Vivir, y cumplir con razón, es equilibrio. (5)
Aunque el vivir se sienta
pleno, cuando no se lleva con el razonamiento adecuado, podríamos caer tan solo
en el cumplimiento. Interpretar sin toda la verdad lo vivido. MJ
Sí, así mismo podría pasar.
Cuando volteamos a ver al pasado podríamos sentir pesar si
creemos que algo nos ha faltado por hacer, o hemos dejado algún asunto en el
camino, el corazón parece que cobra factura. La realidad es que no es
así, todo lo vivido es seguro que haya tenido buenas razones, y que éstas sean válidas
para dar otros pasos distintos.
Algunas veces el orden que percibimos con las razones de
fondo, se ve trastocado. El porqué de las acciones puede tomar tiempo
comprenderlo y al ser interior y profundo el razonamiento verdadero, no se
logra ver con claridad. La razón tambien se puede volver como de bisutería y
sin sustento, lo que dará paso a cambios. Es por eso mismo que hay algo muy
bello que ha dicho la psico/filosofa Mariluz Barrera: -Acercarse a la verdad significa
una disponibilidad y apertura a la razón-. Las buenas razones aun siendo
validas duelen y nos cuesta aceptarlas, a veces se aparecen de pronto y no nos
gustan.
La vida, es cambio. Aceptación. En las décadas de los años cincuenta y sesenta
del siglo pasado compartir en familia extendida se vivió mucho mas fluidamente.
Hay muchas razones del porqué, aunque sí apena como hoy día eso ya no se da con
tanta facilidad, jamás me atrevería a decir que tiempos pasados fueron mejores.
Tal como lo dice William Faulkner: -el pasado, nunca se va-. De alguna manera
siempre pervive en nosotros. Disfrutar en las transformaciones es la esencia de
un buen sentido.
Esa vida de
convivencia tranquila, cuando a pie nos llegábamos a las casas de los primos y
amigos del rumbo, y sin más nos quedábamos a lo que se decía era: pasar el
día, con los tíos o abuelos, nos permearon a algunos hasta el mero núcleo
de las células. Lindos momentos de infancia que uno atesora.
He de decir que yo era extremadamente feliz en mi propia
casa. Sentía que tiempo me faltaba para todo lo elegible para realizar, desde
jugar y subir a los árboles, bajar los mangos, lavar la pileta de los peces o
montar bicicleta alrededor de la cuadra.
El caso de un tío del grupo de adultos que nos rodeaba se
percibió como que no le podíamos tratar tan de cerca y solo le saludábamos
algunos domingos que participaba de las comidas familiares. En la casona
antigua de los abuelos de mis primos y otras veces en el Rancho playero que a
todos nos acogía.
Cada verano iba nuestro tío, solo de lejitos las
mas de las veces. No se nos permitía acercarnos de mas, y ni que decir en la
playa, que, aunque su casa estaba dentro de los terrenos del Rancho solo la
veíamos lejanamente.
En lo personal, me preguntaba ¿Estará enfermo? ¿Será que
es un hombre malo? ¡Nada de eso! todo se reducía a la incomprensión de su
condición: era homosexual.
Doy gracias a Dios que ya a la generación de nosotros
mismos y la posterior, les ha tocado comprender claramente eso de las
condiciones diferentes del ser humano.
Es básico para la dignidad humana comprender. Puede haber
tantos momentos que podremos perdernos al tener esas reducciones mentales ante realidades
que llevan su propio sentido y razón de ser, con validez. Vetado el asunto, es
obvio que uno como niño o niña pone más atención a los ¿porqués? Así
que, cuando ya fuimos jóvenes y ya pudimos estar más cercanos, descubrí las
enormes bondades de ese ser; era muy ameno, nos contaba chistes para
carcajearnos de lo lindo con él, y ni qué decir de sus tremendos aportes en
cuestión de dichos… ej.: -hay que vivir
la vida sin que nos cobre tributos-.
Esa frase tan suya me marcó, y con toda razón.
En la niñez sabíamos que estaría en la mesa enorme de la
casa. Compartía en las comilitonas de los adultos y nada más. Sí, le veríamos
los domingos o cuando íbamos a ver el paseo de los carnavales en los enormes
ventanales de la casa de los abuelos de los primos, en calle muy céntrica y que
nos permitió ver los carros alegóricos muy de cerca. He de decir que, por mi
carácter, la algarabía del carnaval jamás fue lo mío y mucho menos los
disfraces, pero no puedo negar que como quiera, me permitió compartir con especial
gusto y eso fue lo más auténtico.
