martes, 21 de abril de 2026

 

Edificar, el día a día. (17)                                                                                                                                                           

                                                           Conocer no significa analizar, ni EXPLICAR. Es acceder a una visión.

Para ver, es necesario participar.

Y este es un aprendizaje difícil.

Antoine de Saint-Exupery.

Piloto de guerra.

 

                                                                          Lo que se percibe en las personas que pertenecen a culturas diferentes a la nuestra, es fascinante. A pesar de que ya el mundo en muchos sentidos es un pañuelo, eso no deja de ser un agravante para que lo esencial de cada parte del mundo se viva tal cual, con la cultura propia. Todo esto es lo que se refleja en los modos, que más que cuestionar, sí que nos debe dar una buena visión sin mayores explicaciones. Es un hecho que no todo se debe (ni se puede) explicar.  Sea cual sea el clima, el terreno natural del hábitat y como percibimos ese manifestarse de una cultura, es algo que nos ha de dar visiones sin mayores argumentos.

Todo lo cultural es una manifestación puntual de la manera de cómo resolvemos los asuntos, las modalidades. Ahora que escribo esto estamos regresando de un viaje largo en donde llueve a diario, nosotros muy dignos con nuestros paraguas así fuera una leve llovizna y todo mundo viéndonos como bichos raros. No importa cómo nos vean, sino el humor que se tiene que tener para salir a la calle y aun con poca agua, termine empapándose el abrigo. Pues así es, ahí el paraguas es ¿para cuándo arrecia la lluvia? Según me argumentó mi hija: -Tambien tiene un aspecto de comodidad, porque si todos tienen paraguas en una acera delgada, hay que estarse parando por ratos para que pase el que viene de frente o bajar a la calle para avanzar a otro ritmo-.

 

 

La mayoría de las veces no es necesario explicar nada con la profundidad que creemos que la vida misma exige. Conocer es tan solo participar, la visión que tenemos del mundo está dentro de cada ser humano y no es parte de la opinión de nadie.

Todo tiene un tiempo y un momento y una forma de ver la vida misma. Todas las personas con las que compartimos y están cerca con un determinado humor, esa es la parte más interesante del vivir, percibir sin juzgar y saber cuándo sí se puede hablar y cuando no. La comunicación es de lo más interesante y mucho más cuando observamos lenguajes corporales y costumbres. Estamos diciendo todo desde el modo como miramos y participamos o cuando tan solo estamos, en silencio.

 Hay seres callados por naturaleza. Los admiro, porque otros somos parlanchines. Mi padre era silencioso, muchas veces hablaba tan solo con los ojos. Los que son recatados tienen de las dos energías y a otros les basta con una sonrisa para comunicar lo verdaderamente relevante de su ser.

Como dice Saint Exupery: Ser participativos, es algo que no implica que esto se derive en ser comunicativos. Se puede participar desde la actitud, desde la observancia.

Lo más interesante en la vida es aprender a observar. Cuando conocemos la dinámica de la comunicación del otro, tan solo nos basta acceder a esa visión mencionada y hacerla parte nuestra. No es nada fácil. Uno se puede entrenar para comprender el lenguaje corporal del otro, pero a veces esta parte se da por sentada y creemos en demasía en la palabra. Eso mismo dirige la intercomunicación que las mas de las veces solo basta con los silencios.

El diario que releo en estos días fue uno muy importante para mí.

No terminaba de comprender que el mundo solo puede ser tan cual es, y que de este mundo único y diverso solo tomamos lo que nos incumbe. Esa práctica de estar viendo lo que el otro hace, para tomar sentido, nos degrada y no nos permite crecer por dentro, ¡ni que decir por dentro! a veces ni por fuera. Poner el énfasis en lo que en verdad nos define, es actitud muy determinante.

Cuando tenemos presente que el mundo es un eterno cambio, la alerta se pone en el mejor modo posible, porque no nos perturba que de pronto las cosas no salgan tal cual las pensamos. Nos cuesta acostumbramos a decir: -No pasa nada, si esto ha de cambiarse, pues que se cambie-. Las mejores cosas son las que no se planean exhaustivamente, siempre dejar una rendija de acomodo, es lo ideal.

Había yo puesto demasiado énfasis en los diseños de crochet que venía haciendo, y me di cuenta que solo eran algunos los que más les interesaban a las personas. Estando en esos menesteres me di cuenta como todo se rige dependiendo de las modas y obviamente de los gustos. El movimiento del mundo no es que sea imperfecto, es que con el dinamismo que le caracteriza solo puede darse con lo que le define de fondo. Solo percibimos las imperfecciones cuando nos entercamos en que las cosas solo pueden ser de una determinada manera, y el mundo no va por ese camino. Con el tejido del crochet comprendí que todo es cíclico siempre, querámoslo o no.

En estos dias de esta revisión subiré al primer escalón de la década de los setenta años de vida. Me asombro, me pasmo de pensar que he llegado a estos lares tan así de rápido y como si todo hubiera sido apenas ayer. Así mismo, cuando se cierra una década en nuestra vida,  es un hecho que uno revisa, y me encanta observar la frase con la que comenzamos este texto: No expliquemos tanto, tengamos tan solo la posibilidad de afinar la visión.

La diversidad de personajes de los que se compone la especie humana y de los que de plano todos estamos rodeados, es fascinante. Hay seres que por situaciones de la niñez no resueltas tienen una adultez de tal o cual índole, hay seres que tan solo viven para lo social, es decir estar en la misa y en la procesión, un pie en tierra y otro queriendo apoyarlo en el cielo, y luego nos preguntamos porque se dan tantos asuntos de depresión en la especie o porque las personas enferman de los nervios.

Somos seres diversos y cambiantes, no hay nada más que esperar, sino saber esa condición para que la misma no nos traiga de un ala.

No hay nada mas cautivante que las variaciones de la cultura, ese responder de una o de otra manera que no es posible cambiar de fondo, más si es posible observar para una buena adaptación, porque estamos determinados por el medio en el que nacemos.

No existe solo el bien o el mal sin matices, es lo diverso de los tonos lo que da la profundidad, así como tampoco existe una sola manera de resolver, se va dando la vida como la dinámica misma la va presentando y no pasa nada, es tan solo aceptar lo que llega. Hace unos años atrás, salió un libro de título muy sugerente y que llevaba al lector por vaivenes de los que no era fácil darse cuenta, era un libro de esos de autoayuda que se pusieron muy de moda, la gente lo leyó con fruición. Se titula: - ¿Por qué a mí, porque esto y porque ahora? -. Una total manera de engañar a los que creen que no vinieron al mundo a ser parte de la vulnerabilidad que a todos nos toca y que de pronto hay que afrontar. En verdad creer que los que nos pasa es algo que no merecemos, es que no hemos comprendido nada. La vida es de azúcar y de manteca, es de sal y es de arena; ¿Cómo podríamos creer que podemos estar exentos de lo que de pronto se pueda distorsionar? Es algo penoso, ese no entender que la voluntad de Dios es mucho más grande que nosotros. Tanto lo bueno como lo no tanto, es parte de la fuerza que se nos da para crecer. No es de miel sobre hojuelas la existencia, aunque a veces así queramos creerlo.

El bien, como el mal se asientan de diferentes maneras, no están a merced de los antojos del ser humano. Lo bueno es tener vida y saber qué hacer con esta condición. Los que somos creyentes nos basamos en que estamos en la contingencia de un Dios que nos acompaña, porque es claro que somos parte de él.

