domingo, 22 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (13)

                                          Sin duda, cuando uno VIAJA, busca tomar distancia.

Pero la distancia no se deja encontrar. La distancia se crea.

Y la huida jamás ha conducido a ninguna parte.

Antoine de Saint Exupery.

Piloto de guerra.

                                                      Ese asunto de tomar distancia, a fin de cuentas, se refiere a un aspecto mental del ser humano. Cuando uno se aleja del lugar en el que reside (sea físico, sea mental) el ser interior se reconforma en la distancia obtenida. Comprender lo que se observa, serenamente. Es así tambien que, si uno toma distancia espiritual, se puede dar lugar al crecimiento interno y dentro de cualquier toma de distanciamiento algunas veces su puede dar el fenómeno de huir, alejarnos en lo físico, y otras veces distanciarnos de los humores con los que no comulgamos. Cuesta a veces afrontar lo que nos toca vivir. Aceptar las vivencias, es algo que se aprende, y nos percatamos de que puede ser divertido, propositivo.

Es en realidad con la mente que nos ausentamos. Con el cuerpo podremos alejarnos del lugar físico de la cotidianidad, mas si no estamos listos para disfrutar de la lejanía elegida, tampoco de ésta comprenderemos los potenciales ofrecidos.

Cuando logramos vivir más cercanos a algún mundo ideal del que solemos hacernos eco en la vida misma, y en la de todos los días, podríamos decir que también estamos haciendo una transformación de las distancias que nos circundan.

Hay maneras y maneras de tomar distancia. En lo personal creo que todas esas maneras son asertivas en sus propuestas, solo es cuestión de saber ver.  Aun conociendo bien nuestro humor más profundo, siempre habremos de renovarlo. Tomar distancia de nosotros mismos es un parámetro a veces difícil, porque solemos exigirnos de más para ese orden que nos proponemos en la vida de cada día. Siempre queremos que todo se acomode de la mejor manera en el sentido general de la misión que vamos cumpliendo.

 Es un hecho que la misión se cumple con mas o menos ahínco dependiendo del compromiso, y eso es lo que guía al camino real de la vida misma que nos toca vivir.

                        En el devenir de los días, siempre hay un acomodo preferencial. Algunos de nosotros nos logramos distanciar del ruido distractor, necesitamos un periodo largo cuando planeamos asuntos que llevarán tiempo y estar en las distancias medias cuando de resolver los asuntos más cotidianos se trata.

Cuando nos atropellan los imprevistos, es cuando comprendemos que la movilidad vital juega una parte trascendente, habremos de abrir nuevos espacios tal vez no tan pensados de antemano. Es seguro que sintamos mucho más cercano el apremio del cómo y hacia donde nos conducimos, sucede algunas veces como como si una bruma nos envolviese y hasta ofuscase la acción, y es cuando la inmediatez hace de las suyas con nosotros haciéndonos sentir inseguros en los movimientos.

 No es fácil de comprender que los movimientos de los demás no tendrían por qué afectarnos, cuando de hecho, si tenemos bien programada la vida misma, iremos a donde nos corresponde. He de decir que no hay programa inamovible, así que para no entrar al ton sin son (el sin sentido que podremos sentir) hay que saber que el reacomodo de todo siempre es un arte. Nadie se escapa de esto.

Ya el programa que nos hemos hecho en mente para vivir, sabemos que no se cumple tal cual. En agenda para desarrollar los acontecimientos de los días quedan trazados con la imaginación los términos de cada acción, y solo el buen sentido y humor dará curso estable, la total estabilidad no existe. Es seguro que tendrá un aporte fundamental mantener la calma. Es lo mejor que nos podría suceder, tener en cuenta cuanto cuenta el sentido de las acciones, y que no siempre es fácil.

En cuanto a la distancia que se toma cuando se viaja lejos de casa, es totalmente distinto. Sea que vayamos cerca o a lugares lejanos, la mente se acomoda diferente. Se dice mucho que uno toma las cosas más alerta al viajar a espacios y lugares que no conocemos, y es por eso que se llega a sentir que estamos más cansados cuando volvemos a casa. En lo personal, cuando las salidas son largas llevo un buen libro pequeño y tal vez de relectura. He descubierto la gran compañía y tranquilidad que nos puede dar colorear mandalas. A quienes viajamos juntos nunca nos ha de faltar la buena conversación, elemento clave. En lo personal me gusta hacerlo siempre, tiempo me falta. A los familiares tambien se les conoce más cuando se viaja. Parte de nuestra misión es descubrir más y más de las personas cercanas. Es un hecho que uno nunca deja de conocer aun a los cercanos, aunque creamos que ya sabemos todo de ellos. Hay mucho que descubrir.

 Hay personas que claramente necesitan de prolongados silencios, otras como yo misma, que amo la plática, el tiempo se me va entre los dedos en una de esas.  También se aprende a base de trancazos, hay personas que no valoran la comunicación, creen que solo es entretenimiento, y lo vemos claramente cuando nos dejan con la palabra en la boca porque surge algo que hay que resolver muy apremiantemente. Conocer la plática constructiva, es placer, y se cultiva.

                                                      Creo que las personas que hemos elegido escribir un diario personal, somos quienes más conversamos y hablamos con nosotros mismos. El diario, y más aún cuando uno aprende a disfrutar de los textos escritos por otros seres humanos, se entabla la comunicación como en diálogos silenciosos, para mí tienen mucho valor. El mundo que llevamos dentro es un espacio muy especial para cada uno de nosotros y no hay mayor regalo del mundo que aprender a distinguir quienes somos y que queremos no solo de uno mismo sino de los demás.

                                                                    Sin duda alguna el viaje más interesante es el que hacemos a nuestro interior. Es un camino que muestra distancias varias y estas son tan solo temporalidades de la mente para poder ir y venir en los tiempos que necesitemos, sea el pasado (cuando se revisa)   sea el presente (cuando se siente el latir palpable de la vida misma) y hablar de futuro es grandioso, porque nos conduce a percibir esa parte del ser que conserva el verdor de la esperanza. Futurizar, puede convertirse en lo más difícil porque de ahí se asientan las expectativas que a decir verdad hay que mantenerlas cuidadosas.

