jueves, 28 de mayo de 2026

 

Diario vivir: Razón y Orden. (3)

                                                                     Aun cuando vivamos con razón y orden, no todos los llamados de la vida resultan cómodos, algunas veces se nos pide mucho más de lo que nos esperábamos. MJ

 

Iba yo comprendiendo el significado de llegar a los 57 años de vida, en el año 2012.

Me daba cuenta que en mi cuerpo se daban claros los cambios, llega un momento de vida en que hay que asumir realidades que no son tan bien recibidas (y mucho menos esperadas) cuando es verdad que forman parte del todo.   Cuando se cierra un ciclo temporal, se transforma el interior, la visión se afina. Percibía cinismo   a mi alrededor, y la pregunta ¿la vida es tan imperfecta como a veces la observamos? No siempre se percibe todo completo y se ve todo un poco borroso por momentos, cuando hay asuntos en los que estamos más vulnerables.  Del natural vivir a veces nos confiamos, y al créelo tan estable, sucede que, brinca la liebre. ¿Qué hacer ante el cinismo observado? Al fin comprendí que nos corresponde resetear la mente, ser pacientes y observadores para ayudarnos a ser más caritativos, ya que ni en todo se nos pide opinión y el valor está en lo personal. No siempre se coincide con la verdad. Cada ser ha de enmendar en la medida de sus percepciones la verdad absoluta que se nos otorga a todos, y esa es la argamasa de la vida, aunque a veces no todos la veamos tal clara.  La caridad, está situada en ver con ojos serenos y no siempre es fácil. Tan solo entrenarnos a ser observadores y saber cuándo sí coincidimos y cuando no, es tarea que por ratos inquieta.  La verdad razonada encaja en lo absoluto y es la misma para todos, con diferente color.

Las personas que creímos cercanas y con aprecio de pronto las percibimos cínicas, y con eso tan solo diría mi madre: - ¡Es la cola del diablo, que aparece! -, Así es como ella fue educada y recibió esta idea.

En el siglo XXI, podremos decir: ¡Son las distorsiones de la cultura!, (nada de la cola del diablo) mas bien es saber que nos diferencia y respetar.  Claro que es un hecho, que cada día se hacen más evidentes las verdades a medias. Estamos  tan imbuidos en el proceso de vivir lo que nos rige, que no le podemos poner nombre a cada vivencia, y no es nombrar el asunto, es tan solo transformar lo que se nos asigna.  Sin que ni para que, percibimos la distorsión de miras tan solo por la condición humana, y al parecer, aunque no se perciba razón que la sustente, nos sentimos que todo se nos desordena. Leí una frase de Eleanor Roosevelt: -Nadie te puede hacer mal, sin tu permiso-. Viene al caso de pronto cuando vemos pensamientos diferentes y que no tienen por qué afectarnos.

Quería saber y valorar los cariños añosos, que no solo no nos juzgan sin sentido, sino que saben hacer compañía. La congratulación vital de sabernos capaces de aceptar con quiénes si coincidimos y que, aunque la vida actual nos ha dificultado los encuentros físicos, hay personas con las que, si comulgamos, aunque no nos veamos tan seguido, aunque nos hayamos conocido ayer. Tengo una comadre que suele decir, ¡cuidado! al inaugurar amistades; no lo creo tan drástico, porque con la edad detectamos a los seres buenos y por otro lado hay los que se alejan por incompatibilidad de miras. Sabemos que a los amigos verdaderos Dios mismo los pone en el camino, y los que solo juegan con la amistad, con la misma, salen de escena.

 He considerado oportuno hacer una breve lectura reflexiva sobre el libro de J.R.R. Tolkien: El Hobbit. Es un texto que invita a la reflexión de cómo razonamos y más aún como lo hacemos cuando a lo que se nos llama, no es cómodo. Lo que no es deseado aparece, y cómo esto mismo afecta al orden que quisiéramos mantener. Cuando hacemos caso por algo que se nos pide en la vida, respondemos y hay paz.

Hablar un poco de Tolkien como autor, nos viene bien. La vida personal de los escritores es algo que marca las obras literarias. A Tolkien le toca vivir entre dos guerras y ver morir a muchos de sus amigos. El llamado de acomodo que le pide la vida pronto se le desgaja entre las manos, mas nunca pierde la esperanza. Pierde a su padre muy joven, su madre se convierte al catolicismo y este acontecimiento le marca profundo porque luego la madre muere y el queda bajo la guía de un tutor.

