martes, 21 de abril de 2026

 

Edificar, el día a día. (17)                                                                                                                                                           

                                                           Conocer no significa analizar, ni EXPLICAR. Es acceder a una visión.

Para ver, es necesario participar.

Y este es un aprendizaje difícil.

Antoine de Saint-Exupery.

Piloto de guerra.

 

                                                                          Lo que se percibe en las personas que pertenecen a culturas diferentes a la nuestra, es fascinante. A pesar de que ya el mundo en muchos sentidos es un pañuelo, eso no deja de ser un agravante para que lo esencial de cada parte del mundo se viva tal cual, con la cultura propia. Todo esto es lo que se refleja en los modos, que más que cuestionar, sí que nos debe dar una buena visión sin mayores explicaciones. Es un hecho que no todo se debe (ni se puede) explicar.  Sea cual sea el clima, el terreno natural del hábitat y como percibimos ese manifestarse de una cultura, es algo que nos ha de dar visiones sin mayores argumentos.

Todo lo cultural es una manifestación puntual de la manera de cómo resolvemos los asuntos, las modalidades. Ahora que escribo esto estamos regresando de un viaje largo en donde llueve a diario, nosotros muy dignos con nuestros paraguas así fuera una leve llovizna y todo mundo viéndonos como bichos raros. No importa cómo nos vean, sino el humor que se tiene que tener para salir a la calle y aun con poca agua, termine empapándose el abrigo. Pues así es, ahí el paraguas es ¿para cuándo arrecia la lluvia? Según me argumentó mi hija: -Tambien tiene un aspecto de comodidad, porque si todos tienen paraguas en una acera delgada, hay que estarse parando por ratos para que pase el que viene de frente o bajar a la calle para avanzar a otro ritmo-.

 

 

La mayoría de las veces no es necesario explicar nada con la profundidad que creemos que la vida misma exige. Conocer es tan solo participar, la visión que tenemos del mundo está dentro de cada ser humano y no es parte de la opinión de nadie.

Todo tiene un tiempo y un momento y una forma de ver la vida misma. Todas las personas con las que compartimos y están cerca con un determinado humor, esa es la parte más interesante del vivir, percibir sin juzgar y saber cuándo sí se puede hablar y cuando no. La comunicación es de lo más interesante y mucho más cuando observamos lenguajes corporales y costumbres. Estamos diciendo todo desde el modo como miramos y participamos o cuando tan solo estamos, en silencio.

 Hay seres callados por naturaleza. Los admiro, porque otros somos parlanchines. Mi padre era silencioso, muchas veces hablaba tan solo con los ojos. Los que son recatados tienen de las dos energías y a otros les basta con una sonrisa para comunicar lo verdaderamente relevante de su ser.

Como dice Saint Exupery: Ser participativos, es algo que no implica que esto se derive en ser comunicativos. Se puede participar desde la actitud, desde la observancia.

Lo más interesante en la vida es aprender a observar. Cuando conocemos la dinámica de la comunicación del otro, tan solo nos basta acceder a esa visión mencionada y hacerla parte nuestra. No es nada fácil. Uno se puede entrenar para comprender el lenguaje corporal del otro, pero a veces esta parte se da por sentada y creemos en demasía en la palabra. Eso mismo dirige la intercomunicación que las mas de las veces solo basta con los silencios.

El diario que releo en estos días fue uno muy importante para mí.

No terminaba de comprender que el mundo solo puede ser tan cual es, y que de este mundo único y diverso solo tomamos lo que nos incumbe. Esa práctica de estar viendo lo que el otro hace, para tomar sentido, nos degrada y no nos permite crecer por dentro, ¡ni que decir por dentro! a veces ni por fuera. Poner el énfasis en lo que en verdad nos define, es actitud muy determinante.

Cuando tenemos presente que el mundo es un eterno cambio, la alerta se pone en el mejor modo posible, porque no nos perturba que de pronto las cosas no salgan tal cual las pensamos. Nos cuesta acostumbramos a decir: -No pasa nada, si esto ha de cambiarse, pues que se cambie-. Las mejores cosas son las que no se planean exhaustivamente, siempre dejar una rendija de acomodo, es lo ideal.