 Más difícil se pone la situación si tenemos demasiado pendiente el futuro con detalles, ese tiempo de vida hay que saber cómo se permea y así no nos juegue pasadas dolorosas. La mente es la herramienta clave y puntualizar que es muy sano saber que no todo se cumple tal cual se ideo, para estar listos a caer con bastante sopanda en la realidad, porque siempre es bella la realidad que se renueva.

Esto de ir de presente a pasado y más aún a futuro, es algo que Virginia Woolf supo hacer con gran maestría. Se percibe con claridad en los tiempos de los diarios personales de esta autora, y más aún en los escritos que van dando pie a los ensayos. Tambien en las biografías eso es fascinante, como se puede hablar de lo que ha pasado desde el análisis de lo actual. En el caso de ella, es el hijo de su hermana, Quentin Bell, quien lo hizo con maestría al escribir la biografía por encomienda del propio marido de Virginia, Leonard Woolf.

Y, así es como vemos cuánta razón tiene Saint Exupery cuando nos dice que la distancia es uno mismo quien la crea y podríamos añadir: y se recrea. Es algo que se construye y que nos da un sentido interior que siempre apela a la paz que tanto necesitamos. Cuando vemos las cosas con orden y sabemos cómo organizar el día a día sin apremios innecesarios, es menos dramático el imprevisto. ¿Que llega, lo que no estábamos esperando? ¡pues a tomar por los cuernos la acción! y se deciden nuevas propuestas. Si se cambian los planes, es seguro que es lo mejor.

Los asuntos siempre tienen futuro. Las más de las veces no es el que se creó de antemano en la mente. No todo se da como lo soñamos y bien que lo sabemos, eso es un hecho. La imaginación nunca nos suelta en la parte medular. Ya sabemos bien claro que la vida no es un sueño, es más bien una realidad soñada y encontrada con planteamientos realistas.

Cuando el autor citado nos dice que a veces se viaja para huir, es algo muy personal. Lo planteo así, porque tendemos a no querer afrontar tan rápido como es posible los asuntos que nos desagradan. A veces hasta sentados en nuestro sillón especial de casa podremos estar en huida mental de lo que no queremos afrontar. Postergar nunca es sano. No hay necesidad de trasladarnos a ninguna parte para lograr cambios buenos. A veces, he escuchado que a algún joven se le manda al extranjero para que asiente bien sus pensamientos, esto puede ser posible si quien lo necesita está bien consciente de lo que lleva en mente, porque si solo se va a la distracción obvia que se da en un cambio de ambiente y fuera del lugar de origen, pues nada se logra o tal vez se haga más grande el embrollo mental.

                                                                     Es un hecho que el escribir un diario personal es un viaje que emprendemos y que no queremos soltar. A veces algunas personas solo lo escriben por algunos periodos de la vida, mas la mayoría de los que yo misma he encontrado como escritores de la vida diaria, me han dejado claro que este viaje sí que se hace para toda la vida.

                                                                      Las modalidades cambian. Los estados de ánimo se hacen presente y nos dejan claro como por periodos se puede hasta vislumbrar en el tipo de letra que se utiliza, las tintas y el humor que ha prevalecido.

Las angustias que uno vive como que de pronto se acostumbran a estar con nosotros y es difícil evitarlas, por lo tanto, a los sentimientos hay que aprender a afrontarlos y a dejarlos en claridad, para que sean parte del aprendizaje y nada más.

¿Qué nos hace sentir a veces que queremos lo imposible?

Tan solo el ver sin filtro mental. Todo lo que nos reflejan los medios de comunicación en mensajes que asumimos como reales, puede perjudicar. Ya lo fake está implícito en la cultura de hoy, así que ya con esa premisa aprenderemos a ser mucho más cautelosos en todo, las series televisivas y ni que decir las películas como hay que depurarlas y no ver lo que es de plano de mala calidad. He de confesar que cuando me dicen que una película está basada en la vida real la disfruto el doble que una de ficción, aunque claro de esto último también se aprende mucho si tiene calidad.

                                                               En el viaje de la vida se nos olvida como es de importante la parte contemplativa. Las religiones siempre proponen esto de la contemplación espiritual, y se mal entiende. Tal pareciera que contemplar es perder el tiempo o no saber ¿qué es? Es tan solo ser observadores y algunas veces de cosas tan insólitas como el mar con el movimiento de las olas, las hojas de un árbol como soplan los vientos sobre éstas y lo que nos proporcione remanso.

A veces, con tan solo dejar que los tiempos se asienten y podamos ver con claridad lo que vivimos, se nos esclarece no solo el hecho que provoco el pensamiento.

Se contempla la naturaleza y cuando esto se logra, los ordenamientos mentales llegan a toda cabeza a todo el cuerpo y a toda alma.

                                                                          Las fuerzas propositivas solo llegan a través de los viajes al interior. Es cierto que es muy placentero salir de nuestra zona de confort en lo espiritual o el visitar otros países, más si eso nos deja la claridad que acompañó a esa decisión, que es tener un crecimiento real dentro del ser y fuera en las interacciones con los otros seres humanos. Si salimos, al volver a casa es verdad que traemos un cansancio físico normal, pero lo más importante es la renovación mental, no solo de decir fuimos… sino hemos regresado renovados. El inevitable cansancio que da el estar alerta de más, solo se abate cuando a la mente se le alimenta de verdad no solo con falacias. Y dice Viktor Frankl:

-Si sabes el porqué, no importa el cómo-.

Es tener clara la premisa de la que hablamos mas allá en otro texto:

-Si hay causa, hay finalidad-.

