martes, 30 de diciembre de 2025

 

Edificar, el día a día. (2)

                                            Como mujer, no tengo país.

                                            Como mujer, no quiero un país.

                                            Como mujer, mi país es el mundo entero.

                                                                                                             Virginia Woolf.

A Virginia, el diario personal le sirvió para ordenar la mente. Ahí veremos más que nada pasajes que apuestan a obtener mayor propósito, así como de la seguridad hacia los fines queridos, no solo deseados.

Es un hecho que su padre le abrió completita su biblioteca. Un intelectual, culto y bien plantado en la universidad, Mr. Stephen le dio a su hija las bases de una manera de ser, sin duda alguna. Así se conjuntan las realidades para lograr las mejores edificaciones. Y, no importa cuánto tiempo sea el que tengamos disponible, o lo que nos tome vivir la misión para la que hemos venido: eso llegará. Es la voluntad de ser, lo que venimos a hacer en el mundo que nos ha tocado. Como bien diría Cristina Pacheco: -donde nos tocó vivir-. Lo que dicta el camino de edificarnos, es transformador. Hacer el quehacer dignamente, sea casero o sea intelectual.

 A la madre de Mary Shelley (Autora de Frankenstein) casi la deja plantada el padre de Mary (a la hora de hacer pareja) porque tenía muchas faltas de ortografía. Con esas bases el hombre no quería lidiar, quería una mujer que estuviera en verdad y en todo a su lado, de tú a tú. La fuerza de un texto posterior les hizo tener una vida juntos.  La madre murió a los dieciséis días de nacida Mary. Esto mismo marcó su vida para llegar al camino de idear un ser perfecto.

En lo personal, los textos de Virginia han tenido mucha influencia en mi vida. No tengo la fecha concreta en que comencé a leerle, de lo que estoy segura es que todavía estaba en la etapa de cambios de pañales y cuidados de niños pequeños. La edificación mental se daba a partir de esas lecturas por la noche, aunque mil veces me quedase dormida con el libro entre las manos.

Virginia llego a mi librero bien parada para nunca más moverse de ahí. Al ser releída, se ha ido impregnando en mí, el gozo y disfrute de ese estilo libre que le caracteriza.

Uno comulga con los sentimientos de los escritores que nos dan parte de su vida. En cada letra y fraseo se le percibe y más cuando se conocen los diarios personales.

Era difícil en la Inglaterra de su tiempo poder hablar con voz propia. Lo logró y con creces.

Perdió a su madre siendo muy joven. Con esto, vemos que la gana de narrar para bien se hizo imperante, cuando el escribir se asocia con pérdidas, cada escritor entrega conocimiento y un arte especial exacto como le paso a la Shelley. En ambos casos, el padre vuelve a contraer matrimonio y ellas, no solo escriben, sino hacen el esfuerzo por adaptarse a la nueva vida.

                                                           Durante el siglo XIX, las creencias religiosas comenzaron a fracturarse. Europa, nos dice Alain de Botton:

-Habíase venido contestando asuntos tan básicos, dando las respuestas más profundas como lo son-:

¿-Qué es el significado de vivir-?

Es claro que había cuestionamientos fuertes en el ambiente y los cambios se perciben como si fueran los olores que salen de una panadería de hechuras recién horneadas, fuertes y penetrantes. Muy claramente profundos, tal cual como en cualquier época uno debe hacerse las preguntas y nunca barrerlas al viento.

También se cuestionaba ¿-Qué es realmente la moralidad-?

¿-Qué es morir-?

 Muchos habitantes del viejo continente dejaron de apostar a pie juntillas por los postulados más tradicionales, sintiendo que había necesidad de cambios. Es así mismo, que la religiosidad se tambaleo y sufrió muchos vaivenes. No digamos los postulantes, que tambien se vieron inmersos en remolinos de preguntas fuertes.

Las ciencias entraron demasiado en juego, sobre todo las relativas a la especie humana, ese hombre que se edificaba desde nuevos descubrimientos. Al individuo ya no se le percibía con esa naturalidad planteada por las escrituras, ya había más y más evidencia de un homo sapiens que había tenido que bregar en los ámbitos de la supervivencia para dar fe de su especie.

Había, para completar el verso, excesos de supersticiones, y esto no ayudó en lo más mínimo. En la época del romanticismo como le paso a Mary Shelley, tambien la ciencia daba giros fuertes, había nuevos conocimientos que impactaban.

Hubo una entrada triunfal de la literatura, sin duda alguna, desde el siglo XIX. Frankenstein se publica en 1818. Hoy día hay mucha revisión positiva al respecto.

Se buscaba una felicidad real. Siempre se ha bregado por eso mismo, solo que en diferentes ambientes y fuerza de cada época. Se sentía que la que se vivía en esos momentos solo había dado respuestas a algunos, era justo que más gente pudiera beneficiarse.

Las emociones estaban vetadas. Cerradas a piedra y lodo todo en los cuerpos humanos, en cada ser que se preguntaba sobre el alma. Dentro de los pechos humanos se albergaban angustias innecesarias. No se les daba permiso de salir a la luz a los movimientos interiores, todo lo emotivo se ponía debajo de la alfombra.

Mucho de lo que salió más adelante, fue harina del costal que dio paso al horneado en los consultorios psiquiátricos. A la emoción se le empezó a dar permiso de salir. Se logró de a poco al conversar, ser parte de la vida de relación. Al compartir.

Se empieza a dar identificación afectiva al leer a los autores de escritos que antes se pensaban tan solo como divertimento y luego ya se les situó como apostatarios de cambios de mentalidad. Los más cuestionados habían venido a revolucionar y a dar postulados inimaginables. Hubo un tanto de escándalo.

Se empezó a hablar y a escribir como si se estuviera en una conversación, una manera de comunicar mucho más liviana y llevadera.

Algunas personas se permitieron hacer autoexámenes, para poder decirse a sí mismos: ¿Qué es lo que pasa? como dolía la vida y que era eso de romperse.  Muchos congéneres sentían presión o tal vez indiferencia del mundo ante su ser. Es así que se dio el: permitirse. Se comenzó a permitir el errar, como parte de la vida. ¿Quién es perfecto para pensar que los errores son nefastos? el falto de humildad, porque errar, es de humanos. Permitir el escoger, el convivir con personas que estaban a ratos muy sojuzgadas ante las premisas cerradas de una sociedad que a todas luces cambiaba. Cuestionar ¿qué era lo que una mujer sentía o quería? Puertas se abrieron en todos los sitios, en todos los ámbitos. La misma Virginia se pregunta: ¿porque tanta atención a sus hermanos varones y ella y su hermana confinadas a labores diferentes? ¡que no es que las desdeñaran! (por ser mujeres educadas) pero que se cuestionaban por no dar el ancho de sus ambiciones tan realistas y fidedignas. Verdaderos anhelos de mujeres inquietas, hubo encontronazos, evidentemente. Obviamente que la inquietud, en particular la femenina hizo estragos, porque a las mujeres leídas y estudiadas se les temía.

