domingo, 22 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (13)

                                          Sin duda, cuando uno VIAJA, busca tomar distancia.

Pero la distancia no se deja encontrar. La distancia se crea.

Y la huida jamás ha conducido a ninguna parte.

Antoine de Saint Exupery.

Piloto de guerra.

                                                      Ese asunto de tomar distancia, a fin de cuentas, se refiere a un aspecto mental del ser humano. Cuando uno se aleja del lugar en el que reside (sea físico, sea mental) el ser interior se reconforma en la distancia obtenida. Comprender lo que se observa, serenamente. Es así tambien que, si uno toma distancia espiritual, se puede dar lugar al crecimiento interno y dentro de cualquier toma de distanciamiento algunas veces su puede dar el fenómeno de huir, alejarnos en lo físico, y otras veces distanciarnos de los humores con los que no comulgamos. Cuesta a veces afrontar lo que nos toca vivir. Aceptar las vivencias, es algo que se aprende, y nos percatamos de que puede ser divertido, propositivo.

Es en realidad con la mente que nos ausentamos. Con el cuerpo podremos alejarnos del lugar físico de la cotidianidad, mas si no estamos listos para disfrutar de la lejanía elegida, tampoco de ésta comprenderemos los potenciales ofrecidos.

Cuando logramos vivir más cercanos a algún mundo ideal del que solemos hacernos eco en la vida misma, y en la de todos los días, podríamos decir que también estamos haciendo una transformación de las distancias que nos circundan.

Hay maneras y maneras de tomar distancia. En lo personal creo que todas esas maneras son asertivas en sus propuestas, solo es cuestión de saber ver.  Aun conociendo bien nuestro humor más profundo, siempre habremos de renovarlo. Tomar distancia de nosotros mismos es un parámetro a veces difícil, porque solemos exigirnos de más para ese orden que nos proponemos en la vida de cada día. Siempre queremos que todo se acomode de la mejor manera en el sentido general de la misión que vamos cumpliendo.

 Es un hecho que la misión se cumple con mas o menos ahínco dependiendo del compromiso, y eso es lo que guía al camino real de la vida misma que nos toca vivir.

                        En el devenir de los días, siempre hay un acomodo preferencial. Algunos de nosotros nos logramos distanciar del ruido distractor, necesitamos un periodo largo cuando planeamos asuntos que llevarán tiempo y estar en las distancias medias cuando de resolver los asuntos más cotidianos se trata.

Cuando nos atropellan los imprevistos, es cuando comprendemos que la movilidad vital juega una parte trascendente, habremos de abrir nuevos espacios tal vez no tan pensados de antemano. Es seguro que sintamos mucho más cercano el apremio del cómo y hacia donde nos conducimos, sucede algunas veces como como si una bruma nos envolviese y hasta ofuscase la acción, y es cuando la inmediatez hace de las suyas con nosotros haciéndonos sentir inseguros en los movimientos.

 No es fácil de comprender que los movimientos de los demás no tendrían por qué afectarnos, cuando de hecho, si tenemos bien programada la vida misma, iremos a donde nos corresponde. He de decir que no hay programa inamovible, así que para no entrar al ton sin son (el sin sentido que podremos sentir) hay que saber que el reacomodo de todo siempre es un arte. Nadie se escapa de esto.

Ya el programa que nos hemos hecho en mente para vivir, sabemos que no se cumple tal cual. En agenda para desarrollar los acontecimientos de los días quedan trazados con la imaginación los términos de cada acción, y solo el buen sentido y humor dará curso estable, la total estabilidad no existe. Es seguro que tendrá un aporte fundamental mantener la calma. Es lo mejor que nos podría suceder, tener en cuenta cuanto cuenta el sentido de las acciones, y que no siempre es fácil.

En cuanto a la distancia que se toma cuando se viaja lejos de casa, es totalmente distinto. Sea que vayamos cerca o a lugares lejanos, la mente se acomoda diferente. Se dice mucho que uno toma las cosas más alerta al viajar a espacios y lugares que no conocemos, y es por eso que se llega a sentir que estamos más cansados cuando volvemos a casa. En lo personal, cuando las salidas son largas llevo un buen libro pequeño y tal vez de relectura. He descubierto la gran compañía y tranquilidad que nos puede dar colorear mandalas. A quienes viajamos juntos nunca nos ha de faltar la buena conversación, elemento clave. En lo personal me gusta hacerlo siempre, tiempo me falta. A los familiares tambien se les conoce más cuando se viaja. Parte de nuestra misión es descubrir más y más de las personas cercanas. Es un hecho que uno nunca deja de conocer aun a los cercanos, aunque creamos que ya sabemos todo de ellos. Hay mucho que descubrir.