Es la época del mundo cuando se fragmenta de cuajo lo metafísico y la razón toma una medida desmesurada con la ilustración, pareciera que solo importa la ciencia.  Se está buscando una vía con sentido vital más congruente y humana. Claro que las ciencias abren caminos muy promisorios, aunque ya sabemos que, si solo son razonadas, se ven desangeladas. Si se desplaza toda vida espiritual creyendo que es algo mágico, se pierde la esencia base. Tolkien escribe obras que tratan de atenuar los desbalances entre la vida material y la espiritual, esa es la premisa básica valorada de sus textos.

Este autor se da cuenta de cómo la fantasía es un camino de redención.  Cuando se narra en los ámbitos de una imaginación bien dirigida, tambien se ayuda a comprender mejor la realidad. Este libro tiene todo que ver con la esperanza, y es ideal para compartir con niños, tal vez, de unos 8 (ocho) años en adelante. El sentido de la esperanza es saber que:  mientras yo hago mi parte los demás hacen la suya.

Bilbo, el personaje hobbit, no busca la aventura que va a vivir, la vida se la plantea. Descubrir la revelación… ¿Qué quiere la vida de mí mismo? No del vecino. No de los seres que nos rodean. Las decisiones más francas vienen del centro del ser, se asumen. Esto es lo que lleva el hilo conductor de esta novela que muchos adultos ya debían haberla leído cuanto ha. Si nos llaman… ¡Habremos de salir!

Desarrollar la confianza en uno mismo mediante la razón y el orden es un asunto muy humano y cada día más necesario, por la misma confusión postmoderna.

La aventura de la vida es lo más grandioso que existe. Veremos cómo un ser sencillo como Bilbo Bolsón, se irá fortaleciendo para hacer de su destino la gran aventura.

Hoy día que leo a mis nietos esta obra (lo hacemos con pausa y al ritmo de ellos, yo ya la leí antes) me doy cuenta cómo les hace pensar y repensar, comprender. Los retos presentados no son para tener susto, más bien fortalecen al ser y esa acción se nota en el personaje. Hay malos momentos y éstos dan pautas, se aprende a cómo salir de los atolladeros, con gracia y confianza.

Es así que compartiré algunos de los valores de este texto, propuestos para comprender que cuando sabemos que un ser es bueno, es posible que lo que haga o diga inesperado, tambien caiga en tierra fértil.

El mago del texto llamado Gandalf es quien sugiere la aventura, porque sabe qué aventurarse hará bien a todos los de la comarca, es parte de su ser como persona de gracia, saber que los miedos siempre son profesores.

Una vez embarcados en la aventura propuesta, se van dando cuenta los protagonistas, que nos es tan mala la idea que han seguido y que aun con muchas controversias, tropiezos y momentos muy fuertes a resolver, apuestan por lo humano.

Saber mirar hacia adelante, tratar de mantener el camino aun cuando salen bifurcaciones engañosas. Con paciencia ¡las llegamos a detectar! y superar.

Saber escuchar es valor propuesto en el libro. Manejar adecuadamente los miedos, tambien, porque la vida nos puede poner acertijos. ¡Nos los pone!

Bilbo, se da cuenta de que, en la aventura, siempre se puede regresar a los caminos conocidos para fijar momentos clave, observar quien acompaña de verdad.

Bilbo sabe el secreto del anillo otorgado, y no lo quiere comunicar a sus compañeros a destiempo. Es cuando nos damos cuenta del valor del lenguaje, ¿que se comparte y en qué momento se hace? En lo personal, ese es mi pecado mortal: Hablar. Mas, ¡tambien es mi herramienta más preciada!, cuando hay buena respuesta.

La luz, en esta narrativa siempre está presente, con los niños eso cuenta mucho.

En el capítulo 10, Bilbo sufre un desengaño, duda de la montaña y de alcanzar el tesoro buscado, y dice el texto: -El día… avanzaba flotando. Bilbo miró. No se daba cuenta de lo afortunado que era de haberla visto (la montaña) aun con dudas-.

Hay que saber detectar los informes secretos que la vida nos brinda (si estamos atentos) caen en tierra fértil. Y, los malos momentos… ¡tambien son vida!