Había yo puesto demasiado énfasis en los diseños de crochet que venía haciendo, y me di cuenta que solo eran algunos los que más les interesaban a las personas. Estando en esos menesteres me di cuenta como todo se rige dependiendo de las modas y obviamente de los gustos. El movimiento del mundo no es que sea imperfecto, es que con el dinamismo que le caracteriza solo puede darse con lo que le define de fondo. Solo percibimos las imperfecciones cuando nos entercamos en que las cosas solo pueden ser de una determinada manera, y el mundo no va por ese camino. Con el tejido del crochet comprendí que todo es cíclico siempre, querámoslo o no.

En estos dias de esta revisión subiré al primer escalón de la década de los setenta años de vida. Me asombro, me pasmo de pensar que he llegado a estos lares tan así de rápido y como si todo hubiera sido apenas ayer. Así mismo, cuando se cierra una década en nuestra vida,  es un hecho que uno revisa, y me encanta observar la frase con la que comenzamos este texto: No expliquemos tanto, tengamos tan solo la posibilidad de afinar la visión.

La diversidad de personajes de los que se compone la especie humana y de los que de plano todos estamos rodeados, es fascinante. Hay seres que por situaciones de la niñez no resueltas tienen una adultez de tal o cual índole, hay seres que tan solo viven para lo social, es decir estar en la misa y en la procesión, un pie en tierra y otro queriendo apoyarlo en el cielo, y luego nos preguntamos porque se dan tantos asuntos de depresión en la especie o porque las personas enferman de los nervios.

Somos seres diversos y cambiantes, no hay nada más que esperar, sino saber esa condición para que la misma no nos traiga de un ala.

No hay nada mas cautivante que las variaciones de la cultura, ese responder de una o de otra manera que no es posible cambiar de fondo, más si es posible observar para una buena adaptación, porque estamos determinados por el medio en el que nacemos.

No existe solo el bien o el mal sin matices, es lo diverso de los tonos lo que da la profundidad, así como tampoco existe una sola manera de resolver, se va dando la vida como la dinámica misma la va presentando y no pasa nada, es tan solo aceptar lo que llega. Hace unos años atrás, salió un libro de título muy sugerente y que llevaba al lector por vaivenes de los que no era fácil darse cuenta, era un libro de esos de autoayuda que se pusieron muy de moda, la gente lo leyó con fruición. Se titula: - ¿Por qué a mí, porque esto y porque ahora? -. Una total manera de engañar a los que creen que no vinieron al mundo a ser parte de la vulnerabilidad que a todos nos toca y que de pronto hay que afrontar. En verdad creer que los que nos pasa es algo que no merecemos, es que no hemos comprendido nada. La vida es de azúcar y de manteca, es de sal y es de arena; ¿Cómo podríamos creer que podemos estar exentos de lo que de pronto se pueda distorsionar? Es algo penoso, ese no entender que la voluntad de Dios es mucho más grande que nosotros. Tanto lo bueno como lo no tanto, es parte de la fuerza que se nos da para crecer. No es de miel sobre hojuelas la existencia, aunque a veces así queramos creerlo.

El bien, como el mal se asientan de diferentes maneras, no están a merced de los antojos del ser humano. Lo bueno es tener vida y saber qué hacer con esta condición. Los que somos creyentes nos basamos en que estamos en la contingencia de un Dios que nos acompaña, porque es claro que somos parte de él.

¿En dónde se da la plenitud del bien? En la observancia de las actitudes que nos conducen hacia él. El bien uno lo percibe y uno mismo lo propicia en la medida de nuestro entendimiento cultual. Me encanta esa frase tan trillada pero tan real: A las necedades, oídos sordos.

La manifestación del bien total, esa armonía tan deseada como una ilusión ilusoria (valga la redundancia) solo está en la mente, la realidad juega sus cartas con la razón y de ahí se deriva el orden del mundo. En donde vemos desorden, seguro que habrá puntos de sinrazón, mucho emotivo por resolver y propiciamiento de malas actitudes.

Leí otro libro de esos que se escriben dizque para echarnos la mano, y que luego nos hacen creer que la vida es tan solo emotividad, y la vida no es solo emoción, es razón que conduce a un orden personal.

-Cambia tu corazón, cambia tu vida-.

De Gary Smalley.

Sí es una verdad que hasta en la Biblia se nos sugiere que el corazón es una parte importante del bien terrenal, pero no somos seres esencialmente emotivos por naturaleza, eso del exceso de emociones es lo que ha llevado al mundo a mucho desastre. ¿Qué sientes? Te preguntan. Y no es lo que sentimos lo importante, sino la base de una vida ordenada, con la razón en la mano.

Este autor nos hace creer que lo emotivo es lo más importante para regir la vida misma. Dice que el corazón rige todo. Mucho cuidado con esto, porque, así como la Biblia afirma que del corazón mana la vida, (Proverbios. 4:23) si ésta es ordenada, no se va por la vida tomando decisiones emotivas.

En el libro titulado -Fluir-, se nos afirma que solamente estaremos en el mood perfecto si logramos saber qué es lo que nos corresponde hacer, por ningún motivo nos dice que solo lo emotivo es lo que importa y que en la vida solo hay que buscar el contentamiento. Si así fuera, estaríamos perdidos. Todo lo que no nos gusta tanto y que hay que resolver cuesta trabajo. Realizar las encomiendas, así sean las más sencillas y con un humor bien llevado es parte importante y ni que decir el llevar a buen puerto eso en lo que nos hemos comprometido.

                                                                  El vivir, algo tan esencial que se nos encomienda en nuestra entrada al mundo, es en lo que luego nos enredamos: hay un dicho yucateco que lo manifiesta muy chistoso: -se enredó como pelo en patas de gallina-, en los lavaderos antiguos, de las casonas, había la costumbre de tener algunas gallinas y era ahí donde esas melenas que cubrían toda la espalda para lograr el chongo perfecto de las mestizas, se lavaban y desenredaban, dejando pelos en el suelo, luego venían las pobres gallinitas a enredarse en ellos, sin saber ni que les pasaba. Hay que cuidarnos del ton, sin son. Cuando nos complicamos por no saber entender la esencia que nos habita, pelos negros pueden aparecer. Participemos, obtengamos una visión cada vez más clara del mundo, hagamos tan solo lo que nos corresponde.

La vida misma es tan genuina, que ahí radica la verdadera belleza.  Si se enreda, pues tendremos que ver que alguien nos quite esos pelambres negros que pisamos y nos paralizan. ¿qué se nos olvida tener ese aprecio por algo tan sagrado que se nos ha entregado?  pendientes de lo que se da afuera y que a veces nada que ver.

                                                                Es un hecho que se puede llegar a sentir que la vida misma por momentos, se da en vano. Como si lo que estamos realizando se estuviera enturbiando con cosas ajenas a nosotros. Es tan solo por estar entercados en ir por caminos forzados, solo porque vemos que otros van por aquí o por allá. A veces, eso nos lleva a un precipicio sin salida.

Estuve analizando en las páginas de este diario, el sentido de los contratiempos.

¿Cuántas veces las cosas no se dan como uno las propició, las pensó o las quiso?

¡Miles de veces!, pero no hay que soslayar al contratiempo, trae su librito de enseñanza bajo el brazo. No optimizar sin razón propuestas de una manera de pensar que no necesariamente son las adecuadas. Un contratiempo, es saber esperar, es algo que nos pareciera como una parada innecesaria y nunca lo es.

Estamos yendo a una cita al médico, y de pronto se nos poncha una llanta, o estamos a punto de salir a alguna diligencia y sucede algo que no podemos más que quedarnos en casa a resolver. Hemos creído que somos los dueños absolutos de nuestro tiempo a disposición, pero nada de eso. La vida misma muestra, sugiere y propone y hay que hacerle caso, crearnos visión.  (Continuará)

 

 

 

 

Edificar el día a día (16)

                                        A veces no hay inconveniente en dejar el trabajo para más tarde.