El verdadero problema del ser humano es que está resolviendo las causas de la vida personal desde el poseer, desde el ganar, desde el sentirse competitivo como si eso mismo diera o infundiera la energía necesaria para la vida digna. Es muy indigno lo que se vive desde la fuerza de solo el obtener las cosas y conducir la vida al vivir situaciones con un sentido deshumanizado, como lo estamos viendo en muchos lugares del mundo y de nuestro propio país. La especie humana no se quiere informar de lo que nos ha dignificado de fondo, no hay ese interés porque no se entiende aun como esa sabiduría nos lleva a otro nivel, tener claro que quien está al lado de nosotros es un congénere de la misma especie, que estamos en el mismo barco, que lo único que nos ha salvado desde que nos erigimos como humanos, ha sido el saber acompañarnos y más que nada, como ya lo hemos mencionado: adaptarnos.  (Continuará).

                                                                 

 

 

miércoles, 11 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día (12)

                                            La tercera virtud cardinal: La Fortaleza.

                                            Mucho podremos hablar y pensar en cómo se asienta en cada ser, esta parte tan medular del ser humano.

 

¿Nacemos fuertes y luego la misma vida en su naturaleza cambiante nos debilita?

 Se dice mucho que al entrar al mundo la esencia que traemos se va trasformando ya que el diario vivir exige a veces más de lo que podemos dar. La adaptación, siendo nuestra mayor característica y fortaleza de supervivencia, sabemos que es todo un reto que puede cobrar factura. Tal vez esto de desgastarnos más, viene en la segunda parte de nuestra vida terrenal. Al principio estamos creciendo y comprendiendo para luego aplicar todo lo habido.

                                                               Yendo con la premura de saber bien a bien que nos implica el ser fuertes en la realidad, vemos lo que nos dice la Real Academia:

Fortaleza: Fuerza y vigor.

Es poder resistir con vitalidad y con energía. Los dos aspectos son intrínsecos en la niñez, y la trasformación del ser va unida a la socialización, que al darse con ánimo alto y adecuado es seguro que conjuntamente con las buenas razones que la vida nos demande, logremos todo lo que hemos venido a cumplir al mundo.

La antítesis es la debilidad.

                                                        Todos, como seres humanos sabemos que no nos podremos sustraer de la época histórica que nos ha tocado vivir. Lo histórico determina lo social. Nadie nos lo dice nunca, lo vamos comprendiendo con el paso del tiempo y con el tipo de familia en la que nacemos; tal cual se forma la cosmovisión. Nadie lo menciona ni a voz en cuello ni al oído, podremos escucharlo de otros congéneres como algo cultural y con los caminos de la madurez.

Bajo la piel llevamos siempre el pulso de la época que nos toca vivir, unos acontecimientos pasarán factura más que otros.

Se dice mucho que los que nacimos en las medianías del siglo pasado, somos seres que hemos visto cambios drásticos, asunto que cada vez se nos hace más evidente, ya que el convivir en épocas que traen tales o cuales cambios, nos obliga a tomar en cuenta la fortaleza.

Sabemos que las facciones y grupos de humanos que quieren dominar el planeta están haciendo de las suyas. Da tristeza, mas es algo real.

El mundo, en toda la historia ha vivido épocas intrincadas, eso no es una novedad. Nuevo es para quienes enfrentamos el momento en tiempo presente.

¿A dónde nos ha de conducir esta etapa en la que vemos que ya hay tantas agrupaciones peleándose por acaparar el mundo? No es la primera vez que sucede, aunque las condiciones nunca son las mismas.

En lo personal creo que hay que tener fe en los reductos de seres que pensamos más o menos igual y que aun viéndonos afectados, podremos luchar fortaleciendo el conocimiento de los hechos para digerirlos lo mejor posible.

Es inevitable, habremos de utilizar esta tercera virtud cardinal para hacernos más enteros por dentro, ante los embates que a veces no sabemos ni de dónde vienen. ¿Como proceder y como los haremos quienes queremos una vida pacifica? En parte, es nada más con no cargar lo que en realidad no nos corresponde.

Una misión bien comprendida, nos da fortalezas inimaginables; sentido de vida.

No todos podremos cuestionarnos los asuntos medulares de la vida. Parte de nuestro quehacer es comprender la vida propia, conjuntamente con lo imperioso y no postergable de saber qué tanta fortaleza se nos demanda para estar enteros.

Simone de Beauvoir, escribió un libro llamado -La mujer Rota-. Teniase claro desde entonces, que rompernos por dentro es lo más fácil; es por eso que hay que tener presente que es lo que nos fortalece. Ya la época actual nos hizo sentir que entramos a una era en la que la inteligencia del homo sapiens ha de dar fe.

Nada de eso ha sucedido tal cual. Se han visto procesos retrogradas y como hemos aplicado lo absurdo de la violencia inimaginable. En la Antropología se dice: -para nada somos violentos en el ser que tenemos como parte del homo sapiens-. Agredimos por distorsión mental y por aprendizaje incorrecto. Nada más.  

 Tal vez la naturaleza del ser interno de la especie, se transformó más rápido de lo esperado por las demandas de la convivencia y el sentido de la vida social se trastornó.  Creo que el ser interior del homo está enfermo, porque no nos hemos dado el permiso de conocernos como lo que somos y se nos ha exacerbado el imperioso modelo de las posesiones, antes de hacernos más que nada personas plenas. Nos hemos desligado tanto unos de otros que tal vez en ese ámbito radique la insanidad que vemos reflejada en los espacios del mundo de hoy.

Cuando sabemos que pertenecemos a la misma especie, pensaríamos que está asegurada la empatía. No es así. Hemos sobrevivido a tremendas pruebas grupales en épocas muy remotas que se han superado, resulta raro que no comprendamos como dentro del mismo grupo al que pertenecemos nos estamos haciendo tanto daño.

A ratos me queda claro que somos como una especie disfuncional. Que estamos conscientes de que somos humanos sin saber entender qué significado tiene ese aspecto tan medular, el cómo es que estamos tan ligados entre sí y como nos definimos en lo profundo que nos une; eso que es seguro y fue parte central de los primeros años de la especie.

