Diario vivir, Razón y Orden. (17)
Reconocer una verdad tal
vez es solo contemplarla en silencio.
Ciudadela.
Antoine de Saint Exupéry.
Es claro que en la vida que vivimos
todos los días, hay verdades que se nos presentan una y otra vez. Todas unidas
a la verdad universal, aunque a cada ser se nos aparecen dependiendo del alma
personal.
En mi caso, llevo entre pecho y espalda una de esas como si
fuera manda. Vuelve y regresa a mí, y trato de encontrar que me quiere decir en
la realidad. Me la voy encontrando al
releer en las páginas de los textos personales de vida: Encontrar el justo
medio. Varias veces he tratado ahí mismo de revelarme hacia mis adentros, ¿qué
es eso mismo que se repite y regresa? Que yo misma me digo. Se presenta como
una cuestión de algún faltante en el orden, como algo que se percibe aun con la
razón en la mano.
Las razones a veces no hay que recordarlas tan a menudo,
están dadas, de la misma manera que Dios mismo nos ha revelado todo lo que habríamos
de saber para llevarlas a cabo, con los tiempos y espacios. Mas, el orden sí
que es de otra índole, conforme vamos viviendo y vamos haciéndonos mayores, lo
que se nos va dejando claro es que si confiamos en las razones vitales, el
orden se da y pueda que sea la base o preparación para las vivencias que aún no
llegan.
Nunca es el camino el de apremiar a la mente si es que
sentimos que no hemos cumplido algo, eso no es vivir, porque a veces las premisas
reales son más bien de razones de fondo. No es tanto proponernos…sintiendo todo
aquello que parece que se fue a paseo, en realidad todo queda en nosotros con
nuevos caminos. Es la existencia misma la que contiene y muestra las pautas del
sentido y sí que tiene sus propias razones, aunque a veces éstas no nos agraden
tanto.
Cada ser humano es digno de llevar el orden mental que
elija. La manera es tan personal, como la propia huella digital. En la
existencia se percibe no solo el cumulo de actos como un todo, lo que nos permite
rehacemos cada día. La claridad está en la base general de existir. Otro símil
puede ser no perder de vista el bosque completo que nos permite la vida caminar,
poder tener claro cada árbol como un día con las propuestas que lo forman.
La
lentitud o rapidez del tiempo puede desconcertar. Nos hace creer que estamos a
su merced, cuando lo más atinado es poder regular los tiempos con las miras de
una razón que se pule y la mente se ordena.
Me fui dando cuenta, el tanto tiempo y espacio de estar
escuchando los noticieros de la televisión, y no interferir a la mente para
poder tener tiempo dentro de lo que realmente nos interesa y así sacar todo eso
que solo nos llena la cabeza de basura. ¿Qué tanto nos compete remediar
problemas existenciales que se dan más allá de nuestras posibles participaciones?
No en todo está nuestra competencia.
La televisión en verdad que ha cambiado. Poco a poco fue
siendo posible hacernos espacio para momentos de buena información, de calidad,
habría que tener mucho más cuidado con los noticieros amarillistas y llenos de
paja. Crean inquietud.
Estaba en la afinación de lo que me representaba tal cual
la vida, había pasado por un momento muy duro de salud y en verdad que con todo
mi ser estaba sintiendo agradecimiento de poder continuar viva. Ya no quería
perderme en mi propia vida.
Mil y una veces podremos preguntarnos el sentido de la
temporalidad en nuestras vidas, mientras no se deslinde de la conciencia realista,
el verdadero sentido que hemos… ¡no solo elegido!, sino percibido como parte de
la verdad absoluta.
El sentido de la realidad es de pronto como un
caleidoscopio y nos lleva por coloridos llamativos, que no siempre conllevan
luces claras, ni son faros que guíen.
Había venido reflexionando como los tiempos en que fui
docente en la universidad me dieron años muy bien logrados, llenos de la vida
que infunden los jóvenes al estar en diálogos de aprendizajes; cuando uno trata
con ellos de frente. Me puse a revisar todo lo que escribí (a parte de los
diarios) en relación a todos los temas tratados e impartidos, en realidad me
había encontrado con u filón muy bueno al dar clases, la antropología si se
había asentado con sentido en mi vida.
En el fondo del alma yo hubiera querido ser una
antropóloga evolucionista y estar en los laboratorios de nuestros ancestros
encontrados aquí y allá por varias partes del mundo, para saber cómo es que
llegamos a ser el homo sapiens de hoy, eso no me lo permitió la vida.
Había otros caminos realistas destinados para mí.
Me llamó mucho la atención un programa que vi en estos días
en la televisión, que hablaba de que El Vaticano, no había podido aceptar la
teoría de Darwin, sino hasta 1944. Se tardaron, porque tal vez sentían que era
un motivo de escándalo.
Lo que la ciencia descubre como real a algunos grupos les
asusta. Bien sabemos que hay bastante
certeza en lo que se logra con buenos métodos, aunque equívocos tambien existen,
y por momentos pasen por verdades. Sí, hemos evolucionado como especie, y no
solo porque hayamos vivido cambios drásticos como se suele pensar a veces en
función a la mejor adaptación, como cuando el esqueleto humano a través de las centurias
ha dado muestras de adecuaciones, más que nada adaptativas como valores
primordiales para la supervivencia.
Pensaba en aquellos tiempos, que la iglesia a la que
pertenezco era una pena ambulante, ¡cuánto se había invertido en llevar
ese conocimiento! para la paz, y en el mundo eso no se veía reflejado. Logré
comprender que el mundo no puede cambiar tan fácil, ni reflejar todo
pensamiento que se dé como el mejor, porque todo es cíclico. La especie humana esta sesgada a lo que los grupos
¿creen? Me daba pena ajena ver que deterioro podría presentar una institución
que a todas luces debiendo procurar el bien, no se lograba. Las nuevas
ideologías haciendo chuza y la gente sufriendo mucho más, y al fin me quedó
claro que no es lo que se dice… sino lo que se comprende de fondo con la acción
que conlleva.
Fue hasta después, con mayor visión y tiempo disponible,
que pude entender que el camino que plantea lo eclesiástico es una verdad
ineludible, la forma como permea es de cada individuo y es a ese nivel que podremos
dar la parte.
-Tu bien, es mi bien-.
¡Exacto como aquel libro de años atrás! Cuando se nos
dijo: -Si tu estas bien, yo estoy bien-.
Cuando no se aclara y se llevan
con buenos tiempos los derroteros, los días se comen las acciones. Es
claro que, si la vida pide altos, habremos de deteneros y cuando la acción se
ve clara habremos de entrar. A veces lo demasiado premeditado, no
funciona tan bien como creemos.
Si las acciones se
llegan a sentir como fallidas, habremos de observar si no es tan solo una
percepción o espejismo, aunque creamos que han sido devoradas por un monstruo come
galletas, tener claro que no hay acción en vano, nada queda a la deriva,
aun percibiéndolo así. No es justo
exigirnos de mas ya que es seguro que no hay acción que caiga en saco roto.
Por estos dias conocí el Museo del Mundo Maya. Fue una obra
muy criticada como pasa siempre en el medio, los que han de criticar están a la
orden del día. Es claro que ya necesitábamos tener a tiempo y dignamente un
museo que diera la cobertura a una base cultural que se veía en veremos,
sin asiento digno. Ya era hora de un recinto como ese, aunque a muchos no les
parezca.
El bullicio interno hay que detectarlo firme y en tono de
salida, que no nos corroa lo que no nos compete, aunque pareciera que la buena
razón se puede ver titubeante. Son
demasiadas las cosas que ya se exponen en tiempo real, y nos dejan perplejos.
Es por eso que este fue un tiempo de deslindar para mí, encontrar por donde
quería informarme en los medios y cómo interpretar el amarillismo que nos venia
llegando mucho más descaradamente.
Los tiempos de mi cuerpo iban tomando un nuevo tono, al
mismo tiempo que el madurar nos muestra que sí hay faros que alumbran,
otros tal vez estén para dar luz en otros momentos.
Había perdido un órgano no vital, mas no por eso no volvía
a estar igual en el ánimo, mucho habría que ajustar. La resiliencia ayuda, pero
no somos materiales que vuelven a su estado, sino somos un conjunto más
complejo como Ser Humano. El giro de la perspectiva personal se da, tal
vez no de tantos grados, más si los necesarios para mirar diferente todo. ¿Qué
hacer para que existiera en verdad el tono adecuado de la vida, nueva? Prestar
más atención, no tanto de una manera preocupante, mas, sí más puntual. Darme
cuenta que ese despertar de madrugada tendría un sentido. Toda mi niñez había
notado eso en mi padre y me costaba entender ese despertar tan temprano, el
tenis, las cacerías los fines de semana, por las cercanías de la ciudad con los
perros, Trate de no verlo como una conduerma, porque no lo es.
El silencio de la
madrugada ¡sí que sería el punto de poder leer en paz! y escribir en calma. Los
amaneceres comenzaron a recomponerme por dentro, todo iba siendo una nueva
adaptabilidad a la etapa de vida que se abría ante mí misma.
No se puede perder la confianza en cada acción que
agendamos, porque estaríamos dando entrada a una muerte en vida.
Me volví a encontrar con un bello texto sencillo de T.S.
Eliot:
No dejaremos de explorar
Y el final de nuestra exploración
Será llegar a donde partimos
Y conoceremos el llegar por primera vez.
¡Claramente nos habla este autor de redondez!, de
circularidad vital, de ese mandala que es nuestra propia vida y que aun creyéndole
finito en la tierra, es redondo hasta entrar a un infinito al que todo
volveremos…
¡y llegaremos por
primera vez!
En la vida humana, exactamente como pasa dentro del
Quijote, ese libro de libros; en la existencia encontramos que hay ciclos dentro
de ciclos, que dan vida.
Nada deja de infundir fuerza al ciclo que tenemos por
delante, aun en la edad adulta, cuando de pronto nos sentimos como más
vulnerables.
Garbo vital
Células vibrantes
Mundo de luces
Estancias con sombras
Luces que ofuscan
Oscuridad que priva
Solo estar…para ver
Tiempos idos
Tiempos renovados
Concordancia de Paz.
Universo
Constancia que va
Llegar y pasar
Entradas
Salidas
Cadena vital
Camino
Andares serenos
Pasoso que sí son
Andares.
Firmeza consonante
Vamos
Volvemos. MJ
Palabras sueltas que llegan a la mente, y las dejamos
ser. Un ejercicio que vale mucho la pena regalarnos. Este tipo de escritura que
es como bisagras de ideas y nos ayuda a ordenar por dentro. (Continuará)
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