Edificar, el día a día. (15)
La templanza, solemos relacionarla con el temperamento. Tan solo es
parte. Ser seres temperamentales en las resoluciones no es lo ideal, la
templanza se trabaja. MJ
Cuarta virtud cardinal.
Contener y ser contenciosos, nos dice el diccionario es
lo que define a lo templado. Así como practicar la sobriedad y la moderación.
Todos estos son símiles de vivir con templanza. Nada fácil, pero si lo pensamos
bien, puede ser un logro de cada día.
El día a día nos presenta retos. Todo el tiempo estamos
en las resoluciones de variada índole, todas necesitan templanza. Tremendos
retos que habremos de solucionar antes de caer en las garras de la desesperanza
que es lo contrario a llevar las cosas con temple. Si no lo observamos con el
tiento necesario, nos pueden quebrar.
La razón es una buena compañera para lograr ser seres
templados.
¿Qué pensamos de cuando se nos habla de un país, o que
una ciudad está con clima templado? Nos queda claro que es lo de una medianía
muy apetecible, hay armonía en el aire, en el entorno.
Tambien cuando se lleva un diario personal, uno va tras la templanza de
las redacciones, de la posibilidad de observar en el día a día esa contingencia
de acción que en verdad nos resulte, no solo en la significancia total de lo
que nos proponemos, así como cumplir los retos planteados. Esos pequeños
momentos de cada día y el cumplimento que tanto nos significa.
Todos nos hacemos de una rutina. No siempre es factible
de cumplir a pie juntillas, y hay que tener cuidado con esto, porque no es en sí
mismo el cumplimiento completo lo que cuenta, sino como se va adecuando el
temple en los asuntos diarios.
El día a día requiere un temple especial, porque no es
solucionar todo lo agendado, sino hacerlo con el buen talante necesario y
justo.
A veces, una sola actividad nos ocupa el día entero.
Creemos que, al dedicarle más tiempo del pensado a algo que tendremos que
solucionar, estamos perdiendo el tiempo de otros asuntos pendientes, es
que se nos olvida que la vida misma se da en procesos, y hay que respetarlos,
así nos lleve más de un solo día, lo que vislumbramos de solución rápida.
Mi madre, que era una muy buena bordadora a mano, me
asombraba con el temple que tenía para lograr tan noble actividad Tal vez,
ocupara toda una mañana para un sencillo ramillete, de muchos que llevaría el
trabajo emprendido. Ahí en ese pequeño logro había mucho y yo me asombraba
cuando al fin veía el tesón, porque todo un asunto completo de esos menesteres
puede llevarse meses. Eso ya no se hace hoy día, o todo se resuelve con una
máquina, o no se hace.
En estos días que releo, me topo con que una muy buena
amiga me pidió que le arreglase un mantel hermosísimo que en una fiesta de su
casa había sido quemado por la colilla de un cigarro que alguien asentó en la
mesa. De entrada, uno se queda atónita cuando observamos algo así. Ver como
esas cosas son impensables y se puede desgraciar un trabajo hecho a mano, con
una acción descuidada. Así que me avoqué a hacer lo mejor que pude. He de decir
que extrañé a mi madre porque no sabía bien a bien como hacerle, pero lo logré
tan solo de recordar la paciencia y el temple que ocupaba mi progenitora en
esos menesteres tan caseros y del siglo pasado. Quedó resuelto el asunto,
cuando invente algo para que el ramillete de hilos rotos, se recompusiera y no
se siguiera rompiendo tan bella prenda antigua.
Lo logré y disfruté hacerlo. Mi amiga recuperó ese dolor
de ver algo de su aprecio, recompuesto.
¿A que le podremos llamar, días llenos?
No a los que están pletóricos de actividad, sino a los
que en las pequeñas actividades o en el cumulo de éstas, sentimos una
satisfacción interna de la vida.
Es verdad, que solo uno mismo decide la templanza que nos
habita. Cuando nos damos la oportunidad de pensar en esas virtudes que se nos
proponen, es cuando tratamos de que se aparezcan de la manera más fluida y
fácil, pero hay que recordar que han de estar aterrizadas en los hechos.