                                                                     Continuando con los pensamientos de Virginia Woolf y su diario personal, me encuentro algunas aseveraciones de ella que dan fe de que hace mucho que nos encontramos con cuestiones a responder, y que poco se dan en la realidad las respuestas. Son algunos escritores los que las abordan y creemos que es importante saber que parte nos incumbe.

Entre 1922 y 1923, Virginia dice:

-Pareciera que no tengo asiento en ninguna parte. Me da la impresión de que he de tomar la dosis de medicamento indicada, si no quiero sentirme perdida-. ¿Qué interesante resulta esto, que viene de un ser con tantas posibilidades artísticas en las letras?, nos aclara como a veces no estamos enteros aun pudiendo estarlo.

Con toda claridad se daba cuenta que ella estaba enferma. Quería adosar a su vida un tanto más de plenitud. Aquí, vemos como el ser consciente permite a su conciencia ayudarle, aun sabiéndose con dolencias y necesitar de algunas muletillas. La autora quería continuar con los textos que le definían y así mismo se daba la mano a sí misma.

-Si, estoy muy contenta de que en mis lecturas he podido vislumbrar un tanto de filosofía-.

En general le tememos a filosofar. Mas bien nos gusta que nos den todo digerido, y si de pronto nos surgen preguntas, nos gusta que otros las respondan. Virginia se esforzaba, aun con la pena de saberse limitada por una mente bipolar, sin saber exactamente lo que eso significara. Eso, es admirable en ella. Por eso en toda su obra se regula con muchísima creatividad el pensamiento.

-Con la filosofía… se me otorga un momento de sensación de libertad-. Nos dice.

(Paraf.).

La traducción de su diario personal es tequiosa.  En inglés es mucho más fácil poder observar cómo sus sentimientos responden a una vida bastante bien tomada por los cuernos, y compartida con los amigos intelectuales y acompañantes. Sabemos que no logra todo lo propuesto. Aun así, es una mujer admirable.

-La cualidad que más respeto es la de la individualidad. Se que mi obra ira en ese camino-. Nos dice.

-A veces las ideas las tengo que escribir de un solo momento, de una sola vez, esto me produce mucho placer al plasmar, estoy suspendida entre la vida y la muerte-.

-Encontrar la propia voz, todo un reto-.

-Estoy aprendiendo del mecanismo de mi propia mente-.

Todos estos, pensamientos actuales y vigentes para cualquier ser del siglo XXI.

Todos, absolutamente todos estamos con la provisión mental para poder conocernos más y más cada día, aunque parezca una empresa inútil, es la que lleva más sal y pimienta para que la vida se haga más asombrosa, más vivible y ni que decir llena del aliento divino que todos necesitamos, como lo podemos ver en la búsqueda de algunos escritores.

Es un hecho que Virginia Woolf ha escrito su diario para darse fuerzas. La fortaleza cada ser humano la encuentra en su ser interior, sabiendo en que consiste y dándole entrada como una formación mental primero y luego realista.

Tomó muy en cuenta lo que todos los del grupo Bloomsbury le aportaban. Creyó en sus amigos y la sociedad literaria que formaron siempre fue un apoyo.

Citando a Dostoievski, nos dice: - Este autor apunta que es uno más que nadie, quien debe escribir sobre los propios sentimientos, los más profundos-.

Sin proponérselo como un tema central, la autora nos deja claro que estaba muy preocupada por el sistema social de su tiempo. Lo refleja en los movimientos sociales cercanos a ella, los modos de escribir que estaban cambiando y ni qué decir de otras bellas artes de las que fue cercana, la pintura que tanto importó a su hermana Vanessa y que dejó fidedigna obra admirada hasta hoy en museos.

En estos dias en lo personal, me preguntaba en que consistiría hacer más pura la vivencia personal. Que tanto influye la gente que nos rodea para hacernos más o menos críticos, y como lograr ese equilibrio y fortalecernos.

Nada es tan sencillo como de pronto solemos verlo… y es cuando habremos de meter retranca para no abrumarnos con realidades que nosotros no podremos controlar. Es la naturaleza humana con tendencia a querer llevar los controles y todo en las manos personales, lo que puede ser falaz. Lo nuestro hay que aceptarlo.

No hemos venido al mundo más que a cumplir esa misión encomendada. No importa que tanto será o no entendida por los otros, es personal.

Así es como llego a la libreta # 95.

Tenía aún muy a flor de piel lo que el zen me había venido enseñando, de que la vida tan solo es hoy. Este asunto después se depuró en mi vida, porque si es muy bueno saber que hay que vivir el día con plenitud, pero eso no abarca a toda la realidad que no debemos desdeñar ni dejar de ver. Esa combinación de ver lo del hoy mismo, mas lo que conlleva toda la realidad que nos rodea con bemoles y visiones.

Los momentos melancólicos, exactamente como los vivió en sumo grado Virginia Woolf, son necesarios de ser aceptados y bien vistos. Saber que son como pequeños duelos interiores que nos debemos permitir, dejar que nos toquen; es decir no luchar contra esos sentimientos sino saber que son parte.

Empezar

Un ciclo mas

Un mes mas

Un mes menos

Sol renovado

Adentrarse en los vientos nuevos

Cielos que se pintan variados

Agua de lluvia que llega

 Cielo iluminado

Luz de ser, que renace

Amante, el retoño desentraña

Mariposas que acuden

Aguas murmurantes

Vida palpitando, nueva

Recomenzar. MJ

 

sábado, 7 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (11)

                                                                   Es doloroso, mas también es edificante ser lo más realista posible, saber que la justicia total y plena no existe. MJ

 

                                                               Me ha llevado prácticamente toda la vida que he vivido en este planeta, poder tener claro (aunque no me guste nada pensarlo) que la justicia total no existe. La plenitud justa, se va a dar solo por momentos. La verdadera justicia que todo humano desea como un bien de la especie y de la humanidad misma, es algo muy difícil de alcanzar. Nos sentimos gloriosos cuando vemos que de pronto se hace justa la acción que vivimos como injusta, aunque a veces es muy alto el precio de logarlo y otras veces sabemos muy bien que no se logra. La claridad de que no pasa nada es necesaria, saber que otro bien se otorgará, y siempre está el equilibrio que se hace presente.

