viernes, 26 de junio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden (7)

                                  No se puede inferir verdades solo mediante razonamientos, hay que experimentarlas.

Tierra de hombres.

Antoine de Saint-Exupéry.

                            Cuando hablamos de la verdad no podemos dejar de contemplar que ésta, ha de estar totalmente unida a la realidad y es ahí mismo en donde han de darse los razonamientos más válidos y que provengan de las experiencias. En una realidad manipulada, no se logran razonamientos que propongan con creatividad y es así como se desgasta y desgracia el buen pensar de la especie. No podemos perder de vista la contingencia en Dios, para afianzar la confianza.

El mundo trastocado de hoy, en muchos casos se ha dado por ideologías falsas.  Las malas interpretaciones en el Dios en el que creemos, y querer cambiar el sentido del pensamiento sin tomar en cuenta lo realista, nos han desvirtuado la verdad. Nos hemos confundido, notamos angustias innecesarias, excesos de actividad que no conduce a nada propositivo y ni qué decir del orden mundial que cada día nos asombra más en negativo. Los intereses de grupos que lideran el orden global están presentes mucho más allá de lo que podríamos imaginar. Existen y son realidad los poderes que se han apropiado irracionalmente del mundo. Claro que la forma como vivimos en los primeros estadíos de los grupos humanos, cuando existía más clara la verdad, ahora se ha complicado con razonamientos complejos. Es la cosmovisión lo que rige de fondo los caminos; de hecho, todos los adultos la tenemos en la mente, es trabajo cotidiano el afinarla y hacerla presente en las actitudes.

 Al ser seres pensantes ha de prevalecer un orgullo de pertenecer al homo sapiens, toda la humanidad del orbe habría de tener esto claro para evitar manipulaciones en el pensar, ahí radica nuestra originalidad y fuerza. Lo más importante a renglón seguido, es que prevalezca la razón nítida en los modos de pensar, eso es lo que se termina reflejando en las realidades que fortalecen a la cultura.

 Informarnos por los medios adecuados es primordial, hay demasiada desinformación.  Ese esfuerzo que tanto bien haría, se nos escapa. No basta ser buenas personas, hay que actuar con las creencias despiertas, atentas y ordenadas, fortalecer esa armazón mental del buen sentido, que se ha perdido. 

No vivimos en un país que cultive la buena lectura, eso ya está más que claro. Esto   ha sido un bache en la cultura de nuestras tierras, pero no faltaba más, podremos remediar y compartir lo que nos sea valioso, no soltar la intención y enfocar la mirada en lo que vivimos y que nos transforma a todos. Hasta la lectura más sencilla hace su parte: todos podemos tomar el libro que nos haga click y encontrar en las páginas leídas lo que nos haga fuertes y así también propiciarlo en los que vienen detrás. No tienen que ser grandes textos ni mucho menos, alimentar el interior tan solo con lo que nos es válido, para sentir ese crecimiento. Interiormente hacer una sencilla lectura da un sentimiento de pureza que nos mueve y el alma lo agradece.

Como adultos mayores, se presenta con más ahínco el tiempo por tomar los libros.  Es un buen momento de hacerlo. No todo ha de ser experiencia extraordinaria. La vivencia sencilla de la lectura se ha menospreciado, afecta lo de cada día. Todo lo que nos propone el mundo de hoy hay que valorarlo viendo con ojos más críticos porque solo así nos daremos cuenta si es afín a nosotros mismos o solo es un valor agregado que nos hace desorden mental. Tampoco hay que tragarnos el cuento de que hay que ir a todos lados, la serenidad de las acciones tambien aporta ya que, si se carrerea la vida, no sirve más que para cansar a la mente y cobrar tributos. Hacer cuanto se nos propicia en la cultura de hoy es cómo responder con inercias innecesarias producidas por la publicidad. A veces nada que ver. El camino elegido y la misión aclarada de cada ser pensante, es Sagrada. Las buenas experiencias son como la argamasa de un alma bien amueblada.

La verdad no es total en lo que se nos dice en los medios, ni lo que la mayoría a veces piensa. Todos hemos sido permeados por ideas, hasta la misma idea de la civilización o de lo que es civilizado se ha trastocado, por desgracia.

                                                                Revisando con atención todo lo escrito, depuro y tomo lo más significativo.

 En estas revisiones me topo con preguntas que han nacido de lo profundo.

 ¿-Qué es lo que realmente da el tono en la vida-?

A la música le entonan los acordes y las notas, a los colores la combinación acertada de los mismos y así en todo encontramos una esencia preponderante. En la vida diaria: Es en el asiento de lo que sí creemos, donde nos tonificamos.

Ni que nos vengan a decir mil ideas cuando tenemos esa claridad en las venas, vamos a caer en garlitos efímeros. No hay idea que valga en la mente si no es parte de lo nuestro con verdad. La buena atención propicia sutilmente las transformaciones. Dejar de lado lo que no es real. Eso qué no queremos hay que tenerlo claro. La vida inteligente y sabia va mucho más por el camino de la razón y el orden.

El sentido de la paz en la vida misma se confunde. Es lo que se expresa en cuanto a lo que como persona se experimenta, nunca en cuanto a lo que el medio propone. Los ritmos creativos son eso, van con el interior del ser. Es muy diferente cuando alguien con preparación nos guía en alguna actividad, un ejemplo es cuando se hace ejercicio físico guiado, una persona dirige en grupo, y se nota como cada ser se adecúa a lo propuesto, sin dejar de seguir las indicaciones personales dentro de lo general.  

Cuando vivimos las transiciones de la vida, habremos de notar que éstas son fuertes casi siempre, por lo que los ritmos cambian y hay que hacer caso. Lo dice Viktor Frankl. Médico que sobrevivió a un campo de concentración nazi gracias a su modo de afrontar los hechos: -todas las transiciones son fuertes. Siempre tienen un sentido y eso tiene que estar claro-.

                                                                              Escuchar a la naturaleza es clave, observarla, pero mucho más a nosotros mismos que estamos tan unidos a ella.

Cuando niños, que nos bañábamos en la lluvia, (así decíamos cuando los mayores nos permitían quedarnos al aire libre bajo un aguacero y dejar que nos inundara hasta la última célula) había un sentimiento clarísimo de transformación.

 Era como comulgar con algo mucho más grande y perfecto del universo, tal vez no entendiéramos en el momento de la niñez el cómo se producía esa agua bendita llegada del cielo, mas dejaba alegría y renovación, sin duda alguna.

 En lo personal, creo que esto es un buen símil para comprender en que consiste el tener confianza. Si confiamos en el Dios que nos guía y lo llevamos en nosotros mismos, todo lo demás se dará por añadidura.  Y eso es lo que nos dice De Saint Exupéry: la experiencia es más radical a veces de lo que podremos imaginar.

En la realidad, algunos aguaceros que pueden hacer tan felices a los niños y que los reciben como una bendición, a los adultos nos traen otras percepciones que van unidas a una percepción adulta y natural, el hecho de que dejan bochornos, charcos y ni qué decir de las inundaciones que se viven en la actualidad. Y así, se hace presente el sentir, que mas qué razón es realidad.

Algunas veces la tierra en la que nacemos nos incomoda. Al conocer otros lares, nos preguntamos porque nacimos aquí o allá, cuando eso es en realidad parte de una situación más profunda de lo que nos imaginamos, misma que nos circunda y da sentido. He visto mucha movilidad humana en mi vida y a veces me pregunto ¿porque se motiva la gente para irse de la tierra que la vio nacer? Hoy día, son muchas las causas reales de que hay lugares peligrosos en el mundo. Para quienes quieren una vida pacífica y tranquila como lo más importante, la movilidad se asienta como un plus, y se logra sin mucho esfuerzo. Siempre he pensado que al que llega a nuestra tierra hay que compartirle la parte amable de ésta, hacerle sentir que puede adaptarse y estar como en casa. Claro que se cambia los ritmos indudablemente, ni que decir las movilidades citadinas en las que los miles de automóviles se agolpan y crean caos. Poder ir a lugares más ordenados y tranquilos de los que provenimos es un privilegio.  El crecimiento urbano desordenado es inevitable y duele, es un aspecto del urbanismo que no se ha logrado.

