Diario vivir: Razón y Orden. (3)
Aun cuando vivamos
con razón y orden, no todos los llamados de la vida resultan cómodos, algunas
veces se nos pide mucho más de lo que nos esperábamos. MJ
Iba yo comprendiendo el significado de llegar a los 57
años de vida, en el año 2012.
Me daba cuenta que en mi cuerpo se daban claros los
cambios, llega un momento de vida en que hay que asumir realidades que no son
tan bien recibidas (y mucho menos esperadas) cuando es verdad que forman parte
del todo. Cuando se cierra un ciclo temporal,
se transforma el interior, la visión se afina. Percibía cinismo a mi
alrededor, y la pregunta ¿la vida es tan imperfecta como a veces la observamos?
No siempre se percibe todo completo y se ve todo un poco borroso por momentos,
cuando hay asuntos en los que estamos más vulnerables. Del natural vivir a veces nos confiamos, y al
créelo tan estable, sucede que, brinca la liebre. ¿Qué hacer ante el
cinismo observado? Al fin comprendí que nos corresponde resetear la mente, ser
pacientes y observadores para ayudarnos a ser más caritativos, ya que ni en
todo se nos pide opinión y el valor está en lo personal. No siempre se coincide
con la verdad. Cada ser ha de enmendar en la medida de sus percepciones la
verdad absoluta que se nos otorga a todos, y esa es la argamasa de la vida,
aunque a veces no todos la veamos tal clara. La caridad, está situada en ver con ojos
serenos y no siempre es fácil. Tan solo entrenarnos a ser observadores y saber
cuándo sí coincidimos y cuando no, es tarea que por ratos inquieta. La verdad razonada encaja en lo absoluto y es
la misma para todos, con diferente color.
Las personas que creímos cercanas y con aprecio de pronto
las percibimos cínicas, y con eso tan solo diría mi madre: - ¡Es la cola del
diablo, que aparece! -, Así es como ella fue educada y recibió esta idea.
En el siglo XXI, podremos decir: ¡Son las distorsiones de
la cultura!, (nada de la cola del diablo) mas bien es saber que nos diferencia
y respetar. Claro que es un hecho, que
cada día se hacen más evidentes las verdades a medias. Estamos tan imbuidos en el proceso de vivir lo que nos
rige, que no le podemos poner nombre a cada vivencia, y no es nombrar el asunto,
es tan solo transformar lo que se nos asigna. Sin que ni para que, percibimos la distorsión
de miras tan solo por la condición humana, y al parecer, aunque no se perciba
razón que la sustente, nos sentimos que todo se nos desordena. Leí una frase de
Eleanor Roosevelt: -Nadie te puede hacer mal, sin tu permiso-. Viene al caso de
pronto cuando vemos pensamientos diferentes y que no tienen por qué afectarnos.
Quería saber y valorar los cariños añosos, que no solo no
nos juzgan sin sentido, sino que saben hacer compañía. La congratulación vital
de sabernos capaces de aceptar con quiénes si coincidimos y que, aunque la vida
actual nos ha dificultado los encuentros físicos, hay personas con las que, si
comulgamos, aunque no nos veamos tan seguido, aunque nos hayamos conocido ayer.
Tengo una comadre que suele decir, ¡cuidado! al inaugurar amistades; no lo creo
tan drástico, porque con la edad detectamos a los seres buenos y por otro lado hay
los que se alejan por incompatibilidad de miras. Sabemos que a los amigos
verdaderos Dios mismo los pone en el camino, y los que solo juegan con
la amistad, con la misma, salen de escena.
He considerado
oportuno hacer una breve lectura reflexiva sobre el libro de J.R.R. Tolkien: El
Hobbit. Es un texto que invita a la reflexión de cómo razonamos y más aún como
lo hacemos cuando a lo que se nos llama, no es cómodo. Lo que no es deseado aparece,
y cómo esto mismo afecta al orden que quisiéramos mantener. Cuando hacemos caso
por algo que se nos pide en la vida, respondemos y hay paz.
Hablar un poco de Tolkien como autor, nos viene bien. La
vida personal de los escritores es algo que marca las obras literarias. A
Tolkien le toca vivir entre dos guerras y ver morir a muchos de sus amigos. El
llamado de acomodo que le pide la vida pronto se le desgaja entre las manos,
mas nunca pierde la esperanza. Pierde a su padre muy joven, su madre se
convierte al catolicismo y este acontecimiento le marca profundo porque luego
la madre muere y el queda bajo la guía de un tutor.
