Reseña de viaje.
Irlanda.
Todo viaje tiene
un propósito, habremos de ir en busca de lo más relevante, modos y significados
de la cultura. MJ.
Es
importante el destino que uno elige para conocer por primera vez. Es muy
diferente que cuando regresamos a algún lugar porque nos ha dado para más y
queremos profundizar. No es lo mismo ir sin mayor sentido de búsqueda con un
tipo de asombro abierto entre pecho y espalda ante lo que se va descubriendo de
los modos y de los significados de la cultura y tener claro lo que va dando las pautas. En mi caso personal, ir
a Irlanda era una parte importante de del destino elegido. Ya había venido
escuchando desde que soy niña, como en la familia se hablaba de que los
ancestros de mi padre habían venido de ese emblemático lugar. Se va dando un
tanto obligado un interés vibrante e interesante que permite observar con una
mirada de enfoque, y aunque todos los aspectos de la cultura importan, ese que
se asienta en el modo de ser de las personas es algo que me apasiona observar. Estar
de cerca en esos territorios y así poder percibir y encontrar parte del toque peculiar
que trajeron a América quienes tomaron esa decisión de emigrar.
Todos somos parte de un grupo que tomó la delantera y se
fue de sus tierras para buscar otras, eso lo llevamos en el ADN,
invariablemente.
Al llegar a
Edimburgo, como parte de ese recorrido anterior hacia Irlanda, nunca imagine
que en el Castillo que lleva ese mismo nombre, encontraría una respuesta
inesperada en relación al asunto familiar, mas estar abiertos a que la vida
siempre nos trae sorpresas es obligado y aunque ésta que me encontré ya la
había escuchado tambien, no me la esperaba tan contundente. Paseando por el
Castillo uno de pronto entra a una habitación en donde una señora experta está
ahí solo dedicada a proporcionar datos de ese legado: un apellido. Preparada para dar a las personas que lo soliciten
los pormenores de algún nombre, y como parte de mi deseo era saber un poco más
de mi familia paterna, lo solicité y compré todo lo referente, a uno le pueden
dar en un lienzo de papel que explica todo. Cuál fue mi sorpresa que me dejo ya
más claridad, -señora, me dijo la experta, su apellido Roche es originario de
Francia, luego los grupos se dispersaron y una buena cantidad de personas con
el apellido se mudó a Irlanda. Pues como decía mi propia madre: Ha salido
el peine. Esto es, la verdad siempre toma su asiento y posición y la mía
se iba aclarando.
En un buen avión de hélices y de la línea irlandesa Aer Lingus, pocos
éramos los pasajeros que hicimos el cruce de Edimburgo a Irlanda con muy buen
tiempo: Una hora. Desde el primer
momento en el vuelo divise ese color que desde niña ha llamado tanto mi atención:
El color verde. Los diferentes letreros y la misma aerolínea muy bien implementada lo llevan en su logo:
Un trébol, ¡no faltaba más! Esa tríptica
hoja natural tan hermosa que
tanto nos gusta y se nos dice que -si lo encontramos con cuatro hojitas, mucha
suerte tendremos- yo iba por mi trébol de cuatro hojas, sin duda alguna. Un
vuelo muy bien piloteado, me dio la impresión que por una mujer. Apenas tomamos
los asientos nos dimos cuenta que tal vez por haber llegado puntuales fuimos
los primeros en pasar y apenas nos recibió la aeromoza que estaba cerca de
nosotros me aclaró: -Señora, si toma ese asiento de junto a la ventanilla usted
tendrá una misión si fuera necesario un aterrizaje de emergencia, habría que
abrir esa puerta ¿Está Ud. dispuesta? de
ser así, le daré ahora mismo las instrucciones-. Atenta escuché y me sentí con
mucha claridad de esa misión que se me encomendaría, nadie de nosotros teme
volar, y así mismo tampoco tuve objeción en tener que ayudar en caso dado. Era
sencilla la encomienda y muy clara, mas un señor que iba junto a nuestra hija
escuchó todo, y como a él tambien le tocaría lo mismo que a mí solo que del
otro lado, tan solo me dijo. -En caso dado yo le ayudo-. Cual fue nuestra sorpresa
que él, ciudadano del norte de México, fuimos los designados para esa misión,
dos mexicanos habríamos de hacer esa acción, en un avión relativamente pequeño.
