jueves, 11 de junio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (5)

                                                    Que el verdadero bien se comprende con la razón.

Séneca.

                                                                        No podemos perder de vista nunca, que a la razón se le ha llevado y traído, bamboleada por el devenir de las épocas. Es la esencia pensante que nos lleva hacia la verdad, aunque a veces no se le da la importancia, y los sapiens no han hecho siempre caso a sus postulados.

Mientras la condición tan noble del buen razonar se terminaba de asentar en el mundo, como el bien más preciado del sapiens, se utilizó empíricamente, se daba como parte de la supervivencia a la hora de las decisiones más fuertes en épocas de la cueva.  A veces se utilizaba por lógica, casi como una reacción. Mas, esas épocas que le dieron asiento a lo bien razonado, ya se han ido. No hay que perder de vista nunca que lo racional este unido a la realidad, misma que tambien se ha manipulado, porque lo importante es saber de dónde se viene para enfocar hacia a donde se va. Al ir encontrando asiento en las transformaciones más certeras para el bien de la especie, lo que ha pretendido el sapiens es el camino de la vida civilizada. No siempre ha tenido la fuerza necesaria la buena razón y ha prevalecido la conveniencia. La razón absoluta vino a asentarse en la deidad, ese Dios que metafísicamente daba asiento y sentido al grupo y la confianza para continuar, con un libre albedrio que no solo no nos hizo libres, sino que se utilizó a discreción.  Los intereses creados y desmedidos trastocaron ese seguimiento, aun al tener clara la pulsión de avance,  surgen las disputas de los intereses, discrepancias, retrocesos. Hasta hoy no han terminado. No van a terminar, los grupos con ese sentido de vividores que solo ven por interese muy personales se olvidan o no les interesa que somos especie, creada para avanzar con valores compartidos, nunca divididos. Las divisiones llegaron, la ley del más fuerte hizo presencia y desbancó al pensamiento razonado y civilizado en tal forma, que ahora se confunde razón con mentira. Es por eso que siempre es importante que cada ser humano pueda pensar y razonar. La mentira no es nueva, pero era más evidente, hoy está mimetizada. Surgen los grupos de humanos que se desvinculan del bien común y con el devenir de los tiempos esos vivales han hecho cada vez más su agosto, chuza diríamos en otro argot, como si abusar fuera un don que se relaciona con intejigenica.

Si quieres saber más de los fundamentos de la filosofía humana, que es bueno a cualquier edad hacerlo, ya que así es como comprendemos mucho mejor el camino de redención al que todos hemos venido al mundo, hay que leer.

Es camino largo por momentos, mas lleva seguridad. Es camino recomendado de buena fuente para saber lo que nos da esa redondez al pensamiento, ese que nos corresponde tener más claro a todos y que no seamos llevados al baile como vulgarmente se dice cuando nos dan gato por liebre.

En las últimas máximas propuestas por Séneca, en las cartas que le escribe a Lucilio su pupilo, habla de una manera muy interesante de lo que implica una buena razón.

                                                              Comprender que solo a base del practicar, el buen razonamiento se aclara la vida, es cómo podemos discernir, tal como dice San Ignacio de Loyola lo que no nos compete o lo que nos daña, o lo que nos toca hacer en la misión encomendada. Es un hecho que ordenados, podemos percibir a Dios. Todo el quehacer que apunta a la verdad absoluta tiene que ver con una base de buen ánimo, voluntad y disponibilidad.  Y dice Seneca:

-Es la razón la que está puesta al frente de este asunto; (del buen vivir) ella es la que, como la vida bienaventurada, como la virtud y lo honesto, así estatuye lo bueno y lo malo-.

Y continua -el bien no se encuentra completo a cualquier edad- y claro está, mientras no se utilice con acierto la razón, ni el niño, ni el puberto la tendrán completa, si no se les comparte la buena acción en esa conducción clara y serena y ciertamente (y sin duda alguna) paciente, para tener buena dirección hacia la verdad. Si a los niños se les persuade de que la verdad no se conoce de golpe y que es hasta divertido el camino de su tránsito, pues el crío aprende a saber esperar, cuando esto no se practica en su entorno, todo se quiere rápido.  Entender que hay tiempo para todo, no es fácil y que no todas las edades son para lo mismo.

Hay un orden universal que todos habremos de respetar. Se ha trastocado, y si vida se va comprendiendo así, no aparecen todas las bondades otorgadas, pues el desempeño de lo personal se da como una lucha y no como un logro empático.

