Edificar, el día a día. (20)
Nunca
ha de ser una carga el existir, se nos ha otorgado estar en el mundo para edificar
en lo sencillo, en lo complejo y en lo que sí creemos. MJ
Las revisiones de vida en el ser
humano se dan con conciencia o sin ella, con tiempo o sin él, están presentes
en el existir ya que son parte muy necesaria, y surgen para poder continuar con
sanidad. Las más de las veces son como una bifurcación que aparece y nos crea
un poco de ansiedad, puede darse silenciosa o determinada por algún suceso y al
hacer un alto se nos permite saber en qué etapa nos toca conducirnos y de qué
manera, con cuanta paciencia. Algunas veces los momentos de vida se empalman y
sentimos como si la tierra se moviera debajo de nuestros pies, y es cuando se
nos pide más serenidad. Son los momentos en los que la pausa llega, los que nos
dan claridad de metas. Ya sea la revisión
porque la propiciamos nosotros mismos o porque la vida nos la muestra y a veces
hasta la impone. Nunca hay que tener miedo de revisar, porque el mismo hecho
depura lo material o lo mental. Tengo la costumbre de bajar los closets una vez
al año y sacar para reacomodar, y eso me afecta serenamente en el ánimo, porque
lo que se deja por años sin mover, crea enconos.
La llegada de un desastre natural, la presencia de una
enfermedad y hasta la pausa que nos llega porque alguna tarea nos ha tomado más
tiempo del considerado con nosotros mismos o con quienes habíamos quedado en
algo que no se dio, son buenos motivos de revisión. Hacer de alguna manera un
alto en el camino es parte del vivir. Exactamente como lo hacemos en lo
material cuando nos organizamos en el día o porque cerramos un mes o un año de
vida. Algunos de nosotros nos es más cómodo hacer las revisiones por medio de
la palabra escrita, otros tal vez las hagan por medio de meditaciones diarias
que centran el ser, practicando una religión a conciencia o tal vez con ayuda
profesional. Cada día la vida nos presenta retos de revisión, y no podremos
dejarlos a un lado, sería un error porque es cuando podríamos cargar con lo que
no nos corresponde.
Si todo se
presenta muy vertiginoso, saber parar y aquello de darle tiempo al tiempo toma
su lugar. La actividad que hemos venido a desempeñar al mundo es la argamasa de
lo que dará las pautas para fortalecer esa edificación. Si lo hacemos ladrillo
a ladrillo es muy loable, edificando con ideas o con hechos que son lo que
nos deja clara la presencia de lo logrado. Al cerrar alguna etapa es el momento
ideal para regalarnos a nosotros mismos una mejor vida.
Pertenecer a una determinada familia tambien nos edifica
por dentro. Llevamos una dinámica en la
que todos aprenden de todos. Hasta en las familias extendidas en donde no hay
mayor convivencia, el aprendizaje está presente. Este camino de vivir no es un
continuo sin detención, es más bien una serie de momentos unidos.
Al niño se le edifica en el grupo. Encontrar los momentos
de genuina expresión, mas no olvidemos que la observancia natural que tienen
los críos les da forma y sentido.
Convivir no es nada fácil, se aprende con la edad a
determinar que caminos tomar en las convivencias, las hay que aportan y las hay
que destruyen y es por eso que hay que saber percibir con buena intuición. Cuando
en la realidad percibimos como cada ser estamos hecho de una amalgama muy
personal, nos hacemos conscientes, eso es lo más rico que tenemos. No importa como
seamos, lo bello es saber cómo esa parte se conjunta con los seres que tratamos,
nos ayuda a comprender esos momentos que son intrincados pero aleccionadores. No hay que olvidar que la dinámica humana
tiene sus tiempos y sus momentos. Con la
edad esto se determina mucho más.
Escribí en los diarios que ahora releo: -Convivir y
aceptar, es el reto más grande del ser humano-. Y así mismo es, porque es
lo más difícil conjuntar esos dos verbos.
La vida es flujo, claro está, pero tambien está asentada
en la cuadricula que determina cada parte de nuestro ser: por un lado,
atravesada por la luz de la razón, la fe que se edifica a partir de asuntos que
a veces no vemos, el orden que es lo que uno mismo propicia y las ordenanzas
que trae el devenir cambiante. Saber interpretar la expresión hablada, las
expresiones genuinas de lo que no es tan claro, es lo más difícil y hoy día se
nos dice por parte de los profesionales que existen tantos y genuinos modos de
ser que están asentados en los diferentes temperamentos, que se vuelve
interesante saber cómo se combinan éstos.
