lunes, 2 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día. (6)

                                         Entender la caridad humana como esa virtud teologal de la que se nos habla, es algo que solo cuando se percibe en la vivencia, es que nos deja fruto maduro. MJ

                                         Tal vez algunos de nosotros cuando fuimos niños percibimos de alguna manera cómo nuestros familiares o nuestros mismos abuelos y padres ejercían las acciones caritativas. Mi abuela materna, tenía a sus pobres familias establecidas a las que con cierta periodicidad y constancia se les visitaba y llevaba despensas, así como algunas veces escuché que por necesidades extras se les daba dinero en efectivo. Las más de las veces la caridad se asocia a dar algo material, bajo la tutela de alguna institución que regula las dadivas y claro que si son bien encaminadas es seguro que lleguen al fin por el que fueron entregadas. En lo personal lo viví de muy cerca porque mi madre pertenecía a una sociedad llamada La Conferencia de San Vicente de Paul, que entre otras cosas hacia colectas monetarias en alcancías que se hacían con latas vacías que se reutilizaban para ese fin, pintadas de naranja muy vivo a las que se les escribía con letras negras: -Donativos para San Vicente-. Me toco pintarlas, así como acompañar a mi madre a dejarlas en lugares estratégicos de la ciudad y luego ir por ellas para entregar en la iglesia lo recolectado. Esos letreros con pintura de aceite negra y a mano libre, nos encantaba hacerlos a todas las niñas a las que se nos invitaba a tal labor y nos divertíamos ayudando a las madres de familia de ese grupo haciendo algo que no entendíamos del todo. Mas claro nos iba quedando todo cuando un día a la semana (creo que era los miércoles) una de las señoras de nombre Leonor, tenía una explanada muy grande como entrada de su casa por el rumbo de Itzimná (Parroquia que apoyaba a estas labores) abría la reja de par en par y por todo el camino se ponían sacos y más sacos abiertos de lo que las señoras llamaban -La mercancía-  ¡-Vamos-! nos decían sin reparo, y algunas de las niñas, cuando después de comer ya habíamos hecho las tareas escolares se nos convidaba a ayudar. Era una dimensión de un acatar sin chistar porque las mamás estaban convencidas de esa buena acción como ayuda.

Por mis estudios Antropológicos escuché ya en la juventud, que lo peor es el asistencialismo. Ese dar solo por el prurito de entregar sin más, pensando que se ayuda y esa visión me hizo reflexionar, creyendo que eso que viví de niña era absurdo. Hoy día ya encontrando el justo medio, me queda claro que sí se ayudó dando el pescado en vez de la herramienta para obtener el pez. Era otra época y situación social, en la que las mujeres en situación vulnerable (abandono, viudez o maridos desobligados) sí que estaban a la buena de Dios. No había ni rastro de guarderías y en las casas habitación no se aceptaba a niños pequeños conjuntamente con el trabajo doméstico.  El asunto de entregar indiscriminadamente puede llevar a la falta de conciencia de quien recibe, pero cuando se da con la mejor intención y de corazón creo que no hay duda de que cae en terreno fértil. Extender la mano y recibir a veces hasta sin sentir agradecimiento, puede hacer que muchos se tiren de panza, es su problema. Gracias a Dios, en tiempo actual ya hay más cultura del trabajo entre la gente más humilde, y no me queda duda alguna que, por supuesto haya vivales siempre, pero lo que aprendí de niña es que cuando puedes dar porque tienes la posibilidad y lo haces, es mejor pensar que estas apoyando y que la persona lo va a lograr entender así. Ya si es un asunto de viveza y todo se malogra, queda como un asunto de conciencia, y nada más. No podemos controlar esas desviaciones humanas tan vigentes. En esa década de los años 60(sesenta)a las señoras muy humildes se les daba todo lo básico para la despensa. En fin, hasta lo discutí con mi madre varias veces ya de adulta, diciéndole que ellas eran las que más se beneficiaban porque concretaban en su conciencia que eran muy caritativas haciendo algo así y lo bueno es que después lo volvimos a hablar y comprendí que, si bien las señoras dadivosas eran las más felices de dar, así como para nosotras como niñas ver la felicidad de alguna mujer muy humilde llenar su sabucán de bolsitas de granos para el sustento diario, fue bueno. En mí, quedó grabado para toda la vida. A fin de cuentas, se les estaba dando en especie.

Hoy día, he escuchado que pasa lo mismo con las ayudas del gobierno, que mucha gente dice que es lo peor. Yo creo que sí lo es solo y cuando otra vez los vivales hacen su agosto y el mal uso de los recursos es palpable, mas no hay que perder de vista a gentes que sí necesitan en verdad ser ayudadas porque no pueden obtener el sustento de otras maneras.

La pésima conciencia del trabajo no ha ayudado para entender el valor de hacer por uno mismo. Tampoco cualquiera se avoca a ser caritativo. No hablemos solamente de lo que es la caridad física y en especie y cuando es dinero contante y sonante muchos tal vez lo reciban sin merecerlo, es asunto de quien recibe mal. Existe otro aspecto de la caridad: El de la dimensión espiritual.

Callar a tiempo. Saber percibir a una persona que no debe escuchar tal o cual cosa y no decírsela. Saber cómo en momentos una buena palabra o un buen gesto darán en el blanco de algo que alguien necesita escuchar. Eso es caridad también. Saber que hay temas que se tocan y otros que no y así con mil cosas más. Hay personas que prefieren donar materia y dejar los trabajos del espíritu a otros. Claro que no es fácil la parte espiritual de la caridad, porque como nos dice el diccionario de la Real Academia:  -Solidarizarnos con el sufrimiento ajeno-, ¡nada fácil!, luego se nos dificulta porque de entrada a veces vemos sufrir a alguien y no podemos hacer nada concreto, más que acompañar. Hasta que el ser lo pida, y en segunda ¿Será que todos estamos preparados para sostener al que sufre, suspendiéndolo un tanto de su dolor? Quién sabe. No es nada fácil ese trance, esa acción concreta.

En el catolicismo la caridad está ligada al precepto que se oye bastante fácil: -Amar a Dios por sobre todas las cosas y al prójimo como a uno mismo-. Tampoco es tan sencillo como se escucha. Amar a Dios por, sobre todo, me lo puedo imaginar, pero la verdad en la práctica me cuesta observarlo contante y sonante. Cuando va de por medio la estabilidad emotiva y más lo material, no solo es cuestión de quererlo o pensarlo es cuestión de saber cómo eso mismo se asienta en la realidad. En cada caso, siempre hay pormenores que considerar, que avalar, para saber si no estamos fuera de lugar y amar al prójimo eso sí que tambien se puede volver harina de un costal bastante rígido, polvo que no se espolvorea por aquí y por allá.

Practicar la caridad tambien lleva una buena dosis de respeto. Hay que saber cómo y hasta donde estaremos dando pie a socorrer a quien lo necesita. Otra vez volvemos a la máxima ya tocada antes: No es dar por dar, ni recibir por recibir.

                                                                   Tambien se puede practicar lo caritativo hacia nosotros mismos y saber mejor qué pasos lleva quien camina a nuestro lado.

 Una máxima que me proponía en estos días que releo era: Tratar de vivir un día a la vez. No dar vueltas y vueltas a los asuntos como otras veces hemos analizado.

No hay tal de que unos días sean más especiales que otros. Lo que, si hay, son días en que la actividad demanda más y salir de nosotros mismos no es fácil.

 En el inter de los estudios juveniles, viví unos días en casa de una muy buena amiga en la CDMX. Su madre, D. Luisita, hacia una encomiable labor en un lugar para invidentes y yo le acompañé, fue una gran experiencia. Una señora bondadosa a quien aprecié mucho, traducía libros al braille para esos seres tan especiales. Me sentí muy feliz un día que regresé de las compras y traía un libro entre las manos que compartí con ella, titulado: -Yo estoy bien, tú estás bien-, estaba de moda. Ella me lo pidió y fui la más feliz de dárselo, lo traduciría.

