miércoles, 29 de abril de 2026

 

Edificar, el día a día. (19)

                                              No encontrarás la paz, si no cambias las cosas

si no te conviertes tú mismo en vehículo, camino y movimiento.

Antoine de Saint Exupery.

Ciudadela.

                                              Es un hecho, y cada día nos cuesta más comprender a cabalidad, que siendo cada ser parte de la grandeza de Dios, está en nosotros mismos la posibilidad de edificarnos desde el centro del ser. En otros momentos de estos textos hemos hablado claramente que somo una circularidad completa, el circulo vital que nos habita se nos ha otorgado a plenitud y es en donde se nos otorga por la condición que Dios mismo puso en nosotros, el libre albedrio que a veces hasta se nos olvida lo que esto es y que significa. Solo nosotros como especie lo tenemos y todos y cada uno estamos en la posibilidad que ha de guiar la vida que vivimos. No importa si somos pequeños, medianos o grandes ya en edad, la edad física es la temporalidad del mundo físico, y claro que tiene un principio y un fin, mas  la edad espiritual es eterna, y a los niños se les procura una vida espiritual dándoles el sentido con razonamientos que los conduzcan al orden. Razonar no quiere decir tener siempre la razón, es llevar las acciones por la vía de una lógica asentada en la virtud y que conduce a los buenos ordenamientos.

                                            Hablando de Libertad, en el taller al que pertenezco de filosofía y teología, conducido por la filósofa Mariluz Barrera tambien los textos son analizados para un buen entendimiento de asuntos eternos de la humanidad. El último que ha ocupado nuestro tiempo es el libro que es más bien una obra de teatro muy poética, -La Vida es Sueño- de Pedro Calderón de la Barca. Este texto cuestiona desde el siglo XVII estas situaciones del deshallo de la humanidad. Nunca hemos podido tomar por los cuernos, esa parte de poder garantizar a cada ser la certidumbre de que en cada uno de nosotros se salvaguarda la paz en sí misma, empezando por la interior y asuntos personales, para poder permear el todo social.

Ya no se cree en la profundidad del ser, y no digamos en la manera de resolver con la actitud y el tiempo que requiere cada cuestión, todo se quiere al vapor, la postmodernidad nos ha llevado a un remolino casi infinito que pareciera que ya no tiene regreso. Sí que lo tiene. Muchas conciencias lo manifiestan, lo perciben aun con todo el caos que de pronto nos circunda, porque en todas partes del mundo se está sintiendo el ser humano con un grado de deshallo tremendo. El asunto está en ser consientes con nosotros mismos y mucho más con las nuevas generaciones del asunto de Dios en nuestras vidas, no es una etiqueta ni una modalidad, no es una opción o un juego, es tema central de cada vida humana que cuando no se cumple, existe un vacío existencial. Habrá que asumir los cabos sueltos y no practicar por el puro prurito de cumplir, es una actitud de vida saber que estamos inmersos en la contingencia de Dios. Calderón de la Barca no escribió esta poética y profunda obra porque estaba extasiado tomándose una piña colada en la playa, lo que sí se sabe es que vivía bien, a pleno sol y sin mayores problemas, más su mente sí percibió los cambios que el mismo logró cuestionar, es claro que en el descanso se ve mucho y el autor estaba inquieto en su reflexión, el sentía en sí mismo la permanente situación que se vivía en la España de su época y decidió cuestionar por medio de la literatura.

La obra en su fundamento se refiere al sentido de la vida, y por ende al manejo de las libertades. Este autor, hijo de hidalgos españoles que tenían bastante poder en los reinos que les tocó vivir, es propuesto por toda su familia para ocupar la capellanía de sus abuelos. Una capellanía era la parte espiritual de la sociedad en donde se daban las pautas de una vida digna guiada por los presbíteros de la época. El, de entrada, se niega de momento ya que tenía claro que antes habría que prepararse en conocimientos profundos como lo hizo yéndose a estudiar Lógica y Retorica. Preparado como lo deseaba, entonces se ordena sacerdote para dar esa parte con más cabalidad.