A pesar de que se dice y se sabe cómo centralidad del texto que iban por un tesoro material, (todos los enanos lo sabían) Bilbo les recuerda. -No solo el oro nos ha traído aquí-. Esa materialidad que nos corroe de una manera rampante el día de hoy y presentada por el mundo como el mayor bien, a veces es espejismo. Puede trastornar lo interno, ese desear sin propósito, cuando no es así la realidad.

Si hay fe, hasta la desorientación surge como algo promisorio.

Siempre hay seres más capaces de poner orden que otros, de eso no hay duda. Elegir bien a los dirigentes es primordial, a los que acompañan en cada aventura.

No es malo el arrepentimiento, sabemos que siempre hay momentos para distinguir lo que es hablar, y que es muy diferente de lo que es parlamentar, que conlleva ideas para el avance más claro. Mas vale a veces hablar por dentro.

Parte de uno de los cantos de los enanos y del hobbit es:

-Las estrellas brillan más que las gemas incontables,

y la tierra es aún más clara que los tesoros de plata,

el fuego es más reluciente en el hogar a la noche,

que el oro hundido en las minas-.

Hay seres que están en este mundo dudando de la aventura de vivir. Se llega a pensar que como no se ha pedido el nacer, no hay responsabilidad de toda la existencia que se nos otorga, y en los más de los casos, si no todo ha salido a pedir de boca, pareciera que ya nada tiene valor.  Sabernos contingentes en Dios hace una diferencia inconmensurable.  Nos da el sentido de que estamos contenidos y somos tan solo seguidores de una revelación que a veces se nos duerme, que cuando hay alerta mental y razón, se da con facilidad la guía, la realidad de Dios. Aceptar cuando es necesario ser ayudados por profesionales, si así se necesitase.

Si la vida, en nuestros razonamientos diarios nos presenta estupor y nos llega a hacer sentir miedos, hay que enfrentar esos sentimientos que ¡solo eso son!, pruebas, que pone el camino. La voluntad de Dios se aprende a distinguir.

En estos textos de Tolkien, los personajes crecen en sabiduría a pesar de los pesares.

Amar saber… no es lo mismo que ser sabios. El sabio no acumula nada, lo procesa en su interior y sigue adelante.

Se sabe que para ser sabios hay dos puntos base a tener en cuenta:

-Profundizar lo que entendemos-.

-Ampliar las experiencias que sentimos sí son parte nuestra-.

                                                  Ocuparnos es algo que nos mantiene la mente sana, abierta y promisoria. Preocuparnos es lo peor. Cuando llegamos a la puerta de lo que vamos a vivir, hay que observar para saber cómo la ocupación dará las pautas.

Parsimoniarnos… es una palabra que me encanta. Es aceptar el balance vital. Es hacer de la parsimonia una aliada y tomarla del brazo para siempre. Nada nos ha de turbar, como dice la mismísima Santa Teresa de Jesús.

No todo el que camina, avanza. A veces se camina para llegar a mesetas contemplativas, aun sabiendo que los tiempos son preciosos y nos corre prisa para la acción. ¿Qué más precioso en nuestra vida que llevar los ritmos que le corresponden y saber parar?

Si están cerca de nosotros seres en conflicto, ante todo tener caridad. Saber actuar y poder callar lo que no viene al caso. En mi caso es difícil, porque soy de mucha palabra. Me gusta el argumento, disfruto con todo lo comunicable y esto a veces cae en tierra seca. Es, ciertamente por lo que he escrito tantos diarios personales que se me ha permitido compartir, la vida me ha permitido revisar tal como lo hago.

De pronto puede haber a nuestro alrededor brillos insolentes, de esos que deslumbran.  Cosas que nos toman demasiado tiempo y no son relevantes. Saber decir NO es un don, espejismos siempre los habrá. ¡Cuidado!

Cuidar el corazón. En mis textos personales a cada rato aparece la cita bíblica de Proverbios 4:23

-Por sobre todas las cosas, cuida tu corazón, porque de él, mana la vida-.

Y no me canso de encontrarme una y otra vez con tal proverbio. Porque el corazón se hace evidente en los que ponemos sentimiento de más, al vivir. Porque, no solo es el órgano que bombera la sangre a todo el cuerpo, es el modo de vivir la vida. Razonar bien lo que sentimos nunca es contaminarlo, es mas bien apoyar en dirección al orden.  Buenas razones nos darán orden y sentido. (Continuará).

 

 

                                                                       

 

 

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