 Hay personas que claramente necesitan de prolongados silencios, otras como yo misma, que amo la plática, el tiempo se me va entre los dedos en una de esas.  También se aprende a base de trancazos, hay personas que no valoran la comunicación, creen que solo es entretenimiento, y lo vemos claramente cuando nos dejan con la palabra en la boca porque surge algo que hay que resolver muy apremiantemente. Conocer la plática constructiva, es placer, y se cultiva.

                                                      Creo que las personas que hemos elegido escribir un diario personal, somos quienes más conversamos y hablamos con nosotros mismos. El diario, y más aún cuando uno aprende a disfrutar de los textos escritos por otros seres humanos, se entabla la comunicación como en diálogos silenciosos, para mí tienen mucho valor. El mundo que llevamos dentro es un espacio muy especial para cada uno de nosotros y no hay mayor regalo del mundo que aprender a distinguir quienes somos y que queremos no solo de uno mismo sino de los demás.

                                                                    Sin duda alguna el viaje más interesante es el que hacemos a nuestro interior. Es un camino que muestra distancias varias y estas son tan solo temporalidades de la mente para poder ir y venir en los tiempos que necesitemos, sea el pasado (cuando se revisa)   sea el presente (cuando se siente el latir palpable de la vida misma) y hablar de futuro es grandioso, porque nos conduce a percibir esa parte del ser que conserva el verdor de la esperanza. Futurizar, puede convertirse en lo más difícil porque de ahí se asientan las expectativas que a decir verdad hay que mantenerlas cuidadosas.

 Más difícil se pone la situación si tenemos demasiado pendiente el futuro con detalles, ese tiempo de vida hay que saber cómo se permea y así no nos juegue pasadas dolorosas. La mente es la herramienta clave y puntualizar que es muy sano saber que no todo se cumple tal cual se ideo, para estar listos a caer con bastante sopanda en la realidad, porque siempre es bella la realidad que se renueva.

Esto de ir de presente a pasado y más aún a futuro, es algo que Virginia Woolf supo hacer con gran maestría. Se percibe con claridad en los tiempos de los diarios personales de esta autora, y más aún en los escritos que van dando pie a los ensayos. Tambien en las biografías eso es fascinante, como se puede hablar de lo que ha pasado desde el análisis de lo actual. En el caso de ella, es el hijo de su hermana, Quentin Bell, quien lo hizo con maestría al escribir la biografía por encomienda del propio marido de Virginia, Leonard Woolf.

Y, así es como vemos cuánta razón tiene Saint Exupery cuando nos dice que la distancia es uno mismo quien la crea y podríamos añadir: y se recrea. Es algo que se construye y que nos da un sentido interior que siempre apela a la paz que tanto necesitamos. Cuando vemos las cosas con orden y sabemos cómo organizar el día a día sin apremios innecesarios, es menos dramático el imprevisto. ¿Que llega, lo que no estábamos esperando? ¡pues a tomar por los cuernos la acción! y se deciden nuevas propuestas. Si se cambian los planes, es seguro que es lo mejor.

Los asuntos siempre tienen futuro. Las más de las veces no es el que se creó de antemano en la mente. No todo se da como lo soñamos y bien que lo sabemos, eso es un hecho. La imaginación nunca nos suelta en la parte medular. Ya sabemos bien claro que la vida no es un sueño, es más bien una realidad soñada y encontrada con planteamientos realistas.

Cuando el autor citado nos dice que a veces se viaja para huir, es algo muy personal. Lo planteo así, porque tendemos a no querer afrontar tan rápido como es posible los asuntos que nos desagradan. A veces hasta sentados en nuestro sillón especial de casa podremos estar en huida mental de lo que no queremos afrontar. Postergar nunca es sano. No hay necesidad de trasladarnos a ninguna parte para lograr cambios buenos. A veces, he escuchado que a algún joven se le manda al extranjero para que asiente bien sus pensamientos, esto puede ser posible si quien lo necesita está bien consciente de lo que lleva en mente, porque si solo se va a la distracción obvia que se da en un cambio de ambiente y fuera del lugar de origen, pues nada se logra o tal vez se haga más grande el embrollo mental.