A pesar de que creció en una familia severa, de un buen catolicismo bien entendido, es comprendido en esta primera negativa en la que se le permite prepararse para la labor futura. En este tiempo como buen joven se vio involucrado en asuntos desagradables, fue hasta aprendido por algunas malas conductas y hasta estuvo en el ejercito real. Escribe muchísimos autos sacramentales, pero la obra que aportó más es: -La vida es Sueño-, es la más conocida. En ella se cuestiona la libertad humana porque de pronto el sentía como las situaciones de la época se percibían confusas, hubo un gran cisma en el catolicismo con las nuevas ideas del protestantismo. De entrada, una que fue determinante fue la de que la vida se determinaba por la predestinación, es creer que estamos predestinados y hay muchos asuntos que no podemos cambiar, y con esto ya estábamos comenzando con ese predicamento de que el azar dicta las conductas, y no que uno mismo aporta con principios bien conocidos que puedan regir la vida. En sus disertaciones hace similitudes con la naturaleza y llega a pensar que el mundo animal es mucho más libre que el mundo humano y cree que hasta los peces que nadan en los mares tendrían mucha más libertad que él mismo. Esto suele pasar cuando el sentido de Dios se pierde, de hecho, en nuestra época actual está pasando, hay muchos seres que admiran más a los animales y llegan al grado de querer convertirse en uno de ellos, movimiento actual que se denomina Therian.

-La vida es sueño- es una obra secular corta, para leer con detenimiento y observancia.

Es así, que esta obra entra dentro del ámbito de la filosofía, porque en esencia cuestiona la libertad humana. Reflexión con los modos de la época.

En España se está viviendo la contra reforma por el acendrado actuar de las ideas protestantes, y muchos de estos pensadores se dan cuenta como la esencia de un catolicísimo (que pudiendo ser la respuesta) se ve trastocado y hecho a un lado. ¡Y claro que se trastoca!, al dejar de ser parte importante para gran parte de la feligresía.

Las reformas ponen no solo en duda el tema de las libertades sino el tema mismo de cómo se contempla la verdad. La verdad es algo muy delicado, cuando se tiene una vida religiosa fidedigna no hay cabida para verdades personales a modo, no se puede decir -hago esto porque esta es mi verdad- porque tal vez se pueda estar viviendo fuera de la realidad. Toda realidad está basada en una cosmovisión y en verdad que esta base pensante uno se la procura y la gente creyente alza la voz. Mientras la cosmovisión del ser está clara, la vida fluye con toda certeza.

¿Qué es una cosmovisión? Es la forma que vemos el mundo en varios aspectos: El global, el espiritual, el político etc. Que han de converger en una sola visión personal y a la vez compartida por muchos más congéneres con los que nos identificamos. Cuando el joven ya no tiene la referencia del sentido de vida, va en busca, y a veces encuentra caminos trastocados.

¿Qué nos guía a los católicos que comprendemos el mismo sentido con puntos tan claros? Ir a las fuentes, San Agustín y Santo Tomás, para comenzar. Leer.

La claridad, en primera instancia es la presencia del libre albedrio, aunado a la fe que ha de proyectarse en las obras. No se vive una fe al ahí se va, se vive esa certeza para verla asentada en obras con congruencia.  Esta es lo que da base a la religión que la mayoría profesamos. Cuando empiezan las dudas, empieza el deshallo.

Calderón se anima a hablar de que la conducta debe responder a una ética, no a las ideas flotantes de que todo es una predestinación, como si el hombre mismo no pudiera ser dueño de sus ideas fundamentadas en la cosmovisión elegida.

En las acciones de los reinados de este tiempo se empieza a notar la falta de ética, los mal llevados gobiernos y la facilidad con que se profundiza en la corrupción. ¿Qué nos podemos esperar de la época en que vivimos hoy, si esto se ha ido haciendo como un socavón interno del ser con el devenir de los tiempos, mental y físicamente? Las formas de vida empiezan a tomar modelos ajenos a una formación integral basada en los principios de las virtudes y la ética. Es tristísimo pensar que quien no tranza no avanza, como tanto se escucha con toda desfachatez. Mucho se impuso desde que las ideas de las Reformas que se hicieron laxas.

Toda la verdad de la existencia y del mundo está asentada en la realidad, sin duda alguna. No hay realidades alternativas de esas que se plantean en ideologías huecas, con ideas forzadas para alcanzar solo las premisas de unos cuantos vivales. Quien no es capaz de ver la realidad con ojos de objetividad y se sustrae, es la subjetividad la que va a regir cuando se implantan ideas equívocas.

Se empieza a pensar que la vida, en realidad es un sueño. Que todo lo realista no compete a la verdad. Se empieza a decir por todos lados que la existencia es fugaz, es engañosa, ¿Para qué ocuparnos de ser éticos, mucho menos lógicos, si al final vamos a morir y no pasa nada?                 

No se cree más en la trascendencia que da el sentido de Dios en cada vida humana, de que el alma converge y es parte de una eternidad.

Las maneras de ser y de actuar están en un menú a elección, unos por aquí, otros por allá, y viene a colación la frase: -a rio revuelto, ganancia de pescadores-.  Como muchos seres humanos dicen hoy: -total no pasa nada hago lo que quiero y luego me confieso-. Craso error, lo que ya se actuó ya quedó impregnado en el ser.

SI pensamos que el mundo es como una obra de teatro en donde solo somos actores pasajeros, ¡cuidado! porque podríamos estar distorsionando la realidad, el mundo no es una escena que nosotros implementamos, es una realidad con sus leyes y sus dinámicas propias, que es un deber conocer.

La libertad tiene todo que ver con el comportamiento moral. No es libre el que se ata a medias verdades o a ideas implantadas sin un sentido claro de razonamiento lógico y con orden.

Es la presencia de la virtud lo que da los sentidos. Ya hemos hablado de éstas en textos anteriores que son las Cardinales y las Teologales.

¿Cómo podremos practicar la verdadera libertad? Tan solo enfocándonos en lo que si nos toca cambiar y teniendo la humildad de saber que no somos todólogos y que hay cosas que ni por asomo nos competen. Hoy día se cree que todo mundo puede hacer de todo, quedando diluida la acción en un sentido de mediocridad. Claro que se puede, pero ¿A qué costo?       

Vemos cirujanos plásticos que engañan y casi producen la muerte a pacientes, así con todas las profesiones, mediocridad en mil aspectos, se piensa que todo es tan efímero que para que procurar que todo sea de calidad. La mediocridad se ha vuelto el pan nuestro de cada día.

Cuando las razones y las virtudes se practican a cabalidad, prevalecen sobre sobre las fatalidades, porque no es predestinada la vida, es razonada y vivida con principios.

Es así, que La Verdad así con mayúsculas, tiene todo que ver con el comportamiento asentado en moral y no digamos en ética humana. Los modos cuentan. En próxima serie de artículos hablaremos enfocando todo en Razón y Orden, como los dos bastiones de la vida realmente humana que parece que se nos esfuma como granos de arena entre los dedos de una mano, y que hoy día hay situaciones en las que nos preguntamos ¿Qué nos ha pasado? Tan solo que nos hemos ido por las tangentes   más tremendas de una humanidad confundida.

Saber que el futuro no se controla, asusta. Todos tenemos como muy desarrollado el chip del control, quisiéramos que todo este al dedillo, y claro que eso en la realidad es imposible, pero si se tiene la cosmovisión adecuada se puede encausar y ese encause se vuelve el reto más hermoso, sobre todo en el día a día de nuestras vidas. Ese quehacer diario es lo más determinante, aunque no se vea ni sea asunto del relumbrón. Sigue vigente para muchos de nosotros que, con la buena luz de la razón, el orden llega y lo asumimos como lo que es: Una vida personal que solo es nuestra y que la llevaremos a buen puerto el día que cerremos los ojos para siempre. Se nos ha entregado para eso. Nos hemos creído que la libertad es no hacer lo que no nos gusta, cuando la libertad es hacer con causas claras y serenas.

En la obra citada hay varios monólogos del personaje Segismundo, vale mucho la pena leerlos para encontrar como una mente pensante a veces se debate, a veces ¿se pregunta? y no vive en un estatismo de esperas indignas como si todo se fuera en estar esperando, cuando cada día la realidad nos regala una nueva oportunidad.

Hay jóvenes alrededor de nosotros que, en el fuero interno de su ser, pueden preguntarse ¿Es la vida un don o es una condena? ¡Qué fuerte! ¿Como vamos a dejar de percibir la vida como la donación más grande?. (Continuará).

                                                                                                                     

 

 

 

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