jueves, 2 de julio de 2026

 

Diario vivir, Razón y Orden. (8)

                                                              Sintiéndome saludable, hay un poder que me permite hacer imágenes…

Virginia Woolf.

Diario personal. 1926.

                                  Cuando escuchamos algo relativo a la salud, muchas ideas se vinculan de inmediato a nuestra mente. Es innegable que cada uno de nosotros tenemos las propias ideas al respecto, esto va a depender siempre de la cultura en la que nos hemos formado con la mentalidad que se considera la mejor del momento. Es un hecho que en temas de salud la cultura científica es preponderante. Se van desarrollando las investigaciones y van permeando. A pesar de saber que la ciencia avanza, hay que tener en cuenta que el factor humano cuenta, no podemos tener todo claro.  Nunca es desdeñable lo que se dice y propone de salud por los médicos, mas si habrían de ser revisadas algunas posturas. Aun apoyadas por buenos principios, las propuestas de cómo cuidar la salud han de ser revisadas con atención y comentadas con el médico de cabecera, ya que cuando se trata de nuestro bienestar físico, mental y personal lo mejor es estar seguros del camino a tomar. He de decir que a veces hasta lo que nos proponen como bueno, puede que no lo sea tanto para uno mismo. En verdad que sí vale la pena hacer una reflexión en el sentido de ¿qué nos significa la sanidad en general? Tanto en lo físico, como en lo mental y saber que sí y que no.

Desde niña fui intolerante a la lactosa. Hay personas que se han carcajeado en mi cara cuando lo he expresado, y yo simplemente me quedo callada. De esto casi no se hablaba en la época de la infancia de mi generación, cada quien sabe su cuento. Es verdad que esto de las alergias e intolerancias (no son lo mismo) se han puesto de moda, pero si el rio suena… agua trae. Más allá de eso, las buenas o malas respuestas del cuerpo sí existen para algunos de nosotros, mucho más si lo hemos experimentado y detectado, esos aspectos que nos dan bienestar o malestar hay que observarlos, los síntomas a veces no son claros. Ni para todos los médicos.

 De niña, todas las tardes se me hizo tomar un vaso de leche con vainilla. Venia ese albo líquido de los establos que tenía uno de los hermanos de mi padre y era leche que en casa se percibía sanísima, recién ordeñada y se decía que mejor, era imposible. Ese vaso de leche me provocaba unas nauseas tremendas que no puedo olvidar y en su momento solo me podían decir: es normal. Yo era la que lo vivía, y claro que no era normal. A los adultos de esa época les parecía lo más sano del mundo y creían que nada me haría más bien. No fue así, porque mi intestino se enfermó y termine perdiéndolo a los 57 (cincuenta y siete) años de edad. (esto lo comentaré in extenso a su debido tiempo, fue un parteaguas en mi vida).

Solo hago mención de este asunto que fue mi caso, ya que lo viví en carne propia y he de decir que he escuchado el mismo cuento en otros temas y situaciones cuando nos dicen -toma esto, come lo otro y bebe lo de más allá- ¡Cuidado! sí que hay que tener cuidado. En otro momento ya adulta, escuché tambien atenta a una nutrióloga. Nos la habían recomendado como la mejor y en verdad sabia bastante de la combinación de los alimentos para comer más sano y cuidar del peso corporal, mas recomendaba pastillas de fibra como una cosa archisaludable, así fue que me animé y las tomé. Lo bueno es que me produjeron tales dolores que la misma nutrióloga me dijo que no eran para mí.

Cuando Virginia Woolf acuña la frase con la que empiezo este texto, me queda claro que es muy personal y eso mismo es así respecto al cuidado de la salud. La observación del propio organismo es básica. Según mis experiencias personales, todo parte de lo que pensamos, esa actitud de hacer redondo cada día como si fuera un universo completo, propicia una estabilidad en la mente que es la base, nos ayuda a solucionar y comprender mucho mejor. A resolver asuntos se aprende, no venimos con ese chip adosado. Desde lo más sencillo hasta lo más complicado que vivimos afecta a los dos aspectos: salud física y salud mental. De ahí de la mente y del ánimo es que parte todo, y repercute en lo físico. No a todos los seres humanos les ha caído el veinte del valor del ejercicio físico, es hasta las últimas décadas que esto se ha vuelto más consciente. Mis padres hasta en eso eran diferentisimos, él, de mucho ejercitarse desde joven, ya que jugó mucho básquetbol y luego ni qué decir del tenis, que lo practicamos juntos y que a mí me llevo a tener buena condición. Lo dejé mucho antes de lo que hubiera querido. Precisamente porque en otros rubros mi físico ya no dio para más. Luego, mi hijo me insistió para que volviera a las canchas, mas al fin comprendió que había yo aprendido a escuchar a mi cuerpo.

