Diario vivir, Razón y Orden. (12)
Es mucho más difícil juzgarse a sí mismo que a los demás.
El Principito.
Antoine de Saint Exupéry.
En las épocas
de la vida y actividad de las jóvenes Stephen (apellido de soltera de Virginia
y Vanessa) dice Quentin Bell: -la virtud no residía en el mero hecho de
obediencia a las reglas ni en una actitud reverente hacia las tradiciones
recibidas, sino en un estado de la mente-. Sí, era un hecho que lo que se iba
considerando correcto en los tiempos de principios del siglo pasado, aludía a
tener la mente mucho más clara y sin hacer tanto caso a la parte establecida percibida
acartonada, la realidad sí que sufría cambios. Los tópicos que se hacen
evidentes en la realidad a veces son los más difíciles, eso más ríspido se deja
como en el cajón, ese que tiende a atorarse, por momentos resulta mal
visto que se toque como parte de la conversación necesaria, eso que se ha
estacionado en la mente como tabú. Pasan los tiempos y vamos entrando más y más
a la visión relativa en el mundo, que tanto daño hace en la realidad. Lo que sí
es correcto tiende a estar claro porque hace la vida más fluida, mas no
necesariamente se vislumbra fácilmente para tomar nuevos aires. Desde ahí vemos
que la realidad no plantea las verdades con tanto anhelo y fluidez como se
espera y menos en el ámbito de las féminas. Ellas, las dos jóvenes inglesas que
dejaron buena huella, así lo vivieron.
En las realidades personales habremos de estar más
atentos a hacer uso de la razón con diligencia, es una verdad cuanto nos cuesta
darnos cuenta de los ajos en los que nos metemos. Siempre es mucho más
fácil ver la paja en el ojo del otro ser, y las vidas propias se dejan
con mucha facilidad a darse por sentadas en que todo lo estamos entendiendo de
fondo y bien, tal vez las dejamos para ser observadas ¿más tarde?, puede
ser, mas no es bueno dejar pasar lo que nos inquieta.
¿Qué es, decir más tarde, en la vida personal? A
veces, es lo mismo que decir: -tal vez nunca lo haré-. Creemos que tenemos todo
el tiempo del mundo, ¡si lo tenemos! si somos organizados en cuerpo y alma. Para
poder realizar lo que de fondo hemos venido a hacer al mundo, la base de
nuestras creencias debe regir y no titubear ante tanta confusión presentada por
el mundo, que, en las altas esferas del pensar puede darse y manipularnos. Hay
que tener en cuenta ese, pasearse del alma por el cuerpo, del que tanto
hablaron nuestras madres, ya eso no ha de regir en la vida actual tan
acelerada, todo se soluciona mejor con buena atención de lo que
implementa para que la gracia permee al alma, o lo que es lo mismo poner cada
cosa en su justo lugar. Puede costar muy caro anímicamente pensar que hemos
errado un camino, como cuando sentimos que no nos hemos cumplido a nosotros
mismos con lo que deseamos, pero no podemos olvidar ni por un segundo, que
tenemos todo el derecho de optar, nada de lo vivido ha caído en saco roto, ni
caerá. Todo es parte de ese encontrar la circularidad vital y necesaria. Saber
qué es lo que vivimos y por qué se dan las cosas de tal o cual manera, siempre ayuda
a soslayar los desencantos y los reveces se pueden llevar con verdadera
dignidad.
Lograr lo que sí
en verdad nos es propio y valorarnos como buenos pensadores nos resuena en lo
profundo, aunque a veces nos cuesta creérnoslo ya que lleva una buena dosis de
trabajo mental activo. La adultez ayuda a no sentir tiempos perdidos.
En el taller de literatura que nos conduce la psico/Filosofa Barrera,
hemos analizado una obra de León Tolstoi que ha resultado muy interesante: -La
muerte de Iván Ilich-.
Vale la pena hacer algunos comentarios al respecto por
estos rumbos, porque precisamente Iván, el personaje (que tiene mucha
inspiración en la vida misma del autor) resulta que se siente muy vulnerable
cuando se da cuenta de cómo ha apostado a cosas superficiales en su vida,
cuando se le presenta la enfermedad. Nota, que el tiempo de su vida se reduce. Entra
en una crisis que le abate, creyendo que había tenido el tiempo del mundo
para realizar las acciones como él mismo creía que era lo mejor y correcto y de
pronto la duda llega: ¿He vivido lo que vine a vivir, he sido fiel a lo que en
verdad es importante? O tan solo ¿He respondido a las demandas de una sociedad
que se impone y que, si uno no responde, tambien vienen apareciendo ciertos remordimientos?
La verdad, es que la vida es una combinación de ambos aspectos, como sabemos
que alma y cuerpo están unidos.
Pregunta el autor cuando pone voz a Iván: ¿He vivido, o
he cumplido?
¿A que nos referimos cuando decimos que se vive -una
buena vida-?
Porque sí que hay una gran diferencia entre una vida
exitosa y una vida auténtica.
Quien persigue el éxito, quiere que no exista nada
de pesares en ese camino, ni asuntos fuertes a resolver, como si parte del ser exitoso
fuera que el sendero sea liso y llano. Resolver y sin sufrimiento, por favor.
Se plantea mucho en la época actual, que el éxito equivale a mucha materialidad
a disposición y eso ya es todo. Ante embates de este tipo es que el sapiens
eligió seguir por las religiones, para saber que cuando la vida demanda más
allá, tambien podemos responder adecuadamente, más aquí. Tener las herramientas
internas para realizar lo de afuera, eso que vivimos cada día y que parece
trivial y afecta al todo.
Sí, se vale de pronto cuestionar toda la existencia
personal. Somos humanos no maquinas robóticas, y es afortunado quien en su
sendero ha puesto el conocimiento de la religión, y regresar, exacto como le
paso al personaje Iván Ilich, nos podría ocurrir. Cuando se vio tan vulnerable,
se preguntó en lo interior y se dio cuenta que tendría que retomar lo que él conocía
y que había soltado por meros caprichos.
Cuando la muerte se puede ver de cerca, es la existencia
la que se vislumbra como importante, en poco tiempo bien conducido podremos
encontrar la gracia para dejar este mundo y tener claro que no solo hemos
cumplido, tambien hemos vivido. Se dice que a muchas personas se les revela la
existencia justo en ese momento, en que la muerte toca a la puerta.
Este hombre que se refugió en el trabajo toda su vida
para satisfacer las demandas de la Rusia social de su tiempo, de pronto se
siente vacío. Como hundido.
Si nos vamos por el camino de hacer todo lo correcto,
estaremos tambien atentos a que eso se asiente en una base de la esencia de
nuestra persona, ¿qué misión es la importante para que lo correcto caiga en
terreno fértil y la vida se pueda percibir como un proceso que propone? Lo que
implica hacer de ambos lados: estar en el mundo, y ahí mismo tener la certeza
que lo interno, está bien claro. No solo lo que nos exige a cada paso lo social,
sino lo que alimenta al alma. El final puede ser un cierre con bien siempre,
tambien se puede cerrar la vida, siendo creativos. Cerrar es algo
natural, solo que, si la vida se ha desarrollado dando gusto a otros, pues es
claro que de pronto nos podremos ver cómo sin nada tenemos entre las manos.
Sabemos los cristianos que el infinito divino existe, y que tiene todo que ver
con el tipo de vida que se lleva. Es falaz (como se creía antes con frecuencia)
que no pasa nada si se da vuelo a la hilacha, para confesarse en
el último momento. Eso es un absurdo. Lo
que se ve así, permite hacer una analogía con el idioma: las palabras pueden
estar ahí claras, pero no resuenan en nuestro interior de la misma manera.
Cuando las máscaras caen ante los momentos duros de la vida,
surge una claridad estupenda. Claro que al que no ha vivido con la lampará
encendida pues le costará mucho más trabajo ese redimir al ser, para vivir
mejor o para despedirse. Si hemos vivido una vida de bien, una vida con
acierto, sabemos que es normal cerrar y observar la luz clara antes de
cerrar la última puerta. El infinito nos espera a todos.
Cuando vivimos el término piedad, nos estamos
refiriendo a una total presencia de la divinidad en nuestro ser, si eso lo
entendemos así, esa piedad sin pietismo falso, nos entrega la fuerza del Dios
en el que creemos, y nada tememos. Iván lo logró comprendiendo el sentido de la
luz. Magnifica narrativa, León Tolstoi lo dice claro.
El alma humana tiene necesidades puntuales, pero si nos
hemos tardado en darles cause con la vida que llevamos, pues es seguro que
habrá temores infundados al final. Como le pasó a Iván.
Hay una gran diferencia entre la decencia interna y la
rectitud interna. Ser rectos, no siempre es parte de ser decentes en el
interior del alma. Como hoy día se está dando la propuesta de la eutanasia, se
cree que es actuar rectamente con el ser que sufre y es bueno ayudarle a irse, habría
que tener claro si se está más con un asunto de miedo en la acción de quien
tiene que acompañar al moribundo y surgen pesares confundidos con dignidad.
