miércoles, 2 de septiembre de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (17)

                                 Reconocer una verdad tal vez es solo contemplarla en silencio.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                 Es claro que en la vida que vivimos todos los días, hay verdades que se nos presentan una y otra vez. Todas unidas a la verdad universal, aunque a cada ser se nos aparecen dependiendo del alma personal.

En mi caso, llevo entre pecho y espalda una de esas como si fuera manda. Vuelve y regresa a mí, y trato de encontrar que me quiere decir en la realidad.  Me la voy encontrando al releer en las páginas de los textos personales de vida: Encontrar el justo medio. Varias veces he tratado ahí mismo de revelarme hacia mis adentros, ¿qué es eso mismo que se repite y regresa? Que yo misma me digo. Se presenta como una cuestión de algún faltante en el orden, como algo que se percibe aun con la razón en la mano.

Las razones a veces no hay que recordarlas tan a menudo, están dadas, de la misma manera que Dios mismo nos ha revelado todo lo que habríamos de saber para llevarlas a cabo, con los tiempos y espacios. Mas, el orden sí que es de otra índole, conforme vamos viviendo y vamos haciéndonos mayores, lo que se nos va dejando claro es que si confiamos en las razones vitales, el orden se da y pueda que sea la base o preparación para las vivencias que aún no llegan.

Nunca es el camino el de apremiar a la mente si es que sentimos que no hemos cumplido algo, eso no es vivir, porque a veces las premisas reales son más bien de razones de fondo. No es tanto proponernos…sintiendo todo aquello que parece que se fue a paseo, en realidad todo queda en nosotros con nuevos caminos. Es la existencia misma la que contiene y muestra las pautas del sentido y sí que tiene sus propias razones, aunque a veces éstas no nos agraden tanto.

Cada ser humano es digno de llevar el orden mental que elija. La manera es tan personal, como la propia huella digital. En la existencia se percibe no solo el cumulo de actos como un todo, lo que nos permite rehacemos cada día. La claridad está en la base general de existir. Otro símil puede ser no perder de vista el bosque completo que nos permite la vida caminar, poder tener claro cada árbol como un día con las propuestas que lo forman.

                                            La lentitud o rapidez del tiempo puede desconcertar. Nos hace creer que estamos a su merced, cuando lo más atinado es poder regular los tiempos con las miras de una razón que se pule y la mente se ordena.

Me fui dando cuenta, el tanto tiempo y espacio de estar escuchando los noticieros de la televisión, y no interferir a la mente para poder tener tiempo dentro de lo que realmente nos interesa y así sacar todo eso que solo nos llena la cabeza de basura. ¿Qué tanto nos compete remediar problemas existenciales que se dan más allá de nuestras posibles participaciones? No en todo está nuestra competencia.

La televisión en verdad que ha cambiado. Poco a poco fue siendo posible hacernos espacio para momentos de buena información, de calidad, habría que tener mucho más cuidado con los noticieros amarillistas y llenos de paja. Crean inquietud.

Estaba en la afinación de lo que me representaba tal cual la vida, había pasado por un momento muy duro de salud y en verdad que con todo mi ser estaba sintiendo agradecimiento de poder continuar viva. Ya no quería perderme en mi propia vida.

Mil y una veces podremos preguntarnos el sentido de la temporalidad en nuestras vidas, mientras no se deslinde de la conciencia realista, el verdadero sentido que hemos… ¡no solo elegido!, sino percibido como parte de la verdad absoluta.

El sentido de la realidad es de pronto como un caleidoscopio y nos lleva por coloridos llamativos, que no siempre conllevan luces claras, ni son faros que guíen.

Había venido reflexionando como los tiempos en que fui docente en la universidad me dieron años muy bien logrados, llenos de la vida que infunden los jóvenes al estar en diálogos de aprendizajes; cuando uno trata con ellos de frente. Me puse a revisar todo lo que escribí (a parte de los diarios) en relación a todos los temas tratados e impartidos, en realidad me había encontrado con u filón muy bueno al dar clases, la antropología si se había asentado con sentido en mi vida.

En el fondo del alma yo hubiera querido ser una antropóloga evolucionista y estar en los laboratorios de nuestros ancestros encontrados aquí y allá por varias partes del mundo, para saber cómo es que llegamos a ser el homo sapiens de hoy, eso no me lo permitió la vida. Había otros caminos realistas destinados para mí.

Me llamó mucho la atención un programa que vi en estos días en la televisión, que hablaba de que El Vaticano, no había podido aceptar la teoría de Darwin, sino hasta 1944. Se tardaron, porque tal vez sentían que era un motivo de escándalo.

Lo que la ciencia descubre como real a algunos grupos les asusta.  Bien sabemos que hay bastante certeza en lo que se logra con buenos métodos, aunque equívocos tambien existen, y por momentos pasen por verdades. Sí, hemos evolucionado como especie, y no solo porque hayamos vivido cambios drásticos como se suele pensar a veces en función a la mejor adaptación, como cuando el esqueleto humano a través de las centurias ha dado muestras de adecuaciones, más que nada adaptativas como valores primordiales para la supervivencia.

Pensaba en aquellos tiempos, que la iglesia a la que pertenezco era una pena ambulante, ¡cuánto se había invertido en llevar ese conocimiento! para la paz, y en el mundo eso no se veía reflejado. Logré comprender que el mundo no puede cambiar tan fácil, ni reflejar todo pensamiento que se dé como el mejor, porque todo es cíclico.  La especie humana esta sesgada a lo que los grupos ¿creen? Me daba pena ajena ver que deterioro podría presentar una institución que a todas luces debiendo procurar el bien, no se lograba. Las nuevas ideologías haciendo chuza y la gente sufriendo mucho más, y al fin me quedó claro que no es lo que se dice… sino lo que se comprende de fondo con la acción que conlleva.

Fue hasta después, con mayor visión y tiempo disponible, que pude entender que el camino que plantea lo eclesiástico es una verdad ineludible, la forma como permea es de cada individuo y es a ese nivel que podremos dar la parte.  

-Tu bien, es mi bien-.

