Diario vivir, Razón y Orden. (11)
El sexo era tabú, los muertos eran tabú; todo
estaba demasiado reprimido para manifestarse claramente.
Quentin Bell.
Es muy importante saber
el sentido que contienen las palabras, sea que se observen solas, adjuntas a
otras para dar significados específicos en las frases, o como parte de todo un
contexto. Todo este conjunto del léxico humano se asienta en la realidad, y
viene de ahí mismo. Los lenguajes no se inventan, obviamente llevan mucho de imaginativo,
mas de fondo están asentados en el alma humana que los crea y en las culturas
que les dan vida propia. Mucho es lo que han estado develando los nuevos
estudios lingüísticos dentro de la Antropología, lo más preponderante es saber
que la lengua no es externa al alma de un pueblo, le define. Para darnos el
significado verdadero que contiene cada palabra, se necesita atención. Algunas
veces no hemos comprendido por qué siendo la misma palabra tan solo
diferenciada por una -c- o una -s-. La
lingüística es fascinante, nos dice que hay mucho más que averiguar al
expresarnos y más que nada al escuchar, eso es refinar la cultura. Esos modos
con los que nos expresamos crean o destruyen vida, dicen de más o expresan de
menos. Por delante lo determinante de la entonación. Sí es un deber estar
atentos a los devenires interpretativos que interpelan y afectan al ser, a lo
social.
A principios del siglo pasado sí era verdad que aún no se
entendía la sexualidad humana con todo el devenir que luego nos trajo, así se
vivía, podríamos decir que, a medias con la interpretación. Se daban casos que
sin decir nada se decía todo. Mucho podría estar distorsionado, porque a veces
la costumbre es más fuerte que la realidad pensada. Los silencios tambien son
creativos, mas hay casos que perjudican mucho. Es un hecho que el silencio tiene su propio
valor en la cultura, de alguna manera puede crear dolor y en otros casos puede
abrir espacios a mejores entendimientos. Ese justo medio se va logrando con
atención.
Cuando hay que
expresar, es buena la precaución y el recato y así obtener en la mente la
palabra justa y necesaria. Precaución,
naturalidad que se da con práctica.
Si ahora nos podremos vanagloriar de que hemos avanzado
en muchos aspectos tecnológicos, no hay que creérnoslo tanto, porque si sigue
habiendo muchos asuntos mal entendidos en la comunicación y expresión humana.
El aspecto de la sexualidad ha sido una verdadera
conduerma para el género humano. Por un lado, bien llevada une de maneras
positivas y eternas a los seres que la conciben como un medio del amor humano, pero,
por otro lado, es claro que, aun siendo parte tan natural y digna de la especie
humana, si está mal encaminada, se pierde la esencia de humanidad que contiene.
Uno debe saber que las acciones tan arraigadas de nuestra naturaleza humana
cumplen funciones, no las que a nosotros nos dé la gana que cumplan o creamos que
han de cumplir, sino con ideas que han de ser fundamentadas, y así puedan ser
parte creativa que une. La vida se afecta cuando las acciones no se entienden
en el real sentido. Toda acción humana se asienta en el alma y con lo anímico,
no se juega.
Nos dice Quentin Bell: -Vanessa, consagrada como estaba a
su hermano, y demasiado reservada para discutir un punto que se relacionaba con
su propia vida emocional, debió de alcanzar el nadir de su desesperación-. El
nadir… ¡que bella palabra! misma que se refiere a un punto diametralmente
opuesto a la centralidad del globo terráqueo, si lo extrapolamos al sentimiento
humano, vemos que se refiere a ese punto cuando nos sentimos que estamos en lo
más lejanos de nuestro centro. Nuestra
centralidad es sagrada, y siempre ha de hablarse lo que no está claro. El joven
escritor al hacer la biografía de su tía y de su propia madre, deja claras
estas situaciones que él mismo notaba en evolución. Sí es un hecho, que de generación
a generación los conceptos cambian y es lo deseable. No es nada fácil asumir lo
que se quiere decir de nuevas maneras, mas hay que hacerlo.
Las jóvenes Stephen iban buscando vivir una vida más
realista de la que habían vivido sus propios padres. No les fue fácil a ninguna
de las dos, mucho menos a Virginia acosada por una bipolaridad que aún era
innombrable en esas épocas. Fue así, que sintió bajo cada célula de su cuerpo
ese latir nada armonioso de la mente. Tenía que leer y escribir en el cuarto
que se consideraba de los niños, ni soñar que tuviera una habitación
propia. Es por eso que así nombra al texto en donde nos hace a todas las
mujeres de tiempos más renovados, el favor de enfocarnos en lo valioso que es
tener un espacio personal en donde nos podamos expresar.
-Al igual que Vanessa, Virginia se vestía teniendo muy
poco en cuenta la moda, - Nos queda claro que esa parte no había despertado aun
la fuerza de las tendencias actuales, que por un lado nos han facilitado el
vestir mucho mas casual, pero por otro se ha exacerbado el asunto del
comercialismo. A principios del siglo pasado cuando ellas vivieron, había mucho menos gente que tuviera como
centro la mente pensante, se vivía mucho mas por las inercias sociales. Se
despertaba apenas la sed de saber, para ser mejores seres humanos. Los
estudiosos tenían temas puntuales que apenas comenzaban a permear al gran
grupo. Lo que vivimos hoy día como resultado del tremendo desarrollo
industrial, para estas jóvenes, nada que ver. Ni soñar en tener ese acceso a la
vida más fluida que es la parte positiva de la comercialización, aunque a la
vez sí que hemos visto excesos y discrepancias.
Ellas, tenían qué asumir la parte obligatoria de
actividades sociales después del mediodía, la agenda social de las familias
inglesas que se consideraban en ascenso, era tema central, y agobiante. Se
daban los tés en las casas, las visitas llegaban como si nada y como si todo,
porque era una costumbre esa de pasar la tarde en plena convivencia. Las dos
hermanas lo resintieron, a ninguna le parecía el mejor modo para convivir y es
claro que encontraron otros caminos. Proclives
a la búsqueda de sus inclinaciones personales con entuertos familiares a
cuestas, como el acoso de su hermanastro, que hasta las veía como promesas para
los matrimonios arreglados por él mismo.
En lo personal, que nací a mediados del siglo pasado,
tambien me tocó ver parte de esas costumbres aquí en el terruño. Me daba cuenta
que la vida social solía ser como una parte que no se podría obviar, aunque si
se podría logar el espacio personal si uno lo iba teniendo claro. En lo
personal, no era tan organizada en mi juventud, ya la disponibilidad de los
tiempos personales se fue dando más claramente en la adultez.
Llevar paz a la percepción básica y de asiento de la
vida, no era prioridad. Sí teníamos que asumir actividades no tan deseadas, era
lo primero y lo mas molesto.
Como decía Mafalda… ¡paren el mundo que me quiero bajar!,
si lo observamos bien, es muy fuerte lo que proponía Quino con ese texto, pero
era real. Y, no es bajarse del mundo, sino como dice mi marido, -si es bueno
bajarse del carrusel de las demandas absurdas de la vida común-. Encontrar el espacio personal es un don. Con el
devenir de los tiempos se fue haciendo más y más necesario ese centro del ser,
algunos hasta han tenido que migrar para obtenerlo.
El trabajo con la presencia de ánimo necesaria iba dándose
con la comunicación. Habremos de aceptar que se vino a postular, pintándose y
dando nuevos colores, con teorías de espiritualidad que no todas eran
verdaderas, así como de libros que hablaban mucho más claramente de la mente.
Lo mental, tambien se presentaba como un tabú. Ni que decir de visitar a un
psicólogo para aclarar dudas, ¿No está ahí mismo el sacerdote para eso, se nos
decía?, mas los sacerdotes empezaron a escasear, mi madre estuvo internada
varias veces por temas de salud y me pedía la visita del padre, del presbítero,
y me era difícil encontrarle cerca.
Las lagunas de la vida misma se hacían mas insondables y
hondas, y en verdad que poco a poco esto se fue haciendo más evidente. Entra la
parte relativa que nos fue ganando la partida. El consumismo vio la
oportuna medida de plantarse con el pie derecho, asentarse como un bien
ineludible, si no compas, no existes.
Hay una frase de Virginia Woolf que me impacta, cuando
dice:
-Buenas noches, buenas noches, ¿viene por ahí-?
-Lo siento, voy por allí-.
Se nota tan sencillo este diálogo, como si nada, pero
veamos como deja claro el respeto de que no es obligación ir por los mismos
caminos, aunque si se estaba perdiendo el concepto absoluto de las verdades
del mundo. Es por eso que es fascinante que los jóvenes de hoy, quieren saber
mucho mejor y con claridad.
Quienes optamos por la vida matrimonial, asumida con todo
lo que trae, ya teníamos para dar y para repartir. Ni cuenta nos dábamos de que
ya venían las generaciones detrás de nosotros, con nuevas miras. El cómo percibir
que se abrían opciones dignas, que los jóvenes ya las toman según sus intereses
y esencia. Algunos lo harían mucho mas consientes
y otros solo por inercias, y es por eso que vemos tanto divorcio. Así,
comenzamos a ver que lo que en épocas de nuestros padres era algo menos visto
el divorciarse, poco tiempo después ya se comenzaba a dar como agua va,
los matrimonios no durarían. Y los cambios no son por otra cosa que para crear
nuevos ajustes. Hoy día ya se elige con la conciencia.
Las dudas en la iglesia misma que había dado centralidad a
la vida de nuestros abuelos, creo yo que se terminó de resquebrajar, desde
mediados del siglo pasado. Era claro que no estaba tan evidente el sentido de
practicar, lo religioso tambien está con cambios de centro.
Me llegué a preguntar ¿Qué nos significa la lucidez?
¿Será que cada ser acuña la suya propia?, ¿Por qué ya no se puede uno cerciorar
de que el devenir esté marcado por los valores eternos? La verdad, es que la
iglesia si se durmió en sus laureles. Hay varias teorías al respecto dentro de
los estudiosos de la teología, una muy fuerte es que nos vimos rebasados por
las practicas mas movidas y llamativas y olvidamos la centralidad del
fortalecimiento del alma, que es la esencia de la cristiandad. Jóvenes de la generación de mis hijos, si lo
están averiguando. El hecho era que ya no respondía la institución y se dejó de
creer en sus lineamientos. Ni los que
fuimos educados en esos temas, conservamos la certeza de que ahí se encontrase
la respuesta. Todos los que nos hicimos profesionales, creímos en demasía en la
ciencia, y encontrar ese justo medio, toma su tiempo. La vida sí que es
circular.
El garbo, con el que se puede llevar la vida y la
existencia misma que es más profunda, sí que está asentado en la lucidez que
nos alumbra, no es gratuita. Habremos de entender el sentido de la gracia. Solo
es trabajo personal, el del espíritu y no se vende con recetas en la farmacia,
porque por más que a uno le puedan decir…misa… ahora sí que hay que
tener claro el camino que se elige.
¿Cómo se le infunde al ser, el aliento divino, ese
que en hebreo se nombra tan bello con la palabra, Ruah? ¿Como se hace
para que permee al ser real, que nos habita?
Ante todo, nunca dejando de responder lo que el interior nos
pregunta. Yo sé, que hay seres que nada tienen que preguntar (se), porque sí
logran que la vida se perciba redonda viviendo vidas cómodas y bien llevadas
con las materialidades que hoy marean al mundo entero, lo entiendo perfecto. Lo
vemos a nuestro derredor, el relativismo solo nos habla de vidas cómodas, sin
nada que resolver de fondo como si fluir fuera tan sencillo. Fluir, es
encontrar el camino de nuestro ser, no es tan solo dejar que la vida nos lleva a
su aire. Llega un pesar, una discrepancia, un revés de la vida y nos
sentimos morir. Se nos olvida que en la adversidad siempre hay vida.
Hablé en estas épocas releídas, de que habría que sentir gratitud
por lo vivido y eso nos daría un asiento de paz. Aun no lograba visualizar que
esa paz verdadera no está en practicar una sola virtud, y mucho menos en sentirla,
hay que hacerla parte de la verdad. Entender todo el marco virtuoso de lo que
propone la religión católica, no es sentimiento, es acción realista.
Por estas fechas compré la idea de que los
productos con gluten me estaban haciendo mucho daño. Modas van, modas vienen.
En verdad que llegué a creérmelo. Me queda claro que es algo muy fuerte cuando
es parte de la realidad de la salud de alguien, pero en mi caso era tal vez una
menor intolerancia. Tuve malestares porque he padecido del intestino siempre y
eso traía algún tipo de migraña, mas las que yo viví en realidad eran de orden
hormonal. Leí mucho al respecto, me daba cuenta que aun con las migrañas tan
fuertes, no era el gluten.
En los dias de fin de año de 2012, fui comprendiendo
muchísimas más cosas con claridad. Tuve la oportunidad de hablar con un médico
que me dijo que a veces si es un hecho que el trigo hace daño, pero que no era
en realidad lo de mi caso. Volví a las harinas obviamente con cuidado y hoy día
las de la modernidad de masa madre, ya nos invadieron. Tener cuidado,
moderación. A menos que sea un asunto de
salud insoslayable. El ser humano, dentro de lo que ha averiguado la ciencia
antropológica, es la criatura que gracias a la adaptación ha permanecido en el
mundo, así que esa palabra es y seguirá siendo la clave humana. (Continuará).
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