Y de igual manera si no se aclaran todas las bondades en la vida real y con buen sentido razonado, se puede distorsionará la base de las buenas razones, aunque estas cuesten a veces no dejan de ser buenas nunca.

De entrada, cuando sabemos apreciar la bonanza de sabernos dentro de un orden universal, Seneca nos acerca a la reflexión en torno a la prudencia, y le pregunta a Lucilio su discípulo: ¿-Donde está aquella prudencia tuya-?, y nos queda claro que ante todo si hay el respeto al ordenamiento mayor del mundo, hay paz. Eso se nos ha ido de las manos, en algunas épocas de la historia sí se ha cultivado, mas no con la fuerza necesaria para lograrlo en todo el orbe.

Tambien nos recuerda que la vida no es un asunto de delicadezas, se requieren fortalezas que se implementan en el día a día. La sabiduría se implanta y se vuelve parte; de no lograrse, puede prevalecer el deseo de cosas más efímeras que eternas. Lo pasajero se vuelve el deseo y no se sabe elegir lo que es bueno.

Hay una parte poética en estos textos de Seneca que dice:

-El invierno trae los fríos; hay que enfriarse. El verano trae calor; hay que sudar-. Esto es tan solo para recordarnos que la universalidad que nos acoge, tambien nos acompaña y es parte de esa fortaleza. No repelar de lo que no podemos enmendar, sino buscar lo posible esa adaptación que nos hace mucho más humanos.

En la eternidad del vivir los opuestos se presentan, a veces les tememos porque creemos que van a arrasar con nosotros, cuando es tan solo una parte del movimiento universal.

Por estos días que reviso, estuve armando un gran rompecabezas. Cuando esto se realiza lo primero es el cultivo a la paciencia, es todo un asunto que se prepara para llevar un ritmo y unas razones básicas como separar los colores por las partes, se va estructurando la imagen y la mente al mismo tiempo. Este que estaba en hechura, me llevó un buen tiempo dispuesto, claro que mientras más nos ocupamos frente al reto este nos acoge, nos anima y básicamente nos motiva y nos dan ganas de pasarnos horas y más horas en eso, pero el divertimiento es acicate y no centro de lo importante. El disfrute, que en realidad es para un rato, más cuando hay otras encomiendas de nuestra misión central. El tema del que armo en estos días es de una de las obras de Remedios Varo, la artista visual. Cuando lo terminé lo enmarqué porque quería recordar siempre que hermoso es ese mundo los artistas nos hacen vivir con lo imaginativo. Me daba cuenta qué mente tenía esta mujer, que se permitió con los sueños, darnos una fantasía a los que observamos y que por momentos inquieta y parece como grotesca. No lo es, en el sentido en que ella hacia caso a sus sueños interiores en sus   pinturas, el surrealismo es parte de la mente humana, hoy día nos asombra como logró transportar esos sueños al lienzo.

Es como si entablara un diálogo eterno consigo misma por medio de sus sueños. En un rompecabezas que tengo hasta hoy, cerca de mí. Es un vagabundo que lleva encima todo lo que necesita para vivir, (Un poco como pasa con los homeless, que llevan como que su casa encima) se expresa todo cuanto él mismo tiene en su ser: el ánimo presente, la mirada centrada, libros, una rosa, un gato y mil cosas más que se infieren. Saber qué es lo que nos basta para el equilibrio vital a veces no es fácil. No todo en la vida, es material. Es un don saber que necesitamos en estas épocas postmodernas que en muchos rubros ha propuesto poseer en demasía. Si en una mano ponemos lo real y en la otra el valor de la verdad de nuestras necesidades más genuinas, razonamos con sentido. Con frecuencia olvidamos esas razones de lo que sí es parte real y luego se nos va la vida pensando en lo que nos falta. A decir verdad, es por eso que ese problema del acumule de tiliches es parte de la vida actual.

Me encanta la palabra cocolboxero, es una combinación de sucio con aspecto negro (box, en maya es negro) y se dice en la península de Yucatán cuando nos referimos a que esos acumulamientos de cosas nos rebasan, sin razón. El desorden afecta al cerebro, aunque no lo aceptemos de primera instancia.

En las cartas a Lucilio, Seneca muchas veces le hace ver la importancia de que en nosotros mismos está todo lo que necesitamos, no para aislarnos, tampoco para ser miserables, (no confundir al miserable que no tiene las cosas por un problema mental, con el ser que trata de tener solo lo que realmente necesita) sino para saber qué da sentido al mundo personal que puede rebasarnos.