Continuaremos compartiendo el pensamiento de la Woolf. Escribe de realidades que se perciben genuinas en ella, era vulnerable en lo mental, mas con cierta claridad lograba como llevar las acciones y ni qué decir de todo lo literario tan artístico que legó. Comprendía la creatividad como un orden mental. Y aquí entra otro rubro muy importante de la sanidad: Todos somos creativos por naturaleza, solo basta encontrar los modos, junto con la misión de fondo que hemos venido a desempeñar. Si van de la mano es seguro que la creatividad fluye.

¿Cuándo nos damos tiempo para ser genuinos, como parte de la creatividad?, esto podría ser en ¡cada acción! hasta para freír un huevo se puede ser creativo.  

Saber qué es lo que hace entero al espíritu y como fortalecer al alma, es un don que se trabaja con naturalidad, como bien decía mi madre: -nadie nace sabiendo-. No dudo que aun sin mayor talento se puedan hacer mil cosas con empeño y dedicación, mas no se trata del ahínco en la vida, éste puede ser equivoco y tener que desandar caminos. Claro que tambien hay que decir que cuando hay que volver el camino, hay aprendizaje. Si nos equivocamos en lo elegido, es seguro que termina brincando la liebre para darnos cuenta que hay que salir del campo de acción que creímos muy nuestro. Regresar, jamás es algo negativo.

He hecho plástica desde muy niña. La parte artística a veces viene como propuesta natural y es visión de los progenitores detectar y proponer. Mi padre ponía en mis manos un balde con agua y me daba dos o tres pinceles y yo pintaba sobre un gran jarrón. El barro, se volvía mágico, apenas había terminado, lo plasmado se borraba con el aire. Nuevos trazos surgían. Nos divertíamos con eso, él se reía ahí cerca conmigo y esa imagen quedó tan nítida en mi mente que hoy creo que eso me ha motivado. Tomar los pinceles y plasmar hoy día es como si fuera ayer mismo.

Me veo haciendo eso trazos efímeros que se convertirían más adelante en el aqua di colore, que es, acuarela.

Algo muy sencillo es lo que he hecho con todo eso y que no he llevado a grandes obras. He sido fiel a lo que me nace plasmar, nada más.  Me voy por ahí, y aunque he expuesto, no es lo primordial para mí. Algunas veces que he regalado mi obra, sí me he dado cuenta que antes de saber el motivo del tema plasmado, hay quien la recibe y me pregunta: ¿Y, como cuánto vale esto? (¡En dinero!)  me asombra como esa cuestión de los costos materiales, en arte está tan presente.  No la he dado para ser vista como una inversión. Eso ha pasado con el arte actual: es una mercancía más. Lo verdaderamente artístico se ha contaminado.

Volviendo a la sanidad, mucha de nuestra salud mental está asentada en saber qué hacemos y porque lo hacemos. Pareciera algo tan obvio… mas no lo es. La masificación de la cultura actual nos cubre con su velo imperceptible, y no se nos permite percibir el sentido profundo de las acciones más sutiles. Si hoy día todo se ve con ojos de dinerismo, ¿Cómo no vamos a estar estresados? Acepto, pero no comparto que así se quiera vivir, mas la base esencial de la vida creativa en la que yo creo, no va por ahí.

Escribiendo estas líneas, y siguiendo la guía de mis diarios personales que dan el sentido de estos textos, me topo con la revisión del diario numero 98 (noventa y ocho).

Había terminado el verano de 2012.

El mes de septiembre daba sus primeros pasos en nuestras vidas y el sentimiento de que la rutina volvía a sus lares era genial, soy una persona básicamente rutinaria. Amo poder ordenarme en mis actividades (y he de decir que no las llevo al pie de la letra) y me daba cuenta que tendría que ser más condescendiente conmigo misma. No tratar de cumplir con todo lo apostado y por hacer. A veces, creemos que las cosas son como imperativas, como manda. Confundir el hacer genuino con el cumplir una agenda, es algo que puede ocurrir, y no lleva tanto de creativo. Como he comentado en otras ocasiones: apostar por la creatividad de la vida sencilla y diaria, no es difícil, es tan solo actitud. Nunca es hacer por hacer, y darnos a la tarea de averiguar cómo se manifiesta el sentido en la acción a la que nos hemos entregado.