¡Exacto como aquel libro de años atrás! Cuando se nos dijo: -Si tu estas bien, yo estoy bien-.

                                                                         Cuando no se aclara y se llevan con buenos tiempos los derroteros, los días se comen las acciones. Es claro que, si la vida pide altos, habremos de deteneros y cuando la acción se ve clara habremos de entrar. A veces lo demasiado premeditado, no funciona tan bien como creemos.

 Si las acciones se llegan a sentir como fallidas, habremos de observar si no es tan solo una percepción o espejismo, aunque creamos que han sido devoradas por un monstruo come galletas, tener claro que no hay acción en vano, nada queda a la deriva, aun percibiéndolo así.  No es justo exigirnos de mas ya que es seguro que no hay acción que caiga en saco roto.

Por estos dias conocí el Museo del Mundo Maya. Fue una obra muy criticada como pasa siempre en el medio, los que han de criticar están a la orden del día. Es claro que ya necesitábamos tener a tiempo y dignamente un museo que diera la cobertura a una base cultural que se veía en veremos, sin asiento digno. Ya era hora de un recinto como ese, aunque a muchos no les parezca.

El bullicio interno hay que detectarlo firme y en tono de salida, que no nos corroa lo que no nos compete, aunque pareciera que la buena razón se puede ver titubeante.  Son demasiadas las cosas que ya se exponen en tiempo real, y nos dejan perplejos. Es por eso que este fue un tiempo de deslindar para mí, encontrar por donde quería informarme en los medios y cómo interpretar el amarillismo que nos venia llegando mucho más descaradamente.

Los tiempos de mi cuerpo iban tomando un nuevo tono, al mismo tiempo que el madurar nos muestra que sí hay faros que alumbran, otros tal vez estén para dar luz en otros momentos.

Había perdido un órgano no vital, mas no por eso no volvía a estar igual en el ánimo, mucho habría que ajustar. La resiliencia ayuda, pero no somos materiales que vuelven a su estado, sino somos un conjunto más complejo como Ser Humano. El giro de la perspectiva personal se da, tal vez no de tantos grados, más si los necesarios para mirar diferente todo. ¿Qué hacer para que existiera en verdad el tono adecuado de la vida, nueva? Prestar más atención, no tanto de una manera preocupante, mas, sí más puntual. Darme cuenta que ese despertar de madrugada tendría un sentido. Toda mi niñez había notado eso en mi padre y me costaba entender ese despertar tan temprano, el tenis, las cacerías los fines de semana, por las cercanías de la ciudad con los perros, Trate de no verlo como una conduerma, porque no lo es.

 El silencio de la madrugada ¡sí que sería el punto de poder leer en paz! y escribir en calma. Los amaneceres comenzaron a recomponerme por dentro, todo iba siendo una nueva adaptabilidad a la etapa de vida que se abría ante mí misma.

No se puede perder la confianza en cada acción que agendamos, porque estaríamos dando entrada a una muerte en vida.

Me volví a encontrar con un bello texto sencillo de T.S. Eliot:

No dejaremos de explorar

Y el final de nuestra exploración

Será llegar a donde partimos

Y conoceremos el llegar por primera vez.

¡Claramente nos habla este autor de redondez!, de circularidad vital, de ese mandala que es nuestra propia vida y que aun creyéndole finito en la tierra, es redondo hasta entrar a un infinito al que todo volveremos…

 ¡y llegaremos por primera vez!

En la vida humana, exactamente como pasa dentro del Quijote, ese libro de libros; en la existencia encontramos que hay ciclos dentro de ciclos, que dan vida.

Nada deja de infundir fuerza al ciclo que tenemos por delante, aun en la edad adulta, cuando de pronto nos sentimos como más vulnerables.

Garbo vital

Células vibrantes

Mundo de luces

Estancias con sombras

Luces que ofuscan

Oscuridad que priva

Solo estar…para ver

Tiempos idos

Tiempos renovados

Concordancia de Paz.

Universo

Constancia que va

Llegar y pasar

Entradas

Salidas

Cadena vital

Camino

Andares serenos

Pasoso que sí son

Andares.

Firmeza consonante

Vamos

Volvemos. MJ

Palabras sueltas que llegan a la mente, y las dejamos ser. Un ejercicio que vale mucho la pena regalarnos. Este tipo de escritura que es como bisagras de ideas y nos ayuda a ordenar por dentro. (Continuará)

 

miércoles, 26 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (16)

 Fui comprendiendo cada vez

con más claridad

que no se debe escuchar a las personas,

sino entenderlas.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                           ¿En qué se diferencia   escuchar de entender?

Vale mucho la pena saberlo, porque a veces solo escuchar no basta, cuando no se logra captar el sentido de lo que se dice.

Es claro que el autor francés fue célebre cuando nos ha dicho esta frase, por lo mucho que entendió él mismo a sus congéneres, aunque no es nada fácil para nosotros, quienes somos del común de los mortales y que más que nada vivimos llenos de prisas.  La perseverancia hace su parte en el asentar buenas costumbres. Es un hecho que a eso hemos venido al mundo, a escuchar con atención, ser constantes.

Mucho más, cuando la vida da sorpresas.

La Navidad para recibir el año 2014 la pasamos en Chicago. Invitamos a venir con nosotros a la novia de nuestro hijo, sabíamos que ya se iban perfilando para contraer matrimonio. Percibimos bueno el estar los cinco juntos para cerrar el año.

Unos días antes de Navidad, se nos dio la oportunidad de disfrutar del Cascanueces de Tchaikovsky, en teatro pequeño y muy bien puesto. Una magna experiencia. El teatro lleno, es tanto el orden a veces, que de plano ni se siente el gentío. Obtuvimos buenos asientos.

La mayoría de las personas muy bien vestidas, disfrutaron de la velada, casi todos con niños llenos de entusiasmo. Los atuendos de invierno con elegancia.

La formalidad de la época lo demandaba y da gusto ver como niños y adultos disfrutan juntos en estas ocasiones de prenavidad y de días especiales.

Caminamos mucho. Todo fue muy disfrutado y con gozos especiales de probar nuevos menús, así como la visita a algunos museos muy bien puestos, algunos extensos, por lo que también habría que saber elegir los recorridos.

Para cerrar el año, nadie quería quedarse en la unión americana.

¿Algún presentimiento?, por mi parte ninguno, mas la vida es sabia, cuando la existencia nos tiene sorpresas.

Ya de regreso, dejamos a nuestra hija en Cancún, para tomar el automóvil de vuelta.

Y, yo no tenía ni idea de lo que viviría:  una de las más fuertes experiencias para marcar la existencia. Así hay que catalogar a los asuntos de salud en la vida. Nos cambian.

La vida no avisa, cuando los asuntos existenciales tienen que afinarse y profundizar. Los desplantes más intensos son de golpe y porrazo, con esos crecemos.

Al llegar a casa, después de tan hermoso viaje y tan disfrutado, uno siente el cansancio normal.

En lo personal además sentía una pequeña molestia en el área de los intestinos y como esos han sido mi talón de Aquiles, pues hice lo que siempre haría, cuidarme más y seguir mi camino. Decidí el día primero de año, solo tomar dieta blanda.

Y, sí que fue buena idea. Lo que vino a continuación vale mucho la pena compartirlo, son esas experiencias, que pareciendo muy negativas (que lo son, sin duda) claramente develan los secretos de lo aprendido. Son vivencias que nos dan esa posibilidad de tener humildad y saber aceptar. Poder decir que hasta en los malos momentos se aprende.

Un poco pasado el mediodía del día primero de enero, se me rompió el intestino grueso. Me invadió un susto tremendo que hasta llegué a pensar que no la libraba.

Me estaba desangrando en casa. Mi hijo que aún vivía con nosotros, no se atontó, y él y su padre me cargaron al automóvil, para volar a Urgencias.

Llegué casi sin aliento. Solo puedo recordar como corrieron las enfermeras y enfermeros para estabilizar todo en mí. Lo lograron, así como de inmediato avisar al médico que ya sabía que yo tenía esos asuntos tan delicados. Él mismo, cuatro años antes, me había hecho una pequeña recesión intestinal, Solo había tenido dolor, y fue necesaria.

Ya en el hospital, poco me acuerdo cual fue el momento en que desmayé y cómo luego solo podía estar agradecida con tan puntual ayuda. Estuve una noche entera bajo los cuidados en Urgencias, antes de que me pasaran al cuarto en el que convalecería casi un mes.

Al médico que me salvó la vida, Dios lo tenga en su gloria.

Diez años después se fue de este mundo, no sin que yo le diera el más fuerte abrazo por ser buenos amigos, había yo dado clases de Literatura en la prepa y había sido mi alumno. Nuestro círculo de convivencia, medicina y amistad se cerró.

Siempre, en cada consulta posterior en los diez años antes de su partida, le reiteré mi agradecimiento eterno, y que jamás olvidaría que, tras la cirugía, la frase que me dijo: -No te puse bolsita, la reconexión fue perfecta-. Por lo que se dio: ¡gran logro!

Este buen galeno, en el momento clave y antes de la enorme cirugía ya cuando desperté en el cuarto y en preparación, me habló con el corazón en la mano:

-Sabes, estás en un momento muy delicado-, me dijo. Estaremos monitoreando el intestino, para saber mejor como va, pero antes habrá que hacer 7 (siete) días de ayuno total.  La limpieza interna con antibióticos era básica y por mi parte la limpieza mental de aceptar, empezar a entender cómo sería mi nueva vida.

Sin comer bocado y tan solo bebiendo agua por ratos, se me mantuvo hidratada y alimentada intravenosamente.

El día llegó: Tan solo se acercó a mi cama y me dijo, -es necesario quitar todo el intestino, está muy enfermo, los divertículos han invadido y no hay vuelta de hoja-. Le miré atenta a los ojos, a mis 59 años de edad estaba viviendo uno de los cambios más drásticos de mi vida. Tan solo le dije, -me suelto a tu decisión, tú eres el médico, y creo que nos apreciamos lo suficiente como para que yo confíe en ti, al ciento por ciento-. Esbozó una sonrisa y me tomó la mano, de acuerdo, dijo.

Se planeo la operación para dos días después y todo salió muy bien. Mas de quince días más, me quedé en el hospital para aprender a comer de nuevo, con paciencia, con calma y con esperanza.

Lamenté luego, que para ese exacto momento yo no sabía el verdadero significado de lo que conlleva el término esperanza: si cada quien hace su parte, todo se da. Se dio.

Él mismo me habló del término resiliencia. Jamás lo había escuchado hasta ese momento y me dijo: -como que, noto la resiliencia en ti-.  Luego me he enterado que es un término que se aplica a los materiales, cuando poco a poco regresan a su estado optimo. Se dice que la puede tener una persona, luego de una gran prueba.

El marido, los hijos, los amigos y más que nada el médico que con tino me operó tan bien, fueron el complemento exacto para que con apoyo y cariño yo fuera viendo la salida. No tuve necesidad de vivir con una bolsita adosada a mi cuerpo, todo se logró unir desde la cirugía, que no fue sencilla pero sí muy exitosa.

¿Cómo no estar agradecida a Dios de esto que me tocó vivir con bien y con éxito?

Mi hija, claro está, vino de Cancún en donde vivía y trabajaba en ese tiempo, y fue una gran compañía para mí. Se tendría que regresar, pero todo se ordenó con mucho bien. En casa, me pase un mes entero sin bajar del segundo piso hasta que la herida estuviera más cicatrizada.

Me llevó tiempo y valió oro molido la paciencia. Todo en mi vida cambió.

Las percepciones de la realidad se hacen más intensas cuando uno vive estos mandatos como pruebas de vida, que nos pone en el camino la existencia.

Ver con ojos nuevos.

El día que salí del hospital, cerrado el automóvil con el aire acondicionado, les dije: -No por favor, abriré la ventanilla, me urge sentir el aire en la cara- Hoy día, sé que fue la brisa más estupenda que hubiera podido experimentar en la vida.