El realismo puro no es tan solo lo que está afuera, o lo que vivimos en el día a día.

El realismo puede hacerse mucho más amplio, con lo que pensamos razonablemente, con lo que experimentos viviendo un orden especifico. Si es el arte lo que nos entona, pues procurar estar cerca de esos recintos. En esta ciudad ya hay muchos espacios para disfrutar de obras artísticas especialísimas, esas que está creando la postmodernidad. No todas son genuinas, claro está, mas son expresión de una realidad.  No todas nos tienen que gustar. El arte conlleva una pulsión que de fondo nada tiene que ver con copiar, es crear desde el fondo del ser. La idea que se sustenta desde la plástica, necesita mucha honestidad.

Ahora que estamos hablando de ser o no ser razonables, vuelvo a mirar la obra de Virginia Woolf, en particular todo lo bello que nos dejó en sus escritos de diario personal. Ya habíamos tocado parte y es así que continuamos.

En 1925 escribe: -Un sufrimiento de depresión está en mí, como si fuéramos viejos y cercanos al final de todas las cosas. Puede ser mi cambio desde Londres con tanta ocupación-. (paraf.)

Ella, sabía que padecía algo mental, que no pudo definir, y nunca lo llamo por su nombre. En esa época la maniaco depresión aún no se catalogaba como bipolaridad, que hoy día, al ser más estudiada, da mejores resultados en el tratamiento. Virginia solo estaba muy cuerda cuando se ocupaba, cuando estaba en lo suyo, aunque aquí en este pasaje vemos que tal vez de Londres a su casa de campo, había llegado cansada. Excederse, que difícil es a vece no hacerlo, cuando lo que realizamos es placentero.  Y continúa:  -El campo es como un convento-. Si, lo era para ella por la paz de trabajar el jardín, cuidar sus manzanos y estar con Leonard su marido en ese otro ambiente de campo, mucho más calmo.

-Hay una dualidad en la mente de los niños, que adoro. Ellos tienen lo que la gente mayor no: esa forma directa de ser… ven lo que nosotros no vemos. Escribir ha de ser algo formal, hay que respetar el arte-. (paraf) Nos dice la autora.

Y, así es como vemos que va dejando estos escritos hechos por alrededor de 27 (veintisiete) años y que Leonard valoró mucho.

Leia mucho a Proust. Y dice: -Es una combinación de sensibilidad con tenacidad-. Y hay que tomar esto en cuenta para las encomiendas que queremos realmente razonadas y bien llevadas. En la actualidad que nos invade lo inmediato y peor aún el relativismo que no tiene tomados por el cuello a la mayoría, esa tenacidad de ser perseverantes se rompe muy fácil porque la creemos innecesaria.

Virginia caminaba mucho. Leonard su marido se lo proponía porque se daba cuenta que ese ejercitarse en la parte física y más en la parte contemplativa de los entornos les hacía bien a los dos. Amaba los espacios abiertos, y dice: -Ahí están las rocas. Solemos salir después del desayuno y sentarnos en las rocas, con el tibio sol en nosotros. Vamos a caminar tambien por las tardes, a veces subiendo a la colina y nos metemos al bosque…-. (paraf). Esos eran sus entornos, privilegiados sin duda alguna para poder estar al aire libre, lo que le hacía mucho bien.  Continua: - A veces se confunden los ruidos de las ranas con los de los pájaros. Observamos los tulipanes rojos que ya se ven en los campos y los grupos de flores campiranas que forman grupos tanto en tonos rosados como malva, por aquí y por allá. La naturaleza humana de pronto se reduce a una clase de código, hay gente que no se conoce y cuando se acercan, nos dan cuenta de que son parte del mismo grupo. (Paraf.).

 Esto hoy día lo ha propiciado la Antropología, al definirnos como sapiens.

-Nadie podría decir de mí, que no he conocido la perfecta felicidad-. Ella, sentía que el humor de escribir le había abandonado, y es verdad, para poder expresarnos con la palabra escrita necesitamos un mood, un humor especial que hay que cuidar. Ella, cuando se sentía mal escribía en la cama, tenía en su casa de campo un pequeño cuarto en el que podía visualizar su jardín y dice: -Veo las hojas del manzano como transparentes en sus tonos de verde-. paraf.  (Continuará.)

 

 

 

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario