miércoles, 6 de mayo de 2026

 

Reseña de viaje.

Irlanda.                    

                                              Todo viaje tiene un propósito, habremos de ir en busca de lo más relevante, modos y significados de la cultura. MJ.  

 

                                               Es importante el destino que uno elige para conocer por primera vez. Es muy diferente que cuando regresamos a algún lugar porque nos ha dado para más y queremos profundizar. No es lo mismo ir sin mayor sentido de búsqueda con un tipo de asombro abierto entre pecho y espalda ante lo que se va descubriendo de los modos y de los significados de la cultura y tener claro lo que   va dando las pautas. En mi caso personal, ir a Irlanda era una parte importante de del destino elegido. Ya había venido escuchando desde que soy niña, como en la familia se hablaba de que los ancestros de mi padre habían venido de ese emblemático lugar. Se va dando un tanto obligado un interés vibrante e interesante que permite observar con una mirada de enfoque, y aunque todos los aspectos de la cultura importan, ese que se asienta en el modo de ser de las personas es algo que me apasiona observar. Estar de cerca en esos territorios y así poder percibir y encontrar parte del toque peculiar que trajeron a América quienes tomaron esa decisión de emigrar.

Todos somos parte de un grupo que tomó la delantera y se fue de sus tierras para buscar otras, eso lo llevamos en el ADN, invariablemente.

 Al llegar a Edimburgo, como parte de ese recorrido anterior hacia Irlanda, nunca imagine que en el Castillo que lleva ese mismo nombre, encontraría una respuesta inesperada en relación al asunto familiar, mas estar abiertos a que la vida siempre nos trae sorpresas es obligado y aunque ésta que me encontré ya la había escuchado tambien, no me la esperaba tan contundente. Paseando por el Castillo uno de pronto entra a una habitación en donde una señora experta está ahí solo dedicada a proporcionar datos de ese legado: un apellido.  Preparada para dar a las personas que lo soliciten los pormenores de algún nombre, y como parte de mi deseo era saber un poco más de mi familia paterna, lo solicité y compré todo lo referente, a uno le pueden dar en un lienzo de papel que explica todo. Cuál fue mi sorpresa que me dejo ya más claridad, -señora, me dijo la experta, su apellido Roche es originario de Francia, luego los grupos se dispersaron y una buena cantidad de personas con el apellido se mudó a Irlanda. Pues como decía mi propia madre: Ha salido el peine. Esto es, la verdad siempre toma su asiento y posición y la mía se iba aclarando.

                                                                En un buen avión de hélices y de la línea irlandesa Aer Lingus, pocos éramos los pasajeros que hicimos el cruce de Edimburgo a Irlanda con muy buen tiempo: Una hora.  Desde el primer momento en el vuelo divise ese color que desde niña ha llamado tanto mi atención: El color verde. Los diferentes letreros y la misma aerolínea   muy bien implementada lo llevan en su logo: Un trébol, ¡no faltaba más! Esa tríptica   hoja natural tan hermosa que tanto nos gusta y se nos dice que -si lo encontramos con cuatro hojitas, mucha suerte tendremos- yo iba por mi trébol de cuatro hojas, sin duda alguna. Un vuelo muy bien piloteado, me dio la impresión que por una mujer. Apenas tomamos los asientos nos dimos cuenta que tal vez por haber llegado puntuales fuimos los primeros en pasar y apenas nos recibió la aeromoza que estaba cerca de nosotros me aclaró: -Señora, si toma ese asiento de junto a la ventanilla usted tendrá una misión si fuera necesario un aterrizaje de emergencia, habría que abrir esa puerta ¿Está Ud. dispuesta?  de ser así, le daré ahora mismo las instrucciones-. Atenta escuché y me sentí con mucha claridad de esa misión que se me encomendaría, nadie de nosotros teme volar, y así mismo tampoco tuve objeción en tener que ayudar en caso dado. Era sencilla la encomienda y muy clara, mas un señor que iba junto a nuestra hija escuchó todo, y como a él tambien le tocaría lo mismo que a mí solo que del otro lado, tan solo me dijo. -En caso dado yo le ayudo-. Cual fue nuestra sorpresa que él, ciudadano del norte de México, fuimos los designados para esa misión, dos mexicanos habríamos de hacer esa acción, en un avión relativamente pequeño. No pudimos tener mejor vuelo, el tiempo y la temperatura a pedir de boca. Aterrizamos en la isla disfrutando observar los bordes de cierta altura de los límites con el mar y todo verdeando. Desde la ventanilla se puede apreciar el contorno de la isla, los acantilados no son tan altos como los emblemáticos de la parte más lejana, mas se siente el terreno diferente. El verdor de campos extensos es algo que roba la mirada. En verdad disfrutamos la hora de vuelo para el cruce, que si hubiese mal tiempo se puede convertir en dos horas. La misma esperanza se ve reflejada en los campos y llegar a conocer más de esos lugares con enorme interés.  Se dice en la familia que los Roche entraron a Yucatán por Campeche, una parte muy importante de la península de Yucatán, y más en esos tiempos en que esa parte era una entrada obligada por mar.