 Después de estar recluida, entre cuatro paredes... Dios me habló en ese sentir el aire fresco en los poros, me di cuenta de cuanto existe en el valor de la vida misma.

                                                                    Ese mismo mes de enero del año 2014   todo quedaría plasmado en una libreta: Un parteaguas, porque así lo fue.  Conjuntados dos momentos: el gozo de una navidad con tanto bien, para fortalecerme y afrontar lo que luego llegó, en año nuevo.

Razones fuertes tenia mi cuerpo físico para revelarse en esa forma. Literalmente, la vida se parte en dos, todo se percibe diferente. Me quedó claro que con la genética no se juega, y que a unos nos toca más fuerte que a otros. De esas lides biológicas nunca entenderé del todo, porque no son las arenas por las que me gusta andar en el estudio, pero la vida misma se encarga de mostrar cuales son las debilidades de las que tendremos que aprender. Sabía que mi padre era intolerante a la leche, pero jamás se habló en esos términos en casa, de que si la lactosa o no. Sabía que mi madre se esforzó muchísimo en hacerme beber el lácteo vacuno desde la más tierna infancia, toda mi niñez tomando leche de buena calidad producto de los establos de un hermano de mi padre, pero en mí, venía haciendo un efecto adverso que nadie vio venir ni entendió. Lo decía, lo repetía por las náuseas que me provocaba, tan solo para escuchar que: -eso es normal, tienes que alimentarte como Dios manda-. ¿Dios, manda cosas así? obviamente, que no. Ese decir en mi resuena con otro sentido hoy. Nadie entendía lo que se decía.

Claro que no solo se enfermó el intestino por esas intolerancias, habría que haber revisado, la dieta en general, mas no se nos daba estar en esos argumentos tan sofisticados en los tiempos en que lo viví. Claro, que ya sin ese órgano (que, gracias a dios, no es vital) nuevos acomodos han venido, ya llevo 12 (doce) años con esta condición.

¿Puede uno mismo asediarse, hasta el infinito?

Eso nunca. El asedio es la peor manera de hacernos daño. Tan solo habremos de aceptar como somos cada quien, y saber qué limitantes se aparecen como válvulas de amor. Encontrar miradas diferentes entre los amigos, así de cómo la vida nos invita a renovarnos en el nombre de vivir una vida lo más plena posible. La plenitud no es el cuerpo humano, lo pleno es, una vez más habremos de decirlo:  El Alma.

Ahora, lo he escrito con mayúsculas y cursivas, porque desde que viví esta experiencia mi alma se hizo más presente y más significativa.

¿Qué nos significa la palabra, creencia?

Mucho más que tener un cumulo de ideas respecto a algún camino de vida o tema en el que se cree. Las creencias han de estar asentadas en las bases filosóficas de nuestra cosmovisión. Esto no siempre es fácil hoy día, se ha movilizado mucho el mundo para hacernos dudar de las bases que se nos han dado.

La civilización occidental le debe todo a la cosmovisión de un Dios que nos ha legado el cristianismo. Estas creencias perviven hasta en los modos de ser de muchos que se dicen ateos, y cuando uno percibe esto, queda claro que las posturas solo eso son: poses convenientes. Posturas, modos de decir lo que no se ha entendido de fondo. Sí, habrá muchos seres humanos sumergidos en la contradicción aun, eso es parte de la condición del mundo. Pensemos que con buena esperanza percibimos que sea superada algún día.

Cuidado con las ideas que llegan tan solo al aire. Mientras lo que se diga no esté asentado en la realidad, es falaz. Hasta risa da cuando lo vemos reflejado en los modos de encarar la vida. El golpe avisa, es una realidad.

Mucho se dice que el alma humana en su real dimensión se revela mediante la adversidad, y eso es un hecho. La enfermedad, los accidentes, los desencantos y algunos asuntos así de fuertes, son detonadores de que miremos con más claridad.

La creencia cuando es verdadera, sí que nos ayuda a sentir que la vida se desliza.

Y, de pronto… le dice Don Quijote a Sancho: -Somos, el resultado de nuestras obras-. (Continuará).

 

miércoles, 19 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (15)

                                                                      La palabra es fuente de malentendidos.

El Principito.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                   No por mucho madrugar, amanece más temprano. Tampoco por mucho escuchar, tendremos todos los significados.

Cuando nos damos cuenta cabal de las palabras, de las cosas o de las acciones, siempre hay variedad de acepciones. Una sola palabra puede llevarse variedad de tiempos para revelarse, en sus significados, en el potencial de lo que expresa.

Puede ser tan grandilocuente el plan de Dios, que a veces se nos escapan momentos preponderantes y diferentes, que pueden ser especiales. Cabe dentro de la normalidad que eso suceda, ya que, si estamos corriendo y resolviendo lo de la vida de cada día, es que se nos puede pasar por alto, pausar. Dar pausas, es un don. Pausado el camino, la vida se convierte más en gozo que en resolución. Y, si somos fijados, no tendríamos porque solo poder hacer lo que nos cuadre, la vida tambien puede ser redonda en la creatividad. Si se aparece la temporalidad a otro ritmo, entrar. Aunque por momentos quisiéramos más un tiempo cuidado y sin vaivenes. Para esto mismo, el orden es la columna vertebral.  

Es tan claro que es así, que la máxima que expresó Jean Goodall, fue esa misma: Decide cómo y cuándo quieres hacer las diferencias. (paraf.). Las propuestas en la existencia se nos pueden presentar veladas y ni cuenta darnos de la sazón que traen al llegar. Cuando creemos que ya no tenemos tiempo..., que no se da lo que pensamos, es claro que la vida sigue proponiendo, y la parte existencial es la que solo se da a voluntad.  La conducción de los eventos dará mejores frutos cuando podemos prever, aunque a veces lo inesperado llegue. Forzando, es difícil lograr. Los caminos llevan sus propios ritmos y ni que decir los idiomas, los modos y las acciones. No en vano se habló en el libro sagrado, La Biblia, de la torre de Babel. Con seguridad se refiere a que hay que hacer caso de los significados, del fondo de las palabras, los gestos, y como se ven afectados los actos humanos.