En los dias de fin de año, cuando hay más tiempo para las
lecturas escogidas, me doy cuenta que suelo entrar con más presteza a las páginas
de la Biblia. No es fácil durante el día a día hacerlo, (aunque si nos lo
proponemos pueda que se dé) he visto que en tiempos de días más fluidos es
cuando mejor se puede entender ese mensaje de la espiritualidad. Lo hice, me avoqué
a leer un poco más. También me daba cuenta que con el paso del tiempo uno suele
sentir que los días se pueden ir como arena entre los dedos, y eso no hay que
permitirlo, porque no olvidemos que el tiempo siempre es el mismo, solo somos
nosotros quienes lo vemos diferente dependiendo de la época y de la acción
propuesta.
En Proverbios 14-1, Encontré algo sobre la Sabiduría y
dice:
-La sabiduría
edifica su casa, la necedad con sus manos la destruye-.
Habremos de estar bien templados para no permitir
necedades. Los niños a veces suelen tenerlas más a menudo y habremos tambien de
saber cómo alejarlas de los críos. Mas, que interesante, que diga la misma
palabra divina, que las manos pueden a la vez de ser constructivas, o que, por
descuidos, destruyan. A veces claro que no se hace adrede (como me imagino
sucedió con quien fumó cerca de un mantel antiguo) y no darnos cuenta que en un
segundo se puede propiciar una desgracia, sea con un mantel o sea con una vida.
Una prenda tan trabajada iba a quedar arruinada, lo bueno es que no se extendió
la quemadura.
En enero de 2012 abrí por segunda vez la libreta número 96. Y digo por
segunda vez, porque estaba esperando tan solo para ser revisada como lo he
venido haciendo. Esa libreta contiene uno de los Proverbios bíblicos que más ha
marcado mi vida (de hecho, una sobrina muy amable, lo mando poner en tela y me
lo regaló convertido en un almohadoncito que aprecio mucho). Y dice:
-Cuida tu corazón, porque de él, mana la vida-. Proverbio 4:23
Que reflexión más bella, pensé. La tomé para poder
recordarla lo más seguido posible y como para jamás olvidarla, eso de que la
vida provenga del corazón y no de la materia viviente o del cuerpo físico, es
algo estupendo y que si lo tomásemos más en serio estaríamos con mucho más
cuidado de lo que sentimos, como lo vivimos y proyectamos.
El
año 2012 lo comenzamos en la ciudad de Campeche. Como otras veces he comentado,
es una pequeña ciudad tan cercana y a la que solíamos ir con mucha frecuencia
que se nos fue quedando debajo de la piel. Cada vez con descubrimientos de
nuevos recintos a disfrutar, vistas, puestas de sol desde el malecón que en
casa nos parece único. Nos encanta ver como los campechanos de todas las edades
lo disfrutan como el gran paseo vespertino y para cerrar las actividades de un
día cualquiera, a veces ejercitándose en lo físico otras para el solaz interior
de despedir el día con magnificas puestas de sol.
A nosotros Campeche nos ha calado profundo. En lo
personal me encanta conversar con cualquier campechano que vea yo propicio para
una plática, a los míos no les gusta mucho que yo lo haga, pero es mi
naturaleza. No creo que mi padre lo hiciera tanto, eso me viene del lado
materno y hay que asumir los que nos hace más felices.
Mi marido ha
encontrado mucho documento antiguo en la tan completa Biblioteca Campeche, y
todos los empleados ya le conocen y siempre le ayudan en sus búsquedas
documentales. Vamos ahí y somos los más felices, él entre papeles viejísimos,
yo en los ventanales con mirada a las torres de la iglesia mientras redacto
cualquier cosa que traiga entre manos. Con las vistas de la Catedral, los
silencios y ver tanto joven lector imbuido en los libros elegidos, uno recobra
la esperanza en el vivir. El campechano lee, y sabe disfrutar el tiempo de sus lecturas.
Ahí dentro de la biblioteca, pareciera que el tiempo se detiene y las pequeñas
lamparitas verdes de cada escritorio son como luminarias de vidas que quieren
progresar, ser mejores seres humanos.
