viernes, 9 de enero de 2026

 

Edificar, el día a día. (3)

                                                 No podemos prever que es lo importante en la vida.

La ALEGRÍA MAS GRANDE se experimenta siempre cuando menos lo esperamos.

Tierra de Hombres.

Antoine de Saint-Exupéry.

                                                                  Tengo un pequeño libro que es un tesoro.

No solo hay tesoros literarios de gran volumen y pastas duras elegantísimas, un sencillo libro puede ser un buen cargamento de sabiduría.

Caminaba una mañana soleada de verano por algunas librerías de Campeche. Ese texto me encontró. Bien editado y hermoso por ser de forma cuadrada, de inmediato me atrapó. Íbamos seguido a la ciudad de las murallas por investigaciones históricas que mi marido hacía en los espacios de La Biblioteca Campeche, un recinto bien plantado y bonito. También, nos llevaba hasta ahí el puro placer de estar unos días desconectados de todo y poder gozar del centro histórico tan emblemático. Las palomas siempre acompañan y sus murmullos nos entonan el alma. Un día, un texto nos encuentra, puede ser pequeño o grande.

Llegó primero para estacionarse un rato en el buró. A quienes nos encanta leer, tenemos un sitio en donde ponemos las lecturas mientras les toca ser leídas.  Es un espacio sagrado. Los textos escogidos es bueno que permanezcan lo más cerca posible. Los libros, a veces toman su tiempo junto a nosotros, unos se leen más rápido que otros, algunos se saborean tanto que pueden estar por meses en el recinto cercano, ese espacio en donde leemos. En general lo hago en la cama con luz directa y sin prisas. Leer, sin pena ni gloria si es que se da la lectura antes de dormir o de madrugada cuando los silencios son cómplices.  Así sucede con los libros. aquellos que están siendo activos en nuestro día a día. Luego, pasarán a ocupar la parte más visible del librero personal.

El texto citado se compone de pequeñas frases tomadas de la literatura de Saint-Exupéry. La mayoría sabemos que El Principito es su texto emblema, es -la obra-.

De cabo a rabo y varias veces he leído El Principito. Siempre me sorprende. No se me había dado tener tan cerca nada de lo demás, de las otras obras del escritor. El, en sí mismo es un personaje emblemático.

Las frases seleccionadas en el pequeño libro, se nota que fueron escogidas con dedicación y puestas con arte ante los lectores. Resulta como si fuera una caricia mental inesperada esa lectura, sencilla. En lo que puede parecer escueto, las más de las veces habita lo mejor, es como un remanso.

El libro lleva por título: -Saber vivir-.

¿Quién no quiere averiguar con tan hermoso título, esa tentadora propuesta? Yo creo que todos deseamos saber vivir, sin formulas, lo importante es saber qué es lo que queremos si lo logramos con conciencia natural.

En estos días que escribo, participé en el coro de la iglesia de la comunidad en la que vivo. Lo disfruté mucho. No pude continuar. Lo deseaba, mas me di cuenta que el canto que exige más conocimiento no es lo mío propiamente, aunque me fascina.

De pronto, en conversación en el atrio, una de las señoras (que es la más cercana a mi edad) me preguntó por mi salida del grupo y le contesté que en verdad uno no puede hacer todo lo que se desea. Así fue que me dijo: ¿-Y, de vez en cuando, solo para tocar el TIN… TIN… del triángulo metálico, ¿-Te animarías-? De momento lo dudé. Cuál fue mi sorpresa que mi ronco pecho, aceptó. Así mismo, tal vez sea más ad hoc para mi tocar ese sencillo instrumento musical en el recinto sagrado, solo apuntalar, solo enfatizar los momentos. Ellos, el pianista y las señoras cantoras, para las voces necesitan ese apoyo. Claro que no lo daré en todas las ocasiones, ya que tampoco me puedo comprometer a que sea cada domingo. Gozo mucho la misa al lado de mis nietos e hijos. La propuesta está dada: hay acciones que pueden ser de vez en vez y no pasa nada con las pretensiones que la misma vida propone.

Y, remitiéndome al inicio de este texto -No podemos prever lo importante-. Resulta que eso de cantar esta más ágil para mí en el coro de adultos mayores, en donde no se exige tanta precisión, es mas compartimento guiado con fluidez.  Ante todo, tener la humildad de aceptarnos con nuestras pesas y medidas.

Gozar, de lo inesperado.

