miércoles, 25 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (15)

                                                             La templanza, solemos relacionarla con el temperamento. Tan solo es parte. Ser seres temperamentales en las resoluciones no es lo ideal, la templanza se trabaja. MJ

 

Cuarta virtud cardinal.

Contener y ser contenciosos, nos dice el diccionario es lo que define a lo templado. Así como practicar la sobriedad y la moderación. Todos estos son símiles de vivir con templanza. Nada fácil, pero si lo pensamos bien, puede ser un logro de cada día.

El día a día nos presenta retos. Todo el tiempo estamos en las resoluciones de variada índole, todas necesitan templanza. Tremendos retos que habremos de solucionar antes de caer en las garras de la desesperanza que es lo contrario a llevar las cosas con temple. Si no lo observamos con el tiento necesario, nos pueden quebrar.

La razón es una buena compañera para lograr ser seres templados.

¿Qué pensamos de cuando se nos habla de un país, o que una ciudad está con clima templado? Nos queda claro que es lo de una medianía muy apetecible, hay armonía en el aire, en el entorno.

                                                                 Tambien cuando se lleva un diario personal, uno va tras la templanza de las redacciones, de la posibilidad de observar en el día a día esa contingencia de acción que en verdad nos resulte, no solo en la significancia total de lo que nos proponemos, así como cumplir los retos planteados. Esos pequeños momentos de cada día y el cumplimento que tanto nos significa.

Todos nos hacemos de una rutina. No siempre es factible de cumplir a pie juntillas, y hay que tener cuidado con esto, porque no es en sí mismo el cumplimiento completo lo que cuenta, sino como se va adecuando el temple en los asuntos diarios.

El día a día requiere un temple especial, porque no es solucionar todo lo agendado, sino hacerlo con el buen talante necesario y justo.

A veces, una sola actividad nos ocupa el día entero. Creemos que, al dedicarle más tiempo del pensado a algo que tendremos que solucionar, estamos perdiendo el tiempo de otros asuntos pendientes, es que se nos olvida que la vida misma se da en procesos, y hay que respetarlos, así nos lleve más de un solo día, lo que vislumbramos de solución rápida.

Mi madre, que era una muy buena bordadora a mano, me asombraba con el temple que tenía para lograr tan noble actividad Tal vez, ocupara toda una mañana para un sencillo ramillete, de muchos que llevaría el trabajo emprendido. Ahí en ese pequeño logro había mucho y yo me asombraba cuando al fin veía el tesón, porque todo un asunto completo de esos menesteres puede llevarse meses. Eso ya no se hace hoy día, o todo se resuelve con una máquina, o no se hace.

En estos días que releo, me topo con que una muy buena amiga me pidió que le arreglase un mantel hermosísimo que en una fiesta de su casa había sido quemado por la colilla de un cigarro que alguien asentó en la mesa. De entrada, uno se queda atónita cuando observamos algo así. Ver como esas cosas son impensables y se puede desgraciar un trabajo hecho a mano, con una acción descuidada. Así que me avoqué a hacer lo mejor que pude. He de decir que extrañé a mi madre porque no sabía bien a bien como hacerle, pero lo logré tan solo de recordar la paciencia y el temple que ocupaba mi progenitora en esos menesteres tan caseros y del siglo pasado. Quedó resuelto el asunto, cuando invente algo para que el ramillete de hilos rotos, se recompusiera y no se siguiera rompiendo tan bella prenda antigua.

Lo logré y disfruté hacerlo. Mi amiga recuperó ese dolor de ver algo de su aprecio, recompuesto.

¿A que le podremos llamar, días llenos?

No a los que están pletóricos de actividad, sino a los que en las pequeñas actividades o en el cumulo de éstas, sentimos una satisfacción interna de la vida.

Es verdad, que solo uno mismo decide la templanza que nos habita. Cuando nos damos la oportunidad de pensar en esas virtudes que se nos proponen, es cuando tratamos de que se aparezcan de la manera más fluida y fácil, pero hay que recordar que han de estar aterrizadas en los hechos.

En los dias de fin de año, cuando hay más tiempo para las lecturas escogidas, me doy cuenta que suelo entrar con más presteza a las páginas de la Biblia. No es fácil durante el día a día hacerlo, (aunque si nos lo proponemos pueda que se dé) he visto que en tiempos de días más fluidos es cuando mejor se puede entender ese mensaje de la espiritualidad. Lo hice, me avoqué a leer un poco más. También me daba cuenta que con el paso del tiempo uno suele sentir que los días se pueden ir como arena entre los dedos, y eso no hay que permitirlo, porque no olvidemos que el tiempo siempre es el mismo, solo somos nosotros quienes lo vemos diferente dependiendo de la época y de la acción propuesta.

En Proverbios 14-1, Encontré algo sobre la Sabiduría y dice:

 -La sabiduría edifica su casa, la necedad con sus manos la destruye-.

Habremos de estar bien templados para no permitir necedades. Los niños a veces suelen tenerlas más a menudo y habremos tambien de saber cómo alejarlas de los críos. Mas, que interesante, que diga la misma palabra divina, que las manos pueden a la vez de ser constructivas, o que, por descuidos, destruyan. A veces claro que no se hace adrede (como me imagino sucedió con quien fumó cerca de un mantel antiguo) y no darnos cuenta que en un segundo se puede propiciar una desgracia, sea con un mantel o sea con una vida. Una prenda tan trabajada iba a quedar arruinada, lo bueno es que no se extendió la quemadura.

                                                                   En enero de 2012 abrí por segunda vez la libreta número 96. Y digo por segunda vez, porque estaba esperando tan solo para ser revisada como lo he venido haciendo. Esa libreta contiene uno de los Proverbios bíblicos que más ha marcado mi vida (de hecho, una sobrina muy amable, lo mando poner en tela y me lo regaló convertido en un almohadoncito que aprecio mucho). Y dice:

-Cuida tu corazón, porque de él, mana  la vida-. Proverbio 4:23

Que reflexión más bella, pensé. La tomé para poder recordarla lo más seguido posible y como para jamás olvidarla, eso de que la vida provenga del corazón y no de la materia viviente o del cuerpo físico, es algo estupendo y que si lo tomásemos más en serio estaríamos con mucho más cuidado de lo que sentimos, como lo vivimos y proyectamos.

                                            El año 2012 lo comenzamos en la ciudad de Campeche. Como otras veces he comentado, es una pequeña ciudad tan cercana y a la que solíamos ir con mucha frecuencia que se nos fue quedando debajo de la piel. Cada vez con descubrimientos de nuevos recintos a disfrutar, vistas, puestas de sol desde el malecón que en casa nos parece único. Nos encanta ver como los campechanos de todas las edades lo disfrutan como el gran paseo vespertino y para cerrar las actividades de un día cualquiera, a veces ejercitándose en lo físico otras para el solaz interior de despedir el día con magnificas puestas de sol.

A nosotros Campeche nos ha calado profundo. En lo personal me encanta conversar con cualquier campechano que vea yo propicio para una plática, a los míos no les gusta mucho que yo lo haga, pero es mi naturaleza. No creo que mi padre lo hiciera tanto, eso me viene del lado materno y hay que asumir los que nos hace más felices.

 Mi marido ha encontrado mucho documento antiguo en la tan completa Biblioteca Campeche, y todos los empleados ya le conocen y siempre le ayudan en sus búsquedas documentales. Vamos ahí y somos los más felices, él entre papeles viejísimos, yo en los ventanales con mirada a las torres de la iglesia mientras redacto cualquier cosa que traiga entre manos. Con las vistas de la Catedral, los silencios y ver tanto joven lector imbuido en los libros elegidos, uno recobra la esperanza en el vivir. El campechano lee, y sabe disfrutar el tiempo de sus lecturas. Ahí dentro de la biblioteca, pareciera que el tiempo se detiene y las pequeñas lamparitas verdes de cada escritorio son como luminarias de vidas que quieren progresar, ser mejores seres humanos.