Dar

Nosotros en el día, nunca el día en nosotros.

Sentir el día.

Esa ola de vida que llega.

Luz tenue de amanecer.

Amarillos, naranjas leves.

Amarillos con movimientos de luz.

Coloración plena.

Nosotros en el día, nunca el día en nosotros.

Saber escuchar.

El aire canta.

Las palomas murmuran.

Matices varios. Dar.  MJ

                                                                         El amanecer siempre es evocador. Es como sentir la limpieza del aire en la cara, para ese dar los pasos con más firmeza. Es la hora que en las épocas de las edades maduras las cosas se resuelven con mejor sentido, sin mayor apremio. A quienes nos gusta madrugar, es un gozo.

Tambien, volvía a repasar el Diario personal de José Saramago. Diarios que van y vienen de entre mis manos. Cuando los reviso me dejan perpleja, tal vez para volver a ellos buscando al personaje más completamente entero y sabiendo que aun en SU diario personal nadie se manifiesta total, somos partes enmendadas, somos seres que nos autoconstruimos y revolver en las frases de quien hace un diario hacia la propia hechura de vida, es sentir como que se nos da la mano, comulgar.

Reconciliarnos con la vida es por momentos la tónica del diario personal. Es ese ir y venir por los tópicos conocidos y que con premura creemos ya resueltos y vuelve a saltar la liebre de lo inconcluso, de lo que aún nos falta por resolver, aunque de pronto hasta nos hayamos carcajeado de nosotros mismos. Para los escritores de diarios personales, se ha convertido el asunto en un como respirar por dentro para vernos por fuera, hay días que no se escribe y eso nos empuja mucho más a tener muy en cuenta cuando nos volveremos a sentar en ese banquillo de las confesiones personales, de los dichos hacia uno mismo con el único y claro anhelo de poder practicar la mejor actitud, como lo es saber ser caritativos, con uno mismo, con el otro, con el que nos necesite en sus términos, porque quien no se tiene asido de sí mismo ¿Qué podrá aportar a quien le necesite?

Nunca dejar de percibir que lo redondo del día es clave para la satisfacción completa. 

Pinté un cuadro titulado -Alegría de vivir-. Fue para una de mis más grandes amigas que además somos primas porque nuestros bisabuelos fueron hermanos, y hemos sido cercanas desde niñas. Íbamos cada una a los cumpleaños de la otra, en mi caso siempre muerta de miedo porque ese convivir en grupo grande de personas, siempre me ha traído un redoble de campanas por dentro, porque me encanta, pero a la vez me es difícil. Hice el boceto lleno de colores, como yo percibo la alegría y aunque no quedo del todo fidedigno (En lo personal el asunto abstracto de mi obra plástica lo planteo de antemano, luego toma sus propios caminos el movimiento de la forma y del color). Así se dio. ¡Debemos ser alegres al vivir!, esa es la encomienda.

El ánimo, ha de estar siempre de pie. No se le puede pedir que se siente y observe nada más, ahí reside el baluarte de todo nuestro ser.

En estos días que releo me sentí muy bendecida de que mi hija que llevaba varios años viviendo en Cancún me invito a pasar un tiempo con ella. ¡Que gozada nos dimos la una a la otra! ella por permitirme estar acompañándole cada día en el proceso de madurez y más segura de sí misma y yo pasando unos días diferentes. Sacudir un poco los polvos que se acumulan por aquí y por allá, siempre es positivo.

Bendecir los momentos que a veces sin esperarlos, nos entrega la vida. Saber que, si hay que ajustar planes lo podemos hacer con premura y sin resabios de dolencias, que a veces postergan. Practicamos la paciencia la una con la otra, comprendí como ella, una niña, luego una joven y en estos días prácticamente una adulta, siempre ha sido fiel a sus caminos y a sus intuiciones de vida. Cómo encontró poco a poco el nicho vital que le haría feliz hasta nuestros días, me llena de orgullo. Dar de la manera elegida y escogida, preferencias para que los caminos de Dios se abran a toda experiencia, lograr poder aportar siempre.

Los hijos, se pueden convertir en catalizadores puntuales de los padres. Solo de observarles, tener claro como resuelven sus asuntos y nosotros al quedarnos con una paz tan redonda, ni movernos para no cambiar nada. La vida es así, es movimiento que a veces nos tira, nos recoge, nos zarandea y zamarrea y luego nos aquieta, para regresarnos al mismo lugar de antaño.

Me llevé mis libros favoritos, básicamente de la obra de Virginia Woolf. Fue cuando releí ese diario personal tan genuino, dándome tiempo para marcar algunos párrafos encontrados y comentados hoy. Así, los reencuentros tambien nos dignifican y nos dan fuerzas para continuar. (Continuará).

 

 

miércoles, 21 de enero de 2026

 

Edificar, el día a día. (5)

                                                Vivir significa, nacer poco a poco.

                                                ¡Sería demasiado fácil que tomemos prestadas almas ya completas!

Piloto de Guerra.

Antoine de Saint-Exupery.

                                       En cursos de espiritualidad que tomé en épocas pasadas, se habló de que las almas pueden llegar a la tierra como con vivencias adosadas a su ser, es decir encarnar en los cuerpos humanos algunas veces siendo almas nuevas o jóvenes o almas viejas que ya habrían pasado por la tierra antes. De entrada, esto se adjunta con el pensamiento de reencarnar, que no todos asimilamos de la misma manera o forma, ni siempre es tan fácil como parece el entendimiento del alma. Tal vez tambien pueda referirse a que de pronto hay almas que son más propensas a las neurastenias (¿?) o que las mentes aun sin tener enfermedad alguna, se trastocan por ser mal conducidas. En lo personal me han llamado la atención esos temas sin profundizar mayormente en ellos. Es cuando pienso cuánto me hubiera gustado estudiar Psicología, asunto que puso tan neurasténico a mi padre cuando lo externé en la juventud en casa, que, si su naturaleza era de poco hablar, en ese momento que lo expresó ¡sí que habló!, Y me dijo: -Para nada, ni se te ocurra meterte en esas camisetas de once varas, esos caminos no son para ti-. Se cerró la puerta. En verdad tenía yo mucho respeto por lo que mi progenitor decía, tenía fe en él, pero si me quedé con ese pendiente, de conocer mejor los caminos y entretelones de la conducta. Uno mismo puede leer los temas que son de interés personal, aun sin estudiar la licenciatura. Las lecturas elegidas fueron llegando, exacto como hacemos en función a todo en lo que nos interesamos y que no forma parte total de nuestra vocación.  Comento lo de las almas clasificadas, porque es algo que viví con personas que lo comprendieron en primera instancia, a mí me ha costado más reflexión. En lo personal me ha llevado tiempo comprender ese tipo de aseveraciones, aunque para nada las descarto.

 Sí puedo entender que cada ser venga a la tierra con un bagaje ya compuesto por toda una propuesta de sentido interior, que conduce lo anímico con los años. Es por eso mismo que con toda naturalidad a veces escuchamos decir a algunas personas refiriéndose a algún humano, clasificándolo como con un alma de tal o cual tipo. No necesariamente se refiere, creo yo, a que actúe como una persona diferente, pero sí con características plenamente identificables. Es bueno profundizar en temas que no nos son tan claros, y resulta interesante y más si se hace desde las miras muy personales. Me encanta saber de la religión que profeso que es la católica, y más que nada en compañía de mi hijo que la estudia muy seriamente.

No todo el tiempo me inmerso de más en cosas laterales al interés de mi centro, y no porque no me interesen, sino porque hay mucho que aprender de lo propio, eso que nos define en lo que hemos elegido y a ratos percibimos cuanto tiempo nos hace falta. De hecho, estoy leyendo una nueva Biblia, la del Pueblo, y apenas voy en los primeros capítulos. Ya mi hijo me ha dicho que según los cánones que él estudia, es mejor me vaya con tiento porque no es la que se recomienda como la más certera, hay otra considerada mejor, mas no hay que olvidar que a veces lo mejor puede ser enemigo de lo bueno. No podemos soslayar que con criterio uno puede leer de todo y saber cómo discernir.