No pudimos tener mejor vuelo, el tiempo y la temperatura a pedir de boca. Aterrizamos
en la isla disfrutando observar los bordes de cierta altura de los límites con
el mar y todo verdeando. Desde la ventanilla se puede apreciar el contorno de
la isla, los acantilados no son tan altos como los emblemáticos de la parte más
lejana, mas se siente el terreno diferente. El verdor de campos extensos es
algo que roba la mirada. En verdad disfrutamos la hora de vuelo para el cruce,
que si hubiese mal tiempo se puede convertir en dos horas. La misma esperanza
se ve reflejada en los campos y llegar a conocer más de esos lugares con enorme
interés. Se dice en la familia que los
Roche entraron a Yucatán por Campeche, una parte muy importante de la península
de Yucatán, y más en esos tiempos en que esa parte era una entrada obligada por
mar.
Algo que fui descubriendo en los últimos tiempos (porque
nos encanta Campeche y hemos ido mucho a la Biblioteca a investigar) es que ahí
hay familias con el apellido Rocher, parece ser que es el mismo que Roche, y
que al final por algún error en los registros se le agregó esa R final. Vayamos
a averiguar. Lo que si me ha ocurrido es que caminado por los barrios
campechanos me han parado para preguntarme si soy Rocher, dicen que me parezco
a algunas personas que llevan ese apellido.
Llegar
a Dublín, la capital del país fue un enorme gozo. Fuimos recogidos por un
chofer que nos proporcionó la agencia en donde estupendamente se programó todo
este viaje.
El hotel bien elegido, se encuentra al principio de un
recodo exacto en una de las avenidas más emblemáticas conocida con el nombre de
Dame y por el centro más dinámico de la urbe. Llevado y atendido por muchos
jóvenes españoles que vienen a Irlanda por la calidad de vida y la economía que
les favorece, pudimos conversar con algunos de ellos. Nos cuentan que las
inversiones de grandes empresas tienen cede en Dublín porque los impuestos son
bajísimos. Amables, atentos y con todo el buen talante que necesita un lugar en
donde uno quisiera sentirse lo más posible como en casa, el joven que emigra lo
sabe y lo manifiesta así mismo.
Enfrente de donde nos alojamos se encuentra una iglesia
gótica muy grande con el nombre de Christ Church, lo que me hizo pensar que era
católica, dado que este país lo es grado sumo, pero ésta es del anglicanismo. El
catolicismo está muy presente en todo el país, mas las iglesias no. Muchas han
sido tomadas por los protestantes, otras vendidas al mejor postor para cambiar
el giro del uso (tal vez galerías de arte o hasta cafés) y otras se encuentran
derruidas. Son pocas las que sí están en activo. Nos llamó la atención un grupo
de jóvenes que promovía a voz en cuello el acercamiento a Dios. Con un discurso
a gritos (asunto que para mi gusto desvirtúa el propósito) convocaban a tomar
unos folletos que ellos mismos explicaban a quienes se animaban a saber más de su
propuesta.
La otra iglesia
grande que tan solo está a unas cuadras de donde nos alojamos, es St. Patrick,
es también de los protestantes y ambas han sido restauradas por firmas de
licoreras famosas durante el siglo XIX. En particular la segunda fue vuelta a erigir
y conformada a los usos necesarios por la emblemática firma cervecera de
centralidad en Irlanda llamada Guinness, que parece ser dueña de casi toda la
ciudad. Es tambien de estilo gótico. Una
tarde, quisimos visitar la más cercana y cual fue nuestra sorpresa que nos
dicen: -no se puede entrar (como estamos acostumbrados los católicos a hacerlo
a nuestros recintos) hay que concertar una visita guiada o de otro modo se
puede pasar por espacio de unos 10 (diez) minutos cuando se ofrece algún
servicio-. Pues nos conformamos con esto último, para poder apreciar todo el
interior, muy bien conservado con los vitrales y rosetones, así como las nervaduras
bien cuidadas. En el atrio está todo bien
ordenado, hay un barandal de metal cuando se entra por una parte al nivel de la
calle, se apoyan los codos y se escuchan los latidos del corazón en tono ampliado.
En estas iglesias del anglicanismo se ve a las mujeres muy en activo porque
participan en todos los rangos dispuestos.
Algo muy interesante nos encontramos al bajar por unos
cuantos escalones entre arriates de flores y unas banquitas para la
contemplación, ya casi a la salida por una de las puertas que dan acceso a la
calle Dame, en lugar estratégico está una escultura que se me hace conocida, lo
comento con mis acompañantes y ellos no recuerdan haber visto alguna así. ¡Lo
han olvidado! en Roma tambien hace unos años, vimos esa misma escultura en el
recodo de una iglesia. Investigo y recordamos que es un escultor canadiense de
nombre Timothy Schmalz, que ha hecho varias replicas exactas para poner en
diferentes lugares del mundo, la obra lleva por título: -Jesús sin hogar- o lo que es lo mismo: -Homeless
Christ-. La idea del escultor es comunicar que propiamente Jesús no tiene un
hogar, su hogar real es el mundo entero. Hermoso momento de esta expresión tan
genuina, que nos invita a recordar que Jesús está comulgando siempre con todos
esos que se encuentran desprotegidos o peor aún sin hogar. En uno de los
empeines del pie se ve claramente la herida de la cruz. Lograda en bronce muy
oscuro, Jesús descansa en esa banca con el cuerpo y el rostro cubiertos.
Dice la referencia que la original se instaló en Regis
College, Universidad de Toronto en el año 2013.
Un rio emblemático de buen cauce, en el que tambien se
aprecian gaviotas al por mayor, recorre toda la ciudad. Se localiza a una
cuadra de donde nos encontramos y fue muy interesante el recorrido, ya que cada
puente del rio Liffey es diferente, lo que hace muy amena la caminata y
disfrutar el tipo constructivo elegido en cada caso.
Como un millón de habitantes de Irlanda perdieron la vida
en la época de la gran hambruna siglos atrás, que fue de 1845 a 1852 más o
menos. Se dice que escaseó el alimento emblema, la papa, se le echo la culpa a
un hongo que algunos aun creen que fue propagado por los ingleses, adrede. Lo
que sí se sabe ciertamente es que hicieron bloqueos para controlar más estas
tierras y dejaron a las personas que en su mayoría cultivaban los enormes y muy
verdes campos, con las manos atadas en sus trabajos, se dejó de sembrar. Fue
así, que muchos habitantes de estas tierras se fueron a otros lares. Es muy
importante esto, ya que el sentido del trabajo que se lleva hoy día en la
ciudad de Dublín y en todo el país contempla las épocas superadas como un gran
logro, y es así mismo que lo asumen los jóvenes que llegan en estos últimos
tiempos y que comparten el aprendizaje de muchos irlandeses de estar tan
orgullosos de haber superado las crisis alimentarias. Ese pasado les ha dado
una fuerza singular y es muy interesante como lo admiten y lo expresan los que
son nuevos habitantes. Hoy día se distinguen muchos en Dublín por ser muy
atentos a sus jornadas de trabajo bien desempeñadas. Los más de los jóvenes que
tratamos que son de otros sitios, nos manifiestan que la vida de trabajo ahí es
muy ordenada, aunque se hace mucha vida social en los Pubs, el trabajo es
sagrado y bien llevado. Es tan importante como todo lo que es la vida de
relación y los emigrantes son muy bien recibidos. Algunas personas tienen la costumbre
de asistir al mismo Pub de siempre, el elegido y el que les acomoda más.
El primer día de observación de los alrededores decidimos
dar una vuelta por toda la extensa cuadra que[DL1] rodea a la iglesia más cercana, para encontrarnos como en los recodos de las esquinas se han
adosado al suelo unos cuadrantes
esculpidos al ras del piso sobre las escarpas, en los que se han
incrustado estéticamente herramientas de
trabajo, en ese momento nos llamaron mucho la atención sin entender muy bien,
para luego venir a averiguar que como ahí junto a las construcciones civiles
actuales se encontró un asentamiento vikingo, pues todo lo arqueológico se
llevó al museo del mismo nombre para
resguardo, y se hicieron replicas para recordar la presencia de esos seres que
tambien lucharon por estas tierras.
En una de las esquinas de la cuadra de la iglesia nos detuvo
un hombre homeless. Es una pena que existan hoy día ese tipo de
condiciones humanas en todo el mundo. De momento nos pasmamos los tres, cuando
nos dimos cuenta que su intención era hablar conmigo. De hablar pausado
y amable que (nada que ver con su aspecto tan sucio y bastante desarrapado) tan
solo me dijo: -soy un hombre sin casa, and I am not a bad man, (no soy
un hombre malo) vivo en el parque, solo te quiero decir que cuides esa bolsa
que te cuelgas a la espalda, porque te la podrían intentar abrir-. Le di las
gracias, menos mal que me aclaró sus modos, aunque si es muy penoso ver ese
tipo de personas. Solo eso dijo, para despedirse tal como llegó. En realidad,
no fue la bolsa más cómoda que pude elegir, pero ese día tuve que tener mucho más
cuidado al respecto.
Al día siguiente, toda la mañana fue una caminata por los
rumbos cercanos, tres horas acordadas y con buenas explicaciones con un guía
muy joven de origen argentino llamado Sergio, que resultó ser originario de un
área de Argentina a la que Re nuestra hija ha ido a visitar universidades, así
que la plática fue entre Argentina, México e Irlanda. Nos encuentra en el lobby
del hotel y salimos. Nos dice -caminaremos, siempre al ritmo de ustedes, no hay
prisa- Es así que nos va narrando que todo lo que circunda a nuestro hotel es
una serie de residencias muy emblemáticas y además muy bonitas en estilo georgiano
las más de las veces, sencillas y elegantes que ha construido la firma
cervecera Guinness para sus empleados. Así es como tras unas pocas cuadras llegamos
hasta el parque de St. Patrick de la catedral gótica. Ahí el guía nos narra cómo ese jardín es
cuidado por esa parte de la ciudad con mucho esmero, y dependiendo de las
épocas del año tiene horas variadas para las entradas y salidas, tiene que ver
con de la puesta del sol y la cantidad de luz, cuando en invierno oscurece más temprano,
se cierra para mayor protección.
Poca basura se puede ver, está muy bien ordenada y algo
muy interesante es que en cada base de los faroles de alumbrado público que están
pintados en un tono plateado, se encuentra grabado el escudo de la ciudad, -estos
postes son muy respetados, ni se grafitean ni se ensucian- nos aclara el guía,
-porque el escudo refleja todo lo que el irlandés más cuida, que es: la ciudad,
la historia y el trabajo-. La policía que tiene como centralidad de acción ante
todo mantener la paz, se le conoce como La Garda, son los guardianes de la
ciudad. Ningún policía se considera una autoridad para reprender, más bien son
amigables y cuidan de todos. Algunas veces van de civiles para que no se sepa
que están entre la gente que transita.
Desde ahí mismo en el parque se puede apreciar al fondo
tres construcciones que son el reflejo de los estilos arquitectónicos, el
románico como el más antiguo en una torre del primer castillo que se quemó y
que fue construido por los ingleses, luego al lado está la parte gótica y más
hacia el final se encuentra el estilo georgiano de más recientes fechas.
Los tulipanes florecen por todo este recinto.
Los primeros habitantes de Dublín fueron los celtas,
indudablemente. Se cree que vinieron desde Galicia y junto con los vikingos
poblaron, pelearon y fundaron.
Hoy día, hay gente de muchos países y no se diga de habla
hispana. En los comercios se nota la presencia de los chinos y de los hindús.
Sí existe un idioma local, solo lo hablan algunas personas
del campo que son en realidad como un 10 (diez) por ciento de la población, sin
embargo, para poder ser parte de La Garda, todos los policías tienen que
aprenderlo a hablar, y aunque si es mucho más difícil, lo hacen porque es un
requisito para esa actividad.
Al salir del parque, nos encontramos un cartel muy
colorido de la novela -Gulliver en el país de los enanos- escrita por Jonnathan
Swift. Nos acordamos de que en realidad el gigante era Inglaterra y los enanos
eran los irlandeses, y nos dio mucho gusto saber más de algunas anécdotas de
este mismo autor que hizo patente en sus obras esa controversia entre los dos países.
Ahí muy cerca hay un edificio que tiene unas placas como de porcelana que conmemoran
escenas de la novela del escritor.
En Irlanda el numero 13 (trece) es visto como de muy mala
suerte. Para que en las placas de los autos no aparezca, añaden otro número
significativo a un lado, que mimetiza la presencia del 13, según el área de del
país y así el número queda transfigurado y casi no se nota.
Nos llevó a conocer el área del Temple Bar. A decir
verdad, es un espacio muy concurrido más que nada por jóvenes y como una visita
turística. Había que conocerlo y más por
parte de nuestra joven acompañante que ya había escuchado de esos sitios. Dimos
un buen paseo por el rumbo y atravesamos el bar de cabo a rabo ya que sale por
dos calles, para darnos cuenta cuanto aman los irlandeses la música viva en
algunos de los sitios que frecuentan. En realidad, es toda el área que se llama
así, pero ese bar se volvió emblemático porque además utilizó el nombre. Nada
en especial. El joven argentino nos recomendó dos o tres lugares buenos para
comer, y elegimos el más calmado y silencioso, porque además de que es época de
mucho turismo, tanto escandalo no es lo nuestro.