Algo que fui descubriendo en los últimos tiempos (porque nos encanta Campeche y hemos ido mucho a la Biblioteca a investigar) es que ahí hay familias con el apellido Rocher, parece ser que es el mismo que Roche, y que al final por algún error en los registros se le agregó esa R final. Vayamos a averiguar. Lo que si me ha ocurrido es que caminado por los barrios campechanos me han parado para preguntarme si soy Rocher, dicen que me parezco a algunas personas que llevan ese apellido.

                                        Llegar a Dublín, la capital del país fue un enorme gozo. Fuimos recogidos por un chofer que nos proporcionó la agencia en donde estupendamente se programó todo este viaje.

El hotel bien elegido, se encuentra al principio de un recodo exacto en una de las avenidas más emblemáticas conocida con el nombre de Dame y por el centro más dinámico de la urbe. Llevado y atendido por muchos jóvenes españoles que vienen a Irlanda por la calidad de vida y la economía que les favorece, pudimos conversar con algunos de ellos. Nos cuentan que las inversiones de grandes empresas tienen cede en Dublín porque los impuestos son bajísimos. Amables, atentos y con todo el buen talante que necesita un lugar en donde uno quisiera sentirse lo más posible como en casa, el joven que emigra lo sabe y lo manifiesta así mismo.

Enfrente de donde nos alojamos se encuentra una iglesia gótica muy grande con el nombre de Christ Church, lo que me hizo pensar que era católica, dado que este país lo es grado sumo, pero ésta es del anglicanismo. El catolicismo está muy presente en todo el país, mas las iglesias no. Muchas han sido tomadas por los protestantes, otras vendidas al mejor postor para cambiar el giro del uso (tal vez galerías de arte o hasta cafés) y otras se encuentran derruidas. Son pocas las que sí están en activo. Nos llamó la atención un grupo de jóvenes que promovía a voz en cuello el acercamiento a Dios. Con un discurso a gritos (asunto que para mi gusto desvirtúa el propósito) convocaban a tomar unos folletos que ellos mismos explicaban a quienes se animaban a saber más de su propuesta.

 La otra iglesia grande que tan solo está a unas cuadras de donde nos alojamos, es St. Patrick, es también de los protestantes y ambas han sido restauradas por firmas de licoreras famosas durante el siglo XIX. En particular la segunda fue vuelta a erigir y conformada a los usos necesarios por la emblemática firma cervecera de centralidad en Irlanda llamada Guinness, que parece ser dueña de casi toda la ciudad. Es tambien de estilo gótico.  Una tarde, quisimos visitar la más cercana y cual fue nuestra sorpresa que nos dicen: -no se puede entrar (como estamos acostumbrados los católicos a hacerlo a nuestros recintos) hay que concertar una visita guiada o de otro modo se puede pasar por espacio de unos 10 (diez) minutos cuando se ofrece algún servicio-. Pues nos conformamos con esto último, para poder apreciar todo el interior, muy bien conservado con los vitrales y rosetones, así como las nervaduras bien cuidadas.  En el atrio está todo bien ordenado, hay un barandal de metal cuando se entra por una parte al nivel de la calle, se apoyan los codos y se escuchan los latidos del corazón en tono ampliado. En estas iglesias del anglicanismo se ve a las mujeres muy en activo porque participan en todos los rangos dispuestos.