                                                            Hace unos días, en taller exprofeso para la mejor comprensión de la filosofía humana, hicimos el análisis de una cinta que, creo yo, ningún humano debería quedarse sin ver y observar. Es de un humanismo desgarrador y complejo y además es histórica y se ha filmado en lugares de una naturaleza que sobrecoge al alma y nos habla indudablemente de Dios. Este filme que fue galardonado en su momento con toda justicia para todos los creadores de un cine tan elocuente y necesario, lleva por título: La Misión.

Solemos relacionar esta palabra de misión, con los sacerdotes que se avocan a ir a lugares lejanos a llevar la palabra de Dios. En este caso es así, mas antes de entrar un tanto en el argumento, es bueno aclarar que todos estamos en una misión encomendada, lo sepamos o no. Todo ser que entra al mundo trae una encomienda a desarrollar, sea esta sencilla, corta, larga o de cualquier índole y lo que no podemos dejar de lado es que esta vida es en sí misma un encargo a cumplir.

 La certeza de que podemos sentir dolor ante misiones que parecen inconclusas, es muy válida, y no dejar de observar que llevan un total sentido.

Si muere alguien mucho antes del tiempo esperado, nos parece injusto. Solo el buen duelo es lo que nos dará paz, y hay que dar ese espacio. La muerte, siempre tiene un sentido, aunque nos duela a los deudos aceptarlo, justa no es, y nos queda claro que llega en el momento que Dios dispone en la condición infinita.

El diccionario de la Real Academia nos dice:

Misión: Poder, facultad que se da alguien de ir a desempeñar algún cometido. Cuando ese cometido ya está logrado, es cuando nos vamos de este mundo. Nadie se va ni antes ni después. Es así, que un joven que se va del mundo nos puede dejar claro en el corazón que ha cumplido lo que le ha sido encomendado y lo hizo en el tiempo de Dios, no en lo que nosotros consideramos más importante, que es el tiempo terrenal que nos olvidamos que es pasajero.

Dentro de la misión de algunos seres humanos está la facultad de hacer justicia con más ahínco, mas todo ser humano, cualquiera que sea su misión siempre va aunada a que ésta sea justa. No por decir que esta virtud cardinal no se logre del todo ni en el mundo ni en ámbitos particulares nos vamos a desencantar y vamos a sentir pesar al respecto, todo lo contrario, qué bueno que podamos tener el realismo en la mente de la dificultad de encontrar justicia, porque tendremos en el corazón la llama encendida de tratar de procurarla en la medida que podamos y en cuanto se nos presente la oportunidad. Quien infringe la justicia adrede, va por un camino mucho mas pedregoso y el sendero de regreso seguramente se dará con un corazón lastimado, más allá de lo que los demás podrán entender. Cada ser humano sabemos nuestras medidas y percibimos más o menos la justicia y si logramos la que podemos dar al presentarse la oportunidad, hay consonancia del corazón.

 Depende de cada ser humano y es cuando entramos al mundo, el momento en que se va abriendo la inquietud vital que nos dará las percepciones de lo justo y la sed eterna de que hemos venido a cumplir tal o cual cometido. Nada de nuestra misión ceja hasta que cerramos los ojos del cuerpo terrenal para siempre. La forma singular como lo hacemos los católicos: saber que hay un tiempo espiritual que no muere.

Todos, al estar viviendo llevamos esa sensación interior: ¿habrá algo que nos falta? como que andamos en las acciones para que esa especie de sequedad se vaya convirtiendo en vida plena. Nunca se llena completo el vacío…  somos finitos.

La premisa más bella de San Agustín nos dice:

Vuelve a tu corazón, y ahí encontrarás a aquel de quien te apartaste. Y no es que nos apartemos más o menos de Dios ni que lo hagamos adrede, es la misma condición humana que en su ir y venir nos aleja de nuestro centro rector.

 Con la misma, la vida que es la entrega más grande de Dios hacia nosotros, nos la vuelve a mostrar con caminos nuevos y volvemos a otro regocijo temporal. Claro que los católicos sabemos que no estaremos completos, hasta que la vida se cierre en Dios mismo.

La película mencionada tiene como tema una misión emprendida por los jesuitas que asignan a un grupo hasta el lugar que habita una tribu latinoamericana, la de Los guaraníes. Van hasta ahí, con la consigna magna de que tanto misioneros como los que van a recibir el conocimiento son una creación de Dios. En base a eso, comulgan y los misioneros son bien recibidos y van adentrándose en el trabajo con total entrega, algo que es una de las más bellas premisas del filme: no se va a medias a ver si se hace o no la misión, cuando se va es porque estamos seguros de cumplir y mucho mejor si los recipiendarios del bien están abiertos a recibir. Son las condiciones con otros humanos (que no están de acuerdo con tal acción) las que crean todo un conflicto. Lo más bello es ver los argumentos de unos y de otros y poder observar durante todo el filme como los que llevan esa palabra para cumplir la misión, nunca se desaniman. Es al final cuando pasan cosas que podríamos cuestionar, como lograr que no les arrebaten el bien que han llevado y están otorgando. Ellos lo van a permitir ya que saben que cuando el corazón conoce hacia dónde va, nada ni nadie lo detiene. Cuando son argumentos de índole terrenal como intereses creados o políticos los que vienen a mover, los tapetes, cuesta más aceptar. Se puede apreciar una conversión en uno de los personajes, se vislumbra tambien quien tiene la mente cerrada y no logra dar cabida al apoyo de la justicia.   

La música no podría ser más esplendida. Ennio Morricone se explaya con el alma abierta y plena, sin duda alguna. El italiano, que es sublime en todas sus composiciones musicales, aquí sí que dejó el alma plasmada en cada nota. En este filme hay una melodía llamada -El Oboe de Gabriel- quien es el padre jesuita que con una flauta hace percibir a los guaraníes una condición única de comunión. La música, junto a las gloriosas maravillas naturales del lugar, nos hace ver un filme que conmueve mucho y que deja claro que aun si se vive un martirio hay salida anímica que conlleva valor.  El mártir de cualquier condición, sea esta religiosa, de guerra o de misión encomendada, no es nunca un ser fanático. Solo trata de vivir y sabe que está siendo fiel a lo que sí cree, lo asume en cuerpo y alma y si es necesario hasta con la muerte.

Hay muchas vidas exitosas en el mundo actual, y a la vez cuajadas de vacíos. Y, nos preguntamos ¿porque injustamente un ser de éxito, puede sentirse desvalido? Es tan solo por no esforzarse en conocer los caminos reales de su corazón, de su alma, de su encomienda. Algunas veces tenemos miedo a las transformaciones interiores porque no las observamos como un bien, sino como algo que se nos pide injustamente. Si queremos lograr la misión habremos de vivir tensiones y sinsabores, son parte actuante y sin remedio.

¿Quién dijo que la vida seria todo el tiempo un camino de rosas? tal vez alguien por ahí que con ilusión no supo cómo aterrizar a la realidad. No es lo más deseado, ¡claro que no! da mucho trabajo manejar la buena tensión que surge de una encomienda genuina y mucho más sabiendo de una justicia que puede ir y venir. Lo justo no permanece eternamente igual, es nuestro trabajo el saber como.

El sentido de una vida está basado en lo que es comprensible con la mente al mismo tiempo que con los sentidos y proviene de los buenos razonamientos del corazón. Ya dijimos que la verdad es la realidad y la certidumbre no es negociable, cuando sabemos nuestra misión clara y serena y ante viento y marea la defendemos.

 Es por eso que nadie puede vivir la vida de la misma manera que otro ser humano la vive.

 Compartir, es palabra clave en el camino de la justicia, y así comulgar con el otro.

Cuando hay causas en la vida, está bien asegurada la finalidad. Cuando hay finalidad es más fácil vislumbrar lo justo. La justicia, así como una entidad total y perceptible para todo el mundo, es lo que es más difícil y solo por eso podremos afirmar que prácticamente no existe como tal.  No podemos soñar con justicias que no están asentadas en los hechos y en la realidad y peor aun cuando las verdades han sido trastocadas.

Lo bueno, y siempre rescatable, es que como hijos de Dios hemos sido creados con un sentido de grandeza y ese es el camino del alma sana.

No hay ser humano que no tenga todo para su buen sentido personal, y si esto se vive se está mucho más cerca de lo justo.

El camino nunca es recto, sabremos distinguir los momentos de parar, de observar y de actuar. Y así con todo, una y otra vez persistir.

La vida ordenada no se regala ni se vende en la farmacia de la esquina. Lleva implícita la premisa de que nada es seguro del todo, por eso hay que tener cuidado con no cuadricularnos en demasía. El buen pensar es básico, pero no es justo en todos los casos.

                                                 Por estos días me encontré revisando la libreta # 94.

Afirmaba para mí misma el hecho de que nos pasamos mucho tiempo de nuestra vida afinando conceptos y otorgándonos a nosotros mismos las valuaciones, y eso es bueno. Cómo hay que comprender a cada ser humano en su momento de vida. Al niño con sus maravillosas percepciones de las que mucho podremos aprender. Al adolescente tendiéndole la mano con muy buenos silencios para que desarrolle el pensamiento propio, porque pensar y creer que puede escuchar al adulto en todo, ¡es mucho pedir! Y los adultos acompañándonos.

¿Puede una crisis personal que no vimos llegar, asentarse y movernos todo? ¿hacernos perder el camino real de la temporalidad? es seguro que sí. Si de pronto se nos cambia la jugada (como normalmente decimos) ese momento cuando sentimos incertidumbre, tenemos el derecho de ser justos con nosotros mismos y darnos el tiempo que merecemos para percibir que es lo pertinente que habremos de vivir.

Me entraron muchas dudas en estos días del año 2011.  ¿Seguir con la misma rutina de escribir? Por ratos sentía que era una perdedera de tiempo, como que la vida misma nos hace creer esas cosas. Jamás hay tiempo perdido en lo que sí creemos y nos damos cuenta que es una necesidad casi que nos llegó con el ADN. No es cuestión de dudar, es algo así como saber que cumplimos justamente una misión que por mal vista que se dé por parte de otros congéneres, (ese es su problema) nosotros habremos de atenernos a lo nuestro. Por la Gracia de Dios escribí mucho sobre eso, sobre la misión encomendada y la reforcé. La misma misión disipó nubarrones de dudas para aclarar y seguir con la pluma en mano.

                                                                  Por estas fechas tenía yo un sentimiento de percibir la vida misma como muy intrincada. Tomé varios bolígrafos de tinta clásica, la azul, la negra y la roja, e hice unos diseños entre zen doodling y geometría quería que reflejasen ese sentimiento, los hacia a diario y con enorme gozo. Luego tendría que pasar a otras cosas, en los temas elegidos de la plástica. La serie se llamó: -Intrincados-. Mi obra plástica siempre ha respondido a sentimientos internos de mi ser.

Ser

Con la paz, o sin ella.

Con la tinta, o sin ella.

Con la luz del sol, o sin ella.

Con la luna, o sin ella.

Ser. MJ

 

 

 

miércoles, 25 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día. (10)

                                              Cuando se quiere ser ingenioso ocurre que se miente un poco.

El Principito.

Antoine de Saint Exupery.

                                                           Muchas han sido las veces, en las que me he vuelto a dirigir a mis libros predilectos para leer de nuevo, y digo que es algo novedoso porque cada que volvemos la mirada a páginas ya leídas, nos encontramos con sorpresas. Ahora lo he hecho con la única obra que he leído de Antoine de Saint Exupery: -El Principito-.

Como en la obra que hace el extracto de algunas frases escogidas del mismo autor, -Saber Vivir-, me encontré la frase en particular con la que inicio este texto, tuve a bien darme el tiempo de intentar volver a ella y gozarla una vez más en contexto.  La realidad es que me animé a leer el libro completo, no es largo, y lo buscado nunca apareció.   Exactamente cómo se goza de un buen amigo, el libro me volvió a dar ese placer que da la buena literatura. El libro querido, ese mismo que tiene en mucho el sabor de una buena amistad: fidedignidad, buen aprecio, y en donde sabemos encontraremos siempre remanso y nuevas posturas para un crecimiento asegurado. Me pregunté ¿Estaré tan distraída que no la vi? ¿Será cierto que es parte del texto? Y tan solo me respondí:  a veces no es necesario volver a encontrar con exactitud lo que buscamos, para tener la felicidad asegurada. Los reencuentros pueden traer nuevos momentos y hay que estar abiertos para eso mismo, es importante ser felices con lo que se nos brinda.  A veces uno busca… pero no se encuentra lo buscado. En buen yucateco diríamos -Lo busco y no lo busco-, y nos podemos reír un poco de nosotros mismos. ¡No pasa nada!, porque la vida es así. Si nos afanamos, menos encontramos. Tranquilamente devolví el libro al librero. Ese libro es de los predilectos de aquí de casa (que por cierto es un libro viejo, porque data de la juventud de mi marido.) Tuve yo un ejemplar que me llegó en la adolescencia y nunca supe a donde fue a parar. A veces uno presta libros para que no vuelvan jamás. ¡Qué bueno que así suceda!, porque exactamente como pasa con las obras que uno pinta, los libros a veces deben ir a vivir su vida propia, a otros lares.

 Así pasa también con el ser amigos de los amigos, a algunos de ellos les creímos para toda la vida y resulta que no es así y hay otros que de pronto entran al pandero de la buena amistad sin pena ni gloria. Que felices podremos ser si ante los ojos de un buen amigo, una buena amiga estamos en paz. Los seres humanos somos   volubles sin duda alguna y también lo celebro porque nos habla de que tenemos carácter, formas de ser y de hacer (es decir, cultura) y sin duda alguna estamos llenos de lo que se llama personalidad, porque, aunque ésta estorbe un poco para la vida de profundidad espiritual, es un hecho que solo podemos ser tal cual somos y nada más.

No somos cultos porque sabemos tal o cual cosa, más bien somos cultos porque nos gusta ser de una determinada manera de ser, más que nada la forma que le damos al día a día. El espacio diario cada uno lo hace sagrado.

                                                      Las veces que se tome entre las manos un libro es una nueva aventura, así se haya leído cien mil veces antes. Es seguro que nos dará el remanso de nuevas reflexiones. Con el libro de Saint Exupery, -El Principito- es seguro que tendremos de nuevo ese momento de asombro, ese volver a alguna frase que nos llega más profundo o tal vez nos regresa a algún momento anterior.

Pues bien, no habiendo encontrado lo que fui a buscar, un tanto con idea de reorganizar todo en mi interior, me quedo con la frase de:  el ingenio tal vez a veces pueda ser un poco mentirosillo y mientras sea producto de una imaginación creativa, bendita sea la idea que nos permita tener entre las manos y la mente lo que nos regala el genio y el ingenio que nos reviste a cada uno de nosotros.

Y volvió el texto a su lugar especial. Todo texto apreciado y por más sencillo que sea, ha de tener un lugar otorgado. El hacer de cada libro un amigo, no es irse por la demasiada imaginación, es saber quiénes con el modo de postularse en el arte literario nos han marcado. El texto que derrama imaginación siempre nos trae a colación lo importante que es saber cultivar la nuestra, no para vivir en lo ingenuo, sino para saber que el mundo interior que nos habita como parte de nuestra salud mental, es también el baluarte que nos da vida con paz y tranquilidad.

Cada uno de nosotros sabemos loque nos ha dejado algún texto. Esa primera vez de conocer mejor a algún personaje se me dio con relación al Principito, como a los doce años de edad. Me encontraba en la ciudad de México en casa de una de las hermanas de mi madre, cuando creo que mi padre me notó un tanto taciturna y ociosa y me hizo una invitación y así, nos fuimos de paseo a una librería. Mas, ahí mismo también me atonté, porque a esa edad, no sabe uno ni qué libro elegir. Mi padre tomó el libro del -Principito- y me lo dio -este, me dijo -Nos lo vamos a llevar- Así, comencé esa lectura que lo único que me trajo en ese momento fue un trajín mental tremendo, y solo pude pensar: ¿Y qué hace un pequeño príncipe dando zancadas en un mundo que le queda pequeño, y con esos tremendos árboles que se han apropiado de todo el espacio? no me permitía la razón adolescente, volver a la verdadera imaginación, esa que nos hace más grandes en el espíritu. Así, de pronto mi padre me vio leyendo ¿-Te ha gustado el libro-? me preguntó. -Si, está interesante- le dije.

No hubo más que estar en el camino de permitir entender, que el gozo por la lectura es una empresa muy personal que se desarrolla de a poco y que una vez en nosotros, nunca muere.

Luego, tomé el libro ya con más edad. Fue con la edición que me encanta hasta hoy día, y logré en verdad darme cuenta de todo lo que me había perdido. A los hijos antes de que lo leyesen les narré parte y hoy día a los nietos se les ha dado un libro nuevo, para que ambos lo gocen narrado y leído por sus propios padres.

Me encanta que Saint Exupery le da todo el crédito a la niñez, la presencia de los niños y más la presencia de un niño príncipe que, de entrada, nos llama a estar más atentos. Tal cual lo dice desde la dedicatoria:

-Todas las personas mayores han comenzado por ser niños. Pero pocos de ellos lo recuerdan-.

Cuando tendemos a explicarnos con más incisión razonada los asuntos, todo indica que hemos dejado atrás una parte sustancial de nuestra existencia: la niñez. Es un hecho que los críos se especializan en preguntar (con una gracia especial de la que adolece el adulto) y, a pregunta hecha, habrá que responder lo mejor posible con la sencillez del caso. Cuando mi nieto me preguntó a los 6 (seis) años de edad a donde se van los seres que mueren, estaba yo manejando el automóvil y él estaba sentado en la parte trasera, no le podía ver a los ojos. Casi me detengo para darle la respuesta, tal como me gusta viéndole a la cara, pero pensé que estaba yo exagerando algo que era mejor contestar con sencillez y con una pregunta nueva le pregunté: ¿-Y, tu, ¿recuerdas de dónde viniste? -  y me encanto que me dijo -De la panza de mi mamá-, -bueno ¡claro que sí!, pero ¿-Recuerdas algo más allá de eso?, y me dijo -no-. Bueno, pues -he de decirte que yo tampoco, y ¡qué bueno!, porque es ahí a donde volveremos-.

Hoy día, casi a sus 8 (ocho) años de edad, escribe historias en las que es protagonista, y hay una en la que dice que él fue Toloc (lagartija grande yucateca) que siendo así se convirtió en niño.

A renglón seguido de las investigaciones sobre el morir, hablamos de las melodías de Vivaldi que solemos escuchar cuando le voy a buscar al colegio, porque aun sabiendo que Vivaldi es desdeñado por muchos congéneres que se sienten muy cultos (porque dicen que es lo más burdo de la música clásica) en lo personal nunca he pensado así, y ceo que mi nieto tampoco. Le intrigan los CD, porque casi no los conoce y me pide que se los preste.

Solo nos acercamos a nosotros mismos, siendo en verdad la persona que somos.  Eso de jugar con las máscaras jamás ha sido lo mío, de hecho, nunca me ha gustado el disfraz, aunque he de decir que se disfrazaron más de la cuenta los críos de casa. Mas, solo ellos lo han de decir a su debido tiempo. Ahora veo que también se sigue la costumbre de ponerles disfraces por diversos motivos, y lo gozan.

A veces los críos prefieren no hablar, ¡claro que sí! Y es porque se dan cuenta que uno no siempre los mira a los ojos, en ese intercambiar las ideas.

Pareciera que sus ideas son aún ¿inmaduras, según algunos adultos?  ¡para nada! quien no aprende de un crio, se pierde la mitad de su vida.

 Di talleres de motivación en el arte, lo más importante era lograr que el niño amase imaginar, creo que se logró. Algunos se han hecho artistas plásticos.

-Cuando el misterio es demasiado impresionante, es imposible desobedecer-. Dice el texto releído.

La imaginación es algo que ha de acrecentarse con la adultez. Nunca dejamos de utilizar esa grandiosa herramienta que nos ha traído hasta donde estamos hoy día.

Si algo nos llevase fuera de la realidad, es tan solo para hacer más clara la misma realidad que vivimos, porque si hemos escuchado que hay muchos seres humanos que temen a su imaginación, es solo por temor infundado, ya que eso mismo nos da más realismo. Ser imaginativos hace a la vida más rica.

Ese pequeño planeta que habita el -Principito- en la narración, es totalmente real dentro de cada uno de nosotros. Estamos a veces ausentes del poder imaginativo y realista que es a la vez nuestra propia existencia. Ese ir y venir de aventura.

Frase imperdible del texto: -Yo me pregunto si las estrellas están encendidas para que cada cual pueda un día encontrar la suya-. ¡wow, a cuál más hermoso!

Si una serpiente es capaz de decir: -También se está solo entre los hombres-. Es que solo nos resta comprender más allá de la especie que nos habita y a la que pertenecemos.

Y para terminar esta reflexión de tan bello texto, diremos la última frase que todos conocemos, pero que a nadie viene mal recordar:

 -Solo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos-.

 La seguridad de abrir los ojos de la mente imaginativa solo nos refresca y es cuando nos ligamos mucho más al   pensamiento realista,  esos textos que se vuelven parte de nuestra piel nos aterrizan con mas plenitud.

                                                                 Conforme nos vamos haciendo mayores en lo que más  pensamos es como le vamos a hacer para no crear olas en las vidas de los jóvenes, y aunque sabemos que por la Gracia de Dios muchos de ellos ya saben que es una buena labor en la tierra tender la mano al ser que envejece, pues también nosotros mismos nos podemos echar la mano teniendo esos textos que nos dan solaz, así como las melodías que quisiéramos escuchar hasta el último momento, y todo eso que aun  con la vejez a cuestas, podremos gozar. El gozo debe acrecentarse no disminuirse, en textos pasados aclaramos que es mucho más importante el gozo que la felicidad, y más cuando la puerta de salida de pronto se hace más y más evidente. Estoy segura de que se nos allana el camino del final. El último trecho que podremos iluminar si así lo deseamos. Y, claro fortalecer los músculos del cuerpo físico, ni duda nos quede, ya que mientras más nos podamos valer por nosotros mismos es seguro que la vida pintará diferente.

En el año de 2011 escribí una pregunta, hecha a mí misma:

¿-Por qué nos atoramos en la vida-?

-Porque nos olvidamos de que todo lo que vivimos es tan solo aprendizaje-.

Hoy, tras siete décadas vividas, me queda claro que no es tan solo aprender, porque eso de acumular conocimiento es algo que se hace durante una etapa de la vida. Es tan frágil el asunto del conocimiento y cambia todo tan rápido, que no es eterno ese bien de acumular el saber. Tenemos claro que las cosas se llegan a olvidar. Lo que realmente nos permite un flujo sano, es saber lo que nos toca hacer. Siempre estar queriendo lo que la mente exige y exige, nunca  es la respuesta, porque lo que más nos da vida es estar atentos a las realidades. Esa realidad futura de los últimos años no será ni por asomo lo que nos hicimos de historias en la cabeza.

Armar rompecabezas, resolver acertijos de palabras, hacer, hacer, lo que nos reivindique el interior, y que la mente se expanda en el justo momento de la vida que nos toca afrontar.

El crecimiento personal ha de reflejarse en la vivencia, nada más. Esa es la realidad, no la que nos hacemos en la mente. (Continuará).