                                                         Hace unos años en una Navidad fuera de casa y fuera del país, nos encontramos con que la búsqueda de una iglesia católica cercana era difícil, al comentarlo, no perdimos la esperanza.

Se trataba tan solo de atravesar la calle del hotel en el que nos alojamos, mas, tuvimos que tomar esa decisión conjunta. Entrar a un templo metodista, fue lo que nos propuso la vida. Por la tarde mi marido buen caminante, salió y dio al clavo.

Regresó entusiasmado: Se nos dará estar en un ritual diferente esta Navidad, nos dijo.  Extrema amabilidad encontró por parte de la señora/sacerdote del templo, sí habría lugar y tiempo para invitados. Estar presentes ante un altar sea cual éste sea, siempre es digno, optamos por esa experiencia, aunque tal vez fuera una sola vez. Sin forzar, los tiempos de Dios aparecen y no siempre como los pensamos.

 Así pues, nos decidimos a participar en lo posible y más que nada a reconocer. Y, en esta experiencia, no solo pudimos dar gracias de una Navidad más, sino percibir otros modos de discursar este tan importante acontecimiento del Dios en el que creemos. Cuando las cosas no nos van como pensamos, la brisa fresca, llega.

Y, llegó.

Ese día, nos habíamos preparado para una cena acordada en el mismo hotel y aunque teníamos claro que eso no era lo más importante del celebrar, hacer ese momento especial fue algo muy diferente a lo de cada año, en tales fechas. Esta vez el Nacimiento de Cristo fue con otros momentos, muy circulares. Distintos.

A la caída de la tarde casi noche, llegamos a la enorme iglesia gótica.  El olor grandioso lo daba el incienso en todo su esplendor, tal vez un tanto diferente al que acostumbramos y eso fue genial. Nos recibió una mujer muy amable, no la misma del momento temprano, mas de igual manera nos hizo sentir bienvenidos y nos condujo a unos asientos destinados a los visitantes. Buen lugar para la perspectiva de todo. Teníamos el altar muy claramente de frente y fue todo un conjunto de vivencias, de esas que nos marcan para bien.

 Los fieles participantes, los que eran nuestros compañeros de banca, sonrientes y amables, con indumentarias modestas y acomodados en silencio. Nadie estaba de luces, se percibía recogimiento interior.

La música del organista se hizo presente muy tempranamente y lograba infundir armonía especial. Muchas iglesias del mundo han tomado la música como un imán que invariablemente invita, mas ha de ser con cuidado, para que no distraiga de más. Los fieles cantaron y nos invadieron con sus voces, de niños, de adultos. Lo importante es saber que el canto solo es parte, no así la música sacra. Un servicio religioso se da más intenso con la melodía gregoriana y así lo comprobamos.

 No se puede perder de vista que todo es más que nada es para honrar, a Dios.  Esa honra, no necesariamente es emotiva, mas, sí es singularmente acogedora. Si la música es disruptiva o muy intensa, lejos de acoger al alma, le dispersa.

Así, dispuestos y observantes pudimos notar que, en la entrada principal del recinto, se abrían las enormes puertas para una procesión parsimoniosa y bien llevada, una de las oficiantes, que encabezaba, vestía túnica blanca muy elegante y llevó entre las manos un gran crucifijo en báculo dorado. Serenos, todos los demás concelebrantes le siguieron, pausada era la distancia entre ellos, caminata sencilla.

El báculo fue dispuesto en un lugar especial en el altar. La música en el momento que todos llegaron al centro sagrado del templo, tomo otros tonos, más ceremoniosos. Acomodados en sus jerarquías los conducentes y los demás atentos a escuchar. Participar tambien es saber el valor de los silencios.

La mujer que dio el sermón habló de Shakespeare. Que interesante fue ver la atención llena de silencio en todo el recinto, al mencionarse la buena literatura. Es algo que uno no espera en Navidad. Dijo algunas cosas importantes de la obra, que en verdad no entendimos del todo bien, en un inglés hablado muy rápido. Luego vino una parte estupenda: El centro del discurso se tornó hacia el burro del pesebre. Ese personaje sencillo y necesario a todas luces, el aliento que cuida sin ser demasiado llamativo, presente, eficaz   y casi imperceptible en la misión que le toca en toda la redondez, no estaría completo el pesebre, sin él.  

Al concluir el sermón todos de pie cantaron a coro. Acompañamos todos a nuestra manera, para pasar a celebrar el ritual del día especial.

 Bastante emotivo todo, que, aunque sabemos que no es el sentimiento ideal para concelebrar y celebrar el nacimiento de Cristo, para nosotros sí lo fue un tanto, por la misma situación diferente. Ese nacimiento no se queda en emoción, es renovación interior, serenidad que se renueva, más digna que tan solo emocionarse.

Salimos congratulados. También asombrados de cómo ese pequeño animal que calentó al niño Dios en el pesebre, tomo de pronto protagonismo. Se hizo hincapié en la sencillez del calor de la vida, de cómo la presencia del más humilde es parte actuante en el todo que se concibe para el equilibrio. En ese momento la armonía tan redonda de ese pesebre se hizo muy significativa.

Cenamos, no solo con el buen sabor de las viandas elegidas en especial. Al no ser tan tarde y ver acción moderada en las calles, la vida navideña se nos mostró distinta. La encontramos en el gozo citadino de transeúntes y caminantes. Pudimos pasearnos por otros hoteles, gentes entrando y saliendo. Dar una corta caminata.

En este mismo viaje tuvimos otras experiencias varias, que he anotado en mis libretas de vida, extensamente. Una fue, cuando un taxista decidió compartir con nosotros parte de su vida personal. Estos asuntos de conversar con extraños a mí me hacen el día, son una total felicidad para mi alma. Ninguno de mis tres familiares lo ve así ni por asomo, claro que es cuestión del carácter, y ni modo ellos tuvieron que apechugar. La platica entretenidísima, seguro que la propicie yo misma, para recibir pellizcos de inmediato y que yo cerrara la boca, asunto que no se dio porque el hombre se encarriló como buen ser humano conversador (y que yo entiendo al máximo) y nos contó cómo se dio el segundo gran amor de su vida. Había enviudado, y de pronto se encontró con su exnovia; esa que lo fue a los catorce años de edad, en el high school. -La vida te da sorpresas Mariana-, como bien dice la canción de Alberto Cortés.