Algo muy interesante nos encontramos al bajar por unos cuantos escalones entre arriates de flores y unas banquitas para la contemplación, ya casi a la salida por una de las puertas que dan acceso a la calle Dame, en lugar estratégico está una escultura que se me hace conocida, lo comento con mis acompañantes y ellos no recuerdan haber visto alguna así. ¡Lo han olvidado! en Roma tambien hace unos años, vimos esa misma escultura en el recodo de una iglesia. Investigo y recordamos que es un escultor canadiense de nombre Timothy Schmalz, que ha hecho varias replicas exactas para poner en diferentes lugares del mundo, la obra lleva por título:  -Jesús sin hogar- o lo que es lo mismo: -Homeless Christ-. La idea del escultor es comunicar que propiamente Jesús no tiene un hogar, su hogar real es el mundo entero. Hermoso momento de esta expresión tan genuina, que nos invita a recordar que Jesús está comulgando siempre con todos esos que se encuentran desprotegidos o peor aún sin hogar. En uno de los empeines del pie se ve claramente la herida de la cruz. Lograda en bronce muy oscuro, Jesús descansa en esa banca con el cuerpo y el rostro cubiertos.

Dice la referencia que la original se instaló en Regis College, Universidad de Toronto en el año 2013.

Un rio emblemático de buen cauce, en el que tambien se aprecian gaviotas al por mayor, recorre toda la ciudad. Se localiza a una cuadra de donde nos encontramos y fue muy interesante el recorrido, ya que cada puente del rio Liffey es diferente, lo que hace muy amena la caminata y disfrutar el tipo constructivo elegido en cada caso.

Como un millón de habitantes de Irlanda perdieron la vida en la época de la gran hambruna siglos atrás, que fue de 1845 a 1852 más o menos. Se dice que escaseó el alimento emblema, la papa, se le echo la culpa a un hongo que algunos aun creen que fue propagado por los ingleses, adrede. Lo que sí se sabe ciertamente es que hicieron bloqueos para controlar más estas tierras y dejaron a las personas que en su mayoría cultivaban los enormes y muy verdes campos, con las manos atadas en sus trabajos, se dejó de sembrar. Fue así, que muchos habitantes de estas tierras se fueron a otros lares. Es muy importante esto, ya que el sentido del trabajo que se lleva hoy día en la ciudad de Dublín y en todo el país contempla las épocas superadas como un gran logro, y es así mismo que lo asumen los jóvenes que llegan en estos últimos tiempos y que comparten el aprendizaje de muchos irlandeses de estar tan orgullosos de haber superado las crisis alimentarias. Ese pasado les ha dado una fuerza singular y es muy interesante como lo admiten y lo expresan los que son nuevos habitantes. Hoy día se distinguen muchos en Dublín por ser muy atentos a sus jornadas de trabajo bien desempeñadas. Los más de los jóvenes que tratamos que son de otros sitios, nos manifiestan que la vida de trabajo ahí es muy ordenada, aunque se hace mucha vida social en los Pubs, el trabajo es sagrado y bien llevado. Es tan importante como todo lo que es la vida de relación y los emigrantes son muy bien recibidos. Algunas personas tienen la costumbre de asistir al mismo Pub de siempre, el elegido y el que les acomoda más.

El primer día de observación de los alrededores decidimos dar una vuelta por toda la extensa cuadra que[DL1]  rodea a la iglesia más cercana, para encontrarnos   como en los recodos de las esquinas se han adosado al suelo unos cuadrantes  esculpidos al ras del piso sobre las escarpas, en los que se han incrustado  estéticamente herramientas de trabajo, en ese momento nos llamaron mucho la atención sin entender muy bien, para luego venir a averiguar que como ahí junto a las construcciones civiles actuales se encontró un asentamiento vikingo, pues todo lo arqueológico se llevó al museo del mismo nombre  para resguardo, y se hicieron replicas para recordar la presencia de esos seres que tambien lucharon por estas tierras.

En una de las esquinas de la cuadra de la iglesia nos detuvo un hombre homeless. Es una pena que existan hoy día ese tipo de condiciones humanas en todo el mundo. De momento nos pasmamos los tres, cuando nos dimos cuenta que su intención era hablar conmigo. De hablar pausado y amable que (nada que ver con su aspecto tan sucio y bastante desarrapado) tan solo me dijo: -soy un hombre sin casa, and I am not a bad man, (no soy un hombre malo) vivo en el parque, solo te quiero decir que cuides esa bolsa que te cuelgas a la espalda, porque te la podrían intentar abrir-. Le di las gracias, menos mal que me aclaró sus modos, aunque si es muy penoso ver ese tipo de personas. Solo eso dijo, para despedirse tal como llegó. En realidad, no fue la bolsa más cómoda que pude elegir, pero ese día tuve que tener mucho más cuidado al respecto.

Al día siguiente, toda la mañana fue una caminata por los rumbos cercanos, tres horas acordadas y con buenas explicaciones con un guía muy joven de origen argentino llamado Sergio, que resultó ser originario de un área de Argentina a la que Re nuestra hija ha ido a visitar universidades, así que la plática fue entre Argentina, México e Irlanda. Nos encuentra en el lobby del hotel y salimos. Nos dice -caminaremos, siempre al ritmo de ustedes, no hay prisa- Es así que nos va narrando que todo lo que circunda a nuestro hotel es una serie de residencias muy emblemáticas y además muy bonitas en estilo georgiano las más de las veces, sencillas y elegantes que ha construido la firma cervecera Guinness para sus empleados. Así es como tras unas pocas cuadras llegamos hasta el parque de St. Patrick de la catedral gótica.  Ahí el guía nos narra cómo ese jardín es cuidado por esa parte de la ciudad con mucho esmero, y dependiendo de las épocas del año tiene horas variadas para las entradas y salidas, tiene que ver con de la puesta del sol y la cantidad de luz, cuando en invierno oscurece más temprano, se cierra para mayor protección.

Poca basura se puede ver, está muy bien ordenada y algo muy interesante es que en cada base de los faroles de alumbrado público que están pintados en un tono plateado, se encuentra grabado el escudo de la ciudad, -estos postes son muy respetados, ni se grafitean ni se ensucian- nos aclara el guía, -porque el escudo refleja todo lo que el irlandés más cuida, que es: la ciudad, la historia y el trabajo-. La policía que tiene como centralidad de acción ante todo mantener la paz, se le conoce como La Garda, son los guardianes de la ciudad. Ningún policía se considera una autoridad para reprender, más bien son amigables y cuidan de todos. Algunas veces van de civiles para que no se sepa que están entre la gente que transita.

Desde ahí mismo en el parque se puede apreciar al fondo tres construcciones que son el reflejo de los estilos arquitectónicos, el románico como el más antiguo en una torre del primer castillo que se quemó y que fue construido por los ingleses, luego al lado está la parte gótica y más hacia el final se encuentra el estilo georgiano de más recientes fechas.

Los tulipanes florecen por todo este recinto.

Los primeros habitantes de Dublín fueron los celtas, indudablemente. Se cree que vinieron desde Galicia y junto con los vikingos poblaron, pelearon y fundaron.

Hoy día, hay gente de muchos países y no se diga de habla hispana. En los comercios se nota la presencia de los chinos y de los hindús.

Sí existe un idioma local, solo lo hablan algunas personas del campo que son en realidad como un 10 (diez) por ciento de la población, sin embargo, para poder ser parte de La Garda, todos los policías tienen que aprenderlo a hablar, y aunque si es mucho más difícil, lo hacen porque es un requisito para esa actividad.

Al salir del parque, nos encontramos un cartel muy colorido de la novela -Gulliver en el país de los enanos- escrita por Jonnathan Swift. Nos acordamos de que en realidad el gigante era Inglaterra y los enanos eran los irlandeses, y nos dio mucho gusto saber más de algunas anécdotas de este mismo autor que hizo patente en sus obras esa controversia entre los dos países. Ahí muy cerca hay un edificio que tiene unas placas como de porcelana que conmemoran escenas de la novela del escritor.

En Irlanda el numero 13 (trece) es visto como de muy mala suerte. Para que en las placas de los autos no aparezca, añaden otro número significativo a un lado, que mimetiza la presencia del 13, según el área de del país y así el número queda transfigurado y casi no se nota.

Nos llevó a conocer el área del Temple Bar. A decir verdad, es un espacio muy concurrido más que nada por jóvenes y como una visita turística.  Había que conocerlo y más por parte de nuestra joven acompañante que ya había escuchado de esos sitios. Dimos un buen paseo por el rumbo y atravesamos el bar de cabo a rabo ya que sale por dos calles, para darnos cuenta cuanto aman los irlandeses la música viva en algunos de los sitios que frecuentan. En realidad, es toda el área que se llama así, pero ese bar se volvió emblemático porque además utilizó el nombre. Nada en especial. El joven argentino nos recomendó dos o tres lugares buenos para comer, y elegimos el más calmado y silencioso, porque además de que es época de mucho turismo, tanto escandalo no es lo nuestro. 

Rematamos el tour en la Trinity University que nos tenía muy intrigados porque queríamos ver la enorme biblioteca que es en verdad asombrosa. Tiene tantos volúmenes que ha sido necesario bajarla poco a poco y se han eliminado toneladas de polvo. Una escalera de caracol en hierro trabajado hermosamente, da la bienvenida para luego apreciar filas y filas de libros antiguos hasta el techo. Un olor intenso a papel y a madera que todos los que amamos los libros sabemos identificar como un asunto muy peculiar que en realidad resulta agradable.

Ahí mismo, en un recinto aparte, se encuentra el libro de Kells, un libro hermosísimo con dibujos hechos a mano por monjes, que dio las primeras pautas de los textos evangélicos. En vedad que está muy bien expuesto en paneles replica en las paredes que se encuentran por momentos con movimiento audiovisual y todo un documental de cómo se encontró y como se preservó. Vale la pena hacer una revisión a parte y creo que la haré más adelante.

Visitar la antigua fábrica de la cervecería Guinness era algo programado. Habíamos visto la serie de Netflix de la historia de la familia y el negocio, y en verdad resultaba interesante. Nos dimos cuenta que es la empresa que en mucho mueve la economía de la ciudad, y tiene un museo interactivo de varios pisos con estructuras modernas combinadas con las antiguas, lo que da pie a un ambiente ecléctico muy bien logrado, con el manejo de paneles enormes de cristal que dejan entrever todo. Son unos 7(siete) pisos de pura exhibición, muy bien logrado todo en base a la antigua fábrica, ya dejando toda la maquinaria antigua como parte del museo. Uno llega a la parte superior y puede probar la cerveza, apreciando una vista panorámica de toda la ciudad de Dublín. La cerveza en verdad muy buena, y aunque aquí nadie somos mayormente afecto a esta bebida, sí que había que dar fe y lo hicimos. La hay sin alcohol que para mi gusto ni se nota la diferencia, creo que, porque no soy buena catadora, aun así, no dejé de probar.

                                                                      Los acantilados de Irlanda en verdad que son espectaculares. El mar del Norte impone y se ve esplendido entre niebla y lluvia. Desde Dublín se toma tres horas y media llegar, para colmos nos toca en la carretera una huelga de tractores del campo, que estaban furiosos y protestando por la subida del precio del combustible y los asuntos  del medio oriente. El chofer, de origen español que en realidad fungió como un buen guía, tuvo que hacer de tripas corazón para encontrar recodos y al fin llegamos a la primera parada, un pequeño pueblo llamado Galway, que tiene una iglesia católica bien construida en estilo neo gótico y que surgió ahí apenas en la década de los años 60 (sesenta) del siglo pasado. La pudimos recorrer como la única de los católicos que vimos.

 Jamás uno se podría imaginar que esos cortes de tierra hacia el mar del norte, tuvieran esas enormes alturas. Nos tocó un día que ameritaba cargar el paraguas para subir, una vez ahí arriba sí que está empinado todo hasta llegar a un borde piedras muy macizas que hacen una barrera muy fuerte.  Se nota el peligro y por eso hay muchos guardias, en el pasado que estaba más abierto, sí hubo accidentes. Con atención, se pueden encontrar los mejores sitios para tener la mejor perspectiva y admirar esa maravilla de la naturaleza.

Irónicamente fue la carretera más angosta la del tramo final y la hicimos en un bus de 30 (treinta) personas. Me dijo, nuestra organizadora, la Re, que no había más opción en estos momentos por la cantidad de gente, o se va en un automóvil rentado que claro que tambien es difícil porque se maneja con la guía del otro lado.

 Angosto el camino y con muchas curvas. Valió mucho la pena llegar hasta ahí, porque es en verdad muy impactante.

Con la visita a estos enormes acantilados cerramos el viaje. En verdad que todo lo que aprendí de mis ancestros viene desde lo que obtuve en Edimburgo con base histórica, y me di cuenta que si está algunas veces presente el apellido, lo encontramos en una pintura muy bella de un museo, llamada -El viejo pescador-.  Mas que nada cerré esta experiencia con la felicidad de haber caminado las tierras tan mencionadas en la familia de mi padre, y que sabemos dieron pie a la migración de nuestros ancestros. Varios apellidos que conozco mucho y que escuchamos sin saber su origen, están escritos en los listados que tienen en algunos sitios.

 

 

 

 

 


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