Es la época del mundo cuando se fragmenta de cuajo lo metafísico
y la razón toma una medida desmesurada con la ilustración, pareciera que solo
importa la ciencia. Se está buscando una
vía con sentido vital más congruente y humana. Claro que las ciencias abren
caminos muy promisorios, aunque ya sabemos que, si solo son razonadas, se ven
desangeladas. Si se desplaza toda vida espiritual creyendo que es algo mágico,
se pierde la esencia base. Tolkien escribe obras que tratan de atenuar los
desbalances entre la vida material y la espiritual, esa es la premisa básica valorada
de sus textos.
Este autor se da cuenta de cómo la fantasía es un camino
de redención. Cuando se narra en los
ámbitos de una imaginación bien dirigida, tambien se ayuda a comprender mejor
la realidad. Este libro tiene todo que ver con la esperanza, y es ideal para
compartir con niños, tal vez, de unos 8 (ocho) años en adelante. El sentido de
la esperanza es saber que: mientras
yo hago mi parte los demás hacen la suya.
Bilbo, el personaje hobbit, no busca la aventura
que va a vivir, la vida se la plantea. Descubrir la revelación… ¿Qué quiere la
vida de mí mismo? No del vecino. No de los seres que nos rodean. Las decisiones
más francas vienen del centro del ser, se asumen. Esto es lo que lleva el hilo
conductor de esta novela que muchos adultos ya debían haberla leído cuanto ha. Si
nos llaman… ¡Habremos de salir!
Desarrollar la confianza en uno mismo mediante la razón y
el orden es un asunto muy humano y cada día más necesario, por la misma
confusión postmoderna.
La aventura de la vida es lo más grandioso que existe.
Veremos cómo un ser sencillo como Bilbo Bolsón, se irá fortaleciendo para hacer
de su destino la gran aventura.
Hoy día que leo a mis nietos esta obra (lo hacemos con
pausa y al ritmo de ellos, yo ya la leí antes) me doy cuenta cómo les hace
pensar y repensar, comprender. Los retos presentados no son para tener susto, más
bien fortalecen al ser y esa acción se nota en el personaje. Hay malos momentos
y éstos dan pautas, se aprende a cómo salir de los atolladeros, con gracia y
confianza.
Es así que compartiré algunos de los valores de este
texto, propuestos para comprender que cuando sabemos que un ser es bueno,
es posible que lo que haga o diga inesperado, tambien caiga en tierra fértil.
El mago del texto llamado Gandalf es quien sugiere la
aventura, porque sabe qué aventurarse hará bien a todos los de la comarca, es
parte de su ser como persona de gracia, saber que los miedos siempre son
profesores.
Una vez embarcados en la aventura propuesta, se van dando
cuenta los protagonistas, que nos es tan mala la idea que han seguido y que aun
con muchas controversias, tropiezos y momentos muy fuertes a resolver, apuestan
por lo humano.
Saber mirar hacia adelante, tratar de mantener el camino
aun cuando salen bifurcaciones engañosas. Con paciencia ¡las llegamos a
detectar! y superar.
Saber escuchar es valor propuesto en el libro. Manejar
adecuadamente los miedos, tambien, porque la vida nos puede poner acertijos.
¡Nos los pone!
Bilbo, se da cuenta de que, en la aventura, siempre se
puede regresar a los caminos conocidos para fijar momentos clave, observar quien
acompaña de verdad.
Bilbo sabe el secreto del anillo otorgado, y no lo
quiere comunicar a sus compañeros a destiempo. Es cuando nos damos cuenta del
valor del lenguaje, ¿que se comparte y en qué momento se hace? En lo personal,
ese es mi pecado mortal: Hablar. Mas, ¡tambien es mi herramienta más preciada!,
cuando hay buena respuesta.
La luz, en esta narrativa siempre está presente, con los
niños eso cuenta mucho.
En el capítulo 10, Bilbo sufre un desengaño, duda de la
montaña y de alcanzar el tesoro buscado, y dice el texto: -El día… avanzaba
flotando. Bilbo miró. No se daba cuenta de lo afortunado que era de haberla
visto (la montaña) aun con dudas-.
Hay que saber detectar los informes secretos que
la vida nos brinda (si estamos atentos) caen en tierra fértil. Y, los malos
momentos… ¡tambien son vida!
A pesar de que se dice y se sabe cómo centralidad del texto
que iban por un tesoro material, (todos los enanos lo sabían) Bilbo les recuerda.
-No solo el oro nos ha traído aquí-. Esa materialidad que nos corroe de una
manera rampante el día de hoy y presentada por el mundo como el mayor bien, a
veces es espejismo. Puede trastornar lo interno, ese desear sin propósito, cuando
no es así la realidad.
Si hay fe, hasta la desorientación surge como algo
promisorio.
Siempre hay seres más capaces de poner orden que otros,
de eso no hay duda. Elegir bien a los dirigentes es primordial, a los que
acompañan en cada aventura.
No es malo el arrepentimiento, sabemos que siempre hay
momentos para distinguir lo que es hablar, y que es muy diferente de lo
que es parlamentar, que conlleva ideas para el avance más claro. Mas
vale a veces hablar por dentro.
Parte de uno de los cantos de los enanos y del hobbit es:
-Las estrellas brillan más que las gemas incontables,
y la tierra es aún más clara que los tesoros de plata,
el fuego es más reluciente en el hogar a la noche,
que el oro hundido en las minas-.
Hay seres que están en este mundo dudando de la aventura
de vivir. Se llega a pensar que como no se ha pedido el nacer, no hay
responsabilidad de toda la existencia que se nos otorga, y en los más de los
casos, si no todo ha salido a pedir de boca, pareciera que ya nada tiene
valor. Sabernos contingentes en Dios
hace una diferencia inconmensurable. Nos
da el sentido de que estamos contenidos y somos tan solo seguidores de una revelación
que a veces se nos duerme, que cuando hay alerta mental y razón, se da con
facilidad la guía, la realidad de Dios. Aceptar cuando es necesario ser
ayudados por profesionales, si así se necesitase.
Si la vida, en nuestros razonamientos diarios nos presenta
estupor y nos llega a hacer sentir miedos, hay que enfrentar esos sentimientos
que ¡solo eso son!, pruebas, que pone el camino. La voluntad de Dios se aprende
a distinguir.
En estos textos de Tolkien, los personajes crecen en
sabiduría a pesar de los pesares.
Amar saber… no es lo mismo que ser sabios. El
sabio no acumula nada, lo procesa en su interior y sigue adelante.
Se sabe que para ser sabios hay dos puntos base a tener
en cuenta:
-Profundizar lo que entendemos-.
-Ampliar las experiencias que sentimos sí son parte
nuestra-.
Ocuparnos es algo que nos mantiene la mente sana, abierta y promisoria. Preocuparnos
es lo peor. Cuando llegamos a la puerta de lo que vamos a vivir, hay que observar
para saber cómo la ocupación dará las pautas.
Parsimoniarnos… es una palabra que me encanta. Es aceptar
el balance vital. Es hacer de la parsimonia una aliada y tomarla del brazo para
siempre. Nada nos ha de turbar, como dice la mismísima Santa Teresa de Jesús.
No todo el que camina, avanza. A veces se camina para
llegar a mesetas contemplativas, aun sabiendo que los tiempos son preciosos y
nos corre prisa para la acción. ¿Qué más precioso en nuestra vida que llevar
los ritmos que le corresponden y saber parar?
Si están cerca de nosotros seres en conflicto, ante todo
tener caridad. Saber actuar y poder callar lo que no viene al caso. En mi caso
es difícil, porque soy de mucha palabra. Me gusta el argumento, disfruto con
todo lo comunicable y esto a veces cae en tierra seca. Es, ciertamente por lo
que he escrito tantos diarios personales que se me ha permitido compartir, la
vida me ha permitido revisar tal como lo hago.
De pronto puede haber a nuestro alrededor brillos
insolentes, de esos que deslumbran. Cosas
que nos toman demasiado tiempo y no son relevantes. Saber decir NO es un don,
espejismos siempre los habrá. ¡Cuidado!
Cuidar el corazón. En mis textos personales a cada rato
aparece la cita bíblica de Proverbios 4:23
-Por sobre todas las cosas, cuida tu corazón, porque de
él, mana la vida-.
Y no me canso de encontrarme una y otra vez con tal
proverbio. Porque el corazón se hace evidente en los que ponemos sentimiento de
más, al vivir. Porque, no solo es el órgano que bombera la sangre a todo el
cuerpo, es el modo de vivir la vida. Razonar bien lo que sentimos nunca
es contaminarlo, es mas bien apoyar en dirección al orden. Buenas razones nos darán orden y sentido.
(Continuará).
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