No hay nada de
obtuso en acompañar al que sufre y darle paliativos a un moribundo. Es muy
diferente a creer que es más digno propiciar la muerte. Hoy día ya hay
adelantos médicos para el dolor físico, muchas más que para el dolor espiritual
que es tanto o más importante y saber cómo acompañarlo. Se dice: Muerte
digna. ¡Todas las muertes son dignas!
¿Se dice nacimiento digno?
En lo personal nunca lo he oído. Entrar, como salir del
mundo lleva dignidad. Claro que, de índole diferente, pero son actos del ser
humano por su naturaleza. No hace mucho escuche, que se está considerando que
en las salas de parto hay mucha violencia por parte de los que están recibiendo
la nueva vida, y eso sí es remediable. Los modos, que son cultura viva, nos
permiten hacer de la vida humana algo mucho más digno. Al partir, al morir,
estamos es un nacimiento que cierra una vida, abre otra. ¿Por qué habría de ser
indigno? a menos que se quiera apurar una etapa que no se pueda sustentar con adecuada
ayuda humana y médica. No dudo que haya muchas cosas de las enfermedades
terminales que no se puedan dar con total perfección, pero el ser humano no es
perfecto, digno sí que lo es, siempre. Tema espinoso, que habría que analizar.
En la novela de Tolstoi, se logra dar un sentido al
sufrimiento. Se deja claro que ahí mismo está la dignidad de saber que no es
que el que sufre sea masoquista, sino que se puede palear el momento. Iván vio
la luz clara dos días antes de irse.
La religión no es para hacer buenas personas, per se. Es una acción dirigida a la profundización
del alma, al vivir agradecidos y que nos de eso mismo la paz que mucho nos roba
la banalidad. claro que todo viene junto con pegado, porque cuando se
profundiza en el ser y en el sentido del alma, pues es lo más normal que la persona
tenga buenas acciones, en lo material. Existe mucha gente que practica la
religión y aún no sabe el camino del ser buen ser humano completo.
Existe el termino en nuestro idioma de cobardía ética.
Se refiere a que la vida no es un contrato comercial de toma y daca. Como si
dijéramos, te doy y te quito.
El antojo en la vida está ceñido a otros ámbitos, la vida
lleva un consenso de divinidad interno que no se soslaya. ¿Como miramos? ¿Como
decimos? ¿Como afrontamos? y ¿Como vivimos?, todo cuenta.
Se cultiva la esencia interior de cómo observar lo que es
bueno y lo que es malo. El mundo de hoy ha confundido mucho los entendimientos
dignos de la verdad, mediante el relativismo que vivimos. Tal parece que la
vida humana ya no cuenta en toda su integridad anímico/corporal.
Tambien existe una corriente denominada El Buenismo,
o lo que es lo mismo confundir el bien como si fuera de dientes para afuera, de
acciones en la vida que aportan bienestar, pero que en lo interno no se está
valorando el acto como algo que determina al alma humana. Como si el alma solo
fuera un concepto religioso y no una realidad que habita al ser vivo en su
totalidad.
Las situaciones límite (término acuñado por Karl Jaspers)
las vive todo ser humano y son parte de la vida. Tambien existe todo un estudio
de la filósofa Hannia Arendt, quien se dedicó a estudiar todo el fenómeno del
holocausto perpetrado por los nazis. Ella descubrió con total metodología y dedicación,
como los hombres que estaban al servicio de Hitler, eran personas consideradas buenas,
trabajaban con honestidad en sus puestos burocráticos y eran inmejorables como
familia y parte de lo que creyeron era que, a las demandas de los altos mandos,
era solo responder. No hubo posibilidad de análisis de lo que se
proponía, el deber cuenta más por momentos, la mente se anestesia.
No fue hasta los
juicios de Nuremberg, que hubo respuestas tan tristes, como decir: Lo hice,
porque ese era mi deber, eso se me demandó. Descubrir la dimensión
espiritual no solo es asistir a la misa. Nunca dejar de crecer en el interior
del ser, porque así lo diga la ley o un ser que rija la vida social y
profesional, no siempre es totalmente cierto. Lo espiritual, no es una cosa que
uno aprende como a sumar o restar, es una acción que cuando invade al ser, el
alma se hace presente, se le siente, se le vibra y se le continúa cuidando para
crecer. Por eso existe la confesión en el cristianismo, en la iglesia
católica, redimir con ayuda. (Continuará).