miércoles, 26 de agosto de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (16)

 Fui comprendiendo cada vez

con más claridad

que no se debe escuchar a las personas,

sino entenderlas.

Ciudadela.

Antoine de Saint Exupéry.

                                                           ¿En qué se diferencia   escuchar de entender?

Vale mucho la pena saberlo, porque a veces solo escuchar no basta, cuando no se logra captar el sentido de lo que se dice.

Es claro que el autor francés fue célebre cuando nos ha dicho esta frase, por lo mucho que entendió él mismo a sus congéneres, aunque no es nada fácil para nosotros, quienes somos del común de los mortales y que más que nada vivimos llenos de prisas.  La perseverancia hace su parte en el asentar buenas costumbres. Es un hecho que a eso hemos venido al mundo, a escuchar con atención, ser constantes.

Mucho más, cuando la vida da sorpresas.

La Navidad para recibir el año 2014 la pasamos en Chicago. Invitamos a venir con nosotros a la novia de nuestro hijo, sabíamos que ya se iban perfilando para contraer matrimonio. Percibimos bueno el estar los cinco juntos para cerrar el año.

Unos días antes de Navidad, se nos dio la oportunidad de disfrutar del Cascanueces de Tchaikovsky, en teatro pequeño y muy bien puesto. Una magna experiencia. El teatro lleno, es tanto el orden a veces, que de plano ni se siente el gentío. Obtuvimos buenos asientos.

La mayoría de las personas muy bien vestidas, disfrutaron de la velada, casi todos con niños llenos de entusiasmo. Los atuendos de invierno con elegancia.

La formalidad de la época lo demandaba y da gusto ver como niños y adultos disfrutan juntos en estas ocasiones de prenavidad y de días especiales.

Caminamos mucho. Todo fue muy disfrutado y con gozos especiales de probar nuevos menús, así como la visita a algunos museos muy bien puestos, algunos extensos, por lo que también habría que saber elegir los recorridos.

Para cerrar el año, nadie quería quedarse en la unión americana.

¿Algún presentimiento?, por mi parte ninguno, mas la vida es sabia, cuando la existencia nos tiene sorpresas.

Ya de regreso, dejamos a nuestra hija en Cancún, para tomar el automóvil de vuelta.

Y, yo no tenía ni idea de lo que viviría:  una de las más fuertes experiencias para marcar la existencia. Así hay que catalogar a los asuntos de salud en la vida. Nos cambian.

La vida no avisa, cuando los asuntos existenciales tienen que afinarse y profundizar. Los desplantes más intensos son de golpe y porrazo, con esos crecemos.

Al llegar a casa, después de tan hermoso viaje y tan disfrutado, uno siente el cansancio normal.

En lo personal además sentía una pequeña molestia en el área de los intestinos y como esos han sido mi talón de Aquiles, pues hice lo que siempre haría, cuidarme más y seguir mi camino. Decidí el día primero de año, solo tomar dieta blanda.

Y, sí que fue buena idea. Lo que vino a continuación vale mucho la pena compartirlo, son esas experiencias, que pareciendo muy negativas (que lo son, sin duda) claramente develan los secretos de lo aprendido. Son vivencias que nos dan esa posibilidad de tener humildad y saber aceptar. Poder decir que hasta en los malos momentos se aprende.

Un poco pasado el mediodía del día primero de enero, se me rompió el intestino grueso. Me invadió un susto tremendo que hasta llegué a pensar que no la libraba.

Me estaba desangrando en casa. Mi hijo que aún vivía con nosotros, no se atontó, y él y su padre me cargaron al automóvil, para volar a Urgencias.

Llegué casi sin aliento. Solo puedo recordar como corrieron las enfermeras y enfermeros para estabilizar todo en mí. Lo lograron, así como de inmediato avisar al médico que ya sabía que yo tenía esos asuntos tan delicados. Él mismo, cuatro años antes, me había hecho una pequeña recesión intestinal, Solo había tenido dolor, y fue necesaria.

Ya en el hospital, poco me acuerdo cual fue el momento en que desmayé y cómo luego solo podía estar agradecida con tan puntual ayuda. Estuve una noche entera bajo los cuidados en Urgencias, antes de que me pasaran al cuarto en el que convalecería casi un mes.

Al médico que me salvó la vida, Dios lo tenga en su gloria.

Diez años después se fue de este mundo, no sin que yo le diera el más fuerte abrazo por ser buenos amigos, había yo dado clases de Literatura en la prepa y había sido mi alumno. Nuestro círculo de convivencia, medicina y amistad se cerró.

Siempre, en cada consulta posterior en los diez años antes de su partida, le reiteré mi agradecimiento eterno, y que jamás olvidaría que, tras la cirugía, la frase que me dijo: -No te puse bolsita, la reconexión fue perfecta-. Por lo que se dio: ¡gran logro!

Este buen galeno, en el momento clave y antes de la enorme cirugía ya cuando desperté en el cuarto y en preparación, me habló con el corazón en la mano:

-Sabes, estás en un momento muy delicado-, me dijo. Estaremos monitoreando el intestino, para saber mejor como va, pero antes habrá que hacer 7 (siete) días de ayuno total.  La limpieza interna con antibióticos era básica y por mi parte la limpieza mental de aceptar, empezar a entender cómo sería mi nueva vida.

Sin comer bocado y tan solo bebiendo agua por ratos, se me mantuvo hidratada y alimentada intravenosamente.

El día llegó: Tan solo se acercó a mi cama y me dijo, -es necesario quitar todo el intestino, está muy enfermo, los divertículos han invadido y no hay vuelta de hoja-. Le miré atenta a los ojos, a mis 59 años de edad estaba viviendo uno de los cambios más drásticos de mi vida. Tan solo le dije, -me suelto a tu decisión, tú eres el médico, y creo que nos apreciamos lo suficiente como para que yo confíe en ti, al ciento por ciento-. Esbozó una sonrisa y me tomó la mano, de acuerdo, dijo.

Se planeo la operación para dos días después y todo salió muy bien. Mas de quince días más, me quedé en el hospital para aprender a comer de nuevo, con paciencia, con calma y con esperanza.

Lamenté luego, que para ese exacto momento yo no sabía el verdadero significado de lo que conlleva el término esperanza: si cada quien hace su parte, todo se da. Se dio.

Él mismo me habló del término resiliencia. Jamás lo había escuchado hasta ese momento y me dijo: -como que, noto la resiliencia en ti-.  Luego me he enterado que es un término que se aplica a los materiales, cuando poco a poco regresan a su estado optimo. Se dice que la puede tener una persona, luego de una gran prueba.

El marido, los hijos, los amigos y más que nada el médico que con tino me operó tan bien, fueron el complemento exacto para que con apoyo y cariño yo fuera viendo la salida. No tuve necesidad de vivir con una bolsita adosada a mi cuerpo, todo se logró unir desde la cirugía, que no fue sencilla pero sí muy exitosa.

¿Cómo no estar agradecida a Dios de esto que me tocó vivir con bien y con éxito?

Mi hija, claro está, vino de Cancún en donde vivía y trabajaba en ese tiempo, y fue una gran compañía para mí. Se tendría que regresar, pero todo se ordenó con mucho bien. En casa, me pase un mes entero sin bajar del segundo piso hasta que la herida estuviera más cicatrizada.

Me llevó tiempo y valió oro molido la paciencia. Todo en mi vida cambió.

Las percepciones de la realidad se hacen más intensas cuando uno vive estos mandatos como pruebas de vida, que nos pone en el camino la existencia.

Ver con ojos nuevos.

El día que salí del hospital, cerrado el automóvil con el aire acondicionado, les dije: -No por favor, abriré la ventanilla, me urge sentir el aire en la cara- Hoy día, sé que fue la brisa más estupenda que hubiera podido experimentar en la vida.

 Después de estar recluida, entre cuatro paredes... Dios me habló en ese sentir el aire fresco en los poros, me di cuenta de cuanto existe en el valor de la vida misma.

                                                                    Ese mismo mes de enero del año 2014   todo quedaría plasmado en una libreta: Un parteaguas, porque así lo fue.  Conjuntados dos momentos: el gozo de una navidad con tanto bien, para fortalecerme y afrontar lo que luego llegó, en año nuevo.

Razones fuertes tenia mi cuerpo físico para revelarse en esa forma. Literalmente, la vida se parte en dos, todo se percibe diferente. Me quedó claro que con la genética no se juega, y que a unos nos toca más fuerte que a otros. De esas lides biológicas nunca entenderé del todo, porque no son las arenas por las que me gusta andar en el estudio, pero la vida misma se encarga de mostrar cuales son las debilidades de las que tendremos que aprender. Sabía que mi padre era intolerante a la leche, pero jamás se habló en esos términos en casa, de que si la lactosa o no. Sabía que mi madre se esforzó muchísimo en hacerme beber el lácteo vacuno desde la más tierna infancia, toda mi niñez tomando leche de buena calidad producto de los establos de un hermano de mi padre, pero en mí, venía haciendo un efecto adverso que nadie vio venir ni entendió. Lo decía, lo repetía por las náuseas que me provocaba, tan solo para escuchar que: -eso es normal, tienes que alimentarte como Dios manda-. ¿Dios, manda cosas así? obviamente, que no. Ese decir en mi resuena con otro sentido hoy. Nadie entendía lo que se decía.

Claro que no solo se enfermó el intestino por esas intolerancias, habría que haber revisado, la dieta en general, mas no se nos daba estar en esos argumentos tan sofisticados en los tiempos en que lo viví. Claro, que ya sin ese órgano (que, gracias a dios, no es vital) nuevos acomodos han venido, ya llevo 12 (doce) años con esta condición.

¿Puede uno mismo asediarse, hasta el infinito?

Eso nunca. El asedio es la peor manera de hacernos daño. Tan solo habremos de aceptar como somos cada quien, y saber qué limitantes se aparecen como válvulas de amor. Encontrar miradas diferentes entre los amigos, así de cómo la vida nos invita a renovarnos en el nombre de vivir una vida lo más plena posible. La plenitud no es el cuerpo humano, lo pleno es, una vez más habremos de decirlo:  El Alma.

Ahora, lo he escrito con mayúsculas y cursivas, porque desde que viví esta experiencia mi alma se hizo más presente y más significativa.

¿Qué nos significa la palabra, creencia?

Mucho más que tener un cumulo de ideas respecto a algún camino de vida o tema en el que se cree. Las creencias han de estar asentadas en las bases filosóficas de nuestra cosmovisión. Esto no siempre es fácil hoy día, se ha movilizado mucho el mundo para hacernos dudar de las bases que se nos han dado.

La civilización occidental le debe todo a la cosmovisión de un Dios que nos ha legado el cristianismo. Estas creencias perviven hasta en los modos de ser de muchos que se dicen ateos, y cuando uno percibe esto, queda claro que las posturas solo eso son: poses convenientes. Posturas, modos de decir lo que no se ha entendido de fondo. Sí, habrá muchos seres humanos sumergidos en la contradicción aun, eso es parte de la condición del mundo. Pensemos que con buena esperanza percibimos que sea superada algún día.

Cuidado con las ideas que llegan tan solo al aire. Mientras lo que se diga no esté asentado en la realidad, es falaz. Hasta risa da cuando lo vemos reflejado en los modos de encarar la vida. El golpe avisa, es una realidad.

Mucho se dice que el alma humana en su real dimensión se revela mediante la adversidad, y eso es un hecho. La enfermedad, los accidentes, los desencantos y algunos asuntos así de fuertes, son detonadores de que miremos con más claridad.

La creencia cuando es verdadera, sí que nos ayuda a sentir que la vida se desliza.

Y, de pronto… le dice Don Quijote a Sancho: -Somos, el resultado de nuestras obras-. (Continuará).

 

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