Tener cuidado de no exigirnos de más... ¡el desgaste se hace presente! Y luego nos preguntamos muchos porqués insólitos.

Al tener claras las encomiadas que tenemos en esta vida terrenal, se vive otro tipo de paz. En mi caso, los hijos en casa eran mi prioridad.  Es parte de lo sabio, observar la realidad y de ahí que nazca el orden a seguir.

La salud, se va dando conforme a la edad. A ratos solía entrarme como una inquietud ¿saber qué es lo que tendría que atender? la misma vida nos lo muestra.

En esos días del verano hicimos un viaje muy reconfortante a Nueva York, mi hija y yo. Ella a llevar jóvenes que se integrarían a una casa para vivir en intercambio por unos meses y yo percibí el momento ideal para visitar a las primas, momentos invaluables de armoniosa convivencia. Conversadas que solo se dan de pronto como un regalo. Mis primas hermanas tan cercanas en lo consanguíneo y sin conocernos tanto en realidad. Por momentos los paseos por la ciudad se dieron en grupo, todas juntas caminamos, visitamos museos, edificios emblema y luego Re se iba a correr por Central Park y yo deambulaba por el rumbo, momentos guardados para siempre. Re tuvo la oportunidad de conocer de cerca a las hijas de la hermana de mi padre y gozamos desde lo que comimos, a veces tan diferente. Los nimios comentarios sobre la familia, dan redondez. No podía faltar la buena platica, invaluable. Creo yo, es un aspecto muy importante de la sanidad humana: poder conversar a nuestras anchas. Yo sé que no a todo Dios le gusta la conversada de fondo, lo respeto, mas si hay que valorar la buena plática con quienes tenemos esa oportuna coincidencia de intercambiar, acomoda los pensares y el desempeño de un alma en sanidad.

Hablamos de los olores que todas recordamos de casa de la abuela. De cómo las tías nos trataban, como notábamos los caracteres fuertes de los hermanos de su madre y de mi padre, los nuestros eran los hermanos menores de ese clan.  Recordamos a la mujer que cuidaba y estaba siempre ahí presente con la abuela. Si abría el refri, salía el olor a manzanas rojas preferidas de la abuela y que se nos quedó bajo la piel. Nuestra abuela era mujer corpulenta, se rompió la cadera y quedo postrada. Todos creemos que uno se cae por un descuido y se rompe el hueso, cuando algunas veces primero se rompe el hueso (por la osteoporisis no atendida) y luego viene a caída. De los celos que tenía de su marido (nuestro abuelo) nos dio para reírnos y afinar lo que habíamos percibido como infantes, las cosas obvias no mencionadas. Así se vivía en esos tiempos. Los varones, si es que eran casquivanos tal vez fuera inevitable hacer sufrir a la esposa. Como niñas visitábamos la casa de Isla Mujeres que construyeon los hermanos grandes y nos llamaba la atención que había un señor que la vivía y cuidaba, era muy parecido a la familia, nunca se dijo nada, todas nos dimos cuenta de que lo más probable es que era un hijo del abuelo. Ellas, después de vivir su niñez en La Habana, Cuba, vinieron al terruño un tiempo y pronto se fueron a los Estados Unidos.

Durante el año siguiente conocimos el Museo del Cacao. Hacernos consientes de ese valor que permite la elaboración del chocolate y que viene desde nuestros ancestros de la península, fue grandioso; el cacao en épocas tempranas se utilizaba como moneda de cambio. Probamos chocolates con chile, con especies, y con otros ingredientes muy bien utilizados para dar esa variedad. No somos a fin de cuentas lo que creímos que somos, la vida se transforma al proponer y hay que hacer caso al sino intuitivo.

Cerramos el siguiente mes de febrero con un viaje a Campeche. Como si fuera el primero. Cada que voy a esa linda ciudad de nuestra península, me congratulo con la vida, hay creatividad. La ciudad invita a caminar, el campechano camina con parsimonia que contagia, claro que hay que cuidar que no nos toquen las horas de sol. Las tardes de caminatas por el malecón las he vivido una y mil veces y lo haría cada que fuera posible. Me encanta ver cómo la gente se sienta y aprecia la puesta del sol. Las calles, los parques y ni qué decir construcciones de casonas antiguas, así como de las iglesias que cada una es muy singular. Cada que vamos, el sitio que no perdona la visita, es La Biblioteca Campeche, gran recinto.    (Continuará).

 

 

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