¿En dónde se da la plenitud del bien? En la observancia de las actitudes que nos conducen hacia él. El bien uno lo percibe y uno mismo lo propicia en la medida de nuestro entendimiento cultual. Me encanta esa frase tan trillada pero tan real: A las necedades, oídos sordos.

La manifestación del bien total, esa armonía tan deseada como una ilusión ilusoria (valga la redundancia) solo está en la mente, la realidad juega sus cartas con la razón y de ahí se deriva el orden del mundo. En donde vemos desorden, seguro que habrá puntos de sinrazón, mucho emotivo por resolver y propiciamiento de malas actitudes.

Leí otro libro de esos que se escriben dizque para echarnos la mano, y que luego nos hacen creer que la vida es tan solo emotividad, y la vida no es solo emoción, es razón que conduce a un orden personal.

-Cambia tu corazón, cambia tu vida-.

De Gary Smalley.

Sí es una verdad que hasta en la Biblia se nos sugiere que el corazón es una parte importante del bien terrenal, pero no somos seres esencialmente emotivos por naturaleza, eso del exceso de emociones es lo que ha llevado al mundo a mucho desastre. ¿Qué sientes? Te preguntan. Y no es lo que sentimos lo importante, sino la base de una vida ordenada, con la razón en la mano.

Este autor nos hace creer que lo emotivo es lo más importante para regir la vida misma. Dice que el corazón rige todo. Mucho cuidado con esto, porque, así como la Biblia afirma que del corazón mana la vida, (Proverbios. 4:23) si ésta es ordenada, no se va por la vida tomando decisiones emotivas.

En el libro titulado -Fluir-, se nos afirma que solamente estaremos en el mood perfecto si logramos saber qué es lo que nos corresponde hacer, por ningún motivo nos dice que solo lo emotivo es lo que importa y que en la vida solo hay que buscar el contentamiento. Si así fuera, estaríamos perdidos. Todo lo que no nos gusta tanto y que hay que resolver cuesta trabajo. Realizar las encomiendas, así sean las más sencillas y con un humor bien llevado es parte importante y ni que decir el llevar a buen puerto eso en lo que nos hemos comprometido.

                                                                  El vivir, algo tan esencial que se nos encomienda en nuestra entrada al mundo, es en lo que luego nos enredamos: hay un dicho yucateco que lo manifiesta muy chistoso: -se enredó como pelo en patas de gallina-, en los lavaderos antiguos, de las casonas, había la costumbre de tener algunas gallinas y era ahí donde esas melenas que cubrían toda la espalda para lograr el chongo perfecto de las mestizas, se lavaban y desenredaban, dejando pelos en el suelo, luego venían las pobres gallinitas a enredarse en ellos, sin saber ni que les pasaba. Hay que cuidarnos del ton, sin son. Cuando nos complicamos por no saber entender la esencia que nos habita, pelos negros pueden aparecer. Participemos, obtengamos una visión cada vez más clara del mundo, hagamos tan solo lo que nos corresponde.

La vida misma es tan genuina, que ahí radica la verdadera belleza.  Si se enreda, pues tendremos que ver que alguien nos quite esos pelambres negros que pisamos y nos paralizan. ¿qué se nos olvida tener ese aprecio por algo tan sagrado que se nos ha entregado?  pendientes de lo que se da afuera y que a veces nada que ver.

                                                                Es un hecho que se puede llegar a sentir que la vida misma por momentos, se da en vano. Como si lo que estamos realizando se estuviera enturbiando con cosas ajenas a nosotros. Es tan solo por estar entercados en ir por caminos forzados, solo porque vemos que otros van por aquí o por allá. A veces, eso nos lleva a un precipicio sin salida.

Estuve analizando en las páginas de este diario, el sentido de los contratiempos.

¿Cuántas veces las cosas no se dan como uno las propició, las pensó o las quiso?

¡Miles de veces!, pero no hay que soslayar al contratiempo, trae su librito de enseñanza bajo el brazo. No optimizar sin razón propuestas de una manera de pensar que no necesariamente son las adecuadas. Un contratiempo, es saber esperar, es algo que nos pareciera como una parada innecesaria y nunca lo es.

Estamos yendo a una cita al médico, y de pronto se nos poncha una llanta, o estamos a punto de salir a alguna diligencia y sucede algo que no podemos más que quedarnos en casa a resolver. Hemos creído que somos los dueños absolutos de nuestro tiempo a disposición, pero nada de eso. La vida misma muestra, sugiere y propone y hay que hacerle caso, crearnos visión.  (Continuará)

 

 

 

 

Edificar el día a día (16)

                                        A veces no hay inconveniente en dejar el trabajo para más tarde.

El Principito.

 

                                       Todos los seres humanos durante el tiempo de nuestra vida terrenal, tendremos que aprender a valorar la temporalidad. No es asunto sencillo, ni como la nombramos y ordenamos dependiendo de la cultura de que se trate. Es en la mente en donde reside el juego temporal, en realidad el tiempo es un valor que se nos ha dado para regular las actividades y somos nosotros y nuestra implementación de lo que percibimos lo que nos rige. No es lo mismo el tiempo de quien vive en el campo y de quien vive en las grandes urbes. Todo lo relativo al tiempo no nos incumbe directamente, aunque así lo percibamos, es más bien el acomodo que logremos ante las acciones, es por eso que apenas empieza nuestra vida a ser rutinaria y con conciencia de los tiempos y los momentos, cuando se da lo óptimo para la realización de las actividades y es cuando vamos siendo presa del reloj, que solo es un ordenador y no dueño del tiempo.

Cuando caemos en la cuenta que nuestro tiempo terrenal es limitado, volvemos a tener presente que el tiempo está de nuestro lado, y con el paso de los días esto hasta nos podría llevar a valorar mejor esa categoría tan presente y a la vez tan diferente en cada área del mundo. Creo que todos tenemos claro que es un lapso nada más el que pasaremos como personas físicas en esta dimensión y desempeñándonos como humanos.

En los primeros estadíos de la sociedad humana, los tiempos se marcaban por el movimiento de los astros y su relación con el sol, ayudando a nuestros ancestros a comprender porque se hacía de noche y como eran los ciclos naturales. Mucho se regía la vida con la temporalidad aliada a las cosechas, los tiempos se marcaban según los momentos para las siembras de granos, la recolecta de éstos y por ende la percepción de las estaciones anuales.

Es así como comenzaron los calendarios. La medición del tiempo siempre ha sido todo un tema de las culturas y cada grupo fue creando sus propios términos para esto. Los tiempos de las lluvias para las mejores siembras de los agricultores, la percepción de la época de sequías que tendría que haber obligado a crear los sistemas de regadío y todo lo relativo a que el tiempo siempre fuera un aliado.

                                                      El tiempo terrenal siempre ha sido un compañero que nos da la mano. Desde que entramos al mundo estamos regidos por la temporalidad, lo bueno es que en la infancia ni nos percatamos de su presencia, hasta que se nos escolariza y llevamos las rutinas que hoy día son mucho más demandantes que antaño. Recuerdo perfectamente cuando íbamos a la escuela caminando o en bicicleta, hasta nos íbamos encontrando con otros compañeros de otros niveles escolares y nos acompañábamos y como luego todo cambió, cuando ya se nos llevaba a diario en automóvil y hasta con el transporte escolar. Cada uno de estos momentos requería tiempos específicos. El sistema de ronda que es pasar por las casas de los vecinos y todos en un solo automóvil, turnándose las llevadas por cada familia.

 Solo cuando la mente nos gana la partida y queremos hacer más actividades en menos tiempo es cuando nos vemos impregnados de esos apremios que muy bien sabemos a dónde nos conducen: a los tremendos brazos del stress. Son los pormenores absurdos los que de pronto suelen detenernos el paso…y hasta podremos llegar a sentir que la vida nos ahoga por faltar el tiempo, no de aire. De pronto nos damos cuenta que es tan solo la percepción lo que hace la diferencia.

La mayoría de las tradiciones religiosas tienen en cuenta los tiempos terrenales para ayudar a los fieles a seguir vidas ordenadas, con una temporalidad bien comprendida.  Es una realidad que, si esto no se hace con buena conciencia seremos presa de la peor temporalidad, esa que nos dice: corre, porque no hay tiempo. O la que tanto hemos escuchado de nuestros padres como es: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Muy puntuales estos dichos, pero no necesariamente aplicables en todos los casos. Los tiempos han de ser a la medida que aprendamos a ser puntuales (en vedad que creo que la impuntualidad si es una falta de respeto al otro y a nosotros mismos) y seguramente habrá más tiempo disponible. Todos habremos de aplicarnos en comprender que no son ni para todo el tiempo ni para todos los tiempos terrenales, las medidas de la temporalidad.

Cada ser humano tenemos una temporalidad que nos acompaña, la absoluta, o lo que es lo mismo la que nos hace sentir que estamos inmersos en el todo y que de ahí somos, y la relativa que es la de cada quien, regida por el tipo de cultura, de país y de familia a la que pertenecemos.

Una vez consientes de todo esto, podremos ante todo saludar a la temporalidad y hacerla de verdad una aliada. Sabemos que ni con los seres que compartimos cercanamente estaremos en la misma sintoniza de los tiempos de realización ni de actividades personales y mucho menos de las consensuadas para coincidir, por lo que si vale mucho la pena observarnos y ser más aliados de la temporalidad que nos toca y de plano se vuelve el arte mas sagrado saber de los tiempos personales, de como los utilizamos y que hacemos con el tiempo libre.

Todo está regido por la edad. Eso es un hecho que con contundencia no podremos negar.

Y tan solo con saber que la coordinación de los tiempos es la mejor manera de alejar el stress, cada uno de nosotros nos disponemos a coordinarnos, en primera con las obligaciones a cumplir para llevar una buena rutina y que esta misma se ordene a los tiempos de familia y congéneres.

Pues es así tambien que podremos ver con claridad los tiempos que tenemos para disponer nuestra vida, mucho más concretamente la del día a día, que es tan promisora de felicidad real, cuando sabemos que, si cada día es vivido a plenitud, ni duda quedará que no nos llegaremos a sentir como que algo nos hace falta.

Es parte de la vida humana sentirnos como con faltantes, y es ahí mismo en donde habremos de comenzar por subsanar esos sentires, que nada que ver. Es un hecho que no podremos cumplir todos los deseos, porque de entrada hemos comentado ya, que desear es un arma de doble filo, hay que cambiar los deseos por preferencias, y es el asunto clave de vivir con una buena temporalidad.

                                                   Cuando estudiaba la carrera vivía de carreras. Llegar a tiempo a la universidad y ni que decir a la primera clase de la tarde, cuando aprieta el calor en nuestros lares y vamos como derritiéndonos, nada fácil este asunto. No disponía de un automóvil personal, mi madre en su salida de diligencias vespertinas hacia la llevada y recogíamos a una compañera de clase en el camino.  Ahora esto sería un pecado mortal, ningún padre de familia conduce a sus hijos a esas alturas del partido de los estudios superiores, casi todos disponen de medio personal de moverse y tambien hay transporte universitario, ya son otros los tiempos del tiempo.        

 Hoy día, que vivo a tres segundos de una gran universidad, me queda claro que es otra la dinámica. La vida junto a universitarios que van como bólidos por las vías de comunicación son en verdad una temeridad, pero hay que aceptar que esa es la modernidad, y tambien tener claro que hay muchos más accidentes de automóvil. 

Y esos son los bemoles del tiempo, que se vuelve al son que le toca la vida de relación. Lo importante es que no nos gane la partida, aunque como dice el Principito: Si se puede dejar para más tarde lo que no es tan urgente.

Es el tiempo un aliado, sin duda alguna. Viene bien hacer un recuento de cómo nos ha sido la compañía de tan gran valor vital, recordar cómo nos ha cambiado la percepción y la utilización de las temporalidades que nos han acompañado.

Los tiempos de la niñez, en la que apenas comprendíamos ese valor. Los tiempos de la juventud cuando las actividades se hacían más apremiantes y ya el reloj en verdad era parte de la paz mental. En lo personal tuve mi primer reloj de pulsera bastante grande, creo yo que tendría unos diez años de edad cuando me lo regaló mi padre. Era de formato pequeño, de tono dorado y con números grandes para que yo viera con claridad ese marcaje de las manecillas. Recuerdo que me sentía soñada con ese pequeño artefacto de pulsera de piel atabacada en la muñeca izquierda.

En casa de mis padres la vida si comenzaba muy temprano. Solíamos jugar tenis desde prontas horas mañaneras y luego a veces el baño prescolar era en el club y un desayuno ligero. Tambien solíamos volver a casa cuando no había escuela, para retomar el día y cada quien a lo suyo después de compartir un rato en el desayuno. 

                                                                Para quienes hacemos escritos personales, estos diarios de escritura a mano son muy importantes para observar una buena temporalidad. En lo personal tengo mis tiempos del día en los que le tomo el tiempo a las horas y me siento a redactar. Me gusta hacerlo con calma y sin mayor prisa, porque me gusta mucho revisar, aunque a veces si nos gana la partida el apremio de las horas. Se van eligiendo los temas, y se marca mucho el día de un diario con el momento que se vive. Esto de escribirnos, es como una necesidad que surge evidente y clara desde la niñez. No se duda mucho al hacerlo, a menos que de pronto tengamos muchos pendientes y esto se tenga que postergar. Lo he vivido, lo he dudado, mas todos en casa me animan porque saben lo que representa para mí. Siempre es necesaria una buena meditación, tiempo de oración y rituales caseros de orden a cumplir.

La temporalidad puede tomar sentidos inesperados. Nos queda claro, que la templanza que nos da el tener al Dios en el que creemos, en presente, pues es seguro que nos ayude a ser más diciplinados y conscientes de que estamos en esa contingencia divina, a seguir. Si, en lo personal puedo decir que la presencia de Dios en mi vida ha sido clave, por unas épocas más clara que en otras, es diferente y se afina o dispersa dependiendo de la etapa que se vive.

                                                                   Se dice mucho que para quienes llevan una vida espiritual, la temporalidad se convierte en el centro rector para bien, las prisas se apaciguan y sabemos bien a bien que habrá tiempo para todo. Cuando se sienten los apremios es cuando uno comprende que nos estamos demandando de más, y que hay que optar.

                                                                  Si la felicidad es un estado concreto del alma y ni qué decir de cómo depende de los gozos elegidos, la temporalidad es parte sustancial de que los ánimos no se trastoquen.

Las acciones son la parte más medular de una vida bien llevada, por lo que, si dejamos de estar conscientes de la temporalidad que pinta con sus coloridos cada instante, es probable que de pronto nos veamos en apremios no concebidos y como imaginados en un surrealismo de la vida. Los apremios así aparecidos, solo son parte de un tiempo que se nos escurre y que no nos damos cuenta cuanto nos puede afectar.

Cuando en nuestra temporalidad, o la concepción que tenemos de ésta, se vislumbra que somos eternos y que pertenecemos a lo infinito; es cuando la vida nos deja claro: es tan solo un instante del tiempo universal. Nos puede embargar una calma inaudita en lo interior, muy aceptable y llena de esperanza en que Dios nos recibirá en el momento preciso, exactamente como el que se dio cuando entramos al mundo.

Si logramos ordenar la mente con aspectos varios que podremos eliminar de la agenda si se llega a dar el caso, estamos del otro lado, ya podremos decir que nosotros regimos el tiempo personal.

 

Agradecer a las mañanas con los ruidos que nos trae, a las noches con sus luces y que las sombras tan presentes siempre sepamos que se mueven dependiendo de la luz que permitamos que influya en lo que nos toca hacer.

Carlos Fuentes nos dice en el texto -La muerte de Artemio Cruz-:

-Sobrevive con la memoria antes de que sea el caos el que te impida recordar-.

No vamos por la vida como si fuéramos dentro de una ola, vamos a nuestro tiempo.

Tiempo

Es amigo el tiempo, es audaz.

Lo contiene todo, da paz.

Es enemigo el tiempo, cuando es voraz.

Lo detiene todo, da solaz.  MJ. (Continuará).

 

miércoles, 25 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (15)

                                                             La templanza, solemos relacionarla con el temperamento. Tan solo es parte. Ser seres temperamentales en las resoluciones no es lo ideal, la templanza se trabaja. MJ

 

Cuarta virtud cardinal.

Contener y ser contenciosos, nos dice el diccionario es lo que define a lo templado. Así como practicar la sobriedad y la moderación. Todos estos son símiles de vivir con templanza. Nada fácil, pero si lo pensamos bien, puede ser un logro de cada día.

El día a día nos presenta retos. Todo el tiempo estamos en las resoluciones de variada índole, todas necesitan templanza. Tremendos retos que habremos de solucionar antes de caer en las garras de la desesperanza que es lo contrario a llevar las cosas con temple. Si no lo observamos con el tiento necesario, nos pueden quebrar.

La razón es una buena compañera para lograr ser seres templados.

¿Qué pensamos de cuando se nos habla de un país, o que una ciudad está con clima templado? Nos queda claro que es lo de una medianía muy apetecible, hay armonía en el aire, en el entorno.

                                                                 Tambien cuando se lleva un diario personal, uno va tras la templanza de las redacciones, de la posibilidad de observar en el día a día esa contingencia de acción que en verdad nos resulte, no solo en la significancia total de lo que nos proponemos, así como cumplir los retos planteados. Esos pequeños momentos de cada día y el cumplimento que tanto nos significa.

Todos nos hacemos de una rutina. No siempre es factible de cumplir a pie juntillas, y hay que tener cuidado con esto, porque no es en sí mismo el cumplimiento completo lo que cuenta, sino como se va adecuando el temple en los asuntos diarios.

El día a día requiere un temple especial, porque no es solucionar todo lo agendado, sino hacerlo con el buen talante necesario y justo.

A veces, una sola actividad nos ocupa el día entero. Creemos que, al dedicarle más tiempo del pensado a algo que tendremos que solucionar, estamos perdiendo el tiempo de otros asuntos pendientes, es que se nos olvida que la vida misma se da en procesos, y hay que respetarlos, así nos lleve más de un solo día, lo que vislumbramos de solución rápida.

Mi madre, que era una muy buena bordadora a mano, me asombraba con el temple que tenía para lograr tan noble actividad Tal vez, ocupara toda una mañana para un sencillo ramillete, de muchos que llevaría el trabajo emprendido. Ahí en ese pequeño logro había mucho y yo me asombraba cuando al fin veía el tesón, porque todo un asunto completo de esos menesteres puede llevarse meses. Eso ya no se hace hoy día, o todo se resuelve con una máquina, o no se hace.

En estos días que releo, me topo con que una muy buena amiga me pidió que le arreglase un mantel hermosísimo que en una fiesta de su casa había sido quemado por la colilla de un cigarro que alguien asentó en la mesa. De entrada, uno se queda atónita cuando observamos algo así. Ver como esas cosas son impensables y se puede desgraciar un trabajo hecho a mano, con una acción descuidada. Así que me avoqué a hacer lo mejor que pude. He de decir que extrañé a mi madre porque no sabía bien a bien como hacerle, pero lo logré tan solo de recordar la paciencia y el temple que ocupaba mi progenitora en esos menesteres tan caseros y del siglo pasado. Quedó resuelto el asunto, cuando invente algo para que el ramillete de hilos rotos, se recompusiera y no se siguiera rompiendo tan bella prenda antigua.

Lo logré y disfruté hacerlo. Mi amiga recuperó ese dolor de ver algo de su aprecio, recompuesto.

¿A que le podremos llamar, días llenos?

No a los que están pletóricos de actividad, sino a los que en las pequeñas actividades o en el cumulo de éstas, sentimos una satisfacción interna de la vida.

Es verdad, que solo uno mismo decide la templanza que nos habita. Cuando nos damos la oportunidad de pensar en esas virtudes que se nos proponen, es cuando tratamos de que se aparezcan de la manera más fluida y fácil, pero hay que recordar que han de estar aterrizadas en los hechos.

En los dias de fin de año, cuando hay más tiempo para las lecturas escogidas, me doy cuenta que suelo entrar con más presteza a las páginas de la Biblia. No es fácil durante el día a día hacerlo, (aunque si nos lo proponemos pueda que se dé) he visto que en tiempos de días más fluidos es cuando mejor se puede entender ese mensaje de la espiritualidad. Lo hice, me avoqué a leer un poco más. También me daba cuenta que con el paso del tiempo uno suele sentir que los días se pueden ir como arena entre los dedos, y eso no hay que permitirlo, porque no olvidemos que el tiempo siempre es el mismo, solo somos nosotros quienes lo vemos diferente dependiendo de la época y de la acción propuesta.

En Proverbios 14-1, Encontré algo sobre la Sabiduría y dice:

 -La sabiduría edifica su casa, la necedad con sus manos la destruye-.

Habremos de estar bien templados para no permitir necedades. Los niños a veces suelen tenerlas más a menudo y habremos tambien de saber cómo alejarlas de los críos. Mas, que interesante, que diga la misma palabra divina, que las manos pueden a la vez de ser constructivas, o que, por descuidos, destruyan. A veces claro que no se hace adrede (como me imagino sucedió con quien fumó cerca de un mantel antiguo) y no darnos cuenta que en un segundo se puede propiciar una desgracia, sea con un mantel o sea con una vida. Una prenda tan trabajada iba a quedar arruinada, lo bueno es que no se extendió la quemadura.

                                                                   En enero de 2012 abrí por segunda vez la libreta número 96. Y digo por segunda vez, porque estaba esperando tan solo para ser revisada como lo he venido haciendo. Esa libreta contiene uno de los Proverbios bíblicos que más ha marcado mi vida (de hecho, una sobrina muy amable, lo mando poner en tela y me lo regaló convertido en un almohadoncito que aprecio mucho). Y dice:

-Cuida tu corazón, porque de él, mana  la vida-. Proverbio 4:23

Que reflexión más bella, pensé. La tomé para poder recordarla lo más seguido posible y como para jamás olvidarla, eso de que la vida provenga del corazón y no de la materia viviente o del cuerpo físico, es algo estupendo y que si lo tomásemos más en serio estaríamos con mucho más cuidado de lo que sentimos, como lo vivimos y proyectamos.

                                            El año 2012 lo comenzamos en la ciudad de Campeche. Como otras veces he comentado, es una pequeña ciudad tan cercana y a la que solíamos ir con mucha frecuencia que se nos fue quedando debajo de la piel. Cada vez con descubrimientos de nuevos recintos a disfrutar, vistas, puestas de sol desde el malecón que en casa nos parece único. Nos encanta ver como los campechanos de todas las edades lo disfrutan como el gran paseo vespertino y para cerrar las actividades de un día cualquiera, a veces ejercitándose en lo físico otras para el solaz interior de despedir el día con magnificas puestas de sol.

A nosotros Campeche nos ha calado profundo. En lo personal me encanta conversar con cualquier campechano que vea yo propicio para una plática, a los míos no les gusta mucho que yo lo haga, pero es mi naturaleza. No creo que mi padre lo hiciera tanto, eso me viene del lado materno y hay que asumir los que nos hace más felices.

 Mi marido ha encontrado mucho documento antiguo en la tan completa Biblioteca Campeche, y todos los empleados ya le conocen y siempre le ayudan en sus búsquedas documentales. Vamos ahí y somos los más felices, él entre papeles viejísimos, yo en los ventanales con mirada a las torres de la iglesia mientras redacto cualquier cosa que traiga entre manos. Con las vistas de la Catedral, los silencios y ver tanto joven lector imbuido en los libros elegidos, uno recobra la esperanza en el vivir. El campechano lee, y sabe disfrutar el tiempo de sus lecturas. Ahí dentro de la biblioteca, pareciera que el tiempo se detiene y las pequeñas lamparitas verdes de cada escritorio son como luminarias de vidas que quieren progresar, ser mejores seres humanos.

He pasado ratos maravillosos escribiendo en la Biblioteca Campeche. Elijo una mesa al final para poderme concentrarme, siempre cerca del ventanal que me permita gozar de las torres de la Iglesia. Las copas de los árboles de la plaza Grande con el quiosco tan característico, no me canso de admirar y gozar. Los transeúntes se escuchan en los corredores de afuera, pero nunca con ruidos molestos. El paso del campechano siempre con un ritmo de ciudadano satisfecho en sus recintos.

Sabucanes coloridos en la mano, niños pidiendo siempre alguna golosina que se ofrece por ahí, las palomas que esperan el rociado del arroz que algunas personas llevan para alimentarles y los destellos del sol de una ciudad que vibra a su ritmo.

En estos días escribí una frase que hoy día retomo como algo que estoy segura por las mentes de todos nosotros ha de pasearse y posarse sin encontrar asidero:

-No soporto la imperfección del mudo-.

Es seguro que la sentimos algunos de nosotros porque quisiéramos un mejor mundo, cuando es la realidad que el mundo es imperfecto desde siempre, y solo aceptar la realidad de la finitud nos bastaría para saber que jamás habrá perfección y que hemos venido para solventar esa parte de lo humano que cada día se trastoca más y más. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Porque tenemos el sentimiento de que el mundo cada día está más de cabeza? Todo se deriva de la ausencia de Dios en las vidas humanas. El Dios que dio sentido al hombre de los primeros estadíos era un ser que tenía presencia en las vidas, que podía hablarse con sentido claro de las etapas y que había un respeto desde la tierra misma que se ocupaba y los porqués, hasta el modo como cada ser terminaba su estadía en el planeta. Lo sencillo del vivir con la centralidad de el lugar que ocupamos en la creación total se fue trastocando por las ambiciones desmedidas que no es que estuviera mal el querer que la civilización fuese mejor, sino como la habríamos de mejorar.                       

Ya todos los geopolíticos de hoy coinciden en que la globalización no condujo puertos seguros, que tan solo se ha convertido en una falacia total y que los reductos personales que tanto se cuidaron en épocas de crecimiento hoy dia ya solo son un sueño.

Vayamos otra vez siempre al pensamiento de nuestras raíces. De los seres humanos tan privilegiados que hemos llegado a ser en este siglo XXI, solo quienes decidamos realmente vivir con una buena vida interior saldremos más victoriosos. Aun ya vivido con tantos dolores el primer cuarto del siglo, hay que saber que los ritmos del mundo no los regimos nosotros en lo directo, pero si son parte para darnos cuenta que importante es vivir lo profundo cuando eso se nos pide. Todo tiene remedio si lo sabemos visualizar mejor. Ya hay muchas cosas que se nos salen de las manos, mas aun vale mucho la pena organizar la mente de uno mismo y de los críos con la total esperanza de que como humanos tendremos que ser más razonables y vivir con una conducción que nos de paz, armonía en cada paso dado. Dios como el centro de las vidas.

Lo teológico no solo es para los dirigentes, nosotros como grey podremos volver a tener el corazón en paz con una bien llevada doctrina de la iglesia a la que pertenecemos. Leer textos conducentes a fortalecer el interior.

El bien siempre se asienta de diferentes formas, las maneras de ser y hacer las cosas en las que se acrecienta la cultura, son la base de que el deshallo se aleje y podamos vivir siempre con una buena lectura de la vida diaria: el día bien llevado da entrada a que el siguiente aun pueda ser mucho mejor.

Todas las etapas que nos plantea la religión no son meros convencionalismos. son los momentos de recogernos en lo interior y darnos cuenta que esa vivencia nos trae la fuerza para continuar. Hacer caso a Santa Teresa: -Solo Dios basta-.

No es en vano lo que tanto escuchamos algunos de nosotros: -No se puede estar en la misa y en la procesión-. Esto apela a nuestra parte de definir que es lo que elegimos y cuando, y ser fieles a lo que somos sin voltear a ver demasiado a los lados y mucho menos mirar hacia atrás sin un fin preciso, porque no vaya a ser que nos convirtamos en estatuas de sal. (Continuará)

 

 

 

 

Edificar, el día a día. (14)

                                      Es el amor una condición tan plena en la naturaleza del ser, que las variantes y vertientes en lo humano no le hacen justicia. Al definir esta condición hay que saber la base filosófica que le da el sentido. MJ

 

Es interesante la esencia del amor.

Miles de líneas, textos y tratados enteros se han escrito sobre el amor, mas jamás lo lograremos comprender del todo sin antes entender cómo es que se compone en la base filosófica.

La pulsión amorosa entra al mundo con cada ser. Nacemos, y se manifiesta de inmediato, el mismo llanto del recién nacido es una manifestación de amor. Esa mínima creatura que es un bebé, el recién nacido lo tiene en su originalidad y pureza, sin más. El amor, está presente en lo más intrincado de un adulto mayor. Todos, absolutamente todos tenemos la facultad de conocernos mejor y esto implica saber lo que somos desde el plano antropológico, desarrollar una cosmovisión. En el plano espiritual con un entendimiento de la teología que nos es propia y es factible de ser conocida, se amplía la visión del amor.

Si partimos de la premisa que venimos de Dios como seres finitos, tendremos que saber que volveremos a él, que es el infinito. ¿Cómo lo haremos? Como una total circularidad de vida, aceptando la finitud. Cada ser con el camino terrenal. Algunos congéneres no logran claridad, así como otros viven como viento fluido sobre las olas del mar, sin mayores entuertos vivenciales. Lo importante es aclarar cuál es la misión personal. Realizar lo que hemos venido a hacer, y que puede concatenarse con los principios del amor. Cuando éste es bien entendido, es más seguro que la misión sea exitosa.