Mas, esta frase de Saint-Exupery me gustó. Me encanta como nos deja claro, antes que nada, que al vivir uno nace y vuelve a nacer y eso es decir que es de a poco. Ese poco a poco conforme pasan los años lo vamos sintiendo más claramente y nos damos cuenta que nada que valga la pena se da un solo jalón. Todo va tomando los tiempos y medidas cuando son cosas serias, que requieren de mayor atención. Con admiración, el autor nos dice que no es posible tomar almas prestadas… ¡y nos queda claro que no! El alma, esa que llevamos como parte central en el espíritu, solo es personal, sea joven o vieja, a fin de cuentas. Esa alma, que ha llegado a la tierra en el momento de la encarnación de un ser, es solo y únicamente personal y es tarea de cada uno hacerla más grande y más eterna. Ese es el objetico religioso.

¿Podríamos decir que un alma está completa en el momento en que el cuerpo muere y esa parte anímica regresa a los recintos infinitos? Podría ser. No es fácil tenerlo claro del todo. Tal vez en la siguiente etapa el alma se siga transformando.

                                                    En los escritores que hacen diarios personales, algo de lo que uno encuentra y más he admirado, es lo que se refleja de su alma. Son seres que tienen a flor de piel ese sentido espiritual que a todos nos habita, pero que no es fácil dilucidar siempre con la claridad debida.

Continuamos con Virginia Woolf.

Viviane Forrester dice: -Su profundo conocimiento de las mujeres y de ella misma… liga a Virginia en ese mundo en donde ellas se insertan tan totales, tan vivas-.

-Pero por más que esos mundos se estructuren…existen caminos cortados-.

Es decir, no nos empeñemos en entender todo de un plumazo, porque las vivencias no son así, la misma realidad la sabemos limitada Per Se, ni que decir en los mundos expresados por el arte, la cultura y las ciencias. Y qué bueno que así sea. El mundo globalizado (hoy en decadencia) ya nos dejó claro que podríamos aspirar a mucho y aunque siga siendo irracional la postura por sectores, a lo que más bien nos convendría pretender llegar, es al equilibrio de una estructura personal. Los dolores del mundo actual se van a atenuar cuando nos demos cuenta que como especie humana no existe remedio que sea global, es en lo particular el avance, en lugar de estar aplicando teorías resolutorias para vivir en comunidad. La sociedad total, se reestructura si el sentido común personal se encuentra más activo a las necesidades realistas y a que no caigamos en los garlitos en los que nos quiere envolver la política. Los políticos, ya lo sabemos, se rascan para adentro, como diría uno de mis abuelos y que buena razón tenía, los que están en el poder primero ven para ellos mismos. Si vuelven la mirada a sus lados con posturas personales para aportar, tampoco han soltado la prioridad de sus conveniencias. Todo lo demás termina en demagogia pura y dura. ¿Para qué nos hacemos tontos?, quien quiera progresar que se prepare y trabaje. No hay caminos más claros que esos dos, los que van a depredar lo harán con o sin leyes, porque ya vimos cómo éstas se vuelven irrelevantes y de arepa, ante conveniencias. La vida misma no se regenera más que por la fidedignidad de los procesos reales y cuando se comprende, es gente honesta lo que ha de implementar. Mucho se ha dicho que los nacionalismos son absurdos, yo creo que al menos dan identidad de grupo.

 Sentirnos cohesionados y no a la deriva es parte de nuestra natura. Y nos queda clarísimo que: en arca abierta hasta el justo peca.

-En época de Virginia Woolf, las puertas se cierran en bibliotecas y universidades y la entrada a mujeres no es bien vista. Aun sabiendo que toda mujer podría y debería tener derecho a la autonomía que deseara, esto no se logra-.

La autora, en todas sus novelas denuncia, reclama con voz clara la libertad de poder trabajar en lo que se elija, de poder hacernos como genero un espacio para instruirnos y hablar. Mas nunca expresar tan solo al viento, sino con sentido elegido.

Las posibilidades de las mujeres de afirmarse en sus propios cuerpos físicos, o es un pensamiento en lo más posible autónomo, o nunca cae en terreno fértil. Sabemos que el pensamiento está determinado por la cultura y en concreto por la sociedad en la que se nace y se crece, pero eso no es total y cerrado, se puede uno auto transformar y caminar por aprendizajes bien escogidos.

Ella, reclama todo espacio cerrado a las féminas. ¿Porque habría de ser así? Se pregunta a veces, con la claridad del agua pura y cristalina, a veces llevando los pesares de las cosas que ella misma viviría, y ejemplificaría.

No acepta esa figura que se desarrolla en su tiempo de la mujer como Ángel del hogar. Aunque se había venido sublimizando a la mujer con esa imagen de una pureza que no era ni es realista, ella desenmascara, dice y hace cuestionamientos. Era una época en que no se hacían fácilmente preguntas. Ella toma la palabra para la tarea de las escritoras de su tiempo y dice: -Matar al Ángel del hogar, es la tarea de la mujer escritora-.

Al utilizar la palabra matar, suena muy diabólico, y no por ahí va el asunto. Mas bien es acabar con conceptualizaciones que no dan pie a creatividades genuinas, lo que es como decir que la mujer ha de vivir suspendida sin nada más de posibilidades. Ella quiere transformar para poder ver hacia adelante un universo tal cual cada persona (ya no pensemos en féminas o varones) pueda aspirar. No creo que se refiera a que se destrone la actividad dentro de un hogar y se prefiera la calle, porque sabemos que eso no es posible. Se dieron en momentos acciones que no permitieron que los seres se formasen con una inteligencia emotiva más sustentada, se vivía con la mente más acartonada.

Completar la labor de cada ser nos concierne a todos y con constancia nada se cierra, todo se va transformando y cuando podemos damos un granito de arena o una roca de creatividad, según sea cada quién. De ahí vinieron muchos desbarranques del mundo humano cuando el feminismo era totalmente mal comprendido y como un asunto que parecía que se quería que las mujeres fuesen como los varones. Eso ni ha sido ni jamás será, al fin ya todo se está asentando. Claro que ya hubo etapas de pagar los platos rotos.  No digamos las épocas de las nanas, que solo ellas eran las encargadas de hacer de los críos el trabajo se ser persona. Los padres que tuvieron a los hijos por puro prurito de procrear, fue otra época, no todos pudieron asumir la educación como tarea realmente parental. Paso a paso (como muchos jóvenes están haciendo hoy día) el rumbo mental de los niños de hoy requiere más cuidado. Hoy día se observa diferente y se integra a los críos de la mejor manera. Son otros tiempos. Virginia abrió brecha. ¿Qué hacer, y que conlleva llevar una casa? Eso se ha transformado de fondo. Saber que esa tarea es lo más digno que nos define, es relevante, seguramente eso se percibió desde la cueva de los homos del principio, en donde más bien fue por supervivencia, cuando hoy día es búsqueda de armonía. ¿Cómo nos podemos sentir cuando lo logramos con todo lo que conlleva, desde el amanecer hasta el anochecer? Mas satisfechos, con ese sabor de aporte seguro y transformación creativa.

Virginia fue colérica, sin duda alguna. Ella lo sabía, por lo que opta en su devenir. Conocer el carácter y no entrar en divagaciones a veces impuestas desde fuera, como la obligación de traer hijos al mundo para que otro los cuide. De eso estaba segura. Amó a sus sobrinos y para muestra el botón más grande de que Quentin Bell, el hijo de Vanessa su hermana ha escrito una de las biografías más bien logradas que haya en el mundo de la literatura contemporánea.

Es un texto que además de una fidelidad tremenda a lo académico y a lo que la tía se merecía, es de una realidad vivida. Leonard su esposo, le pidió al sobrino. Había mil gentes pretendiendo este proyecto biográfico que más veían como algo jugoso para comerciar, no algo que pudiera ser el verdadero reflejo de la escritora. Escribir esa biografía que el propio Leonard deseaba hacer, mas ya no se sentía con los arrestos para lograrlo. El marido de la Woolf le dijo al sobrino: -Mas te vale hacerla tú como familiar, tú sabes los pormenores-. ¡Y que pormenores!  Al mismo tiempo ella fue tan lúcida como se podría esperar de una mujer que habló claro.

Su manera de reclamar espacios será eternamente aceptada y apreciada.

Dijo: -El espacio de una habitación propia para poder crear, o en todo caso, vivir, viajar con la mente y no estar bajo tutela-. Y sus frases mas célebres…  como:

-Las mujeres, no tienen ni un momento libre para pensar en lo que ellas son-.

-La presión, sea del tipo que sea, tiene siempre las mismas raíces-.

-Yo, no separo los problemas de las mujeres de los otros problemas-.

-Las palabras, no viven en los diccionarios, viven en la mente-.

 Un feminismo incompleto se vivió en los albores de dar dignidad a las féminas, sin duda alguna, así como momentos rampantes que doblegaron y no crearon todo. Ya hoy día se sigue en ese camino de creatividad más profundo y menos de irrumpir.

En lo personal creo en los procesos más que nada. Me doy cuenta cuanta falta hace para poder comprender toda la dimensión de los temas que se requieren para un mejor mundo, para una más armoniosa sociedad. Es por eso que lo expresado por mentes feministas tenían claro lo que se deseaba, pero no la profundidad de cuanto se tendría que caminar. Ha habido errores en ese camino, sin duda alguna.

Y dijo Virginia: -Lo que yo quiero es sumergirme en las profundidades, ejercer por una vez mi derecho a examinar las cosas, y no actuar sobre ellas-. (Continuará)

 

 

 

 

 

miércoles, 14 de enero de 2026

 

Edificar, el día a día. (4)

                                                 Es tan solo en la fe en nosotros mismos en donde se resguarda la verdadera vida. MJ

                                                 Clarísimo tenemos el concepto de fe quienes nos hemos preguntado qué es eso de creer en algo que no podemos ver, y mucho menos tocar, cuando en verdad creemos en que Dios está en todo lo que vivimos. No se les facilita de la misma manera a todos: Si la religión no se razona y se comprende bien, como un camino a cumplir y lograr la misión, pues la fe, titubea. Si la fe en la vida de cada día está dada, la fe completa en toda la existencia se hace mucho más fácil. Si es que creemos y queremos que todo ha de comprobarse con pesos y medidas, nosotros mismos nos ponemos la soga al cuello, porque no todo se puede ver y mucho menos comprobar de fondo. En las creencias espirituales, las medidas no se dan como en el mundo físico y hay que saber que lo que uno acepta lo hace porque ha habido una profundización al respecto en la vida personal.

                                       Cada que vamos a algún museo lo primero que se les dice a los niños es que las manos guardadas en la parte trasera del cuerpo nos serán más útiles, porque en esos recintos nada se toca, más bien vamos a abrir la mente. Con los críos bien lo sabemos: Si no se toca algo, no se entiende del todo, al enseñar el valor de la mente a la hora de apreciar, estamos haciendo un buen trabajo para tener personas sensibles y no tan de razonamientos burdos. Y claro que en algunas ocasiones hace sentido tocar, porque al poner las manos sobre algo se nos permite conocer mejor, palpar de una manera más directa la realidad, cuando es el caso. Esa dualidad que se encierra en el concepto de Fe, siempre me ha costado entenderla. Muchos congéneres pensarán que los que creemos a pie juntillas en un Dios eterno estamos medio a ciegas, y es difícil explicar que tambien los ojos interiores se convierten en grandes maestros y puede existir una realidad.

La definición exacta de Fe, no siempre ayuda mucho a entender bien el concepto.

Primera virtud teologal. Se dice de algo que aun sin verlo se nos revela como real. Como auténtico. Es así mismo que el católico cree sin necesidad de ver ni de palpar.

Nada fácil. Para empezar, la verdadera fe en uno mismo depende de la formación integral y esto es harina de otro costal, el mundano. Creer y luego saber que estamos en el camino verdadero, nos remite a cuestionar que es la verdad. Así se llega a la fe en uno mismo, para apostar a la fe en los demás. Y luego la fe vital.

                                                   Se dice, que la persona que tiene una mente bipolar entra en dualidades que le rompen por dentro, aunque tambien ya se sabe que son personas que tienen fe en el mundo que se crean ellos mismos. Así es el arte.

Es así, que Virginia Woolf sobrevivió a los múltiples momentos de dolor. Los tuvo del interior, sin duda alguna y de la realidad externa que le fue a su parecer adversa. No recibió la ayuda completa ni de excelencia como lo viven hoy día las personas con esa condición, pero sí tuvo mucho apoyo.

La vida duele cuando uno no la observa con la máxima claridad. Y no es que la luz esté más apagada para unos que para otros, sino que las distorsiones están a la orden del día, la vida compleja contiene más mentiras. Es más fuerte el reto de redención.

Leonard Woolf el marido de Virginia, creyó en ella. El, sabía que en la medida en que ella estuviera ocupada, los episodios de dolor por su enfermedad se irían. No lo logró del todo, más si apoyó con incondicionalidad. El, estaba seguro de que, al comprar una prensa tipográfica todo mejoraría, lo hacen en el año de 1917.

En Inglaterra no había aun cafés literarios y eso da pie al grupo Bloomsbury.

Con esas ediciones ayudaran a difundir muchos más textos de otros escritores. La editorial se convirtió en la causa, en el motivo como si fuese el hijo mismo que no tuvieron nunca. Del arte de pensar tambien hay fecundidad como ésta:

-Su vestido malva evocaba su alma y su cuerpo; sus guantes grises evocaban su rectitud-. Este es el tipo de percepción que iremos encontrando en las obras de esta autora tan original.                                                 

-… Como nuestra amistad era algo autentica, algo que nos miraba de frente, creo que los problemas que tuvimos se debieron a nimiedades y chismes. Seguramente tendríamos en común lo que jamás encontraré en otra persona, y esto, lo diré siempre-.

Virginia sí creyó en la amistad y en los amigos. Eso le mantuvo mucho más cuerda de lo que muchos podrían esperar de alguien con ese padecer de subidas y bajadas de ánimo.

Si, habrá seres que creemos siempre en la amistad, a pesar de los pesares. A pesar de los golpes que de ella de pronto la vida nos asesta, sin saber en realidad las verdaderas razones del porque a veces las persona toman a mal lo que uno propone con bien y se tergiversan las realidades de una manera que uno ni se imagina.

Siempre hay que tener mucho cuidado con las palabras necias, los humanos somos complejos. Aunque nos diga el refrán popular que a las palabras necias habremos de tener oídos sordos, no lo creo tan a pie juntillas, más bien diría yo que si llegan las palabras fuera de lugar, por algo será y ese algo es muy posible que pueda ser averiguable, comprensible y más que nada razonable en ámbitos de personas civilizadas. En realidad, el cariño autentico nunca duda, pero es escaso.

El género humano en su diversidad nos presenta el primer reto de la creación divina. Hay que tener en cuenta que muchos seres no son del todo sapiens desde sus perspectivas únicas y guardan asuntos no resueltos en el interior de su ser. Son con los que se convive quienes reciben estos asuntos como por algo inexplicable.  He escuchado mucho en los ambientes de psicología, que a veces se agrede a quien se tiene más cercano, porque es lo más fácil de hacer cuando no sabemos manejarnos con el diálogo.  

¿Cuál es el verdadero significado de vivir bien?

Creo yo, que ante todo estar sintonizados con nuestro interior y bien resguardados en nuestras creencias de fondo, para poder visualizar la distorsión. El tono y la sintonía con nosotros mismos es la clave para percibir y procesar pesares ajenos. Si con nosotros mismos no estamos sintonizados ¿Cómo pretendemos estarlo con los congéneres?