Se sentía, que en los textos literarios se podrían completar las ideas de lo que se vivía, se trataba de encontrar esa edificación tan difícil entre razón y espíritu.

                                                     En 1922, George Gordon en su lección inaugural del curso de literatura en Oxford, dijo:

-Inglaterra está enferma. La literatura inglesa tiene que salvarla-.

Se empezó a considerar que las novelas y los libros de historia habrían de ser edificantes. Se pensaba ya, que fueran fuente de instrucción para mejorar la vida de cada día, recomponer la moral y considerar que el arte tendría que ser un camino.  El arte tambien toma caminos nuevos, de terror para algunos que no podían entender con valor artístico eso que se plasmaba a la prima, es decir a brochazo limpio y puro. Ese puro y duro sentimiento tomo su lugar en los lienzos, en los coloridos seleccionados y los colores se empezaron a reconocer como fuentes de energía. Surge, sin remedio y por la Gracia de Dios, el arte nuevo, el arte abstracto. Concebir sin lo figurativo y llevar el trazo a extremos tremendos, que causan tambien, el no/arte, ese que nos inquieta y se cuestiona en la vida actual.

El ser humano tiene en el espíritu asuntos que puede expresar con los colores o tan solo con los trazos más irreconocibles, yéndose hacia el sentimiento, eso sí, expresado armónicamente y con técnica. No todo embarre es arte.

La literatura, bien asumida y bien llevada nos puede cambiar la vida misma.

Este postulado nació, tan solo para crecer, para hacerse parte de toda sociedad que se preciara de buena vida. La buena vida de poseer, fue dando lugar a la enorme vida de poder ser, estar.

                                                                         Porque la lógica no siempre impera en los derroteros de nosotros los sapiens. Claro que no. El mundo tambien tomo caminos para ponerse de cabeza. Tenía que ser así, los seres humanos somos seres de movimiento, ante todo, vivimos esas etapas de supervivencia siempre. Ambientes hostiles hemos superado. Mary Shelley ante sus mil sufrimientos e incomprensiones vitales, nos regala una pieza artística con Frankenstein. Momentos duros que no son estáticos, son fuerza para crear. Lo tremendo fue que no todos podamos escuchar los postulados que son en verdad edificantes. Confundirnos tambien es parte de nuestro ser, lo hemos demostrado con creces.

Ante la mimetización mundana algunos grupos tuvieron terror de perderse en el océano de propuestas tan similares y vinieron las distorsiones en muchos de los sentidos, que hasta hoy día las estamos viviendo.

Mas, sí que hubo propuestas que edificarían más certeramente. Si las hay hoy mismo, y los individuos con creces podremos hacer la parte que nos corresponde. Deslindar lo destructivo y plantar la edificación hasta en lo mínimo, de cada día.  Tambien hay algunos oportunistas que siempre proponen falsedades, la tarea es observarlas.  Así lo vemos con los sectarismos que hoy día son motivo de estudio de muchísimos congéneres, que están apostando por una nueva conciencia.

                                                                          Quienes asumimos tener familia, hacer una vida de relación para esa parte de aporte al mundo, sabemos la leña que lleva el dulce. Nos queda claro que en los pensares actuales eso ya no es lo imperante para todo ser. No hay que temer, el péndulo siempre se acomoda.

 La vida de cada persona se valora en la sacralidad que le motiva, nada más.  Es por eso que se guarda mucho el cuidado de no opinar al aire, cuando no sabemos toda la historia.

Todos, absolutamente todos los seres humanos vivimos periodos de solidificación de creencias y vivencias, y debemos estar alerta de aceptar esos movimientos. Son lo único que nos conducen a la verdadera paz. Me encanta recordar que el color de la paz es el naranja, porque es la fuerza del fuego divino de la deidad en la que creemos. No importa que no todos tengamos la misma.

Nunca faltar a las citas con el destino. Sernos fieles a nosotros mismos. El dolor es liberador y es seguro que nos lleva a nuevos conocimientos naturales.

Séneca nos aclara: Ocio, no es lo mismo que Pereza. Cuidado con confundirlos. El ocio es producto de la observación de la que nacen nuevas ideas y la pereza es sofocación del pensamiento sin más, que no querer aportar.

                                                                        Es así como un diario personal nos puede dar las herramientas para apostar por más confianza en la vida misma. En el día a día, no dejar de ser observantes de eso en lo que, si confiamos, sí podemos. Poner en las líneas de vida el camino de edificar que no necesariamente se escriben en una libreta, se postulan en ese quehacer que es de plena confianza y certeza de ser, cada día. Si tenemos en la mente los postulados de la religiosidad en la que creemos, estaremos mucho más seguros de que hay y habrá buen camino.

                                                                     Es así que llego a la revisión del diario número 88. Un cuaderno que de entrada me muestra lo que iba encontrando yo misma, el aporte natural del día a día. Lograr cada vez más valor y entereza de vivir con lo que se elige.

Leí, por primera vez ese gran libro que hemos comentado anteriormente, titulado Fluir. Comprendí que no todos fluimos de las mismas maneras y eso vale mucho. Todos, si nos aceptamos, es seguro que podremos postular para el Bien.

Escribí un término que cada día me resuena más: Caserísimo, es decir: el valor profundo de lo vivido en casa. (Continuará).

 

 

 

 

 

 

miércoles, 24 de diciembre de 2025

 

Edificar, el día a día. (1)

                                            La pureza interior, es una Bienaventuranza. MJ

                                        

                                             Prácticamente la vida que vivimos se gesta por dentro de nuestro ser. Estar en claridad con lo que se vive, mente y realidad como un todo, es lo ideal sin soslayar que la vida se propone en la mente y se aterriza en la realidad. La mente y las razones son el espacio de luz, si así lo queremos. Ya sabemos que no solo es desear, porque lo importante es tener la voluntad de lograr cada día, con tan solo lo que nos corresponde. No se llega al mundo a vivir, sino a expandir la conciencia que va de la mano de la vivencia, al hacer de la vida un reto.  La mayoría de nosotros lo tenemos todo en las manos y por momentos sin damos cuenta, nos absorbe  lo inmediato, y no lo que en realidad nos corresponde, querer.

