jueves, 16 de julio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden (10)

                                                  Algunas veces el emplazamiento armónico del ser, se da con una sola palabra, o con una sola acción. MJ

 

                                                                       Estamos algunas veces tan remotos de la atención necesaria para fijarnos de cómo es que se dignifica el crecimiento del alma humana, que no logramos el resonar acertado en nosotros mismos del sentido de algunas palabras, a veces una sola acción nos hace la diferencia. El talante más profundo del alma solo espera ser despertado, habría que decir tambien, respetado. Los caminos que propone la vida en la postmodernidad no son tan claros como quisiéramos. Nos ha ganado la partida el relativismo.

Dios nos permite algunas veces crecer sin mayor ahínco y ¡ahí nos vamos! y si estamos atentos logramos la dimensión anímica y la gracia necesaria, al percibir algunas palabras y así poder hacerlas más vitales en nosotros.

La cultura de hoy se ha despegado en mucho de los ámbitos internos del ser. Podríamos decir que el alma va por un lado y el ego se roba la otra parte en un actuar mundano que desgasta. Si solo lo que reluce va teniendo sentido, hay deshallo. Los caminos del interior del ser, se nublan. Cada quien solo quiere su verdad y las verdades andan como solitarias y se pierde la verdadera empatía.

Junto a mi taza de café matutino, leo el cuaderno que me está tocando revisar. En lo profundo de mi corazón agradezco tras cada trago del matinal líquido, como se me ha permitido prácticamente sin pedirlo, releer, volver el camino. No es fácil compartir lo personal del ser, en mi caso ocuparme de tal tarea de revisión me ha dado un nuevo sentido.

La imaginación insólita por momentos con medida inasible, escribí. Tenemos a veces lapsos mentales como inciertos, porque más que imaginar creativamente para resolver y que los asuntos no se sientan superpuestos, se nos escapa la cordura, de pronto se ve rebasada. Es justo darnos cuenta de que la imaginación nunca es la loca de la casa (como solemos escuchar) sí, hay que saberla llevar y conducir. Nos puede dar mucha más sensatez.

Tolkien lo dijo claramente: es la imaginación la que enseña, la que nos puede dar un grado más coherente de realidad, amplía la mente. (Paraf.).

Por estos días escribí mucho de lo que podía percibir del sentido de cómo se ha manejado el comercialismo en el mundo: en nuestros días la calidad de las mercancías, así como en los trabajos en general a cuando nuestros padres fueron niños, ya son otra cosa. Se nos quiere consumistas. ¡Listo!, si consumimos, ya vivimos. Cuando niña, en casa se decía el freezer, (así se llamaba al congelador) y estaba ahí desde los primeros años de matrimonio de mis padres.  Duró hasta que ambos partieron de este mundo. Esas cosas ya no se ven. El embate del comercialismo es muy duro, todo tiene que cambiarse, reponerse y no porque uno lo prefiera así, es lo que manda el mundo actual. Los de nuestra generación no nacimos con la televisión a colores, eso llegó previo a la adolescencia y en la casa paterna duró años, y nunca hubo más asunto que arreglarla en pequeñeces. En la actualidad, la de casa ya se está deteriorando y solo tiene pocos años, es un hecho que habrá una nueva. Y así con todo. Me preocupa en donde quedamos como seres humanos llevados y traídos por tanto comercio, y los aparatos electrónicos desechados haciendo del mundo un caos de basura.

Las esencias absolutas dentro de los modos de vivir ya pasaron a segundos planos. Con manifestaciones culturales diversas, nos plantean el valor de la diversidad.  ¿Por qué lo diverso ha de ser mejor? Tal vez porque llama más la atención que lo perecedero. Si se está cumpliendo a cabalidad el úselo y tírelo, creo que en cuanto al sentido de lo humano se permea hasta en los ámbitos de las relaciones.  Nos puede afectar hasta cómo percibimos a las personas en su paso por este mundo. Nacer, crecer, relacionarse y morir, como si esa fuera una encomienda completa, cerrada. En realidad, lleva mucho de trastocado cuando lo anímico brilla por su ausencia, la formalidad ha pasado de moda.

¿Qué significa decir que, sigo mis designios?

Creo en verdad que a veces es lo mismo que dejarnos llevar por la corriente ¡Cuidado! no vaya a ser ésta muy hueca y acabemos en un agujero negro.

Estuve dando vueltas en mi cabeza a estos temas y releyendo a García Márquez. Es interesante cómo se le ocurrió el tituló de su novela emblema, -100 (cien) años de soledad- esto nos aclara que somos clánicos, que hay cosas que no podemos obviar y soltar, aun sintiendo que dentro de nuestro clan personal los momentos de soledad puede que llevan más de 100 años a cuestas en el grupo y dentro de una sola familia, y, aun así, no saber qué hacer para aclarar quiénes somos.

 La consanguinidad ampliada es un cantar nada fácil. Todos la tenemos dentro y a veces nos damos cuenta que no fluye la sangre parental con tanta dignidad. En lo posible, creo que es bueno saber qué es lo que nos significa a cada uno de nosotros eso de la larga parentela, cuando se da bien es bienvenida la convivencia. De otra manera profundizar en el núcleo pequeño que nos es más acorde, para que tome valor relevante, y es ahí mismo donde está la respuesta para no caer en relativismos.

 Es una realidad que ya con la información y formación de los jóvenes actuales, no se tiene que coincidir en el pensar, y eso puede enriquecer al grupo en vez de desunirlo.

No se puede vivir retando a la realidad. Los retos personales son harina de un costal que enriquece a todos y cuando los asentamos con cordialidad en la realidad que nos ha tocado vivir, podemos decir con claridad como Cristina Pacheco ha dicho: Aquí nos tocó vivir, y yo añadiría: así nos tocó vivir. Las sorpresas agradables hay que percibirlas y van dando paso a que la vida sea mejor compartida. Todos creemos que el vecino tal vez tenga una vida inmejorable y mucho mejor llevada que la nuestra. Todos llevan sus luchitas personales, no lo olvidemos, cada ser lleva sus propias cargas y dignidades, cada quien pone sus dosis de imaginación y de propuesta de vida digna para acallar ignorancias, dignificar.

Todo lo emotivo, es capaz de ser parte muy positiva con una vida del día a día bien llevada. ¿Qué significa esto?, más que nada siempre estar pendientes de lo que pensamos y que se asiente en lo realista. Claro que nos interesa mucho saber a qué nos referimos cuando de pronto queremos tener claro que es eso de que la vida se lleve con bien, y esa respuesta casi siempre se da más clara cuando sorteamos algún inconveniente, cuando se nos mueve el confort y aunque parezca difícil por momentos, ahí es el camino. Es la razón la que se hace vida. Pasar a nuevas etapas sintiendo que nos fortalecemos por dentro es un reto incuestionable.

Ni yendo a bailar a Chalma, es un dicho que aprendí en la CDMX, cuando estuve un tiempo viviendo ahí, se utiliza mucho en el centro del país, para decir que algo se percibe difícil de lograr. Es muy claro cuando nos lo aplicamos a nosotros mismos para tener lucidez y no desdeñar lo que vivimos, tambien saber decir no, si es necesario.

Hay recovecos en la vida. Los de la vida diaria son los que más nos retan. Ahí mismo es donde la imaginación podría hacer la parte creativa, llevándonos a más realidad.

 Cuando nos topamos con desempeños mediocres a nuestro alrededor, es la paciencia la que cuenta. Esa manera de resolver con la ley del menor esfuerzo está a la orden. Solía yo hacer bilis al respecto, ahora asumo, observo, y si veo posibilidad, comento. Una sola palabra puede hacer diferencias.  

Caras vemos, corazones no sabemos. No porque veamos muerto de risa al amigo, vamos a creer que todo tiempo se vive en esos seres joviales, como miel sobre hojuelas. Asir con confianza lo que nos toca para que la vida de buenos frutos.