                                                                     Es un hecho que el escribir un diario personal es un viaje que emprendemos y que no queremos soltar. A veces algunas personas solo lo escriben por algunos periodos de la vida, mas la mayoría de los que yo misma he encontrado como escritores de la vida diaria, me han dejado claro que este viaje sí que se hace para toda la vida.

                                                                      Las modalidades cambian. Los estados de ánimo se hacen presente y nos dejan claro como por periodos se puede hasta vislumbrar en el tipo de letra que se utiliza, las tintas y el humor que ha prevalecido.

Las angustias que uno vive como que de pronto se acostumbran a estar con nosotros y es difícil evitarlas, por lo tanto, a los sentimientos hay que aprender a afrontarlos y a dejarlos en claridad, para que sean parte del aprendizaje y nada más.

¿Qué nos hace sentir a veces que queremos lo imposible?

Tan solo el ver sin filtro mental. Todo lo que nos reflejan los medios de comunicación en mensajes que asumimos como reales, puede perjudicar. Ya lo fake está implícito en la cultura de hoy, así que ya con esa premisa aprenderemos a ser mucho más cautelosos en todo, las series televisivas y ni que decir las películas como hay que depurarlas y no ver lo que es de plano de mala calidad. He de confesar que cuando me dicen que una película está basada en la vida real la disfruto el doble que una de ficción, aunque claro de esto último también se aprende mucho si tiene calidad.

                                                               En el viaje de la vida se nos olvida como es de importante la parte contemplativa. Las religiones siempre proponen esto de la contemplación espiritual, y se mal entiende. Tal pareciera que contemplar es perder el tiempo o no saber ¿qué es? Es tan solo ser observadores y algunas veces de cosas tan insólitas como el mar con el movimiento de las olas, las hojas de un árbol como soplan los vientos sobre éstas y lo que nos proporcione remanso.

A veces, con tan solo dejar que los tiempos se asienten y podamos ver con claridad lo que vivimos, se nos esclarece no solo el hecho que provoco el pensamiento.

Se contempla la naturaleza y cuando esto se logra, los ordenamientos mentales llegan a toda cabeza a todo el cuerpo y a toda alma.

                                                                          Las fuerzas propositivas solo llegan a través de los viajes al interior. Es cierto que es muy placentero salir de nuestra zona de confort en lo espiritual o el visitar otros países, más si eso nos deja la claridad que acompañó a esa decisión, que es tener un crecimiento real dentro del ser y fuera en las interacciones con los otros seres humanos. Si salimos, al volver a casa es verdad que traemos un cansancio físico normal, pero lo más importante es la renovación mental, no solo de decir fuimos… sino hemos regresado renovados. El inevitable cansancio que da el estar alerta de más, solo se abate cuando a la mente se le alimenta de verdad no solo con falacias. Y dice Viktor Frankl:

-Si sabes el porqué, no importa el cómo-.

Es tener clara la premisa de la que hablamos mas allá en otro texto:

-Si hay causa, hay finalidad-.

El verdadero problema del ser humano es que está resolviendo las causas de la vida personal desde el poseer, desde el ganar, desde el sentirse competitivo como si eso mismo diera o infundiera la energía necesaria para la vida digna. Es muy indigno lo que se vive desde la fuerza de solo el obtener las cosas y conducir la vida al vivir situaciones con un sentido deshumanizado, como lo estamos viendo en muchos lugares del mundo y de nuestro propio país. La especie humana no se quiere informar de lo que nos ha dignificado de fondo, no hay ese interés porque no se entiende aun como esa sabiduría nos lleva a otro nivel, tener claro que quien está al lado de nosotros es un congénere de la misma especie, que estamos en el mismo barco, que lo único que nos ha salvado desde que nos erigimos como humanos, ha sido el saber acompañarnos y más que nada, como ya lo hemos mencionado: adaptarnos.  (Continuará).

                                                                 

 

 

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