Hasta al grupo humano dentro del que uno nace a veces es
materia de reflexión y de cuestionamiento, nos damos cuenta que aun teniendo la
misma sangre de abuelos que no han dado vida, es imposible comulgar con todos
los modos.
¿Has conocido a alguien que perfore con el mirar? Los
ojos, que son las ventanas del alma, siempre hablan más de lo esperado. Tengo
en mi mesa de trabajo una foto individual de cada uno de mis progenitores, en
su adultez temprana. Cada uno conduce su mirada diferente, mi padre mira de
frente con gesto serio y mi madre tiene el cuello girado mirando hacia uno de
los lados, tiene una flor en el pelo. En los dos casos veo ojos con luz de
esperanza, y me queda claro que, aunque sus temperamentos eran muy diferentes,
se avocaron a la misión matrimonial con todo. Ellos no eran de las personas de
muestras físicas de cariño, se notaba que había complicidad en la misión.
Esas fotos llegaron a mí y las tuve guardadas, hasta que
decidí ponerlas en mi diario vivir, porque no los conocí en esa etapa de sus
vidas, se casaron grandes y me encanta descubrir cada día, que tanto hablan sus
ojos en ese momento. Mas ese mirar lo veo tambien hoy día en mi mente, en los
sueños. Todo lo que se dice con tan solo mirar es interesantísimo y claro está,
si las personas están cerca pues podemos aprender mucho del lenguaje corporal.
Con los años aprendemos a notar la mirada sincera, la mirada triste, el mirar
ladeado (del que hay que tener un cierto cuidado) y el mirar frontal que a
veces casi le queremos decir a la persona, -has dicho tanto con tus ojos que,
espérame: - ¿Qué me estás diciendo? -
Los hermosos ojos de un niño recién nacido, es fascinante como siguen
los ruidos y olor de su madre y como los va enfocando poco a poco aprendiendo a
mirar. El niño que va volviéndose un infante pensante, afina la mirada y
seguramente ve mucho más que muchos de los adultos de su alrededor. Como
adultos, a veces nos olvidamos de ser más observadores, asunto que es parte muy
creativa para el cerebro.
A veces vemos miradas como si estuvieran endemoniadas, es
decir que rasgan el alma con tan solo cruzarse con nuestros ojos, tal vez es porque
estas personas llevan guerras interiores y les cuesta mirar de frente; otras
veces vemos un mirar perdido, es decir ese ser que cree saber por dónde va,
pero aún no ha encontrado ese destino que solo el mismo edificará. El camino se
arma, se desarma, se enfoca y se desenfoca, pero a fin de cuentas mientras
sepamos que contamos con las herramientas reales del buen sentido, ese pensar
razonado y con orden, pues ¡Ahí está!
Es muy válido preguntarnos, ¿De dónde nace el sentimiento
ansioso?, ¿Será parte natural del ser o de una época en el tiempo de vida, o
tan solo es algo que habla de ese deshallo que proviene de querer abarcar más
de lo que nos compete? Tiene muchas y variadas vertientes la mente humana, es
todo un mundo.
Si se siente como una ansiedad en el pecho, tomar cartas.
Eso se está viendo hoy día en muchos de nuestros congéneres. No hay que
desdeñar que mucho tiene de culpa el mundo hiperconectado y que, al no ser
conscientes de eso creemos que ese es el mundo natural, pero para nada, hay
demasiado en el ambiente de medios y la
mentira rasga el espíritu.
En casa notamos que la gatita no miraba bien. De pronto
creímos que estaba ciega. Se le llevo estos días a revisión con la veterinaria
que la conoce desde que nació, y cual fue nuestra sorpresa de que tiene grasa
alrededor de la pupila. Es algo que no le deja ver de frente y por eso ella
siempre da la impresión de estar buscando el mejor enfoque. Rápidamente
pregunté si eso era operable, para ayudarle lo más posible con alguna cirugía o
tratamiento y la respuesta fue negativa. -Ella aprenderá a enfocar- nos dijo la
doctora. De hecho, así lo hace, el mirar a veces no es el óptimo, pero todos tratamos
de ver lo mejor posible.
Nunca meternos en lo que no es nuestro. Esto está
asociado con el mirar, porque a veces vemos y notamos, y hay que saber callar. Auto
enseñarnos a mirar la realidad con más objetividad es una parte del edificar,
es claro que tenemos que darnos nuestro tiempo. Ni siquiera en el caso de los propios
hijos, una vez adultos aprendemos mucho de ellos.
Tampoco ¡Pensar de más!, es un hecho que nos gana la
partida el pensamiento, para edificar con bien no es el pensamiento en exceso
lo que cuenta, sino la combinación de intuición y realidad. Cuidar esa parte es
tarea personal. Nos encanta dejarnos llevar por la mente.
¿Qué significa en realidad la congruencia?
Ir de la mano con lo que creemos, sabemos y por ende
hacemos. Si algo no te compete hacer, tus pasos has de contener.
MJ
La singularidad en el proceso de vivir de cada uno de
nosotros se va definiendo y es tarea obligada asentar pedacitos de paz
cada día. Esto se siente desde el despertar en cuanto sabemos que tareas hemos
cumplido y cuales nos esperan. En lo personal, en la primera etapa de mis
libretas de vida, encuentro el sentimiento de que la vida me está ganando la
partida, ¡cuanto quise hacer en un solo día y no lo logré! ¿Era en verdad
todo eso que parece necesario, una realidad? Muy temprano empuño la pluma y
ordeno todo, ahora estoy tambien en la compu o como dicen los españoles,
en el ordenador. Creo que está bien utilizada esa palabra, porque estos aparatos
electrónicos son eso, orden. Cuando me doy cuenta cuanto me he exigido en un
solo día, paro la marcha: -Esto queda para mañana-. Y por lo tanto si es
necesario a veces dejar para mañana lo que no pudiste hacer hoy.
Nunca hay que olvidar que la lluvia puede mojarnos,
aunque estemos bajo techo. El ver llover es algo que nos asienta el espíritu, más
si nos llueven asuntos que nada que ver… ¡cuidado! Mojarnos
de a gratis no es ningún chiste. Me encanta cuando los niños salen a gozar de
esa agua bendita de los cielos y corretean como si fuera un solo momento del
paraíso que ellos viven. Aquí les encanta sacar las botas de lluvia, más cuando
ven lo chévere que es quitárselas y dar saltos sobre charcos y rocío, y
con un buen aguacero, pues el gozo de plano llega. ¿Quién de nosotros no lo
hizo? Y los niños nos siguen dando lecciones. Los días en que hay truenos y
centellas obviamente no se sale, esos aguaceros inesperados que huelen a tierra
mojada son la gloria misma.
Luego, tambien como que nos asaltan pensamientos tales
como: que la vida nos tiene deudas que hay que saldar. La vida en sí misma no
nos debe nada, que eso no pase por nuestras cabezas, sería un error. Se nos ha
sido entregada tal cual la existencia y con eso ya tenemos de sobra y basta
porque todo aporta a veces hasta lo que pasamos por alto. Nada es fácil cuando
se viven momentos a contracorriente, he ahí la oportunidad en donde habremos de
preguntarnos ¿que está diciendo la voluntad de Dios ante esos asuntos
que a veces asustan? Esa voluntad que no nos gusta, que mil veces nos incomoda
y que es la más edificante.
Ahí mismo en los talleres que tomo y comparto con la
Psicóloga y filosofa Mariluz Barrera, estuvimos hablando la última vez de que el
mundo de los humanos ha entrado en una situación de que todo se ha vuelto tan
relativo a… ¡que nos alcanza esa relatividad! y es otra fuente de
ansiedades, no vemos el bosque entero, se nos hace borroso. Conversamos
de que en esta época de la postmodernidad se nos ha legado un mundo tan
intercomunicado que no hemos terminado de asimilar que es lo que eso significa.
Es tan amplia la información, que nos invade ese sentimiento de que nos
perdemos algo, ese Fomo del que tanto hablan los jóvenes hoy, y que
ellos manejan con tan buen sentido. Ya
iremos hablando del orden de esas decisiones en la nueva serie de textos que
voy preparando, por ahora solo puedo decir: Hay que saber qué tanta energía le
ponemos al guiso, y saber que urge, que tiempo destinamos a cuál ladrillo
y no querer hacer las cosas todas juntas.
¿Qué es lo que nos lleva al relativismo de la vida
actual?
Ni más ni menos: La realidad ya no tiene peso propio.
Observamos como con fracturas, lo real se nos hace laxo ante los ojos y a veces
es como de arepa.
De pronto uno solo
percibe que todo es tan subjetivo, que nos recorre un frio interior como si la
vida perdiera sentido. Si sentimos ese pesar… de que no nos queda claro si
vamos o venimos… hay que parar, respirar hondo y volver a enfocar.
Si somos observadores y tenemos algún gato cerca (con
ojos muy sanos) nos podremos dar cuenta que siempre enfoca antes de tomar
camino.
(Continuará).
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