Mi nieto, cada que viene a casa se enterca en corretear a la gata para abrazarla. No lo había logrado, ésta cada vez más escapa de sus manos. ¿-Porque la gata corre cada vez-?  Se pregunta. -Porque a ella hay que saber entenderle-. Con claridad, le decimos-. -A veces, aun pareciendo inofensiva suele morder para comunicarse, y cuando está incomoda hay que saber leer en sus orejas lo que está diciendo de las incomodidades que percibe, -ella no habla-, apunta la más peque. Sí araña.

Cual fue nuestra sorpresa en la mañana de Navidad que vinieron a desayunar, la gatita plácidamente se le acercó y él la tomo en sus pequeños brazos. ¡Listo! Silencio sepulcral nos invadió a todos, porque sabemos que no había sido lograda nunca antes, tal hazaña. A paso seguido, fue tal el gozo que nadie podíamos tener tan claro quién de los dos estaba más feliz, si el abrazador o la abrazada. Chimuelo ya el peque, la sonrisa con hueco se llenó de vida con tal suceso. La más amplia sonrisa que puede caber en el rostro de un niño fue el regalo previo a la Navidad. La inmortalicé en blanco y negro.  ¿-Me tomaste una foto-? ¿verdad-?  me preguntó, -pues ponla en blanco y negro-. Me dijo. Y así mismo lo hicimos.

 A él, le pican las manos para poder manejarse con un celular (tiene uno de piedra del que ya he hablado) pero muere por uno de verdad. ¿-Me dejas editar-?, pregunta, cuando ve que alguno de nosotros ha soltado ese aparatito, que él ni imagina como nos trae de un ala a todos los adultos. Con previo permiso de los padres, nos decidimos a que tome por unos segundos ese artefacto que algunos de nosotros ya quisiéramos soltar más a menudo. Y así mismo es la vida, nos atrae lo que no podemos, para luego averiguar qué es lo que sí queremos.   Así, inesperadamente ha empezado un amor de abrazos entre niño y gata. Por la noche notamos mi hija y yo que la gata estaba rendida, de tanto amor. Los giros con los bailes fueron muchos. Le vimos cerrar los azules ojazos, mucho más temprano de lo acostumbrado. Como buena felina tambien tuvo un gozo inesperado.

                                                               Volviendo de nuevo a los textos relativos a Virginia Woolf, me avoco a uno titulado: -El Vicio Absurdo-. Es un ensayo escrito por Viviane Forrester, que vale la pena antes de hablar en concreto del diario:

-Las palabras pertenecen a las otras palabras. Lo nuestro, es unir viejas palabras en un orden nuevo, para que subsistan y creen la belleza, para que digan la verdad-

Bien claro tenemos todos que hay de verdades a verdades, por lo que nos podremos imaginar que esta mujer nos habla de la verdad en la que ella cree y nada más. Creo que, con eso, nos bastaría a la mayoría. Eso de estarnos debatiendo en asuntos que nos saquen de balance innecesariamente, como que no ayuda a la circularidad. Estas mujeres que redactan con la base de los sufrimientos sentidos y observados, nos enseñan que de lo más profundo nace la creatividad. Hoy día, redacto un texto en función a cosas particulares que he vivido con la familia de mi padre. Un amigo escritor lo leyó (lo escribí como borrador hace unos quince años) y me dijo: -hay personajes de mala leche en ese texto, debes convertirlos en mucho más malignos al escribir- Luego lo sopesé dos veces al retomar: -No-, me dije. Habrá un ser maligno, de eso que no quepa duda, es uno que conocí más que a los demás y que cabe en los postulados de toda una centralidad distorsionada que de niña percibí y no supe definir. Los demás personajes traerán lo suyo y nada más. Muchos de nosotros bailamos en torno a personas adultas que cargan malcriadez en sus haberes, y ni cuenta nos damos. El personaje central se distinguirá por esas distorsiones vedadas pero presentes. Uno cree ingenuamente que la gente es buena por naturaleza, y de topes nos da la vida ante maldades inesperadas. Esos encontronazos con la pared de la maldad humana son algo que todos hemos vivido, y por el cariño las podemos ver como naturales, el ser humano se mimetiza con acciones que parecen lo que no son. Los topes de pared inesperados que son como parábolas vivas, sí que nos dejan enseñanzas.  Tendré una interlocución personal en el texto con una tía no consanguínea, que llevará la narrativa, ella es graciosa, elocuente. Espero algún dia terminar de escribirlo, creo que me llevará tiempo.

Y así mismo vemos que continua Forrester con la voz de Virginia:

-Londres, es encantador-. Afirma Virginia. -Salgo y es como si de pronto apareciese una alfombra mágica sobre la que me siento transportada al seno de la belleza sin levantar un dedo-.

En lo personal la imagen me marcó. Llegaré a experiencias personales de este pensamiento que nunca olvidé, y lo hice cuando fuimos en busca de la autora allí mismo en sus lares más emblemáticos.  He de decir, que uno puede imaginársela volando en su alfombra mágica por las calles que caminó en su día a día, en los recintos de las casas que vivió, por el parque en el que se sentó a observar a esos pájaros de los que decía que escuchaba hablar en griego. Esas cosas se dijeron en sus textos. Y fue tachada de ser una loca de atar, en donde otros supieron ver la belleza. Para mí fue fascinante percibir los olores y colores de su casa, de Londres.

 Me hubiera encantado que me pudiese explicar ella misma muchas cosas, ¿que era eso  que percibía y que sin dudar dijo? En parte, sus frases son como si hablase. Eso mismo que la mantuvo vetada por mucho tiempo, considerada una escritora non grata para algunos, aportó arte. Es normal que esas cosas pasen, nadie somos mesita de dulce para agradar a todo mundo y mucho menos con lo que nos avocamos a comentar con pensamiento propio, que aburrido seria todo si pensáramos de la misma manera. Es bueno compartir y cuestionar, aunque hay personas que no están preparadas para eso. Se necesita visión de vida.

Y continúa la autora: -Las noches son sorprendentes, con esos pórticos blancos y las anchas y silenciosas avenidas. La gente entra y sale, ligera y alerta como liebres. Los rostros que pasan me estimulan, impiden que se me hiele la sangre en las venas como se me hiela con la calma de Rodmell-. Recinto que vivió por temporadas.

-Y, así pasan los días y me pregunto a veces sí, no estaremos hipnotizados por la vida como un niño ante un globo plateado. Y me pregunto si esto es vivir-.

-Todo es muy rápido, brillante, excitante, pero acaso superficial. Querría tomar el globo entre mis manos y palparlo rápidamente; redondo, liso, pesado, y llevarlo así conmigo, día tras día-.

-Yo no quiero enfocar el matrimonio como si fuese una carrera-. Al principio vislumbró hijos, que no llegaron.

A Virginia, un homosexual le declaró su amor y pidiole matrimonio. Mas tarde se desdijo, exactamente al día siguiente. Su nombre fue: Lytton Strachey.

El hombre que fue su marido llegó a ella como un buen compañero de viaje. Era parte del grupo intelectual que les unía a otros varios seres. No ejerció mayor atracción. Eligieron compartir la vida, sus interiores artísticos, llenos de vida. Una bella compañía personal, sin descendencia humana. Ella, asumiendo su existencia y tomando sus libros como los hijos que no tendría nunca. Aun sin nombrar adecuadamente la bipolaridad de la que fue víctima, se sabía enferma.

Es un hecho que a Virginia Woolf le aterrorizaban los varones. Esos hombres de su entorno no eran para nada virtuales parejas, hasta que llegó Leonard Woolf.

Para ella, las relaciones humanas en sí mismas eran difíciles. Comprende esa parte de la vida con relatividad, con una mirada muy personal, que puede percibirse.

Las personas, en sus textos de novela, no llegan a encontrarse nunca.  Se acercan los seres humanos como por momentos fortuitos casi inefables. El universo de Virginia Woolf era prácticamente solo el libro, lo demás le producía escozor, ambigüedad y algunas veces dolor. No fluía en las relaciones.

Leonard, su compañero y marido lo comprendió perfectamente y fue hasta por momentos un cuidador de la persona, de los entornos, de las situaciones. Su amor nunca fue el de pareja tradicional, mas disfrutaron mucho juntos, las salidas, las casas y ni que decir sus momentos de lectura revisada.

Virginia, capta perfumes, espumas, aires… así como impulsos vitales muy suigéneris. Se sabe que el ser que es bipolar percibe mucho más, comprende el mundo a su propio ritmo. Ella llega a asociar el erotismo como si fuera una gota de lluvia deslizándose lentamente por un cristal.

Leonard tiene muy claro que su esposa solo persiste si hay actividad diciplinada. Se compromete a lograrlo. Los cambios de ambiente eran necesarios y con orden, por eso su vida transcurre entre Londres y las salidas al campo. (Continuará).

 

 

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario