miércoles, 6 de mayo de 2026

 

Edificar, el día a día. (20)

                                           Nunca ha de ser una carga el existir, se nos ha otorgado estar en el mundo para edificar en lo sencillo, en lo complejo y en lo que sí creemos. MJ

 

                                                    Las revisiones de vida en el ser humano se dan con conciencia o sin ella, con tiempo o sin él, están presentes en el existir ya que son parte muy necesaria, y surgen para poder continuar con sanidad. Las más de las veces son como una bifurcación que aparece y nos crea un poco de ansiedad, puede darse silenciosa o determinada por algún suceso y al hacer un alto se nos permite saber en qué etapa nos toca conducirnos y de qué manera, con cuanta paciencia. Algunas veces los momentos de vida se empalman y sentimos como si la tierra se moviera debajo de nuestros pies, y es cuando se nos pide más serenidad. Son los momentos en los que la pausa llega, los que nos dan claridad de metas.  Ya sea la revisión porque la propiciamos nosotros mismos o porque la vida nos la muestra y a veces hasta la impone. Nunca hay que tener miedo de revisar, porque el mismo hecho depura lo material o lo mental. Tengo la costumbre de bajar los closets una vez al año y sacar para reacomodar, y eso me afecta serenamente en el ánimo, porque lo que se deja por años sin mover, crea enconos.

La llegada de un desastre natural, la presencia de una enfermedad y hasta la pausa que nos llega porque alguna tarea nos ha tomado más tiempo del considerado con nosotros mismos o con quienes habíamos quedado en algo que no se dio, son buenos motivos de revisión. Hacer de alguna manera un alto en el camino es parte del vivir. Exactamente como lo hacemos en lo material cuando nos organizamos en el día o porque cerramos un mes o un año de vida. Algunos de nosotros nos es más cómodo hacer las revisiones por medio de la palabra escrita, otros tal vez las hagan por medio de meditaciones diarias que centran el ser, practicando una religión a conciencia o tal vez con ayuda profesional. Cada día la vida nos presenta retos de revisión, y no podremos dejarlos a un lado, sería un error porque es cuando podríamos cargar con lo que no nos corresponde.

 Si todo se presenta muy vertiginoso, saber parar y aquello de darle tiempo al tiempo toma su lugar. La actividad que hemos venido a desempeñar al mundo es la argamasa de lo que dará las pautas para fortalecer esa edificación. Si lo hacemos ladrillo a ladrillo es muy loable, edificando con ideas o con hechos que son lo que nos deja clara la presencia de lo logrado. Al cerrar alguna etapa es el momento ideal para regalarnos a nosotros mismos una mejor vida.

Pertenecer a una determinada familia tambien nos edifica por dentro.  Llevamos una dinámica en la que todos aprenden de todos. Hasta en las familias extendidas en donde no hay mayor convivencia, el aprendizaje está presente. Este camino de vivir no es un continuo sin detención, es más bien una serie de momentos unidos.

Al niño se le edifica en el grupo. Encontrar los momentos de genuina expresión, mas no olvidemos que la observancia natural que tienen los críos les da forma y sentido.

Convivir no es nada fácil, se aprende con la edad a determinar que caminos tomar en las convivencias, las hay que aportan y las hay que destruyen y es por eso que hay que saber percibir con buena intuición. Cuando en la realidad percibimos como cada ser estamos hecho de una amalgama muy personal, nos hacemos conscientes, eso es lo más rico que tenemos. No importa como seamos, lo bello es saber cómo esa parte se conjunta con los seres que tratamos, nos ayuda a comprender esos momentos que son intrincados pero aleccionadores.  No hay que olvidar que la dinámica humana tiene sus tiempos y sus momentos.  Con la edad esto se determina mucho más.

Escribí en los diarios que ahora releo: -Convivir y aceptar, es el reto más grande del ser humano-. Y así mismo es, porque es lo más difícil conjuntar esos dos verbos.

La vida es flujo, claro está, pero tambien está asentada en la cuadricula que determina cada parte de nuestro ser: por un lado, atravesada por la luz de la razón, la fe que se edifica a partir de asuntos que a veces no vemos, el orden que es lo que uno mismo propicia y las ordenanzas que trae el devenir cambiante. Saber interpretar la expresión hablada, las expresiones genuinas de lo que no es tan claro, es lo más difícil y hoy día se nos dice por parte de los profesionales que existen tantos y genuinos modos de ser que están asentados en los diferentes temperamentos, que se vuelve interesante saber cómo se combinan éstos.

Hasta al grupo humano dentro del que uno nace a veces es materia de reflexión y de cuestionamiento, nos damos cuenta que aun teniendo la misma sangre de abuelos que no han dado vida, es imposible comulgar con todos los modos.

¿Has conocido a alguien que perfore con el mirar? Los ojos, que son las ventanas del alma, siempre hablan más de lo esperado. Tengo en mi mesa de trabajo una foto individual de cada uno de mis progenitores, en su adultez temprana. Cada uno conduce su mirada diferente, mi padre mira de frente con gesto serio y mi madre tiene el cuello girado mirando hacia uno de los lados, tiene una flor en el pelo. En los dos casos veo ojos con luz de esperanza, y me queda claro que, aunque sus temperamentos eran muy diferentes, se avocaron a la misión matrimonial con todo. Ellos no eran de las personas de muestras físicas de cariño, se notaba que había complicidad en la misión.

Esas fotos llegaron a mí y las tuve guardadas, hasta que decidí ponerlas en mi diario vivir, porque no los conocí en esa etapa de sus vidas, se casaron grandes y me encanta descubrir cada día, que tanto hablan sus ojos en ese momento. Mas ese mirar lo veo tambien hoy día en mi mente, en los sueños. Todo lo que se dice con tan solo mirar es interesantísimo y claro está, si las personas están cerca pues podemos aprender mucho del lenguaje corporal. Con los años aprendemos a notar la mirada sincera, la mirada triste, el mirar ladeado (del que hay que tener un cierto cuidado) y el mirar frontal que a veces casi le queremos decir a la persona, -has dicho tanto con tus ojos que, espérame: - ¿Qué me estás diciendo? -  Los hermosos ojos de un niño recién nacido, es fascinante como siguen los ruidos y olor de su madre y como los va enfocando poco a poco aprendiendo a mirar. El niño que va volviéndose un infante pensante, afina la mirada y seguramente ve mucho más que muchos de los adultos de su alrededor. Como adultos, a veces nos olvidamos de ser más observadores, asunto que es parte muy creativa para el cerebro.

A veces vemos miradas como si estuvieran endemoniadas, es decir que rasgan el alma con tan solo cruzarse con nuestros ojos, tal vez es porque estas personas llevan guerras interiores y les cuesta mirar de frente; otras veces vemos un mirar perdido, es decir ese ser que cree saber por dónde va, pero aún no ha encontrado ese destino que solo el mismo edificará. El camino se arma, se desarma, se enfoca y se desenfoca, pero a fin de cuentas mientras sepamos que contamos con las herramientas reales del buen sentido, ese pensar razonado y con orden, pues ¡Ahí está!

Es muy válido preguntarnos, ¿De dónde nace el sentimiento ansioso?, ¿Será parte natural del ser o de una época en el tiempo de vida, o tan solo es algo que habla de ese deshallo que proviene de querer abarcar más de lo que nos compete? Tiene muchas y variadas vertientes la mente humana, es todo un mundo.

Si se siente como una ansiedad en el pecho, tomar cartas. Eso se está viendo hoy día en muchos de nuestros congéneres. No hay que desdeñar que mucho tiene de culpa el mundo hiperconectado y que, al no ser conscientes de eso creemos que ese es el mundo natural, pero para nada, hay demasiado  en el ambiente de medios y la mentira rasga el espíritu.

En casa notamos que la gatita no miraba bien. De pronto creímos que estaba ciega. Se le llevo estos días a revisión con la veterinaria que la conoce desde que nació, y cual fue nuestra sorpresa de que tiene grasa alrededor de la pupila. Es algo que no le deja ver de frente y por eso ella siempre da la impresión de estar buscando el mejor enfoque. Rápidamente pregunté si eso era operable, para ayudarle lo más posible con alguna cirugía o tratamiento y la respuesta fue negativa. -Ella aprenderá a enfocar- nos dijo la doctora. De hecho, así lo hace, el mirar a veces no es el óptimo, pero todos tratamos de ver lo mejor posible.  

Nunca meternos en lo que no es nuestro. Esto está asociado con el mirar, porque a veces vemos y notamos, y hay que saber callar. Auto enseñarnos a mirar la realidad con más objetividad es una parte del edificar, es claro que tenemos que darnos nuestro tiempo. Ni siquiera en el caso de los propios hijos, una vez adultos aprendemos mucho de ellos.

Tampoco ¡Pensar de más!, es un hecho que nos gana la partida el pensamiento, para edificar con bien no es el pensamiento en exceso lo que cuenta, sino la combinación de intuición y realidad. Cuidar esa parte es tarea personal. Nos encanta dejarnos llevar por la mente.

¿Qué significa en realidad la congruencia?                 

Ir de la mano con lo que creemos, sabemos y por ende hacemos. Si algo no te compete hacer, tus pasos has de contener. MJ

La singularidad en el proceso de vivir de cada uno de nosotros se va definiendo y es tarea obligada asentar pedacitos de paz cada día. Esto se siente desde el despertar en cuanto sabemos que tareas hemos cumplido y cuales nos esperan. En lo personal, en la primera etapa de mis libretas de vida, encuentro el sentimiento de que la vida me está ganando la partida, ¡cuanto quise hacer en un solo día y no lo logré! ¿Era en verdad todo eso que parece necesario, una realidad? Muy temprano empuño la pluma y ordeno todo, ahora estoy tambien en la compu o como dicen los españoles, en el ordenador. Creo que está bien utilizada esa palabra, porque estos aparatos electrónicos son eso, orden. Cuando me doy cuenta cuanto me he exigido en un solo día, paro la marcha: -Esto queda para mañana-. Y por lo tanto si es necesario a veces dejar para mañana lo que no pudiste hacer hoy.

Nunca hay que olvidar que la lluvia puede mojarnos, aunque estemos bajo techo. El ver llover es algo que nos asienta el espíritu, más si nos llueven asuntos que nada que ver… ¡cuidado! Mojarnos de a gratis no es ningún chiste. Me encanta cuando los niños salen a gozar de esa agua bendita de los cielos y corretean como si fuera un solo momento del paraíso que ellos viven. Aquí les encanta sacar las botas de lluvia, más cuando ven lo chévere que es quitárselas y dar saltos sobre charcos y rocío, y con un buen aguacero, pues el gozo de plano llega. ¿Quién de nosotros no lo hizo? Y los niños nos siguen dando lecciones. Los días en que hay truenos y centellas obviamente no se sale, esos aguaceros inesperados que huelen a tierra mojada son la gloria misma.

Luego, tambien como que nos asaltan pensamientos tales como: que la vida nos tiene deudas que hay que saldar. La vida en sí misma no nos debe nada, que eso no pase por nuestras cabezas, sería un error. Se nos ha sido entregada tal cual la existencia y con eso ya tenemos de sobra y basta porque todo aporta a veces hasta lo que pasamos por alto. Nada es fácil cuando se viven momentos a contracorriente, he ahí la oportunidad en donde habremos de preguntarnos ¿que está diciendo la voluntad de Dios ante esos asuntos que a veces asustan? Esa voluntad que no nos gusta, que mil veces nos incomoda y que es la más edificante.

Ahí mismo en los talleres que tomo y comparto con la Psicóloga y filosofa Mariluz Barrera, estuvimos hablando la última vez de que el mundo de los humanos ha entrado en una situación de que todo se ha vuelto tan relativo a… ¡que nos alcanza esa relatividad! y es otra fuente de ansiedades, no vemos el bosque entero, se nos hace borroso. Conversamos de que en esta época de la postmodernidad se nos ha legado un mundo tan intercomunicado que no hemos terminado de asimilar que es lo que eso significa. Es tan amplia la información, que nos invade ese sentimiento de que nos perdemos algo, ese Fomo del que tanto hablan los jóvenes hoy, y que ellos manejan con tan buen sentido.  Ya iremos hablando del orden de esas decisiones en la nueva serie de textos que voy preparando, por ahora solo puedo decir: Hay que saber qué tanta energía le ponemos al guiso, y saber que urge, que tiempo destinamos a cuál ladrillo y no querer hacer las cosas todas juntas.

¿Qué es lo que nos lleva al relativismo de la vida actual?

Ni más ni menos: La realidad ya no tiene peso propio. Observamos como con fracturas, lo real se nos hace laxo ante los ojos y a veces es como de arepa.

 De pronto uno solo percibe que todo es tan subjetivo, que nos recorre un frio interior como si la vida perdiera sentido. Si sentimos ese pesar… de que no nos queda claro si vamos o venimos… hay que parar, respirar hondo y volver a enfocar.

Si somos observadores y tenemos algún gato cerca (con ojos muy sanos) nos podremos dar cuenta que siempre enfoca antes de tomar camino.

(Continuará).

 

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