Edificar, el día a día (7)
Construir el futuro, significa construir el presente, es como crear un
deseo para hoy, que se dirija rumbo al mañana.
Ciudadela.
Antoine de Saint Exupery.
Esto de escribir un diario personal es algo que,
en algunos seres humanos, se confunde con un asunto de tan solo dejar constancia
clara de hechos. Tal vez en un principio así mismo lo fue, escribir con
disciplina para dejar reseña de sucesos que en el ámbito familiar habría que
rescatarse. Con la presencia de algunos de estos escritos se ha dejado crónica
de aspectos que de otras maneras hubiesen quedado bajo pilas de paja,
sin ver la luz que pretende atisbar las verdades. Luz sobre los modos de ser y
de hacer que a fin de cuentas esa es en lo cotidiano la cultura. Aunque a veces
se consideran tan personales los asuntos tratados en un diario, que tal vez se
podría pensar que solo incumben al escritor o sus entornos y hasta nos
podríamos preguntar: ¿A mí que rayos y centellas me importa lo que ha vivido
fulanito o menganita?, y no podemos perder de vista que no solo son los hechos del
día a día los que nos dan vida, sino las experiencias compartidas. Cuando se
deja constancia de primera mano e intención clara de poder impactar en otras
vidas, los hechos fechados y ordenados pasan a un segundo plano, y lo ya
considerado como experiencias de vida puede ser interesante para seres más lejanos
y más allá del círculo nuclear. Hay que decir, que el mismo escribiente es el
que más recibe de sí mismo. En algunos casos se deja constancia de sucesos que
se han extinguido, de la cotidianidad de una época que está en proceso o
tambien en vías de acabarse, con la certidumbre de cómo era una forma de ser del
pasado. Ni que decir lo que un escrito personal puede representar para los propios
familiares de quien lo redacta. Entre otras cosas tambien sirve para fortalecer
la parte anímica. Ya hoy día va quedando claro, que si los sacerdotes (y más en
el caso católico) se han olvidado de que lo que se tiene que sostener y cuidar
en primera instancia es el alma de su feligresía (y eso se ha dejado un tanto
de lado y por eso mismo se han abierto más puertas de consultorios de médicos y
psicólogos) hoy día, casi es un imperativo que se retome. Casi casi podríamos
decir lo importante que es ese asir el alma por los cuernos. Esa
parte también es lo que se expresa en un diario personal, pretender que
no se desbalague lo vivido. Se puede hasta convertir en la intención primera de
la existencia y fin en sí mismo con asiduidad al escribir, al vivir, al
practicar una religión.
Cada ser que redacta tiene sus propios ritmos y tiempos
bien definidos. No se escribe tan solo por la constancia, se motiva la
escritura porque es lo que asevera, asegura y se hace un recuento para
reordenar la vida. Hubo un tiempo cuando mis hijos fueron niños (y no se ni
como lo logré) que, al terminar mi redacción nocturna, tomaba una libreta
escogida y especial para cada uno de mis niños y les redactaba todo lo de su
día, con lo más posible, para que fuera una factura fidedigna. Obvio que no lo hice
ni todo el tiempo ni con la constancia que hubiera querido, sin embargo, ya
sabemos que lo que queremos a veces nada que ver con la realidad. Lo real, nos
rebasa las más de las veces, y mucho más en la factura de los emprendimientos
tan personales. En el momento que percibí que era el tiempo indicado de
entregar a cada quien lo suyo, y pudieran leer a su tiempo y ritmo escogido,
así se dio. No creo que aún hoy siendo
adultos jóvenes los hayan leído todo, tengo la esperanza de que lo harán algún
día, tal vez para reír un rato, para recordar otro tanto lo que vivimos juntos
y para saber cuáles eran los ojos que los miraron más profundo en su convertirse
en personas, seres únicos.
La dinámica: futuro/presente o presente/futuro de pronto
como que en nuestras vidas cobra un seguimiento que se acompasa y que se revive
para esas rememoraciones que son porque han sido y que serán porque
están propuestas como algo que no solo se desea, sino que se vislumbra como
parte de uno mismo. Lo sabemos: desear no es la mejor manera de lograr. Como
bien lo pensó Einstein: -quien no imagina, no hace nada con el conocimiento-.
(Paraf.)