                                                En la Biblia, edificar está unido a la idea de plenitud. Esto quiere decir: poner todos los elementos del día en unidad y obtener armonía. No es trabajo sencillo, aunque tiene una dinámica un tanto natural: mientras más se practica más se facilita. Quienes vamos a escuchar la palabra los domingos, de ahí obtenemos una parte muy significativa para llevarla a la vida cotidiana.

Es tanto lo que se plantea hoy día al género humano, que el sentido de la religiosidad se ha confundido en esencia, hay un mar de propuestas que, si no se saben poner en su sitio, solo distorsionan. Cuando todo nos parece que proviene con el mejor sentido comunicativo y fiel y hablar con la verdad en la mano se sugiere como lo más natural, no siempre es así. Al afinar las percepciones es cuando se desarrolla el poder de edificar, que lleva ritmos diferentes al de construir.

Fui hija de un constructor y creo que apenas en la séptima década de mi vida es que me estoy dando cuenta de cuanto contó ese aspecto en mí misma. El verbo, edificar viene de la raíz del sentido de elevar y en el caso del espíritu, es la manera cómo podemos implementar elementos en el alma. Hacer mucho más digno lo anímico, que es la propuesta fundamental de toda religiosidad, y más que nada de toda vida.

La misma definición de la Real Academia nos dice: -Infundir en alguien sentimientos de piedad y virtud-. Tomando este último concepto nos queda más claro que si conocemos las virtudes nos será más fácil edificar, las que se denominan teologales que son: Fe, Esperanza y Caridad.

Las virtudes conocidas como cardinales son: Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza. Y como colofón podremos cerrar esta lista con la virtud moral que tal como lo dice la dicción académica: -Hábito de obrar bien-.

Nos queda claro que no es tan sencillo, porque, aunque por ese camino es por el que se empieza, aclarar lo que es obrar bien es asunto de cada alma humana. Se apunta tambien que independientemente a lo que las leyes proponen (que en cada país son prácticamente las mismas) con las variantes del caso, más nos identificamos como homo sapiens en el sentido de tener clara la razón natural. La razón está presente en toda la formación religiosa, sea esta de la índole o advocación con que se opta para vivir, y no es porque todo tenga que comprobarse. Todo puede caber en los razonamientos más fieles en los que sí creemos. La religiosidad tiene una filosofía. Con lo que en base filosófica estamos más asentados. Sí habría que tener más observancia y cuidado en una religiosidad más razonada y con opción clara, aun siendo la piedad y el sentimiento en sí mismo un don, los caminos de los sentimentalismos nos pueden alejar de lo que en realidad se nos pide con más disciplina. No todo lo que se razona ha de ser comprobado científicamente, claro está. Si se ha de llevar un camino claro de crecimiento, aunque esto sea un regalo divino, también es un esfuerzo realizado. Cuando la presencia de Dios se manifiesta en nuestra vida, no hay vuelta de hoja. Es por lo tanto que, si nos avocamos a edificar, estamos hablando de proponer siempre con las miras hacia adelante y adosando conocimiento. La práctica religiosa no es ausencia de conocimiento, es más bien tenerlo, para que el alma se promueva y se acerque a la pureza deseada.

Solo se vive a dos niveles: El mental y el de la realidad. Mientras no encontremos el punto medio de equilibrios entre ambos, seguiremos siendo presa del stress.

Desde el día a día esa misma circularidad que compone a la cotidianidad es la base.  La certeza de que vamos poniendo ladrillo sobre ladrillo, como algo místico.

Tal como sucede en las construcciones de lo material, poder tener la observancia, los blocs necesarios para que todo se mantenga y sostenga y se viva la creatividad como una certitud.

Mi padre, como Ingeniero Civil y amante de la Arquitectura fue determinante en la vida de sus hijos. Su práctica fue muy bondadosa y asertiva en lo que con naturalidad iba proponiendo siempre con gusto, entrega y dedicación. Al paso de los años lo que edificó en lo espiritual aún pervive, y en algunas de las obras materiales. La voracidad actual de destruir algunas construcciones se ha llevado mucho. Las construcciones emblema de épocas pasadas se van, como paja volátil.

Pude observar cuando le acompañé de niña, a las construcciones en curso, como él mismo checaba lo que se había ya edificado. Siempre se hablaba con el jefe de albañiles en términos de que todo quedase como lo propuesto por las leyes de la ingeniería. A veces vi a mi padre tocar con la punta de su bota de trabajo (unas botas de color caqui que yo admiré en él, porque quedaba claro que pisaban fuerte) tentar como iba quedando la base constructiva de todo. En una ocasión me tocó ver que tan solo poner el pie en un muro hizo que este se desplomara como si fuera de arepa, y hubo discusión porque ante lo sucedido quedó claro que se había mal hecho. Tan solo dijo - ¡a recoger el escombro muchachos!  y volver a hacer.  A nadie le gusta que algo que parece bien construido se caiga, pero esa edificación que está mal hecha, es una mezquindad. Como diría mi madre: -El flojo y el mezquino, van dos veces el camino-. Y, claro, no pasa nada porque en ese repetir, es cuando muchas veces más se aprende. Me espanté cuando vi caer ese muro que parecía bien hecho y cayó como si fuera de papel. Y si esto lo pensamos mejor y lo llevamos a la vida de cada día, edificamos poniendo los elementos de formación de las ideas.

                                                          En el caso de quienes tenemos como modo de vida, escribirnos, lo hacemos con alegría y entusiasmo. Ese edificar la vida al ponerla por escrito permite un asiento que perdura en uno mismo y tal vez (como yo, hoy día que reviso) pueda permear en otros seres. Lo hago desde niña, aunque por supuesto tuve etapas en que no escribí nada.

Tengo clarísimo el día en que recibí mi primer escritorio personal. Era grande, de manufactura de madera sólida y había sido hecho en la carpintería de mi padre. Tenía todo para las obras arquitectónicas. Ese mueble, tenía tres cajones de un lado y uno central. Ahí guardé mis más preciados tesoros, varias plumas y lápices de color que siempre recibía como parte de regalos habituales. Mi padre lo sabía y en silencio iban llegando. Mi primera pluma fuente la recibí en la adolescencia. Fue una Schaefer dorada de puntilla muy fina, provino de la hermana de mi padre que, en una nueva etapa de vida cuando ya vivimos fuera de Mérida me regaló otro escritorio. El primero era muy grande y se quedó en la ciudad natal.  Secreter estilo antiguo, que conservo hasta el día de hoy. La vida a veces debe vivirse tan cual va presentándose sin darle mayores vueltas a los asuntos.

En la adolescencia más que nada escribí cartas. Algunas las realicé con la máquina de escribir tradicional y con papel carbón, así que guardo algunas copias. Otras muchas a mano, se fueron a sus destinatarios y tengo las que conservé de varias personas.  Cuando las releo hoy día, percibo en la letra manuscrita el alma de ese alguien que escribió, me doy cuenta como está reflejado el sentido de la época, no solo en lo que pasaba en la vida de cada quien, sino en la realidad. En lo personal tuve una niñez larga, aun a los trece o catorce años solo pensaba en jugar tenis y estudiar.  Tuve un enamorado que estudiaba en Monterrey y me escribió mucho. En realidad, yo no estaba aún preparada para lides amorosas. Venía a la ciudad de México (en donde viví varios años) a verme, y la verdad inventaba pretextos para no salir. Era un hecho que para nada congeniábamos. Aún me faltaba más tiempo para enamorarme por primera vez, asunto que se dio alrededor de los dieciséis años de edad y de la manera más inesperada. El amor inesperado es eterno. Se queda en nosotros de diferentes maneras y no siempre es el del matrimonio, que ese sí que es harina deotrocostal. El compromiso nos lleva a otros niveles, no siempre fáciles, mas sí los tomados a voluntad, como quien dice a capela, todo fluye.

El correo electrónico vino a cambiar muchísimo ese placer de tomar un buen papel y una pluma elegida y poder redactar a mano libre y de puño y letra.

En estos nuevos renglones me avocaré a hablar de pasajes de diarios personales de escritores que he leído. Una mujer es mi preferida y como literata me ha acompañado con todas sus obras durante mi vida adulta: Virginia Woolf. La conocí a través de mi marido y no ha salido de mi vida. Nada de los libros que guardamos en casa con celo y recelo se ha ido nunca (hemos hecho donaciones a bibliotecas, de los materiales que han cumplido su cometido) sabemos cómo los libros de papel nos atrapan y son ellos los que no nos sueltan.  Nuestro ambiente peninsular es húmedo y a veces de plano se deshojan algunos libros. Hay una gran alegría de volver a los libros del pasado, ocurre, y es un gran placer. Conocí a Virginia como si fuera una amiga y lo más tremendo es que me habla en cuanto abro algunos de sus libros como si estuviera sentada junto a mí. Cuando mi nieta a los tres años de edad preguntaba si los peces hablaban entre sí, lo percibo como cuando los personajes reales de los libros pudieran hablar con quién lee. Si alguien me preguntase con quien de los literatos que conozco por sus obras, me gustaría conversar, no lo dudaría un segundo seria con la Woolf. En años pasados fuimos mi hija, mi marido y yo, en busca de sus pasos en Inglaterra, y caminamos parte de sus ambientes y caminos. En sus lares se le percibe claramente en el aire.

El diario personal de esta escritora, emblemática en mi vida, lo he leído tres veces. La última fue este año para obtener los más relevante. Dejar fe aquí en los textos actuales lo mejor que he encontrado en ella, que se ha vuelto una prioridad y me avocare a hacer algunos comentarios. La literatura que nos marca, esa que nos toca el corazón, es la que nos permite identificarnos en muchos aspectos y otras cosas como el abordaje hacia los paisajes tanto naturales como humanos. Le ha tratado de comprender desde los sentimientos más íntimos, así como de las maneras de decir. Permitir más claridad al lector, es la fe que tiene puesta en el alma quien escribe. Todos deseamos más claridad en cuanto a los mitos de la vida. Todos los que le hemos leído sabemos que vivió con bipolaridad, esa que no se conocía bien y que se denominaba de otras maneras entre otras: maniaco depresión.

La singularidad de su ser muchísimos lectores la conocemos con el sentimiento que tuvo de joven, de no disponer de un recinto para ella misma. Todo en su época se dirigía más hacia los varones de las familias, que eran los destinados al conocimiento. Las mujeres eran relegadas a otros ámbitos.

 A Virginia le hizo falta de soltera una -Habitación Propia-. Eso mismo hizo que titulara así, en 1929, una de sus obras más leída. Ella lo sufrió, aunque en la Inglaterra de su tiempo ya se abrían poco a poco las mentes y ni que decir lo que lograron como grupo de escritores al que ella perteneció, el denominado Bloomsbury. Este grupo, ha dejado decenas de textos que han marcado la vida del siglo pasado y siguen dando mucho. No fueron del todo aceptados, es a partir de los años setentas del siglo pasado que van tomando formas especiales estos legados.

Virginia tuvo buenos espacios para realizar esas redacciones que llegan al alma. Cuando vemos como luchó por edificar su interior batallando con la enfermedad que tanto le aquejó (y le llevó a la muerte) nos damos cuenta que es a voluntad precisa que uno puede edificarse, ante el viento y marea que sea. Las enfermedades las más de las veces son detonantes de una edificación nueva en el ser que las padece, solo quien lo ha vivido puede contarlo y más que nada vivir con un nuevo sentimiento de lo que en verdad se quiere.

Con los años me he convencido que sí era necesario que la mujer como fémina vituperada, fuera en busca de los recintos de una creatividad más edificada, siendo ésta dentro de cualquier ámbito y nunca soslayar el de la casa habitación como recinto de formar familia, ese espacio sagrado que por años se mantuvo en la oscuridad de la creatividad y que muchas mujeres han dignificado optando por esos lares, nada desdeñables. Hay mucho que hacer en casa, mientras no se pierda de vista lo digno que ese espacio espiritual resulta y todo lo que ahí mismo se aporta.

Ni se diga la conducción de los hijos que hoy dia tambien están siendo bien encaminados por los varones que deciden ser padres de familia. Las parejas ya son en verdad cómplices, con la mirada al mismo nivel y dirección, con las acciones que edifican en apoyos mutuos en todo sentido. (Continuará).

 

 

 

 

 

miércoles, 10 de diciembre de 2025

 Un día, una circularidad. (19)

                                                   Existe una gran discrepancia entre lo que queremos y lo que podemos. MJ

                                                    Es ley de vida humana el hecho de no poder tener totalmente coordinado lo que queremos con lo que podemos, eso mismo no debe preocuparnos, porque de ahí parte el libre albedrío. La mente es clave y elige, y es así como en lo mental sabemos cómo se gesta la propuesta de vida y ni que decir las expectativas que luego se van asentando en la realidad, éstas toman los caminos para mostrarnos cual es el verdadero derrotero que habremos de seguir.  Las pautas mentales no son lo que pretendimos en la mayoría de los casos y a veces la misma realidad nos dará sorpresas. No todas las cosas han de ser positivas, eso ya lo tenemos claro. Que no haya total concordancia en los hechos en sí mismos, no es asunto de pesar, porque así es como se transforma la realidad.  