He pasado ratos maravillosos escribiendo en la Biblioteca
Campeche. Elijo una mesa al final para poderme concentrarme, siempre cerca del
ventanal que me permita gozar de las torres de la Iglesia. Las copas de los árboles
de la plaza Grande con el quiosco tan característico, no me canso de admirar y
gozar. Los transeúntes se escuchan en los corredores de afuera, pero nunca con
ruidos molestos. El paso del campechano siempre con un ritmo de ciudadano satisfecho
en sus recintos.
Sabucanes
coloridos en la mano, niños pidiendo siempre alguna golosina que se ofrece por
ahí, las palomas que esperan el rociado del arroz que algunas personas llevan
para alimentarles y los destellos del sol de una ciudad que vibra a su ritmo.
En estos días escribí una frase que hoy día retomo como
algo que estoy segura por las mentes de todos nosotros ha de pasearse y posarse
sin encontrar asidero:
-No soporto la imperfección del mudo-.
Es seguro que la sentimos algunos de nosotros porque
quisiéramos un mejor mundo, cuando es la realidad que el mundo es imperfecto
desde siempre, y solo aceptar la realidad de la finitud nos bastaría para saber
que jamás habrá perfección y que hemos venido para solventar esa parte de lo
humano que cada día se trastoca más y más. ¿Qué es lo que ha sucedido? ¿Porque
tenemos el sentimiento de que el mundo cada día está más de cabeza? Todo se
deriva de la ausencia de Dios en las vidas humanas. El Dios que dio sentido al
hombre de los primeros estadíos era un ser que tenía presencia en las vidas,
que podía hablarse con sentido claro de las etapas y que había un respeto desde
la tierra misma que se ocupaba y los porqués, hasta el modo como cada ser
terminaba su estadía en el planeta. Lo sencillo del vivir con la centralidad de
el lugar que ocupamos en la creación total se fue trastocando por las
ambiciones desmedidas que no es que estuviera mal el querer que la civilización
fuese mejor, sino como la habríamos de mejorar.
Ya todos los geopolíticos de hoy coinciden en que la
globalización no condujo puertos seguros, que tan solo se ha convertido en una
falacia total y que los reductos personales que tanto se cuidaron en épocas de
crecimiento hoy dia ya solo son un sueño.
Vayamos otra vez siempre al pensamiento de nuestras
raíces. De los seres humanos tan privilegiados que hemos llegado a ser en este
siglo XXI, solo quienes decidamos realmente vivir con una buena vida interior
saldremos más victoriosos. Aun ya vivido con tantos dolores el primer cuarto
del siglo, hay que saber que los ritmos del mundo no los regimos nosotros en lo
directo, pero si son parte para darnos cuenta que importante es vivir lo
profundo cuando eso se nos pide. Todo tiene remedio si lo sabemos visualizar
mejor. Ya hay muchas cosas que se nos salen de las manos, mas aun vale mucho la
pena organizar la mente de uno mismo y de los críos con la total esperanza de
que como humanos tendremos que ser más razonables y vivir con una conducción
que nos de paz, armonía en cada paso dado. Dios como el centro de las vidas.
Lo teológico no solo es para los dirigentes, nosotros
como grey podremos volver a tener el corazón en paz con una bien llevada
doctrina de la iglesia a la que pertenecemos. Leer textos conducentes a
fortalecer el interior.
El bien siempre se asienta de diferentes formas, las
maneras de ser y hacer las cosas en las que se acrecienta la cultura, son la
base de que el deshallo se aleje y podamos vivir siempre con una buena lectura
de la vida diaria: el día bien llevado da entrada a que el siguiente aun pueda
ser mucho mejor.
Todas las etapas que nos plantea la religión no son meros
convencionalismos. son los momentos de recogernos en lo interior y darnos
cuenta que esa vivencia nos trae la fuerza para continuar. Hacer caso a Santa
Teresa: -Solo Dios basta-.
No es en vano lo que tanto escuchamos algunos de
nosotros: -No se puede estar en la misa y en la procesión-. Esto apela a
nuestra parte de definir que es lo que elegimos y cuando, y ser fieles a lo que
somos sin voltear a ver demasiado a los lados y mucho menos mirar hacia atrás sin
un fin preciso, porque no vaya a ser que nos convirtamos en estatuas de sal.
(Continuará)
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