Aunque los peques no comíamos en la misma mesa grande de
los adultos, estábamos cerca en otra mesa, era un espacio lateral con las nanas
y yo me le quedaba viendo a ver si notaba algo ¿diferente? y ¡nada!, solo veía que,
además era un hombre guapo.
En esos tiempos me quedaba absorta observándole. Pensaba
que, ¿Cuándo se nos dejaría estar más cerca de él? y recibir las bondades de su
ser, que se descubrieron ya adultos todos. Tuvimos que esperar el tiempo necesario,
y mas que nada las razones de fondo de los otros adultos. En la infancia
pareciera que es eterno el tramo de camino hacia la adultez y luego nos damos
cuenta que puede ser casi como un suspiro.
Darme cuenta de los significados profundos de las
palabras, aún no se me daba. Así que su frase inolvidable de los cobros de
tributos en el actuar humano, me tono tiempo entenderla.
En verdead, que me tomó tiempo. Fui la más feliz por
haber tenido la oportunidad de ser parte de sus buenas pláticas; él gozaba ir a
España y a su regreso nos contaba muchas de las cosas que aprendía de los
orígenes de la familia. Investigaciones que hacía. Comprender toda la dimensión
de las palabras, atentos a los tópicos, compartir anécdotas y demás.
A los adultos del siglo pasado les costaba mas comprender
las diversidades de la vida misma. Mucho más dentro de los ámbitos de la
familia. Esa condición de preferencia sexual, le marcó. ¡No tendría que haber
sido así! mas, con sus frases puntuales a todos nos enseñó muchísimo.
En otras ocasiones cuando mis primas y yo ya éramos
jóvenes nos decía: -Por favor, no se les vaya a torcer el tacón-. Cuando nos
veía aparecer mas emperifolladas.
Solo eso me bastó, para que pudiera comprender lo
fascinante de la condición humana. Con el devenir del tiempo, me prometí que
esas profundidades serian bien observadas. Si se mal comprenden las cosas, sí
cobran tributos.
Eso mismo, ya inscrito en los tiempos de nuestra adultez,
traerá el necesario pensar del correr de los años.
¿Qué era eso del tributo?
En su caso, fue lo que nuestro tío tuvo que pagarle a la
vida para ser aceptado totalmente.
Claro, que ha costado mucho comprenderlo; así mismo aceptar que no es
tal cual, lo que los otros adultos en su querer cuidarnos como niños, consideraron.
Le recuerdo con mucho cariño.
La condición humana, sí que es fascinante.
En lo personal creo que es algo de lo que más disfruto en
la vida de relación. Uno puede notar como a veces si hay gente considerada muy
humana y que luego resulta intratable. El tributo que pagamos no es tal, si
somos asertivos y razonables.
En nuestras
apreciaciones de cómo se da la razón de fondo en la vida de cada día, en ese
fluir de la vida, lo importante es como encontramos los equilibrios. Es tan
solo saber que habremos de estar más atentos a las vivencias, siempre traen una
parte que enriquece. Las afinidades son las más importantes, a veces creemos
que porque conocemos a alguien ya eso nos basta, en algunos casos sí es
importante descubrir otros dones dentro de cada ser, lograr la buena
convivencia.
Si se propicia una amistad por conveniencias, lo más
seguro es que eso no dure. No pasa nada, porque no es manda estar cerca de
todos, toda la vida. Mas por eso mismo, la práctica de saber observar con
adecuación se propicia desde las infancias, con buenas razones y mucho cariño. Observar,
aceptar y explicar si fuere necesario.
En casa, aun como niños y mas en la juventud, nuestros
padres nos enseñaron el gusto que se puede sentir cuando se regala algo a
alguien. He estado infinitamente agradecida de eso que se sembró en mí, porque
no hay nada que goce más en la vida, que dar un regalo atinado. No siempre es
fácil.