 Entramos al museo The Legión of Honor. Le pedimos al buen hombre que si podría volver por nosotros en tiempo determinado, y así fue. Es obvio decir, que a mí me pusieron un tapón en la boca y un -prohibido hablar- en el retorno.  En el camino de vuelta tan solo conversamos entre nosotros, voz baja y tópicos en español.

En partes del museo nos dividimos. Estos recintos grandes son para elegir lo que más nos interesa. Había unas bolas enormes de estambre en colores varios, que hablaban por sí mismas, del valor de tejer a mano. Darle un lugar a eso que nos permite percatarnos que cuando hay habilidad para algo manual, esto es grandioso.

 En San Francisco California, hay mucho que ver y nunca se acaba lo que las calles con subidas y bajadas proponen. Hay que tener condición especial para no agotarse, los jóvenes la tienen por natura, los adultos la llevamos más calma. También fuimos por el rumbo en donde está la casa, en la que se filmó la película -Guess who ‘s coming to dinner- Con Sídney Poitier.  En vedad que para mí esa peli resonaba lejana, mi esposo que la vio y la tenía más fresca en la mente, nos contó de nuevo la historia del tema: la joven casadera se había enamorado de un joven afroamericano y temía presentarlo a sus padres. Asunto que sería una historia más llevadera hoy día. En eso, ya avanzamos.

El día 28 de diciembre, que aun andábamos por esos rumbos, salimos a dar algunos paseos en los tranvías de la ciudad, tomando el que estaba muy cercano al hotel. Cual fue nuestra sorpresa que ese día todo ese servicio era gratuito, ya que se cumplían los 100 (cien) años de los trenes, así que fue más interesante de lo previsto, y nos subimos y bajamos a nuestras anchas. Ver la ciudad desde esos recorridos es grandioso, en lo personal me llama la atención el caminante.

El día 29 de diciembre visitamos la prisión de Alcatraz, hoy museo.  Me impactó que, en las celdas, los reclusos tenían un pequeño mundo personal bien armado. Al que le gustaba pintar, pintaba. Vimos obra plástica significativa. Las celdas encogen el alma, no puede uno imaginar cómo es posible que ese espacio sea tal, para un humano. Recintos mínimos.  Yo, que soy amante del tejido de crochet, me quedé pasmada al ver las mantas en las pequeñas camas ¡hechas por los mismos reclusos! como un homenaje a esas manos creativas, aun en el dolor.  El ser humano tiene ese potencial, cuando lo observamos tal cual, se renueva una parte de la esperanza.

He de aceptar que me gusta viajar, mas, me cuesta tomar la decisión. Doy gracias a la vida que siempre hay alguien que me motiva y es nuestra hija que ama hacerlo. Siento que no me anima como algo de primera instancia, eso de salir. Es claro que solo poner el pie en un lugar a conocer nos revitaliza todo y nos renueva.

Tengo que decir que no es mi actividad preferida. No se puede negar que al volver a casa esa vuelta nos afianza la redondez y aun con cansancio físico y mental, motiva a seguir, lo del diario. Con mis padres lo hice mucho por la República Mexicana, en automóvil. Conocí algunos lugares de la unión americana con frecuencia, la hermana de mi padre ahí vivió mucho tiempo.

En estos mismos días de cierre de año, conocimos en el área del monte yucateco en donde se estableció el Museo del cacao. En el monte seco de la península notar los plantíos de cacao es todo un espectáculo. Siempre hay flores campiranas que viven aun en clima seco, me cautivan, podría decir que son mis preferidas.

Leí un libro maravilloso de título: -La presencia ignorada de Dios- de Viktor Frankl. A este autor, que le pegó fuertísimo el holocausto nazi, se le conoce por otros títulos, así que éste me resonó. Es un ser humano con mucha conciencia, porque ante todo él tiene claro que, gracias a su fortaleza y creencia en Dios, tuvo la fe fuerte y nunca perdió la esperanza, sobrevivió en esos lugares de muerte casi segura.

Uno mismo, para entonar el interior una y otra vez, nunca hay que perder la confianza en Dios, esa que nos acompaña y es un hecho que nos da fortalezas.   No se quienes querrán quedarse para siempre en el mundo terrenal, mas mientras se averigua lo del cáliz, vivamos con agudeza de espíritu.

La circularidad conlleva sin duda alguna, el entendimiento de Dios. Creo yo, que los que niegan, lo hacen porque no saben distinguir esa presencia. Así lo afirma Frankl, en su libro. Las curvas de la vida dan sentido. Me encanta que he escuchado a seres decir que son ateos, gracias a Dios. La luz, es inesperada a veces.

El mandala, es tan solo la muestra física de lo completo. Esa figura nos permite entender como el vacío siempre tiene figuras internas, exacto como el alma humana las encuentra y se enriquece, en la vida de cada día. (Continuará)

 

viernes, 14 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden (14).

                                                                                     Vivir, la misión encomendada, es ir percibiendo lo que proviene del alma humana, no es tan solo desplegar la personalidad. MJ

 

                                                                    No es lo mismo la vida, que la existencia.

A veces tendemos a confundir existencia con vida, es ahí mismo donde se nos puede lenguar la traba ¡uf, perdón!, trabar la lengua. Puede que se nos dé, no encontrar por donde se pasea el alma, Decía mi madre: -que no se les pasee el alma por el cuerpo-. Sin importar los años de vida, el alma puede extraviarse en los devenires complejos, y la personalidad hacer de las suyas. La personalidad es algo más superficial, y los asuntos anímicos van más sutiles, profundos. Éstos, están ubicados en la existencia. Los silencios pausados cuando saltan las dudas son los que podrían permitirnos saber qué es lo que realmente se nos pide en esta vida. A veces una enfermedad, la muerte de un ser querido nos conducen por reductos nunca imaginados, experiencias que nos ayudan a enfocar.  Culpar a los que nos han acompañado o caminan a nuestro lado no es el camino. Nadie tiene culpas que cargar.  Tan solo perfeccionar la observación.  La vida requiere razón y orden, si nos atoramos en las piedras del camino, no avanzamos.