El Principito.

 

                                       Todos los seres humanos durante el tiempo de nuestra vida terrenal, tendremos que aprender a valorar la temporalidad. No es asunto sencillo, ni como la nombramos y ordenamos dependiendo de la cultura de que se trate. Es en la mente en donde reside el juego temporal, en realidad el tiempo es un valor que se nos ha dado para regular las actividades y somos nosotros y nuestra implementación de lo que percibimos lo que nos rige. No es lo mismo el tiempo de quien vive en el campo y de quien vive en las grandes urbes. Todo lo relativo al tiempo no nos incumbe directamente, aunque así lo percibamos, es más bien el acomodo que logremos ante las acciones, es por eso que apenas empieza nuestra vida a ser rutinaria y con conciencia de los tiempos y los momentos, cuando se da lo óptimo para la realización de las actividades y es cuando vamos siendo presa del reloj, que solo es un ordenador y no dueño del tiempo.

Cuando caemos en la cuenta que nuestro tiempo terrenal es limitado, volvemos a tener presente que el tiempo está de nuestro lado, y con el paso de los días esto hasta nos podría llevar a valorar mejor esa categoría tan presente y a la vez tan diferente en cada área del mundo. Creo que todos tenemos claro que es un lapso nada más el que pasaremos como personas físicas en esta dimensión y desempeñándonos como humanos.

En los primeros estadíos de la sociedad humana, los tiempos se marcaban por el movimiento de los astros y su relación con el sol, ayudando a nuestros ancestros a comprender porque se hacía de noche y como eran los ciclos naturales. Mucho se regía la vida con la temporalidad aliada a las cosechas, los tiempos se marcaban según los momentos para las siembras de granos, la recolecta de éstos y por ende la percepción de las estaciones anuales.

Es así como comenzaron los calendarios. La medición del tiempo siempre ha sido todo un tema de las culturas y cada grupo fue creando sus propios términos para esto. Los tiempos de las lluvias para las mejores siembras de los agricultores, la percepción de la época de sequías que tendría que haber obligado a crear los sistemas de regadío y todo lo relativo a que el tiempo siempre fuera un aliado.

                                                      El tiempo terrenal siempre ha sido un compañero que nos da la mano. Desde que entramos al mundo estamos regidos por la temporalidad, lo bueno es que en la infancia ni nos percatamos de su presencia, hasta que se nos escolariza y llevamos las rutinas que hoy día son mucho más demandantes que antaño. Recuerdo perfectamente cuando íbamos a la escuela caminando o en bicicleta, hasta nos íbamos encontrando con otros compañeros de otros niveles escolares y nos acompañábamos y como luego todo cambió, cuando ya se nos llevaba a diario en automóvil y hasta con el transporte escolar. Cada uno de estos momentos requería tiempos específicos. El sistema de ronda que es pasar por las casas de los vecinos y todos en un solo automóvil, turnándose las llevadas por cada familia.

 Solo cuando la mente nos gana la partida y queremos hacer más actividades en menos tiempo es cuando nos vemos impregnados de esos apremios que muy bien sabemos a dónde nos conducen: a los tremendos brazos del stress. Son los pormenores absurdos los que de pronto suelen detenernos el paso…y hasta podremos llegar a sentir que la vida nos ahoga por faltar el tiempo, no de aire. De pronto nos damos cuenta que es tan solo la percepción lo que hace la diferencia.

La mayoría de las tradiciones religiosas tienen en cuenta los tiempos terrenales para ayudar a los fieles a seguir vidas ordenadas, con una temporalidad bien comprendida.  Es una realidad que, si esto no se hace con buena conciencia seremos presa de la peor temporalidad, esa que nos dice: corre, porque no hay tiempo. O la que tanto hemos escuchado de nuestros padres como es: No dejes para mañana lo que puedes hacer hoy.

