jueves, 10 de septiembre de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (18)

                                                                    Algunas veces pareciera que el tiempo, no alcanza para nada. Cuando en realidad siempre sabemos que alcanza para todo. MJ

                                             En filosofía, se habla algunas veces de la temporalidad. Ese poder que nos puede sacudir, y luego pacificar. Nos lo hemos dado a nosotros mismos como humanidad, como un conteo necesario, resguardos que cuentan minutos para poder ordenarnos mejor. El mismo San Agustín lo ha tratado en sus textos, tan profundos.

                                                                                Algunas veces me ha pasado que no puedo terminar un libro de corrido, porque voy y vuelvo por las páginas y se me presenta otro, que no puedo dejar de abrir. Como que se enciman, cuando en realidad los libros que leemos son una continuidad y las más de las veces se complementan entre ellos, dando a la mente las vertientes de poder estar mucho más cerca de ese invaluable momento de tener la posibilidad de discernir mejor. Quien no lee, se niega la puerta a un buen discernimiento. La verdad no se encierra ni en un solo libro, ni en todos, sino que está en constante apertura para que cada uno de nosotros la vayamos comprendiendo desde nuestro propio ser.

 El alimento interior es más fácil de combinar. En la realidad no es así la dinámica, un ejemplo sería, cuando nos puede gustar el helado de chocolate, mas nunca lo combinaríamos en el mismo momento que lo tomamos, con uno de mango, nada que ver.   Los textos pueden descansar en la mesa de noche plácidamente, con el marcador elegido, con el léxico eterno en la puntualidad del papel y que nos espera como si fuera un buen amigo, y más que eso, porque no se va a ninguna parte, es paciente hasta que volvemos a él.  Las diferencias en las ideas nunca son conflicto, son engrandecimiento.  Cada libro tiene su propio ritmo, como en sí mismo cada ser humano lo tenemos también. Unos textos nos implican volver el camino, releer, para poder continuar, otros se van como agua entre las manos y si tenemos la costumbre de marcar los párrafos con tinta alerta, mucho más, eso ayuda en ese profundizar el camino, al volver.

 

En estos días me encontré con un texto compartido por Gaby Vargas que dice:

No corras, tras la felicidad

No se merece gratis

Nunca se encuentra de pronto

No es un estado mental

A veces sí siento que es más bien ligera la postura de esta escritora, mas, le leo cuando se me presenta en algunas oportunidades en las redes, y de pronto me resuena algo muy válido como para recordar. Como que a veces eso tan sencillo, es el ensamble o bisagra que se necesita para ordenarnos más acá. Tras la felicidad, no se corre. Es claro que bastaría hacerlo para que seguro nos tropecemos. Se nos escapa, se nos resbala inatrapable, quiere más bien ser un cumulo de gozos. Lo que se busca con demasiado ahínco, se nos esfuma. Luego nos dice, No se merece gratis. Obviamente que las condiciones para vivir felices si están dadas, solo somos nosotros quienes tendremos que hacer el esfuerzo de lograr la argamasa que las va a detonar. No puede ser gratis, se aloja en esos momentos bien vividos e inesperados que aportan con seguridad y se completa.

Lo que nos encontramos de pronto como regalos inesperados de vida, no son estados mentales, son como las células que conformaran al cuerpo humano, que, sin verlas sabemos que dependemos de ellas, y así mismo, de cada momento bien logrado podremos convertir la condición realista de ser felices. La verdadera felicidad sí es personal, no es el mismísimo momento de vivir algo grato lleno de algarabía lo que la conforma, lo mejor es un asiento estratégico interno. Lo inesperado, hay que observarlo bien, no llega nada más porque sí. Lo sencillo, tan despreciado en la época actual y relativa, sí puede ser parte de algo mayor. La mente educada, ya tiene la partida ganada y ayuda muchísimo a que seamos conscientes de que a veces lo que nos hace felices, no hace nada de ruido.

 Eso que se llama el mood, o más claramente el humor, es tan solo la parte que ponemos para asimilar las buenas vivencias, luego se harán felices.

Tal cual, hay que ser vida para la vida. Es un deber, cuando la vida se respete en todas sus acepciones, se logrará más fácil, al tener a flor de piel la claridad de la grandeza que se nos ha otorgado, lo imaginamos a veces como un derecho, pero no lo es, la vida es un don.

Cuando sintamos que desfallecemos, es necesario recordar la importancia del respirar, hacerlo profundo y continuar hacia adelante. El pausado momento.

Los tiempos perfectos si existen y son efímeros en sí mismos. No se regalan. Van naciendo de la buena percepción en las llanuras desde las que vemos plenitud.

Si, por ejemplo, no nos damos cuenta de la irritabilidad que causa el calor, o como hay alguna molestia del cuerpo físico y nos trae de un ala para no sentirnos enteros… entonces saber que virtud se nos pide, a cada momento. Esos asuntos caseros que trastocan todo y que hasta nos pueden hacer perder la paciencia, hay que atenderles como lo común, es parte. No olvidar que los tiempos de casa, aun siendo obvios, son sagrados. Es cierto que es la parte vulgar a resolver, y ajustan la verdad. Lograr darnos ese respiro de aliento largo, sereno.

Percibir la sensibilidad de las personas con las que tratamos, no es poca cosa. Es un bello ejercicio saber leer en los ojos de los seres que amamos, y de esos mismos que nos rodean. Las miradas lo dicen todo. Tener esa atención de lo que otros están viviendo para hacerlo parte de la conversación, y en verdad la plática que entablemos sea eso mismo, un ir y venir de ideas que nos den solaz.

Disipar espejismos. Nada fácil a veces, pero sí muy necesario.

¿Qué es en realidad un espejismo? Ese encontrarnos de pronto con que la mente divaga, y nos lleva por asuntos que sin apenas darnos cuenta ya nos han cambiado el humor.  Leer, no es una cosa a parte de la actividad diaria, da asiento. No se lee por obligación, sino para lograr hacer parte de nosotros el texto.

En ventanas interiores entran las ideas que complementan y se refresque al ser.

La mente tambien tiene que respirar.

Dentro del estudio del libro: -El poder y la gloria- de Graham Greene, en el taller literario al que pertenezco, nos propusimos encontrar en cada pasaje esa gracia de la que se forró el autor al convertirse en un buen católico. Notar, como propone que sí se puede estar en cualquier teatro de la vida y ser proactivos con lo que nos mueve. En este texto, los momentos de debilidad humana están presentes, mientras se perseguía a los presbíteros como si fueran la misma peste de la tierra y como se dan las vivencias con tono humano aun en la máxima pobreza, en los poblados invadidos por la milicia, tan solo esperando poner en el paredón de la muerte a quienes consideraban carne de cañón. Siempre creemos que no podremos con tal o cual cosa, mas, si con tiempo especial se logra percibir la gracia interior de estar cercanos a lo que creemos como cierto, es seguro que la fuerza otorgada por Dios hará que lo adverso no nos pese, se aparezca la fortaleza y el ser real que nos habita en el alma, se dé.

La fe, ha de permanecer siempre viva. Y no hablo de la que recibimos como católicos en grado especial, si esto se elige, sino de la fe natural del ser. Aun en el dolor, en el fracaso y todo lo negativo que queramos añadir, es este sabernos con camino al frente aun sin saber bien a donde llegaremos, el lugar donde se junta la fe natural con la que otorga Dios mismo.

La condición humana en su finitud nos acerca a las culpas. Estas se detonan sin remedio. Si nos asedian, he ahí la oportuna sabiduría para modelar lo propositivo. Desde lo mental, hay una pequeña glándula en la base del cerebro, la amígdala, que es culpable del desorden, mas con parsimonia todo se conduce.

Si somos fieles a lo que sí creemos, no seremos frágiles.

La grandeza humana no consiste en no caer nunca, sino en saber regresar el camino, volver y levantarnos siempre.

La Ética, así con mayúscula, nos recuerda que es sostén donde se reforma el carácter. Dice Fernando Savater: -Después de tantos años estudiando la ética, he llegado a la conclusión de que toda ella se resume en tres virtudes-:

1.    Coraje para vivir.

2.    Generosidad para convivir.

3.    Prudencia para sobrevivir.

Cunado sabemos lo que sí es, no hay poder humano ni de ninguna otra índole que nos tuerza el destino. Aunque nos cueste el momento estamos apelando a nuestro lado ético. Claro que esto se olvida en aras de hacer de la vida un medio para que solo se llegue a lo gratificante.

La ética es la hermana mayor de la honestidad.

La gracia, tambien nos viene bien recordar en que consiste:

 Es un favor sobrenatural y gratuito que se aloja en el alma, Dios la permite y es como una luz constante que nos guía.

La gracia es una necesidad de todo individuo. Lo queramos o no, estemos o no de acuerdo, esto es reral y existe. El que se dice ateo tal vez lo viva sin percibirlo y lo niegue con las palabras. No todos seremos proclives a entender los vocablos tal cual son, y no pasa nada. Cuando sabemos que hemos elegido camino de vida y somos fieles a eso mismo, la gracia llega. Algunos de nosotros somos tercos en entender mejor solo con la mente. Obtener ese sentido de vida con la gracia, tambien es algo a lo que se aprende.

Este libro de Greene, se identifica con las personas que son perseguidas. Es vigente en ese sentido, aunque ya hayan pasado años de su edición. Es un escritor que lleva en sus textos enorme riqueza del idioma, sentido profundo de ser, que se contagia tan solo con algunos momentos de lectura.

Es un texto muy rico. Propone con la narrativa de las vivencias encontrar esa parte de hacer todo lo posible por no perder la gracia, eso que nos guía hacia lo positivo. La crudeza tambien es buena profesora.

El contexto histórico del libro es de los años 1930 /40. Proviene de la situación mundial cuando hubo un desencanto del momento victoriano dentro de la historia universal, parecía que el mundo se desmoronaba. Surgen corrientes que le echan toda la culpa a las religiones, como los males infectos y malditos de nuestra condición humana. Cuestión de posturas y de ideologías mal entendidas.

Se nos dice, que, si logramos ser observadores, Dios casi siempre se manifiesta mejor en gente considerada imperfecta, porque los que creen ya saber todo y tener todo bajo control, están un tanto cerrados a buenas revelaciones.

La gracias es un don.

Y, dice San Pablo:

-Mi gracia es basta, porque mi poder se perfecciona en la debilidad-.

Surge muy fuerte en estas persecuciones de la iglesia, una corriente llamada: Pelagianismo, que apela a hacer creer al humano que es dueño de su ser. Así, valiéndose tan solo de la intuición, conocimientos y potencias terrenales bien llevadas para una vida completa, lograr todo. Se saca a Dios de la escena. En el fondo real existe desvalidez, soledad… Hemos sido creados, no somos de generación espontánea y tan solo eso nos otorga la dignidad.

A veces, la manifestación de Dios en las vidas, sí llega como algo inesperado.

Si nos damos cuenta los que se dicen ateos están más miedosos, porque aunque se saben contingentes, con negatividad cuesta a veces aceptar tal condición.

Soledad, gratitud de estar con uno mismo.

Sentido de armonía, vivencia.

Percepción de un tono único, el del ser real.

Interior profundo.

Insondable situación del vivir.

Persistencia del ser total.

Coloración única de lo que somos.

Pureza del ser. MJ (Continuará)

 

miércoles, 2 de septiembre de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (17)

                                 Reconocer una verdad tal vez es solo contemplarla en silencio.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                 Es claro que en la vida que vivimos todos los días, hay verdades que se nos presentan una y otra vez. Todas unidas a la verdad universal, aunque a cada ser se nos aparecen dependiendo del alma personal.

En mi caso, llevo entre pecho y espalda una de esas como si fuera manda. Vuelve y regresa a mí, y trato de encontrar que me quiere decir en la realidad.  Me la voy encontrando al releer en las páginas de los textos personales de vida: Encontrar el justo medio. Varias veces he tratado ahí mismo de revelarme hacia mis adentros, ¿qué es eso mismo que se repite y regresa? Que yo misma me digo. Se presenta como una cuestión de algún faltante en el orden, como algo que se percibe aun con la razón en la mano.

Las razones a veces no hay que recordarlas tan a menudo, están dadas, de la misma manera que Dios mismo nos ha revelado todo lo que habríamos de saber para llevarlas a cabo, con los tiempos y espacios. Mas, el orden sí que es de otra índole, conforme vamos viviendo y vamos haciéndonos mayores, lo que se nos va dejando claro es que si confiamos en las razones vitales, el orden se da y pueda que sea la base o preparación para las vivencias que aún no llegan.

Nunca es el camino el de apremiar a la mente si es que sentimos que no hemos cumplido algo, eso no es vivir, porque a veces las premisas reales son más bien de razones de fondo. No es tanto proponernos…sintiendo todo aquello que parece que se fue a paseo, en realidad todo queda en nosotros con nuevos caminos. Es la existencia misma la que contiene y muestra las pautas del sentido y sí que tiene sus propias razones, aunque a veces éstas no nos agraden tanto.

Cada ser humano es digno de llevar el orden mental que elija. La manera es tan personal, como la propia huella digital. En la existencia se percibe no solo el cumulo de actos como un todo, lo que nos permite rehacemos cada día. La claridad está en la base general de existir. Otro símil puede ser no perder de vista el bosque completo que nos permite la vida caminar, poder tener claro cada árbol como un día con las propuestas que lo forman.

                                            La lentitud o rapidez del tiempo puede desconcertar. Nos hace creer que estamos a su merced, cuando lo más atinado es poder regular los tiempos con las miras de una razón que se pule y la mente se ordena.

Me fui dando cuenta, el tanto tiempo y espacio de estar escuchando los noticieros de la televisión, y no interferir a la mente para poder tener tiempo dentro de lo que realmente nos interesa y así sacar todo eso que solo nos llena la cabeza de basura. ¿Qué tanto nos compete remediar problemas existenciales que se dan más allá de nuestras posibles participaciones? No en todo está nuestra competencia.

La televisión en verdad que ha cambiado. Poco a poco fue siendo posible hacernos espacio para momentos de buena información, de calidad, habría que tener mucho más cuidado con los noticieros amarillistas y llenos de paja. Crean inquietud.

Estaba en la afinación de lo que me representaba tal cual la vida, había pasado por un momento muy duro de salud y en verdad que con todo mi ser estaba sintiendo agradecimiento de poder continuar viva. Ya no quería perderme en mi propia vida.

Mil y una veces podremos preguntarnos el sentido de la temporalidad en nuestras vidas, mientras no se deslinde de la conciencia realista, el verdadero sentido que hemos… ¡no solo elegido!, sino percibido como parte de la verdad absoluta.

El sentido de la realidad es de pronto como un caleidoscopio y nos lleva por coloridos llamativos, que no siempre conllevan luces claras, ni son faros que guíen.

Había venido reflexionando como los tiempos en que fui docente en la universidad me dieron años muy bien logrados, llenos de la vida que infunden los jóvenes al estar en diálogos de aprendizajes; cuando uno trata con ellos de frente. Me puse a revisar todo lo que escribí (a parte de los diarios) en relación a todos los temas tratados e impartidos, en realidad me había encontrado con u filón muy bueno al dar clases, la antropología si se había asentado con sentido en mi vida.

En el fondo del alma yo hubiera querido ser una antropóloga evolucionista y estar en los laboratorios de nuestros ancestros encontrados aquí y allá por varias partes del mundo, para saber cómo es que llegamos a ser el homo sapiens de hoy, eso no me lo permitió la vida. Había otros caminos realistas destinados para mí.

Me llamó mucho la atención un programa que vi en estos días en la televisión, que hablaba de que El Vaticano, no había podido aceptar la teoría de Darwin, sino hasta 1944. Se tardaron, porque tal vez sentían que era un motivo de escándalo.

Lo que la ciencia descubre como real a algunos grupos les asusta.  Bien sabemos que hay bastante certeza en lo que se logra con buenos métodos, aunque equívocos tambien existen, y por momentos pasen por verdades. Sí, hemos evolucionado como especie, y no solo porque hayamos vivido cambios drásticos como se suele pensar a veces en función a la mejor adaptación, como cuando el esqueleto humano a través de las centurias ha dado muestras de adecuaciones, más que nada adaptativas como valores primordiales para la supervivencia.

Pensaba en aquellos tiempos, que la iglesia a la que pertenezco era una pena ambulante, ¡cuánto se había invertido en llevar ese conocimiento! para la paz, y en el mundo eso no se veía reflejado. Logré comprender que el mundo no puede cambiar tan fácil, ni reflejar todo pensamiento que se dé como el mejor, porque todo es cíclico.  La especie humana esta sesgada a lo que los grupos ¿creen? Me daba pena ajena ver que deterioro podría presentar una institución que a todas luces debiendo procurar el bien, no se lograba. Las nuevas ideologías haciendo chuza y la gente sufriendo mucho más, y al fin me quedó claro que no es lo que se dice… sino lo que se comprende de fondo con la acción que conlleva.

Fue hasta después, con mayor visión y tiempo disponible, que pude entender que el camino que plantea lo eclesiástico es una verdad ineludible, la forma como permea es de cada individuo y es a ese nivel que podremos dar la parte.  

-Tu bien, es mi bien-.

¡Exacto como aquel libro de años atrás! Cuando se nos dijo: -Si tu estas bien, yo estoy bien-.

                                                                         Cuando no se aclara y se llevan con buenos tiempos los derroteros, los días se comen las acciones. Es claro que, si la vida pide altos, habremos de deteneros y cuando la acción se ve clara habremos de entrar. A veces lo demasiado premeditado, no funciona tan bien como creemos.

 Si las acciones se llegan a sentir como fallidas, habremos de observar si no es tan solo una percepción o espejismo, aunque creamos que han sido devoradas por un monstruo come galletas, tener claro que no hay acción en vano, nada queda a la deriva, aun percibiéndolo así.  No es justo exigirnos de mas ya que es seguro que no hay acción que caiga en saco roto.

Por estos dias conocí el Museo del Mundo Maya. Fue una obra muy criticada como pasa siempre en el medio, los que han de criticar están a la orden del día. Es claro que ya necesitábamos tener a tiempo y dignamente un museo que diera la cobertura a una base cultural que se veía en veremos, sin asiento digno. Ya era hora de un recinto como ese, aunque a muchos no les parezca.

El bullicio interno hay que detectarlo firme y en tono de salida, que no nos corroa lo que no nos compete, aunque pareciera que la buena razón se puede ver titubeante.  Son demasiadas las cosas que ya se exponen en tiempo real, y nos dejan perplejos. Es por eso que este fue un tiempo de deslindar para mí, encontrar por donde quería informarme en los medios y cómo interpretar el amarillismo que nos venia llegando mucho más descaradamente.

Los tiempos de mi cuerpo iban tomando un nuevo tono, al mismo tiempo que el madurar nos muestra que sí hay faros que alumbran, otros tal vez estén para dar luz en otros momentos.

Había perdido un órgano no vital, mas no por eso no volvía a estar igual en el ánimo, mucho habría que ajustar. La resiliencia ayuda, pero no somos materiales que vuelven a su estado, sino somos un conjunto más complejo como Ser Humano. El giro de la perspectiva personal se da, tal vez no de tantos grados, más si los necesarios para mirar diferente todo. ¿Qué hacer para que existiera en verdad el tono adecuado de la vida, nueva? Prestar más atención, no tanto de una manera preocupante, mas, sí más puntual. Darme cuenta que ese despertar de madrugada tendría un sentido. Toda mi niñez había notado eso en mi padre y me costaba entender ese despertar tan temprano, el tenis, las cacerías los fines de semana, por las cercanías de la ciudad con los perros, Trate de no verlo como una conduerma, porque no lo es.

 El silencio de la madrugada ¡sí que sería el punto de poder leer en paz! y escribir en calma. Los amaneceres comenzaron a recomponerme por dentro, todo iba siendo una nueva adaptabilidad a la etapa de vida que se abría ante mí misma.

No se puede perder la confianza en cada acción que agendamos, porque estaríamos dando entrada a una muerte en vida.

Me volví a encontrar con un bello texto sencillo de T.S. Eliot:

No dejaremos de explorar

Y el final de nuestra exploración

Será llegar a donde partimos

Y conoceremos el llegar por primera vez.

¡Claramente nos habla este autor de redondez!, de circularidad vital, de ese mandala que es nuestra propia vida y que aun creyéndole finito en la tierra, es redondo hasta entrar a un infinito al que todo volveremos…

 ¡y llegaremos por primera vez!

En la vida humana, exactamente como pasa dentro del Quijote, ese libro de libros; en la existencia encontramos que hay ciclos dentro de ciclos, que dan vida.

Nada deja de infundir fuerza al ciclo que tenemos por delante, aun en la edad adulta, cuando de pronto nos sentimos como más vulnerables.

Garbo vital

Células vibrantes

Mundo de luces

Estancias con sombras

Luces que ofuscan

Oscuridad que priva

Solo estar…para ver

Tiempos idos

Tiempos renovados

Concordancia de Paz.

Universo

Constancia que va

Llegar y pasar

Entradas

Salidas

Cadena vital

Camino

Andares serenos

Pasoso que sí son

Andares.

Firmeza consonante

Vamos

Volvemos. MJ

Palabras sueltas que llegan a la mente, y las dejamos ser. Un ejercicio que vale mucho la pena regalarnos. Este tipo de escritura que es como bisagras de ideas y nos ayuda a ordenar por dentro. (Continuará)

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (16)

 Fui comprendiendo cada vez

con más claridad

que no se debe escuchar a las personas,

sino entenderlas.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                           ¿En qué se diferencia   escuchar de entender?

Vale mucho la pena saberlo, porque a veces solo escuchar no basta, cuando no se logra captar el sentido de lo que se dice.

Es claro que el autor francés fue célebre cuando nos ha dicho esta frase, por lo mucho que entendió él mismo a sus congéneres, aunque no es nada fácil para nosotros, quienes somos del común de los mortales y que más que nada vivimos llenos de prisas.  La perseverancia hace su parte en el asentar buenas costumbres. Es un hecho que a eso hemos venido al mundo, a escuchar con atención, ser constantes.

Mucho más, cuando la vida da sorpresas.

La Navidad para recibir el año 2014 la pasamos en Chicago. Invitamos a venir con nosotros a la novia de nuestro hijo, sabíamos que ya se iban perfilando para contraer matrimonio. Percibimos bueno el estar los cinco juntos para cerrar el año.

Unos días antes de Navidad, se nos dio la oportunidad de disfrutar del Cascanueces de Tchaikovsky, en teatro pequeño y muy bien puesto. Una magna experiencia. El teatro lleno, es tanto el orden a veces, que de plano ni se siente el gentío. Obtuvimos buenos asientos.

La mayoría de las personas muy bien vestidas, disfrutaron de la velada, casi todos con niños llenos de entusiasmo. Los atuendos de invierno con elegancia.

La formalidad de la época lo demandaba y da gusto ver como niños y adultos disfrutan juntos en estas ocasiones de prenavidad y de días especiales.

Caminamos mucho. Todo fue muy disfrutado y con gozos especiales de probar nuevos menús, así como la visita a algunos museos muy bien puestos, algunos extensos, por lo que también habría que saber elegir los recorridos.

Para cerrar el año, nadie quería quedarse en la unión americana.

¿Algún presentimiento?, por mi parte ninguno, mas la vida es sabia, cuando la existencia nos tiene sorpresas.

Ya de regreso, dejamos a nuestra hija en Cancún, para tomar el automóvil de vuelta.

Y, yo no tenía ni idea de lo que viviría:  una de las más fuertes experiencias para marcar la existencia. Así hay que catalogar a los asuntos de salud en la vida. Nos cambian.

La vida no avisa, cuando los asuntos existenciales tienen que afinarse y profundizar. Los desplantes más intensos son de golpe y porrazo, con esos crecemos.

Al llegar a casa, después de tan hermoso viaje y tan disfrutado, uno siente el cansancio normal.

En lo personal además sentía una pequeña molestia en el área de los intestinos y como esos han sido mi talón de Aquiles, pues hice lo que siempre haría, cuidarme más y seguir mi camino. Decidí el día primero de año, solo tomar dieta blanda.

Y, sí que fue buena idea. Lo que vino a continuación vale mucho la pena compartirlo, son esas experiencias, que pareciendo muy negativas (que lo son, sin duda) claramente develan los secretos de lo aprendido. Son vivencias que nos dan esa posibilidad de tener humildad y saber aceptar. Poder decir que hasta en los malos momentos se aprende.

Un poco pasado el mediodía del día primero de enero, se me rompió el intestino grueso. Me invadió un susto tremendo que hasta llegué a pensar que no la libraba.

Me estaba desangrando en casa. Mi hijo que aún vivía con nosotros, no se atontó, y él y su padre me cargaron al automóvil, para volar a Urgencias.

Llegué casi sin aliento. Solo puedo recordar como corrieron las enfermeras y enfermeros para estabilizar todo en mí. Lo lograron, así como de inmediato avisar al médico que ya sabía que yo tenía esos asuntos tan delicados. Él mismo, cuatro años antes, me había hecho una pequeña recesión intestinal, Solo había tenido dolor, y fue necesaria.

Ya en el hospital, poco me acuerdo cual fue el momento en que desmayé y cómo luego solo podía estar agradecida con tan puntual ayuda. Estuve una noche entera bajo los cuidados en Urgencias, antes de que me pasaran al cuarto en el que convalecería casi un mes.

Al médico que me salvó la vida, Dios lo tenga en su gloria.

Diez años después se fue de este mundo, no sin que yo le diera el más fuerte abrazo por ser buenos amigos, había yo dado clases de Literatura en la prepa y había sido mi alumno. Nuestro círculo de convivencia, medicina y amistad se cerró.

Siempre, en cada consulta posterior en los diez años antes de su partida, le reiteré mi agradecimiento eterno, y que jamás olvidaría que, tras la cirugía, la frase que me dijo: -No te puse bolsita, la reconexión fue perfecta-. Por lo que se dio: ¡gran logro!

Este buen galeno, en el momento clave y antes de la enorme cirugía ya cuando desperté en el cuarto y en preparación, me habló con el corazón en la mano:

-Sabes, estás en un momento muy delicado-, me dijo. Estaremos monitoreando el intestino, para saber mejor como va, pero antes habrá que hacer 7 (siete) días de ayuno total.  La limpieza interna con antibióticos era básica y por mi parte la limpieza mental de aceptar, empezar a entender cómo sería mi nueva vida.

Sin comer bocado y tan solo bebiendo agua por ratos, se me mantuvo hidratada y alimentada intravenosamente.

El día llegó: Tan solo se acercó a mi cama y me dijo, -es necesario quitar todo el intestino, está muy enfermo, los divertículos han invadido y no hay vuelta de hoja-. Le miré atenta a los ojos, a mis 59 años de edad estaba viviendo uno de los cambios más drásticos de mi vida. Tan solo le dije, -me suelto a tu decisión, tú eres el médico, y creo que nos apreciamos lo suficiente como para que yo confíe en ti, al ciento por ciento-. Esbozó una sonrisa y me tomó la mano, de acuerdo, dijo.

Se planeo la operación para dos días después y todo salió muy bien. Mas de quince días más, me quedé en el hospital para aprender a comer de nuevo, con paciencia, con calma y con esperanza.

Lamenté luego, que para ese exacto momento yo no sabía el verdadero significado de lo que conlleva el término esperanza: si cada quien hace su parte, todo se da. Se dio.

Él mismo me habló del término resiliencia. Jamás lo había escuchado hasta ese momento y me dijo: -como que, noto la resiliencia en ti-.  Luego me he enterado que es un término que se aplica a los materiales, cuando poco a poco regresan a su estado optimo. Se dice que la puede tener una persona, luego de una gran prueba.

El marido, los hijos, los amigos y más que nada el médico que con tino me operó tan bien, fueron el complemento exacto para que con apoyo y cariño yo fuera viendo la salida. No tuve necesidad de vivir con una bolsita adosada a mi cuerpo, todo se logró unir desde la cirugía, que no fue sencilla pero sí muy exitosa.

¿Cómo no estar agradecida a Dios de esto que me tocó vivir con bien y con éxito?

Mi hija, claro está, vino de Cancún en donde vivía y trabajaba en ese tiempo, y fue una gran compañía para mí. Se tendría que regresar, pero todo se ordenó con mucho bien. En casa, me pase un mes entero sin bajar del segundo piso hasta que la herida estuviera más cicatrizada.

Me llevó tiempo y valió oro molido la paciencia. Todo en mi vida cambió.

Las percepciones de la realidad se hacen más intensas cuando uno vive estos mandatos como pruebas de vida, que nos pone en el camino la existencia.

Ver con ojos nuevos.

El día que salí del hospital, cerrado el automóvil con el aire acondicionado, les dije: -No por favor, abriré la ventanilla, me urge sentir el aire en la cara- Hoy día, sé que fue la brisa más estupenda que hubiera podido experimentar en la vida.

 Después de estar recluida, entre cuatro paredes... Dios me habló en ese sentir el aire fresco en los poros, me di cuenta de cuanto existe en el valor de la vida misma.

                                                                    Ese mismo mes de enero del año 2014   todo quedaría plasmado en una libreta: Un parteaguas, porque así lo fue.  Conjuntados dos momentos: el gozo de una navidad con tanto bien, para fortalecerme y afrontar lo que luego llegó, en año nuevo.

Razones fuertes tenia mi cuerpo físico para revelarse en esa forma. Literalmente, la vida se parte en dos, todo se percibe diferente. Me quedó claro que con la genética no se juega, y que a unos nos toca más fuerte que a otros. De esas lides biológicas nunca entenderé del todo, porque no son las arenas por las que me gusta andar en el estudio, pero la vida misma se encarga de mostrar cuales son las debilidades de las que tendremos que aprender. Sabía que mi padre era intolerante a la leche, pero jamás se habló en esos términos en casa, de que si la lactosa o no. Sabía que mi madre se esforzó muchísimo en hacerme beber el lácteo vacuno desde la más tierna infancia, toda mi niñez tomando leche de buena calidad producto de los establos de un hermano de mi padre, pero en mí, venía haciendo un efecto adverso que nadie vio venir ni entendió. Lo decía, lo repetía por las náuseas que me provocaba, tan solo para escuchar que: -eso es normal, tienes que alimentarte como Dios manda-. ¿Dios, manda cosas así? obviamente, que no. Ese decir en mi resuena con otro sentido hoy. Nadie entendía lo que se decía.

Claro que no solo se enfermó el intestino por esas intolerancias, habría que haber revisado, la dieta en general, mas no se nos daba estar en esos argumentos tan sofisticados en los tiempos en que lo viví. Claro, que ya sin ese órgano (que, gracias a dios, no es vital) nuevos acomodos han venido, ya llevo 12 (doce) años con esta condición.

¿Puede uno mismo asediarse, hasta el infinito?

Eso nunca. El asedio es la peor manera de hacernos daño. Tan solo habremos de aceptar como somos cada quien, y saber qué limitantes se aparecen como válvulas de amor. Encontrar miradas diferentes entre los amigos, así de cómo la vida nos invita a renovarnos en el nombre de vivir una vida lo más plena posible. La plenitud no es el cuerpo humano, lo pleno es, una vez más habremos de decirlo:  El Alma.

Ahora, lo he escrito con mayúsculas y cursivas, porque desde que viví esta experiencia mi alma se hizo más presente y más significativa.

¿Qué nos significa la palabra, creencia?

Mucho más que tener un cumulo de ideas respecto a algún camino de vida o tema en el que se cree. Las creencias han de estar asentadas en las bases filosóficas de nuestra cosmovisión. Esto no siempre es fácil hoy día, se ha movilizado mucho el mundo para hacernos dudar de las bases que se nos han dado.

La civilización occidental le debe todo a la cosmovisión de un Dios que nos ha legado el cristianismo. Estas creencias perviven hasta en los modos de ser de muchos que se dicen ateos, y cuando uno percibe esto, queda claro que las posturas solo eso son: poses convenientes. Posturas, modos de decir lo que no se ha entendido de fondo. Sí, habrá muchos seres humanos sumergidos en la contradicción aun, eso es parte de la condición del mundo. Pensemos que con buena esperanza percibimos que sea superada algún día.

Cuidado con las ideas que llegan tan solo al aire. Mientras lo que se diga no esté asentado en la realidad, es falaz. Hasta risa da cuando lo vemos reflejado en los modos de encarar la vida. El golpe avisa, es una realidad.

Mucho se dice que el alma humana en su real dimensión se revela mediante la adversidad, y eso es un hecho. La enfermedad, los accidentes, los desencantos y algunos asuntos así de fuertes, son detonadores de que miremos con más claridad.

La creencia cuando es verdadera, sí que nos ayuda a sentir que la vida se desliza.

Y, de pronto… le dice Don Quijote a Sancho: -Somos, el resultado de nuestras obras-. (Continuará).

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (15)

                                                                      La palabra es fuente de malentendidos.

El Principito.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                   No por mucho madrugar, amanece más temprano. Tampoco por mucho escuchar, tendremos todos los significados.

Cuando nos damos cuenta cabal de las palabras, de las cosas o de las acciones, siempre hay variedad de acepciones. Una sola palabra puede llevarse variedad de tiempos para revelarse, en sus significados, en el potencial de lo que expresa.

Puede ser tan grandilocuente el plan de Dios, que a veces se nos escapan momentos preponderantes y diferentes, que pueden ser especiales. Cabe dentro de la normalidad que eso suceda, ya que, si estamos corriendo y resolviendo lo de la vida de cada día, es que se nos puede pasar por alto, pausar. Dar pausas, es un don. Pausado el camino, la vida se convierte más en gozo que en resolución. Y, si somos fijados, no tendríamos porque solo poder hacer lo que nos cuadre, la vida tambien puede ser redonda en la creatividad. Si se aparece la temporalidad a otro ritmo, entrar. Aunque por momentos quisiéramos más un tiempo cuidado y sin vaivenes. Para esto mismo, el orden es la columna vertebral.  

Es tan claro que es así, que la máxima que expresó Jean Goodall, fue esa misma: Decide cómo y cuándo quieres hacer las diferencias. (paraf.). Las propuestas en la existencia se nos pueden presentar veladas y ni cuenta darnos de la sazón que traen al llegar. Cuando creemos que ya no tenemos tiempo..., que no se da lo que pensamos, es claro que la vida sigue proponiendo, y la parte existencial es la que solo se da a voluntad.  La conducción de los eventos dará mejores frutos cuando podemos prever, aunque a veces lo inesperado llegue. Forzando, es difícil lograr. Los caminos llevan sus propios ritmos y ni que decir los idiomas, los modos y las acciones. No en vano se habló en el libro sagrado, La Biblia, de la torre de Babel. Con seguridad se refiere a que hay que hacer caso de los significados, del fondo de las palabras, los gestos, y como se ven afectados los actos humanos.

                                                         Hace unos años en una Navidad fuera de casa y fuera del país, nos encontramos con que la búsqueda de una iglesia católica cercana era difícil, al comentarlo, no perdimos la esperanza.

Se trataba tan solo de atravesar la calle del hotel en el que nos alojamos, mas, tuvimos que tomar esa decisión conjunta. Entrar a un templo metodista, fue lo que nos propuso la vida. Por la tarde mi marido buen caminante, salió y dio al clavo.

Regresó entusiasmado: Se nos dará estar en un ritual diferente esta Navidad, nos dijo.  Extrema amabilidad encontró por parte de la señora/sacerdote del templo, sí habría lugar y tiempo para invitados. Estar presentes ante un altar sea cual éste sea, siempre es digno, optamos por esa experiencia, aunque tal vez fuera una sola vez. Sin forzar, los tiempos de Dios aparecen y no siempre como los pensamos.

 Así pues, nos decidimos a participar en lo posible y más que nada a reconocer. Y, en esta experiencia, no solo pudimos dar gracias de una Navidad más, sino percibir otros modos de discursar este tan importante acontecimiento del Dios en el que creemos. Cuando las cosas no nos van como pensamos, la brisa fresca, llega.

Y, llegó.

Ese día, nos habíamos preparado para una cena acordada en el mismo hotel y aunque teníamos claro que eso no era lo más importante del celebrar, hacer ese momento especial fue algo muy diferente a lo de cada año, en tales fechas. Esta vez el Nacimiento de Cristo fue con otros momentos, muy circulares. Distintos.

A la caída de la tarde casi noche, llegamos a la enorme iglesia gótica.  El olor grandioso lo daba el incienso en todo su esplendor, tal vez un tanto diferente al que acostumbramos y eso fue genial. Nos recibió una mujer muy amable, no la misma del momento temprano, mas de igual manera nos hizo sentir bienvenidos y nos condujo a unos asientos destinados a los visitantes. Buen lugar para la perspectiva de todo. Teníamos el altar muy claramente de frente y fue todo un conjunto de vivencias, de esas que nos marcan para bien.

 Los fieles participantes, los que eran nuestros compañeros de banca, sonrientes y amables, con indumentarias modestas y acomodados en silencio. Nadie estaba de luces, se percibía recogimiento interior.

La música del organista se hizo presente muy tempranamente y lograba infundir armonía especial. Muchas iglesias del mundo han tomado la música como un imán que invariablemente invita, mas ha de ser con cuidado, para que no distraiga de más. Los fieles cantaron y nos invadieron con sus voces, de niños, de adultos. Lo importante es saber que el canto solo es parte, no así la música sacra. Un servicio religioso se da más intenso con la melodía gregoriana y así lo comprobamos.

 No se puede perder de vista que todo es más que nada es para honrar, a Dios.  Esa honra, no necesariamente es emotiva, mas, sí es singularmente acogedora. Si la música es disruptiva o muy intensa, lejos de acoger al alma, le dispersa.

Así, dispuestos y observantes pudimos notar que, en la entrada principal del recinto, se abrían las enormes puertas para una procesión parsimoniosa y bien llevada, una de las oficiantes, que encabezaba, vestía túnica blanca muy elegante y llevó entre las manos un gran crucifijo en báculo dorado. Serenos, todos los demás concelebrantes le siguieron, pausada era la distancia entre ellos, caminata sencilla.

El báculo fue dispuesto en un lugar especial en el altar. La música en el momento que todos llegaron al centro sagrado del templo, tomo otros tonos, más ceremoniosos. Acomodados en sus jerarquías los conducentes y los demás atentos a escuchar. Participar tambien es saber el valor de los silencios.

La mujer que dio el sermón habló de Shakespeare. Que interesante fue ver la atención llena de silencio en todo el recinto, al mencionarse la buena literatura. Es algo que uno no espera en Navidad. Dijo algunas cosas importantes de la obra, que en verdad no entendimos del todo bien, en un inglés hablado muy rápido. Luego vino una parte estupenda: El centro del discurso se tornó hacia el burro del pesebre. Ese personaje sencillo y necesario a todas luces, el aliento que cuida sin ser demasiado llamativo, presente, eficaz   y casi imperceptible en la misión que le toca en toda la redondez, no estaría completo el pesebre, sin él.  

Al concluir el sermón todos de pie cantaron a coro. Acompañamos todos a nuestra manera, para pasar a celebrar el ritual del día especial.

 Bastante emotivo todo, que, aunque sabemos que no es el sentimiento ideal para concelebrar y celebrar el nacimiento de Cristo, para nosotros sí lo fue un tanto, por la misma situación diferente. Ese nacimiento no se queda en emoción, es renovación interior, serenidad que se renueva, más digna que tan solo emocionarse.

Salimos congratulados. También asombrados de cómo ese pequeño animal que calentó al niño Dios en el pesebre, tomo de pronto protagonismo. Se hizo hincapié en la sencillez del calor de la vida, de cómo la presencia del más humilde es parte actuante en el todo que se concibe para el equilibrio. En ese momento la armonía tan redonda de ese pesebre se hizo muy significativa.

Cenamos, no solo con el buen sabor de las viandas elegidas en especial. Al no ser tan tarde y ver acción moderada en las calles, la vida navideña se nos mostró distinta. La encontramos en el gozo citadino de transeúntes y caminantes. Pudimos pasearnos por otros hoteles, gentes entrando y saliendo. Dar una corta caminata.