Es
así que me entusiasma poder dar parte de las vivencias que me marcan, esas del
día a día que pueden llevar a otros hasta el sitio reseñado sin más que tener
un rato para leer, o tambien compartir lo que otros escritores de diarios
personales nos entregan a veces sin pensar a que será algo apreciado por otros
seres. Sentir afinidad, empatía y comprender como somos más humanos cuando
podemos auto imaginarnos como una sola especie. Dar orden a los pensares, a los
pesares y a decir verdad mucho nos conviene en estos días en que el mundo
pretende revolvernos las ideas.
Así, pues continuamos con algunas reflexiones. El diario
de Virginia es un tanto seco y escueto. Lo tomó y publicó su marido para poder
darnos esa idea de cómo fue el día a día de una mujer tan común y corriente
como cualquier inglesa de su tiempo, mas a la vez única y singular hasta decir
basta. Jamás pretendió nada más. Ese orden y esa conjunción de lo que uno siente
al lograr el ordenamiento exacto, lo da un diario personal, sin la menor duda. Así,
tomando algunas frases del mismo, nos damos cuenta de varias cosas que se
repiten con cierta asiduidad en los textos personales.
Y nos dice Virginia:
-Tengo la escusa del reumatismo para no escribir más: y
mi mano que se cansa de escribir…- porque claramente hay que decir que a
quienes nos gusta esto de la reseña personal, tambien tenemos que cuidar los
horarios y las horas más productivas-.
Ella tenía estos dolores reumáticos y sabía que habría de
parar a alguna hora. En lo personal, casi nunca escribo de noche. La noche la
siento más propicia para la lectura y hoy día las series de la televisión que
tanto nos enseñan, nos toman tiempos preciosos que más nos vale utilizar para
las buenas reflexiones. Sí, comentamos aquí en casa que hay muchas series con
espacios que podríamos catalogar como ¿huecos? ¡claro que los hay! porque
además son los propicios para poder movernos un poco del asiento, que por
momentos sabemos que nos traga. En épocas pasadas eso no existía y
obviamente el tema de la lectura era el que ocupaba la mayor parte del tiempo
libre. Si uno quisiera encontrar la hora perfecta para escribir, esa no existe,
cada quien ha de encontrar la suya, y cuando se aparece pareciera como
hablarnos y nos dijera, por favor ahora que lo percibes como propicio,
siéntate y escribe. En mi caso personal en las madrugadas encuentro el
sosiego perfecto, y ni qué decir de las mañanas antes del trajín diario.
Y dice Virginia: -Estoy planeando escribir la novela
titulada -El Cuarto de Jacob-, mas he de esperar hasta la siguiente semana-. Esa
capacidad de visualizar un cierto orden, es un buen principio que nos podemos
dar para el sosiego real, es fantástico porque ya lo previsto lo ponemos en el chip
de los haberes futuros que se planean en presente. Y dice: -Para futuras
referencias es bueno saber que el poder creativo se percibe como burbujas muy placenteras
cuando se va a comenzar un nuevo libro, luego eso se aplaca por un momento y el
escrito toma su curso con más ritmo-. (paraf.) Y, lo mismo podremos decir para
otras actividades.
Por momentos, con la bipolaridad que le caracterizaba (y
que todos sabían que de la nada podría comenzar un episodio de malestares que
poco sabían cómo tratar…) ella al menos hablaba de que sentía esa angustia
previa. Decía: -No quiero escribir nada en este libro que no me produzca un
disfrute, pero lo sé, escribir es siempre dificultoso-. No creo que para ella
lo fuera en realidad, mientras estuviera en la parte alta de la curva de su
buen ánimo (que tampoco era tanto, porque en general era sombría y callada)
dado que nos dejó mucho y muy bien escrito, con ese novedoso modo de escribir
como que todo se va de corrido, tan pero tan suyo y que marcó una nueva era
para la novela moderna. Sí, me queda claro que cuando se sentía mal, todo eso
se dificultaba muchísimo. Por un largo periodo de tiempo solo escribió por las
mañanas. -El Cuarto de Jacob-, era el libro que le ocupó mucho y al que dio el
tiempo que ella consideró más adecuado. -A veces la vida se puede ver trágica,
como un pedacito de pavimento que mira hacia el abismo-. Y estos sentimientos
son los que permean esos momentos de sequedad mental. Era normal y por eso
mismo se aprecia más su obra.
-La melancolía disminuye cuando escribo, ¿Por qué entonces
no escribo más seguido-? No teniendo niños, viviendo lejos de los amigos,
deseando escribir bien, invirtiendo mucho en comidas, haciéndome vieja. A
veces, pienso mucho en los porqués y los dóndes, demasiado en mí misma. No me
gusta el tiempo que ronda en mí misma, entonces dedícate y trabaja…, me digo, y
de pronto me siento cansada, leo un poquito. Hay momentos que con escribir por
una hora es suficiente para mi-. (paraf).