Muy puntuales estos dichos, pero no necesariamente aplicables en todos los casos. Los tiempos han de ser a la medida que aprendamos a ser puntuales (en vedad que creo que la impuntualidad si es una falta de respeto al otro y a nosotros mismos) y seguramente habrá más tiempo disponible. Todos habremos de aplicarnos en comprender que no son ni para todo el tiempo ni para todos los tiempos terrenales, las medidas de la temporalidad.

Cada ser humano tenemos una temporalidad que nos acompaña, la absoluta, o lo que es lo mismo la que nos hace sentir que estamos inmersos en el todo y que de ahí somos, y la relativa que es la de cada quien, regida por el tipo de cultura, de país y de familia a la que pertenecemos.

Una vez consientes de todo esto, podremos ante todo saludar a la temporalidad y hacerla de verdad una aliada. Sabemos que ni con los seres que compartimos cercanamente estaremos en la misma sintoniza de los tiempos de realización ni de actividades personales y mucho menos de las consensuadas para coincidir, por lo que si vale mucho la pena observarnos y ser más aliados de la temporalidad que nos toca y de plano se vuelve el arte mas sagrado saber de los tiempos personales, de como los utilizamos y que hacemos con el tiempo libre.

Todo está regido por la edad. Eso es un hecho que con contundencia no podremos negar.

Y tan solo con saber que la coordinación de los tiempos es la mejor manera de alejar el stress, cada uno de nosotros nos disponemos a coordinarnos, en primera con las obligaciones a cumplir para llevar una buena rutina y que esta misma se ordene a los tiempos de familia y congéneres.

Pues es así tambien que podremos ver con claridad los tiempos que tenemos para disponer nuestra vida, mucho más concretamente la del día a día, que es tan promisora de felicidad real, cuando sabemos que, si cada día es vivido a plenitud, ni duda quedará que no nos llegaremos a sentir como que algo nos hace falta.

Es parte de la vida humana sentirnos como con faltantes, y es ahí mismo en donde habremos de comenzar por subsanar esos sentires, que nada que ver. Es un hecho que no podremos cumplir todos los deseos, porque de entrada hemos comentado ya, que desear es un arma de doble filo, hay que cambiar los deseos por preferencias, y es el asunto clave de vivir con una buena temporalidad.

                                                   Cuando estudiaba la carrera vivía de carreras. Llegar a tiempo a la universidad y ni que decir a la primera clase de la tarde, cuando aprieta el calor en nuestros lares y vamos como derritiéndonos, nada fácil este asunto. No disponía de un automóvil personal, mi madre en su salida de diligencias vespertinas hacia la llevada y recogíamos a una compañera de clase en el camino.  Ahora esto sería un pecado mortal, ningún padre de familia conduce a sus hijos a esas alturas del partido de los estudios superiores, casi todos disponen de medio personal de moverse y tambien hay transporte universitario, ya son otros los tiempos del tiempo.        

 Hoy día, que vivo a tres segundos de una gran universidad, me queda claro que es otra la dinámica. La vida junto a universitarios que van como bólidos por las vías de comunicación son en verdad una temeridad, pero hay que aceptar que esa es la modernidad, y tambien tener claro que hay muchos más accidentes de automóvil. 

Y esos son los bemoles del tiempo, que se vuelve al son que le toca la vida de relación. Lo importante es que no nos gane la partida, aunque como dice el Principito: Si se puede dejar para más tarde lo que no es tan urgente.

Es el tiempo un aliado, sin duda alguna. Viene bien hacer un recuento de cómo nos ha sido la compañía de tan gran valor vital, recordar cómo nos ha cambiado la percepción y la utilización de las temporalidades que nos han acompañado.

Los tiempos de la niñez, en la que apenas comprendíamos ese valor. Los tiempos de la juventud cuando las actividades se hacían más apremiantes y ya el reloj en verdad era parte de la paz mental. En lo personal tuve mi primer reloj de pulsera bastante grande, creo yo que tendría unos diez años de edad cuando me lo regaló mi padre. Era de formato pequeño, de tono dorado y con números grandes para que yo viera con claridad ese marcaje de las manecillas. Recuerdo que me sentía soñada con ese pequeño artefacto de pulsera de piel atabacada en la muñeca izquierda.