Este año que cierra, había yo programado una serie de mandalas diseñados de todo a todo por mí misma y coloreados en lápices de color y tintas. A fin de cuentas, solo logré dos trabajos completos y quedaron en el tintero los demás. Ya programados y en mente con bastante claras las ideas que los harán surgir, solo ha quedado pendiente disponer el tiempo adecuado y ya se dará. Estar programados en la vida o en las acciones más sencillas del día, no basta, hay que tener cierta disposición de ánimo, así como de tiempo. No me siento mal porque dejé de hacer esos dibujos que tanto disfruto, me queda claro que no fue por desorden, sino porque a veces es lo esencial lo que manda el juego.

                                                   En el momento justo en que empezamos a creer que todo es merecimiento (me merezco esto porque sí, o porque soy tal o cual…) y por los pensamientos de lo que creemos y somos y más que nada por todo lo vivido, es cuando se empieza a distorsionar la percepción asertiva. Nadie nace con todas las posibilidades en la mano, aunque se entra al mundo con una familia que puede ser la base del éxito personal o la misma desgracia porque a fin de cuentas somos cada quien y uno mismo nada más quien dirige, y así tendremos la última palabra.

 Si las acciones las queremos redondas es menester un esfuerzo extra. La vida circular es algo que se trabaja y no lleva cantidades adosadas de stress. Todo lo que hagamos correteado y con premura no llega a buen puerto.

 Algunas veces este planteamiento de que hemos venido al mundo a una misión concreta no es fácil comprenderlo, hasta que nos vamos haciendo más conscientes.  Es claro que, si se tienen todas las canonjías al entrar al mundo pues se puede pensar que solo nos resta vivirlas, y no todas las realidades van por el sendero del flujo rápido y concreto del vivir, hay cosas que se toman su tiempo y eso es lo que las hace más valiosas. Estar en la alerta de que es lo que nos toca aceptar, recomponer y poner en su sitio, justo es tarea obligada. Tambien se tiene la responsabilidad de lo que se hace con respecto al convivir y como siempre hemos mencionado, la química humana existe y no la podemos tener bien acicalada con todo ser humano que tratamos. A más sustancia mental y otorgamientos materiales, mucha mayor responsabilidad en el vivir y el convivir.

La vida, es un don que se reconstruye. En primera instancia se nos otorga para vivirla y luego para irla reconquistando, sabemos que al final la entregaremos con todo. Traer las bases de nuestro nacimiento a colación en cada paso que damos no siempre es lo requerido ya que a veces hay que cambiar los derroteros y volver por caminos ya andados y que se nos requiere volver a caminar. La dialéctica real así funciona: vamos, venimos y tal vez volamos a ir. Es en el mundo material en donde se moldea todo, mas es el mundo espiritual en donde se gesta la verdadera vida. Desde el cuidado del cuerpo hasta los avatares que se habrán de librar con el espíritu es así mismo en donde se darán las bases para lo que sigue: Trascender.

Todos necesitamos la ayuda del ejemplo, la formación personal es una serie de eventos concatenados que se nutren de lo que vemos y aprendemos como críos y ni que decir cuando adultos las riendas están en nuestras manos. La conducción mundana, si queremos avanzar en buen sentido, se ha de ir reconstruyendo paso a paso y a trotecito lento como dice María Dolores Pradera.

Se sabe que los seres abandonados a su suerte siempre se confunden y les parece más objetivo hacer lo distorsionando, en honor a la verdad, es lo más fácil.

En cursos de espiritualidad que tuve a bien escuchar en años pasados, se nos dijo: -responde con la primera respuesta que te da tu intuición-. ¡Desde luego que sí! lo que intuimos es factico y trascendente, pero no siempre le hacemos caso ya que nos encanta darle mil vueltas en la mente a todo. Observemos lo que sucede en el ámbito de los críos, éstos tienen las respuestas a flor de piel, y están tan seguros cuando aseveran o niegan que habremos de tomarlos como nuestros pequeños maestros. El adulto actual está dando señales de insensatez y de que no logra cuajar los derroteros (si es que los tiene planteados). Ahora sí que el mundo tiene de chile y de manteca: hay quienes sin pensar dan los pasos y otros los relegan en la mente hasta perder la razón. ¿Como si las prisas llevasen un valor intrínseco que de pronto resuelven sin mayor uso del buen talante? ¿No se logró lo esperado? a otra cosa mariposa, y vemos que con la mano en la cintura el cambio manda ¿y el esfuerzo por algunos asuntos brillará por su ausencia? En algunos casos esto es triste, se rompen acuerdos tácitos y no se toman en cuenta vivencias pasadas. Parejas… ¿qué sueltan el compromiso matrimonial como una papa caliente? y familias enteras se ven trastocadas por la falta de razonamiento y fe. Decía mi padre, -Hay que tener fe en la vida y en lo que hacemos-. Y en lo personal pienso que de la fe en la vida se fortalece la fe en el Dios que nos rige. Esto que vemos en la actualidad que tantos jóvenes cometen el error de casarse por casarse y en un muy corto tiempo todo lo mandan a la goma, no es pacata minuta, afecta y destruye el sentido de trascender. Es muy claro que no se puede uno quedar a fomentar y hacer crecer algo en lo que no se tiene fe, mas lo importante de haber tomado una decisión equivocada es lo que da la pauta constitutiva. En la actualidad muchas cosas se hacen tan solo por el prurito de pasar la prueba. Una vez concluido el asunto, todo se desbalaga y cada persona sabe que tiene otros caminos que recorrer, porque ante la duda, a veces se toma un camino de prueba/error y hay errores que pueden costar muy caros. Aun sabiendo buscar los principios de una buena ética, de una buena moral.

Cuando logramos percibir en la vida que llevamos una reconstrucción constante y que hemos adosado buenas ideas, buenas creencias y buenos sentimientos, veremos frutos. Aun en los dias más monótonos, algo bueno sucede.

No solo es elegir por el hecho mismo de hacerlo, se sabe que el alma se afina con las experiencias y más que nada por las observancias y que es ahí mismo en donde encontramos esa claridad de lo que es la voluntad de Dios. Nunca impuesta.

Cuando dejamos que el aire de nuestro ventanal matutino nos roce la cara, y aun poder seguir sintiendo el asombro fuerte de estar vivos, pues estamos realmente proponiendo para bien. Es otro gallo el que nos canta.

Durante este año que releo, tuve la ventura de disfrutar de la mayoría de las películas de Pedro Almodóvar, el cineasta español que nos lleva a sus mundos muy personales y nos regala coloridos extraordinarios. La presencia eterna del color rojo en cada una de sus escenas, a veces con más volumen a veces tan solo como un pequeño punto en la escena, cuando ya lo sabemos y lo percibimos, es ahí mismo que nos avocamos a encontrarnos con ese spot de tan especial color. Estas películas se gozaron mucho en la pantalla grande, son el tipo de cintas que uno quiere repetir, y yo las repito apenas puedo. Son eternamente artísticas y gozables. Creo que son más impactantes en esa misma dimensión: la del asombro constante. Aquí en casa volvemos a las cintas que ya hemos visto, La Novicia Rebelde es una que en fin de año nunca falta, en dias tranquilos de reposo.  ¿Qué podríamos pensar que nos está proponiendo una cinta vuelta a disfrutar? En las de Almodóvar el color rojo no da la dimensión del amor, el cariño filial, del amor de la pareja y más que nada del de la incondicionalidad. Nos ayuda a saber cómo es ese amor sin condiciones que tanto se nos escapa de las manos y que siempre lo propone él mismo de las maneras menos esperadas, más que nada en la cotidianidad con tremenda postura artística en el ser y estar. El, difunde los modos de vida de una España que él mismo ha sabido observar y decirnos que tambien se puede extrapolar a otros ámbitos del mundo. Son películas eternas, llenas de arte y de interacción humana que nos hace poder siempre llegar a una reflexión redonda. De la vida diaria.

En las películas de Almodóvar se deja claro que no todo lo que se quiere, se puede. Nos presenta puntualmente a personajes tal cual son, no estereotipados. Nunca perfectos los personajes ¡cuánto nos aterrizan y que bueno! Nos bajan a tierra.

En lo personal venia hacía ya muchos ayeres, soñando con un toro negro que se aparecía en mis sueños nocturnos en habitaciones, en recuadros, en la parte exterior del mundo, en todos lados. Me hubiera encantado preguntar a Almodóvar ¿qué con esas imágenes? ¿Qué significado puede tener esa visión? No soy afecta a los toros, es decir a la fiesta brava que para nada es lo mío, pero el toro ahí mismo se aparecía. ¿Sería que estaba valorando que yo tambien podría denunciar que esos ruedos de matanza eran inapropiados? ¿O tal vez tendría algo de mi pasado en donde me llevé un buen susto con uno de esos astados? A veces en casa me hacen bromas, diciendo que tal vez en alguna otra vida ahí en España en los encierros de Pamplona, fui víctima de algún asunto, que sé yo. Si, en verdad que les temo. En una ocasión yendo por una carretera en rumbos de Campeche, de pronto nos vimos rodeados por una masa enorme de toros, exacto cuando nosotros pasábamos por unos prados, estos animales cruzaron la carretera y les llevo muchos minutos pasar al otro lado de la cinta asfáltica, que para mí fueron horas. Ese atravesar rozando nuestro automóvil fue muy impactante. Todos los presentes se animaron haciendo broma y media al respecto del asunto, sabiendo que no solo venia soñando con uno de esos, sino que en verdad les temo. Bendecimos al cielo porque al final no pasó nada, creo que ellos estaban más asustados que todos los del auto, que de pronto parecía una pequeña hoja al viento ante tanta mole de animalidad. Llegaron a estar cerca, muy cerca, porque a través de las ventanillas algunas miradas se cruzaron con las nuestras, como nunca se me había dado y al fin paso el momento amargo.

¿Será que la vida nos permite extremos en las vivencias para superar asuntos no resueltos? No lo se. Solo puedo recordar que fue tan impactante verme rodeada de toros, al grado de que si abría las ventanillas podría tocarlos, que no volví a ver al toro negro en mis sueños nocturnos. De pronto se fue, para siempre jamás.

No recuerdo mayormente que Almodóvar mencione o ponga asuntos de los toros en sus cintas, creo que no es un tema que le importe mucho, aunque puedo inferir por su sensibilidad que no estaría de acuerdo con la fiesta brava.

En las películas de este gran cineasta, el sentido de las palabras puede hacer grandes diferencias, es por eso que me gusta volver y volver a escuchar con más atención y ni que decir a las imágenes que acompañan a diálogos constructivos.

Cuando niñas mi hermana y yo, tuvimos unos sweaters color rojo fosforescente que disfrutamos muchísimo. Mi padre era afecto a traernos en sus salidas de viaje ropa de colores muy particulares, algunas veces estridentes para la época y otras tantas con esos tonos oscuros que él consideraba muy elegantes, y serios, que no lo eran para unas niñas pequeñas. Mi madre ponía el grito en el cielo, ya que no todas las veces ella supervisaba esas compras tan especiales que a él le gustaba hacer para nosotros. Cuando nos quería vestir de negro, entonces si mi madre se oponía, porque de plano decía que no era para nada adecuado en esas épocas. A los críos se les vestía con colores pastel, pero al final mi madre comprendía los argumentos. De mi padre heredamos la sensibilidad a muchas cosas, en particular al gozo con los colores. El, tenía la visión de los colores a flor de piel. Saber cómo tener claro que no se asocia nada negativo a ningún color lo aprendí desde muy niña. Esos sweaters los trajo mi padre a casa de un viaje que hacía con regularidad a la ciudad de New Orleans La., y no llegaban porque en nuestra ciudad del sureste hubiera tanto frio, sino porque tambien le gustaba ir a la ciudad de México en automóvil y hacer recorridos por otros estados de la Republica en donde si había más bajas temperaturas. En una ocasión fuimos a San Miguel de Allende y desde el hotel en donde nos hospedábamos había la posibilidad de hacer recorridos a caballo por algunas partes de los campos. Iba yo muy feliz con mi sweater colorado, hasta que de pronto unos toros se acercaron demasiado y la indicación del capataz que nos guiaba en el paseo fue que tuviéramos prudencia de no correr con los caballos, porque entonces sí sabríamos a que sabe la canela fina. Nos pidió pasar tranquilamente junto a los astados, seguimos las órdenes. En verdad que no llegaron a acercarse tanto como para temer nada, mas la temblorina no se hizo esperar y me detuve, preferí aguantar el frio y quitarme el color rojo de encima, tan vivo y para no atraer tanto a los animales que con la misma se alejaron. (Continuará).

 

 

 

 

 

                         

jueves, 4 de diciembre de 2025

 

Un día, una circularidad. (18)

                                                    La vida, no es la que uno vive,

                                                    es en realidad la que uno recuerda, y como la recuerda para contarla.

Gabriel García Márquez.

                                               Aun las personas que vivimos con la pluma en la mano día a día, con ese gusto de documentar lo vivido y saber que al hacerlo encontramos una felicidad más duradera al volver y releer, la realidad nos dice que es más bien el gozo de dejar parte de nosotros en los demás y nunca está ausente el deshallo que tomado como aprendizaje, nutre. Bien claro lo dice García Márquez, la vida no es exactamente lo que vivimos. La energía que va quedando de las vivencias cuando nos encontramos con otros seres, son momentos invaluables. Nos queda clara la diferencia de seres que ven los encuentros como una interacción social más, de la cual sacar alguna canonjía, y los otros seres que saben compartir el cariño.  

Siempre, todos los humanos llevamos en nosotros momentos de vida que hay que recomponer, es decir volverlos al círculo virtuoso de la percepción, y del recuerdo. Esa terquedad de poner por escrito lo que uno vive, (que yo la tengo desde muy niña, y hoy día mi nieto a sus 7 (siete) años la ha descubierto y la practica también) va a permear todo, desde lo que se piensa y sueña tomando diferentes significados, hasta lo que es vivencia concorde, es decir que nos refleja empatía. En los diarios personales directamente, es más común encontrar pasajes que son fidedignos y puntuales, llevan la fuerza del día a día, eso que deja un buen limo de experiencia.

Varios diarios personales he leído de otros congéneres. Me encanta entrar a esos escritos con el pie derecho, mis seres cercanos lo saben, me los regalan, me los proponen y a veces hasta los compartimos en las conversaciones. Algunos son de escritores de épocas distantes a la nuestra, otros más cercanos y de los que tengo en casa iré compartiendo, como lo he venido haciendo con el del filósofo, Amiel.  Amiel vivió con muchos tormentos en el alma.

 Con mucha puntualidad escribe observaciones interiores de él mismo, de los congéneres que trató. Nos lleva por caminos muy interesantes.  Básicamente refleja como el siglo XIX tiene muchas cosas que son exactamente iguales a lo que se vive hoy: discrepancias políticas, religiosas, movimientos de cambios y luchas.  

No he concordado con todo lo que dice, obviamente, pero cada que le leo me doy cuenta cuantas realidades puede haber en el alma humana. Es profundo por momentos este autor, y muy claro y cercano a sus realidades cotidianas en otros casos. Aunque sus escritos tambien llevan un sello de negatividad y pesimismo, jamás son en vano.

A mediados del año 1873 afirma -Todo se repite por analogía y cada pequeño rincón de la tierra reproduce bajo una forma reducida y universal todos los fenómenos del planeta-. Básicamente nos aclara que no hay nada nuevo, los asombros en realidad son producto de una voluntad creativa, y cuando esto lo comparamos con lo que dice el autor de Cien Años de Soledad, pues nos damos cuenta que las bases para interpretar lo que vivimos, son las mismas. Los tiempos y épocas es claro que tienen sus modos específicos, pero es interesante ver lo que un humano de años pasados piensa y como puede ser tan actual.

- ¿Como dudar de que nuestra muerte sirva tanto como nuestra vida y que nada se pierda de lo que es prestado? El préstamo mutuo y el servicio temporal parecen la ley de la existencia-. Nos dice. Y, así mismo podremos pensarlo cada uno, hoy. La existencia esta permeada por nuestras mentes que se conservan serenas si somos fieles a lo que creemos. En el caso del católico, siempre sabiendo que el cuerpo es tan solo ese préstamo temporal, y que la vida posterior a la muerte tendrá sentido.

Así es que Amiel nos afirma: -Lo que debe ser, es-.  Creo que la paz es invaluable.

Hoy día se habla mucho de que nos hemos vuelto tan individuales que perdemos la perspectiva global, ya hasta los estudiosos de la geopolítica nos dicen que la globalidad ya es un concepto obsoleto. Desde este nuevo siglo, el individuo ha vuelto a tener preponderancia, así como el sentido de los nacionalismos. Lo que habremos de analizar es que esto sería más cuerdo si fuera equilibrado el asunto: Si no hay individualidad circular, esa que nos aterriza y centra, nos podremos encontrar con más vacíos de los pensados. Y ¡cuidado!, que un vacío abre otro.

 Hoy día que la mentira ha tomado una delantera inimaginable, mucho más.   Amiel, nos afirma: -Cuando no se siente la individualidad y no se cultiva el amor propio o ese respeto por lo que somos como individuos, es casi imposible ser compactos, es decir consecuentes con una manera de ser y sentir que nos defina y en el actuar ni se diga-. (Paraf.)

Los que somos creyentes y tenemos claro al Dios que nos rige dentro de una vertiente de religiosidad, sí que nos sentimos como que, vigilados (¿?), y habremos de tener claro que Dios no está con los ojos puestos encima de nadie. Ha dado sentido a la creación a partir de otorgarla y desde ahí, todos los que somos parte y las creaturas en activo hemos venido a hacer uso del buen sentido. Nada más.

Dice Amiel -Nada se puede sin la fe; por lo tanto, no tengo fe en lo desconocido; detesto el azar y no me siento ni llevado ni sostenido por la Providencia-. Aquí vemos un desconcierto tremendo en lo que cada uno de esos conceptos le significan, porque hoy día sabemos que ante todo si queremos fe, tendremos que confiar en lo desconocido las más de las veces, y más allá en la Providencia. Claro que es un asunto mental y de voluntad el querer hacerlo, mentalizarlo. No es que lo desconocido nos encante, ni mucho menos queremos entrar a algo que podría ser nefasto, pero si la fe se permea bien en nosotros (eso que a otros podría parecer desconocido) para el católico se torna en paz, al tener claro que Dios nos ha creado con un propósito. Parte de lo propio en relación con Dios es sabernos adjuntos a ese sentir de que somos contingentes en esencia y que volveremos a la grandeza de donde hemos venido.