He pasado ratos maravillosos escribiendo en la Biblioteca Campeche. Elijo una mesa al final para poderme concentrarme, siempre cerca del ventanal que me permita gozar de las torres de la Iglesia. Las copas de los árboles de la plaza Grande con el quiosco tan característico, no me canso de admirar y gozar. Los transeúntes se escuchan en los corredores de afuera, pero nunca con ruidos molestos. El paso del campechano siempre con un ritmo de ciudadano satisfecho en sus recintos.

Sabucanes coloridos en la mano, niños pidiendo siempre alguna golosina que se ofrece por ahí, las palomas que esperan el rociado del arroz que algunas personas llevan para alimentarles y los destellos del sol de una ciudad que vibra a su ritmo.

En estos días escribí una frase que hoy día retomo como algo que estoy segura por las mentes de todos nosotros ha de pasearse y posarse sin encontrar asidero:

-No soporto la imperfección del mudo-.

Es seguro que la sentimos algunos de nosotros porque quisiéramos un mejor mundo, cuando es la realidad que el mundo es imperfecto desde siempre, y solo aceptar la realidad de la finitud nos bastaría para saber que jamás habrá perfección y que hemos venido para solventar esa parte de lo humano que cada día se trastoca más y más. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Porque tenemos el sentimiento de que el mundo cada día está más de cabeza? Todo se deriva de la ausencia de Dios en las vidas humanas. El Dios que dio sentido al hombre de los primeros estadíos era un ser que tenía presencia en las vidas, que podía hablarse con sentido claro de las etapas y que había un respeto desde la tierra misma que se ocupaba y los porqués, hasta el modo como cada ser terminaba su estadía en el planeta. Lo sencillo del vivir con la centralidad de el lugar que ocupamos en la creación total se fue trastocando por las ambiciones desmedidas que no es que estuviera mal el querer que la civilización fuese mejor, sino como la habríamos de mejorar.                       

Ya todos los geopolíticos de hoy coinciden en que la globalización no condujo puertos seguros, que tan solo se ha convertido en una falacia total y que los reductos personales que tanto se cuidaron en épocas de crecimiento hoy dia ya solo son un sueño.

Vayamos otra vez siempre al pensamiento de nuestras raíces. De los seres humanos tan privilegiados que hemos llegado a ser en este siglo XXI, solo quienes decidamos realmente vivir con una buena vida interior saldremos más victoriosos. Aun ya vivido con tantos dolores el primer cuarto del siglo, hay que saber que los ritmos del mundo no los regimos nosotros en lo directo, pero si son parte para darnos cuenta que importante es vivir lo profundo cuando eso se nos pide. Todo tiene remedio si lo sabemos visualizar mejor. Ya hay muchas cosas que se nos salen de las manos, mas aun vale mucho la pena organizar la mente de uno mismo y de los críos con la total esperanza de que como humanos tendremos que ser más razonables y vivir con una conducción que nos de paz, armonía en cada paso dado. Dios como el centro de las vidas.

Lo teológico no solo es para los dirigentes, nosotros como grey podremos volver a tener el corazón en paz con una bien llevada doctrina de la iglesia a la que pertenecemos. Leer textos conducentes a fortalecer el interior.

El bien siempre se asienta de diferentes formas, las maneras de ser y hacer las cosas en las que se acrecienta la cultura, son la base de que el deshallo se aleje y podamos vivir siempre con una buena lectura de la vida diaria: el día bien llevado da entrada a que el siguiente aun pueda ser mucho mejor.

Todas las etapas que nos plantea la religión no son meros convencionalismos. son los momentos de recogernos en lo interior y darnos cuenta que esa vivencia nos trae la fuerza para continuar. Hacer caso a Santa Teresa: -Solo Dios basta-.

No es en vano lo que tanto escuchamos algunos de nosotros: -No se puede estar en la misa y en la procesión-. Esto apela a nuestra parte de definir que es lo que elegimos y cuando, y ser fieles a lo que somos sin voltear a ver demasiado a los lados y mucho menos mirar hacia atrás sin un fin preciso, porque no vaya a ser que nos convirtamos en estatuas de sal. (Continuará)

 

 

 

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