miércoles, 29 de abril de 2026

 

Crónica de viaje.

Edimburgo.

                           La capital de Escocia es una ciudad que encanta. Diseñada con la morfología de su propio suelo, nos conduce por callejuelas encantadoras que suben y bajan, hoy día puede ser por escalinatas o por rampas, de cualquier manera, uno ha de detener el paso: la traza urbana lo pide en asombrosos momentos en que la vista es como si de pronto se nos arrebatara a contemplar un rincón lleno de texturas y encanto, un enrejado poético y en todo momento gozando de edificios que roban el aliento y que solo pueden percibirse hermosos. De pronto en la esquina menos esperada es seguro que nos encontramos con un edificio emblema.

                          Al llegar a tan especial lugar como parte del Reino Unido, nos encontramos una ciudad dominada por la presencia de un Castillo llamado: Castillo de Edimburgo. Uno va descubriendo que este edificio será visto desde muchas partes de la urbe, y en calles que casi parecen diseñadas para el aprecio de tan bella construcción. Se percibe éste ahí en lo alto de la colina y de pronto parece tan lejano, cuando solo toma siete minutos el ascender a él por una rampa bien diseñada. La realidad es que se asienta sobre un volcán extinto llamado Arthur seat. El mismo alcalde de la ciudad define todo el sitio completo de la urbe de una manera muy asertiva y nos dice:

-Esta ciudad es un sueño de mampostería y roca, no es una ciudad como si fuera un teatro, es una de la vida real-. Y, con tan clara descripción es uno quien puede ir descubriendo ese magnifico manejo de la piedra en basamentos que en muchos de los edificios se dejan ver con base románica que en la mayoría de los casos tomará con el paso de los años el estilo gótico que prevalece bastante bien conservado y en otros casos en épocas del cisma han quedado solo ruinas.  En otras partes de la ciudad el estilo presente es el georgiano que se desarrolló en los años que van de 1720 hasta más o menos el año 1840. Se caracteriza por una simetría de proporciones clásicas y equilibrio, casi pudiéndose comparar con el estilo neoclásico. Y ahí, entre lo gótico y lo georgiano que nos habla como de un clasicismo  muy elegante, tambien puede convivir armoniacamente con la parte muy moderna de la ciudad.

Esta área del Reino Unido está tocada por clima más allá de lo templado, tendiendo a frío casi todo el tiempo, en estos días del comienzo de la primavera las temperaturas medias pueden llegar a los  cinco grados bajando por momentos un tanto más, y claro que las lluvias  son el pan nuestro de los escoceses que viven con ellas como si nada, pues terminan de hacer del ambiente un asunto de fríos y vientos inevitables. Hoy día y gracias a la tecnología uno sabe a qué horas será la lluvia. A quienes nos encanta caminar pues el paraguas se vuelve parte. La cuadra que circunda el hotel en el que nos hospedamos está llena de edificaciones que habría que apreciar a paso lento y observante, lo más bello y que pudimos disfrutar con más tiempo es una escuela para jóvenes que se conoce como el George Heriot school, con enormes jardines, arboles añosos esporádicos de fronda serena y en estos días de primavera gran variedad de flores muy coloridas en los arriates. Llama la atención como de pronto hay algunas calles que se convierten en las emblemáticas, a nuestro paso teníamos la que es más que nada peatonal llamada Victoria, magníficamente situada cerca de otras calles que conducen a La Catedral que uno admira desde el primer momento. No es una Catedral ostentosa ni tiene un atrio con mucha perspectiva, mas si la suficiente como para admirar desde la calle el estilo gótico con escalinata doble para acceder a la amplia entrada. Nos topamos con St. Giles un Santo que no es tan conocido, pero si muy apreciado por esos rumbos, para nosotros era desconocido. Apreciar ante todo la traza del techo con las nervaduras bien conservadas, y claro que le roba a uno la mirada el colorido de los vitrales, en uno de esos esta St. Giles vestido de azul.

El frio verdaderamente cala, se siente hasta los huesos y no podría ser de otra manera a pesar que estamos ya con la primavera instalada y constatada en los pequeños aparadores de toda el área. Pues bien, sigamos con la Catedral, nos llama la atención la magnífica cala y trabajo de la madera, la combinación de ésta con la piedra volcánica que da unas combinaciones de texturas muy bien logradas.

