Diario
vivir: Razón y Orden. (6)
Los hombres no son prisioneros de su destino, más
bien son prisioneros de su propia mente.
Franklin Delano Roosevelt.
Siempre
me ha llamado la atención como los modos y costumbres se mecanizan, así es la
cultura, mas tambien hay que tener claridad en lo que pensamos, para razonar
bien lo que percibimos cuando a veces se nos presenta el pensar con cierta
irracionalidad y puede ser factible de revisión. Alejarnos de las inercias y
tener claridad en los actos.
Hablo de esto en este caso, en función a lo que he vivido
por la manera y costumbre de llevar las honras fúnebres en nuestros lares. Me
tocó asistir en estos días que releo, a un velorio, un tío mayor de edad que
nos dejó. Me cuesta estar de acuerdo en que, al despedir al difunto, se haga
como un barullo festivo. Es así y me da la impresión de que no hay otra manera
por el momento, a veces la costumbre manda aun siendo equivoca.
Todos nos terminamos yendo del mundo, no hay vuelta de
hoja. Ese despedir es, ante todo, algo muy personal. Cuando los deudos, amigos
y familiares se juntan me da la impresión de que nace una especie de
festividad, y se pierde el sentido de lo que está sucediendo. Me hace volver a reflexionar
sobre la muerte, lo que percibí en este velorio pasado, y ahora es porque
escuché en estos días que ha muerto una joven. Aun sin conocerle me ha
impactado, era la ahijada de una muy buena amiga. La muerte de cualquier ser
humano nos debe mover por dentro, al menos a hacer una sencilla oración tan
solo por el hecho mismo. Comprendo que se sale de nuestros modos personales y mucho
más hoy día con las prisas al vivir.
Otro aspecto de la mortalidad me lleva pensar que ya nos
acostumbramos a que sea algo efímero el duelo, como por inercia. Tambien me
preocupa como tomamos las muertes no naturales en la actualidad, esas que se
dan cuando las disputas matan a congéneres en actos violentos. Hay ámbitos
sociales no tan personales ni cercanos que nos hacen percibir que se ha
desvirtuado el sentido del morir.
Ese recurrir a la muerte porque se considera algo necesario
dentro de los grupos violentos para ajustar cuentas, es una confusión que viene
de un poder mal entendido. Cuando los muertos se convierten en números, nada se
ajusta. Creo yo que nos rebasa a la mayoría entenderlo y se nos va secando el
sentimiento al respecto. Es una pena muy grande para la sociedad.
No digo que se ore por cada muerte que ha ocurrido en un
país que de pronto se ha hecho más y más violento, sí podríamos conmovernos en
el alma cuando podamos hacerlo y percibir que eso de las matanzas por aquí y
por allá no es normal. Si un niño preguntase, tomarnos el tiempo de explicar que
nos significa la vida.
En estos días hojeaba
por enésima vez (tambien es uno de mis libros de cabecera) a Séneca y sus
cartas a Lucilio, tiene varias en las que habla a su discípulo sobre la muerte
y me encanta como plantea el asunto del morir. Aquí, veremos parte.
Me inquieta desde niña esta temática. Me imagino nos sucede a todos de esa manera,
tal vez a unos más y a otros menos, tiene todo que ver con los temperamentos. Morir es en sí mismo un
cierre natural. Cuando vivimos tanta agresión sin sentido podríamos llegar a
afirmar como lo hizo Plauto en el siglo lll: el hombre… es el lobo del hombre, (homo homini lupus).
Esto simboliza el egoísmo máximo ante la agresividad desmedida, que no es
natural. Siempre podremos condolernos, más si es muerte
natural. Sea muerte infringida por el absurdo o por la natura que a todos nos
habita y es cíclica, la muerte es importante, digna.
En épocas de mi niñez todo era demasiado oscuro y
sobrecogedor cuando alguien partía. Ese negro rotundo en las vestimentas y
mantillas en las cabezas de las mujeres, daba pesar, mas al menos se notaba que
les podía. Doy gracias que ya eso ha cambiado en cuanto al color negro
rotundo. No sé si he compartido en otro lado de estos textos el dia que murió
mi abuela, por la mañana me dijo mi madre que me alistara para irnos, no iría
al colegio. Elegí mi vestido preferido de ese momento. Era de color blanco con
bolsas enormes al frente, de varios colores.
Un regalo de mi
padre y mi madre se contrarió al verme. Habló con mi nana y le dijo: -esa ropa
está muy estridente, ponle uno todo blanco-. Ahora con los años lo entiendo
perfecto. Mi padre dijo que se me permitiera y mi madre tenía la última palabra,
ni duda alguna.
Ahí me di cuenta como cada ser es único, y como se dan
los modos de cada uno de los padres. Quien vive la muerte en primera persona la
percibe distinto, más cuando queremos acompañar a deudos hay que mostrar recato
y silencio en el ser. Silenciarnos, acompañar y dar un pensamiento a quien ha
sido llamado o arrebatado de este mundo, es humano. La indiferencia en algunos
asuntos entre los homos sapiens cada día es mayor. Iremos viendo las
razones.
Casi estoy segura de que el morir a todos los de nuestra
generación nos creó más preguntas que respuestas. Hoy día ya hay más recursos
para ese entendimiento, la tanatología
nos ayuda a comprender. El ser
cercano que nos deja no es que se vaya del todo, porque se manifiesta en lo que
nos deja con lo compartido, con lo vivido.
Hoy día, ya se utilizan los tonos más claros en la ropa
del luto, y que bueno. De la misma manera sería bueno que la claridad entrase a
la mente, los blancos que son pureza podrían utilizarse para saber ¿Qué nos
marca de ese ser que se va?
Cuando se cierran los ojos de alguien para siempre, como
que una lluvia de sentimientos nos llega. Solo imaginar a quien pierde a un ser
querido nos ha de condoler de alguna manera, una plegaria silenciosa, no cuesta
nada.
Sea un ser
cercano o lejano quien parte, bien vale la pena parar y revisar lo que sentimos
y tratar de ponerlo en sitio especial de la mente, con respeto. Ha de ser algo que, procesado en nuestro
interior, nos ha de dejar el buen sabor del recuerdo. Y aunque no siempre se
propicie esto en los modos actuales del velorio, cuando todo se vuelve un acto cumplidor,
uno mismo puede tener el modo recatado.
Es cultural sin duda alguna esa manera como en la
realidad se lleva a cabo el cierre. Es claro que la cultura impera, pero no siempre
es fijación y puede cuestionarse en los modos de hacer.
Cada vez que acudo a un velorio hay algo dentro de mí que
me dice: -no vuelvas más-. Me puede ver la algarabía cuando se está
respondiendo más por inercias que por sentimiento genuino. Ahora, ya me doy
cuenta que a veces sí hay gente que solo cumple y miente, y no pasa
nada, son diversos los niveles del involucre con el difunto, hay que aceptarlo. Si se siente el dolor de la perdida, hay que
acompañar.
Habría que poner
en la justa dimensión todo el acto, ya que abrazar al doliente es parte, pero
no solo es eso, recatarnos y saber que si creemos en el Dios que recibe al
difunto es una realidad, pues tan solo pedir que pueda ver la luz transformadora.
Tambien creo importante preparar la mente desde que se
nos da la noticia de alguna enfermedad. Sí
bien todo en su justa dimensión será dependiendo del parentesco, hay seres que
se van y que seguro conocimos de alguna manera. Creo valioso que nos demos ese
pensar, ¿que tanto nos significa ese cierre del círculo terrenal? y que tanto nos
significa en lo espiritual. Ese apoyo a los deudos es invaluable. Nosotros mismos, habremos de apoyarnos para
comprender mejor tal momento. ¿Qué se ha ido un ser a la siguiente dimensión?
Eso resulta obvio, más lo importante es manejarlo con un sentimiento especial.
Lo he vivido mucho y siempre me deja ese resabio de que no hay la profundidad
adecuada, mas con el tiempo me doy cuenta que cada quien puede tener en sí
mismo los procesos personales.
Ni siquiera se
tiene que decir nada, porque estando, damos la parte. Si alguien muere lejos,
encontrar el momento de llamar.
Los cuáqueros sí festejan la muerte y hacen fiesta:
es parte de su cultura. Tuve un tío político que conocí poco, que era de esa
religión. Mis primos mayores fueron a su velorio a Nueva York, y siempre hablaron
muy sorprendidos del festín. ¿Por qué se da así? Porque culturalmente ellos
sienten que el difunto está entrando a una vida muy plena y merecida, que hay
que festinar. Y en verdad esa parte la veo hasta cierto punto razonable si así
se ha instituido, ya que se dice que están felices de que la persona ya llegará
al cielo prometido. Así lo sienten y así mismo lo festejan.
Contener,
propiciar el recato necesario, para ese acto tan digno y tan especial.
Veamos lo que dice Séneca:
Parafraseándole,
nos dice que la vida se percibe como un constante devenir de experiencias, las
que son más vanas pueden ser las que hagan que nos olvidemos que es pasajera
la estancia aquí ¿-no notas a veces Lucilio, le dice a su discípulo ¿-Cómo
la vida se desperdicia por cosas vanas-? y esta reflexión tan sencilla nos lleva a
darnos cuenta que si vivimos la vida más consciente, el disfrute diario se
logra pleno (aunque sea pasajero) y no tendremos pesares adjuntos si se nos
demanda irnos. Como católicos estamos seguros de que tendremos una nueva
dimensión. Implícito nos dice el filósofo romano: -la muerte es parte de la
vida-. Vivir más satisfechos de los actos diarios, nos prepara bien.
Continúa: -En la vejez hay que diferenciar de la edad
avanzada a la edad quebrantada-. ¡Que no nos oprima el quebranto! ya hemos
vivido, hay que vivir mejor el avance, y hemos de lograr prepararnos para una
buena muerte. (Paraf.)
Es obvio que nadie se quiere poner a pensar en su propia
partida de este mundo. He de confesar que pasada cierta edad, si es tópico que
se nos presenta en la mente. Eso mismo nos permite ordenarnos, poder dejar las
cosas claras… y si van a tomar chocolate en nuestro velorio… ¡Que este sea muy espeso!
Para saber afrontar, no hay estudios que valgan. Son las
percepciones de la experiencia misma que, al trabajarse, transforman todo el
agobio en buena percepción. También
puede ser tratable, todos tenemos derecho a agobiarnos y saber lo que eso
significa para transformar el momento y lo que sigue hacia adelante.
¿Qué es lo que se nos pedirá? De entrada, saber que quien
se prepara para lo que vive, es sabio en lo que es morir. No es fácil, porque
nadie tiene tantas ganas de prever, pero si hay indicios de que estamos ya en
épocas de irnos, pues al menos tener claridad.
Afrontar la muerte no es lo más esperado por nadie, pero una vez más: es
la realidad. Claro que la muerte
inesperada es lo peor, como cuando una joven se va, y deja muy tristes a sus
seres queridos. Mas, hay que saber que los designios de Dios son más grandes
que nosotros mismos y así tambien lo es, cualquier sufrir que se presente. Es
parte de esa voluntad divina que aun sin entenderla, es real.
Séneca, nos afirma que desde antes de nacer la muerte
está presente en el no existir, por lo que podríamos decir que: -Después
de mi será lo que fue antes de mí-Aquí, nos comparte el filósofo que la muerte
es como un nuevo nacimiento a la grandeza de Dios.
El adulto se depura en las últimas etapas, cuando se da
cuenta de que ya no quiere las mismas cosas que quiso en la juventud y parte de
ese depurar es quitar lo que es banal, para fijarnos en lo que es trascendente
y la muerte lo es. y dice el filósofo:
-Procedo de modo que cada día sea par mi como toda una
vida-. Y, esto es muy real, podríamos decir que lleno de sabiduría. Cuando
vamos convirtiéndonos en mayores de edad, nos damos más cuenta de lo que en
verdad se vive, y la redondez de un solo día (de la que hemos hablado en otros
textos anteriores) es algo que nos llena, casi podríamos decir que nos vamos a
la cama pensando que ese día vivido ha sido tan pleno, que, si se nos llamase a
lo eterno, pues vamos como Dios mande.
Obedecer lo que es la realidad: Nada fácil. Al irse un
ser humano joven, se sabe que lo primero es la rebeldía interior de no poder
aceptar que eso sea lo que se nos ha demandado, pero ¿Has escuchado que se diga
que Dios no pide más que lo que sabe que cada ser puede conllevar? Y si a
alguien se le ha pedido un hijo joven, me parece que es la demanda más fuerte
que un ser humano puede vivir. Al mismo tiempo, es porque ese ser que que vive
la muerte de un hijo, es tambien un ser fuerte ante los ojos de Dios. Tanto
como Dios le conoce, le demanda.
El fundamento último de la razón de una muerte, nunca
será del todo comprendido por ningún humano. Es algo que conlleva tanto, que
está en el ámbito divino e inmerso en los silencios de Dios, que solo puede
dimensionarse dentro de la concepción del infinito que cada uno de nosotros tenga,
como lo que es el proceso mental que se nos pide, algo así como: ¿Visualizas el
infinito ante ti? ¡Es claro que diremos que no! No lo vemos en lo físico y eso
mismo sucede con el proceso de morir, es algo tan profundo que es insondable.
Las preguntas pueden ser muchas, tal vez hasta haya procesos de culpa durante
el duelo, como si un ser pudiera tener esas respuestas que solo incumben a Dios.
(Continuará).