Es verdad que todo está sustentado en la teoría y ésta debe resonar. Al igual que las palabras, lo teórico ha de tener contexto, si no es así, es como paja al viento. Tomar teorías por utilizarlas como unto de la Magdalena es lo más temerario que hay, porque es lo que lleva a forzar la realidad. Nos dice Amiel -La teoría, la vida del pensamiento, como decía Aristóteles, pertenece a unos pocos privilegiados. Pero son esos raros individuos los que hacen que la humanidad sea progresista y, después de todo, superior a las otras especies-. Es un hecho que nos debemos sentir muy bien puestos en esta tierra porque se nos ha dado todo para vivirla en armonía, aunque esto en ninguna era de la humanidad se haya logrado en la totalidad.  Tal vez por eso lo más cuerdo, como decía el portal del Oráculo de Delfos: Saber que: eres mortal y hay límites en cada ser.

Redefinir en cada etapa vivida, no es poca cosa. Esto de tomar nuevas definiciones en la mente nos trae la base del crecimiento espiritual.

Nos continúa aseverando Amiel -En los pueblos muy sociables, el individuo teme, por, sobre todo, al ridículo, y el ridículo consiste en ser encontrado original. Nadie desea formar bando aparte; cada uno quiere estar con todo el mundo-. Los excesos de pensamiento obtuso es claro que pertenecen a quien no se sustenta con crecimiento, pensar cómo piensa el resto del grupo nos da pertenencia que hay que saber llevar y no caer en borreguismos. Así, se va encontrando la medida del pensar y del hacer. Claro que en las grandes urbes todo fluye más sencillo en los ámbitos de los miedos sociales, porque las personas se adecuan a su grupo de referencia y van como miel sobre hojuelas. El mundo pequeño de los pueblos y provincias está mucho más atento al: SE, es decir él se viste, él se llama, él se pasea, y este SE parece tener siempre la razón-. El SE, la base del chisme también. Es el grupo de individuos que dan pauta y los demás tienden a seguirla. Este SE dice Amiel -tiene tres bocas. La primera boca declara lo que SE dice, lo que Se hace y toma el nombre del uso. La segunda declara lo que SE piensa, y eso es la opinión; La tercera declara lo que SE encuentra bien o bello, y es la moda-.

Es muy bello cuando le escuchamos decir como si nos hablara de cerca y apelase a nuestra época: -La multitud es una fuerza material; la muchedumbre da a una proposición fuerza de ley; pero el pensamiento sabio, maduro, que tiene en cuenta todo y que, por consiguiente, posee la verdad, no fue engendrado jamás por la impetuosidad de las masas. Estas son la materia de la democracia; pero las forma, es decir, las leyes que expresan la razón, la justicia y la utilidad general, es producida por la sabiduría, que no es en modo alguno una propiedad universal-.

Cuánto contenido que se visualiza actual. Cuando creemos que la multitud podría tener los aciertos a considerar, habremos de tener claro que si esa misma multitud no cultiva la parte sabía, en cada ser, no hay camino. Vayamos con pie firme, con esa sabiduría que se nos otorga cada día y que tal vez por estar inmersos en la globalidad y en las propuestas que llegan de pronto, no tan pensadas, se nos escabulla como un pedazo de jabón mojado entre los dedos.

Continúa Amiel: -Se puede suponer que el equilibrio entre la fe y la razón es el estado deseable para el individuo, el que representa la suma de vida más intensa; pero no se puede decir que esté en la esencia de la fe buscar la luz, ni en la esencia de la razón abdicar de la fe-.

Nunca olvidar que la fe es objetico elegido, y en la mente está presente. Adosado con la premura de que creemos en el misterio, (que no por serlo se esconde de lo que nos puede dar claridad) aunque no todo se pueda ver. No todo lo que habremos de vivir ha de ser absolutamente visible, y la razón cambia con premura. Si caemos en las garras de una serie de premisas severas, nos puede llevar la mente a abismos insondables, esos que en mucho vive el mundo hoy día.

Es verdad, nos dice este noble pensador, que -Son los pensadores, los filántropos, quienes encuentran las fórmulas de lo mejor; son las gentes honestas quienes las aplican; son los adultos quienes las aprovechan. La invención de la colmena pertenece a Dios; La miel es elaborada por las abejas; pero son los zánganos los que se comen la mayor parte-.

Zánganos habrá en todas las épocas de la humanidad, lo sabemos. Es a los adultos a quienes nos toca evitar ese modo que conlleva rapacidad, desde la infancia se permea la vida y se puede enseñar a los críos que, si bien todo se produce en sociedad, habremos de encontrar el nicho preferencial para ser creativos y no meros absolutos depredadores. La honestidad anda hoy como con somnolencia.  

En algunos ámbitos hasta se piensa que el ser honesto es de  tontos, como si fuera algo inteligente engañar. La cultura del trabajo cada vez se ha mal entendido.

 Conforme pasan las eras, siempre hay generaciones que creen que, porque sus antepasados les dieron todo, a ellos solo les toca consumir.

-El progreso secular consiste solamente en el aumento de lo útil-. Pero no porque lo útil sea viable fácilmente, es parte de la vida sin esfuerzo.

-Solamente el hombre generoso, noble, devoto, colabora directamente en la gran obra-. Nos aclara Amiel.

-Planear sobre la propia historia, adivinar el sentido que tenemos en el concierto universal, y en el plano divino, es el comienzo de la felicidad-. (Paraf.)

-Dios es justo, y si concede la supervivencia, no da la felicidad a quien no la mereció; pero puede conceder la dispensa de ser, al que ha maldecido ser. Por esta institución se respetaría la libertad de almas, la justicia divina estaría intacta, y las aspiraciones de la criatura a la felicidad podrían ser satisfechas. El infierno se habría cerrado y un paraíso final, sería posible-.

Algunos momentos este gran pensador nos desconcierta. Nos dice ante todo respecto de la justicia de Dios, que ésta se otorga. Los renglones torcidos de Dios es claro que tienen sentido, más hay que tener claro que, solo por la libertad de pensamiento es que puede llegar la verdadera felicidad. Solo somos felices cuando la mente se encamina digna y claramente hacia la luz.

¿Cuándo se maldice al ser?, esto es algo delicado, pero claramente no es una maldición verbal, es tan solo el haber elegido un camino que, al no correspondernos, el mal llega como si nada. Por eso hay que tener muy claro el sentido de la dignidad. Lo que somos originalmente tiene todo para la felicidad, solo hay que saber el cómo.

La justicia divina es algo que tambien se aprende a detectar. Nunca es lo que para muchos representa la voluntad de un Dios que hace o deshace, más bien es una consecuencia que se otorga unida al Espíritu Santo y a la Gracia. Continuará.