  Las capillas laterales cada una con un diseño diferente que hace que uno se detenga para admirar los coloridos y trabajos de los mármoles, las puertas y estandartes de variados momentos de la historia escocesa. El trabajo de la madera llama mucho la atención, no solo en las entradas sino en los adornos varios de las partes laterales.

A un lado del altar central, se encuentra una pequeña banca verde situada en un pedestal junto a una enorme columna, lleva una historia a cuestas, es el banco que una mujer se atrevió a lanzar por los aires hacia los presbíteros que dirimían sobre las causas religiosas que estaban trayendo el anglicanismo inevitable y arrebatando el catolicismo como si fuera un mal incrustado. Es histórico el momento de esta mujer valiente. Tremendas disputas se dieron al grado que hay varios recintos de iglesias en ruinas que fueron quemadas o destruidas casi por completo.

Los Pubs son centralidad en esta ciudad, la mayoría repletos en estos días de asueto para algunos paseantes pura novedad y tambien ocupados por la gente local, que muchas veces prefiere sentarse al aire libre a pesar del tremendo frio, ellos, según nos comentaron los toman casi como una segunda casa para encontrarse con amigos. Se come muy bien en la mayoría de estos, los más visitados por nosotros fueron los de la calle Victoria a cuál más de buenos.

Desayunábamos con la vista casi total del castillo, en gran ventanal que nos permitía ver la parte frontal. Subir al emblemático edifico conocido tan solo como Castillo de Edimburgo vale la pena hacerlo con la conducción de un guía, este se contrató desde antes y junto con un pequeño grupo de españoles emprendimos la rampa, en verdad que a paso lento todo se logra. Llegar y observar toda la ciudad desde ahí a lo alto es grandioso, constatar que la piedra bien trabajada es en sí misma un asunto de mucha admiración. A la Una de la tarde en punto, se dispara un cañonazo desde lo alto, toda la ciudad lo espera como algo ya instituido y niños de escuela pasan por ahí haciendo el conteo a voz en cuello: diez, nueve, ocho… y así hasta escuchar el tremendo estruendo de la cuenta regresiva, que sí que estremece el cuerpo entero estando cerca, dicen que se escucha en toda la ciudad.

Es un castillo que resguarda mucho de la historia de la Reina de Escocia María Estuardo, con una historia intrincada y de tremendas controversias con la Reina de Inglaterra. Se nota que fue una vida tormentosa, una mujer que fue reina desde muy niña, luego la mandan a casarse con el Rey de Francia y enviuda a los 18 (dieciocho) después de tres años de un matrimonio arreglado y funesto.  Al volver, Isabel de Inglaterra se aterra porque María tenía todo el derecho de reinar. En fin, vale la pena saber más de esto, más que nada porque uno no puede entender cómo se utilizaba a las personas para afianzar reinos y tierras. Re, en platica cercana con el guía se asombra como este le cuenta que ahí en palacio, solo se bañaban dos veces al año, cuando nacían y cuando se iban a casar.

El desayuno tradicional de los escoceses siempre estaba vigente en el menú, hasta que nos decidimos a probarlo, un plato tremendamente fuerte, hasta podría decir una ¡Bomba!,  la Re nuestra hija nos animaba a tomar buenos desayunos ya que las caminatas lo ameritaban; este plato se compone de salchichas gruesas de carne de res, así como tocino en formato grueso, unos huevos estrellados sobre pan brioche, así como ¡Frijoles rojos!, un poco de pure de papas; a decir vedad nadie se lo pudo terminar.

Hay pequeños recovecos de entradas de calles muy estrechas que conducen a reductos rematados por una fuente, un farol y algunas veces por alguna estatua.

Un lugar emblemático e imperdible es un parque llamado el parque de los Príncipes, construido en al cauce de un rio hoy día seco, se ha logrado un jardín a cuál más hermoso, lleno de retoños de primavera y una linda escultura de un elefantito que se erigió para recodar a los niños que ya nos han dejado. Mas allá una fuente demasiado barroca para mi gusto, pero que hace las delicias de las muchas gaviotas que no solo nadan sino se remojan como si fuera su casa, a su antojo y placer. Bancas blancas bajo los árboles con niños que corretean y juegan, al fin y al cabo, son las vacaciones.  Nos tocó presenciar una estupenda escena en que un par de abuelos habiendo llevado al nieto a jugar un rato al jardín de los Príncipes, este pequeñuelo estaba tan feliz correteando con otros niños que cuando el abuelo le fue a buscar para irse, (la verdad a una hora muy adecuada porque solo nosotros ya llevábamos una media hora admirado el entorno) el peque se arrebató y se fue sin más. Nosotros viendo el momento pensamos que irían de nuevo por él, cuando en realidad vimos que estos señores tenían una estrategia bajo la manga: se encaminaron a la salida. El peque al verlo, se les acercó como preguntando, y al fin vimos que convinieron en algo, un rato más de ese placer que los niños encuentran a campo abierto y que para ellos no existe con el tiempo.  Es una realidad que para los niños el tiempo no existe, y vimos como estos señores de la tercera edad lo comprendieron tan bien, dando al niño un rato más de esparcimiento. Como de unos cinco años el peque, pues ya había encontrado a otros con quienes pasar un gran rato. Nos llamó luego la atención que, a la segunda llamada del abuelo, el niño les tomo de las manos y ya los tres emprendieron la salida junto con nosotros. Fue interesante ver la escena, siempre los peques tratando de tomarnos la medida, mucho más a quienes somos los más consentidores.

Muy cerca de ahí y bajo la construcción de una aguja gótica hecha exprofeso y que se ha ennegrecido por la polución, se encentra la estatua en mármol blanco y de cuerpo completo sentado junto a su perro, de Walter Scott, el autor de la obra Ivanhoe, y otras muchas obras literarias muy apreciadas. Se nota que se le admira y hay todo un recinto para sentarse y disfrutar todo el conjunto de jardines y calzadas.

Uno de los días fuimos recogidos directamente por un guía contratado. Estuvo en el hotel unos minutos antes de la hora acordada, dejándonos muy bien impresionados por tal puntualidad, a nosotros nos encanta ser puntuales, mas este día encontramos a alguien no solo de nuestras lides y sino mucho más, era un viaje en su van personal para conocer un Castillo muy especial, llamado Dunotar. Es de esos edificios que se construían como centros de observación y de fortalezas. Situado sobre unos acantilados de roca volcánica altísimos, tiene vistas del mar del norte que son esplendidas. John Swankie fungió como un buen amigo y la plática conmigo no se hizo esperar de mil cosas a averiguar, como los extensos campos que separan a pequeñas casitas que a uno le intriga si es gente que vive ahí todo el año. Una gloria el camino, cundido de ovejas que pastan aquí y allá en los enormes pastos verdeando, así como campos de la flor emblema de estas áreas llamada Daffodil, un lirio de mediano tamaño que es tan solo de una duración de dos semanas y nos tocó disfrutarlo en todo su esplendor. En el hotel lo tenían en los floreros, en las calles en los arriates, y más que nada en los campos abiertos que los cultivan en grandes extensiones para hacer macetas que no faltan en las entradas de la mayoría de las casas habitación.

Llama mucho la atención observar que no se encuentra por ningún lado ni un solo anuncio de nada y mucho menos los espectaculares que son tan contaminantes para la vista, comentamos en ese momento que tambien esos letreros enormes provocan accidentes porque distraen mucho.

La Fortaleza del siglo Xlll que da al mar del norte es hermosa, hay que subir una tremenda escalinata parte de piedra y parte de madera para poder contemplar los espacios rocosos que circundan, que son todo un poema. Unos jóvenes hacían surf en esas heladísimas aguas.

La Universidad de St. Andrews queda por ese rumbo, así que fue la parada obligada, cercanísima a una especie de malecón por donde se ven a grupos de estudiantes que por ahí transitan. Para llegar se pasa por el primer campo de golf de la historia, según nos apuntó muy diligente el guía, y nos dijo que a pesar de los tremendos vientos este deporte se practica con todas las de la ley. Ahí mismo se inició el juego de este deporte. Llegar al recinto fue una gloria total, la Re lo disfrutó muchísimo porque ella tiene como centralidad en su trabajo estar en contacto con universidades del mundo entero y esta era destino muy deseado, nos tocó que en la capilla había un servicio especial y tuvimos la oportunidad de oír por algunos momentos un canto coral muy hermoso. Los jardines muy bien cuidados, no se permite el paso peatonal por ninguno de ellos. Las puertas de acceso a todo el recinto son añosas y muy bonitas porque son de madera de color gris, llenas de encanto, adornadas algunas con enormes clavos que les dan el toque de buen gusto muy clásico. Se dice que mucho de lo que está construido alrededor del recinto universitario provino del desmantelamiento de una iglesia gótica que está casi totalmente derruida y que fue cuando se sacó al catolicismo del área y se implanto el anglicanismo.

En estos recorridos y en platica investigativa de mi parte (porque me encanta todo el asunto de los modos de construcción) aproveche y le pregunte a John porque en los pequeños muros de piedra maciza siempre hay un remate diferente que pareciera como si cerrase la base superior del muro, y claramente me explico, ( él es jubilado de la construcción) que con esa tira de piedras bien dispuestas como tope superior, se cierra la posibilidad de que el agua o la misma nieve calen la argamasa que aglutina todo. Son tremendos los vientos, así que esas construcciones así se protegen, además de que estéticamente las deja como que con un acabado muy especial.

Nos tocó estar por ahí en viernes Santo, pero sin ninguna iglesia accesible para nada. Ese día optamos por caminar cuesta arriba por la Royal mile que remata en el Palacio o el Castillo de Holyrood house, es decir la casa en la que toda la familia real de Inglaterra se aloja cuando visita Edimburgo. Una maravilla de conservación, todo este mucho más cuidado de lo esperado porque es un edificio en activo y muy utilizado por la mayoría de la familia real y la visita se hace con rapidez y muy fluida. Los jardines aledaños son hermosos y plagados de la primavera que ahí se notó mucho más. En lo personal me llamó mucho la atención la sobriedad de los interiores, mucho más la del comedor, al que uno accede observando todo el servicio de mesa con remates lineales en color verde, bien dispuesto casi  como si hubiera sido medido el espacio con una regla y como si de pronto algunas personas se hubiesen ya preparado para comer,  cristalería muy sencilla y elegante y todo lo necesario. Las sillas son de una sobriedad infinita, elegantísimas.

El museo Nacional de Escocia es en sí mismo una construcción muy amplia y de un estilo afrancesado que uno no se espera, compuesta por cuatro pisos enormes que se pueden contemplar desde un hall de entrada que da vista a todo el recinto, toda una galería de altísimo techo y toda pintada de blanco. El foco de un gran faro abre la entrada y muy cerca de ahí está la oveja Dolly, la primera clonación que se logró y que, aunque después fue un fracaso, se sigue conservando disecada como un emblema del país.

Este museo nos llamó la atención porque en sus cuatro pisos de exhibiciones resguarda los objetos de una manera muy ecléctica, junto a la locomotora de un tren muy bien conservada, se puede encontrar la entrada a una sección de moda en el vestir y más allá una tremenda mandíbula de ballena, que se tomó de una playa cuando esta encalló ahí y murió. Todo esto está más dedicado a los pequeños exploradores que sin parar pasan por esas enormes fauces abiertas, abriendo las suyas con el asombro, es increíble el tamaño que puede tener la boca de una ballena cuando uno la ve tan solo a medio metro de distancia.

La visita a las tierras altas es algo emblemático, es otra la sensación del terreno, así como en otros caminos, ya que no son tan solo las  llanuras verdeando, por aquí lo que prevalece es el bosque que a decir verdad no es tan cerrado pero conforme se va subiendo a lo que se denomina los Highland, pues la verdura de los árboles es un encanto, varios tipos de matorrales, árboles de troncos muy coloridos y más que nada cubiertos de un musgo que parece de terciopelo de un verde vivo.

En este recorrido conocimos el Castillo de Stirling, que está un poco abandonado, pero no por tal, deja de ser interesante. Sí es el único en donde se ven claramente los diferentes estilos arquitectónicos de una manera clarísima y que tiene tales, porque cada soberano que lo ocupó estaba decidido a dejar la impronta de sus gustos personales, en verdad muy marcados. Ahí nos tocó ver la audición de un musico vestido de la época y tocando diversos instrumentos antiguos.

Ya para cerrar he de mencionar que estábamos los tres intrigados por ver en vivo y a todo color una vaca peluda, pensamos que estarían por todos lados del área, pero cual fue nuestra sorpresa que eran muy pocas. De pronto el guía paró para que pudiéramos ver una más de cerca, pero si se nota que ya escasean. Es tal vez que se resguardan porque nos tocó un dia lluvioso. Yo creo que son animales que, sí están extinguiéndose, aunque de rato en rato de pronto se ven algunas pastando por los alrededores.

 

                                                                                                                                                                    

 

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