Me encanta pensar que hay en el mundo ciudades bien planeadas, que llevan el sentido del urbanismo con todas las de la ley, mas si eso no nos ha tocado en vivo y a todo color donde vivimos, no hay porqué perder la esperanza.

Desde que supe que esperanzarnos en algo es saber que todos los involucrados en algún tema lo que tienen que hacer es tan solo su parte para lograr… esa es la dinámica de un esperar con seguridad de ver cumplidos los propósitos.

Toca y corresponde y poner manos a la obra. Mas que quejarnos, siempre actuar o pensar de otra manera si fuera necesario, para permear con bien.

Obviamente no todo nos corresponde hacer en la misma medida, tal vez los adultos mayores estamos ya para crear conciencia de algunos modos de hacer. El tema de la basura es clave, y por ahí podríamos empezar.

                                               Pasarnos la vida entera en lidia, no es lo más saludable. Al no hacernos una buena conciencia, hay temas que nos pueden afectar sin mayor razón y no es justo que nos rebasen ideas que pueden transformarse más en la experiencia. Si lo podemos remediar, hagamos la parte sin agobios.

No hemos venido a la tierra tan solo para quedarnos con lo primero que aprendimos. Cada día ofrece muchas alternativas para crecer, hay que detectarlas.

En agosto de 2012, tuve la intención de experimentar el vivir un tiempo sola. Ahora que lo releo y analizo, no sé de dónde me vino a la mente tal burrada. De entrada, mi hija vivía en Cancún y me fui una temporada con ella como para cambiar un poco la cotidianidad, tal vez a veces el día a día agobia y estando ahí me di cuenta.  Tenía claro que tendría que volver a lo que era tan obvio que yo había elegido. Mucho me movió el tapete (como decimos vulgarmente) el asunto de que mi marido se trasladó a CDMX. Estuvo unos meses a casa de un tío, tenía una novela que habría de ser escrita, ese texto se sitúa en las calles de dicha ciudad, con recuerdos de una infancia y paseos realizados con su abuelo que ahí vivió.

Yo me vi medio fuera de centro y me fui. Lo había razonado pero la experiencia habló por si sola para crear nuevas armonías prometedoras de convivencia, que con los días se han convertido en un núcleo familiar fuerte. De lo familiar hay mucho por aprender.

La novela que escribió mi marido quedó lista y por consiguiente volvimos ambos a la casa, que se había quedado en manos del hijo más chico. Yo en Cancún, cargue baterías, y me di cuenta racionalmente que tendría que dejar ese espacio que era de mi hija, ya que ella misma lo había elegido para su vida personal de trabajo y vida y yo no tenía más que agradecerle el espacio temporal compartido de cambio transitorio y convivencia.

Los cambios drásticos de timón solo tienen sentido cuando ya no hay futuro. Tal vez cuando la vida nos muestra que no hay maneras nuevas de afrontar y de comprender con nuevos sentidos lo que alguna vez elegimos, y que de pronto la vida misma pide renovar de maneras gratificantes y nuevos aspectos surgen.

¿Quién nos ha dicho que en la vida hemos venido a esperar lo que en mente tenemos? Yo creo que los medios, las películas y tanto que vemos que creemos que tenemos como derechos a cumplir, cuando lo único que hay por hacer es vivir la vida realista, razonada y con las verdades de la experiencia en la mano, aunque no siempre sean las más idílicas.

Los golpes de timón y grandes cambios a veces si son necesarios, mas hay que darlos en los mares que se observan y conocen y se sabe cómo capear esos oleajes. Siempre la vida misma en sus tiempos, muestra el rumbo.

Tiempo

Sabidurías temporales

Volando van.

Los tiempos vivos,

Día, mes, año

Ritmos escogidos.

El día, lo trae todo,

La noche, madurez en los silencios.

Viento sabio. Tiempo. (Continuará).

 

 

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