miércoles, 25 de marzo de 2026

 

Edificar, el día a día. (14)

                                      Es el amor una condición tan plena en la naturaleza del ser, que las variantes y vertientes en lo humano no le hacen justicia. Al definir esta condición hay que saber la base filosófica que le da el sentido. MJ

 

Es interesante la esencia del amor.

Miles de líneas, textos y tratados enteros se han escrito sobre el amor, mas jamás lo lograremos comprender del todo sin antes entender cómo es que se compone en la base filosófica.

La pulsión amorosa entra al mundo con cada ser. Nacemos, y se manifiesta de inmediato, el mismo llanto del recién nacido es una manifestación de amor. Esa mínima creatura que es un bebé, el recién nacido lo tiene en su originalidad y pureza, sin más. El amor, está presente en lo más intrincado de un adulto mayor. Todos, absolutamente todos tenemos la facultad de conocernos mejor y esto implica saber lo que somos desde el plano antropológico, desarrollar una cosmovisión. En el plano espiritual con un entendimiento de la teología que nos es propia y es factible de ser conocida, se amplía la visión del amor.

Si partimos de la premisa que venimos de Dios como seres finitos, tendremos que saber que volveremos a él, que es el infinito. ¿Cómo lo haremos? Como una total circularidad de vida, aceptando la finitud. Cada ser con el camino terrenal. Algunos congéneres no logran claridad, así como otros viven como viento fluido sobre las olas del mar, sin mayores entuertos vivenciales. Lo importante es aclarar cuál es la misión personal. Realizar lo que hemos venido a hacer, y que puede concatenarse con los principios del amor. Cuando éste es bien entendido, es más seguro que la misión sea exitosa.

 El amor de pareja ya está bastante descuadrado. Textos, explicaciones y tratados no son suficientes si no se vislumbra la esencia: encuentro con el otro, crecimiento humano. Lo filial, es representado en la parte consanguínea, el amor incondicional que se dice que es el de padres a hijos e indudablemente está presente  en el amor de Dios.

El amor filial, que va unido a la sangre, no siempre es tan fácil como se presupone, requiere ser trabajado.

El verdadero amor incondicional, el de Dios mismo, es entregado sin medida, los otros tipos de amor habrá que llevarlos con más conciencia, aun el de los padres a hijos. El amor infinito es más fácil de comprender si se concreta dentro de un proceso, habrá que comprenderlo con el Dios eterno y la religión puede ayudar.

El amor de los padres tiene mucho de incondicional, aun sin dejar de ser terrenal.

Sea cual sea el amor del que hablemos, tendremos que decir que todo amor es encuentro. Nos encontramos en primera instancia con nosotros mismos y con todo ser con quien nos relacionemos. Sin un encuentro real, no hay camino de trascendencia, ni con uno mismo ni con los congéneres. Solo se trasciende más allá de lo finito (buscando lo infinito) cuando tenemos una relación real.

Es claro, que no con todos los seres humanos habremos de crear el mismo tipo de vínculos, algunos seres son tan solo los conocidos, otros son amigos, tenemos parientes y familiares. Toda relación es una causa / efecto.

Todos los vínculos nos llevan a aprendizajes. Es por eso que decimos que, en la primera instancia del amor nos acompañamos y de ahí saber que existe lo físico y lo no tangible y material del amor que es el vínculo interior. En lo físico ese estar con el otro, es crecer por y en su compañía y conlleva en los más de los casos la procreacion. No a todos se les da, somos afortunados quienes hemos vivido ese aspecto cada vez más complejo en el género humano:  procrear con responsabilidad. Reproducirnos, es una acción convenida por las dos partes actuantes en todo lo que conlleva, no solo por el aspecto social el de tener prole, es la parte humana de contribuir tanto para el mundo como para uno mismo. Los hijos son la encomienda más encomiable de los padres, hacerlos personas no meros individuos, y mejorar la especie humana, lo que lo hace más profundo. De todos los seres humanos se recibe. Se da mejor con los seres que hemos elegido.

Los padres son elegidos tambien, aunque esto es harina de otro costal. Metafísicamente hablando hay una identidad que se desarrolla y viene de los progenitores.

Si hemos elegido la cercanía de alguien, sea como amistad o como pareja, es porque ese ser, algo tiene que proponernos para hacernos creativos y uno hará lo mismo ante ese ser, la relación es circular. No estamos cerca de alguien para juzgarle, ni para decirle verdades observadas (que tal vez no pide saber) para todo hay momento y causa y esa es la sabiduría del convivir. ¿malos entendidos? Siempre los habrá con el ser que tengamos cercano, son la bisagra para obtener crecimiento; es la materia dispuesta que mejora.

Por eso mismo, si conocemos la naturaleza que se nos ha otorgado, sabemos nuestra condición como un padre sabe que maneras ocupa para hacer del niño una persona. Sabremos que no hay discusión sin aprendizaje, mientras nos lleve a otro nivel humano. Hay personas que siempre quieren tener la razón, eso es inmaduro.

Cuando esto no se logra, es porque se ha cerrado la puerta para estar cerca de ese ser.  Si hemos terminado de estar cerca de tal o cual persona, es como darnos de baja. Es difícil pensar que esto se dé entre padres e hijos, más nos asombraría saber que si hay casos. Se siente tristeza, mas hay que saber que el tiempo de interacciones a veces si es limitado, pasar a un nuevo estadío podría decirse que es opcional.

La misión que venimos a despeñar lleva un sentido y los tonos como en el arte, los damos nosotros mismos. Es con los seres que nos rodean en donde vale la pena pintar con los coloridos más humanos, ese sentido tendría como primera finalidad. Antiguamente era el sacerdote quien ayudaba en estas tonalidades hoy día ya los profesionales del comportamiento humano han tomado esa batuta y hay que acudir a ellos si es necesario.

El vínculo amoroso de cualquier índole o grado, en su circularidad siempre es importante.

Es decir, lo que lleva/trae y lo que trae/lleva: Sentido.

Obviamente que no siempre podremos coincidir en todo, y es ahí mismo en donde está el giro importante del asunto: Saber que hay camino, si éste se elige. Discutir con inteligencia emocional, y así mismo acordar.

El sentimiento amoroso solo se percibe a veces como eso mismo: el sentir. No es solo sentir el amor, es aceptar que estamos en una interacción que nos permitirá poder lograr ser mejores Seres Humanos. Hay trabajo que hacer.

En el caso del amor de pareja, es en el matrimonio en donde se certifica la prueba máxima.

No se da unión en pareja para buscar que todo se dé como miel sobre hojuelas. Es más bien, concretar los asuntos cosmovisionarios (lo que creemos, lo que sabemos y lo que queremos acrecentar). En el fondo todo amor, sea de la índole que sea, solo pretende la condición infinita y que es a fin de cuentas saber que solo en Dios se encontraran las respuestas que siendo finitas buscan la infinitud.

Saber y tener claro que somos creaturas limitadas, es muy válido. No es que por serlo tengamos que ser materia dispuesta para que otros seres solo vean  nuestros errores, sino que en los errores se implementen las mejoras.

El ser parte de alguna relación o estar en la vida de alguien no es tener un poder sobre la persona, es más bien tener claro que no somos cosas, sino seres humanos dignos de aprender de cada situación. El provecho del amor no es un fin en sí mismo, es la respuesta a lograr caminos asertivos, aunque a veces cuesten.

Hay amores que duelen.

Si ese dolor no se logra visualizar como catalizador de crecimiento, ¿quiere decir que se ha cerrado el circulo de convivencia? Y aunque no es una obligación convivir, es ahí con la convivencia que nos acercamos a Dios. Hoy día, el amor consensuado es una elección en el plan de vida y lo sabemos, con quien se mira en la misma dirección, hay mucho que hacer.