 El amor de pareja ya está bastante descuadrado. Textos, explicaciones y tratados no son suficientes si no se vislumbra la esencia: encuentro con el otro, crecimiento humano. Lo filial, es representado en la parte consanguínea, el amor incondicional que se dice que es el de padres a hijos e indudablemente está presente  en el amor de Dios.

El amor filial, que va unido a la sangre, no siempre es tan fácil como se presupone, requiere ser trabajado.

El verdadero amor incondicional, el de Dios mismo, es entregado sin medida, los otros tipos de amor habrá que llevarlos con más conciencia, aun el de los padres a hijos. El amor infinito es más fácil de comprender si se concreta dentro de un proceso, habrá que comprenderlo con el Dios eterno y la religión puede ayudar.

El amor de los padres tiene mucho de incondicional, aun sin dejar de ser terrenal.

Sea cual sea el amor del que hablemos, tendremos que decir que todo amor es encuentro. Nos encontramos en primera instancia con nosotros mismos y con todo ser con quien nos relacionemos. Sin un encuentro real, no hay camino de trascendencia, ni con uno mismo ni con los congéneres. Solo se trasciende más allá de lo finito (buscando lo infinito) cuando tenemos una relación real.

Es claro, que no con todos los seres humanos habremos de crear el mismo tipo de vínculos, algunos seres son tan solo los conocidos, otros son amigos, tenemos parientes y familiares. Toda relación es una causa / efecto.

Todos los vínculos nos llevan a aprendizajes. Es por eso que decimos que, en la primera instancia del amor nos acompañamos y de ahí saber que existe lo físico y lo no tangible y material del amor que es el vínculo interior. En lo físico ese estar con el otro, es crecer por y en su compañía y conlleva en los más de los casos la procreacion. No a todos se les da, somos afortunados quienes hemos vivido ese aspecto cada vez más complejo en el género humano:  procrear con responsabilidad. Reproducirnos, es una acción convenida por las dos partes actuantes en todo lo que conlleva, no solo por el aspecto social el de tener prole, es la parte humana de contribuir tanto para el mundo como para uno mismo. Los hijos son la encomienda más encomiable de los padres, hacerlos personas no meros individuos, y mejorar la especie humana, lo que lo hace más profundo. De todos los seres humanos se recibe. Se da mejor con los seres que hemos elegido.

Los padres son elegidos tambien, aunque esto es harina de otro costal. Metafísicamente hablando hay una identidad que se desarrolla y viene de los progenitores.

Si hemos elegido la cercanía de alguien, sea como amistad o como pareja, es porque ese ser, algo tiene que proponernos para hacernos creativos y uno hará lo mismo ante ese ser, la relación es circular. No estamos cerca de alguien para juzgarle, ni para decirle verdades observadas (que tal vez no pide saber) para todo hay momento y causa y esa es la sabiduría del convivir. ¿malos entendidos? Siempre los habrá con el ser que tengamos cercano, son la bisagra para obtener crecimiento; es la materia dispuesta que mejora.

Por eso mismo, si conocemos la naturaleza que se nos ha otorgado, sabemos nuestra condición como un padre sabe que maneras ocupa para hacer del niño una persona. Sabremos que no hay discusión sin aprendizaje, mientras nos lleve a otro nivel humano. Hay personas que siempre quieren tener la razón, eso es inmaduro.

Cuando esto no se logra, es porque se ha cerrado la puerta para estar cerca de ese ser.  Si hemos terminado de estar cerca de tal o cual persona, es como darnos de baja. Es difícil pensar que esto se dé entre padres e hijos, más nos asombraría saber que si hay casos. Se siente tristeza, mas hay que saber que el tiempo de interacciones a veces si es limitado, pasar a un nuevo estadío podría decirse que es opcional.

La misión que venimos a despeñar lleva un sentido y los tonos como en el arte, los damos nosotros mismos. Es con los seres que nos rodean en donde vale la pena pintar con los coloridos más humanos, ese sentido tendría como primera finalidad. Antiguamente era el sacerdote quien ayudaba en estas tonalidades hoy día ya los profesionales del comportamiento humano han tomado esa batuta y hay que acudir a ellos si es necesario.

El vínculo amoroso de cualquier índole o grado, en su circularidad siempre es importante.

Es decir, lo que lleva/trae y lo que trae/lleva: Sentido.

Obviamente que no siempre podremos coincidir en todo, y es ahí mismo en donde está el giro importante del asunto: Saber que hay camino, si éste se elige. Discutir con inteligencia emocional, y así mismo acordar.

El sentimiento amoroso solo se percibe a veces como eso mismo: el sentir. No es solo sentir el amor, es aceptar que estamos en una interacción que nos permitirá poder lograr ser mejores Seres Humanos. Hay trabajo que hacer.

En el caso del amor de pareja, es en el matrimonio en donde se certifica la prueba máxima.

No se da unión en pareja para buscar que todo se dé como miel sobre hojuelas. Es más bien, concretar los asuntos cosmovisionarios (lo que creemos, lo que sabemos y lo que queremos acrecentar). En el fondo todo amor, sea de la índole que sea, solo pretende la condición infinita y que es a fin de cuentas saber que solo en Dios se encontraran las respuestas que siendo finitas buscan la infinitud.

Saber y tener claro que somos creaturas limitadas, es muy válido. No es que por serlo tengamos que ser materia dispuesta para que otros seres solo vean  nuestros errores, sino que en los errores se implementen las mejoras.

El ser parte de alguna relación o estar en la vida de alguien no es tener un poder sobre la persona, es más bien tener claro que no somos cosas, sino seres humanos dignos de aprender de cada situación. El provecho del amor no es un fin en sí mismo, es la respuesta a lograr caminos asertivos, aunque a veces cuesten.

Hay amores que duelen.

Si ese dolor no se logra visualizar como catalizador de crecimiento, ¿quiere decir que se ha cerrado el circulo de convivencia? Y aunque no es una obligación convivir, es ahí con la convivencia que nos acercamos a Dios. Hoy día, el amor consensuado es una elección en el plan de vida y lo sabemos, con quien se mira en la misma dirección, hay mucho que hacer.

                                                            Hay unos autores actuales que han desarrollado un concepto llamado: Amor líquido. Esto es cuando el amor entra en los terrenos del consumismo versus el ser.

Es decir, en la actualidad se ha revuelto mucho el camino del amor con el acto de consumir, como decir o poner condiciones extremas de posesión de valores tanto de equilibrio personal como de materialidad, para poder estar con alguna persona. Esas condicionalidades han hecho del matrimonio una empresa más bien material. Ya no importa tanto la comunión de cosmovisión o espiritual, eso a veces solo es un adorno. Si no se tiene ciertas condiciones claras y muy específicas en la materialidad, no funciona la vida en común, no se valora el esfuerzo de lograr metas. Así de claro y fácil. Es como exigiéramos a Dios antes de entrar al mundo que jamás padezcamos nada de enfermedad, ni inconvenientes. Si antes de percibir la punción interna o el eros, se exige tal o cual condición material y olvidándonos que la vida es movimiento, a la primera de cambio habrá separación y sin sentido. Cuando vamos al médico no le condicionamos el modo de actuar, de ser, tan solo esperamos dando nuestra parte anímica para que nos sane. Por eso al enfermar somos pacientes.

El hombre maduro post moderno ha sufrido mucha confusión. Esta más inmerso en las demandas del mundo, olvidándose de conocer mejor la esencia de lo que es ser. Compartir con la pareja o con los amigos tal cual somos, se ha vuelto un sueño.

El concepto de compromiso tambien se ha hecho líquido. Es decir, ya no se asume como algo muy profundo que tiene que ver con procurar lo mejor para lo asumido en cualquier ámbito del amor, se prefiere distorsionar el concepto pensando que no hay necesidad de comprometerse para nada ni por nadie. ¡Cuando la semilla del crecimiento real hacia el infinito se da ahí mismo en y por el compromiso!

La vida de convivencia es una relación no una conexión. No nos enchufamos con el otro como un contacto de electricidad en la pared.  

La diferencia entre la vida de conexión y enchufe, es que fácilmente nos desenchufamos, a veces por quítame estas pajas, pensando que no pasa nada.

Las relaciones humanas están plagadas de incógnitas, siempre.

El no saber todo del otro no es un problema, es una condición y puede ser muy positiva. Es parte natural de la condición humana. Lo queramos o no, ese convivir con el otro nos crea preguntas, nos crea incertidumbres y nos puede hasta mover el tapete de fondo.

Existe el concepto de amor teológico. Es saber que a fin de cuentas todo ser que se acerca a nosotros y que tiene relación con nosotros, es en su función interior, una búsqueda de Dios para ambos. Aun sin ser creyentes en un Dios concreto o religioso, la pulsión que nos mueve, es búsqueda de Dios. Solo hemos venido a la tierra para volver a lo infinito, así que, si vemos la existencia de esta manera, no tratamos a las personas como cosas, o como si fueran una pirinola: me sirve… no me sirve. Las cosas son finitas siempre y en todo lugar, las personas no lo son nunca.

El amor teológico está conectado y relacionado con todos los procesos de índole humana. En lo religioso es sacramento.

Hay una plenitud en el aspecto psíquico del ser que no se puede desligar de lo teológico, si estamos cerca de alguien eso tiene un valor de trascendencia.

Lo que pasa hoy día en las relaciones humanas es que no se trabajan a nivel adulto. Es decir, asumiendo todo lo mencionado. Al actuar a nivel adulto, en una relación estamos actuando sin estar a ciegas, es decir utilizando toda la inteligencia.

El verdadero amor es racional, y esto no excluye nunca la emocionalidad de lo romántico, que es la sal del amor.

                                                                         Así pues, entender el amor como un adulto es saber que el amor antes todo no solo es un sentimiento, o una pasión, o una conveniencia etc. El amor es un asunto que merece ser nutrido y acrecentado, con inteligencia y buenos razonamientos.  

Un amor nutrido, es un amor que tenderá al infinito. (Continuará)

 

 

 

 

 

domingo, 22 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (13)

                                          Sin duda, cuando uno VIAJA, busca tomar distancia.

Pero la distancia no se deja encontrar. La distancia se crea.

Y la huida jamás ha conducido a ninguna parte.

Antoine de Saint Exupery.

Piloto de guerra.

                                                      Ese asunto de tomar distancia, a fin de cuentas, se refiere a un aspecto mental del ser humano. Cuando uno se aleja del lugar en el que reside (sea físico, sea mental) el ser interior se reconforma en la distancia obtenida. Comprender lo que se observa, serenamente. Es así tambien que, si uno toma distancia espiritual, se puede dar lugar al crecimiento interno y dentro de cualquier toma de distanciamiento algunas veces su puede dar el fenómeno de huir, alejarnos en lo físico, y otras veces distanciarnos de los humores con los que no comulgamos. Cuesta a veces afrontar lo que nos toca vivir. Aceptar las vivencias, es algo que se aprende, y nos percatamos de que puede ser divertido, propositivo.

Es en realidad con la mente que nos ausentamos. Con el cuerpo podremos alejarnos del lugar físico de la cotidianidad, mas si no estamos listos para disfrutar de la lejanía elegida, tampoco de ésta comprenderemos los potenciales ofrecidos.

Cuando logramos vivir más cercanos a algún mundo ideal del que solemos hacernos eco en la vida misma, y en la de todos los días, podríamos decir que también estamos haciendo una transformación de las distancias que nos circundan.

Hay maneras y maneras de tomar distancia. En lo personal creo que todas esas maneras son asertivas en sus propuestas, solo es cuestión de saber ver.  Aun conociendo bien nuestro humor más profundo, siempre habremos de renovarlo. Tomar distancia de nosotros mismos es un parámetro a veces difícil, porque solemos exigirnos de más para ese orden que nos proponemos en la vida de cada día. Siempre queremos que todo se acomode de la mejor manera en el sentido general de la misión que vamos cumpliendo.

 Es un hecho que la misión se cumple con mas o menos ahínco dependiendo del compromiso, y eso es lo que guía al camino real de la vida misma que nos toca vivir.

                        En el devenir de los días, siempre hay un acomodo preferencial. Algunos de nosotros nos logramos distanciar del ruido distractor, necesitamos un periodo largo cuando planeamos asuntos que llevarán tiempo y estar en las distancias medias cuando de resolver los asuntos más cotidianos se trata.

Cuando nos atropellan los imprevistos, es cuando comprendemos que la movilidad vital juega una parte trascendente, habremos de abrir nuevos espacios tal vez no tan pensados de antemano. Es seguro que sintamos mucho más cercano el apremio del cómo y hacia donde nos conducimos, sucede algunas veces como como si una bruma nos envolviese y hasta ofuscase la acción, y es cuando la inmediatez hace de las suyas con nosotros haciéndonos sentir inseguros en los movimientos.

 No es fácil de comprender que los movimientos de los demás no tendrían por qué afectarnos, cuando de hecho, si tenemos bien programada la vida misma, iremos a donde nos corresponde. He de decir que no hay programa inamovible, así que para no entrar al ton sin son (el sin sentido que podremos sentir) hay que saber que el reacomodo de todo siempre es un arte. Nadie se escapa de esto.

Ya el programa que nos hemos hecho en mente para vivir, sabemos que no se cumple tal cual. En agenda para desarrollar los acontecimientos de los días quedan trazados con la imaginación los términos de cada acción, y solo el buen sentido y humor dará curso estable, la total estabilidad no existe. Es seguro que tendrá un aporte fundamental mantener la calma. Es lo mejor que nos podría suceder, tener en cuenta cuanto cuenta el sentido de las acciones, y que no siempre es fácil.

En cuanto a la distancia que se toma cuando se viaja lejos de casa, es totalmente distinto. Sea que vayamos cerca o a lugares lejanos, la mente se acomoda diferente. Se dice mucho que uno toma las cosas más alerta al viajar a espacios y lugares que no conocemos, y es por eso que se llega a sentir que estamos más cansados cuando volvemos a casa. En lo personal, cuando las salidas son largas llevo un buen libro pequeño y tal vez de relectura. He descubierto la gran compañía y tranquilidad que nos puede dar colorear mandalas. A quienes viajamos juntos nunca nos ha de faltar la buena conversación, elemento clave. En lo personal me gusta hacerlo siempre, tiempo me falta. A los familiares tambien se les conoce más cuando se viaja. Parte de nuestra misión es descubrir más y más de las personas cercanas. Es un hecho que uno nunca deja de conocer aun a los cercanos, aunque creamos que ya sabemos todo de ellos. Hay mucho que descubrir.

 Hay personas que claramente necesitan de prolongados silencios, otras como yo misma, que amo la plática, el tiempo se me va entre los dedos en una de esas.  También se aprende a base de trancazos, hay personas que no valoran la comunicación, creen que solo es entretenimiento, y lo vemos claramente cuando nos dejan con la palabra en la boca porque surge algo que hay que resolver muy apremiantemente. Conocer la plática constructiva, es placer, y se cultiva.