Lo que llega como un recoveco, es algo que no aglutina las más de las veces el sentido de lo que creímos, y sí es posible hay que hacer retoques en las acciones. Así se hace en una pintura, cuando más parece lista, notamos faltantes. Eso mismo es ser imaginativos, dar la parte que ha quedado hueca si así lo consideramos. ¿Llevábamos acierto y de pronto se trastocó el camino?  ¡qué bueno! Ser lúcidos, de eso se trata. Cambiar de opinión siempre que la realidad sea clara. Cuando no se respetan horarios y se cree que es actitud inteligente responder al ahí se va, es cuando más atentos habremos de estar. Todos somos vulnerables, somos seres asentados en realidades que tal vez otros construyeron y eso es bueno.

En una ocasión tuve una experiencia, asentada en estos días que reviso. Me marcó. Alguna pregunta muy puntual le hice al médico en consulta de rutina, y lo que me respondió fue: Yo no tengo una bola de cristal. Sentí que me estaba dando el avión. Me pareció acertado que él mismo recapacitó cuando vio mi cara de asombro, y suavizó el asunto proponiendo algunas opciones para la dolencia tratada.

 Claro que hay de modos a modos, en una ocasión un galeno decidió contarme todos los viajes que había logrado en el año, porque hay seres que solo viajan para contarla. Yo comprendo muy bien a quien le gusta conversar, esa es mi debilidad en la vida, mas creo que es bueno elegir los temas y saber en donde compartirlos.

Sí existen momentos difíciles y no hay porque agobiarnos de más. Nunca creer que, porque alguien solucionó de tal o cual manera, ahí nos vamos nosotros con lo mismo como hilo de media.  Hay que tener en claro el dicho de no meternos en camiseta de once varas, pero menos en soluciones que no son nuestras, o lo que es lo mismo: atentos a lo puntual.  Mucho más en esos rubros que nos traen cambios drásticos que no esperábamos. Es ahí en donde entra el poder tomar todo el bagaje de lo aprendido y ponerlo en práctica, sacar los valores de imaginar, proponer. Solo nosotros mismos somos los mejores amigos de nosotros mismos, valga la redundancia, ante oleaje fuerte, solo nosotros podremos enderezar el barco.

                                                                              Había yo venido leyendo libros que enfatizaban de más en la imaginación el asunto tan postmoderno de estar solo en el aquí y en el ahora. Luego me di cuenta que fuerte es esa trampa. Las expresiones que se fueron acuñando con el devenir de los tiempos para quienes queríamos fortalecer la vida interior y tener una vida de espiritualidad genuina, a veces no llevan realismo en lo absoluto. Cuidar las frases que se acuñan como unto de la magdalena, que solo confunden el camino de la verdad. De eso está plagada la red.

Caminar, lo de uno mismo

Que se convierte, en vivir.

El camino, de sí mismo,

El camino de los demás.

El derrotero que lleva a la luz,

Que ilumina el sendero.

Formato de vida,

Con total ventura.

Sin fragmento que sea duda,

Si la hay, abrir la imaginación.

¿Qué se cree?

El creer la fuerza viva, de la verdad absoluta,

Tan solo eso que sí es.

Atentos a la luz,

Aunque la sombra llegue.

La perdiz, va yendo

Y el bosque se engalana.

Por el matorral se escucha,

Un canto cierto.

Es el viento el que libera las verdades de natura.

Ala de pájaro vivaz, hueco de Dios,

Sortear el camino.

Volver a los senderos proclives,

Impiedad.

Volar, solamente cuando se es Uno. MJ. (Continuará).

 

 

 

 

 

 

lunes, 13 de julio de 2026

 

Diario Vivir, Razón y Orden. (9)

                                              No se puede inferir todo lo sabio que el mundo propone de un día para otro, mas, es en las encrucijadas de la vida es donde por lo común se aparece la luz. MJ.

                                                    He venido revisando los textos de mi propia vida. El sentido de las certezas se va apareciendo y tambien se puede notar el de los pensamientos que han cambiado, y lo equívoco se aclara. Es un hecho que los pensamientos se renuevan, evolucionan con el percibir propositivo del correr de los años. Con la certeza de Dios todo toma nuevos ritmos. De pronto el devenir del que se nos pide estar atentos, propone.  El crecimiento interior no es siempre tan claro como creemos y somos nosotros los que habremos de permitirnos el atrevernos a entrar, a mejorar la visión.  La etapa adulta permite ver más claro, los tiempos de que se puede disponer, son clave. Si nos decidimos podremos observar el pulsar interno de lo que avanza.  Aun teniendo muchos pendientes para mantener la vida redonda tanto en la salud y en lo de cada día, encontraremos lo que nos hemos propuesto con paz y tranquilidad. Algunas veces las luces de los nuevos entendimientos pasar hacen (tal como se dice en yucateco). Atentos, es bueno seguir las corazonadas de la adultez. A estas alturas del partido, decidí que era buena hora de darme esa entrada a un modo un tanto más meditado y me animé a participar en los talleres que propone y que imparte con mucho acierto la psico/filósofa Mariluz Barrera González, con visión teológica.

Por momentos creí que había sido un engrosar las filas de mis actividades y que tal vez no iba a lograrlo, hay que disponer ánimo y tiempo, mas, la vida misma sabe acomodar los intervalos y los momentos. Cuando se amplía el espectro del pensamiento interior, no solo es el acceder a lecturas puntuales y muy interesantes que se proponen para reflexionar con mirada teológica, es tambien escuchar las experiencias de vida de otras personas que están en el enriquecimiento del mundo interior que nos habita. Todos estamos en el camino de poder mejorar.  

Es un hecho que la vida se nos puede transformar en las manos si así lo decidimos. El zen nos dice: ¡mucho cuidado con lo que se desea! Mas nos deja claro cómo el valor de ser decididos, cuenta mucho. ¿Qué es lo que propicia ver lo realista? Estar más atentos a lo que nos rodea y así, elegir con paz.

 Por medio del buen sentido del pensamiento abierto y atento, sí puede ser posible que de un día para otro el camino se ilumine diferente, nunca es total el conocer, y esa es la parte que nos mantiene más vivos, la esperanza de que vamos cosechando de a poco.  Nunca se obtiene toda la luz de golpe, la mente asume, digiere y depura diligentemente. Los nuevos caminos se van revelando y se devela el sentido de las lecturas, el pulsar de los textos se siente diferente, es algo que nunca hay que desdeñar ni soltar. Un buen taller de lectura entre amigos nunca viene mal o tal vez entre desconocidos que pretenden lo mismo, una charla de la que escuchemos se va a dar y a la que podríamos asistir, algún buen programa que nos encontremos en las tan extensas propuestas de la televisión actual que a pesar de que esté invadida de IA, ese depurar lo que si vale la pena es algo que se puede volver parte.  No se puede negar que la televisión ya se ha perfilado mucho más con buenas propuestas y no es la que conocimos de niños que solo proponía lo que había en el tintero de las televisoras comerciales. Si procuramos tiempo para explorar lo que se propone, mucho se puede encontrar. Para el enriquecimiento personal siempre hay puertas abiertas, y algunas tan solo entreabiertas para acceder y afinar eso que sí creemos. Es a través de los medios comunicativos más refinados de la actualidad, que el mundo podrá ver certeros cambios, el bombardeo de todo lo que es obtuso y mal intencionado no se va a desaparecer de la noche a la mañana, es trabajo de cada conciencia proponer los caminos. Y ni qué decir del cine, que, aunque se perciba como limitado en los tiempos actuales, en lo personal he visto como las películas se han refinado en las buenas propuestas. Sí se está dando en una parte de la humanidad el trabajo asiduo de hacer conciencia. Somos cada uno de nosotros parte de la maquinaria vital del mundo y aquí se nos puso para esa misión específica. No es cerrada la acción ni mucho menos parcial, cada quien habrá de descubrir lo que le toca hacer. Quienes nos procuramos hacer conscientes de descubrir los caminos para nuestro crecer en el mundo y saber que aun siendo limitado el tiempo del que disponemos en la tierra, mucho se puede transformar y tomar sentido, nunca acabamos de aprender.

Al visualizar la vida que se nos ha entregado como un gran mandala que se mueve, dependiendo de la edad que tengamos, tiene los colores y buenos movimientos.

A veces, percibimos que los cambios en nosotros no son ordenados. Pasa como cuando los padres se sienten inseguros de la educación que dan a sus hijos y luego en su momento todo se asienta y se notan los resultados de lo que se va proponiendo. Lo justo es que comprendamos las peticiones profundas de la espiritualidad y así fortalecer siempre esa parte, del alma. No solo la espiritualidad elegida nos permea en lo personal, todo lo que somos está conectado con el resto de las personas y de pronto con la madurez nos vamos dando cuenta como los flujos de compartir la vida se van abriendo. Uno puede apreciar el sentido de la convivencia que aporta.

                                                          Algunas veces vivimos exactamente lo que no esperábamos. De hecho, lo que nos ocurre, si lo observamos como parte de un plan vital mucho más grande que nosotros mismos, todo se va a mostrar con coherencia. Los caminos de Dios si son insondables algunas veces, mas son la certeza de que se nos está pidiendo que aceptemos algunos cambios para mirar con más claridad. Al enfermar, al perder a un ser querido, al tener un accidente, todo eso es seguro que nos hará cambiar el enfoque, aparece la parte de bien. Estoy completamente segura de que quienes hemos vivido esas encrucijadas que nos han movido fuerte el tapete, solemos preguntarnos ¿por qué? y nos damos cuenta luego, de que lo que realmente ha sucedido es que se nos ha permitido abrir una puerta inesperada. En algunos casos podremos decir, ¡por favor! por ahí no queremos que se nos pida nada…no quiero crecer a ese costo, y quisiéramos seguir como estamos. Las lecciones universales y divinas no van por ahí ya que no se dinamiza ni se mueve una hoja del árbol sin la voluntad de Dios. Es tan solo con lo que se vive a conciencia que se alcanza el cielo prometido.

                                                                       Virginia Woolf nos habla en sus diarios personales, como las sugestivas imágenes de la vida y los símbolos que se nos dejan ver para optar, están inmersas en el buen uso de las palabras.

Los sentidos de éstas son de fondo y así toman una nueva dimensión para nosotros.

Nos comenta la autora, de un pensamiento de Arnold Bennet: -dice que el horror del matrimonio radica en el día a día-. De esto habría mucho que comentar, porque es verdad que la rutina es capaz de desbaratar hasta el amor más genuino y fuerte. Ahí es necesario el ojo avizor, que nos permita visualizar cómo lo rutinario aporta orden y, siendo ordenados, con buena voluntad lo difícil se puede hacer vida.

El modo de vida cuando se elige crecer en compañía de otro ser, procura que esa pulsión del eros sea descubrir cada día como nos transformamos, hay un sentido de vocación.  Cuando elegimos pasar toda la vida con un ser humano, lo más importante es comprender esa fuerza del crecimiento compartido: Hacer con nuestras acciones un bien al otro, mientras de la pareja tambien se reciba lo mismo. Es saber descubrir cómo el compañero o compañera de vida es el mejor catalizador y como nosotros mismos podremos aportar.

Vivir en piloto automático, es un error. Esto es, llevarnos por las inercias que es obvio que nacen de unas rutinas mal entendidas. No es ir caminando para la satisfacción personal, sino el compartir se vuelve la esencia del ser. Comprendo perfecto que haya personas que esto no lo quieren vivir, es un hecho que cada día se verá en el mundo esa dualidad de quienes lo eligen y de quienes no. Existen satisfacciones realistas que uno aprende con gozo y tambien vivencias nada fáciles.

Los momentos de mucha intensidad al tener que resolver asuntos que competen a la familia, pueden traer discrepancias que se perciban insondables y en otro momento éstas pueden ser los motivos para reflexionar y tomar nuevas rutas.

Sabemos ya, que el matrimonio se ha convertido en una elección de la vida social. En mucho, ha dejado de ser una elección vocacional y de crecimiento mutuo. Lo equitativo que se puede obtener de tal modo de vivir se ha nublado.  Los seres que se casan, decía mi padre, -tienen que darse cuenta que es una vocación-. También hablaba muy claro de que es un compromiso el unirse al otro, pero no del tipo comercial, sino profundamente interior. Con visión de fondo.

Cuando los jóvenes temen esa opción, tal vez no se comprende ese avanzar de conjunto. Si es importante poder tener claro que cuando se elige, habremos de estar preparados y conscientes para los momentos difíciles que siempre los hay, sea cual sea la condición y ayudan a mejoras del ser.

El vituperio que se dio en épocas pasadas a las actividades de las féminas, de cómo se practicaba el quehacer casero y los aspectos de las cargas matrimoniales sin ser valuadas y evaluadas como una parte muy importante del sentido familiar, como que ha vacunado a las nuevas generaciones de mujeres y ese paso de tener fuerza para la vida matrimonial, se ha vuelto en un miedo que se visualiza como un pesar.

La misma Virginia nos dice de pronto: -Por momentos en la vida diaria (junto a Leonard) me veo forzada a ser más intensa y más directa-. Era obvio que desde esos principios del siglo pasado ya se sentía al ardor de tener que poner en claro cómo se iría transformando la vida de pareja, para que hubiera siempre equidad. No ha sido fácil, pero si existen ejemplos genuinos de que cuando se encuentran las almas en crecimiento compartido, eso se convierte en una razón genuina.

Vemos hoy día como hay jóvenes que por inercias sociales se unen en matrimonio, y al cabo se suelta el asunto como una papa caliente, como un nudo que se percibe tan amarrado en convivencia negativa, que es difícil de desanudar. Se nubla el camino que se creyó promisorio. Se nota luego cómo que están pareciendo más felices las mujeres al volver a la soltería, pero yo me pregunto: ¿no queda en el interior espiritual el resabio de que, de alguna manera, el asunto hubiera podido transformarse?  se han dado tal vez la grandeza de ser padres, de haber vivido momentos inolvidables, que de pronto pasan a segundos planos. Se desvalora el sentido de la unión.

Es un hecho que el matrimonio hoy día se está transformando. Sí existen seres que lo toman como un camino de vida muy bien compartido y que visualizan una vejez en compañía del ser elegido. Es así que hay que comentarlo, porque en realidad las opciones habrían de tomarse desde antes, es una realidad que no se puede estar en la misa y en la procesión: Si optamos por la pareja es buen trabajar a dúo.

La maternidad elegida en la soltería es tema espinoso, porque no existe realmente un acompañamiento y apoyo de los dos géneros, que sería lo ideal.

 Obviamente las nuevas opciones están alegando que habría que aceptar los cambios propuestos, puede ser, puede ser un costo alto. Lo importante es el fortalecimiento de los hijos, esos infantes que se encaminan a ser personas, no meros entes.  No hablo de cuando la viudez llega de pronto y es parte inevitable. Ese, sí es otro cantar. Me refiero a cuando se suelta la tenacidad de acompañar a los críos en su desarrollo, cuando los dos padres están aún vivos. Tal vez esto se haga desde espacios diferentes al que los padres decidan mudarse, esto es ya algo que vemos cada jueves y domingo.

Virginia y Leonard Woolf encontraron el justo medio para una vida que se acopló a un crecimiento muy particular de cada uno. Ellos no tuvieron descendencia y vivieron cambios drásticos en la época que todos estos asuntos se iban perfilando a nuevas maneras que todas luces se daban, de la vida humana en pareja.

El sobrino de ella Quentin Bell, es el que se avocó (convocado por su tío Leonard) a escribir de la vida familiar. La biografía es amplia y tiene mucho que ofrecer para comprender lo que vivimos hoy en el mundo.

Algunos pasajes son interesantísimos, como cuando el mismo autor nos propone como en la mente de su propia madre, Vanessa (hermana con la que más convivió Virginia y que le permitió que sus sobrinos fueran como sus propios hijos) se debatía el concepto de honestidad… ¿Con quién habremos de ser honestos en las decisiones tan vitales de cómo vivir la vida, por un lado, con lo social que nos arrolla y propone cosas que luego no podremos sustentar, o con nosotros mismos de fondo? Las elecciones vitales a veces se convierten en conduermas (palabra muy utilizada por los que fueron de la generación de nuestros padres) y que se refiere a: cosas que de pronto se perciben como fuera de lugar.

 El diccionario, respecto a la conduerma no dice nada de esta palabra. Daré mi punto de vista: Es como un pesar que cargamos y creemos que no es nuestro, y de pronto sí que nos puede pesar tanto, que nos puede quebrar. (Continuará).

 

 

 

jueves, 2 de julio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (8)

                                                              Sintiéndome saludable, hay un poder que me permite hacer imágenes…

Virginia Woolf.

Diario personal. 1926.

                                  Cuando escuchamos algo relativo a la salud, muchas ideas se vinculan de inmediato a nuestra mente. Es innegable que cada uno de nosotros tenemos las propias ideas al respecto, esto va a depender siempre de la cultura en la que nos hemos formado con la mentalidad que se considera la mejor del momento. Es un hecho que en temas de salud la cultura científica es preponderante. Se van desarrollando las investigaciones y van permeando. A pesar de saber que la ciencia avanza, hay que tener en cuenta que el factor humano cuenta, no podemos tener todo claro.  Nunca es desdeñable lo que se dice y propone de salud por los médicos, mas si habrían de ser revisadas algunas posturas. Aun apoyadas por buenos principios, las propuestas de cómo cuidar la salud han de ser revisadas con atención y comentadas con el médico de cabecera, ya que cuando se trata de nuestro bienestar físico, mental y personal lo mejor es estar seguros del camino a tomar. He de decir que a veces hasta lo que nos proponen como bueno, puede que no lo sea tanto para uno mismo. En verdad que sí vale la pena hacer una reflexión en el sentido de ¿qué nos significa la sanidad en general? Tanto en lo físico, como en lo mental y saber que sí y que no.

Desde niña fui intolerante a la lactosa. Hay personas que se han carcajeado en mi cara cuando lo he expresado, y yo simplemente me quedo callada. De esto casi no se hablaba en la época de la infancia de mi generación, cada quien sabe su cuento. Es verdad que esto de las alergias e intolerancias (no son lo mismo) se han puesto de moda, pero si el rio suena… agua trae. Más allá de eso, las buenas o malas respuestas del cuerpo sí existen para algunos de nosotros, mucho más si lo hemos experimentado y detectado, esos aspectos que nos dan bienestar o malestar hay que observarlos, los síntomas a veces no son claros. Ni para todos los médicos.

 De niña, todas las tardes se me hizo tomar un vaso de leche con vainilla. Venia ese albo líquido de los establos que tenía uno de los hermanos de mi padre y era leche que en casa se percibía sanísima, recién ordeñada y se decía que mejor, era imposible. Ese vaso de leche me provocaba unas nauseas tremendas que no puedo olvidar y en su momento solo me podían decir: es normal. Yo era la que lo vivía, y claro que no era normal. A los adultos de esa época les parecía lo más sano del mundo y creían que nada me haría más bien. No fue así, porque mi intestino se enfermó y termine perdiéndolo a los 57 (cincuenta y siete) años de edad. (esto lo comentaré in extenso a su debido tiempo, fue un parteaguas en mi vida).

Solo hago mención de este asunto que fue mi caso, ya que lo viví en carne propia y he de decir que he escuchado el mismo cuento en otros temas y situaciones cuando nos dicen -toma esto, come lo otro y bebe lo de más allá- ¡Cuidado! sí que hay que tener cuidado. En otro momento ya adulta, escuché tambien atenta a una nutrióloga. Nos la habían recomendado como la mejor y en verdad sabia bastante de la combinación de los alimentos para comer más sano y cuidar del peso corporal, mas recomendaba pastillas de fibra como una cosa archisaludable, así fue que me animé y las tomé. Lo bueno es que me produjeron tales dolores que la misma nutrióloga me dijo que no eran para mí.

Cuando Virginia Woolf acuña la frase con la que empiezo este texto, me queda claro que es muy personal y eso mismo es así respecto al cuidado de la salud. La observación del propio organismo es básica. Según mis experiencias personales, todo parte de lo que pensamos, esa actitud de hacer redondo cada día como si fuera un universo completo, propicia una estabilidad en la mente que es la base, nos ayuda a solucionar y comprender mucho mejor. A resolver asuntos se aprende, no venimos con ese chip adosado. Desde lo más sencillo hasta lo más complicado que vivimos afecta a los dos aspectos: salud física y salud mental. De ahí de la mente y del ánimo es que parte todo, y repercute en lo físico. No a todos los seres humanos les ha caído el veinte del valor del ejercicio físico, es hasta las últimas décadas que esto se ha vuelto más consciente. Mis padres hasta en eso eran diferentisimos, él, de mucho ejercitarse desde joven, ya que jugó mucho básquetbol y luego ni qué decir del tenis, que lo practicamos juntos y que a mí me llevo a tener buena condición. Lo dejé mucho antes de lo que hubiera querido. Precisamente porque en otros rubros mi físico ya no dio para más. Luego, mi hijo me insistió para que volviera a las canchas, mas al fin comprendió que había yo aprendido a escuchar a mi cuerpo.

Continuaremos compartiendo el pensamiento de la Woolf. Escribe de realidades que se perciben genuinas en ella, era vulnerable en lo mental, mas con cierta claridad lograba como llevar las acciones y ni qué decir de todo lo literario tan artístico que legó. Comprendía la creatividad como un orden mental. Y aquí entra otro rubro muy importante de la sanidad: Todos somos creativos por naturaleza, solo basta encontrar los modos, junto con la misión de fondo que hemos venido a desempeñar. Si van de la mano es seguro que la creatividad fluye.

¿Cuándo nos damos tiempo para ser genuinos, como parte de la creatividad?, esto podría ser en ¡cada acción! hasta para freír un huevo se puede ser creativo.  

Saber qué es lo que hace entero al espíritu y como fortalecer al alma, es un don que se trabaja con naturalidad, como bien decía mi madre: -nadie nace sabiendo-. No dudo que aun sin mayor talento se puedan hacer mil cosas con empeño y dedicación, mas no se trata del ahínco en la vida, éste puede ser equivoco y tener que desandar caminos. Claro que tambien hay que decir que cuando hay que volver el camino, hay aprendizaje. Si nos equivocamos en lo elegido, es seguro que termina brincando la liebre para darnos cuenta que hay que salir del campo de acción que creímos muy nuestro. Regresar, jamás es algo negativo.

He hecho plástica desde muy niña. La parte artística a veces viene como propuesta natural y es visión de los progenitores detectar y proponer. Mi padre ponía en mis manos un balde con agua y me daba dos o tres pinceles y yo pintaba sobre un gran jarrón. El barro, se volvía mágico, apenas había terminado, lo plasmado se borraba con el aire. Nuevos trazos surgían. Nos divertíamos con eso, él se reía ahí cerca conmigo y esa imagen quedó tan nítida en mi mente que hoy creo que eso me ha motivado. Tomar los pinceles y plasmar hoy día es como si fuera ayer mismo.

Me veo haciendo eso trazos efímeros que se convertirían más adelante en el aqua di colore, que es, acuarela.

Algo muy sencillo es lo que he hecho con todo eso y que no he llevado a grandes obras. He sido fiel a lo que me nace plasmar, nada más.  Me voy por ahí, y aunque he expuesto, no es lo primordial para mí. Algunas veces que he regalado mi obra, sí me he dado cuenta que antes de saber el motivo del tema plasmado, hay quien la recibe y me pregunta: ¿Y, como cuánto vale esto? (¡En dinero!)  me asombra como esa cuestión de los costos materiales, en arte está tan presente.  No la he dado para ser vista como una inversión. Eso ha pasado con el arte actual: es una mercancía más. Lo verdaderamente artístico se ha contaminado.

Volviendo a la sanidad, mucha de nuestra salud mental está asentada en saber qué hacemos y porque lo hacemos. Pareciera algo tan obvio… mas no lo es. La masificación de la cultura actual nos cubre con su velo imperceptible, y no se nos permite percibir el sentido profundo de las acciones más sutiles. Si hoy día todo se ve con ojos de dinerismo, ¿Cómo no vamos a estar estresados? Acepto, pero no comparto que así se quiera vivir, mas la base esencial de la vida creativa en la que yo creo, no va por ahí.

Escribiendo estas líneas, y siguiendo la guía de mis diarios personales que dan el sentido de estos textos, me topo con la revisión del diario numero 98 (noventa y ocho).

Había terminado el verano de 2012.

El mes de septiembre daba sus primeros pasos en nuestras vidas y el sentimiento de que la rutina volvía a sus lares era genial, soy una persona básicamente rutinaria. Amo poder ordenarme en mis actividades (y he de decir que no las llevo al pie de la letra) y me daba cuenta que tendría que ser más condescendiente conmigo misma. No tratar de cumplir con todo lo apostado y por hacer. A veces, creemos que las cosas son como imperativas, como manda. Confundir el hacer genuino con el cumplir una agenda, es algo que puede ocurrir, y no lleva tanto de creativo. Como he comentado en otras ocasiones: apostar por la creatividad de la vida sencilla y diaria, no es difícil, es tan solo actitud. Nunca es hacer por hacer, y darnos a la tarea de averiguar cómo se manifiesta el sentido en la acción a la que nos hemos entregado.

Tener cuidado de no exigirnos de más... ¡el desgaste se hace presente! Y luego nos preguntamos muchos porqués insólitos.

Al tener claras las encomiadas que tenemos en esta vida terrenal, se vive otro tipo de paz. En mi caso, los hijos en casa eran mi prioridad.  Es parte de lo sabio, observar la realidad y de ahí que nazca el orden a seguir.

La salud, se va dando conforme a la edad. A ratos solía entrarme como una inquietud ¿saber qué es lo que tendría que atender? la misma vida nos lo muestra.

En esos días del verano hicimos un viaje muy reconfortante a Nueva York, mi hija y yo. Ella a llevar jóvenes que se integrarían a una casa para vivir en intercambio por unos meses y yo percibí el momento ideal para visitar a las primas, momentos invaluables de armoniosa convivencia. Conversadas que solo se dan de pronto como un regalo. Mis primas hermanas tan cercanas en lo consanguíneo y sin conocernos tanto en realidad. Por momentos los paseos por la ciudad se dieron en grupo, todas juntas caminamos, visitamos museos, edificios emblema y luego Re se iba a correr por Central Park y yo deambulaba por el rumbo, momentos guardados para siempre. Re tuvo la oportunidad de conocer de cerca a las hijas de la hermana de mi padre y gozamos desde lo que comimos, a veces tan diferente. Los nimios comentarios sobre la familia, dan redondez. No podía faltar la buena platica, invaluable. Creo yo, es un aspecto muy importante de la sanidad humana: poder conversar a nuestras anchas. Yo sé que no a todo Dios le gusta la conversada de fondo, lo respeto, mas si hay que valorar la buena plática con quienes tenemos esa oportuna coincidencia de intercambiar, acomoda los pensares y el desempeño de un alma en sanidad.

Hablamos de los olores que todas recordamos de casa de la abuela. De cómo las tías nos trataban, como notábamos los caracteres fuertes de los hermanos de su madre y de mi padre, los nuestros eran los hermanos menores de ese clan.  Recordamos a la mujer que cuidaba y estaba siempre ahí presente con la abuela. Si abría el refri, salía el olor a manzanas rojas preferidas de la abuela y que se nos quedó bajo la piel. Nuestra abuela era mujer corpulenta, se rompió la cadera y quedo postrada. Todos creemos que uno se cae por un descuido y se rompe el hueso, cuando algunas veces primero se rompe el hueso (por la osteoporisis no atendida) y luego viene a caída. De los celos que tenía de su marido (nuestro abuelo) nos dio para reírnos y afinar lo que habíamos percibido como infantes, las cosas obvias no mencionadas. Así se vivía en esos tiempos. Los varones, si es que eran casquivanos tal vez fuera inevitable hacer sufrir a la esposa. Como niñas visitábamos la casa de Isla Mujeres que construyeon los hermanos grandes y nos llamaba la atención que había un señor que la vivía y cuidaba, era muy parecido a la familia, nunca se dijo nada, todas nos dimos cuenta de que lo más probable es que era un hijo del abuelo. Ellas, después de vivir su niñez en La Habana, Cuba, vinieron al terruño un tiempo y pronto se fueron a los Estados Unidos.

Durante el año siguiente conocimos el Museo del Cacao. Hacernos consientes de ese valor que permite la elaboración del chocolate y que viene desde nuestros ancestros de la península, fue grandioso; el cacao en épocas tempranas se utilizaba como moneda de cambio. Probamos chocolates con chile, con especies, y con otros ingredientes muy bien utilizados para dar esa variedad. No somos a fin de cuentas lo que creímos que somos, la vida se transforma al proponer y hay que hacer caso al sino intuitivo.

Cerramos el siguiente mes de febrero con un viaje a Campeche. Como si fuera el primero. Cada que voy a esa linda ciudad de nuestra península, me congratulo con la vida, hay creatividad. La ciudad invita a caminar, el campechano camina con parsimonia que contagia, claro que hay que cuidar que no nos toquen las horas de sol. Las tardes de caminatas por el malecón las he vivido una y mil veces y lo haría cada que fuera posible. Me encanta ver cómo la gente se sienta y aprecia la puesta del sol. Las calles, los parques y ni qué decir construcciones de casonas antiguas, así como de las iglesias que cada una es muy singular. Cada que vamos, el sitio que no perdona la visita, es La Biblioteca Campeche, gran recinto.    (Continuará).

 

 

viernes, 26 de junio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden (7)

                                  No se puede inferir verdades solo mediante razonamientos, hay que experimentarlas.

Tierra de hombres.

Antoine de Saint-Exupéry.

                            Cuando hablamos de la verdad no podemos dejar de contemplar que ésta, ha de estar totalmente unida a la realidad y es ahí mismo en donde han de darse los razonamientos más válidos y que provengan de las experiencias. En una realidad manipulada, no se logran razonamientos que propongan con creatividad y es así como se desgasta y desgracia el buen pensar de la especie. No podemos perder de vista la contingencia en Dios, para afianzar la confianza.

El mundo trastocado de hoy, en muchos casos se ha dado por ideologías falsas.  Las malas interpretaciones en el Dios en el que creemos, y querer cambiar el sentido del pensamiento sin tomar en cuenta lo realista, nos han desvirtuado la verdad. Nos hemos confundido, notamos angustias innecesarias, excesos de actividad que no conduce a nada propositivo y ni qué decir del orden mundial que cada día nos asombra más en negativo. Los intereses de grupos que lideran el orden global están presentes mucho más allá de lo que podríamos imaginar. Existen y son realidad los poderes que se han apropiado irracionalmente del mundo. Claro que la forma como vivimos en los primeros estadíos de los grupos humanos, cuando existía más clara la verdad, ahora se ha complicado con razonamientos complejos. Es la cosmovisión lo que rige de fondo los caminos; de hecho, todos los adultos la tenemos en la mente, es trabajo cotidiano el afinarla y hacerla presente en las actitudes.

 Al ser seres pensantes ha de prevalecer un orgullo de pertenecer al homo sapiens, toda la humanidad del orbe habría de tener esto claro para evitar manipulaciones en el pensar, ahí radica nuestra originalidad y fuerza. Lo más importante a renglón seguido, es que prevalezca la razón nítida en los modos de pensar, eso es lo que se termina reflejando en las realidades que fortalecen a la cultura.

 Informarnos por los medios adecuados es primordial, hay demasiada desinformación.  Ese esfuerzo que tanto bien haría, se nos escapa. No basta ser buenas personas, hay que actuar con las creencias despiertas, atentas y ordenadas, fortalecer esa armazón mental del buen sentido, que se ha perdido. 

No vivimos en un país que cultive la buena lectura, eso ya está más que claro. Esto   ha sido un bache en la cultura de nuestras tierras, pero no faltaba más, podremos remediar y compartir lo que nos sea valioso, no soltar la intención y enfocar la mirada en lo que vivimos y que nos transforma a todos. Hasta la lectura más sencilla hace su parte: todos podemos tomar el libro que nos haga click y encontrar en las páginas leídas lo que nos haga fuertes y así también propiciarlo en los que vienen detrás. No tienen que ser grandes textos ni mucho menos, alimentar el interior tan solo con lo que nos es válido, para sentir ese crecimiento. Interiormente hacer una sencilla lectura da un sentimiento de pureza que nos mueve y el alma lo agradece.

Como adultos mayores, se presenta con más ahínco el tiempo por tomar los libros.  Es un buen momento de hacerlo. No todo ha de ser experiencia extraordinaria. La vivencia sencilla de la lectura se ha menospreciado, afecta lo de cada día. Todo lo que nos propone el mundo de hoy hay que valorarlo viendo con ojos más críticos porque solo así nos daremos cuenta si es afín a nosotros mismos o solo es un valor agregado que nos hace desorden mental. Tampoco hay que tragarnos el cuento de que hay que ir a todos lados, la serenidad de las acciones tambien aporta ya que, si se carrerea la vida, no sirve más que para cansar a la mente y cobrar tributos. Hacer cuanto se nos propicia en la cultura de hoy es cómo responder con inercias innecesarias producidas por la publicidad. A veces nada que ver. El camino elegido y la misión aclarada de cada ser pensante, es Sagrada. Las buenas experiencias son como la argamasa de un alma bien amueblada.

La verdad no es total en lo que se nos dice en los medios, ni lo que la mayoría a veces piensa. Todos hemos sido permeados por ideas, hasta la misma idea de la civilización o de lo que es civilizado se ha trastocado, por desgracia.

                                                                Revisando con atención todo lo escrito, depuro y tomo lo más significativo.

 En estas revisiones me topo con preguntas que han nacido de lo profundo.

 ¿-Qué es lo que realmente da el tono en la vida-?

A la música le entonan los acordes y las notas, a los colores la combinación acertada de los mismos y así en todo encontramos una esencia preponderante. En la vida diaria: Es en el asiento de lo que sí creemos, donde nos tonificamos.

Ni que nos vengan a decir mil ideas cuando tenemos esa claridad en las venas, vamos a caer en garlitos efímeros. No hay idea que valga en la mente si no es parte de lo nuestro con verdad. La buena atención propicia sutilmente las transformaciones. Dejar de lado lo que no es real. Eso qué no queremos hay que tenerlo claro. La vida inteligente y sabia va mucho más por el camino de la razón y el orden.

El sentido de la paz en la vida misma se confunde. Es lo que se expresa en cuanto a lo que como persona se experimenta, nunca en cuanto a lo que el medio propone. Los ritmos creativos son eso, van con el interior del ser. Es muy diferente cuando alguien con preparación nos guía en alguna actividad, un ejemplo es cuando se hace ejercicio físico guiado, una persona dirige en grupo, y se nota como cada ser se adecúa a lo propuesto, sin dejar de seguir las indicaciones personales dentro de lo general.  

Cuando vivimos las transiciones de la vida, habremos de notar que éstas son fuertes casi siempre, por lo que los ritmos cambian y hay que hacer caso. Lo dice Viktor Frankl. Médico que sobrevivió a un campo de concentración nazi gracias a su modo de afrontar los hechos: -todas las transiciones son fuertes. Siempre tienen un sentido y eso tiene que estar claro-.

                                                                              Escuchar a la naturaleza es clave, observarla, pero mucho más a nosotros mismos que estamos tan unidos a ella.

Cuando niños, que nos bañábamos en la lluvia, (así decíamos cuando los mayores nos permitían quedarnos al aire libre bajo un aguacero y dejar que nos inundara hasta la última célula) había un sentimiento clarísimo de transformación.

 Era como comulgar con algo mucho más grande y perfecto del universo, tal vez no entendiéramos en el momento de la niñez el cómo se producía esa agua bendita llegada del cielo, mas dejaba alegría y renovación, sin duda alguna.

 En lo personal, creo que esto es un buen símil para comprender en que consiste el tener confianza. Si confiamos en el Dios que nos guía y lo llevamos en nosotros mismos, todo lo demás se dará por añadidura.  Y eso es lo que nos dice De Saint Exupéry: la experiencia es más radical a veces de lo que podremos imaginar.

En la realidad, algunos aguaceros que pueden hacer tan felices a los niños y que los reciben como una bendición, a los adultos nos traen otras percepciones que van unidas a una percepción adulta y natural, el hecho de que dejan bochornos, charcos y ni qué decir de las inundaciones que se viven en la actualidad. Y así, se hace presente el sentir, que mas qué razón es realidad.

Algunas veces la tierra en la que nacemos nos incomoda. Al conocer otros lares, nos preguntamos porque nacimos aquí o allá, cuando eso es en realidad parte de una situación más profunda de lo que nos imaginamos, misma que nos circunda y da sentido. He visto mucha movilidad humana en mi vida y a veces me pregunto ¿porque se motiva la gente para irse de la tierra que la vio nacer? Hoy día, son muchas las causas reales de que hay lugares peligrosos en el mundo. Para quienes quieren una vida pacífica y tranquila como lo más importante, la movilidad se asienta como un plus, y se logra sin mucho esfuerzo. Siempre he pensado que al que llega a nuestra tierra hay que compartirle la parte amable de ésta, hacerle sentir que puede adaptarse y estar como en casa. Claro que se cambia los ritmos indudablemente, ni que decir las movilidades citadinas en las que los miles de automóviles se agolpan y crean caos. Poder ir a lugares más ordenados y tranquilos de los que provenimos es un privilegio.  El crecimiento urbano desordenado es inevitable y duele, es un aspecto del urbanismo que no se ha logrado.

Me encanta pensar que hay en el mundo ciudades bien planeadas, que llevan el sentido del urbanismo con todas las de la ley, mas si eso no nos ha tocado en vivo y a todo color donde vivimos, no hay porqué perder la esperanza.

Desde que supe que esperanzarnos en algo es saber que todos los involucrados en algún tema lo que tienen que hacer es tan solo su parte para lograr… esa es la dinámica de un esperar con seguridad de ver cumplidos los propósitos.

Toca y corresponde y poner manos a la obra. Mas que quejarnos, siempre actuar o pensar de otra manera si fuera necesario, para permear con bien.

Obviamente no todo nos corresponde hacer en la misma medida, tal vez los adultos mayores estamos ya para crear conciencia de algunos modos de hacer. El tema de la basura es clave, y por ahí podríamos empezar.

                                               Pasarnos la vida entera en lidia, no es lo más saludable. Al no hacernos una buena conciencia, hay temas que nos pueden afectar sin mayor razón y no es justo que nos rebasen ideas que pueden transformarse más en la experiencia. Si lo podemos remediar, hagamos la parte sin agobios.

No hemos venido a la tierra tan solo para quedarnos con lo primero que aprendimos. Cada día ofrece muchas alternativas para crecer, hay que detectarlas.

En agosto de 2012, tuve la intención de experimentar el vivir un tiempo sola. Ahora que lo releo y analizo, no sé de dónde me vino a la mente tal burrada. De entrada, mi hija vivía en Cancún y me fui una temporada con ella como para cambiar un poco la cotidianidad, tal vez a veces el día a día agobia y estando ahí me di cuenta.  Tenía claro que tendría que volver a lo que era tan obvio que yo había elegido. Mucho me movió el tapete (como decimos vulgarmente) el asunto de que mi marido se trasladó a CDMX. Estuvo unos meses a casa de un tío, tenía una novela que habría de ser escrita, ese texto se sitúa en las calles de dicha ciudad, con recuerdos de una infancia y paseos realizados con su abuelo que ahí vivió.

Yo me vi medio fuera de centro y me fui. Lo había razonado pero la experiencia habló por si sola para crear nuevas armonías prometedoras de convivencia, que con los días se han convertido en un núcleo familiar fuerte. De lo familiar hay mucho por aprender.

La novela que escribió mi marido quedó lista y por consiguiente volvimos ambos a la casa, que se había quedado en manos del hijo más chico. Yo en Cancún, cargue baterías, y me di cuenta racionalmente que tendría que dejar ese espacio que era de mi hija, ya que ella misma lo había elegido para su vida personal de trabajo y vida y yo no tenía más que agradecerle el espacio temporal compartido de cambio transitorio y convivencia.

Los cambios drásticos de timón solo tienen sentido cuando ya no hay futuro. Tal vez cuando la vida nos muestra que no hay maneras nuevas de afrontar y de comprender con nuevos sentidos lo que alguna vez elegimos, y que de pronto la vida misma pide renovar de maneras gratificantes y nuevos aspectos surgen.

¿Quién nos ha dicho que en la vida hemos venido a esperar lo que en mente tenemos? Yo creo que los medios, las películas y tanto que vemos que creemos que tenemos como derechos a cumplir, cuando lo único que hay por hacer es vivir la vida realista, razonada y con las verdades de la experiencia en la mano, aunque no siempre sean las más idílicas.

Los golpes de timón y grandes cambios a veces si son necesarios, mas hay que darlos en los mares que se observan y conocen y se sabe cómo capear esos oleajes. Siempre la vida misma en sus tiempos, muestra el rumbo.

Tiempo

Sabidurías temporales

Volando van.

Los tiempos vivos,

Día, mes, año

Ritmos escogidos.

El día, lo trae todo,

La noche, madurez en los silencios.

Viento sabio. Tiempo. (Continuará).

 

 

viernes, 19 de junio de 2026

 

Diario vivir: Razón y Orden. (6)

                                                        Los hombres no son prisioneros de su destino, más bien son prisioneros de su propia mente.

Franklin Delano Roosevelt.

                                                                            Siempre me ha llamado la atención como los modos y costumbres se mecanizan, así es la cultura, mas tambien hay que tener claridad en lo que pensamos, para razonar bien lo que percibimos cuando a veces se nos presenta el pensar con cierta irracionalidad y puede ser factible de revisión. Alejarnos de las inercias y tener claridad en los actos.  

Hablo de esto en este caso, en función a lo que he vivido por la manera y costumbre de llevar las honras fúnebres en nuestros lares. Me tocó asistir en estos días que releo, a un velorio, un tío mayor de edad que nos dejó. Me cuesta estar de acuerdo en que, al despedir al difunto, se haga como un barullo festivo. Es así y me da la impresión de que no hay otra manera por el momento, a veces la costumbre manda aun siendo equivoca.

Todos nos terminamos yendo del mundo, no hay vuelta de hoja. Ese despedir es, ante todo, algo muy personal. Cuando los deudos, amigos y familiares se juntan me da la impresión de que nace una especie de festividad, y se pierde el sentido de lo que está sucediendo. Me hace volver a reflexionar sobre la muerte, lo que percibí en este velorio pasado, y ahora es porque escuché en estos días que ha muerto una joven. Aun sin conocerle me ha impactado, era la ahijada de una muy buena amiga. La muerte de cualquier ser humano nos debe mover por dentro, al menos a hacer una sencilla oración tan solo por el hecho mismo. Comprendo que se sale de nuestros modos personales y mucho más hoy día con las prisas al vivir.

Otro aspecto de la mortalidad me lleva pensar que ya nos acostumbramos a que sea algo efímero el duelo, como por inercia. Tambien me preocupa como tomamos las muertes no naturales en la actualidad, esas que se dan cuando las disputas matan a congéneres en actos violentos. Hay ámbitos sociales no tan personales ni cercanos que nos hacen percibir que se ha desvirtuado el sentido del morir.

Ese recurrir a la muerte porque se considera algo necesario dentro de los grupos violentos para ajustar cuentas, es una confusión que viene de un poder mal entendido. Cuando los muertos se convierten en números, nada se ajusta. Creo yo que nos rebasa a la mayoría entenderlo y se nos va secando el sentimiento al respecto. Es una pena muy grande para la sociedad.

No digo que se ore por cada muerte que ha ocurrido en un país que de pronto se ha hecho más y más violento, sí podríamos conmovernos en el alma cuando podamos hacerlo y percibir que eso de las matanzas por aquí y por allá no es normal. Si un niño preguntase, tomarnos el tiempo de explicar que nos significa la vida.

 En estos días hojeaba por enésima vez (tambien es uno de mis libros de cabecera) a Séneca y sus cartas a Lucilio, tiene varias en las que habla a su discípulo sobre la muerte y me encanta como plantea el asunto del morir. Aquí, veremos parte.

Me inquieta desde niña esta temática.  Me imagino nos sucede a todos de esa manera, tal vez a unos más y a otros menos, tiene todo que ver con  los temperamentos. Morir es en sí mismo un cierre natural. Cuando vivimos tanta agresión sin sentido podríamos llegar a afirmar como lo hizo Plauto en el siglo lll: el hombre…  es el lobo del hombre, (homo homini lupus). Esto simboliza el egoísmo máximo ante la agresividad desmedida, que no es natural.   Siempre podremos condolernos, más si es muerte natural. Sea muerte infringida por el absurdo o por la natura que a todos nos habita y es cíclica, la muerte es importante, digna.

En épocas de mi niñez todo era demasiado oscuro y sobrecogedor cuando alguien partía. Ese negro rotundo en las vestimentas y mantillas en las cabezas de las mujeres, daba pesar, mas al menos se notaba que les podía. Doy gracias que ya eso ha cambiado en cuanto al color negro rotundo. No sé si he compartido en otro lado de estos textos el dia que murió mi abuela, por la mañana me dijo mi madre que me alistara para irnos, no iría al colegio. Elegí mi vestido preferido de ese momento. Era de color blanco con bolsas enormes al frente, de varios colores.

 Un regalo de mi padre y mi madre se contrarió al verme. Habló con mi nana y le dijo: -esa ropa está muy estridente, ponle uno todo blanco-. Ahora con los años lo entiendo perfecto. Mi padre dijo que se me permitiera y mi madre tenía la última palabra, ni duda alguna.

Ahí me di cuenta como cada ser es único, y como se dan los modos de cada uno de los padres. Quien vive la muerte en primera persona la percibe distinto, más cuando queremos acompañar a deudos hay que mostrar recato y silencio en el ser. Silenciarnos, acompañar y dar un pensamiento a quien ha sido llamado o arrebatado de este mundo, es humano. La indiferencia en algunos asuntos entre los homos sapiens cada día es mayor. Iremos viendo las razones.

Casi estoy segura de que el morir a todos los de nuestra generación nos creó más preguntas que respuestas. Hoy día ya hay más recursos para ese entendimiento, la tanatología  nos ayuda a comprender.  El ser cercano que nos deja no es que se vaya del todo, porque se manifiesta en lo que nos deja con lo compartido, con lo vivido.