Vemos que quien ama algo tan profundo como lo es el
escribir…, no puede soltarlo nunca. Las acciones no son mecánicas ni para
quienes podrían tener la creatividad a flor de piel, sin olvidar lo que importa
el ánimo y el tiempo del que se dispone. Tener una buena actitud, tal vez el
deseo de que lo amado sea realizable, pero hay que aceptar los tiempos
posibles.
No todo tiempo es de Dios. La mundanidad nos sujeta de momento,
sus garras son impredecibles, firmes como una tenaza que cierra para dificultar
la apertura mas allá, que logra hacernos creer mil cosas vanas, fatuas, y ahí
estamos entregándonos a vaivenes.
El aspecto terrenal vital sí que es muy importante, mas
el equilibrio conjunto con lo espiritual no puede nunca soslayarse. Eso que
cada uno de nosotros sabemos y creemos nos hace bien, sin dar mayores
explicaciones que lejos de ayudar a veces nos confunden. Nos olvidamos que
cuando seamos polvo nada mas quedará lo que hayamos compartido y dado de
corazón.
En 1921 Virginia hace una entrada en su diario digna de conocerse: -No
estoy segura que estos escritos, este libro está dándose en un modo saludable-.
¿Qué esperaría ella misma cuando habla de salud, sabiendo que la suya está
entrecortada y que, a pesar de todo, su creatividad está vigente? Saber que no
tenemos que estar al cien siempre, para poder dar esa parte de nosotros que la
vida nos propone y pide, eso mismo que en lo católico solemos llamar, una vez
más: la Voluntad de Dios. Ese flujo, ese sentimiento de estar en dónde se nos
llama, sin más. Y, dice: -Como he llegado a los códigos de estos valores,
realmente no lo sé, tal vez sea el legado de del puritanismo de mis abuelos-
-He de notar los síntomas de la enfermedad, para saber
para la próxima vez. El primer día es miserable, el segundo día es feliz. Puedo
tornarme y auto medicarme personalmente la próxima vez-.
-Aquí estoy, atada a mi roca; forzada a hacer nada;
soltar todo pesar, la irritación y las obsesiones de pronto regresan. Si esto
pasa no saldré a caminar y no trabajaré. Cualquier libro que leo se hace como
burbujas en mi mente-. (paraf).
En mi diario personal encuentro, ahora que reviso a conciencia,
muchísimas cosas repetitivas ¿Serán parte de las obsesiones que nos embargan
para toda la vida? Ese asunto de que todos podremos encontrar el justo medio y
no pensar que el péndulo de la vida solo a nosotros nos llena de pesares, todos
los vivimos de una manera o de otra.
Los problemas como
dice aquel dicho: -Mas nos valen para darnos la oportunidad de resolver de la
mejor manera y no pasarnos la vida anolandolos-. Anolar, es un verbo que
se utiliza en Yucatán, quiere decir que algo se come dándole vueltas y vueltas
en la boca, como un caramelo de miel, por ejemplo.
En julio de 2011, comenzaba a escribir la libreta número 92 (noventa y
dos.).
Los días que disfruté en Cancún junto a mi hija, me
enseñaron que a veces el poder de Dios se manifiesta de una manera nueva y así
nos permite tener espacios de vivencias con los seres queridos, con contenido
diferente.
Cuando uno percibe cierta evolución mental, hasta el aire
nos pega diferente en la cara. Se perciben olores en el ambiente que dan
tonalidades de color, nuevas, revitalizantes. Nada es ni eterno ni
constante, solo el alma.
Desarrollar la sensibilidad en los críos que tenemos
cercanos, sean propios o no. Sentir que logramos percibir de la misma manera el
mundo del arte con afinidades. Hacer de esos temas la centralidad de la vida
que se puede compartir. Exposiciones diversas y comentadas con seres que
encontramos en esos recintos y cómo saber que hay temas nos unen para siempre a
otros seres. El ímpetu de percibir lo que produce un gozo especial y que con
los años se acrecienta, lleva una misma dinámica, y si es con los hijos pues se
hace eterna y para siempre.
Optar por los silencios necesarios para reciclar o más
bien reeditar el espíritu. Cuando hoy día escucho como se tiene que apagar por
momentos los aparatos electrónicos para reiniciar los chips internos,
nos queda claro que así mismo es nuestro cerebro, hay que reiniciarlo
más seguido. (Continuará).