En estos días en una Primera Lectura de la Biblia en la iglesia, se nos dijo algo hermosísimo: No nos encuevemos en lo que creemos que es total, todo tiene sentido si salimos de nuestro carapacho terrenal y somos pacientes a la revelación de la verdad fuera de los encierros mentales, prescindir de las cuevas que nos creamos para vivir, es decir, si estamos abiertos a escuchar, tal vez una brisa fresca nos llegue y esa sea la presencia de Dios. (paraf.)

 Se puede crear dolor innecesario cuando no se entienden bien estas diferencias. ¿Por dónde puede empezar a hacer agua la canoa? Por el sin sentido. Éste, Se estaciona en el interior del ser como algo real, y no nos permite salir a la puerta.

El buen sentido, espera su oportunidad y solo hay que dársela. ¿Como afrontamos? Hace grandes diferencias. Aceptar la inquietud como parte natural.  Si de pronto, y sin que ni para que se cuela el deshallo, no es más que falta de asiento en la depuración. Acercarnos a la gracia no es rezar nada más, es estar abiertos a las actitudes que han de ser creativas.  Totalmente claro el camino nadie lo tiene, pero si lo abandonamos y dejamos que se llene de yerbajos, es más rudo quitar la mala yerba cuando ya creció.

El derrotero existencial se va aclarando desde que entramos al mundo. Llega el momento de que es tan solo tarea personal.  Ver de más… es ver de menos. Más nos vale tener claro cómo nos enfocamos, y puede ser el máximo placer de la existencia, ya que nunca termina, como puede suceder con los placeres mundanos. No es que recompongamos los hechos que vivimos para nuestro peculio, es que nos llegan tal cual las vivencias para que el espíritu haga la parte anímica y nosotros como humanos demos el sentido con las vivencias de a diario.  Mas que nada se nos ha otorgado el don para vivir, que no es lo mismo que don solo para cumplir.

No en las acciones contantes y sonantes y más visibles está el bien, está en el alma. Las vidas que pueden parecer bien llevadas, siempre merecen revisión, para dar asiento realista a la existencia. No tenemos el control total, como a veces se cree. Para decidir de fondo los eventos que darán forma a la vida, es vital estar contenidos en Dios, y hay que encontrar cuál es ese camino de la voluntad divina, la personalidad en algunos casos puede ser obstáculo. Y, no es que Dios pida, es tan solo que la vida bajo su luz adquiere otra dimensión. La humildad de sabernos contingentes lejos de hacernos más vulnerables, nos da la paz.

¿Qué es lo que nos toca hacer? Pareciera tan fácil… no lo es del todo. Todas, absolutamente todas las vidas son plenas, es el ser que centra la vida en el alma el que decide rumbos, acciones, decisiones y demás, afectando a la existencia para que sea más llena de gracia. Decisiones neutras resuelven bien, no revitalizan.

Existir es más profundo que vivir. Vivir, se hace difícil de lograr cuando se nos esconde el justo medio terrenal. La vida, es el caldo de cultivo, nada más.

 En los argumentos mundanos, puede saltar la liebre, éstos son limitados, en la visión existencial no ha de saltar nada, si se asienta todo en camino de brisa fresca.

 Es eso mismo lo que nos ha confundido a los humanos. Al olvidar que somos parte de una creación circular/existencial que rige todo, de pronto creeremos que todo podremos controlar. Claro que sí somos lo más grande de la creación, mas, no es para creernos dueños de la misma.  Tambien nos creemos dueños de la vida.  Cuando vienen las sacudidas, es cuando sabemos que solo somos contingentes. Si es que logramos visualizar los alcances del don de existir, pues cada día la humildad se asienta como manto mojado que cubre con delicadeza al ser, y así percibir la diferencia entre vida y existencia.    

Esa complejidad al vivir que a veces detectamos, es producto del mal manejo del ego, éste siempre nos hace creer que mientras tengamos lo necesario y más en el mundo, la vida será nuestra. La simpleza de saber qué es lo que sí o no, nos pertenece, solo se da cuando es parte de la disposición del alma que nos habita.

Lo anímico, esa presencia del alma no es más que la esencia de la existencia y se nos ha dado para hacerla mejor y mejor y así alcanzar la vida eterna.

 Vivir es el acto que se despliega cumpliendo esa misión terrenal. Si hay consonancia entre vida y existencia, hay armonía. Percibimos otra dimensión.

Ayuda mucho conocer cuál es ese momento de la historia del mundo en el que se nos permite estar, rige mucho mejor el buen sentido si lo social afecta a lo cultural. 

Existen vidas que viven confundidas toda su existencia. Es penoso, pero es parte de la condición humana. Tal vez eso mismo es lo que se necesita para ir traspasando las pruebas que Dios nos encomienda en vida, para lograr afectar con bien al acto de existir. Si aclaramos la fuerza de la decencia, de la aceptación y tolerancia de lo que no nos es tan grato, podremos ver más allá. Cuando no hay honestidad se irrumpen en la existencia de otros seres. No es que exista la fatalidad, nosotros mismos la propiciamos, recordemos a San Agustín: -el mal es ausencia de bien-.

 Según nos decía el presbítero uno de estos domingos en la iglesia, hay gente que va y le pregunta seguido: ¿por qué Dios permite el mal en el mundo y porque no nos cumple a cabalidad lo que pedimos, si somos buenas personas? Lo primero es de índole existencial y lo segundo asuntos de vida. Claramente lo hemos dicho, cuidado con el buenismo, porque no basta.  No es que Dios permita nada, no es su interacción a discreción como si fuera una toma y daca, lo que rige en la vida de cada ser es la relación existencia/vida con libertad, que se nos ha otorgado. Dios no juega a los dados.

