas, que interesante, que diga la misma palabra divina, que las manos pueden a la vez de ser constructivas, o que, por descuidos, destruyan. A veces claro que no se hace adrede (como me imagino sucedió con quien fumó cerca de un mantel antiguo) y no darnos cuenta que en un segundo se puede propiciar una desgracia, sea con un mantel o sea con una vida. Una prenda tan trabajada iba a quedar arruinada, lo bueno es que no se extendió la quemadura.

                                                                   En enero de 2012 abrí por segunda vez la libreta número 96. Y digo por segunda vez, porque estaba esperando tan solo para ser revisada como lo he venido haciendo. Esa libreta contiene uno de los Proverbios bíblicos que más ha marcado mi vida (de hecho, una sobrina muy amable, lo mando poner en tela y me lo regaló convertido en un almohadoncito que aprecio mucho). Y dice:

-Cuida tu corazón, porque de él, mana  la vida-. Proverbio 4:23

Que reflexión más bella, pensé. La tomé para poder recordarla lo más seguido posible y como para jamás olvidarla, eso de que la vida provenga del corazón y no de la materia viviente o del cuerpo físico, es algo estupendo y que si lo tomásemos más en serio estaríamos con mucho más cuidado de lo que sentimos, como lo vivimos y proyectamos.

                                            El año 2012 lo comenzamos en la ciudad de Campeche. Como otras veces he comentado, es una pequeña ciudad tan cercana y a la que solíamos ir con mucha frecuencia que se nos fue quedando debajo de la piel. Cada vez con descubrimientos de nuevos recintos a disfrutar, vistas, puestas de sol desde el malecón que en casa nos parece único. Nos encanta ver como los campechanos de todas las edades lo disfrutan como el gran paseo vespertino y para cerrar las actividades de un día cualquiera, a veces ejercitándose en lo físico otras para el solaz interior de despedir el día con magnificas puestas de sol.

A nosotros Campeche nos ha calado profundo. En lo personal me encanta conversar con cualquier campechano que vea yo propicio para una plática, a los míos no les gusta mucho que yo lo haga, pero es mi naturaleza. No creo que mi padre lo hiciera tanto, eso me viene del lado materno y hay que asumir los que nos hace más felices.

 Mi marido ha encontrado mucho documento antiguo en la tan completa Biblioteca Campeche, y todos los empleados ya le conocen y siempre le ayudan en sus búsquedas documentales. Vamos ahí y somos los más felices, él entre papeles viejísimos, yo en los ventanales con mirada a las torres de la iglesia mientras redacto cualquier cosa que traiga entre manos. Con las vistas de la Catedral, los silencios y ver tanto joven lector imbuido en los libros elegidos, uno recobra la esperanza en el vivir. El campechano lee, y sabe disfrutar el tiempo de sus lecturas. Ahí dentro de la biblioteca, pareciera que el tiempo se detiene y las pequeñas lamparitas verdes de cada escritorio son como luminarias de vidas que quieren progresar, ser mejores seres humanos.

He pasado ratos maravillosos escribiendo en la Biblioteca Campeche. Elijo una mesa al final para poderme concentrarme, siempre cerca del ventanal que me permita gozar de las torres de la Iglesia. Las copas de los árboles de la plaza Grande con el quiosco tan característico, no me canso de admirar y gozar. Los transeúntes se escuchan en los corredores de afuera, pero nunca con ruidos molestos. El paso del campechano siempre con un ritmo de ciudadano satisfecho en sus recintos.

Sabucanes coloridos en la mano, niños pidiendo siempre alguna golosina que se ofrece por ahí, las palomas que esperan el rociado del arroz que algunas personas llevan para alimentarles y los destellos del sol de una ciudad que vibra a su ritmo.

En estos días escribí una frase que hoy día retomo como algo que estoy segura por las mentes de todos nosotros ha de pasearse y posarse sin encontrar asidero:

-No soporto la imperfección del mudo-.

Es seguro que la sentimos algunos de nosotros porque quisiéramos un mejor mundo, cuando es la realidad que el mundo es imperfecto desde siempre, y solo aceptar la realidad de la finitud nos bastaría para saber que jamás habrá perfección y que hemos venido para solventar esa parte de lo humano que cada día se trastoca más y más. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Porque tenemos el sentimiento de que el mundo cada día está más de cabeza? Todo se deriva de la ausencia de Dios en las vidas humanas. El Dios que dio sentido al hombre de los primeros estadíos era un ser que tenía presencia en las vidas, que podía hablarse con sentido claro de las etapas y que había un respeto desde la tierra misma que se ocupaba y los porqués, hasta el modo como cada ser terminaba su estadía en el planeta. Lo sencillo del vivir con la centralidad de el lugar que ocupamos en la creación total se fue trastocando por las ambiciones desmedidas que no es que estuviera mal el querer que la civilización fuese mejor, sino como la habríamos de mejorar.                       

Ya todos los geopolíticos de hoy coinciden en que la globalización no condujo puertos seguros, que tan solo se ha convertido en una falacia total y que los reductos personales que tanto se cuidaron en épocas de crecimiento hoy dia ya solo son un sueño.

Vayamos otra vez siempre al pensamiento de nuestras raíces. De los seres humanos tan privilegiados que hemos llegado a ser en este siglo XXI, solo quienes decidamos realmente vivir con una buena vida interior saldremos más victoriosos. Aun ya vivido con tantos dolores el primer cuarto del siglo, hay que saber que los ritmos del mundo no los regimos nosotros en lo directo, pero si son parte para darnos cuenta que importante es vivir lo profundo cuando eso se nos pide. Todo tiene remedio si lo sabemos visualizar mejor. Ya hay muchas cosas que se nos salen de las manos, mas aun vale mucho la pena organizar la mente de uno mismo y de los críos con la total esperanza de que como humanos tendremos que ser más razonables y vivir con una conducción que nos de paz, armonía en cada paso dado. Dios como el centro de las vidas.

Lo teológico no solo es para los dirigentes, nosotros como grey podremos volver a tener el corazón en paz con una bien llevada doctrina de la iglesia a la que pertenecemos. Leer textos conducentes a fortalecer el interior.

El bien siempre se asienta de diferentes formas, las maneras de ser y hacer las cosas en las que se acrecienta la cultura, son la base de que el deshallo se aleje y podamos vivir siempre con una buena lectura de la vida diaria: el día bien llevado da entrada a que el siguiente aun pueda ser mucho mejor.

Todas las etapas que nos plantea la religión no son meros convencionalismos. son los momentos de recogernos en lo interior y darnos cuenta que esa vivencia nos trae la fuerza para continuar. Hacer caso a Santa Teresa: -Solo Dios basta-.

No es en vano lo que tanto escuchamos algunos de nosotros: -No se puede estar en la misa y en la procesión-. Esto apela a nuestra parte de definir que es lo que elegimos y cuando, y ser fieles a lo que somos sin voltear a ver demasiado a los lados y mucho menos mirar hacia atrás sin un fin preciso, porque no vaya a ser que nos convirtamos en estatuas de sal. (Continuará)