En este mismo viaje tuvimos otras experiencias varias, que he anotado en mis libretas de vida, extensamente. Una fue, cuando un taxista decidió compartir con nosotros parte de su vida personal. Estos asuntos de conversar con extraños a mí me hacen el día, son una total felicidad para mi alma. Ninguno de mis tres familiares lo ve así ni por asomo, claro que es cuestión del carácter, y ni modo ellos tuvieron que apechugar. La platica entretenidísima, seguro que la propicie yo misma, para recibir pellizcos de inmediato y que yo cerrara la boca, asunto que no se dio porque el hombre se encarriló como buen ser humano conversador (y que yo entiendo al máximo) y nos contó cómo se dio el segundo gran amor de su vida. Había enviudado, y de pronto se encontró con su exnovia; esa que lo fue a los catorce años de edad, en el high school. -La vida te da sorpresas Mariana-, como bien dice la canción de Alberto Cortés.

 Entramos al museo The Legión of Honor. Le pedimos al buen hombre que si podría volver por nosotros en tiempo determinado, y así fue. Es obvio decir, que a mí me pusieron un tapón en la boca y un -prohibido hablar- en el retorno.  En el camino de vuelta tan solo conversamos entre nosotros, voz baja y tópicos en español.

En partes del museo nos dividimos. Estos recintos grandes son para elegir lo que más nos interesa. Había unas bolas enormes de estambre en colores varios, que hablaban por sí mismas, del valor de tejer a mano. Darle un lugar a eso que nos permite percatarnos que cuando hay habilidad para algo manual, esto es grandioso.

 En San Francisco California, hay mucho que ver y nunca se acaba lo que las calles con subidas y bajadas proponen. Hay que tener condición especial para no agotarse, los jóvenes la tienen por natura, los adultos la llevamos más calma. También fuimos por el rumbo en donde está la casa, en la que se filmó la película -Guess who ‘s coming to dinner- Con Sídney Poitier.  En vedad que para mí esa peli resonaba lejana, mi esposo que la vio y la tenía más fresca en la mente, nos contó de nuevo la historia del tema: la joven casadera se había enamorado de un joven afroamericano y temía presentarlo a sus padres. Asunto que sería una historia más llevadera hoy día. En eso, ya avanzamos.

El día 28 de diciembre, que aun andábamos por esos rumbos, salimos a dar algunos paseos en los tranvías de la ciudad, tomando el que estaba muy cercano al hotel. Cual fue nuestra sorpresa que ese día todo ese servicio era gratuito, ya que se cumplían los 100 (cien) años de los trenes, así que fue más interesante de lo previsto, y nos subimos y bajamos a nuestras anchas. Ver la ciudad desde esos recorridos es grandioso, en lo personal me llama la atención el caminante.

El día 29 de diciembre visitamos la prisión de Alcatraz, hoy museo.  Me impactó que, en las celdas, los reclusos tenían un pequeño mundo personal bien armado. Al que le gustaba pintar, pintaba. Vimos obra plástica significativa. Las celdas encogen el alma, no puede uno imaginar cómo es posible que ese espacio sea tal, para un humano. Recintos mínimos.  Yo, que soy amante del tejido de crochet, me quedé pasmada al ver las mantas en las pequeñas camas ¡hechas por los mismos reclusos! como un homenaje a esas manos creativas, aun en el dolor.  El ser humano tiene ese potencial, cuando lo observamos tal cual, se renueva una parte de la esperanza.

He de aceptar que me gusta viajar, mas, me cuesta tomar la decisión. Doy gracias a la vida que siempre hay alguien que me motiva y es nuestra hija que ama hacerlo. Siento que no me anima como algo de primera instancia, eso de salir. Es claro que solo poner el pie en un lugar a conocer nos revitaliza todo y nos renueva.

Tengo que decir que no es mi actividad preferida. No se puede negar que al volver a casa esa vuelta nos afianza la redondez y aun con cansancio físico y mental, motiva a seguir, lo del diario. Con mis padres lo hice mucho por la República Mexicana, en automóvil. Conocí algunos lugares de la unión americana con frecuencia, la hermana de mi padre ahí vivió mucho tiempo.

En estos mismos días de cierre de año, conocimos en el área del monte yucateco en donde se estableció el Museo del cacao. En el monte seco de la península notar los plantíos de cacao es todo un espectáculo. Siempre hay flores campiranas que viven aun en clima seco, me cautivan, podría decir que son mis preferidas.

Leí un libro maravilloso de título: -La presencia ignorada de Dios- de Viktor Frankl. A este autor, que le pegó fuertísimo el holocausto nazi, se le conoce por otros títulos, así que éste me resonó. Es un ser humano con mucha conciencia, porque ante todo él tiene claro que, gracias a su fortaleza y creencia en Dios, tuvo la fe fuerte y nunca perdió la esperanza, sobrevivió en esos lugares de muerte casi segura.

Uno mismo, para entonar el interior una y otra vez, nunca hay que perder la confianza en Dios, esa que nos acompaña y es un hecho que nos da fortalezas.   No se quienes querrán quedarse para siempre en el mundo terrenal, mas mientras se averigua lo del cáliz, vivamos con agudeza de espíritu.

La circularidad conlleva sin duda alguna, el entendimiento de Dios. Creo yo, que los que niegan, lo hacen porque no saben distinguir esa presencia. Así lo afirma Frankl, en su libro. Las curvas de la vida dan sentido. Me encanta que he escuchado a seres decir que son ateos, gracias a Dios. La luz, es inesperada a veces.

El mandala, es tan solo la muestra física de lo completo. Esa figura nos permite entender como el vacío siempre tiene figuras internas, exacto como el alma humana las encuentra y se enriquece, en la vida de cada día. (Continuará)