                                                      Creo que las personas que hemos elegido escribir un diario personal, somos quienes más conversamos y hablamos con nosotros mismos. El diario, y más aún cuando uno aprende a disfrutar de los textos escritos por otros seres humanos, se entabla la comunicación como en diálogos silenciosos, para mí tienen mucho valor. El mundo que llevamos dentro es un espacio muy especial para cada uno de nosotros y no hay mayor regalo del mundo que aprender a distinguir quienes somos y que queremos no solo de uno mismo sino de los demás.

                                                                    Sin duda alguna el viaje más interesante es el que hacemos a nuestro interior. Es un camino que muestra distancias varias y estas son tan solo temporalidades de la mente para poder ir y venir en los tiempos que necesitemos, sea el pasado (cuando se revisa)   sea el presente (cuando se siente el latir palpable de la vida misma) y hablar de futuro es grandioso, porque nos conduce a percibir esa parte del ser que conserva el verdor de la esperanza. Futurizar, puede convertirse en lo más difícil porque de ahí se asientan las expectativas que a decir verdad hay que mantenerlas cuidadosas.

 Más difícil se pone la situación si tenemos demasiado pendiente el futuro con detalles, ese tiempo de vida hay que saber cómo se permea y así no nos juegue pasadas dolorosas. La mente es la herramienta clave y puntualizar que es muy sano saber que no todo se cumple tal cual se ideo, para estar listos a caer con bastante sopanda en la realidad, porque siempre es bella la realidad que se renueva.

Esto de ir de presente a pasado y más aún a futuro, es algo que Virginia Woolf supo hacer con gran maestría. Se percibe con claridad en los tiempos de los diarios personales de esta autora, y más aún en los escritos que van dando pie a los ensayos. Tambien en las biografías eso es fascinante, como se puede hablar de lo que ha pasado desde el análisis de lo actual. En el caso de ella, es el hijo de su hermana, Quentin Bell, quien lo hizo con maestría al escribir la biografía por encomienda del propio marido de Virginia, Leonard Woolf.

Y, así es como vemos cuánta razón tiene Saint Exupery cuando nos dice que la distancia es uno mismo quien la crea y podríamos añadir: y se recrea. Es algo que se construye y que nos da un sentido interior que siempre apela a la paz que tanto necesitamos. Cuando vemos las cosas con orden y sabemos cómo organizar el día a día sin apremios innecesarios, es menos dramático el imprevisto. ¿Que llega, lo que no estábamos esperando? ¡pues a tomar por los cuernos la acción! y se deciden nuevas propuestas. Si se cambian los planes, es seguro que es lo mejor.

Los asuntos siempre tienen futuro. Las más de las veces no es el que se creó de antemano en la mente. No todo se da como lo soñamos y bien que lo sabemos, eso es un hecho. La imaginación nunca nos suelta en la parte medular. Ya sabemos bien claro que la vida no es un sueño, es más bien una realidad soñada y encontrada con planteamientos realistas.

Cuando el autor citado nos dice que a veces se viaja para huir, es algo muy personal. Lo planteo así, porque tendemos a no querer afrontar tan rápido como es posible los asuntos que nos desagradan. A veces hasta sentados en nuestro sillón especial de casa podremos estar en huida mental de lo que no queremos afrontar. Postergar nunca es sano. No hay necesidad de trasladarnos a ninguna parte para lograr cambios buenos. A veces, he escuchado que a algún joven se le manda al extranjero para que asiente bien sus pensamientos, esto puede ser posible si quien lo necesita está bien consciente de lo que lleva en mente, porque si solo se va a la distracción obvia que se da en un cambio de ambiente y fuera del lugar de origen, pues nada se logra o tal vez se haga más grande el embrollo mental.

                                                                     Es un hecho que el escribir un diario personal es un viaje que emprendemos y que no queremos soltar. A veces algunas personas solo lo escriben por algunos periodos de la vida, mas la mayoría de los que yo misma he encontrado como escritores de la vida diaria, me han dejado claro que este viaje sí que se hace para toda la vida.

                                                                      Las modalidades cambian. Los estados de ánimo se hacen presente y nos dejan claro como por periodos se puede hasta vislumbrar en el tipo de letra que se utiliza, las tintas y el humor que ha prevalecido.

Las angustias que uno vive como que de pronto se acostumbran a estar con nosotros y es difícil evitarlas, por lo tanto, a los sentimientos hay que aprender a afrontarlos y a dejarlos en claridad, para que sean parte del aprendizaje y nada más.

¿Qué nos hace sentir a veces que queremos lo imposible?

Tan solo el ver sin filtro mental. Todo lo que nos reflejan los medios de comunicación en mensajes que asumimos como reales, puede perjudicar. Ya lo fake está implícito en la cultura de hoy, así que ya con esa premisa aprenderemos a ser mucho más cautelosos en todo, las series televisivas y ni que decir las películas como hay que depurarlas y no ver lo que es de plano de mala calidad. He de confesar que cuando me dicen que una película está basada en la vida real la disfruto el doble que una de ficción, aunque claro de esto último también se aprende mucho si tiene calidad.

                                                               En el viaje de la vida se nos olvida como es de importante la parte contemplativa. Las religiones siempre proponen esto de la contemplación espiritual, y se mal entiende. Tal pareciera que contemplar es perder el tiempo o no saber ¿qué es? Es tan solo ser observadores y algunas veces de cosas tan insólitas como el mar con el movimiento de las olas, las hojas de un árbol como soplan los vientos sobre éstas y lo que nos proporcione remanso.

A veces, con tan solo dejar que los tiempos se asienten y podamos ver con claridad lo que vivimos, se nos esclarece no solo el hecho que provoco el pensamiento.

Se contempla la naturaleza y cuando esto se logra, los ordenamientos mentales llegan a toda cabeza a todo el cuerpo y a toda alma.

                                                                          Las fuerzas propositivas solo llegan a través de los viajes al interior. Es cierto que es muy placentero salir de nuestra zona de confort en lo espiritual o el visitar otros países, más si eso nos deja la claridad que acompañó a esa decisión, que es tener un crecimiento real dentro del ser y fuera en las interacciones con los otros seres humanos. Si salimos, al volver a casa es verdad que traemos un cansancio físico normal, pero lo más importante es la renovación mental, no solo de decir fuimos… sino hemos regresado renovados. El inevitable cansancio que da el estar alerta de más, solo se abate cuando a la mente se le alimenta de verdad no solo con falacias. Y dice Viktor Frankl:

-Si sabes el porqué, no importa el cómo-.

Es tener clara la premisa de la que hablamos mas allá en otro texto:

-Si hay causa, hay finalidad-.

El verdadero problema del ser humano es que está resolviendo las causas de la vida personal desde el poseer, desde el ganar, desde el sentirse competitivo como si eso mismo diera o infundiera la energía necesaria para la vida digna. Es muy indigno lo que se vive desde la fuerza de solo el obtener las cosas y conducir la vida al vivir situaciones con un sentido deshumanizado, como lo estamos viendo en muchos lugares del mundo y de nuestro propio país. La especie humana no se quiere informar de lo que nos ha dignificado de fondo, no hay ese interés porque no se entiende aun como esa sabiduría nos lleva a otro nivel, tener claro que quien está al lado de nosotros es un congénere de la misma especie, que estamos en el mismo barco, que lo único que nos ha salvado desde que nos erigimos como humanos, ha sido el saber acompañarnos y más que nada, como ya lo hemos mencionado: adaptarnos.  (Continuará).