Rematamos el tour en la Trinity University que nos tenía
muy intrigados porque queríamos ver la enorme biblioteca que es en verdad asombrosa.
Tiene tantos volúmenes que ha sido necesario bajarla poco a poco y se han
eliminado toneladas de polvo. Una escalera de caracol en hierro trabajado
hermosamente, da la bienvenida para luego apreciar filas y filas de libros
antiguos hasta el techo. Un olor intenso a papel y a madera que todos los que
amamos los libros sabemos identificar como un asunto muy peculiar que en
realidad resulta agradable.
Ahí mismo, en un recinto aparte, se encuentra el libro de
Kells, un libro hermosísimo con dibujos hechos a mano por monjes, que dio las
primeras pautas de los textos evangélicos. En vedad que está muy bien expuesto
en paneles replica en las paredes que se encuentran por momentos con movimiento
audiovisual y todo un documental de cómo se encontró y como se preservó. Vale
la pena hacer una revisión a parte y creo que la haré más adelante.
Visitar la antigua fábrica de la cervecería Guinness era
algo programado. Habíamos visto la serie de Netflix de la historia de la
familia y el negocio, y en verdad resultaba interesante. Nos dimos cuenta que
es la empresa que en mucho mueve la economía de la ciudad, y tiene un museo
interactivo de varios pisos con estructuras modernas combinadas con las
antiguas, lo que da pie a un ambiente ecléctico muy bien logrado, con el manejo
de paneles enormes de cristal que dejan entrever todo. Son unos 7(siete) pisos
de pura exhibición, muy bien logrado todo en base a la antigua fábrica, ya dejando
toda la maquinaria antigua como parte del museo. Uno llega a la parte superior
y puede probar la cerveza, apreciando una vista panorámica de toda la ciudad de
Dublín. La cerveza en verdad muy buena, y aunque aquí nadie somos mayormente afecto
a esta bebida, sí que había que dar fe y lo hicimos. La hay sin alcohol que
para mi gusto ni se nota la diferencia, creo que, porque no soy buena catadora,
aun así, no dejé de probar.
Los acantilados de Irlanda en verdad
que son espectaculares. El mar del Norte impone y se ve esplendido entre niebla
y lluvia. Desde Dublín se toma tres horas y media llegar, para colmos nos toca
en la carretera una huelga de tractores del campo, que estaban furiosos y
protestando por la subida del precio del combustible y los asuntos del medio oriente. El chofer, de origen
español que en realidad fungió como un buen guía, tuvo que hacer de tripas
corazón para encontrar recodos y al fin llegamos a la primera parada, un
pequeño pueblo llamado Galway, que tiene una iglesia católica bien construida
en estilo neo gótico y que surgió ahí apenas en la década de los años 60
(sesenta) del siglo pasado. La pudimos recorrer como la única de los católicos
que vimos.
Jamás uno se
podría imaginar que esos cortes de tierra hacia el mar del norte, tuvieran esas
enormes alturas. Nos tocó un día que ameritaba cargar el paraguas para subir,
una vez ahí arriba sí que está empinado todo hasta llegar a un borde piedras
muy macizas que hacen una barrera muy fuerte.
Se nota el peligro y por eso hay muchos guardias, en el pasado que
estaba más abierto, sí hubo accidentes. Con atención, se pueden encontrar los mejores
sitios para tener la mejor perspectiva y admirar esa maravilla de la
naturaleza.
Irónicamente fue la carretera más angosta la del tramo
final y la hicimos en un bus de 30 (treinta) personas. Me dijo, nuestra organizadora,
la Re, que no había más opción en estos momentos por la cantidad de gente, o se
va en un automóvil rentado que claro que tambien es difícil porque se maneja
con la guía del otro lado.
Angosto el camino y
con muchas curvas. Valió mucho la pena llegar hasta ahí, porque es en verdad
muy impactante.
Con la visita a estos enormes acantilados cerramos el
viaje. En verdad que todo lo que aprendí de mis ancestros viene desde lo que
obtuve en Edimburgo con base histórica, y me di cuenta que si está algunas
veces presente el apellido, lo encontramos en una pintura muy bella de un
museo, llamada -El viejo pescador-. Mas
que nada cerré esta experiencia con la felicidad de haber caminado las tierras
tan mencionadas en la familia de mi padre, y que sabemos dieron pie a la
migración de nuestros ancestros. Varios apellidos que conozco mucho y que
escuchamos sin saber su origen, están escritos en los listados que tienen en
algunos sitios.
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