En casa de mis padres la vida si comenzaba muy temprano. Solíamos jugar tenis desde prontas horas mañaneras y luego a veces el baño prescolar era en el club y un desayuno ligero. Tambien solíamos volver a casa cuando no había escuela, para retomar el día y cada quien a lo suyo después de compartir un rato en el desayuno. 

                                                                Para quienes hacemos escritos personales, estos diarios de escritura a mano son muy importantes para observar una buena temporalidad. En lo personal tengo mis tiempos del día en los que le tomo el tiempo a las horas y me siento a redactar. Me gusta hacerlo con calma y sin mayor prisa, porque me gusta mucho revisar, aunque a veces si nos gana la partida el apremio de las horas. Se van eligiendo los temas, y se marca mucho el día de un diario con el momento que se vive. Esto de escribirnos, es como una necesidad que surge evidente y clara desde la niñez. No se duda mucho al hacerlo, a menos que de pronto tengamos muchos pendientes y esto se tenga que postergar. Lo he vivido, lo he dudado, mas todos en casa me animan porque saben lo que representa para mí. Siempre es necesaria una buena meditación, tiempo de oración y rituales caseros de orden a cumplir.

La temporalidad puede tomar sentidos inesperados. Nos queda claro, que la templanza que nos da el tener al Dios en el que creemos, en presente, pues es seguro que nos ayude a ser más diciplinados y conscientes de que estamos en esa contingencia divina, a seguir. Si, en lo personal puedo decir que la presencia de Dios en mi vida ha sido clave, por unas épocas más clara que en otras, es diferente y se afina o dispersa dependiendo de la etapa que se vive.

                                                                   Se dice mucho que para quienes llevan una vida espiritual, la temporalidad se convierte en el centro rector para bien, las prisas se apaciguan y sabemos bien a bien que habrá tiempo para todo. Cuando se sienten los apremios es cuando uno comprende que nos estamos demandando de más, y que hay que optar.

                                                                  Si la felicidad es un estado concreto del alma y ni qué decir de cómo depende de los gozos elegidos, la temporalidad es parte sustancial de que los ánimos no se trastoquen.

Las acciones son la parte más medular de una vida bien llevada, por lo que, si dejamos de estar conscientes de la temporalidad que pinta con sus coloridos cada instante, es probable que de pronto nos veamos en apremios no concebidos y como imaginados en un surrealismo de la vida. Los apremios así aparecidos, solo son parte de un tiempo que se nos escurre y que no nos damos cuenta cuanto nos puede afectar.

Cuando en nuestra temporalidad, o la concepción que tenemos de ésta, se vislumbra que somos eternos y que pertenecemos a lo infinito; es cuando la vida nos deja claro: es tan solo un instante del tiempo universal. Nos puede embargar una calma inaudita en lo interior, muy aceptable y llena de esperanza en que Dios nos recibirá en el momento preciso, exactamente como el que se dio cuando entramos al mundo.

Si logramos ordenar la mente con aspectos varios que podremos eliminar de la agenda si se llega a dar el caso, estamos del otro lado, ya podremos decir que nosotros regimos el tiempo personal.

 

Agradecer a las mañanas con los ruidos que nos trae, a las noches con sus luces y que las sombras tan presentes siempre sepamos que se mueven dependiendo de la luz que permitamos que influya en lo que nos toca hacer.

Carlos Fuentes nos dice en el texto -La muerte de Artemio Cruz-:

-Sobrevive con la memoria antes de que sea el caos el que te impida recordar-.

No vamos por la vida como si fuéramos dentro de una ola, vamos a nuestro tiempo.

Tiempo

Es amigo el tiempo, es audaz.

Lo contiene todo, da paz.

Es enemigo el tiempo, cuando es voraz.

Lo detiene todo, da solaz.  MJ. (Continuará).