miércoles, 11 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día (12)

                                            La tercera virtud cardinal: La Fortaleza.

                                            Mucho podremos hablar y pensar en cómo se asienta en cada ser, esta parte tan medular del ser humano.

 

¿Nacemos fuertes y luego la misma vida en su naturaleza cambiante nos debilita?

 Se dice mucho que al entrar al mundo la esencia que traemos se va trasformando ya que el diario vivir exige a veces más de lo que podemos dar. La adaptación, siendo nuestra mayor característica y fortaleza de supervivencia, sabemos que es todo un reto que puede cobrar factura. Tal vez esto de desgastarnos más, viene en la segunda parte de nuestra vida terrenal. Al principio estamos creciendo y comprendiendo para luego aplicar todo lo habido.

                                                               Yendo con la premura de saber bien a bien que nos implica el ser fuertes en la realidad, vemos lo que nos dice la Real Academia:

Fortaleza: Fuerza y vigor.

Es poder resistir con vitalidad y con energía. Los dos aspectos son intrínsecos en la niñez, y la trasformación del ser va unida a la socialización, que al darse con ánimo alto y adecuado es seguro que conjuntamente con las buenas razones que la vida nos demande, logremos todo lo que hemos venido a cumplir al mundo.

La antítesis es la debilidad.

                                                        Todos, como seres humanos sabemos que no nos podremos sustraer de la época histórica que nos ha tocado vivir. Lo histórico determina lo social. Nadie nos lo dice nunca, lo vamos comprendiendo con el paso del tiempo y con el tipo de familia en la que nacemos; tal cual se forma la cosmovisión. Nadie lo menciona ni a voz en cuello ni al oído, podremos escucharlo de otros congéneres como algo cultural y con los caminos de la madurez.

Bajo la piel llevamos siempre el pulso de la época que nos toca vivir, unos acontecimientos pasarán factura más que otros.

Se dice mucho que los que nacimos en las medianías del siglo pasado, somos seres que hemos visto cambios drásticos, asunto que cada vez se nos hace más evidente, ya que el convivir en épocas que traen tales o cuales cambios, nos obliga a tomar en cuenta la fortaleza.

Sabemos que las facciones y grupos de humanos que quieren dominar el planeta están haciendo de las suyas. Da tristeza, mas es algo real.

El mundo, en toda la historia ha vivido épocas intrincadas, eso no es una novedad. Nuevo es para quienes enfrentamos el momento en tiempo presente.

¿A dónde nos ha de conducir esta etapa en la que vemos que ya hay tantas agrupaciones peleándose por acaparar el mundo? No es la primera vez que sucede, aunque las condiciones nunca son las mismas.

En lo personal creo que hay que tener fe en los reductos de seres que pensamos más o menos igual y que aun viéndonos afectados, podremos luchar fortaleciendo el conocimiento de los hechos para digerirlos lo mejor posible.

Es inevitable, habremos de utilizar esta tercera virtud cardinal para hacernos más enteros por dentro, ante los embates que a veces no sabemos ni de dónde vienen. ¿Como proceder y como los haremos quienes queremos una vida pacifica? En parte, es nada más con no cargar lo que en realidad no nos corresponde.

Una misión bien comprendida, nos da fortalezas inimaginables; sentido de vida.

No todos podremos cuestionarnos los asuntos medulares de la vida. Parte de nuestro quehacer es comprender la vida propia, conjuntamente con lo imperioso y no postergable de saber qué tanta fortaleza se nos demanda para estar enteros.

Simone de Beauvoir, escribió un libro llamado -La mujer Rota-. Teniase claro desde entonces, que rompernos por dentro es lo más fácil; es por eso que hay que tener presente que es lo que nos fortalece. Ya la época actual nos hizo sentir que entramos a una era en la que la inteligencia del homo sapiens ha de dar fe.

Nada de eso ha sucedido tal cual. Se han visto procesos retrogradas y como hemos aplicado lo absurdo de la violencia inimaginable. En la Antropología se dice: -para nada somos violentos en el ser que tenemos como parte del homo sapiens-. Agredimos por distorsión mental y por aprendizaje incorrecto. Nada más.  

 Tal vez la naturaleza del ser interno de la especie, se transformó más rápido de lo esperado por las demandas de la convivencia y el sentido de la vida social se trastornó.  Creo que el ser interior del homo está enfermo, porque no nos hemos dado el permiso de conocernos como lo que somos y se nos ha exacerbado el imperioso modelo de las posesiones, antes de hacernos más que nada personas plenas. Nos hemos desligado tanto unos de otros que tal vez en ese ámbito radique la insanidad que vemos reflejada en los espacios del mundo de hoy.

Cuando sabemos que pertenecemos a la misma especie, pensaríamos que está asegurada la empatía. No es así. Hemos sobrevivido a tremendas pruebas grupales en épocas muy remotas que se han superado, resulta raro que no comprendamos como dentro del mismo grupo al que pertenecemos nos estamos haciendo tanto daño.

A ratos me queda claro que somos como una especie disfuncional. Que estamos conscientes de que somos humanos sin saber entender qué significado tiene ese aspecto tan medular, el cómo es que estamos tan ligados entre sí y como nos definimos en lo profundo que nos une; eso que es seguro y fue parte central de los primeros años de la especie.

                                                                     Continuando con los pensamientos de Virginia Woolf y su diario personal, me encuentro algunas aseveraciones de ella que dan fe de que hace mucho que nos encontramos con cuestiones a responder, y que poco se dan en la realidad las respuestas. Son algunos escritores los que las abordan y creemos que es importante saber que parte nos incumbe.

Entre 1922 y 1923, Virginia dice:

-Pareciera que no tengo asiento en ninguna parte. Me da la impresión de que he de tomar la dosis de medicamento indicada, si no quiero sentirme perdida-. ¿Qué interesante resulta esto, que viene de un ser con tantas posibilidades artísticas en las letras?, nos aclara como a veces no estamos enteros aun pudiendo estarlo.

Con toda claridad se daba cuenta que ella estaba enferma. Quería adosar a su vida un tanto más de plenitud. Aquí, vemos como el ser consciente permite a su conciencia ayudarle, aun sabiéndose con dolencias y necesitar de algunas muletillas. La autora quería continuar con los textos que le definían y así mismo se daba la mano a sí misma.

-Si, estoy muy contenta de que en mis lecturas he podido vislumbrar un tanto de filosofía-.

En general le tememos a filosofar. Mas bien nos gusta que nos den todo digerido, y si de pronto nos surgen preguntas, nos gusta que otros las respondan. Virginia se esforzaba, aun con la pena de saberse limitada por una mente bipolar, sin saber exactamente lo que eso significara. Eso, es admirable en ella. Por eso en toda su obra se regula con muchísima creatividad el pensamiento.

-Con la filosofía… se me otorga un momento de sensación de libertad-. Nos dice.

(Paraf.).

La traducción de su diario personal es tequiosa.  En inglés es mucho más fácil poder observar cómo sus sentimientos responden a una vida bastante bien tomada por los cuernos, y compartida con los amigos intelectuales y acompañantes. Sabemos que no logra todo lo propuesto. Aun así, es una mujer admirable.

-La cualidad que más respeto es la de la individualidad. Se que mi obra ira en ese camino-. Nos dice.

-A veces las ideas las tengo que escribir de un solo momento, de una sola vez, esto me produce mucho placer al plasmar, estoy suspendida entre la vida y la muerte-.

-Encontrar la propia voz, todo un reto-.

-Estoy aprendiendo del mecanismo de mi propia mente-.

Todos estos, pensamientos actuales y vigentes para cualquier ser del siglo XXI.

Todos, absolutamente todos estamos con la provisión mental para poder conocernos más y más cada día, aunque parezca una empresa inútil, es la que lleva más sal y pimienta para que la vida se haga más asombrosa, más vivible y ni que decir llena del aliento divino que todos necesitamos, como lo podemos ver en la búsqueda de algunos escritores.

Es un hecho que Virginia Woolf ha escrito su diario para darse fuerzas. La fortaleza cada ser humano la encuentra en su ser interior, sabiendo en que consiste y dándole entrada como una formación mental primero y luego realista.

Tomó muy en cuenta lo que todos los del grupo Bloomsbury le aportaban. Creyó en sus amigos y la sociedad literaria que formaron siempre fue un apoyo.

Citando a Dostoievski, nos dice: - Este autor apunta que es uno más que nadie, quien debe escribir sobre los propios sentimientos, los más profundos-.

Sin proponérselo como un tema central, la autora nos deja claro que estaba muy preocupada por el sistema social de su tiempo. Lo refleja en los movimientos sociales cercanos a ella, los modos de escribir que estaban cambiando y ni qué decir de otras bellas artes de las que fue cercana, la pintura que tanto importó a su hermana Vanessa y que dejó fidedigna obra admirada hasta hoy en museos.

En estos dias en lo personal, me preguntaba en que consistiría hacer más pura la vivencia personal. Que tanto influye la gente que nos rodea para hacernos más o menos críticos, y como lograr ese equilibrio y fortalecernos.

Nada es tan sencillo como de pronto solemos verlo… y es cuando habremos de meter retranca para no abrumarnos con realidades que nosotros no podremos controlar. Es la naturaleza humana con tendencia a querer llevar los controles y todo en las manos personales, lo que puede ser falaz. Lo nuestro hay que aceptarlo.

No hemos venido al mundo más que a cumplir esa misión encomendada. No importa que tanto será o no entendida por los otros, es personal.

Así es como llego a la libreta # 95.

Tenía aún muy a flor de piel lo que el zen me había venido enseñando, de que la vida tan solo es hoy. Este asunto después se depuró en mi vida, porque si es muy bueno saber que hay que vivir el día con plenitud, pero eso no abarca a toda la realidad que no debemos desdeñar ni dejar de ver. Esa combinación de ver lo del hoy mismo, mas lo que conlleva toda la realidad que nos rodea con bemoles y visiones.

Los momentos melancólicos, exactamente como los vivió en sumo grado Virginia Woolf, son necesarios de ser aceptados y bien vistos. Saber que son como pequeños duelos interiores que nos debemos permitir, dejar que nos toquen; es decir no luchar contra esos sentimientos sino saber que son parte.

Empezar

Un ciclo mas

Un mes mas

Un mes menos

Sol renovado

Adentrarse en los vientos nuevos

Cielos que se pintan variados

Agua de lluvia que llega

 Cielo iluminado

Luz de ser, que renace

Amante, el retoño desentraña

Mariposas que acuden

Aguas murmurantes

Vida palpitando, nueva

Recomenzar. MJ

 

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