Tendría yo uno seis o siete años cuando mi madre decidió
enseñarme a tejer. Nos la llevábamos con bastante discusión y a regañadientes
siendo yo zurda, a ella le costó. Era toda una faena, por mi parte estar atenta
con la vista puesta en sus movimientos diestros, era la condición. De pronto,
sentía que ya era hora de dejar de intentar, (algo que deseaba y a la vez
sentía dificultoso) tan solo le decía: -Ya lo sé-. Ella, se daba cuenta que me
salía por la tangente… y solo me decía: -Ya estás como la golondrina, cuando su
madre le intento enseñar a formar el nido, solo decía ¡lo sé, lo sé!… y luego
el nido al primer viento, se desbarataba-. No sé qué tan real sea que eso se dé
así en la naturaleza en las hechuras de esos nidos de las golondrinas, de eso
mismo nació esa idea, un símil que existía para decirnos:
-Si no aprendes bien poniendo atención, pagarás
tributo-.
Nadie quiere pagar tributos a la vida. Más al fin aprendí
que es parte del vivir.
Una navidad, mi madre me dijo que haríamos un pequeño
chaleco de hilos de todos los colores. Nada más fascinante para mí, amé el
circulo cromático desde niña. En el taller arquitectónico de mi padre había
aprendido todo lo habido y por haber de colores y mas colores de todo tipo. Fue
una gran emoción tejer con tan variados estambres, sintiendo que ese logro lo estrenaría
apenas empezara el tiempo fresco (que, a decir verdad, antes era desde el mes
de septiembre, cuando se sacaban los sweaters que poco se necesitan en estas
tierras) así se acabó el tejido, y lo estrené.
Un día, llego hasta la puerta de casa una humilde mujer
vendiendo escobas. En verdad que acercarme a ella me resultaba fascinante,
porque notaba esas diferencias que apenas y podía comprender de la realidad de
los humanos, quería saber porque se daban. Venía con una niña de mi edad que
notamos muerta de frío, con la nariz llena de mocos secos y una mirada que
jamás podre olvidar. Mi madre me dijo: -Ve a buscar el chaleco que será para
esta niña, luego haremos otro-Tal vez lo dudé, pero me sentí tan feliz cuando
percibí que la peque, pareciéndome tan desvalida podría utilizar algo para
mitigar parte de sus carencias, así es que fui volando a buscarlo; le vi partir
con el chaleco sobre su sencillo hipil y como su madre se lo había puesto, eso
me marco como el mejor tributo recibido.
Y, a esto tambien se referida nuestro tío vetado, quien
luego fue un gran amigo.
Cuando nos decía que cuidásemos que nuestras acciones no
cobrasen tributo, ¡cuánta razón! Los
momentos de amena platica llegaron con multitud de buenos tributos positivos
para el alma, no solo se refería a lo negativo, claro está, sino que mas bien apelaba
a la razón verdadera de los actos.
Es como una consecuencia, el lograr el equilibrio final
de cada día.
A él, al tío mencionado, sí le cobró los tributos mas
fuertes la vida. Siempre pienso en eso. Los
sobrinos directos recibieron mucho de él.
En los diarios personales que he leído como es el caso de
Virginia Woolf, también se le cobraron buenos tributos a su ser. En los años
1927 y 1928 ella escribe mucho sobre su propia obra: ¿cómo comprender las
situaciones de una vida difícil? Ella, que, sí que tenía una enfermedad real,
ni ella ni nadie de su entrono comprendió del todo: Ser bipolar, que apenas en
el final del siglo pasado se logró entender.
En estas épocas escribiría -Orlando-, y otra novela muy interesante
que habla mucho de su entorno familiar: -Al faro-.
Ella, revisaba muchísimo antes de publicar.
Y decían sus escritos personales: -Me doy cuenta, que la
gente suele decir mil cosas sin pensar, a veces sí se pone atención a lo que se
comparte en los textos, otras tantas no-. Y cuánta razón lleva esto de su
pensamiento creativo, no se lee para obtener nada, sino por principio es un
placer observar la forma, el sentido literario escogido, y tal vez solo nos
lleguen dos o tres frases, pero eso no desvirtúa todo el contenido total
expresado.
Ella, siendo una gran mujer sensible a su entorno, a
veces sí sentía que su mundo era insignificante, sin darse cuenta que el modo
de exponerlo nos estaba dando a sus lectores una inyección de vida sensible,
llena de sentido.
Solo para quienes únicamente desean encontrar las
pepitas de oro en la vida, todo lo escrito puede parecer insignificante.
Los textos llevan vida en sí mismos como un sentimiento redondo, tal cual los
complementos de toda expresión. (Continuará).