                                                            Hay unos autores actuales que han desarrollado un concepto llamado: Amor líquido. Esto es cuando el amor entra en los terrenos del consumismo versus el ser.

Es decir, en la actualidad se ha revuelto mucho el camino del amor con el acto de consumir, como decir o poner condiciones extremas de posesión de valores tanto de equilibrio personal como de materialidad, para poder estar con alguna persona. Esas condicionalidades han hecho del matrimonio una empresa más bien material. Ya no importa tanto la comunión de cosmovisión o espiritual, eso a veces solo es un adorno. Si no se tiene ciertas condiciones claras y muy específicas en la materialidad, no funciona la vida en común, no se valora el esfuerzo de lograr metas. Así de claro y fácil. Es como exigiéramos a Dios antes de entrar al mundo que jamás padezcamos nada de enfermedad, ni inconvenientes. Si antes de percibir la punción interna o el eros, se exige tal o cual condición material y olvidándonos que la vida es movimiento, a la primera de cambio habrá separación y sin sentido. Cuando vamos al médico no le condicionamos el modo de actuar, de ser, tan solo esperamos dando nuestra parte anímica para que nos sane. Por eso al enfermar somos pacientes.

El hombre maduro post moderno ha sufrido mucha confusión. Esta más inmerso en las demandas del mundo, olvidándose de conocer mejor la esencia de lo que es ser. Compartir con la pareja o con los amigos tal cual somos, se ha vuelto un sueño.

El concepto de compromiso tambien se ha hecho líquido. Es decir, ya no se asume como algo muy profundo que tiene que ver con procurar lo mejor para lo asumido en cualquier ámbito del amor, se prefiere distorsionar el concepto pensando que no hay necesidad de comprometerse para nada ni por nadie. ¡Cuando la semilla del crecimiento real hacia el infinito se da ahí mismo en y por el compromiso!

La vida de convivencia es una relación no una conexión. No nos enchufamos con el otro como un contacto de electricidad en la pared.  

La diferencia entre la vida de conexión y enchufe, es que fácilmente nos desenchufamos, a veces por quítame estas pajas, pensando que no pasa nada.

Las relaciones humanas están plagadas de incógnitas, siempre.

El no saber todo del otro no es un problema, es una condición y puede ser muy positiva. Es parte natural de la condición humana. Lo queramos o no, ese convivir con el otro nos crea preguntas, nos crea incertidumbres y nos puede hasta mover el tapete de fondo.

Existe el concepto de amor teológico. Es saber que a fin de cuentas todo ser que se acerca a nosotros y que tiene relación con nosotros, es en su función interior, una búsqueda de Dios para ambos. Aun sin ser creyentes en un Dios concreto o religioso, la pulsión que nos mueve, es búsqueda de Dios. Solo hemos venido a la tierra para volver a lo infinito, así que, si vemos la existencia de esta manera, no tratamos a las personas como cosas, o como si fueran una pirinola: me sirve… no me sirve. Las cosas son finitas siempre y en todo lugar, las personas no lo son nunca.

El amor teológico está conectado y relacionado con todos los procesos de índole humana. En lo religioso es sacramento.

Hay una plenitud en el aspecto psíquico del ser que no se puede desligar de lo teológico, si estamos cerca de alguien eso tiene un valor de trascendencia.

Lo que pasa hoy día en las relaciones humanas es que no se trabajan a nivel adulto. Es decir, asumiendo todo lo mencionado. Al actuar a nivel adulto, en una relación estamos actuando sin estar a ciegas, es decir utilizando toda la inteligencia.

El verdadero amor es racional, y esto no excluye nunca la emocionalidad de lo romántico, que es la sal del amor.

                                                                         Así pues, entender el amor como un adulto es saber que el amor antes todo no solo es un sentimiento, o una pasión, o una conveniencia etc. El amor es un asunto que merece ser nutrido y acrecentado, con inteligencia y buenos razonamientos.  

Un amor nutrido, es un amor que tenderá al infinito. (Continuará)

 

 

 

 

 

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