Hoy día, ya se utilizan los tonos más claros en la ropa del luto, y que bueno. De la misma manera sería bueno que la claridad entrase a la mente, los blancos que son pureza podrían utilizarse para saber ¿Qué nos marca de ese ser que se va?

Cuando se cierran los ojos de alguien para siempre, como que una lluvia de sentimientos nos llega. Solo imaginar a quien pierde a un ser querido nos ha de condoler de alguna manera, una plegaria silenciosa, no cuesta nada.

  Sea un ser cercano o lejano quien parte, bien vale la pena parar y revisar lo que sentimos y tratar de ponerlo en sitio especial de la mente, con respeto.  Ha de ser algo que, procesado en nuestro interior, nos ha de dejar el buen sabor del recuerdo. Y aunque no siempre se propicie esto en los modos actuales del velorio, cuando todo se vuelve un acto cumplidor, uno mismo puede tener el modo recatado.  

Es cultural sin duda alguna esa manera como en la realidad se lleva a cabo el cierre. Es claro que la cultura impera, pero no siempre es fijación y puede cuestionarse en los modos de hacer. 

Cada vez que acudo a un velorio hay algo dentro de mí que me dice: -no vuelvas más-. Me puede, ver la algarabía cuando se está respondiendo más por inercias que por sentimiento genuino. Ahora, ya me doy cuenta que a veces sí hay gente que solo cumple y miente, y no pasa nada, son diversos los niveles del involucre con el difunto, hay que aceptarlo.  Si se siente el dolor de la perdida, hay que acompañar.

  Habría que poner en la justa dimensión todo el acto, ya que abrazar al doliente es parte, pero no solo es eso, recatarnos y saber que si creemos en el Dios que recibe al difunto es una realidad, pues tan solo pedir que pueda ver la luz transformadora.

También creo importante preparar la mente desde que se nos da la noticia de alguna enfermedad.  Sí bien todo en su justa dimensión será dependiendo del parentesco, hay seres que se van y que seguro conocimos de alguna manera. Creo valioso que nos demos ese pensar, ¿Qué tanto nos significa ese cierre del círculo terrenal? y que tanto nos significa en lo espiritual. Ese apoyo a los deudos es invaluable.   Nosotros mismos, habremos de apoyarnos para comprender mejor tal momento. ¿Qué se ha ido un ser a la siguiente dimensión? Eso resulta obvio, más lo importante es manejarlo con un sentimiento especial. Lo he vivido mucho y siempre me deja ese resabio de que no hay la profundidad adecuada, mas con el tiempo me doy cuenta que cada quien puede tener en sí mismo los procesos personales.

 Ni siquiera se tiene que decir nada, porque estando, damos la parte. Si alguien muere lejos, encontrar el momento de llamar.

Los cuáqueros sí festejan la muerte y hacen fiesta: es parte de su cultura. Tuve un tío político que conocí poco, que era de esa religión. Mis primos mayores fueron a su velorio a Nueva York, y siempre hablaron muy sorprendidos del festín. ¿Por qué se da así? Porque culturalmente ellos sienten que el difunto está entrando a una vida muy plena y merecida, que hay que festinar. Y en verdad esa parte la veo hasta cierto punto razonable si así se ha instituido, ya que se dice que están felices de que la persona ya llegará al cielo prometido. Así lo sienten y así mismo lo festejan.

 Contener, propiciar el recato necesario, para ese acto tan digno y tan especial.

Veamos lo que dice Séneca:

                                            Parafraseándole, nos dice que la vida se percibe como un constante devenir de experiencias, las que son más vanas pueden ser las que hagan que nos olvidemos que es pasajera la estancia aquí ¿-no notas a veces Lucilio, le dice a su discípulo ¿-Cómo la vida se desperdicia por cosas vanas-?  y esta reflexión tan sencilla nos lleva a darnos cuenta que si vivimos la vida más consciente, el disfrute diario se logra pleno (aunque sea pasajero) y no tendremos pesares adjuntos si se nos demanda irnos. Como católicos estamos seguros de que tendremos una nueva dimensión. Implícito nos dice el filósofo romano: -la muerte es parte de la vida-. Vivir más satisfechos de los actos diarios, nos prepara bien.

Continúa: -En la vejez hay que diferenciar de la edad avanzada a la edad quebrantada-. ¡Que no nos oprima el quebranto! ya hemos vivido, hay que vivir mejor el avance, y hemos de lograr prepararnos para una buena muerte. (Paraf.)

Es obvio que nadie se quiere poner a pensar en su propia partida de este mundo. He de confesar que pasada cierta edad, si es tópico que se nos presenta en la mente. Eso mismo nos permite ordenarnos, poder dejar las cosas claras… y si van a tomar chocolate en nuestro velorio… ¡Que este sea muy espeso!

Para saber afrontar, no hay estudios que valgan. Son las percepciones de la experiencia misma que, al trabajarse, transforman todo el agobio en buena percepción.  También puede ser tratable, todos tenemos derecho a agobiarnos y saber lo que eso significa para transformar el momento y lo que sigue hacia adelante.

¿Qué es lo que se nos pedirá? De entrada, saber que quien se prepara para lo que vive, es sabio en lo que es morir. No es fácil, porque nadie tiene tantas ganas de prever, pero si hay indicios de que estamos ya en épocas de irnos, pues al menos tener claridad.  Afrontar la muerte no es lo más esperado por nadie, pero una vez más: es la realidad.  Claro que la muerte inesperada es lo peor, como cuando una joven se va, y deja muy tristes a sus seres queridos. Mas, hay que saber que los designios de Dios son más grandes que nosotros mismos y así también lo es, cualquier sufrir que se presente. Es parte de esa voluntad divina que aun sin entenderla, es real.

Séneca, nos afirma que desde antes de nacer la muerte está presente en el no existir, por lo que podríamos decir que: -Después de mi será lo que fue antes de mí-Aquí, nos comparte el filósofo que la muerte es como un nuevo nacimiento a la grandeza de Dios.

El adulto se depura en las últimas etapas, cuando se da cuenta de que ya no quiere las mismas cosas que quiso en la juventud y parte de ese depurar es quitar lo que es banal, para fijarnos en lo que es trascendente y la muerte lo es. y dice el filósofo:

-Procedo de modo que cada día sea par mi como toda una vida-. Y, esto es muy real, podríamos decir que lleno de sabiduría. Cuando vamos convirtiéndonos en mayores de edad, nos damos más cuenta de lo que en verdad se vive, y la redondez de un solo día (de la que hemos hablado en otros textos anteriores) es algo que nos llena, casi podríamos decir que nos vamos a la cama pensando que ese día vivido ha sido tan pleno, que, si se nos llamase a lo eterno, pues vamos como Dios mande.

Obedecer lo que es la realidad: Nada fácil. Al irse un ser humano joven, se sabe que lo primero es la rebeldía interior de no poder aceptar que eso sea lo que se nos ha demandado, pero ¿Has escuchado que se diga que Dios no pide más que lo que sabe que cada ser puede conllevar? Y si a alguien se le ha pedido un hijo joven, me parece que es la demanda más fuerte que un ser humano puede vivir. Al mismo tiempo, es porque ese ser que  vive la muerte de un hijo, es también un ser fuerte ante los ojos de Dios. Tanto como Dios le conoce, le demanda.

El fundamento último de la razón de una muerte, nunca será del todo comprendido por ningún humano. Es algo que conlleva tanto, que está en el ámbito divino e inmerso en los silencios de Dios, que solo puede dimensionarse dentro de la concepción del infinito que cada uno de nosotros tenga, como lo que es el proceso mental que se nos pide, algo así como: ¿Visualizas el infinito ante ti? ¡Es claro que diremos que no! No lo vemos en lo físico y eso mismo sucede con el proceso de morir, es algo tan profundo que es insondable. Las preguntas pueden ser muchas, tal vez hasta haya procesos de culpa durante el duelo, como si un ser pudiera tener esas respuestas que solo incumben a Dios. (Continuará).