                                                                      En el año 2011, yéndonos a Campeche a una de esas escapadas que solíamos darnos por diferentes motivos, en el camino nos enteramos de que la luna estaría mucho más cercana a la tierra por este año. En verdad, que esos asuntos cosmológicos no siempre son del todo de nuestro interés a pesar de que mi hijo tiene un buen telescopio aquí en casa y solemos salir a ver las estrellas algunas noches.

La ciudad y puerto de Campeche siempre nos da sorpresas. Esa misma noche, en caminata por los barrios del centro histórico entramos a un recinto en donde habría en las azoteas de un museo una puesta de telescopio para la observación de la luna, fue una experiencia grandiosa. Dirigida por un experto en esos temas, varias personas nos presentamos al evento y resultó muy grato compartir ese mirar a nuestro satélite con más atención y cuidado. se nos explicó las partes de que se compone ese globo maravilloso y nos gustó mucho participar.

Me gusta ser dueña del ritmo de mis días. No siempre se logra ese pasar sin pesar, porque la pesadez de la vida a veces se hace presente querámoslo o no, porque no depende siempre de nosotros lo que percibíos. Lo inesperado, es la argamasa para observar y no siempre es negativo, a veces es algo que nos conforta el alma y en esta visita a Campeche logré disfrutar de todo lo que esta pequeña, pero equilibrada ciudad tiene siempre bajo la manga. Los pájaros del centro histórico que comen del arroz que uno pueda ofrecerles, la parsimonia de muchos de los caminantes citadinos que llevan la vida con una forma local y única asombrosa, los adultos mayores que al caminar llevan un compás especial y que estoy segura es bueno para las mejores percepciones de ambientes tan sanos como lo es el campechano. Da gusto ver como disfrutan de su ciudad los habitantes de estos recintos, del quiosco de la plaza ni se diga, a veces hay conciertos y hasta nos ha tocado ver todo un despliegue de bailadores de danzón bajo los enramajes de árboles majestuosos y añosos.

¿A que le podríamos llamar el legado oportuno?

A todo eso que nos llega sin más y casi sin pedirlo, sin percibirlo se va haciendo limo anímico.

Nos tocaron pocos eventos culturales y poco concurridos en el Campechito retrechero de siempre. Casi todos los recintos estaban semi vacíos, tal vez por ser un tanto desconocida esa vida cultural que de pronto se ofrece medio en silencio. Estaba yo cumpliendo 56 años de vida en estos días. En los días de cumpleaños uno siente una inercia diferente del correr de las horas. Prefiero sentir el día como uno común y corriente (que no siempre se logra) ya sabemos que el calendario azota el día ante nuestros ojos.  

Las fachadas se han conservado para dar a todo el recinto central de la ciudad, ese sabor histórico que hubo con la casa emblema de esa hermosa provincia de nuestra república, esa vivienda conocida como de puerta/ventana que no en todos los casos tiene una sola puerta y una sola ventana. Vimos una obra de teatro que se desarrolló dentro de una casa así, recinto sencillo y lleno de sabor. Adaptada a las épocas antiguas, cuando los maridos de algunas mujeres se iban a la cosecha del chicle, ahí en los campos cercanos a Campeche. Se expresa cómo la mujer vive los días en ausencia del marido. Como tiene a los hijos cuidados con ayuda de una servidumbre que se hace más cercana. El hacer las tablillas de chocolate en casa, con ese fruto de cacao, tan nuestro. Al final de la puesta en escena tan vívida, aun siguió algo más realista:  Se nos enseñó como se entablilla ese chocolate y como se bate en batidor de madera a la manera más tradicional. Caliente, espeso y espumoso en tazones especiales y de época, haciendo chuc con un buen pan de huevo tan típico, se nos ofreció a todos para beber juntos, artistas y espectadores. He de decir, que fuimos los únicos que estuvimos y que lo gozamos paso a paso por los espacios de la presentación. Mesa rustica, piso de pasta, nos dijeron que estaban haciendo la prueba de la puesta en escena en esa misma semana.

La obra se llamó -Vivo Recuerdo-.

                                                                  En mayo de 2011, apenas iba comprendiendo el sentido de los Mandalas. Llevaba ya en mí misma el placer de disfrutar de algo tan genuino que había detectado en muchos recintos fuera y dentro de mi ciudad, tanto arquitectónicos como naturales.

En junio de 2011 escribí la libreta número 90.

Ese camino al andar… del que habla Joan Manuel Serrat y que nos permeó a los que lo disfrutamos en las juventudes de los años 70 (setenta) del siglo pasado, se hacía real.

Leí un pensamiento de Albert Einstein que me marcó:

-Es mucho más importante ls imaginación, que el conocimiento-.

Creo que en función a como avanzamos los humanos, nada hubiéramos logrado sin una imaginación bien puesta, tan solo para mejorar la realidad, sino conociendo.

Leía un tanto de los diarios personales de Anais Nin. Unos textos muy interesantes que tambien llegarán a ser parte de estos escritos comentados.

En el verano de 2011, tuve malísimas experiencias con la rudeza de los funcionarios públicos al ir a renovar la licencia de manejo. ¡Qué fuerte es eso! al toparse con personas tan insólitamente poco amables, uno puede perder la fe. En verdad no entiendo cómo es posible que hayamos llegado hasta donde estamos en la historia humana, con seres tan insensibles.  Es posible que no en todas las épocas el género se haya comportado así, aunque se dice que todo eso del comportamiento ha empeorado.  Hoy día he escuchado que la dinámica geopolítica nos está llevando a un primitivismo insensible, poco creíble.

Entonces lo que me pregunto a veces es el significado de la palabra Neurastenia. Mi madre la utilizaba con tanta gracia y salero que hasta me parecía normal escucharla. No me di a la tarea de saber a qué se refería, no era el momento, y decía: -Esa persona es así, porque está neurasténica, tal vez necesite un par de sacudones-. ¡Horror! Así se pensaba en épocas pasadas. Ahora que me doy cuenta que tanta variedad de padecimientos mentales se registra, mi madre hubiera repartido unas buenas cachetadas y zamarreos a diestra y siniestra.

Dice la Real Academia: -Trastorno funcional afectivo atribuido a debilidad del sistema nervioso-. Es clara la postura de la definición. Tiene varios sinónimos y palabras asociadas. En realidad, creo que es interesante saber que el sistema nervioso del género humano se puede debilitar y trastornar el sentido de los afectos.  El mundo está cada día más de cabeza, por el mal uso de la misma. (Continuará).

 

 

 

 

 

viernes, 9 de enero de 2026

 

Edificar, el día a día. (3)

                                                 No podemos prever que es lo importante en la vida.

La ALEGRÍA MAS GRANDE se experimenta siempre cuando menos lo esperamos.

Tierra de Hombres.

Antoine de Saint-Exupéry.

                                                                  Tengo un pequeño libro que es un tesoro.

No solo hay tesoros literarios de gran volumen y pastas duras elegantísimas, un sencillo libro puede ser un buen cargamento de sabiduría.

Caminaba una mañana soleada de verano por algunas librerías de Campeche. Ese texto me encontró. Bien editado y hermoso por ser de forma cuadrada, de inmediato me atrapó. Íbamos seguido a la ciudad de las murallas por investigaciones históricas que mi marido hacía en los espacios de La Biblioteca Campeche, un recinto bien plantado y bonito. También, nos llevaba hasta ahí el puro placer de estar unos días desconectados de todo y poder gozar del centro histórico tan emblemático. Las palomas siempre acompañan y sus murmullos nos entonan el alma. Un día, un texto nos encuentra, puede ser pequeño o grande.

Llegó primero para estacionarse un rato en el buró. A quienes nos encanta leer, tenemos un sitio en donde ponemos las lecturas mientras les toca ser leídas.  Es un espacio sagrado. Los textos escogidos es bueno que permanezcan lo más cerca posible. Los libros, a veces toman su tiempo junto a nosotros, unos se leen más rápido que otros, algunos se saborean tanto que pueden estar por meses en el recinto cercano, ese espacio en donde leemos. En general lo hago en la cama con luz directa y sin prisas. Leer, sin pena ni gloria si es que se da la lectura antes de dormir o de madrugada cuando los silencios son cómplices.  Así sucede con los libros. aquellos que están siendo activos en nuestro día a día. Luego, pasarán a ocupar la parte más visible del librero personal.

El texto citado se compone de pequeñas frases tomadas de la literatura de Saint-Exupéry. La mayoría sabemos que El Principito es su texto emblema, es -la obra-.

De cabo a rabo y varias veces he leído El Principito. Siempre me sorprende. No se me había dado tener tan cerca nada de lo demás, de las otras obras del escritor. El, en sí mismo es un personaje emblemático.

Las frases seleccionadas en el pequeño libro, se nota que fueron escogidas con dedicación y puestas con arte ante los lectores. Resulta como si fuera una caricia mental inesperada esa lectura, sencilla. En lo que puede parecer escueto, las más de las veces habita lo mejor, es como un remanso.

El libro lleva por título: -Saber vivir-.

¿Quién no quiere averiguar con tan hermoso título, esa tentadora propuesta? Yo creo que todos deseamos saber vivir, sin formulas, lo importante es saber qué es lo que queremos si lo logramos con conciencia natural.

En estos días que escribo, participé en el coro de la iglesia de la comunidad en la que vivo. Lo disfruté mucho. No pude continuar. Lo deseaba, mas me di cuenta que el canto que exige más conocimiento no es lo mío propiamente, aunque me fascina.

De pronto, en conversación en el atrio, una de las señoras (que es la más cercana a mi edad) me preguntó por mi salida del grupo y le contesté que en verdad uno no puede hacer todo lo que se desea. Así fue que me dijo: ¿-Y, de vez en cuando, solo para tocar el TIN… TIN… del triángulo metálico, ¿-Te animarías-? De momento lo dudé. Cuál fue mi sorpresa que mi ronco pecho, aceptó. Así mismo, tal vez sea más ad hoc para mi tocar ese sencillo instrumento musical en el recinto sagrado, solo apuntalar, solo enfatizar los momentos. Ellos, el pianista y las señoras cantoras, para las voces necesitan ese apoyo. Claro que no lo daré en todas las ocasiones, ya que tampoco me puedo comprometer a que sea cada domingo. Gozo mucho la misa al lado de mis nietos e hijos. La propuesta está dada: hay acciones que pueden ser de vez en vez y no pasa nada con las pretensiones que la misma vida propone.

Y, remitiéndome al inicio de este texto -No podemos prever lo importante-. Resulta que eso de cantar esta más ágil para mí en el coro de adultos mayores, en donde no se exige tanta precisión, es mas compartimento guiado con fluidez.  Ante todo, tener la humildad de aceptarnos con nuestras pesas y medidas.

Gozar, de lo inesperado.

Mi nieto, cada que viene a casa se enterca en corretear a la gata para abrazarla. No lo había logrado, ésta cada vez más escapa de sus manos. ¿-Porque la gata corre cada vez-?  Se pregunta. -Porque a ella hay que saber entenderle-. Con claridad, le decimos-. -A veces, aun pareciendo inofensiva suele morder para comunicarse, y cuando está incomoda hay que saber leer en sus orejas lo que está diciendo de las incomodidades que percibe, -ella no habla-, apunta la más peque. Sí araña.

Cual fue nuestra sorpresa en la mañana de Navidad que vinieron a desayunar, la gatita plácidamente se le acercó y él la tomo en sus pequeños brazos. ¡Listo! Silencio sepulcral nos invadió a todos, porque sabemos que no había sido lograda nunca antes, tal hazaña. A paso seguido, fue tal el gozo que nadie podíamos tener tan claro quién de los dos estaba más feliz, si el abrazador o la abrazada. Chimuelo ya el peque, la sonrisa con hueco se llenó de vida con tal suceso. La más amplia sonrisa que puede caber en el rostro de un niño fue el regalo previo a la Navidad. La inmortalicé en blanco y negro.  ¿-Me tomaste una foto-? ¿verdad-?  me preguntó, -pues ponla en blanco y negro-. Me dijo. Y así mismo lo hicimos.

 A él, le pican las manos para poder manejarse con un celular (tiene uno de piedra del que ya he hablado) pero muere por uno de verdad. ¿-Me dejas editar-?, pregunta, cuando ve que alguno de nosotros ha soltado ese aparatito, que él ni imagina como nos trae de un ala a todos los adultos. Con previo permiso de los padres, nos decidimos a que tome por unos segundos ese artefacto que algunos de nosotros ya quisiéramos soltar más a menudo. Y así mismo es la vida, nos atrae lo que no podemos, para luego averiguar qué es lo que sí queremos.   Así, inesperadamente ha empezado un amor de abrazos entre niño y gata. Por la noche notamos mi hija y yo que la gata estaba rendida, de tanto amor. Los giros con los bailes fueron muchos. Le vimos cerrar los azules ojazos, mucho más temprano de lo acostumbrado. Como buena felina tambien tuvo un gozo inesperado.

                                                               Volviendo de nuevo a los textos relativos a Virginia Woolf, me avoco a uno titulado: -El Vicio Absurdo-. Es un ensayo escrito por Viviane Forrester, que vale la pena antes de hablar en concreto del diario:

-Las palabras pertenecen a las otras palabras. Lo nuestro, es unir viejas palabras en un orden nuevo, para que subsistan y creen la belleza, para que digan la verdad-

Bien claro tenemos todos que hay de verdades a verdades, por lo que nos podremos imaginar que esta mujer nos habla de la verdad en la que ella cree y nada más. Creo que, con eso, nos bastaría a la mayoría. Eso de estarnos debatiendo en asuntos que nos saquen de balance innecesariamente, como que no ayuda a la circularidad. Estas mujeres que redactan con la base de los sufrimientos sentidos y observados, nos enseñan que de lo más profundo nace la creatividad. Hoy día, redacto un texto en función a cosas particulares que he vivido con la familia de mi padre. Un amigo escritor lo leyó (lo escribí como borrador hace unos quince años) y me dijo: -hay personajes de mala leche en ese texto, debes convertirlos en mucho más malignos al escribir- Luego lo sopesé dos veces al retomar: -No-, me dije. Habrá un ser maligno, de eso que no quepa duda, es uno que conocí más que a los demás y que cabe en los postulados de toda una centralidad distorsionada que de niña percibí y no supe definir. Los demás personajes traerán lo suyo y nada más. Muchos de nosotros bailamos en torno a personas adultas que cargan malcriadez en sus haberes, y ni cuenta nos damos. El personaje central se distinguirá por esas distorsiones vedadas pero presentes. Uno cree ingenuamente que la gente es buena por naturaleza, y de topes nos da la vida ante maldades inesperadas. Esos encontronazos con la pared de la maldad humana son algo que todos hemos vivido, y por el cariño las podemos ver como naturales, el ser humano se mimetiza con acciones que parecen lo que no son. Los topes de pared inesperados que son como parábolas vivas, sí que nos dejan enseñanzas.  Tendré una interlocución personal en el texto con una tía no consanguínea, que llevará la narrativa, ella es graciosa, elocuente. Espero algún dia terminar de escribirlo, creo que me llevará tiempo.

Y así mismo vemos que continua Forrester con la voz de Virginia:

-Londres, es encantador-. Afirma Virginia. -Salgo y es como si de pronto apareciese una alfombra mágica sobre la que me siento transportada al seno de la belleza sin levantar un dedo-.

En lo personal la imagen me marcó. Llegaré a experiencias personales de este pensamiento que nunca olvidé, y lo hice cuando fuimos en busca de la autora allí mismo en sus lares más emblemáticos.  He de decir, que uno puede imaginársela volando en su alfombra mágica por las calles que caminó en su día a día, en los recintos de las casas que vivió, por el parque en el que se sentó a observar a esos pájaros de los que decía que escuchaba hablar en griego. Esas cosas se dijeron en sus textos. Y fue tachada de ser una loca de atar, en donde otros supieron ver la belleza. Para mí fue fascinante percibir los olores y colores de su casa, de Londres.

 Me hubiera encantado que me pudiese explicar ella misma muchas cosas, ¿que era eso  que percibía y que sin dudar dijo? En parte, sus frases son como si hablase. Eso mismo que la mantuvo vetada por mucho tiempo, considerada una escritora non grata para algunos, aportó arte. Es normal que esas cosas pasen, nadie somos mesita de dulce para agradar a todo mundo y mucho menos con lo que nos avocamos a comentar con pensamiento propio, que aburrido seria todo si pensáramos de la misma manera. Es bueno compartir y cuestionar, aunque hay personas que no están preparadas para eso. Se necesita visión de vida.

Y continúa la autora: -Las noches son sorprendentes, con esos pórticos blancos y las anchas y silenciosas avenidas. La gente entra y sale, ligera y alerta como liebres. Los rostros que pasan me estimulan, impiden que se me hiele la sangre en las venas como se me hiela con la calma de Rodmell-. Recinto que vivió por temporadas.

-Y, así pasan los días y me pregunto a veces sí, no estaremos hipnotizados por la vida como un niño ante un globo plateado. Y me pregunto si esto es vivir-.

-Todo es muy rápido, brillante, excitante, pero acaso superficial. Querría tomar el globo entre mis manos y palparlo rápidamente; redondo, liso, pesado, y llevarlo así conmigo, día tras día-.

-Yo no quiero enfocar el matrimonio como si fuese una carrera-. Al principio vislumbró hijos, que no llegaron.

A Virginia, un homosexual le declaró su amor y pidiole matrimonio. Mas tarde se desdijo, exactamente al día siguiente. Su nombre fue: Lytton Strachey.

El hombre que fue su marido llegó a ella como un buen compañero de viaje. Era parte del grupo intelectual que les unía a otros varios seres. No ejerció mayor atracción. Eligieron compartir la vida, sus interiores artísticos, llenos de vida. Una bella compañía personal, sin descendencia humana. Ella, asumiendo su existencia y tomando sus libros como los hijos que no tendría nunca. Aun sin nombrar adecuadamente la bipolaridad de la que fue víctima, se sabía enferma.

Es un hecho que a Virginia Woolf le aterrorizaban los varones. Esos hombres de su entorno no eran para nada virtuales parejas, hasta que llegó Leonard Woolf.

Para ella, las relaciones humanas en sí mismas eran difíciles. Comprende esa parte de la vida con relatividad, con una mirada muy personal, que puede percibirse.

Las personas, en sus textos de novela, no llegan a encontrarse nunca.  Se acercan los seres humanos como por momentos fortuitos casi inefables. El universo de Virginia Woolf era prácticamente solo el libro, lo demás le producía escozor, ambigüedad y algunas veces dolor. No fluía en las relaciones.

Leonard, su compañero y marido lo comprendió perfectamente y fue hasta por momentos un cuidador de la persona, de los entornos, de las situaciones. Su amor nunca fue el de pareja tradicional, mas disfrutaron mucho juntos, las salidas, las casas y ni que decir sus momentos de lectura revisada.

Virginia, capta perfumes, espumas, aires… así como impulsos vitales muy suigéneris. Se sabe que el ser que es bipolar percibe mucho más, comprende el mundo a su propio ritmo. Ella llega a asociar el erotismo como si fuera una gota de lluvia deslizándose lentamente por un cristal.

Leonard tiene muy claro que su esposa solo persiste si hay actividad diciplinada. Se compromete a lograrlo. Los cambios de ambiente eran necesarios y con orden, por eso su vida transcurre entre Londres y las salidas al campo. (Continuará).

 

 

 

martes, 30 de diciembre de 2025

 

Edificar, el día a día. (2)

                                            Como mujer, no tengo país.

                                            Como mujer, no quiero un país.

                                            Como mujer, mi país es el mundo entero.

                                                                                                             Virginia Woolf.

A Virginia, el diario personal le sirvió para ordenar la mente. Ahí veremos más que nada pasajes que apuestan a obtener mayor propósito, así como de la seguridad hacia los fines queridos, no solo deseados.

Es un hecho que su padre le abrió completita su biblioteca. Un intelectual, culto y bien plantado en la universidad, Mr. Stephen le dio a su hija las bases de una manera de ser, sin duda alguna. Así se conjuntan las realidades para lograr las mejores edificaciones. Y, no importa cuánto tiempo sea el que tengamos disponible, o lo que nos tome vivir la misión para la que hemos venido: eso llegará. Es la voluntad de ser, lo que venimos a hacer en el mundo que nos ha tocado. Como bien diría Cristina Pacheco: -donde nos tocó vivir-. Lo que dicta el camino de edificarnos, es transformador. Hacer el quehacer dignamente, sea casero o sea intelectual.

 A la madre de Mary Shelley (Autora de Frankenstein) casi la deja plantada el padre de Mary (a la hora de hacer pareja) porque tenía muchas faltas de ortografía. Con esas bases el hombre no quería lidiar, quería una mujer que estuviera en verdad y en todo a su lado, de tú a tú. La fuerza de un texto posterior les hizo tener una vida juntos.  La madre murió a los dieciséis días de nacida Mary. Esto mismo marcó su vida para llegar al camino de idear un ser perfecto.

En lo personal, los textos de Virginia han tenido mucha influencia en mi vida. No tengo la fecha concreta en que comencé a leerle, de lo que estoy segura es que todavía estaba en la etapa de cambios de pañales y cuidados de niños pequeños. La edificación mental se daba a partir de esas lecturas por la noche, aunque mil veces me quedase dormida con el libro entre las manos.

Virginia llego a mi librero bien parada para nunca más moverse de ahí. Al ser releída, se ha ido impregnando en mí, el gozo y disfrute de ese estilo libre que le caracteriza.

Uno comulga con los sentimientos de los escritores que nos dan parte de su vida. En cada letra y fraseo se le percibe y más cuando se conocen los diarios personales.

Era difícil en la Inglaterra de su tiempo poder hablar con voz propia. Lo logró y con creces.

Perdió a su madre siendo muy joven. Con esto, vemos que la gana de narrar para bien se hizo imperante, cuando el escribir se asocia con pérdidas, cada escritor entrega conocimiento y un arte especial exacto como le paso a la Shelley. En ambos casos, el padre vuelve a contraer matrimonio y ellas, no solo escriben, sino hacen el esfuerzo por adaptarse a la nueva vida.

                                                           Durante el siglo XIX, las creencias religiosas comenzaron a fracturarse. Europa, nos dice Alain de Botton:

-Habíase venido contestando asuntos tan básicos, dando las respuestas más profundas como lo son-:

¿-Qué es el significado de vivir-?

Es claro que había cuestionamientos fuertes en el ambiente y los cambios se perciben como si fueran los olores que salen de una panadería de hechuras recién horneadas, fuertes y penetrantes. Muy claramente profundos, tal cual como en cualquier época uno debe hacerse las preguntas y nunca barrerlas al viento.

También se cuestionaba ¿-Qué es realmente la moralidad-?

¿-Qué es morir-?

 Muchos habitantes del viejo continente dejaron de apostar a pie juntillas por los postulados más tradicionales, sintiendo que había necesidad de cambios. Es así mismo, que la religiosidad se tambaleo y sufrió muchos vaivenes. No digamos los postulantes, que tambien se vieron inmersos en remolinos de preguntas fuertes.

Las ciencias entraron demasiado en juego, sobre todo las relativas a la especie humana, ese hombre que se edificaba desde nuevos descubrimientos. Al individuo ya no se le percibía con esa naturalidad planteada por las escrituras, ya había más y más evidencia de un homo sapiens que había tenido que bregar en los ámbitos de la supervivencia para dar fe de su especie.

Había, para completar el verso, excesos de supersticiones, y esto no ayudó en lo más mínimo. En la época del romanticismo como le paso a Mary Shelley, tambien la ciencia daba giros fuertes, había nuevos conocimientos que impactaban.

Hubo una entrada triunfal de la literatura, sin duda alguna, desde el siglo XIX. Frankenstein se publica en 1818. Hoy día hay mucha revisión positiva al respecto.

Se buscaba una felicidad real. Siempre se ha bregado por eso mismo, solo que en diferentes ambientes y fuerza de cada época. Se sentía que la que se vivía en esos momentos solo había dado respuestas a algunos, era justo que más gente pudiera beneficiarse.

Las emociones estaban vetadas. Cerradas a piedra y lodo todo en los cuerpos humanos, en cada ser que se preguntaba sobre el alma. Dentro de los pechos humanos se albergaban angustias innecesarias. No se les daba permiso de salir a la luz a los movimientos interiores, todo lo emotivo se ponía debajo de la alfombra.

Mucho de lo que salió más adelante, fue harina del costal que dio paso al horneado en los consultorios psiquiátricos. A la emoción se le empezó a dar permiso de salir. Se logró de a poco al conversar, ser parte de la vida de relación. Al compartir.

Se empieza a dar identificación afectiva al leer a los autores de escritos que antes se pensaban tan solo como divertimento y luego ya se les situó como apostatarios de cambios de mentalidad. Los más cuestionados habían venido a revolucionar y a dar postulados inimaginables. Hubo un tanto de escándalo.

Se empezó a hablar y a escribir como si se estuviera en una conversación, una manera de comunicar mucho más liviana y llevadera.

Algunas personas se permitieron hacer autoexámenes, para poder decirse a sí mismos: ¿Qué es lo que pasa? como dolía la vida y que era eso de romperse.  Muchos congéneres sentían presión o tal vez indiferencia del mundo ante su ser. Es así que se dio el: permitirse. Se comenzó a permitir el errar, como parte de la vida. ¿Quién es perfecto para pensar que los errores son nefastos? el falto de humildad, porque errar, es de humanos. Permitir el escoger, el convivir con personas que estaban a ratos muy sojuzgadas ante las premisas cerradas de una sociedad que a todas luces cambiaba. Cuestionar ¿qué era lo que una mujer sentía o quería? Puertas se abrieron en todos los sitios, en todos los ámbitos. La misma Virginia se pregunta: ¿porque tanta atención a sus hermanos varones y ella y su hermana confinadas a labores diferentes? ¡que no es que las desdeñaran! (por ser mujeres educadas) pero que se cuestionaban por no dar el ancho de sus ambiciones tan realistas y fidedignas. Verdaderos anhelos de mujeres inquietas, hubo encontronazos, evidentemente. Obviamente que la inquietud, en particular la femenina hizo estragos, porque a las mujeres leídas y estudiadas se les temía.

Se sentía, que en los textos literarios se podrían completar las ideas de lo que se vivía, se trataba de encontrar esa edificación tan difícil entre razón y espíritu.

                                                     En 1922, George Gordon en su lección inaugural del curso de literatura en Oxford, dijo:

-Inglaterra está enferma. La literatura inglesa tiene que salvarla-.

Se empezó a considerar que las novelas y los libros de historia habrían de ser edificantes. Se pensaba ya, que fueran fuente de instrucción para mejorar la vida de cada día, recomponer la moral y considerar que el arte tendría que ser un camino.  El arte tambien toma caminos nuevos, de terror para algunos que no podían entender con valor artístico eso que se plasmaba a la prima, es decir a brochazo limpio y puro. Ese puro y duro sentimiento tomo su lugar en los lienzos, en los coloridos seleccionados y los colores se empezaron a reconocer como fuentes de energía. Surge, sin remedio y por la Gracia de Dios, el arte nuevo, el arte abstracto. Concebir sin lo figurativo y llevar el trazo a extremos tremendos, que causan tambien, el no/arte, ese que nos inquieta y se cuestiona en la vida actual.

El ser humano tiene en el espíritu asuntos que puede expresar con los colores o tan solo con los trazos más irreconocibles, yéndose hacia el sentimiento, eso sí, expresado armónicamente y con técnica. No todo embarre es arte.

La literatura, bien asumida y bien llevada nos puede cambiar la vida misma.

Este postulado nació, tan solo para crecer, para hacerse parte de toda sociedad que se preciara de buena vida. La buena vida de poseer, fue dando lugar a la enorme vida de poder ser, estar.

                                                                         Porque la lógica no siempre impera en los derroteros de nosotros los sapiens. Claro que no. El mundo tambien tomo caminos para ponerse de cabeza. Tenía que ser así, los seres humanos somos seres de movimiento, ante todo, vivimos esas etapas de supervivencia siempre. Ambientes hostiles hemos superado. Mary Shelley ante sus mil sufrimientos e incomprensiones vitales, nos regala una pieza artística con Frankenstein. Momentos duros que no son estáticos, son fuerza para crear. Lo tremendo fue que no todos podamos escuchar los postulados que son en verdad edificantes. Confundirnos tambien es parte de nuestro ser, lo hemos demostrado con creces.

Ante la mimetización mundana algunos grupos tuvieron terror de perderse en el océano de propuestas tan similares y vinieron las distorsiones en muchos de los sentidos, que hasta hoy día las estamos viviendo.

Mas, sí que hubo propuestas que edificarían más certeramente. Si las hay hoy mismo, y los individuos con creces podremos hacer la parte que nos corresponde. Deslindar lo destructivo y plantar la edificación hasta en lo mínimo, de cada día.  Tambien hay algunos oportunistas que siempre proponen falsedades, la tarea es observarlas.  Así lo vemos con los sectarismos que hoy día son motivo de estudio de muchísimos congéneres, que están apostando por una nueva conciencia.

                                                                          Quienes asumimos tener familia, hacer una vida de relación para esa parte de aporte al mundo, sabemos la leña que lleva el dulce. Nos queda claro que en los pensares actuales eso ya no es lo imperante para todo ser. No hay que temer, el péndulo siempre se acomoda.

 La vida de cada persona se valora en la sacralidad que le motiva, nada más.  Es por eso que se guarda mucho el cuidado de no opinar al aire, cuando no sabemos toda la historia.

Todos, absolutamente todos los seres humanos vivimos periodos de solidificación de creencias y vivencias, y debemos estar alerta de aceptar esos movimientos. Son lo único que nos conducen a la verdadera paz. Me encanta recordar que el color de la paz es el naranja, porque es la fuerza del fuego divino de la deidad en la que creemos. No importa que no todos tengamos la misma.

Nunca faltar a las citas con el destino. Sernos fieles a nosotros mismos. El dolor es liberador y es seguro que nos lleva a nuevos conocimientos naturales.

Séneca nos aclara: Ocio, no es lo mismo que Pereza. Cuidado con confundirlos. El ocio es producto de la observación de la que nacen nuevas ideas y la pereza es sofocación del pensamiento sin más, que no querer aportar.

                                                                        Es así como un diario personal nos puede dar las herramientas para apostar por más confianza en la vida misma. En el día a día, no dejar de ser observantes de eso en lo que, si confiamos, sí podemos. Poner en las líneas de vida el camino de edificar que no necesariamente se escriben en una libreta, se postulan en ese quehacer que es de plena confianza y certeza de ser, cada día. Si tenemos en la mente los postulados de la religiosidad en la que creemos, estaremos mucho más seguros de que hay y habrá buen camino.

                                                                     Es así que llego a la revisión del diario número 88. Un cuaderno que de entrada me muestra lo que iba encontrando yo misma, el aporte natural del día a día. Lograr cada vez más valor y entereza de vivir con lo que se elige.

Leí, por primera vez ese gran libro que hemos comentado anteriormente, titulado Fluir. Comprendí que no todos fluimos de las mismas maneras y eso vale mucho. Todos, si nos aceptamos, es seguro que podremos postular para el Bien.

Escribí un término que cada día me resuena más: Caserísimo, es decir: el valor profundo de lo vivido en casa. (Continuará).