Es la esencia de los seres humanos que al no entender lo que somos, trastoca de mil maneras el actuar. Nos preguntamos ¿porque tantos grupos de gente solo viven dentro de la desgracia, el dolor y la irrupción en sus vidas con los eventos a cuestas más tremendos y dolorosos? ¡es así! y suena muy drástico decir que es por mandato de Dios, porque no lo es, es ignorante creer que es una voluntad externa la que manda como por antojos, Dios aporta las condiciones, cada quien hace y deshace. Obviamente no todo va ser agradable, porque las decisiones del desear, están unidas a la condición humana e irrumpen y nos ofuscan las factibles buenas decisiones del optar. Por desear lo que no es, todo se puede trastocar.

Poder cada día prepararnos para llevar una vida mundana lo más propositiva y digna posible, porque es ahí mismo donde nos debatimos, al salir del mundo, se dirá como se nos presenta el infinito. Crecer en el interior por medio de la tragedia no es maldad de Dios (como se creía en la antigüedad que era castigo) sino es la condición que vivimos con más o menos claridad, para resolver.

 El crecer en la parte anímica, no es para que seamos buenas personas, es para fortalecer al alma. Cuidado con el buenismo. Descubrir los dones y llevarlos más certeros en el diario vivir, no es fácil, pero si posible. No esperar señales de Dios, ya las tenemos todas.  A nadie nos gustan los sinsabores, es obvio, mas no podemos dejar de lado ese saber de qué son parte, aunque las razones no estén a la vista a cada paso. Nunca son de la misma índole ni de la misma intensidad para cada ser, y no es falta de justicia de Dios, es la esencia de la condición humana.

La condición humana de vivir exige pensamiento, palabra y obra con acierto. No es más que la gratuidad de habérnosla encomendado en la existencia. La esencia viene en el paquete del ser, luego somos nosotros los encargados del vivir.

En las épocas modernas, de este postmodernismo tan acendrado, hasta se redactó el libro que lleva por tirulo: ¿Por qué a mí? ¿cómo con consonancia de reclamo? nos creemos con derechos que no son gratuidad, son ahínco vital.   A veces, ni comprendemos del todo cuando duelen, cuando se presentan como si fuéramos alguien elegido para no pasar por todas las acciones de la vida.

Desear que lo nuestro sea tan fluido como nos lo podríamos imaginar, es cuando se puede recordar que la imaginación no es la loca suelta, es la que da el don de perfeccionar con la creatividad, ésta, como una buena actitud, es la que puede atenuar lo que más nos incomode. ¿Cómo queremos que se nos sirva el plato de la vida?, pues podremos lograr mucho más si estamos atentos a la esencia básica.

 Es en conjunto: mentefísica/espíritudivino.

 Cada ser tenemos las causales del mundo en lo que nos toca vivir. Ese fluir del que habla la psicología moderna no es dejarnos llevar y ya está, es un estar atentos a lo que con la gracia de Dios veremos cómo   el centro de nuestra misión. Tal pareciera que la psicología está proponiendo que nos pongamos en modalidad fácil y llevadera, y, de hecho, algunas corrientes psicológicas son de absurda autoayuda.

Darnos oportunidad de ir por la vida como si fuéramos sobre nubes, es puro cuento. Los gozos sí existen y juntos pueden crear felicidad. Cuidado con las algarabías obtusas o momentos que quisiéramos eternizar, porque si algo es efímero, es la vida misma. Cuando la realidad es bien entendida, sea como venga tendrá muchos satisfactores que se harán presentes, enalteciendo la existencia, tal vez en silencio.

La existencia es eterna. Claro que cambiamos de condición, pasaremos a otro mundo que nadie nos ha podido contar, aunque sí algunos congéneres, lo han visto. ¿Has escuchado de las muertes momentáneas? Mucho se habla hoy día que la IA, logrará que el ser humano nunca pase a la siguiente dimensión, por el momento creo que los que somos creyentes en un Dios, tal vez nos cueste entender.

 Volver al infinito divino del que hemos venido, es lo de hoy. Me cuesta mucho adivinar como puede vivir un ser eternamente en la tierra,  y aunque una de las premisas de la mente humana ha sido desde hace milenios,   encontrar el elixir de la vida y sea para creer nos podremos quedar más tiempo en el mundo, tal vez mas bien puede ser para atenuar el dolor físico, bajar los índices de enfermedades que nos están dando azotes tremendos en estos tiempos y todo eso doloroso que bien valdría la pena llevar con más garbo, pero de eso a ser eternos humanos, creo que dista mucho.

Cuando entendemos este camino de eternidad conquistada, es que nos entra la paz en cada célula.  Ya en los días que vivimos hay seres en busca de mandar a otros planetas a parte de la humanidad (se ha considerado hasta el planeta marte, siendo tan inhóspito aún) y vivir eternamente como humanos, fuera de la tierra.

Es interesante ver y observar cómo hay seres humanos que están tan difusos hoy día, que se quiere jugar a ser dioses.  

Las guerras, como un negocio en primera instancia y luego como una manera de que algunos potentados crean que siendo menos la gente en cantidad habrá mejoras, es falaz. Claro que todo se puede manipular y opacar la verdad.

El ser humanos en sí mismo tiene todo el potencial para llevar a cabo todo lo que en esencia se nos ha otorgado para tener una vida   clara y encaminada a fortalecer la existencia. Son, y han sido los modos culturales los que han cambiado el rumbo.

 Es cuando se dice, somos limitados… que algunas personas que escuchan, se indignan. ¿Limitados?  Y ¿Por qué? Si yo puedo lograr todo lo que me propongo. ¡No de esa limitación se habla! sino de la que existe cuando creemos que la existencia es manipulable al antojo del humano. Las limitaciones son encause lógico, bueno.

Ejemplo: el ser que tiene hijos varones, se siente incompleto porque quería al menos una niña en su familia. Quien tiene niñas, cree que es menos varón el que las engendró porque no logró a un ser de su mismo género. El absurdo presente. (Continuará).