miércoles, 11 de febrero de 2026

 

Edificar, el día a día (8)

                              Prudencia y la píldora… se decía a mediados del siglo pasado. Se tenía ya muy claro que los niños habrían de llegar al mundo más programados, la naturaleza humana contenida. MJ

                                                                                             Nunca actuar a la ligera.

Hay mucho que aprender de la naturaleza humana y el amor.

                                                  Yo no sé si eso de las propuestas anticonceptivas de la vida humana, en realidad ayudaron al mundo en el momento cuando ya se dieron como un hecho médico y contundente en la práctica, ni sabemos si se ha investigado al respecto. Mas sí que hemos visto deshallo. Sí, sabemos que hubo desbandada de prácticas sexuales en años en las que aún no se entendía del todo el verdadero valor de tales motivaciones, ¿Tal vez nos confundieron más? de todo eso se esperaba un bien y que los seres humanos pudieran interactuar más libremente en cuerpo y en alma, mas para lograrlo, habremos de conocernos mejor, y no ir por la vida a la ligera. Por lo que respecta al cuerpo humano, creo que se dieron excesos y vuelo a la hilacha por sobremanera y hasta llegamos a los dolores más fuertes cuando se apareció el SIDA.

Encontrar los justos medios, el respeto a lo que percibe el alma humana que nos ayuda a entendernos como seres humanos íntegros y no meros entes actuantes al ahí se va. No traer niños al mundo por el puro prurito de reproducirnos, algunos seres que no serán cuidados como debe de ser, no merecen entrar al mundo desvalidos. El otro día escuchaba la premisa de boca de una amiga, que dice:

-Si en tu vida plantas un árbol, escribes un libro y tienes un hijo, pues has sido coherente con tu vida-, Mucho nos reinos las dos, porque ni ella ni yo misma, estuvimos de acuerdo con eso. Hoy día, nos damos cuenta que con los árboles se ha arrasado más de lo esperado y no se ha resembrado en la misma proporción, se ha ido en desbandada destrozando lo natural como si fuéramos los dueños del planeta. Y, esta buena amiga me decía, cuando se empezó el arrase forestal mundial, se dijo que, por un árbol tomado del suelo, dos habrían de ser plantados y para nada se ha dado eso. Luego además si plantas un árbol ¿será que te comprometes a verlo crecer, aunque no puedas regarlo y cuidarlo a diario? Lo dudo. Luego si escribes un libro, ¡pues que este sea con sentido fiel a lo que uno es! Luego se copian textos para refreírlos en multitud de libros nada originales. Estamos produciendo libros de papel como salchichas en línea de producción, ojalá todos sean leídos y bien entendidos. Llenar bibliotecas no creo que sea el objetivo.  Y Por último tener un hijo, ¡Oh Dios!, que bueno que los jóvenes hoy día planeen mejor sus vidas y sepan si son buenos para ser padres de familia o no lo son. Eso de procrear ya es asunto de mucha más consciencia.

Hay muchas más premisas delicadas hoy día que antaño para ser prudentes. Cuando solo tomar una píldora para soltarnos el chongo de la vida disipada se volvió el pan nuestro de cada día, me pregunto si eso fue ¿en proporción a la felicidad? o tan solo ha sido una acción para probarnos a nosotros mismos un tipo de libertad que nada que ver.

Estamos pues, en el camino de la prudencia. Escribía yo en mis textos a mano con mucha más puntualidad los asuntos clave, había yo decidido optar prudentemente, no solo para no repetirme, sino para lograr acierto en las reflexiones.

Así pues, que me puse a ver ¿Qué es la prudencia?

El diccionario nos dice: Primera virtud cardinal.

Es discernir y distinguir lo que es bueno de lo malo, y así seguir un camino o no hacerlo, decidiendo con conciencia.

Tiene mucho que ver con ser de espíritu templado, cauto y practicar la moderación.

Ser prudentes, en primer par conocer mejor y luego actuar con esa cautela.

A quienes nos gusta escribir y tener esa libreta diaria dispuesta para los pensares, pues, en verdad cautos no somo todo el tiempo y moderarnos nos cuesta.

Algo que noto hoy día es que la gente no disfruta estar en casa, es como que más apetecible estar afuera. Si hablamos de salir del país ni se diga, a veces resulta como un escape (¿?) mucho más que como algo planeado.

 Si vamos en busca de reductos culturales, personales o de la índole que sea nuestra preferencia, planear va de la mano de la prudencia. Después de pasearse por un museo nuestro ser, es otro, excepción hecha si se quiere ver todo de un solo jalón, pues es seguro que salgamos más cansados que recompuestos. La cultura de hoy nos invita a precipitarnos, esto es lo contrario a ser prudentes.

 Salir a conocer fuera del país es así, se eligen los sitios y sin mayores brumas ni contratiempos se disfruta lo elegido. Ir a lugares precisos. Salir de nosotros mismos. Encontrar la armonía dentro de la rapidez que exige la vida. Estuve por varios minutos frente al busto de bronce de Virginia Woolf, nunca inerte para mí. En Tavistock Square, London, exactamente en donde ella caminó, respiró y pensó. Permitirnos estar en recogimiento. Solo puedo decir que esa acción de recogernos, nos regala percibir entornos que han dado vida, nada más.

Conforme pasan los años, esas salidas al mundo han de ser mejor planeadas. Saber a dónde y porqué queremos ir a tales sitios. Ocuparnos de que la energía se preserve y volvamos a casa con claros momentos memorables. Volver con la mente hacia esos instantes, que, si bien hoy se dan con exceso de fotos y con mas prisas de lo que pensamos, nada nos dejan si no apostamos porque se hagan vida. En nosotros mismos y en quienes nos rodean. 

                                                Nuestro ser esencial suele cambiar y transformarse. No podemos pensar que nuestra esencia es inmutable, nada de eso, porque, aunque no lo tengamos del todo claro estamos en perpetuo renacer, y más si lo hacemos a conciencia. En pareja, los cambios traen fortalezas.

También, es lógico que nos expresemos diferente con el tiempo. En lo personal a mí me pasa que varío mis actividades de hacer con los asuntos que me interesan. En este mes considerado del amor, hablaremos mas puntualmente de la pareja, porque cambiar en esos rubros es algo natural, readaptarnos con prudencia. Siempre lo que hacemos prudentemente traerá un bien otorgado. En la plástica que yo practico, las técnicas se alternan y lo más importante es que los temas se escogen mejor, cuando nacen de dentro y no a la ligera.

Cuánto nos enseñan los silencios, cuánto aprendemos de los cambios que tanto nos apuran a veces, sin darnos el tiempo de apreciar la gran riqueza que traen.

Este año se declaró la hipertensión en mi vida, en mi cuerpo. Como una condición que tenía que atenderme. Y me costó comprender ese cambio.

Me vi asustada, como con el nervio de no saber cómo sería. Al fin pude entender mejor de que se trataba. He tenido la ventura de tener médicos que se expresan muy bien a la hora de los diagnósticos, tengo a algunos que son tan conversadores como yo misma lo soy, y hasta me apena cuando ellos prolongan las horas en el consultorio (con gente en espera afuera) y nosotros hablando de cómo entender mejor, lo que nos aqueja. Tener a los médicos como amigos es grandioso, pero a veces eso mismo hace que no seamos tan prudentes con los tiempos.

¿Qué es lo que puede hacernos perder la dignidad de la que somos dueños y que no debe de aniquilar el buen sentido?

En primera, el hecho de no vivir con coherencia lo que realmente nos toca. Y, no olvidar que eso que nos toca no es resolución mental nada más, viene de la conjunción mente y realidad, con el espíritu que queremos ponerle, y si somos religiosos, pues la postura de sabernos contingentes en Dios es para algunos la base. Conocer la esencia humana.

                                                                       Volvió para mí en este año el tener la experiencia de vivir en un departamento (lo viví en la adolescencia en CDMX). Espacio pequeño que se ordena diferente y se puede hacer muy acogedor cuando así se desea, de una manera mucho más asertiva. Mi hija tenía todo en un orden bien logrado y yo me avoque en tiempos libres a ponerle más aún en eso que no taba había necesidad de depurar. En un departamento, no se puede tener nada de más, lo de menos es mas hace su aparición y todo está en su santísimo lugar, como diaria mi madre.

 Ahí, aprendí que la luz del sol entra con una determinada forma por las mañanas y que se puede apreciar cada día conforme el giro de la tierra permite nuevas sombras y luces. Precioso me parecía aparecerme silenciosamente al ventanal y ver todo desde lo alto y así mismo pude comprender mejor el sentido de los propios ciclos. Desde arriba eso es grandioso. Poder apreciar las copas de los árboles en su parte superior y ver todo desde otra luz.

Todo se encausa diferente dentro de los recintos de un departamento. Todo fluye diferente. Cuando me despedí de mi hija me fui con el alma ratificada para bien.

 Al fin comprendí como ella ya había hecho una vida tan personal. Exacto como lo dejó entrever desde niña. Para ese momento no sabía que tomaría la decisión de volver a casa. Sería una etapa grandiosa, un tiempo nuevo compartido.

Y dice Viktor Frankl: -La influencia inmediata de una determinada conducta, es siempre más eficaz que las palabras-. Las palabras son la sal de la vida, sin duda alguna, mas los actos son la esencia plena de cómo se vive esa vida.

¿Solemos apegarnos a las realidades?

Creo que sí.

Creo que lo más importante es saber que éstas aun siendo cambiantes, son la base. Nada de la verdad puede entenderse a menos que sepamos que no le hemos desligado de la realidad.

Nos dice Mariluz Barrera:

¿-Quien decide cual es la verdad-?

A veces, nos dice esta pensadora: -la verdad es rechazada. Pareciera que es gente o grupos de personas las que deciden cual es la verdad, cuando en realidad, como dice Aristóteles: la verdad solo está en la realidad. ¿Quién dice que la verdad es relativa a …? Si a esto se llega, se estaría más bien diciendo que la realidad no existe como tal-(paraf.)

Eso de que cada quien tiene su verdad… de pronto es temerario. Porque estaríamos diciendo que cada ser tiene SU realidad, cuando la realidad es una sola.

Uno no crea la realidad, mas sí podemos transformarla. Si pensamos crear lo real estamos más bien dentro del relativismo. Lo opuesto al relativismo, es el realismo.

La verdad no es una idea, no es una cosa creada, ni la podemos poseer, sino con la razón se reconoce la verdad. Lo único que se impone es la realidad.

Hay que tener claro que, si la vida es relativa, es cuando habría que poner de acuerdo a todos y eso en el género humano es de lo más difícil. Dejar en manos de las multitudes las resoluciones que afectan a todos, es tan fuerte y difícil como dejarlo en manos de una sola persona, los seres preparados en los diferentes tremas han de asumir las partes de acción en resoluciones que sean más razonables, no sacadas de la manga. Como creer en Dios a mi manera. No se cree en Dios a la manera personal, sino porque es un hecho que Dios es para todos y no se fundamenta en creencias, sino en un hecho que como católicos sabemos que Dios existe porque se ha manifestado en la realidad, la revelación es el signo más fuerte de la religiosidad católica. (Paraf.).

Es muy interesante ir aclarando conceptos. También puede ser muy divertido y si nos gusta hacerlo y hay una necesidad intrínseca de fortalecer lo que, sí creemos, para no divagar. Conocer las bases del conocernos, con cautela y prudencia.

Así pues, hemos hablado de la primera virtud cardinal: La prudencia.

Cuando surgen los desencantos en la vida, y cuando estos están ligados a personas es cuando habremos de ser prudentes en saber cómo sí es una realidad que cada persona somos un mundo, pues podremos saber que hay seres con los que no comulgar no es un pecado, sino una virtud descubrir y poder tomar el camino adecuado. No somos moneditas de oro para poder afectar en positivo siempre, las personas somos seriamente diferentes, y si prudentemente aceptamos esas diferencias, es más seguro que seamos más felices.

Vivir

Vivir, como agua que fluye.

Como viento que silva.

Como luz que penetra.

Vivir. MJ (Continuará.)

 

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